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08Ene/16

… de mi rutina de cuidado facial

rutina de cuidado facial

Bueno, pues ya se acabó la Navidad. La época de excesos ya pasó y ahora es el tiempo de empezar con los propósitos de año nuevo. No sé cuáles serán los tuyos, pero entre los míos está la rutina de cuidado facial y limpieza del rostro, dentro del más general de cuidarme un poco más y sacar un ratito (o minutitos) al día sólo para mí.

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19Jul/13

… de nuestros días en la playa

Playa

Es el primer verano que paso con el blog. La gran mayoría de cosas que esto implica me pilla de nuevas. Aunque aquí relato cosas cotidianas que ocurren de verdad o que pienso sinceramente, soy algo recelosa con la intimidad de mi familia y la mía propia. Por eso, no he dicho cuándo ni dónde nos íbamos de vacaciones este año.

Hemos estado dos semanas fuera, más o menos. La primera escala ha sido en la playa, donde hemos ido con mis suegros, cuñados y sobrinos. Y ha sido un no parar. Pensé yo que podríamos desconectar y relajarnos en las rutinas que tan por el camino de la amargura nos traían al final de curso. Y al menos yo no me he podido relajar ni 15 minutos seguidos. Si no era porque había que irse ya a la playa, era porque había que comer ya o, si no, porque era la hora del baño.

Y yo a todos lados con el Peque. Pendiente del reloj. Y los Trastos mayores trasteando con sus primos. Y el Tripadre sin poder despegarse del móvil porque hubo lío en la oficina y tuvo que solucionarlo desde la distancia. Y, también voy a decirlo, el Tripadre y yo un poco mosqueados por comentarios y acciones que cuestionaban nuestra forma de educar a nuestros hijos.

Personalmente, no culpo a nadie. El problema radica en tratar a todos los niños iguales cuando no lo son y en no querer ver que cada padre tiene una forma de educar a sus hijos que sólo es válida porque funciona con él como padre (o madre) y con su hijo. Otro padre y otro hijo tendrá otra forma válida y, de la misma manera que nuestra forma no funcionaría con ellos, su forma no funciona con nosotros. El Mayor y el Mediano son distintos, lo que vale con uno no sirve para el otro. Eso es aún más acusado cuando se trata de primos. A esto le sumamos comentarios al Tripadre del tipo “apaga ya el móvil” cuando no podía hacerlo o comentarios a mí como “hay que ver, este niño todo el día en el carro cuando lo que quiere es suelo” mientras que yo no daba a basto entre purés y lloriqueos.

Además, hay que añadir que cada uno en su casa tiene sus rutinas y su forma de hacer las cosas. El ritmo de mi casa no se parece en nada al que tiene mi madre o mi cuñada en las suyas. Yo soy pausada, mi hermana es un culo inquieto. Yo tengo que vestir a un Trasto mientras el otro intenta saltar en la cama. Mi cuñada viste a mi sobrina mientras mi sobrino se entretiene tranquilamente coloreando dinosaurios. Yo tengo que subirme de la piscina media hora antes para bañar al Peque y ducharme yo antes que el resto de mi familia para que nos dé tiempo a ir a cenar a la hora estipulada con los demás; mientras que mis suegros y cuñados (sobrinos incluidos) están listos media hora antes de la cena.

Como os decía, un no parar. Algo pude relajarme a la orilla de la playa, buscando conchas con el Mediano y el Mayor mientras el Peque quedaba a recaudo del Tripadre y abuelos. También he tenido mis momentos de paz cuando me iba a la cama justo después de cenar para que el Peque mantuviera, dentro de lo posible, su rutina mientras que el resto se quedaba paseando o tomándose una cerveza. Era entonces cuando aprovechaba para intentar responder a vuestros comentarios.

CONTRAS:

  1. Durante esos días playeros, creo que, a parte del viaje en coche, cambiamos unas rígidas rutinas por otras. Menos rígidas, sí, pero rutinas al fin y al cabo que me impidieron relajarme como pensaba.

