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28Ago/13

… de hacer galletas con caramelo

Galletas con caramelo

Esto de hacer galletas en los cumpleaños se está convirtiendo en costumbre. Yo uso siempre la misma masa porque es la que mejor me va. Es una receta de masa quebrada clásica. La puedo hacer días antes y meterla en el frigorífico (o incluso congelarla) y sacarla cuando la necesito (si está congelada, la meto directamente en el frigorífico unas 24 horas hasta que se descongele). Le doy la forma elegida para la ocasión y al horno. En menos de media hora tengo ricas galletas caseras.

Para el cumple del Peque, las hice con la forma del número 1. Para mi cumpleaños pensé en hacer algo similar. Pero tenían que ser con el 33. La verdad es que no me convencían mucho. Pero era una ocasión especial así que, aprovechando que soy la única chica de la casa, se me ocurrió hacer galletas más… femeninas, por decirlo de alguna manera. Pensé en flores. Ufff… pero qué sosas unas simples flores si no les iba a poner glasa para colorearlas.

En éstas estaba cuando se me vino a la cabeza algo que había visto hace años por Internet. No recordaba dónde, pero lo que sí tenía claro es que se hacían con caramelos. Eso ya me iba gustando más. En mi casa, a pesar de los Trastos y mi glotonería, no comemos muchas chuches ni muchos caramelos. Así que siempre tengo una bolsa llena. Es más, creo que soy la única madre que tira bolsas de basura llenas hasta arriba de golosinas caducadas.

Me fui a la bolsa en cuestión a ver si tenía los caramelos que necesitaba. Duros y no muy grandes, para más detalle. No sería la primera vez que se me ocurre hacer algo y me falta algo indispensable. Afortunadamente, ahí estaban los caramelos. Y había bastantes. De varios sabores. De varios colores. Cogí la bolsa y me fui tan contenta a la cocina.

Saqué la masa de la nevera. ¡Qué dura estaba la condenada! Aunque con estos calores, en menos de 3 minutos pasé al polo opuesto. Como lleva mantequilla y con esta temperatura, al poco tiempo se convirtió en algo pegajoso difícil de manejar. Bueno, nada que dos papeles de horno no puedan solucionar. Metí la masa en medio de ellos y alisé con el rodillo. Al poco tenía listas mis galletas. No estaba muy segura de que aquello hubiera salido bien. Os recuerdo que era la primera vez que lo hacía y, además, de memoria.

En cuanto se pusieron a temperatura ambiente probé una. Y dos. Y no probé tres porque me corté y me dije que, de seguir así, me las zampaba yo todas y no era plan, por mucho que fuera mi cumpleaños. Las reservé para más tarde, cuando ya hubieran llegado todos los que iban a venir. Las saqué entonces y fueron un éxito rotundo.

CONTRAS:

  1. Al ser verano, hay que darse prisa en amasar con estos calores. En invierno es más fácil.

  2. Se necesitan dos cortapasas de distintos tamaños. No obstante, el agujero para poner el caramelo se puede hacer con algo redondo que tengáis por la cocina. Por ejemplo, los cacitos de la leche en polvo de los bebés o los tapones de plástico de algunos jarabes son muy socorridos para esto. Haciendo honor a mi incipiente síndrome de Diógenes, confieso que tengo unos cuantos de éstos guardados en la cocina. Ah, y el cortapasas más grande se puede sustituir por un vaso o similar.

  3. La gracia de la galleta está en comérsela entera para que se junten en la boca la galleta con su caramelo. Así que es mejor no hacerlas demasiado grandes.

PROS:

  1. La cocina huele que no os imagináis de bien. Al olor a galletas recién hechas, que ya de por sí es un olor agradable, se suma el olor a caramelo. Y estos dos aromas juntos se pasean por la casa y huele genial.

  2. El resultado final son unas galletas muy vistosas. Ideales para cumpleaños, fiestas y Navidad. O para darnos un capricho de vez en cuando porque sí.

  3. Gustan tanto a pequeños como a mayores porque… ¿a quién no le gusta un caramelo?

  4. Como he mencionado, yo las he hecho con una masa quebrada hecha en casa por mí. Sin embargo, estas galletas con caramelo admiten vuestra masa de galletas favorita.

  5. Yo las hice sola porque aproveché la hora de la siesta (sí, me va la marcha…). Pero por supuesto que se pueden hacer con los niños de la casa. Eso sí, mucho cuidado al sacarlas del horno porque el caramelo sale hirviendo.

Aquí os dejo el vídeo del paso a paso de las galletas, que también podéis encontrar en el canal de YouTube del blog. Animaos a hacerlas porque no os vais a arrepentir y haced unas cuantas porque vuelan ;-).

Si quieres saber qué otros dulces salen de mi cocina, no dejes de pinchar en este enlace.

26Ago/13

… de hacer cuadros abstractos con nombres

Cuadros abstractos con nombres

A veces me da pereza hacer cosas con mis Trastos. Muchas veces tardo yo más en preparar las cosas que después ellos en disfrutarlas. Aún les falta concentración. A veces pienso que no merece la pena. Especialmente, si hay pinturas de por medio.

Afortunadamente para ellos, me puede la niña que llevo dentro y, al final, acabo haciendo caso omiso a la voz de mi interior que me dice que montar todo el tinglado para apenas diez minutos es una tontería. Y acabo sacando las pinturas y los pinceles.

La culpa de todo la tienen a partes iguales la artista frustrada que llevo dentro y Pinterest. Pero como digo, los grandes beneficiados de todo esto son mis hijos. Bueno, y la niña-artista-frustrada de mi interior también.

Es cierto que muchas veces estas cosas las acabamos terminando los padres, pero a mí personalmente no me importa. Me gusta pensar que, cuando crezcan y echen la vista atrás, tendrán recuerdos con su madre y las manos manchadas de pintura. Y confío en que serán recuerdos felices.

Yo no tengo recuerdos haciendo manualidades con mis padres. No sé si harían cosas así con mi hermana y conmigo, pero si es así, yo no me acuerdo. Por eso siempre estoy pensando cosas para hacer con mis hijos. No importa que no se acuerden de que hicimos tal o cual cosa, lo que quiero es que recuerden que hicimos cosas.

Bueno, pues esta manualidad de hoy da mucho juego. Se pueden hacer infinidad de cosas. Se trata de cuadros abstractos, hechos con témperas, cinta de carrocero y lienzos o cartulina. ¿Y qué se hace con todo eso? Pues podéis optar por hacer cuadros abstractos como los de la foto, pero también podéis poner el nombre del niño o, si el tamaño del lienzo lo permite, frases que os gusten.

