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29Jul/14

… de la caca piscinera

Pañales para el agua.

Es verano y el Peque aún usa pañales. Debí esperarme la tragedia. Lo malo es que yo iba confiada en que esto a mí no me pasaría, quizás porque no me pasó nunca con sus otros dos hermanos. Pero alguien dijo una vez que a la tercera iba la vencida…

También debió ponerme sobre aviso los acontecimiento que ocurrieron justo antes de la gran tragedia. Os cuento. Llegamos a la piscina de la urbanización. Justo al lado de la parte que menos cubre, han puesto una piscinita para los bebés y niños a los que la piscina normal aún les queda grande. El Peque la había descubierto el día anterior y le encantaba. Además, a la hora a la que suelo ir con los Trastos, no hay casi nadie y el Peque tiene la piscina chica para él solo.

Todos nos damos crema solar en casa antes de salir, así que, nada más llegar, los Mayores se quitan la camiseta (ya llevan puesto el bañador de casa), las chanclas, se pasan por la ducha y al agua. Mientras, yo me quedo quitándole al Peque la ropa, cambiando su pañal normal por su pañal bañador y poniéndole también los manguitos. Sólo entonces, me quito yo la ropa y me dirijo con el Peque a la piscina. Esto suele ser lo normal. Pero aquel día hubo una pequeña variación en nuestra rutina…

Los Mayores se dirigían ya al agua y yo seguía en el césped con el Peque. Me di la vuelta para extender la toalla donde cambiarle y entonces ya no estaba. Se dirigía raudo y veloz, sin nadie que le pudiese parar a la piscinita pequeña. Y allí que se tiró en plancha. Con sus chanclas, su camiseta y su pañal normal. Según me iba acercando, empezó a desternillarse.

Le saqué chorreando agua y le llevé de nuevo al césped. Ahora sí, pude quitarle todo lo que llevaba encima y sustituirlo por su pañal-bañador y sus manguitos. En cuanto se vio libre, corrió de nuevo a la piscina pequeña. Debí irme de allí en ese mismo instante. Pero no, me quedé. Y lo sufrí.

Conseguí llegar a la piscina y busqué un lugar estratégico entre donde estaban jugando los Mayores y la piscina donde estaba el Peque. Al poco rato, éste pensó que quería meterse en la grande, como sus hermanos y comenzó a subir y bajar por la escalera. Así estuvo como cuarto de hora. Y yo le dejé.

Entonces llegó una madre con su hija, a la que con mi ojo de madre, le eché alrededor de un año. La metió en la piscina pequeña y el Peque, al ver que había compañía, volvió a meterse en la piscinita. Sin embargo, alternaba sus mini baños con el entro-salgo de la escalera de la piscina grande. De nuevo, debí irme de allí en ese momento. Pero no, aquí la que teclea decidió quedarse un poco más para que el Peque jugara con su nueva amiguita. Ejem.

En una de esas salidas, el Mediano me gritó desde el bordillo de la piscina que el Peque tenía algo en la pierna, que si era una heridita. Le miré y dije muy risueña que no, que sería otra cosa. Me acerqué al Peque y le miré las piernas pensando que el pañal se habría roto. Es lo malo de reutilizarlos hasta que no se puede más. Para mi estupor, vi que aquello que chorreaba por sus piernecitas no tenía nada que ver con el pañal. Era algo más asqueroso.

Sí, querida lectora o lector. Es lo que imaginas y lo que le da nombre a la entrada de hoy. Era caca. Caca piscinera. Ya sabemos lo que le pasa a ésta si le da el agua. Pues eso. Que de nuevo me tocó salir pitando hacia la toalla y proceder al cambio asqueroso de pañal y limpiado de piernas y de todo. Entonces y sólo entonces concluí que era la hora de irse a casa. Llamé a los Mayores con un “¡Pa’ casa!” como pocos se habrán oído en el recinto piscinero y cambié al Peque.

Mientras los Mayores se duchaban y secaban, yo aproveché para ir a tirar lo que quedaba del pañal-bañador. Y, de nuevo, por si todo lo anterior no hubiera sido bastante, el Peque volvió a salir raudo y veloz hacia la mini piscina, donde, por supuesto, volvió a tirarse en plancha. Lo que vino después no os lo cuento para no repetirme. Os lo imagináis. Sólo diré que acabamos como empezamos. El ciclo se cerró. Y más muerta que viva conseguí volver a casa con los tres Trastos.