  2. El Tripadre y yo volvemos con un poco de mal sabor de boca por los comentarios recibidos.

  3. Queda demostrado, una vez más, que salir de viaje con tres niños pequeños es complicado. Mejor no os cuento cómo iba el coche. El famoso juego del Tetris al lado del maletero resultaba pan comido.

  4. Por mucho que se quieran mantener las rutinas de los bebés, se pierden y es difícil volver a instaurarlas. Si ya os hablaba hace poco del famoso por un día no pasa nada, imaginaos 15 días fuera de casa.

PROS:

  1. Mentiría si no os dijera que, a pesar de todo, está bien cambiar de aires.

  2. Los Trastos mayores han venido encantados. No por la playa en sí, que al Mediano no termina de convencerle, sino por haber pasado unos días con sus abuelos, tíos y primos.

  3. He de confesar que he pasado ratos apartada del resto de la familia (incluyo a ambas capas de la cebolla), pero ha sido decisión mía, por querer hacer las cosas a mi manera y no a la de los demás. Así que eso también me lo apunto a mi favor. Además, esos ratos me han servido para relajarme un poco.

  4. También mentiría si no dijera que algunas veces me han echado una mano con el Peque. Y entonces pude terminar mi cena tranquilamente.

Quería que me hubiera salido una entrada más alegre, pero es que este año los días en la playa se han teñido de un sabor agridulce. No sé muy bien por qué, la verdad. El Tripadre y yo aún andamos dándole vueltas al asunto.

28Jun/13

… de los compromisos familiares

Dicen que la familia es como una cebolla, con capas y más capas. O círculos que se van agrandando según nos vamos alejando del origen. Así, la primera familia sería, en general, los padres y los hijos. El segundo círculo, más grande, serían abuelos y tíos y así hasta llegar a la familia lejana.

En nuestra casa, el primer círculo está compuesto por cinco miembros, eso ya lo sabéis todos. El segundo círculo es más grande… de unas 10-13 personas. El tercer círculo es inmenso, gracias en su mayoría a la gran familia del Tripadre (que tiene tíos y primos e hijos de primos para aburrir).

Con todo esto, supondréis que nuestro calendario está plagado de compromisos familiares. Al principio era divertido, salíamos de casa y pasábamos el día. Con la llegada de los Trastos la cosa cambió. A mí me gusta salir de casa, desconectar y divertirme sin mirar el reloj como a la que más. Pero cuando hay un bebé por medio que tiene unas rutinas que seguir porque si no luego es peor, la cosa cambia.

Después de tres niños, he tenido que oír de todo. La frase que nunca falta es: “por un día no pasa nada”. Bueno, no pasará para ti. Mis Trastos por el día no hay quien los pare, pero por la noche duermen estupendamente, salvo dientes, fiebres y demás. Y, sobre todo siendo pequeños, si han pasado un día tranquilo. Si el día ha transcurrido con una mala siesta, con gente a la que ven de higos a brevas y acostándose más tarde lo habitual, entonces suelen despertarse de noche varias veces. Esto a los Trastos mayores ya no les pasa, pero el Peque aún está en esa edad… Todo le afecta, todo le rompe la rutina, todo lo acusa… y luego lo paga conmigo y de noche. De noche no está el resto de la familia. De noche no está quien dijo que por un día no pasaba nada. De noche sólo estoy yo (o el Tripadre, pero sobre todo yo).

Luego está el tema del horario del compromiso familiar. No me gusta ir a comer porque el Peque no duerme bien la siesta, pero aún me gusta menos ir a cenar. Hay que buscarse las vueltas para acostarle y que se duerma. Luego cogerle para meterle en el coche, con lo que suele despertarse. Y después sacarle del coche para meterle en su cuna. Otra vez que se despierta. Y ahora a ver si conseguimos que vuelva a dormirse.