CONTRAS:

  1. He dicho pinturas y pinceles. Así que a menos que vuestros peques sean muy cuidadosos, esto implica que se van a manchar. Se mancharán ellos y todo lo que tengan en un radio de medio metro. Elegid bien el sitio y poner un hule o papeles de periódico. Ropa que no sea nueva también sería buena idea.

  2. Si lo hacéis en exterior (patio o terraza), cuidado también con los días de aire. Obviamente, si lo hacéis en lienzos, éstos no se van a volar. No puedo aseguraros lo mismo si lo hacéis con cartulinas.

  3. Los cuadros de la foto están hechos en folios normales y corrientes. No os lo aconsejo. Al despegar la cinta de carrocero, aunque no es lo mismo que un celo, nada más que por lo húmedo que queda el folio con la pintura se corre el riesgo de que se rompa un poco. Es lo que nos pasó a nosotros. Es mejor usar lienzos o cartulinas.

  4. Como se usa pintura, antes de poder usar la obra de arte (ya sea colgarla en la pared, enmarcarla o pegarla en el armario) hay que dejar pasar un tiempo hasta que la pintura esté completamente seca.

  5. La cinta de carrocero es muy importante. Como he dicho antes, no vale el celo. Éste se pega más al papel, por lo que tiende a romper la superficie al despegarlo. Escoged una cinta de carrocero estrecha porque si no, a menos que donde lo vayáis a poner sea una superficie grande, me temo que vais a tener que andar cortándola a la mitad.

  6. Cuando pongáis la cinta de carrocero, no dejéis pasar mucho tiempo hasta que os pongáis a pintar o se empezará a despegar.

PROS:

  1. Desarrolla la creatividad y la destreza óculo-manual.

  2. Es divertido.

  3. El resultado final sirve para decorar. Y además es súper vistoso y alegre.

  4. Se pueden utilizar tantos colores como queráis o simplemente uno solo. ¡Imaginación al poder!

  5. Nosotros usamos témperas con sus pinceles, pero también podéis usar pintura de dedos. Eso sí, en ambos casos, cuidado con levantar la cinta de carrocero al pintar.

Para explicaros mejor cómo se hace esta manualidad, os dejo el vídeo que ya está en el canal de YouTube del blog. Es un vídeo cortito, pero creo que ilustra bien los pasos a seguir. O también podéis entrar aquí que es de donde yo saqué la idea.

Si te ha gustado esta manualidad, pincha aquí y descubre más.

21Ago/13

… de los gritos

Cuando era pequeña, mi madre gritaba mucho. De hecho, ahora sigue gritando bastante, por ejemplo, cuando habla por teléfono. Así que yo me prometí a mí misma que nunca, jamás, gritaría a mis hijos. Bueno, pues es una de esas cosas que no soy capaz de cumplir. Aunque lo intento. Me levanto por la mañana y, mientras desayuno, me digo a mí misma que hoy no voy a gritar, por muy de los nervios que me pongan.

En honor a la verdad, tengo que decir que hay días que lo consigo y no pego ni un grito. Pero, haciendo honor a esa misma verdad, confieso que también hay muchos días en los que alzo la voz y, lo peor de todo, casi sin darme cuenta.

Al Tripadre también le pasa. Supongo que es algo que va con el carné de madre o padre. No es algo que me guste. No me siento orgullosa de eso. Pero intento (intentamos) ponerle remedio.

Ahora bien, lo que no soporto es que otras personas griten a mis hijos. Porque una cosa es que su padre o yo les gritemos para que hagan caso, que pasamos con ellos la mayor parte del tiempo, y otra muy distinta es que les grite alguien que sólo está con ellos a ratos y, lo más importante, no son ni su padre ni su madre.

Pero lo peor de todo, ya no es que les griten a los mayores, sino que empiezan a gritarle al Peque para que no toque según qué cosas. La última vez que esto ocurrió, el Peque se asustó tanto del grito que se puso a llorar desconsoladamente. Es muy sentío el pobre, qué le vamos a hacer.

Cuando le digo a la persona en cuestión que no grite, siempre me encuentro con la misma respuesta: “es que si no, no hace caso”. Bueno, pues hay otra manera. Te levantas, le miras (contacto visual, muy importante) y le dices porqué está mal lo que está haciendo y que no lo haga más. De acuerdo que esto no es mano de santo, vale que hacerlo de esta manera tampoco es garantía de obtener los resultados deseados, pero, sinceramente, con los gritos pasa igual.

De verdad que no entiendo esa libertad que tiene la gente (familia especialmente) para gritar a los niños de otros. A mí me da la impresión (que puede o no ajustarse a la realidad) de que estas personas creen que no sé educar a mi hijos, o que al menos no lo estoy haciendo del todo bien, y, por tanto, se sienten en la obligación de intervenir.

No me parece mal que su tía les regañe si están haciendo algo mal, pero siempre y cuando yo no haya tomado antes cartas en el asunto (por ejemplo, si no estoy en ese momento o no me he dado cuenta de lo que ha pasado). Lo que me parece fatal es que no me dé la opción de ser la primera en reprenderles. O, sobre todo, que lo haga gritándoles a las primeras de cambio.

CONTRAS:

  1. Como he dicho, gritar a mis Trastos es algo que intento evitar cada día. No entiendo por qué los demás tiran por el camino fácil.

  2. Empezar a gritar a los niños es entrar en un círculo vicioso: les gritas para que hagan caso, de manera que a la larga, si no gritas, no hacen caso. Al final, acaban acostumbrándose a los gritos y hay que buscarse otras formas. Así que, ¿por qué no saltarse la fase de los gritos y pasar directamente a buscar otras alternativas?

  3. Las réplicas. Es lo que peor llevo de todo. Viene mi hermana y les grita. Le digo que no les grite, que se lo diga de otra manera. Bueno, pues a pesar de ser mis hijos, siempre me tiene que contestar, lo que implica que pone en duda mi autoridad (muchas veces, incluso delante de mis hijos).

  4. Gritar durante todo un día suele acabar con dolor de garganta por la noche.

PROS:

  1. Identificado el problema, se puede poner remedio. Como digo, yo intento buscar otras formas de decir las cosas para que me hagan caso.

  2. A veces, pegar un grito es necesario. Por ejemplo, si van a tocar un enchufe o se empeñan en cruzar la calle solos cuando más coches vienen. A parte de casos así, creo que siempre hay una alternativa al grito.

  3. Sigo intentando que los demás respeten nuestra forma de hacer las cosas.

  4. A veces, son mis Trastos quienes me llaman la atención: “mamá, estás gritando mucho”. Me alegra que tengan esa confianza para decírmelo. Entonces yo les digo que es cierto, respiro hondo y sigo con la regañina, pero en un tono más bajo. ¿Funciona? A veces sí, otra no. vamos, lo mismo que pasa con los gritos.