CONTRAS:

  1. Como son pañales para el agua, no retienen nada. El agua disuelve la caca, así que hay que estar muy pendiente de que sólo han hecho pis o veréis cómo chorrea. Y esto último no es nada agradable.

  2. Coger al niño para llevárselo a la toalla es una odisea. No le puedes coger de forma normal porque va mojado (de agua y de todo). Yo le llevé agarrado por los brazos, en volandas. Y fui lo más rápida que pude. Menos mal que, como dije antes, la piscina no es muy grande.

PROS:

  1. Aunque no retengan nada, siempre es mejor en el pañal que en el bañador. El primero lo puedes tirar a la basura sin contemplaciones. El segundo también, pero seguro que por tu cabeza pasa el pensamiento de lavarlo y aprovecharlo.

  2. Lo bueno de los pañales-bañador es que no se quitan como si fueran calzoncillos o bragas. Se pueden quitar rompiendo las “costuras” laterales. Menos mal porque sacar el pañal hacia abajo con todo lo que tenía dentro hubiera sido ya para encerrarme y tirar la llave.

Por si alguien se lo está preguntando, he vuelto a la piscina. Sólo que ahora cojo al Peque de la mano y no le suelto hasta que no tiene su pañal-bañador y sus manguitos puestos. Que le he visto intención de repetir la hazaña. Y la de la caca también. ¿Cuándo decís que cierran las piscinas?

28May/14

… del orinal para niños

Orinal para niños, operación pañal

No me lo podéis negar, ha sido llegar el buen tiempo y empezar a ver los culillos de los peques más peques por doquier. ¿A que sí? La primavera es la época por excelencia de las alergias, la manga corta, el chaparrón con las sandalias puestas y, en el mundo infantil, la operación pañal.

El Peque aún no ha llegado a ese momento, pero supongo que el año que viene por estas fechas será su culillo el que vea a todas horas sin remedio. Este año me he salvado (al menos hasta la fecha en que escribo estas líneas), pero del siguiente no. Me entran escalofríos sólo de pensarlo. Aún tengo muy reciente la operación pañal de los Mayores.

El Mayor se pasó todo el verano con escapes. Muy oportunos, eso sí, porque fuera de casa normalmente nada, pero en casa no se salvó un rincón. Pero no teníamos prisa. Contaba con dos años recién cumplidos en junio cuando él mismo quiso quitarse el pañal y aprovechamos sabiendo que aún nos quedaba otro año antes de que quitar el pañal se convirtiera en una obligación.

El Mediano no tuvo tanta suerte. Habiendo nacido en octubre, aquel verano antes de empezar el colegio, tuvo que decir adiós a muchas cosas a la fuerza, entre ellas el pañal, sin haber cumplido aún los tres años. Mi opinión sobre aquella experiencia la podéis leer aquí, no me voy a repetir que luego os aburro.

El Peque acaba de cumplir dos años y aún le queda otro verano para decirle adiós al pañal. Lo único que me alegra de todo esto es que va a ser la última operación pañal que vivamos en casa. La última vez que tendremos que hacer acopio de calzoncillos. La última vez que tenga que lavar hasta cuatro o nueve calzoncillos al día. La última vez que tenga que tener la fregona siempre preparada. La última vez que meta la mano entre su culo y el sofá esperando no encontrarme la sorpresa… Seguro que habéis captado la idea y notado mi alegría.

En fin, que me despisto. Una de las cosas que más me ayudó en la operación pañal de los Mayores, además de mucha mucha paciencia, fue el orinal para niños. Nosotros lo pusimos en el cuarto de baño desde antes de empezar a retirar el pañal, así se convirtió en un elemento conocido. Cuando llegó la hora de sentarse ahí a hacer… lo que saliera… ninguno de ellos lo rechazó.

También compramos el adaptador para la taza del wáter. Ése que es como un cojín para culos pequeños, pero, aunque lo usamos también bastante, fue más cuando ya sabían qué había que hacer ahí que cuando lo estaban aprendiendo.

Nuestro orinal emitía una musiquilla cada vez que algo caía en él. Esto puede parecer una chorrada, de hecho, lo es, pero a los niños les hace mucha ilusión. Aún recuerdo al Mayor sentado ahí y dando palmas cada vez que oía la música, señal inequívoca de que algo había salido.

El Mediano fue más por imitación de su hermano mayor. Pero incluso así, era gracioso ver al Mayor sentado en el inodoro con su cojín adaptador y al Mediano en el orinal para niños justo al lado.

