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27Jul/17

… del día en que mi hijo casi se ahoga en la piscina

Mi hijo casi se ahoga en la piscina

Dicen que la vida puede cambiarte en un momento. Suena exagerado, pero me temo que es cierto. Al principio de este verano mi hijo casi se ahoga en la piscina. Aún no había cogido soltura al nadar y se quitaba los manguitos sin separarse del bordillo, siempre bajo mi atenta mirada. Pero un día decidió hacer algo para lo que no estaba preparado.

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13Ago/14

… de cumplir 34 años

cumpleaños, 34, verano

Pues sí, pues sí, esta semana que ya ha empezado, aquí la que teclea cumple 34 veranitos. De nuevo, otro año más, otra ocasión para hacer balance de mi vida. El Peque se hace mayor, el curso que viene irá unas horas por la mañana a la guardería, lo que me va a permitir disponer de un ratito diario sola. Aunque me encanta estar con mis hijos y anhelo sus vacaciones para poder disfrutar de ellos, es cierto que sueño con esas pocas horas a solas. Llevo más de dos años sin oír mis propios pensamientos.

Pero más allá de eso, tengo varios proyectos a la espera. Algunos relacionados con el blog y otros no. Voy a cumplir 34 años y hay cosas que me gustaría hacer. Por ejemplo, quiero sacar el máximo partido a poder ganar algo de dinero desde casa. El horario de mi marido sigue siendo irrisorio (¿conciliación? ¿Qué es eso?), tanto es así que durante el curso escolar se convierte casi en un padre de fin de semana. Salir yo a trabajar fuera implicaría usar casi todo mi sueldo en ampliar el horario de la guardería y en buscar alternativas extraescolares o en contratar a una persona que se encargara de los niños hasta que alguno de los dos llegáramos a casa. También están los abuelos, pero no queremos imponerles esa obligación. Sobre todo, ahora que están jubilados. Así que quiero aprovechar, una vez más, para probar en esto de trabajar desde casa o, al menos, dar el primer paso en esa dirección. Espero tener un poco más de suerte que las dos veces anteriores que lo intenté.

También quiero hacer algo por mí. Me gustaría salir a andar o, incluso, correr. Primero porque creo que me vendrá bien físicamente. Segundo porque aún quiero deshacerme de algunos kilos. Además, creo que dedicar un ratito de vez en cuando a mí misma es algo que me beneficiará en otros aspectos. Me parece, aunque puede que me equivoque, que al desconectar un rato de todo lo demás, tendré más paciencia en casa y haré frente a los quehaceres domésticos con otro ánimo.

Cumplo 34 años y soy esposa y madre de tres niños fantásticos. Ya no soy una niña. No lo sé todo acerca del mundo, pero creo que me desenvuelvo en él bastante bien. Tengo mis propias prioridades (mi Familia, con F mayúscula, como le gusta decir a Papá³) y mis propios gustos. Quiero seguir centrándome en ellos. Creo que nunca llegaré a ser una repostera profesional a pesar de lo que me gusta hacer tartas, pero en las letras sí vislumbro algo, aunque aún no sepa muy bien el qué.

Quiero seguir haciendo lo que me llena y me hace feliz. Y quiero también distanciarme de lo que me contamina o, simplemente, no me gusta. Este aspecto tengo que trabajarlo más. Soy de las que, ante un comentario que me ofende, se calla para no ofender a quien tengo delante. Ya veis la ironía: dejo que me ofendan y yo me callo para no molestar.

De momento, me he cortado el pelo. Ya os conté que ese cambio exterior es reflejo, en mi caso, de un cambio interior. Ahora que el Peque va a dejar de estar conmigo las 24 horas del día (siete días a la semana) creo que es el momento ideal para intentar hacer otras cosas más allá del papel de “mamá” que, por otro lado, tanto me gusta. Y creo que 34 años no es mala edad para intentarlo.

CONTRAS:

  1. Celebrar el cumpleaños en agosto es un rollo. Hay mucha gente de vacaciones, con un puente muy próximo a mi cumple que hace que haya por aquí poca gente. Es algo que me pasa desde pequeña. Ya estoy acostumbrada. Lo malo es que luego me toca celebrarlo casi en septiembre, con la vuelta al cole, y eso no me gusta nada.

  2. La edad se va notando. Cuando nació el Mayor me costaba menos despertarme varias veces por la noche si era necesario. Ahora, si alguno reclama mi atención de madrugada lo paso fatal. Y al día siguiente se me nota.