No sé si vosotras sois de las que gritáis o no. ¿Intentáis ponerle remedio? ¿Qué es lo que mejor os funciona para no gritar? Deja un comentario y cuéntamelo porque hay días en que mi neurona no da más de sí y me quedo sin ideas ;-).

19Ago/13

… de hacer marcapáginas monstruosos

Marcapáginas monstuosos

El Mayor ya sabe leer. Hay que ver cómo pasa el tiempo. Antes era yo quien le leía los cuentos y ahora es él quien me lee algunos. Coge el mando de la tele, se va a la guía y elige qué quiere ver. Vamos por la calle y va leyendo los carteles. Cogemos las cartas del buzón y sabe para quién son.

Leer parece fácil. Fácil para nosotros, los adultos, claro, que nos sale solo. Pero hay que reconocer que es una tarea bastante complicada. Por ello, hay que festejar cada pasito que dan en ese sentido.

Además, tanto el Tripadre como yo somos devoradores de libros. Bueno, en este momento, lo es él. Yo perdí la costumbre junto con las horas de sueño cuando me convertí en madre. Sin embargo, es algo que me apasiona. He disfrutado como una niña con un buen libro. Y uno de mis sueños es que mis hijos tengan esa pasión por la lectura que compartimos el Tripadre y yo.

Sin embargo, aprender a leer requiere esfuerzo. Y ganas también. El Mayor lee más a gusto una noticia sobre Fernando Alonso o el Real Madrid que uno de los cuentos infantiles indicados para su edad. Dice que le aburren. Y yo le creo. Porque cuentos como El gatito Agapito y similares aburren a cualquiera.

Por ello, en cuanto vi en Pinterest esta idea, me faltó tiempo para ponerla en práctica. Se trata de unos marcapáginas con forma de monstruos que les chiflan a mis hijos. Sí, lo he dicho en plural porque el Mediano también quiso el suyo. Es más, entre los dos, me obligaron a hacerme uno para mí. En rosa, por supuesto, que es el color de las chicas. Aunque yo prefería otro color.

El otro día, por mi cumpleaños, vinieron mis cuñados con mis sobrinos a casa. Sobra decir que mis hijos les enseñaron sus marcapáginas antes de cinco minutos. Y, por supuesto, mis sobrinos también quisieron uno para cada uno. Así que ahí estaba yo, a las once de la noche, rodeada de papeles de colores, pegamento y tijeras. Eso sí, se fueron felices a su casa.

CONTRAS:

  1. Dependiendo de la edad del niño, es bastante probable que sea la madre o padre (yo en mi caso) quien acabe haciendo la mayoría de esta manualidad.

  2. Cuidado con añadir detalles a un marcapágina. Los demás niños están ojo avizor y tened por seguro que ellos también querrán ese detalle que has improvisado en un marcapáginas.

  3. Esta manualidad requiere el uso de tijeras. Para evitar males mayores, no las perdáis de vista.

PROS:

  1. Los materiales necesarios son de estar por casa: papel de colores o blanco (luego se puede pintar al gusto), cartulina (para darle mayor consistencia, pero tampoco es indispensable), tijeras (si son romas, mejor), pegamento en barra (esta vez no hace falta cola blanca), regla y lápiz (esta parte seguro que le toca al adulto).

  2. Se hacen en un momento. En cinco minutos puedes tener uno listo.

  3. Aunque sean monstruos los que yo hice con mis hijos, también podéis hacerles caras divertidas. Vale todo con tal de que sean caras.

  4. Para las niñas, podéis ponerle algo más… femenino. Por ejemplo, para el marcapáginas de mi sobrina, le puse unos párpados de papel brillante. Y unas pestañas enormes. Todo a petición de la niña.

  5. Estos marcapáginas de la foto son infantiles, es verdad. Pero si obviáis los ojos, boca, lengua, párpados, cuernos y demás, podéis hacer uno para adultos. Una idea, en vez de papel de colores y cartulina, probad a hacerlos con papel de scrapbooking. ¿A que se te acaba de abrir un mundo lleno de posibilidades? 😀 Pues, hale, a ponerlo en práctica.

Llego al final de la entrada y resulta que no he explicado cómo hacerlos. Bueno, pues os doy dos opciones. La primera es pasarte por aquí, que es de donde saqué la idea, y ver cómo se hacen. La otra opción, es ver el vídeo que dejo a continuación. Vídeo con el que, por cierto, inauguro el canal del blog en YouTube.

¿Te ha gustado esta manualidad para hacer con los peques de la casa? Pues echa un vistazo aquí, seguro que encuentras alguna actividad más que te guste.

07Ago/13

… del Parque Warner

Warner2

Hace unos fines de semana fuimos al Parque Warner de Madrid. Al principio yo tenía mis reticencias. Las cosas claras, en verano, con tanto calor, y con tres niños (uno de ellos muy pequeño para el Parque Warner), no es la época ideal. A mí me hubiera gustado ir en primavera u otoño, cuando no hace calor excesivo pero tampoco frío. Sin embargo, allí que no fuimos. Suerte que coincidió con el fin de semana más fresco de todo lo que llevamos de verano. Tanto es así que sobre las ocho de la tarde, a la sombra y con el airecito que se levantó, tuvimos hasta frío.

Warner1Fuimos con mis cuñados, sobrinos y suegros. Que los adultos sobrepasen en número a los niños nunca viene mal. Además, yo soy de las que no les gusta montarse en las atracciones, así que cuanta más gente haya dispuesta a hacerlo, mejor, más tranquila me dejan a mí.

Los niños estaban ya emocionados desde dos días antes. Habían visto el anuncio en la tele y estaban como locos por ver a Bugs Bunny, Silvestre, Piolín y compañía. Nada más entrar, una vez soportada la primera cola de tantas, ya te invade la magia del lugar. Y eso yo lo agradezco, que una cosa es no montarme en (casi) nada y otra no poder disfrutar de la visita. Me encanta sobre todo la parte dedicada a los más pequeños y la que recrea calles de Nueva York.

Warner4También cuentan con actuaciones, como la exhibición de baloncesto o el espectáculo de Loca academia de policía. Además, puedes ver coches con los personajes de la factoría Warner recorriendo el Parque e incluso podéis haceros fotos con ellos.

Para los días de más calor, os recomiendo llevar a los niños a la atracción del Oso Yogui. Vais a salir empapados de pies a cabeza. No exagero. Así que no os vendrá mal llevaros bañador, ropa de cambio y alguna toalla. La crema solar también se hace indispensable.