CONTRAS:

  1. La musiquilla de estos orinales que tanto les divierte a los peques, a veces es un poco incordiante para los adultos. Pero vamos, como suele pasar con muchos juguetes. Afortunadamente, también hay orinales sin música. La elección ya depende del nivel de paciencia de los padres. Y, además, siempre queda la opción de no reponer las pilas gastadas… 😉

  2. Lo peor que tienen estos orinales para niños, en mi opinión y en comparación con los adaptadores, es que, una vez soltado el esfínter, hay que limpiar lo que haya caído en él. Yo algunas veces lo he pasado realmente mal. Pero bueno, siempre es preferible limpiar una caca del orinal para niños que limpiarla del sofá.

  3. De cara a las próximas vacaciones de verano, es más difícil meter en la maleta un orinal para niños, por muy pequeño o compacto que éste sea, que un adaptador.

PROS:

  1. Siempre hay que tener presente que, por muy chulo que sea el orinal o por mucha tecnología que lleve asociada, puede que al niño no le entusiasme sentarse allí. Ya podéis darle cuentos o tablets que, como diga que no, es que no. Y mejor no obligarle. Sin embargo, siempre será mejor comprar uno que le guste que otro que le resulte indiferente.

  2. Si tenéis vista, podéis haceros con uno que, una vez superada la operación pañal, se le pueda seguir dando uso. El de la foto de esta entrada es un orinal para niños, sí, pero también sirve de taburete, lo que les viene muy bien al Mediano y al Peque para llegar al grifo y poder lavarse las manos cómodamente.

  3. El orinal es su trono. Aprovechad ese momento para hacerles sentir como reyes y reinas. Además de un cuento para ayudarles a hacer tiempo, se puede incluso tener una corona para que se pongan en ese momento.

  4. Aprovechad esos momentos, que pueden llegar a ser algo desquiciantes, para tener un ratito a solas con los peques. Pedidles que os cuenten lo que han hecho en clase ese día o que se inventen un cuento y os lo cuenten ellos a vosotras para variar. Quizás la visita al baño resulte infructuosa, pero al menos tanto ellos como vosotras habréis pasado un buen rato.

No sé cómo será la operación pañal del Peque, si se verá forzado por la inminente entrada en el colegio o si será algo más natural y a su ritmo, si será por imitación de sus hermanos o si le dará igual e irá a su aire. Pero, de momento, tenemos el orinal para niños ya en el baño. De vez en cuando se sienta en él, con el pañal puesto, y dice “caca”. Cuando entra al baño y hay alguien sentado haciendo sus cosas, siempre le decimos que está haciendo pis o caca. Espero que así vaya cogiendo el concepto.

17Ene/14

… de la enuresis nocturna infantil

Pañales

Esto que tiene un nombre tan raro, aunque seguro que familiar para aquellos que tenéis niños pequeños, no es más que lo que se conoce de toda la vida como “hacerse pis por la noche” o “mojar la cama”. Llevo tiempo dándole vueltas a si hablaros de ello o no. Al final me he decidido porque creo que nuestro caso concreto puede serle de utilidad y ayuda a otras familias.

El Mayor tiene ahora algo más de 6 años y medio. A eso de los 2 años empezó a controlar el pis durante el día. Fue un verano marcado por los calzoncillos, lavar a todas horas y la fregona. Y fue por iniciativa propia de mi hijo, que llegó un día y dijo que ya no quería usar el pañal. Tanto es así que aprendió a desabrochárselo él solito, por lo que no había forma de que lo llevara puesto si él no quería. He de confesar que, tras el verano, ya controlaba bien el tema y apenas tuvimos escapes.

La consecuencia siguiente fue que quiso dormir sin pañal. De nuevo, por su propia iniciativa y sin que nadie le obligara o presionara para ello. Empezamos por dejarle sin el pañal a la hora de la siesta. Le hice un calendario mensual donde íbamos poniendo pegatinas los días que se levantaba seco. Esas tres horas de siesta las controlaba perfectamente.

Así que pasamos al siguiente nivel: la noche. Sin embargo, el tema fue muy distinto. Cuando el Mayor decidió que dormía sin pañal, dormía sin pañal. Como ya digo, sabía quitárselo perfectamente. Y como siempre te dicen que hay que aprovechar la iniciativa del niño, ahí que nos embarcamos en noches sin pañales. La noche le costó más. Bastante más. Es cierto que era capaz de tirarse semanas o meses enteros sin mojar la cama, pero de repente, se le escapaba el pis una noche y podía estar fácilmente una semana entera con escapes a diario. Luego estos cesaban y volvíamos a la rutina sin pis para, de nuevo, un día, volver a los escapes. Y esto ha durado varios años.

