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27Oct/14

… de (no) tener un manitas en casa

Cuando un hombre dice que hará algo... lo hará. Chicas, no hace falta estar recordándoselo... cada seis meses

Dos años, dos, llevamos en esta casa. Dos años ya que llevo esperando que Papá³ saque la taladradora. En el sentido más literal del término, se entiende (golosonas… :D). Al principio, yo estaba embarazada del Peque, así que poco podía hacer, no por falta de ganas, sino por tener una tripa inmensa que, junto a las náuseas constantes, dejaba poco margen de maniobra a este cuerpo serrano. Así que Papá³ empezó su etapa de manitas con muchas ganas.

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12Mar/14

… de los parecidos familiares

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La típica pregunta cuando nace tu bebé es ¿a quién se parece? Yo siempre he respondido: “eso depende de la abuela a la que se lo preguntes”. Vamos, que cada uno barre para casa. Se dice, se comenta, se rumorea… que los niños recién nacidos tienden a parecerse más a los padres por pura supervivencia de la especie: así los padres no los rechazaban. Pero todos conocemos el caso de un bebé clavadito a su madre. Y si no, ahí está la abuela para sacar el parecido razonable.

Recuerdo cuando el Mayor tenía ya unos meses que empezaron a llegar a casa (analógica y digitalmente) pruebas fotográficas de lo que mi bebé se parecía a su padre o a su madre. Que si es un calco de su padre en esta foto, que si es fotocopia de su madre en esta otra (e incluso de abuelas/os), no me digas que no tiene tu sonrisa, lo que tiene son las piernas de su padre… y así puedo escribir varias entradas. Paro que no es plan.

Lo mismo pasó con el Peque. Al parecer, que el Mediano sea más moreno de piel que sus hermanos (su padre es blanco cual leche de vaca) y que tenga la cabeza llena de rizos le valió al pobre para que hubiera consenso y todos dieran por bueno aquello de que es el que más se me parece. Con él no hubo ni hay discusiones. Basta ver lo renegrío que se pone en verano, los ojazos que tiene y esos rizos mal domados para decir que a su padre no se parece ni de coña.

Pero con el Peque, como decía, pasó lo mismo que con el Mayor. Fotos por aquí, fotos por acá. Y es curioso que siempre aparezca alguna en la que, efectivamente, se da un aire a un progenitor y al otro.

Yo pensaba que eso quedaba relegado a la época de bebé. Pero me equivocaba. Un simple peto o una camiseta vuelve a avivar las ascuas de los parecidos razonables. Respaldado siempre con prueba fotográfica.

Y no me queda más que reírme porque, aunque podamos discutir hasta el infinito si con 8 meses se parece más a su padre o a su madre a la misma edad, aunque aparezcan fotos donde tiene la misma pose o la misma sonrisa que un progenitor u otro, aunque sigamos devanándonos los sesos por ver a quien se parece más, aunque yo también entre en ese juego de vez en cuando; lo cierto es que todos, los tres, son igual de cabezotas que su padre. Y eso no me lo puede discutir nadie.

Que digo yo, que ya podían haber salido más tranquilitos. Dice mi madre que de pequeña yo me pasaba horas con mis muñecas jugando sola. Mi hermana no quería jugar conmigo porque decía que se aburría. Así que sí, he jugado muchas horas sola con un muñeco (ay, mis ponys, ¿os acordáis de ellos?) y nada más. Cualquier cosa servía para montarme “mi película”. Jugaba hasta sin muñecos ni juguetes. No os digo más. Pero mis hijos no. Ellos están cinco minutos con algo (aquí incluyo al Peque porque ya se le ve venir) y lo dejan. El que más aguanta es el Mediano, capaz de estar 20 minutos con su pista de coches, coche p’arriba coche p’abajo. Pero insisto en que nos han salido cabezotas los tres, como su padre, vamos, porque aunque yo también sea cabezota de vez en cuando, no lo soy siempre ni tanto.

CONTRAS:

  1. A veces no queda más remedio que claudicar y decir, quieras o no, que en esa foto es clavadito a su padre. Hago especial hincapié en “esa”.

  2. Dice mi suegra que con la cabezonería de mis Trastos ahora mi marido está probando su propia medicina. Pero yo no he tenido nada que ver en eso. A ver por qué tengo que pagar yo por ello, que al fin y al cabo, para bien o para mal, quien más tiempo pasa con ellos soy yo.

PROS:

  1. Da igual que mi suegra venga cargada con fotos del Tripadre de pequeño diciendo que los niños son iguales que él a esa edad. Siempre tengo a mi madre dispuesta a sacar fotos que confirmen lo mismo de mí 😉

  2. En realidad, es un pasatiempo divertido. Obviamente, da igual a quien se parezcan, la paternidad y la maternidad de los niños está más que demostrada, ¡especialmente en mi caso! 😀

  3. Si es verdad que mi marido está probando su propia medicina, sólo espero que mis nietas (porque estoy convencida de que habrá nietas) sean como sus padres. Y lo siento por mis nueras, ajo y agua, como he hecho yo, juasjuasjuas…

No voy a enseñaros fotos de mis Trastos para que me digáis a quién creéis que se parecen, si a mi menda o a mi costillo, pero creedme, como todo, dependerá de la foto que cada abuela se saque de la manga. Y, por cierto, la de la foto de esta entrada soy yo, de pequeña y en mis mejores tiempos (no iba a ser el Tripadre con esas coletas…). Y el Peque es clavadito a mí 😉 . Dice mi madre que era muy mona… ¿Era? O_o