Siendo tan pequeño, es lo que hay. Y esto hay quien lo entienden y quien no. Quienes tienen ya niños grandes (como mis Mayores o más), parece que no se acuerdan o les da igual. O quizás ellos en mi situación lo hicieron de otra manera. Pero esa forma, la suya, no es la mía. Y quienes no tienen niños directamente no lo entienden, lo de las rutinas les suena a chino mandarín.

Es cierto que esto no es una rutina inamovible, pero me gusta que seamos el Tripadre y yo quienes decidamos cuándo y cómo saltárnosla. Y los demás no deberían meterse. Recuerdo cuando el Mayor era un bebé que teníamos que salir todos los fines de semana: el sábado a casa de una abuela y el domingo a casa de la otra. Porque, si no, había mosqueo y sofocones.

CONTRAS:

  1. Habrá bebés que salir o no salir, dormirse tarde o pronto les dé igual. Pero no fue así en el caso del Mayor y el Mediano y, desde luego, no lo es tampoco en el caso del Peque.

  2. Esto implica que el Tripadre y yo tenemos que hacer sacrificios. Llevamos 6 años de sacrificios. Sé de lo que hablo. En verano apenas disfrutamos de las terracitas y tampoco le sacamos provecho al parque porque, cuando se empieza a estar bien y ya no hace tanto calor, hay que volverse para que cene y se acueste el Peque.

  3. La gente nos mira mal, sueltan comentarios que duelen. Con lo fácil que sería ponerse en nuestro lugar, respetar nuestras decisiones o, incluso, callarse la boca.

  4. Con el Peque, hay veces que me he quedado con él en casa mientras el Triapadre se ha ido con los Mayores al evento familiar. Aún así, hay compromisos ineludibles a los que hemos tenido que ir, nos haya venido bien o no.

  5. Muchas veces, hemos ido a estos compromisos y nos hemos vuelto antes de tiempo. Pues mal. Otras veces, directamente no hemos ido. Pues peor.

PROS:

  1. Me consuela pensar que el año que viene será distinto y que quizás disfrutemos más del día y de la noche.

  2. Con el Mayor hicimos muchas, muchísimas excepciones. Con el Mediano también pero menos. Con el Peque nos hemos plantado. Aunque sigue habiendo quien quiere que lo hagamos a su manera.

  3. Tanto sacrificio me merece la pena cuando me despierto por la mañana y veo que el Peque ha pasado una buena noche, sin sobresaltos, durmiendo plácidamente.

Sé que hay cosas que no puedo cambiar. Sé que muchas veces quienes pierden son mis hijos y, qué queréis que os diga, yo así no disfruto del rato en familia. Sé que al Peque le queda ya poco tiempo de rutinas y, a pesar de todo, he de reconocer que me da un poco de pena saber que será la última vez que haya un bebé en casa. Digo yo que ya podrían dejarnos disfrutarlo a gusto y no poner tantas pegas y cogerse tantos enfados estúpidos. Es tan fácil como dejarnos hacer las cosas a nuestra manera, sin entrometerse (vamos, lo mismo que hacemos nosotros con los demás, no meternos en sus vidas). ¿O acaso es mucho pedir?

19Jun/13

… de cepillarse los dientes

Cepillos de dientes

He de reconocer que mis hijos sólo se cepillan los dientes una vez al día: antes de irse a dormir. Por la mañana es imposible con toda la prisa que supone despertarles, vestirles y que desayunen… si hay veces que, más que beberse la leche con cacao, la engullen. Y luego se quedan a comer en el colegio. Todavía no se llevan cepillos de dientes. Así que la hora de los dientes es después de cenar.