CONTRAS:

  1. Las colas. Hay colas para todo. Unas duran más que otras y, en algunas atracciones, te ponen el tiempo estimado que vas a tardar. Otra cosa es que se ajuste a la realidad.

  2. Salvo agua y comida para bebés, no está permitido entrar con comida. Los restaurantes ofrecen varios tipos de comida, pero son carillos.

  3. Para bebés hay muy poca cosa. Nosotros fuimos por los otros dos Trastos, porque el pobre del Peque acabó un poco harto.

  4. Nada más entrar en el Parque, ya estás viendo carteles que te dicen que puedes ir al día siguiente. Esto no siempre es posible o viene bien. Sin embargo, pagando unos 7 euros antes de irte a casa, puedes obtener una entrada para volver otro día no consecutivo. Esto ya no está tan a la vista. Nosotros nos dimos cuenta una vez en casa.

PROS:

  1. En todos los restaurantes hay microondas. Así se puede calentar el puré de los peques al gusto. Bueno… eso si conseguís entender al cacharro, que hay algunos que para calentar la comida sin que salga ardiendo hay que jugársela.

  2. En los baños hay cambiadores para los bebés. Esto siempre viene bien.

  3. Una cosa que nos gustó especialmente es que hay juegos, tipo tómbolas, en los que por 3 euros se obtiene premio seguro. A nosotros nos vino muy bien para que los Trastos se trajeran un recuerdo sin gastarnos una pasta. El tamaño del muñeco depende ya de la suerte.

Warner3Independientemente de si os gustan o no las atracciones, nadie puede negarle que el ambiente te arropa nada más llegar. Si vuestros hijos tienen edad suficiente para disfrutar de algunas atracciones, el Parque Warner es otro sitio más donde hacer una escapadita de un día. Y esa noche, a dormir del tirón.

15Jul/13

… de mandar al Mediano a buscar su bañador

Bañador

Mis Trastos se hacen mayores. Lo sé porque cada día hacen más cosas por sí solos, cada uno dependiendo de su edad. Lo veo en el Mayor cuando él solo se ofrece y se prepara su desayuno. A veces también el del Mediano. Lo veo en el Mediano cuando me incrusta el “¡¡¡yo solo!!!” en el oído. Lo veo en el Peque cuando da sus primeras carreras por el pasillo.

Dicen que está bien fomentar esa independencia, que les da seguridad en sí mismos, que les hace fuertes. Y el Tripadre y yo estamos totalmente de acuerdo. Él más que yo, todo hay que decirlo, porque cuando él se siente súper orgulloso yo me siento algo triste porque veo que poco o nada va quedando ya de aquellos bebés que se me dormían en brazos colgados a la teta.

Pero con todo el dolor de mi corazón y una inmensa alegría por lo bien que lo hacen a partes iguales, ahí me hallo alabándoles cada logro que consiguen. Por la edad, el que más metas está alcanzando ahora es el Mediano (va camino de 4 años). Se quita la ropa solo, empieza a vestirse solo también (aunque aún hay que ayudarle), se lava sus manos solo, cada vez necesita menos ayuda para comer (nada si se trata de un cuenco de helado), le encanta que le mande recados (como tirar el pañal del Peque a la basura) y aplaudirle cuando vuelve con la misión cumplida.

Así que el otro día, estando en mi pueblo, como quería meterse en la piscina que había montado mi tía para ellos, no se me ocurrió otra cosa que mandarle a buscar su bañador. ¿Dónde? Pues a la habitación donde estaba la ropa que se ponían a diario, con la maleta medio llena de ropa por un lado y medio llena de pena por tener que irnos al día siguiente por el otro, y donde tenía también la crema y los pañales del Peque. El bañador estaba en un silla a simple vista, nada más entrar por la puerta se veía.

Así que, después de haber pasado 5 minutos desde que mandé al Mediano a buscarlo y desde que él se fuera a la habitación todo dispuesto a volverse con el bañador, me extrañó mucho que no volviera con la prenda en la mano pidiendo ayuda para ponérselo “él solo”. Tampoco se oía ruido alguno. Esto ya de por sí debería haberme puesto sobre aviso. Ingenua de mí, pensé que el pobre seguramente se habría quitado pantalones y calzoncillos y estaría intentando ponerse, sin éxito, el bañador. Así que me asomé dispuesta a ayudarle en tan ardua empresa.

Él notó mi presencia antes que yo la suya (es lo que tiene ser tan delgado, que tengo que mirar dos veces para verle ;)) y me dijo “mamá, no encuentro el bañador… ¿me ayudas a buscarlo?”. Para cuando terminó la frase yo ya le había ubicado en la habitación. Estaba encima de la cama, justo en frente de la maleta, sacando la ropa cual dibujo animado y buscando desesperadamente su prenda de baño. Había ropa en el suelo, había ropa encima de la cama y había ropa volando por los aires. ¿Y su bañador? Pues encima de la silla, tal y como yo lo había dejado un rato antes.

Lo primero que se me vino a la garganta fue un grito en plan “¡Pero qué estás haciendo?”. Grito que al final quedó ahogado por un suspiro y un “mi vida, ahí no está. Está aquí, en la silla… Anda, ven, que te ayudo a ponértelo” muy resignado, pues caí en la cuenta de que le había mandado a buscar su bañador “a la habitación”, sin más. Mea culpa.

CONTRAS:

  1. Ellos aprenden a hacer cosas por sí solos. Los padres aprendemos a dar instrucciones claras. Con lo fácil que hubiera sido decirle: “el bañador está en esa habitación, sobre la silla. Si no lo ves, me llamas”. Cabezazos contra la pared.

  2. No vuelvo a dejar que mis hijos se acerquen a una maleta (abierta; de nuevo, mea culpa) hasta que tengan edad para conducir. Y aún entonces deberán demostrar que son capaces de pasar por su lado sin desmontarla.

  3. Hacer una maleta me cuesta horrores. Si es para volver a casa, me cuesta sudor y lágrimas. Sangre sólo si me pillo un dedo con la cremallera.

PROS:

  1. Muchas veces los padres nos enfadamos porque los hijos no hacen lo que nosotros queríamos. Será que yo ya voy por el tercero, pero me he dado cuenta de que los niños no son capaces de leernos el pensamiento. Antes de enfadarse es mejor pararse a pensar si dimos las indicaciones correctas. Yo lo he aprendido a la fuerza.

  2. Prefiero ayudarle a buscar su bañador que regañarle por intentarlo. Al fin y al cabo, fui yo quien no dio las instrucciones correctas. Y así, de paso, no mermo su autoestima. Quizás el día de mañana pueda mandarle a buscar una camiseta y no piense que no puede hacerlo.

