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21Feb/13

… de ser el segundo

El primer hijo puede ser primero y único. Pero algunas veces, los padres decidimos darle al primero un compañero de juegos (otro error común es pensar que jugarán juntos sólo por ser hermanos, lo que es verdad en la mayoría de los casos pero no en todos). No queremos dejar al primero sólo en el mundo, vemos que podemos y nos ponemos manos a la obra… bueno, ya me entendéis. En nuestro caso, con menos presión familiar (nuestro primer hijo era también el primer nieto y sobrino por ambas partes y todo el mundo lo esperaba con ansia), el segundo se hizo esperar menos que el primero. Y llegó y dijo que esa boca era suya. Empezamos.

CONTRAS:

  1. Llega y es el rey de la casa… mientras estéis en el hospital. En cuanto aparcáis en casa, tiene que compartirlo todo con su hermano mayor. “Todo” es mamá y papá. Porque el segundo es aún tan pequeño que no entiende de tuyo o mío… hasta que crece y empieza a marcar su territorio. En nuestro caso, el Mediano era capaz de decir en un solo día más veces la palabra “mío” que el Mayor en toda su corta vida.

  2. Papá y mamá se creen que lo saben todo, que ya son perros viejos en estas lides. Y repiten con el segundo todo lo que les funcionó con el primero. Si funciona, suerte que has tenido. Pero si no, entonces te desesperas. Te preguntas qué querrá ese niño. Pues ese niño te está dando una lección de humildad. Y vuelves a sentirte a ratos como una madre primeriza.

  3. Hereda la ropa de su hermano. Esto es lo normal. Ahora bien, el Mediano se plantó y dijo que él no heredaba nada. Así, para empezar, si el Mayor nació en verano, el Mediano nació en invierno. Con un par. A comprar ropa nueva porque, claro, no iba a salir a la calle en manga corta por muy mono que fuera ese conjuntito que tanto te gustaba.

  4. Fuerzas la situación. Nada importa que aún queden un par de meses para el verano, tienes ahí guardado un peto precioso que el Mayor apenas se puso porque dio un estirón y estás decidida a aprovecharlo como sea. Menos mal que al abrir la puerta entra un aire frío que te da en toda la cara y te hace reaccionar… ¿Cómo llevas a la calle al niño así, alma de cántaro? Anda, date la vuelta y ponle una gorra, que parece que hace sol.

  5. Yo creo, por experiencia personal, que el contra más grande de todos es éste. Seguir los horarios del Mayor. El primero puede echarse la siesta cuando quiera, si tarda en dormirse, no pasa nada porque le dejas dormir lo que necesite. Tampoco tienes prisa para despertarle por la mañana. Pero con el segundo, ay, amiga, si el primero tiene que ir a la guarde o al cole, él tiene que ir contigo a recogerle, haya pasado el segundo mala noche o no. Si llueve o hace un calor que derrite las ruedas del carro no puedes quedarte en casa a esperar que escampe el temporal. Hay que ir a buscar al primero, que sale ahora de clase. La hora de la merienda depende de a qué hora llegues a casa de buscar al primero del cole. Al principio, el segundo es tan bebé que no puedes bañarles a los dos juntos, así que la hora del baño también depende de cuándo y cuánto tarde en bañarse el primero.

PROS:

  1. Una vez que te das cuenta de que el segundo es distinto al primero, todo es más fácil. No es un camino de rosas, pero te lo tomas de otra manera. Y es un beneficio que comparte toda la familia. Las rutinas se relajan un poco. Comprendes que todo es cuestión de reorganizarse. Y lo haces. Y lo consigues.

  2. Ya eres madre experimentada y no te asustas por unas decimillas. Tienes Apiretal y Dalsy como para parar un tren. Los mocos tampoco te asustan. Ya identificas las toses y no corres al médico al primer estornudo.

  3. Todo lo que puede necesitar el segundo ya está en casa. O lo tienes porque lo guardaste del primero o porque te lo han regalado. Con el primero no pides nada una vez que tienes lo básico (a saber: cuna, carro, ropa para los primero días…). De ahí los regalos inútiles o absurdos. Con el segundo sabes exactamente qué es lo que necesitas. Y cuándo te preguntan que qué le regalan al nuevo miembro de la familia, lo pides. Que al final lo consigas o no es otra historia.

  4. En mi caso, se llevan poco tiempo, un par de años. Y yo lo considero un Pro, así, con mayúsculas. Cuando estaba embazada del Mediano e iba con el mayor de la mano por la calle, hubo mucha gente que me dijo que si no me daba pereza tener otro tan pronto (otro “consejo” gratuito). Al parecer, si un niño está en pleno proceso de dejar de usar el pañal y va a tener otro hermanito, es demasiado pronto. Y da pereza. Respecto a la prontitud he de decir que conozco algún caso en el que los hermanos se llevan 11 meses. Cuarentena y otra vez a empezar. Eso sí es rapidez. Y personalmente, a mí me da más pereza tener un niño de 8 o 12 años y estar esperando el segundo. Lo de los pañales ya se te ha olvidado. Cuando se llevan menos, es inercia pañaril. Pero para gustos, los embarazos. Eso sin mencionar que cuanto más grandes sean, menos se notará la diferencia de edad.

  5. Si tienes suerte (nosotros la tuvimos), el primero se desvivirá por el segundo. Estará pendiente de él, le cuidará y le vigilará. El segundo va a tener siempre una referencia más próxima a su edad que el primero. Esperemos que esa referencia sea para bien.

Conclusión: como en la anterior entrada, da igual en qué lugar haya nacido. Siempre preferirá el lugar de cualquiera de sus hermanos. Antes o después te lo hará saber. Tendrás que aguantarte. De nuevo, piensa que tú también se lo dijiste a tus padres. Ahora, apechuga. Punto pelota.