Probamos (o mejor dicho, probé, porque siempre era yo quien se levantaba y se ocupaba de esto) varias cosas. Al principio, empezamos con el calendario con las pegatinas que tan buen resultado nos había dado con las siestas, pero no funcionó. A él se le escapaba con calendario y sin él. Después pasamos al cambio de sábanas y pijama y vuelta a su cama. Y esto incluso embarazada del tercero, con un pedazo tripón que apenas podía moverme. Y os recuerdo que mis hijos, para entonces, ya dormían en literas, los dos juntos, y el Mayor iba en la de arriba. Tampoco funcionó. Sólo conseguí despertarme fatal físicamente a la mañana siguiente.

A esto le sumamos una ducha rápida mañanera si se había hecho pis durante la noche. Pero lo único que conseguíamos era que cogiera frío y no compensaba. También probamos a llevarle al baño de noche para que vaciara su vejiga, lo que nos costaba horrores porque él iba dormido y apenas se tenía en pie. Pero esto tampoco tuvo éxito. Daba igual a qué hora le lleváramos al baño, si estaba por escapársele el pis, se le escapaba.

De ahí pasamos a cambiarle sólo el pijama y llevárnoslo a nuestra cama y después por la mañana (si era fin de semana) cambiar las sábanas con él delante para que se diera cuenta de lo que suponía un escape nocturno de pis. También me lo llevaba a tender para que tomara conciencia. Pero tampoco funcionó. Vamos, él sabía lo que suponía, pero no podía hacer nada para evitarlo porque, en sus propias palabras, estaba dormido y no se daba cuenta del escape hasta que se notaba mojado.

He de reconocer, aunque no me jacto de ello, que ante nuestra (mi) desesperación por este tema, alguna vez le regañé. Por experiencia, os digo que no lo hagáis. La consecuencia primera de todo esto fue que mi hijo se quedaba mojado en la cama y no me llamaba para cambiarle. Lo que implicaba que cogía frío durante la noche.

También probamos a no darle importancia al asunto, al menos delante de él. Y, ya para terminar, lo último fue darle premios si conseguía no hacerse pis de noche durante una semana, después dos, después un mes entero, después dos meses, después tres.

Y un día, así porque sí, nos dimos cuenta de que ya no se hacía pis por la noche. Ni un escape. Ni aunque bebiera más o menos agua antes de acostarse. Aunque no le lleváramos al baño en mitad de la noche. Aunque no le diéramos un premio. Simplemente, su cuerpo maduró. Entonces tenía unos 5 años y medio.

Ahora estamos con el Mediano. Él controla perfectamente el pis durante el día. Empezaba el colegio y no le quedó más remedio. Sobre mi opinión al respecto, ya os la conté en esta otra entrada, así que no me repito. La diferencia entre mis dos hijos es que el Mediano no ha pedido que le quitemos el pañal por la noche. Bueno, sí lo ha hecho, pero le hemos dicho que lo haremos cuando esté una semana sin hacerse pis por la noche. Y se ha conformado. Tiene 4 años y medio e intenta no tener escapes. Se pone muy contento cuando se despierta y tiene seco el pañal, pero no es un trauma ni un fracaso cuando lo saca mojado. Y creo que así tiene que ser. Me da igual que siga usando pañal de noche con la edad que tiene. Después de la experiencia con el Mayor, creo que es lo mejor, me parece que es menos traumático para el niño que despertarse mojado por la noche. Aunque, también es cierto que el Mayor fue más cabezota y, a pesar de los escapes, no consintió en ponerse pañales para ir a dormir.

CONTRAS:

  1. Es desesperante. Lo es para los padres y seguro que también para el niño. Pero hay que echarle paciencia y comprensión. Debemos tener muy en cuenta que, por lo general, los niños no son conscientes de que se están haciendo pis hasta que se descubren mojados.

  2. Hay veces que los padres no sabemos cómo actuar. Aquí hablo por experiencia propia. Yo creo que, salvo la alarma que pita cuando el niño se hace pis y le despierta, lo hemos probado todo. Y nada funcionaba. Yo llegué a un punto en el que no sabía qué hacer. Y lo único que debía hacer era dejar pasar el tiempo. Dejar que madurara el cuerpo de mi hijo.