PROS:

  1. A mí me gusta cumplir años. Señal inequívoca de que ando por esta tierra un año más 😉

  2. Aunque muchos familiares estén de vacaciones, ahora siempre paso mi cumpleaños rodeada de mis hijos y mi marido. No necesito a nadie más.

  3. Soy más sabia. Aunque sólo sea por la edad. Ya conocéis el dicho: más sabe el diablo por viejo que por diablo 😀

Muchísimas gracias por todos esas felicitaciones que ya han empezado a llegarme desde el mundo 2.0. Tengo pensada una tarta especial que, si me sale bien, compartiré por las redes sociales. No puedo llevaros un trocito a cada una, pero si pudiera, os aseguro que lo haría. Happy birthday to me!!!!! 😉

09Jun/14

… de dar la bienvenida al verano

Cartel niños bienvenido verano

El año pasado quise hacer algo para celebrar el final del colegio y el principio de las vacaciones de verano. Quería hacer algo para los Mayores después de haber tenido un año con varios cambios (como la llegada de otro hermanito y un cambio de casa). Además, estaba muy ilusionada por el verano que se nos avecinaba. Que no es que estuviera lleno de viajes ni que tuviéramos mil planes ni nada, pero como el anterior fue la adaptación al nuevo miembro de la familia y a la nueva casa, aquél del año 2013 se me antojaba de disfrute de mis tres hijos. Vamos, que no sé quién tenía más ilusión el último día de colegio, si mis hijos o su madre.

El caso es que se me ocurrió hacerles un cartel dándoles la bienvenida al verano. Es el que aparece en la foto de esta entrada. Lo hice por la mañana mientras estaban en el cole y, antes de ir a recogerles, lo pegué en la puerta de entrada. A la vuelta, para poder entrar en casa, tenían que romperlo para poder pasar dentro. De verdad que me hacía mucha ilusión ver sus caras. Hasta fotos les hice. No sé cómo no me llamaron loca en ese momento, jejejeje…

Total, que fui a recogerles al cole y, de camino a casa, iba pensando en si les haría ilusión el cartel. Cuando llegamos a la puerta, me miraron con sorpresa. Estaba claro que no se lo esperaban. El Mayor fue el encargado de leerlo. ¡Bienvenidos al verano! ¡Ya estamos de vacaciones! ¡Hurra! Luego me preguntaron si había que romperlo para entrar en casa. ¡Toma ya! ¡Pues claro! ¡A romperlo!

Y así de contentos entramos todos en casa aquel día. Habían llegado las vacaciones de verano. Para nosotros se habían terminado los horarios. Ahora sólo me quedaba pasar el día con mis hijos. Con los tres. Dos meses. Un pequeño escalofrío me recorrió la espalda. Y ya. Fue ver la cara de alegría que tenían mis Trastos para que, una vez más, yo estuviera deseosa de pasar todo el verano con ellos.

CONTRAS:

  1. El cartel hay que hacerlo el mismo día porque, si no, a ver dónde lo guardas para que no lo vean hasta el día en cuestión.

  2. El papel no debe ser muy resistente porque así se rompe mejor sin apenas esfuerzo. Yo usé un mantel de los de papel que se venden en este tiempo en supermercados.

  3. Lo más fácil para pegar el cartel en la puerta es el celo, pero no mucho, que luego hay que quitarlo.

PROS:

  1. Para escribir, se pueden usar témperas (las que yo utilicé) o rotuladores. También se puede echar mano de la creatividad y de la imaginación y hacer dibujos o colocar pegatinas.

  2. Es una manera de festejar el final de un curso escolar sin gastar apenas dinero. Es un detalle que a los más pequeños les emociona mucho.

  3. Hay que romperlo para poder entrar en casa y ya sabéis lo que disfrutan los niños rompiendo cosas 😉

El verano pasado fue fantástico. Pude disfrutar de mis hijos y, en contra de lo que mucha gente piensa, no me agobia estar todo el día con ellos. Obviamente, tengo mis momentos y hay días mejores que otros, pero me gusta tenerlos a los tres conmigo, ir a nuestro ritmo y no mirar apenas el reloj. No me hace falta nada más… bueno, sí, que Papá³ estuviera más en casa, pero ésa es otra historia.

19Jul/13

… de nuestros días en la playa

Playa

Es el primer verano que paso con el blog. La gran mayoría de cosas que esto implica me pilla de nuevas. Aunque aquí relato cosas cotidianas que ocurren de verdad o que pienso sinceramente, soy algo recelosa con la intimidad de mi familia y la mía propia. Por eso, no he dicho cuándo ni dónde nos íbamos de vacaciones este año.