Tal mal no les va porque hace poco fuimos a su primera revisión odontológica (el Mayor con 5 años y el Mediano con 3). El dentista dijo que tenían unos dientes sanos, cero caries. Hasta les puso un vídeo para que aprendieran cómo cepillarse correctamente. Salieron encantados de la clínica. Mi sobrino (5 años también) no tuvo tanta suerte. El pobre tenía cuatro caries, al parecer, originadas por tomar demasiados zumos. Y sí, he dicho zumos, no chuches (que es en lo primero que pensamos cuando hablamos de caries en los niños).

Cuando vamos camino de la cama, el Mayor y el Mediano hacen carreras a ver quién llega primero. Pueden hacerlas ellos solos o en brazos de papá y mamá, para disgusto de nuestras espaldas. Primera parada, el baño. Hay que lavarse los dientes. Cuando el Mayor era pequeño, recuerdo haber invertido bastante tiempo en explicarle qué dientes hay que lavarse y cómo hacerlo: los de delante, las muelas, por delante, por detrás… la pasta no se traga, si hay mucha espuma, se escupe en el lavabo… enjuagarse la boca, secársela con la toalla (no vale con la manga del pijama)… sin prisa pero sin pausa… Al final, he de reconocer que estoy bastante satisfecha con el resultado. He intentado hacer lo mismo con el Mediano, pero, recordad, es todo una carrera. Cepillarse los dientes también. Así que de nada valen mis indicaciones, el Mediano está más pendiente de terminar antes que el Mayor. Y el Mayor lo mismo. Así que el Mediano acaba paseando rápidamente el cepillo por toda la boca. Y el Mayor, más que cepillarse los dientes, les dice hola y adiós con el cepillo.

Menos mal que nos queda el flúor. O al menos, así me consuelo yo. Lo que pasa es que sólo el Mayor toma flúor (aunque también rápidamente, por supuesto, que aún continúa la competición) porque el Mediano se traga el agua de enjuagarse la boca. Hasta que no aprenda a escupirla y no tragársela, se queda sin flúor. Después, carrera hacia la cama, normalmente con los churretes de la pasta aún por la comisura de la boca. Y carrera también por ver quién se acuesta y arropa primero.

CONTRAS:

  1. Después de un día largo, con los Trastos cansados del colegio y tras una cena que se ha alargado más de lo esperado entre “mastica” y “traga”, lo que menos nos apetece al Tripadre y a mí es ponerles a lavarse los dientes. Lo que tenemos son unas ganas locas de acostarles.

  2. El Mediano debería dejar de competir con su hermano para ver cuál acaba primero y prestar más atención a lo que está haciendo. Tampoco vendría mal que escuchara las indicaciones que le damos el Tripadre y yo para que se cepille los dientes lo mejor posible.

  3. Los churretes se los llevan a la cama en la cara, pero también los dejan por todo el lavabo. Esa noche me sentiré afortunada si los salpicones no llegan al espejo.

PROS:

  1. Ahora que llega el verano espero poder meterles en la rutina de cepillarse los dientes después de cada comida y no sólo a la hora de acostarse por la noche.

  2. También espero conseguir que el Mediano depure su técnica. Estoy pensando en que se cepille los dientes conmigo de vez en cuando.

  3. Como se cepillan los dientes los dos juntos, al menos el Mediano va tomando nota de cómo lo hace su hermano Mayor. Un consuelo, sobre todo si fracaso estrepitosamente en mi pro número 2.

  4. El Mayor usa flúor, espero que compense las carencias de un cepillado rápido.

  5. Si consigo hacerle entender que el agua de enjuagarse hay que escupirla, el Mediano también probará el flúor.

Y esto es así todas las noches. Tendremos suerte si en el proceso no hay voces ni gritos ni enfados porque la habitación del Peque está entre el baño y la habitación de sus hermanos y porque se acuesta antes que los otros dos. Quien, dicho sea de paso, tiene más paciencia que un santo… porque mira que arman jaleo los Mayores antes de irse a dormir… con lo rápido y directa que me voy yo sola a la cama todas las noches sin que nadie tenga que insistirme ;).