  3. Hubo quien me aconsejó volver a ponerle un pañal, aunque fuera en contra de su voluntad. Yo opté por el diálogo. Le preguntaba a mi hijo si quería volver a ponerse uno de noche, pero él siempre me decía que no. Y yo respeté su decisión. Creo que si le hubiera obligado a ello podría haberle perjudicado emocionalmente.

  4. Había veces, sobre todo en invierno, en que no daba a basto para poner lavadoras. Con lo que tardan en secarse. Si esos días encima llovía, mejor ni os cuento los apuros que pasaba. Lo peor de todo era cuando en invierno, con los escapes, también se mojaban las mantas.

PROS:

  1. Creo que no deberíamos tener prisa, ni las madres ni los niños, en dejar el pañal de noche. Creo que hay que hacerlo cuando ellos estén preparados, cuando se den cuenta de que el pañal sale seco y ya no hace falta.

  2. No obstante, si vuestro hijo resulta ser tan cabezota en este tema como lo fue el Mayor, sólo os queda la paciencia. No os agobiéis ni les agobiéis a ellos. Es como si a un adulto que ronca le castigamos por ello. Dicho adulto se sentirá impotente y frustrado porque es algo que hace dormido, sin conciencia de ello. Bueno, pues con los escapes nocturnos pasa algo parecido.

  3. Salvo en contadas ocasiones, la enuresis nocturna desaparece por sí sola. Puede que ahora estéis inmersas en esa vorágine de sábanas y lavadoras y no veáis la salida, pero creedme, la hay.

  4. Habrá quien piense que seguir poniéndole el pañal de noche al Mediano es un gasto de dinero. Bueno, sólo puedo decir que el detergente y el hecho de poner la lavadora también cuestan dinero. Y eso si no hay que comprar otro tendedero para las sábanas.

Sólo os puedo decir, por si le sirve de ayuda a alguien, que cada niño tiene su ritmo y que, igual que no hay que forzarles a andar, tampoco hay que forzarles a no hacerse pis por la noche. Es algo que vendrá solo con el tiempo, antes o después. De nada sirven los castigos ni las regañinas. Ellos lo hacen de forma inconsciente. Y cuando tengan 15 años seguro que ninguno mojará la cama. Así que el Mediano seguirá poniéndose el pañal de noche hasta que me deje ponérselo o, mejor aún, hasta que empiece a salir seco. Sin prisas y con mucho amor y comprensión.

Por si queréis saber más sobre el tema, os dejo este documento de la Asociación Española de Pediatría (AEPED) escrito por Luis Miguel Rodríguez Fernández (Unidad de Nefrología Pediátrica Servicio de Pediatría del Hospital de León) y Salvador Gracia Manzano (Nefrología Pediátrica del Hospital Universitario Virgen de la Arrixac, Murcia).

 

 

17May/13

… de dejar el pañal

Pañales y calzoncillos logo

Nada más nacer tu bebé, empiezas a oír aquello de que “cada niño tiene su propio ritmo”, “no compares a tu hijo con los de tu vecina” y sucedáneos. Y te lo crees. Si tu hijo tiene año y medio y no anda, no pasa nada, ya andará, no hay por qué preocuparse y, sobre todo, no le fuerces. Que va a la guardería y todos los de su clase hablan por los codos y el tuyo apenas dice “mamá”, no compares que es peor, ya hablará, seguro que cuando empiece no hay quien le calle. ¿Os suena?

Bueno, pues todo esto es válido… hasta los 3 años. ¿Qué pasa entonces? Pues pasa que tiene que empezar el colegio y tiene que ir con los deberes hechos. A saber: se acabaron los purés, el niño tiene que comer sólidos, y se acabó el pañal, debe saber ir al baño solo o, en su defecto, pedirlo a la profesora (con tiempo, a poder ser). Da igual que haya nacido en enero o en diciembre. Bueno, pues hoy vengo a hablar del adiós al pañal.

Con el Mayor tuvimos suerte. En la guardería se dieron cuenta de que podría estar preparado para quitarse el pañal con dos años y poco. Nos lo propusieron y nosotros accedimos a probar. Y no nos fue del todo mal. Fue un verano marcado por la fregona y montones de calzoncillos de la talla mini, pero consiguió no usar pañal durante el día. Su mayor problema era que aguantaba demasiado y, para cuando quería ir al baño, ya era tarde. Algo normal y habitual en esta etapa. Sin embargo, hubo, como siempre, voces que “nos aconsejaban” volver a ponerle el pañal porque era mucho trabajo ir limpiando escapes. Pero nosotros confiamos en nuestro hijo, le dimos tiempo y comprensión. Enfados cero.