Hemos estado dos semanas fuera, más o menos. La primera escala ha sido en la playa, donde hemos ido con mis suegros, cuñados y sobrinos. Y ha sido un no parar. Pensé yo que podríamos desconectar y relajarnos en las rutinas que tan por el camino de la amargura nos traían al final de curso. Y al menos yo no me he podido relajar ni 15 minutos seguidos. Si no era porque había que irse ya a la playa, era porque había que comer ya o, si no, porque era la hora del baño.

Y yo a todos lados con el Peque. Pendiente del reloj. Y los Trastos mayores trasteando con sus primos. Y el Tripadre sin poder despegarse del móvil porque hubo lío en la oficina y tuvo que solucionarlo desde la distancia. Y, también voy a decirlo, el Tripadre y yo un poco mosqueados por comentarios y acciones que cuestionaban nuestra forma de educar a nuestros hijos.

Personalmente, no culpo a nadie. El problema radica en tratar a todos los niños iguales cuando no lo son y en no querer ver que cada padre tiene una forma de educar a sus hijos que sólo es válida porque funciona con él como padre (o madre) y con su hijo. Otro padre y otro hijo tendrá otra forma válida y, de la misma manera que nuestra forma no funcionaría con ellos, su forma no funciona con nosotros. El Mayor y el Mediano son distintos, lo que vale con uno no sirve para el otro. Eso es aún más acusado cuando se trata de primos. A esto le sumamos comentarios al Tripadre del tipo “apaga ya el móvil” cuando no podía hacerlo o comentarios a mí como “hay que ver, este niño todo el día en el carro cuando lo que quiere es suelo” mientras que yo no daba a basto entre purés y lloriqueos.

Además, hay que añadir que cada uno en su casa tiene sus rutinas y su forma de hacer las cosas. El ritmo de mi casa no se parece en nada al que tiene mi madre o mi cuñada en las suyas. Yo soy pausada, mi hermana es un culo inquieto. Yo tengo que vestir a un Trasto mientras el otro intenta saltar en la cama. Mi cuñada viste a mi sobrina mientras mi sobrino se entretiene tranquilamente coloreando dinosaurios. Yo tengo que subirme de la piscina media hora antes para bañar al Peque y ducharme yo antes que el resto de mi familia para que nos dé tiempo a ir a cenar a la hora estipulada con los demás; mientras que mis suegros y cuñados (sobrinos incluidos) están listos media hora antes de la cena.

Como os decía, un no parar. Algo pude relajarme a la orilla de la playa, buscando conchas con el Mediano y el Mayor mientras el Peque quedaba a recaudo del Tripadre y abuelos. También he tenido mis momentos de paz cuando me iba a la cama justo después de cenar para que el Peque mantuviera, dentro de lo posible, su rutina mientras que el resto se quedaba paseando o tomándose una cerveza. Era entonces cuando aprovechaba para intentar responder a vuestros comentarios.

CONTRAS:

  1. Durante esos días playeros, creo que, a parte del viaje en coche, cambiamos unas rígidas rutinas por otras. Menos rígidas, sí, pero rutinas al fin y al cabo que me impidieron relajarme como pensaba.

  2. El Tripadre y yo volvemos con un poco de mal sabor de boca por los comentarios recibidos.

  3. Queda demostrado, una vez más, que salir de viaje con tres niños pequeños es complicado. Mejor no os cuento cómo iba el coche. El famoso juego del Tetris al lado del maletero resultaba pan comido.

  4. Por mucho que se quieran mantener las rutinas de los bebés, se pierden y es difícil volver a instaurarlas. Si ya os hablaba hace poco del famoso por un día no pasa nada, imaginaos 15 días fuera de casa.

PROS:

  1. Mentiría si no os dijera que, a pesar de todo, está bien cambiar de aires.

  2. Los Trastos mayores han venido encantados. No por la playa en sí, que al Mediano no termina de convencerle, sino por haber pasado unos días con sus abuelos, tíos y primos.

  3. He de confesar que he pasado ratos apartada del resto de la familia (incluyo a ambas capas de la cebolla), pero ha sido decisión mía, por querer hacer las cosas a mi manera y no a la de los demás. Así que eso también me lo apunto a mi favor. Además, esos ratos me han servido para relajarme un poco.

  4. También mentiría si no dijera que algunas veces me han echado una mano con el Peque. Y entonces pude terminar mi cena tranquilamente.

Quería que me hubiera salido una entrada más alegre, pero es que este año los días en la playa se han teñido de un sabor agridulce. No sé muy bien por qué, la verdad. El Tripadre y yo aún andamos dándole vueltas al asunto.