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24Jun/14

… del mini botiquín portátil

mini botiquín poartátil niños

Con tres hijos que no paran quietos ni un momento y con el buen tiempo y sus pantalones cortos, una cosa que intento llevar siempre conmigo cuando salimos de casa es un mini botiquín portátil. No es que lleve media farmacia, sino lo imprescindible para curar alguna heridita o rasponazo.

Compré un estuche pequeñito y ahí dentro metí:

  • suero fisiológico en monodosis (para limpiar la herida, aunque también viene bien para los mocos)

  • gasas, que sirven tanto para limpiar una herida como para usar como tirita

  • esparadrapo, que junto a la gasa, hace las veces de tirita.

  • cristalmina en espray, que la veo más cómoda de usar que el betadine (y mancha menos también)

  • gel de manos desinfectante sin necesidad de agua, así puedo limpiar mis manos antes de tocarles y curarles la herida

  • arnidol, o, como la llamamos en casa, la crema mágica de los golpes. Es fantástica, me hablaron de ella en la guarde cuando iba el Mayor. Te das un golpe, te la aplicas y no hay chichones. También sirve para los moratones e incluso para las picaduras de mosquitos, pues calma el picor. Se puede aplicar siempre y cuando no haya una herida abierta

Todo esto va en el estuche y éste al bolso o la mochila que nos llevamos cuando salimos de casa. Nos es muy útil cuando se hacen un rasponazo o una heridilla. El estuche lo mantiene todo ordenado y a mano. Lo que más utilizamos es, como podréis imaginar, el arnidol.

Quizás estéis pensando por qué no incluyo agua oxigenada o tiritas. Bien, podéis incluirlo si queréis o si os cabe. La idea es llevar lo menos posible (recordad que estamos hablando de salir fuera de casa) y que, lo que llevéis, os dé mucho juego. Siguiendo esta idea, no llevo agua oxigenada, pero llevo suero fisiológico para limpiar la herida, la cristalmina también desinfecta. No llevo tiritas, pero sí gasas y esparadrapo (de ése que es de papel y se corta fácilmente), que juntos hacen de tiritas, con la salvedad de que puedo aplicarlo a la medida que necesite. Pensad en un rasponazo en el brazo. Eso no hay tirita que lo tape, pero con la gasa y el esparadrapo puedo hacer una especie de tirita gigante. Al llegar a casa, se cura otra vez la herida en condiciones si hace falta. Aunque si echáis tiritas, yo os aconsejaría pequeñitas (para un dedo, por ejemplo) y que ya vengan cortadas.

CONTRAS:

  1. El mini botiquín es otro cachivache más que hay que llevar al salir de casa. Pero si lo dejáis en la bolsa o la mochila donde lleváis los pañales o el agua de los niños no se os olvidará cogerlo al salir de casa.

  2. Tampoco es algo que se vaya a usar muy a menudo, pero cuando lo necesitéis, os alegraréis de haberlo echado. No sé vuestros hijos, pero los míos se quedan más tranquilos si les curo la herida en el momento y no esperamos a llegar a casa. Es algo psicológico, pues las heridillas que se hacen no son gran cosa. Aún no hemos tenido que salir corriendo al hospital ninguna vez 😉

  3. Hay que revisarlo de vez en cuando para asegurarnos de que no ha caducado nada de lo que llevamos.

PROS:

  1. No sólo mis hijos se quedan más tranquilos si les curo la herida o el rasponazo en el momento, sino que yo también. Teniendo en cuenta lo que se ensucian cuando salimos (si no es en el parque con la arena es en la calle con la pelota), prefiero curarles lo que sea que se hayan hecho y que sigan jugando tranquilamente.

  2. Seguro que hay muchas cosas en vuestras bolsas o mochilas de salir de casa que apenas usáis. Como la mía, estarán llenas de por si acasos (pañales, toallitas, mudas, algún pañito quizás…). Si llevamos un montón de cosas que apenas usamos, creo que merece la pena llevar también un mini botiquín que, aunque se use poco, es muy útil cuando se hacen una herida, por pequeña que sea.