En este caso, nos ayudó bastante un orinal que emitía una musiquilla cada vez que caía algo, sólido o líquido. Mi hijo se ponía muy contento y le encantaba hacer sus necesidades allí. También ayudó el que le permitiéramos acompañarnos al baño si quería para ver cómo se hacía aquello.

El Mediano fue otra cosa. Estando a punto de cumplir los 3 años, estuvimos casi obligados a quitarle el pañal porque tras el verano empezaba el colegio. Si hubiera dependido de nosotros, hubiéramos esperado a verle más preparado, pero no pudo ser. Y poco a poco fuimos retirando el pañal, al principio a ratitos cortos y, después, más largos.

Esta vez, el orinal no ayudó mucho. Fue más el hecho de ver a su hermano mayor ir al baño. Es más, como el Mayor ya hacía pis de pie, el Mediano se empeñaba en hacerlo así también, pero aún no llegaba, ¡pobre! A mí me hacía gracia, pero él no entendía por qué no podía y mojaba el suelo. Menos mal que fue cuestión de tiempo y que está en pleno crecimiento :-).

CONTRAS:

  1. Hay que estar muy pendiente para evitar los escapes o minimizarlos al máximo. Después de un tiempo, aprendes a diferenciar la cara que pone cuando se le está escapando algo.

  2. En casa, hay que tener preparada la fregona. Y la paciencia también. Lo que hacía yo era sentarle a esperar que se secara el suelo, para que fuera consciente de lo que había pasado. Y nada de enfados. Están aprendiendo.

  3. En la calle, hay que llevar siempre ropa de cambio suficiente como para varios escapes. Y yo os diría que algún pañal también por si le entran ganas de hacer caca.

  4. Hay que comprar muchos calzoncillos (o bragas). Si son de dibujos que le gusten mucho mejor. Da igual que sea verano y que la ropa se seque más rápido. Ten en cuenta que, después de limpiar los escapes, es probable que no tengas ganas de lavar también la ropa. Yo me esperaba al tercer escape para lavar una tanda de ropa porque, si no, me tenía que pasar el día lavando. Y a mano, porque no vas a poner una lavadora para un calzoncillo y un pantalón.

  5. En cuanto pidan ir al baño, tendrás apenas unos segundos para reaccionar. Entrarás en los sitios y lo primero que buscarán tus ojos será el baño, por si tienes que salir corriendo. Bienvenidas al mundo de los baños públicos.

  6. Los consejos sobre este tema también te llegarán sin pedirlos. Algunos, incluso, te harán dudar. Habla con el padre (o la madre) y decidid qué vais a hacer, cuándo y cómo y haced oídos sordos a todo lo que no os ayude a lograrlo.

  7. Como todo lo relacionado con los niños, vas a poner a prueba tu paciencia. Respira.

PROS:

  1. El pis de un niño de esa edad aún no es como de un niño mayor. No huele tan fuerte ni es mucha cantidad, aunque a veces lo parezca.

  2. Si la operación pañal se realiza en verano, siempre habrá menos ropa que lavar porque puede ir sin pantalones por la casa.

  3. Cuando pases dos días sin escapes, sentirás una alegría inmensa.

  4. Cuando llevéis cuatro escapes en una hora, antes de tirarte de los pelos, piensa en todo el dinero que te vas a ahorrar en pañales. Quizás al principio pienses que el dinero de los pañales lo gastas en agua y detergentes, pero eso es sólo al principio. Antes o después, todos los niños acaban sin pañal.

  5. En cuanto tu hijo consiga controlar sus necesidades, va a coger muchísima confianza en sí mismo. Aplaúdele sus logros. Le va a encantar ir sin pañal.

Para lograr decir adiós al pañal sin traumas, es necesario que el niño esté preparado y que vosotros, los padres, estéis convencidos. No vale echarse atrás al tercer escape. Hay que ser constante, sobre todo, para que el niño no se haga un lío (puede darse el caso de que ya no sepa si lleva o no pañal). Y, como dije antes, todo lo que no os ayude en vuestra decisión, ignorarlo. Nadie mejor que vosotros conocéis a vuestro hijo, sabéis si está o no preparado o si es mejor volver al pañal o perseverar en su retirada. ¡Suerte!