Para terminar, os diré que mientras él se bañaba feliz en la piscina con sus hermanos y mi tía, yo me tuve que quedar a recoger la ropa, volver a ordenarla por tamaño y, de nuevo, a medio meterla en la maleta con más pena aún que la primera vez porque al día siguiente poníamos rumbo a casa y se nos acababa lo bueno.

10Jul/13

… de ser un niño delgado o no

Estamos en verano, época de poca ropa y lorzas al aire. Esto también es válido para los niños. Como ya dije en mis primeras entradas, mis tres Trastos son hijos de su padre y de su madre, aunque sean los mismos. El Mayor ha sido un niño normal, ni gordo ni flaco, normal. El Mediano ha sido y es excesivamente delgado (a pesar de que come bastante y de que está súper sano). El Peque es el más rellenito de los tres (aunque su percentil de peso no sobrepasa el 30).

Con estos datos que os doy hoy, el otro día en la piscina hubo quien insinuó que estaba algo gordito. El comentario no me lo tomé a mal, sobre todo porque quien lo dijo fue una persona que pasaba por allí y con la que no tengo relación ninguna.

El caso es que me hizo gracia que ahora me digan que el Peque está gordo cuando hace tres años me decían que fuera como alma que lleva el diablo corriendo al médico con el Mediano porque tanta delgadez era síntoma de enfermedad grave cuanto menos. Es más, me lo siguen diciendo. De nada sirve que les diga que él está sano o que no les haga caso. Los consejos bien intencionados siguen lloviéndome por doquier.

Una anda ya curada de espanto y les hace poco caso. Sin embargo, no deja de sorprenderme la facilidad de la gente para opinar y aconsejar a los demás. Yo soy incapaz de decirle algo parecido a una madre si ésta no me ha preguntado antes. Mucho menos si es para meterle miedo sobre la salud de su hijo. Yo sé que mis hijos están sanos. Y las palabras clave son “yo” y “sanos”.

CONTRAS:

  1. Si yo no me meto con esos niños, supuestamente sanos, que para merendar se comen la bolsa de gusanitos que tan alegremente le han dado sus padres; lo mínimo que habría de esperar es que no se metiesen con la complexión física de mis hijos.

  2. Llueve sobre mojado. Esto que hoy comento no es más que otro ejemplo de los consejos gratuitos que nos llueven a las madres (y padres, obviamente) dándonos donde más nos duele: la salud de nuestros hijos.

  3. Teniendo un hijo delgado y otro que tiene algunas lorcillas, creo que me va a tocar aguantar estos comentarios bastantes años más.

  4. Ojo, que esas “lorcillas” son las mismas que se os vienen a la mente cuando os imagináis a un bebé. Las mismas que tienen los bebés que salen en los anuncios. Vamos, que de gordo nada.

  5. Si fuera gordo, yo tampoco trataría de ocultarlo. Pero sigo manteniendo que eso sería un asunto familiar que nadie más atañe. Especialmente a un desconocido.

  6. ¿Y si estos comentarios los escuchan mis hijos? El Mediano ya va teniendo una edad en la que entiende lo que se dice. Seguro que muchos complejos estúpidos empiezan así, por un mal comentario.

PROS:

  1. Con el paso de los años y el nacimiento de mis hijos, puedo decir que no me asusto fácilmente ante estos comentarios. He aprendido a que me resbalen y darles credibilidad cero.

  2. Aún no he llegado al punto de contestar con una bordería, pero desde luego muchas veces es lo que tendría que hacer. Con lo tímida que yo era antes de ser madre…

Repito que mis hijos, los tres, están sanos. Y, si no fuera así, ya tendría yo bastante preocupación sin que nadie tuviera que meterme más en el cuerpo y, además, ya estaría yo buscando remedio para su enfermedad sin necesidad de que nadie me dijera qué es lo que tengo que hacer. Insisto en que, cuerpos a parte, la palabra clave es “sano”. Y su madre soy yo.

19Jun/13

… de cepillarse los dientes

Cepillos de dientes

He de reconocer que mis hijos sólo se cepillan los dientes una vez al día: antes de irse a dormir. Por la mañana es imposible con toda la prisa que supone despertarles, vestirles y que desayunen… si hay veces que, más que beberse la leche con cacao, la engullen. Y luego se quedan a comer en el colegio. Todavía no se llevan cepillos de dientes. Así que la hora de los dientes es después de cenar.

Tal mal no les va porque hace poco fuimos a su primera revisión odontológica (el Mayor con 5 años y el Mediano con 3). El dentista dijo que tenían unos dientes sanos, cero caries. Hasta les puso un vídeo para que aprendieran cómo cepillarse correctamente. Salieron encantados de la clínica. Mi sobrino (5 años también) no tuvo tanta suerte. El pobre tenía cuatro caries, al parecer, originadas por tomar demasiados zumos. Y sí, he dicho zumos, no chuches (que es en lo primero que pensamos cuando hablamos de caries en los niños).

Cuando vamos camino de la cama, el Mayor y el Mediano hacen carreras a ver quién llega primero. Pueden hacerlas ellos solos o en brazos de papá y mamá, para disgusto de nuestras espaldas. Primera parada, el baño. Hay que lavarse los dientes. Cuando el Mayor era pequeño, recuerdo haber invertido bastante tiempo en explicarle qué dientes hay que lavarse y cómo hacerlo: los de delante, las muelas, por delante, por detrás… la pasta no se traga, si hay mucha espuma, se escupe en el lavabo… enjuagarse la boca, secársela con la toalla (no vale con la manga del pijama)… sin prisa pero sin pausa… Al final, he de reconocer que estoy bastante satisfecha con el resultado. He intentado hacer lo mismo con el Mediano, pero, recordad, es todo una carrera. Cepillarse los dientes también. Así que de nada valen mis indicaciones, el Mediano está más pendiente de terminar antes que el Mayor. Y el Mayor lo mismo. Así que el Mediano acaba paseando rápidamente el cepillo por toda la boca. Y el Mayor, más que cepillarse los dientes, les dice hola y adiós con el cepillo.

Menos mal que nos queda el flúor. O al menos, así me consuelo yo. Lo que pasa es que sólo el Mayor toma flúor (aunque también rápidamente, por supuesto, que aún continúa la competición) porque el Mediano se traga el agua de enjuagarse la boca. Hasta que no aprenda a escupirla y no tragársela, se queda sin flúor. Después, carrera hacia la cama, normalmente con los churretes de la pasta aún por la comisura de la boca. Y carrera también por ver quién se acuesta y arropa primero.