  3. Aunque haya que revisarlo de vez en cuando, no son productos que caduquen pronto. Así que tampoco hay que obsesionarse. Como no se le va a dar un uso continuado, hasta podéis incluir botes que tengáis a medias y dejar los nuevos para casa.

  4. Ahora que llegan las vacaciones, también se puede incluir en la maleta. Vamos, que no es sólo algo para llevar al parque. Ya sabréis por experiencia que basta que se necesite algo para no llevarlo encima en ese momento 😉

Como os decía, no es algo que se use muy a menudo, pero sí me ha pasado echarlo de menos unas cuantas veces. En la última ocasión, me propuse llevar siempre conmigo algo para esas heriditas puntuales que se suelen hacer los niños. Y desde entonces lo habré usado un par de veces. ¿Vosotras lleváis algo parecido en el bolso cuando salís de casa?

25Feb/13

… de dejar abierto el portátil encima de la mesa (II)

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Habrá quien piense, tras la entrada anterior, que aprendí la lección, que no me iba a la cama sin cerrar el portátil. No podéis estar más errados. Es cierto que, tras el susto inicial y visualizar a mi hijo tirando el ordenador de la mesa (si había podido quitar las teclas, ¿de qué más podría ser capaz el angelito?), hubo una época en la que cuidé y mimé a mi viejo portátil. Le daba los buenos días, las buenas noches, lo cerraba cuando no lo usaba y hasta le hubiera traído un café si me lo hubiera pedido. Por otra parte, mi Trasto también pasó una temporada sin acercarse al aparato en cuestión.

Más de uno estará pensando que por qué ese interés en dejar abierto el ordenador si no lo estaba usando. La respuesta es Skype. A estas alturas supongo que a todo el mundo, lo use o no, le sonará la palabreja. Por si acaso: Skype es un programa como antes el Messenger, sólo que te registras con cualquier correo que ya tengas, permite mensajes en tiempo real y, para los más aventajados, llamadas telefónicas pero sin teléfono. ¿Y por qué tanto interés en Skype? Pues porque mi Marido lo usa mucho en el trabajo y, cuando tenemos que hablar, en vez de llamarnos por teléfono (reservado a cosas importantes y urgente o ambas) o mandarnos mensajitos sms (antes no había Whatsapp ni nada, el móvil sólo servía para lo que es, vamos, para hablar), hablábamos por Skype. Ahora viaja más que antes, también por trabajo, y dado que el programita en cuestión también admite vídeo llamadas, pues en casa lo usamos como si fuera el mando de la tele. Obviamente, para poder recibir un mensaje del tipo “hoy llego tarde” por Skype, el ordenador debe estar encendido, lo que en un portátil significa con la tapa levantada.

Pues bien, con el tiempo, volví a retomar malas costumbres. En parte, confiada porque ahora el Trasto Mayor pedía permiso antes de acercarse al portátil. Ahora ya estaba también por aquí el Trasto Mediado, pero éste no había tenido experiencia previa con ese cacharro que tenía mamá sobre la mesa. La verdad es que tampoco se había interesado por él, así que yo estaba tranquila al respecto.

Una mañana me levanté y fui a hacer unas gestiones con el ordenador. Vi algo raro en la pantalla y al principio pensé que alguno había estado trasteando y me había cambiado el protector de pantalla. En esas andaba yo, pensando cómo leches habían sido capaces, cuando me di cuenta. Aquello que mis ojos veían no eran una imagen chula sino un golpe en toda regla en la pantalla que había provocado un derrame. Que nadie me pregunte cómo porque yo soy de letras y de ordenadores sólo entiendo el reiniciar. Sólo puedo decir que está relacionado con que las pantallas son de plástico duro y que por dentro tiene algo así como un líquido que reacciona a la luz de lo que estemos viendo, supongo que algo parecido a las televisiones de plasma. Para más información, consulten con un experto en la materia. Yo lo consulté con mi Marido, quien tuvo a bien explicármelo, pero yo sólo entendía palabras sueltas, a saber: roto, arreglar, roto, roto, costar una pasta, roto, roto, ¡roto!