CONTRAS:

  1. Después de un día largo, con los Trastos cansados del colegio y tras una cena que se ha alargado más de lo esperado entre “mastica” y “traga”, lo que menos nos apetece al Tripadre y a mí es ponerles a lavarse los dientes. Lo que tenemos son unas ganas locas de acostarles.

  2. El Mediano debería dejar de competir con su hermano para ver cuál acaba primero y prestar más atención a lo que está haciendo. Tampoco vendría mal que escuchara las indicaciones que le damos el Tripadre y yo para que se cepille los dientes lo mejor posible.

  3. Los churretes se los llevan a la cama en la cara, pero también los dejan por todo el lavabo. Esa noche me sentiré afortunada si los salpicones no llegan al espejo.

PROS:

  1. Ahora que llega el verano espero poder meterles en la rutina de cepillarse los dientes después de cada comida y no sólo a la hora de acostarse por la noche.

  2. También espero conseguir que el Mediano depure su técnica. Estoy pensando en que se cepille los dientes conmigo de vez en cuando.

  3. Como se cepillan los dientes los dos juntos, al menos el Mediano va tomando nota de cómo lo hace su hermano Mayor. Un consuelo, sobre todo si fracaso estrepitosamente en mi pro número 2.

  4. El Mayor usa flúor, espero que compense las carencias de un cepillado rápido.

  5. Si consigo hacerle entender que el agua de enjuagarse hay que escupirla, el Mediano también probará el flúor.

Y esto es así todas las noches. Tendremos suerte si en el proceso no hay voces ni gritos ni enfados porque la habitación del Peque está entre el baño y la habitación de sus hermanos y porque se acuesta antes que los otros dos. Quien, dicho sea de paso, tiene más paciencia que un santo… porque mira que arman jaleo los Mayores antes de irse a dormir… con lo rápido y directa que me voy yo sola a la cama todas las noches sin que nadie tenga que insistirme ;).

12Jun/13

… del horario de verano

Horario de verano

Sí, ya lo sé, el horario de verano entró en vigor hace tiempo. No es que me acabe de dar cuenta hoy (cosa, por otro lado, de la que sé que soy perfectamente capaz). Lo que pasa es que ya vamos para mediados de junio, a pesar de que tengo la sensación de haber guardado el árbol de Navidad antes de ayer. Y supongo que todo el mundo sabe lo que significa junio: vacaciones escolares.

Dentro de poco se acabarán los horarios y mis Trastos y yo estaremos 24 horas juntos. Vacaciones a parte, es cuando más les quiero y más me sacan de quicio a partes iguales. Como yo no trabajo fuera de casa, tengo el privilegio de pasar todo el verano con ellos. Y lo estoy deseando, no puedo negarlo.

Sé que los primeros días se harán largos y pesados, al fin y al cabo, hay que coger nuevas rutinas (espero que levantarse tarde sea una de ellas) o, lo que es lo mismo, olvidarse de los horarios apretados que hay que seguir a lo largo del curso (acostarse pronto, levantarse temprano, bañarse a tal hora, cenar a esta otra…). Para los Trastos llega el momento de jugar y, para mamá (o sea, yo misma), es el tiempo de estrujarse más la cabeza para mantenerles entretenidos. Y esto es toda una empresa, pues ya se sabe que su capacidad de atención y pegar el culo a la silla es más bien escasa a sus tiernas edades. Y eso sin contar con el Peque, que está empezando a andar y sólo quiere explorar en el suelo a sus anchas.

Y soy realista. También es el tiempo de salir sola con los tres, poniéndome el mundo por montera y dejando en casa la vergüenza. Es el tiempo en el que las tareas del hogar (llamadlas como mejor os plazca) se alargan. Lo que ahora tardo en hacer dos horas dentro de un mes voy a tardar tres días. Y todo esto amenizado por un continuo ir y venir de “¡mamáaaaaaaaaa!”.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque, como ya habréis adivinado, voy a tener menos tiempo para mis cosas. Entiendo por “mis cosas” este blog. De hecho, ya me ha pasado este fin de semana, que publiqué la última entrada de la semana pasada el jueves y la siguiente este lunes a la hora de comer (por poco no llego). Ya me encantaría a mí seguir publicando de lunes a sábado, pero creo que me va a ser completamente imposible con los Trastos pululando a mi alrededor todo el día. Así que, para que nadie se lleve a engaño, mejor las cosas claras.

Mi intención es reducir las entradas semanales a la mitad, es decir, tres a la semana (lunes, miércoles y viernes a ser posible), con suerte cuatro. Intentaré siempre publicarlas por la mañana. Cuando me vaya de vacaciones (que nos iremos :D), dejaré programadas las entradas correspondientes. De esta manera, espero poder responder a vuestros comentarios, que me encantan y me animan a seguir escribiendo lo que no os imagináis, y también leer y comentar otros blogs a los que sigo.

CONTRAS:

  1. Cuando empecé el blog no sabía la frecuencia a la que iba a publicar pero, cuando quise darme cuenta, iba a entrada por día (salvo los domingo, que hay que descansar también de escribir, jeje…). Supongo que habrá gente que me sigue por esto o, al menos, es una de las razones. Espero que sepáis entenderlo.

  2. Espero poder publicar tres entradas semanales porque no tengo ni idea de cómo va a ser el verano. De todas formas, si hubiera cambio en la programación, os avisaría, tal como estoy haciendo ahora.

  3. Con los Trastos todo el día por casa espero que no haya accidentes con el ordenador, como ya os conté aquí y aquí. Ya os aviso que soy negada para escribir desde el móvil. 

PROS:

  1. Si no queréis estar pendiente de si publico o no entrada, siempre podéis suscribiros :D.

  2. Reduciendo el ritmo de publicaciones semanales y dejando algunas programadas para cuando esté de vacaciones espero seguir contando con todos vosotros este verano.

  3. Supongo que, al igual que yo, vosotros también tendréis menos tiempo libre si tenéis niños pequeños. Así que de esta manera tampoco os saturo a entradas.

  4. Después del verano, con el inicio del colegio, espero volver al ritmo habitual al que os tengo acostumbrados. La idea es que esto sea temporal.

Sé que las vacaciones de verano no las dan hasta finales de junio, pero yo voy a empezar ya con mi horario de verano. Mi intención es escribir entradas, cuantas más mejor, para irlas publicando poco a poco y tener siempre alguna guardada en el cajón por si la semana se pone complicada (que habiendo niños de por medio, nunca se sabe) y no me da tiempo a escribir ninguna. Espero que sigáis ahí porque yo sí estaré. Y después del verano pienso pasar lista, que conste ;).