Según investigaciones e interrogaciones posteriores, he aquí el relato de cómo creo que acontecieron los hechos. Marido se levantó para levantar a los Trastos, vestirlos, darles el desayuno y llevarles al colegio como todos los días que hay clase (los fines de semana, la cosa cambia). Yo me quedé en la cama avalada por los despertares nocturnos que por aquel entonces tenía el Trasto Pequeño. Una vez desayunados y listos, los Trastos mayores pasaron al salón a “hacer tiempo”. Marido se queda en la cocina preparándose para la mañana que le esperaba en el trabajo. Antes de ir al cole, la tele no se pone. Quedarse tranquilos en el sofá es un concepto que mis hijos no entienden, sean las 8 de la mañana o las 11 de la noche. Así que decidieron jugar a tirarse cosas. En el salón no hay muchos juguetes, algún peluche como mucho. Pues el día anterior, el Mediano decidió llevarse al salón un muñeco de la bañera, de esos que son de goma y que disparan agua. En concreto, el de la foto que ilustra esta entrada. Como ya he dicho, era de goma, no vi peligro y dejé que se lo llevara. Pero el muñequito en cuestión tiene una base de plástico que le hace flotar. Y esa fue mi perdición. Bueno, esa y la puntería que se gastó el Mediano cuando, al hacerle un pase del muñeco en cuestión al Mayor, dio de pleno en la pantalla del ordenador. Marido ni se enteró, no sonó a roto, no había pasado nada. Los Trastos, que tontos no son, no dijeron tampoco esta boca es mía. Todos al cole, todos contentos.

La sorpresa me la llevé yo horas después. Cómo al final se arregló el ordenador, es otra historia para no dormir. Para resumir, diré que el mes que me quedé yo sin portátil, los Trastos se quedaron sin aparatos tecnológicos.

CONTRAS:

  1. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo seguro que soy capaz de tropezar más veces e incluso caerme si llega el caso. Aún así, dudo de que aprenda la lección.

  2. He dejado el Skype, salvo para los viajes del Marido. Ahora me he enganchado al Whatsapp.

  3. Lo de la reparación del ordenador fue de traca. No se lo recomiendo a nadie.

  4. Dos Trastos pululando, dos incidentes con el portátil. Miedo me da cuando el Pequeño llegue a los dos años, edad en que los Mayores realizaron su trastada. Pienso poner cerrojo en la puerta, a ver si evitando la tentación evito el peligro.

PROS:

  1. El ordenador ha pasado a otra habitación. Intento acordarme de apagarlo cada noche, no todas lo consigo. Cuando voy a la cama, muerta de sueño, y lo veo con la tapa levantada, muchas veces bajo la cabeza y me digo a mí misma que en el estudio no entran los niños. Me meto en la cama con los dedos cruzados. Y las piernas y las orejas también, por si acaso.

  2. El ordenador no lo han vuelto a tocar. Sólo se acercan a él en presencia de un adulto. De otros aparatos (como la tele o el iPad del trabajo de mi Marido), no puedo decir lo mismo. Pero eso queda para otro día.

  3. El mes que estuve sin ordenador, me desenganché. Pero cuando volvió a estar entre mis manos, lo cogí con unas ganas… Ahora sí que le llevo un café todos los días.

Conclusión: el ordenador no es algo de primera necesidad. Lo sabemos todos. No todo el mundo tiene ordenador y no pasa nada. Lo sabemos. Estar unas semanas sin poder entrar en Internet no es el fin del mundo. Lo sabemos. Pero es mejor no probar. Y sobre todo, mantengan los ordenadores alejados de los niños. Sus nervios y sus bolsillos se lo agradecerán.