01Jun/13

… del Safari Madrid

Safari de Madrid

Empieza la época del buen tiempo, (sí, sí, aunque no lo parezca) hay que aprovechar para salir con los niños. Hoy vengo a hablaros del Safari Madrid. Nosotros fuimos el año pasado, a finales de verano, cuando no hacía mucho calor y el frío aún no había llegado.

Safari de Madrid

Es un sitio donde el coche es indispensable. Indispensable para llegar e indispensable para poder ver a los animales. Por lo que hay bastante sitio donde aparcar. Nada más llegar, nosotros nos fuimos a hacer el safari. Los animales están sueltos y se acercan al coche (¡vaya si se acercan!). En el mismo recinto, puedes comprar zanahorias para darles de comer o llevarlas de casa. Nosotros las compramos allí. Para darles las zanahorias a los animales hay que seguir las recomendaciones, a saber: no abrir la ventanilla en exceso, tan sólo el hueco necesario para que pase la zanahoria. Esto es muy importante, ya os daréis cuenta en cuanto veáis los dientes que tienen los “animalitos”.

Safari de Madrid

Darles de comer es muy fácil, pues ya están acostumbrados y se acercan al coche que da gusto. Las zanahorias las empezamos dando el Tripadre y yo, luego se animaron los Trastos. Curiosamente, el más lanzado fue el Mediano, qué habilidad para darles la zanahoria por la ventanilla. Al Mayor le costó un poco más porque se asustó un poco al ver tantos animales rodeando el coche y sus pedazo de dientes… El Peque aún era bebé, así que de poco se enteró.

A parte del itinerario del safari, hay un corralito con cabras que a los más pequeños les entusiasmó. Pueden entrar dentro y acariciarlas. A mí, que me crié entre las cabras que tenía mi abuelo en el pueblo, no me llamó mucho la atención, pero a mis hijos (que no habían visto una cabra de cerca) sí.

Además, hay espectáculos de aves rapaces. Una maravilla si os gustan ese tipo de animales. Algunos bajan volando de las montañas y es una pasada ver cómo se acercan y aterrizan justo en el sitio indicado o ver cómo se elevan en círculos hasta alcanzar alturas casi de avión. Y, por supuesto, exhibiciones de serpientes. Mis hijos se quedaron tan embobados mirando que a punto estuve de traerme una serpiente para sustituir a la tele, a ver si así se quedaban sentados en el sofá más de 10 minutos ;).

Por último, hay una especie de mini zoo con animales que han sido recogidos tras entrar de forma ilegal en el país. Son muy bonitos, sí, pero a mí me dio pena pensar que habían sido rescatados y lo mal que lo habían pasado hasta entonces (contrabando, hacinados en jaulas y cosas parecidas).

Para comer, hay en el mismo recinto un puesto donde picar algo pero, si quieres comer, hay que salir hasta un restaurante cercano que, si no entendí mal, también pertenece al Safari.

CONTRAS:

  1. Es un sitio con mucha tierra y el coche acabará sucio. No obstante, si sois aficionados a hacer fotos, os aconsejaría llevar los cristales bien limpios. De lo contrario, vuestras preciosas fotos del león o la cebra va a salir horrorosas con los lamparones de los cristales. Lo digo por experiencia. Si además hace sol, entre las manchas y el reflejo del sol lo vais a tener crudo para sacar una buena foto.

  2. Para los espectáculos de las rapaces, es mejor no apurar hasta el último momento (como nos pasó a nosotros). De lo contrario, todos los sitios a la sombra estarán ocupados y os tocará aguantar al sol. Ni os cuento lo que pasamos el Peque y yo porque, además, le tuve que dar el pecho en pleno vuelo del halcón.

  3. Llevaos botellas de agua de casa. Si hace calor, echad un par más. Allí venden, claro, pero yo creo que es mejor llevarlas de casa. Podéis pasarlas sin problema.

  4. Algunos animales están bastante alejados del paso de vehículos, así que tienes que hacer un esfuerzo por imaginártelos (nos pasó con los leones y la jirafa). Pero bueno, se supone que están en medio libertad, así que es normal que algunos estén más cerca que otros.

PROS:

  1. Puedes entrar y salir del recinto sin problema. Te vas a comer cuando quieras y vuelves cuando quieras también.

  2. El restaurante está muy bien situado, cerca de un lago y con mucha sombra. Estupendo para descansar después de comer. Además, tiene columpios para que los más peques se desfoguen. Os garantizo que se dormirán en el coche de camino a casa.

  3. Es una experiencia única para los peques. Tened en cuenta que en el zoo (que sería lo más parecido), los animales no se ven tan cerca.

  4. A parte de los animales, se pasa el día en la naturaleza. Y esto es algo que a todos los niños les encanta.

Bueno, pues esta fue nuestra experiencia. ¿Alguno de vosotros habéis ido? ¿Qué os pareció? Si se me ha olvidado algún contra o pro, estaré encantada de que me des el tuyo ;).

22Mar/13

… de pintar piñas

Piñas

Con esta entrada estreno otra nueva sección dentro del blog, actividades con niños. Internet está lleno de manualidades o recetas o juegos que afirman “esto se puede hacer con niños” o “esto a los niños les encantará”. Bueno, pues yo he buscado estas actividades, sobre todo pensando en tener entretenidos a mis Trastos en vacaciones o fines de semana. Y, además, las he puesto en práctica. La idea de esta sección es contaros cómo me ha ido la experiencia. Y luego, si decidís hacerlas con vuestros hijos, me contáis qué tal se os ha dado y, si me dejáis la foto, mucho mejor 😉 .

Bueno, pues la actividad que nos ocupa hoy es la de pintar piñas. Se necesitan, obviamente, piñas de los pinos del parque. Un día de otoño, dando un paseo, os lleváis una bolsita las vais recogiendo. Si les decís a los niños que las cogéis para pintarlas, os ayudarán en seguida. E incluso puede que se emocionen como los míos y recojan piñas para un par de años. No os preocupéis, si os hacéis con muchas, podréis usarlas para otra actividad que os cuento otro día 😉 .

Llega el momento de pintar. Mis hijos me hacen la ola cada vez que me ven sacar los pinceles y las pinturas. Os recomiendo las témperas o parecidas (no las acrílicas) porque son las que mejor salen con agua. Si vuestros hijos se ponen de pinturas hasta las orejas, como los míos, ponerles ropa vieja, por mucho que luego se suponga que la pintura saldrá al lavarse. También os recomiendo proteger la mesa en cuestión. Yo pongo un hule, es decir, un mantel de plástico. Así luego sólo paso la bayeta húmeda y aquí no ha pasado nada. También suelo ponerles cuencos con un poquito de la pintura. Si compráis los colores básicos (rojo, azul y amarillo), podréis hacer de magos y brujas al mezclar los colores primarios para hacer aparecer los secundarios (naranja, morado, verde). Si además os hacéis con el blanco, podréis jugar con las tonalidades.