23Feb/13

… de dejar abierto el portátil encima de la mesa (I)

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En casa, hace tiempo que el ordenador de sobremesa (ese grandote con su torre, su teclado, su pantalla y su ratón) pasó a ser un simple elemento decorativo recoge-polvo encima de una mesa a la que, por otra parte, no le sobraba el espacio. Primero por el trabajo de mi Marido y después por comodidad mía, los portátiles entraron pisando fuerte. Junto a mi primer portátil y el disco de arranque, también me vino en la caja la mala costumbre de dejar el aparato abierto, con la tapa levantada, vamos. Esto no tendría la mayor importancia si no fuera porque los Trastos siempre andan a sus anchas por aquí como si fueran los reyes de la casa.

La primera vez que tendría que haber puesto el ordenador portátil a buen recaudo fue cuando Mayor apenas contaba con 2 tiernos años y el Mediano aún estaba bien custodiado en la tripa de la que escribe. Recuerdo que acababa de pasar de la cuna a su cama de mayor y que le daba por levantarse al despertarse. Era sábado y yo aún estaba en la cama. Le oí levantarse. Le oí ir hacia el salón. Y durante un momento, no oí nada más. En ese instante, debí de sospechar, pero ¡ay!, es que estaba tan a gusto en la cama… Primer error.

Al poco, empecé a oír un “click”. Y luego otro. Y otro. Y otro… Yo aún seguía en la cama con los dedos cruzados para ver si encendía la tele y podía remolonear un poco más. Click. Porque hay que ver qué rápido se hacen los niños con las nuevas tecnologías. Click. Aprenden a poner el vídeo en lo que tú aún andas leyendo las instrucciones. Click. Pues bien, mi entonces único hijo sabía perfectamente encender y apagar la tele. Click. Pero aquel día no fue la tele lo que le llamó la atención. Click. Qué va. Click. ¿Pero por dónde iba, que me pierdo? ¡Ah! Sí. Por los “clicks”. Mi mente repasó rápidamente todos y cada uno de los juguetes que había en el salón buscando al autor de ese sonido. Click. Como no encontré ninguno, empecé a repasar mentalmente los que tenía mi hijo en su habitación. Click. Tampoco di con el susodicho. Click. Incapaz de dar con el artefacto en cuestión, click, me levanté más por curiosidad que por otra cosa. Click. Cuando llegué al salón, vi al angelito, click, con su chupete puesto, click, y sus pequeñas manitas con su pequeños deditos, click, quitando con gran cuidado y paciencia, click, las teclas del portátil, click, una a una. He de agradecerle, click, que las fuera poniendo pacientemente al lado del ordenador. Click. Hasta la barra espaciadora había logrado desprender mi Trasto con ayuda de sus pequeñas uñitas. Click.

Os podéis hacer una idea de la impresión que me dio ver mi portátil despojado de lo que lo hacía ordenador, sus preciadas teclas. Por un momento pensé que ahí se terminaba la vida útil del aparato, por otra parte, prácticamente nuevo. Menos mal que con paciencia pude recomponer el teclado. Aunque la “B” sufrió daños irreparables y durante un tiempo estuve evitando palabras con dicha letra. Si alguien piensa que aprendí de mi error, que se pase el próximo día por aquí y le demostraré cuánto se equivoca.

CONTRAS:

  1. Es un tostón cerrar el ordenador para abrirlo otra vez. Pero si tienes Trastos pululando por la casa, es una opción a plantearse seriamente. Click.

  2. Igual que es una pérdida de tiempo levantar la tapa, también lo es volver a entrar en las páginas web que visitas todos los días. Con lo fácil que es darle a recargar… Click.

  3. Todo lo anterior adquiere un nuevo matiz si tienes que recomponer las teclas una por una para poder mirar tu correo. Es para pensárselo. Click.

PROS:

  1. Una vez que vuelves al ordenador, si lo has dejado abierto, puedes seguir exactamente por donde lo dejaste. Esto incluye seguir poniendo las letras por donde las dejó tu hijo. Click.

Siento no poner más argumentos a favor de dejarse el portátil abierto. Click. La imagen de las teclas esparcidas por la mesa, aun habiendo pasado 3 años, no deja de estar presente en mi memoria. Click.