Y a pintar piñas se ha dicho. Grandes, pequeñas, cerradas, abiertas (para abrir una piña, basta con ponerla al sol o, en su defecto, encima de un radiador, pero cuidado con los piñones que se le caen, pueden hacerse con la habitación entera…). Mis hijos, que son de culo inquieto, pueden pasarse un buen rato pegados a la silla pintando, verlo para creerlo. Para dejarlas secar, nada mejor que papel de horno, como si de galletas se tratara. Y así, entre preparar las cosas, pintar y recoger (importante que impliquéis a los niños en recogerlo todo también) habréis pasado una tarde amena, divertida o, por lo menos, distinta.

CONTRAS:

  1. Os vais a poner hasta las orejas de pintura. Los niños no tienen la misma destreza que los adultos, está claro. Tampoco tienen el mismo cuidado que nosotros. Para ellos lo divertido es ensuciarse. Si eres fanática de la limpieza y odias las manchas, conciénciate de la que vas a montar en casa.

  2. Asegúrate de que hay suficientes piñas. Como te quedes sin ellas en mitad de la chapa y pintura, lo primero, vas a tener entretenido al niño poco tiempo y, lo segundo, puede que se mosquee contigo, y con razón… Mira que haberse dado el paseo y haberte dejado piñas por ahí… ay…

PROS:

  1. Esta actividad refuerza la destreza óculo-manual.

  2. Desarrolla la creatividad.

  3. Saca risas.

  4. Potencia la autoestima de los niños, que se creen picassos en potencia.

  5. Saca tu orgullo de madre o padre al comprobar lo bien que ha pintado el niño esa piña.

  6. Les puedes enseñar mezclas de colores. Ellos alucinan.

  7. Refuerza el vínculo padre/madre-hijo.

¿Tengo que seguir o ya he puesto suficientes pros para convenceros de que las hagáis con vuestros hijos? Pues eso.

Bueno, y una vez que tienes las tropecientas piñas pintadas, ¿qué haces con ellas? Pues yo recomiendo otro paseo por el parque. Pero esta vez en busca de ramitas secas. Y otro paseo al chino de la esquina a comprar un jarrón ancho con un poco de altura y baratito. Lo juntáis todo, decís las palabras mágicas y os puede salir algo parecido a esto:

Jarrón con piñas.

Lo que más les gusta a los niños, después de pintar las piñas, es ver sus obras de arte expuestas en mitad del salón. Y os puedo asegurar que no les da por romperlo 😉 .

20Mar/13

… de mear de pie

Yo creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado ser un hombre. ¿Por qué? Pues porque ellos no tienen que depilarse por obligación y, además, pueden mear de pie. Lo de la depilación lo dejaré para otro día. Hoy me centraré en lo segundo. Por favor, que levante la mano la señorita o señora que, una noche de sábado cualquiera, harta ya de bailar porque si se queda quieta se mea encima, no haya ido rápida y veloz hacia los baños, ha aguantado una cola que creía que no aguantaría, para entrar, por fin, en el aseo, se ha bajado los pantalones mientras se subía la pernera del pantalón para no mancharse con el charquito del suelo, se ha puesto de cuclillas porque la taza estaba aún peor que el suelo y, así, en esa postura tan poco femenina, no ha deseado ser un hombre para tener que bajarse sólo la cremallera para poder vaciar la vejiga. Como decía, manos levantadas, por favor… ¿Nadie? Ya me imaginaba yo. Pues eso, todas, sin excepción, en algún momento hemos deseado ser un hombre. Afortunadamente, luego se nos pasa.

Este gran chollo que es mear de pie pierde toda su aura mágica cuando empiezas a convivir con un hombre. Un hombre que a veces se acuerda y otras veces no de subir la tapa del inodoro. Y cuando vas tú a hacer lo propio, te encuentras limpiando la tapa con un trocito de papel higiénico mientras bailas el “me meo, me meo”. Por lo general, con un hombre adulto, la cosa queda ahí.

Ayer me dispuse a limpiar los baños. Por si hay alguien nuevo por aquí, recuerdo que tengo tres hijos como tres soles. Al Pequeño ahora no le cuento porque es un bebé con su pañal y todo. Pero los otros dos Trastos… madre mía la que me lían. Ahora que al padre ya le tenía concienciado de la importancia de la tapita y de limpiar lo que se ensucia. Ahora tengo que lidiar con esos pequeños proyectos de hombres de bien. Y todo hombre de bien que se precie no debería jugar con su susodicho mientras mea. Porque, ay, amigas, ya no es que se salgan, cosa que entiendo porque están aprendiendo y, en el caso del Mediano, hasta hace poco no llegaba de pie a la taza y no quería hacerlo sentado porque su hermano mayor no se sentaba. Pues como decía, no es que se salgan, es que el chorrito en cuestión llega a la pared o a la ducha de al lado si hace falta. Y cuando están mosqueados el uno con el otro, si van juntos a hacer pis al baño, intentan mearse el uno al otro. Las que tenéis niñas, niñas que mean sentadas y no se salen, no sabéis lo que tenéis en casa.

CONTRAS:

  1. Hay que aprender a apuntar. No vienen con ello de serie. Y, al parecer, es algo que cuesta lograr.

  2. Cuando me quejo de cómo está el baño, la tiquismiquis soy yo. Y no ellos unos guarros.

  3. Hacen piña. Sí, como lo leéis. Aquí el adulto hace piña con los Trastos y se tapan los unos a los otros. Estoy en inferioridad numérica. Y me consta que están empezando a darse cuenta de ello. Me da miedito el día que hagan piña con asuntos más serios.

PRO:

  1. A pesar de todo lo que yo les diga, ellos siguen siendo hombres. Siguen siendo capaces de mear de pie. Cuando entro en un baño público lleno de charquitos, sigo queriendo ser un hombre… hasta que salgo por la puerta. Luego recupero mi cordura.

  2. Pueden escribir con el chorrito. Ahora bien, creo que un “Te quiero” escrito en la arena perdería todo su romanticismo al saber cómo se ha escrito.

  3. Cuando los niños empiezan a ir por la vida sin pañal, la frase “mamá, pis” está a la orden del día. La pueden soltar en casa o fuera de ella. No importa el sitio ni el momento, ellos tiene que hacer pis. Ya. Más de una vez me he tenido que parar frente a un arbustillo porque no llegábamos a casa. En estos momentos, me alegra que sean niños porque me consta que con las niñas es más complicado. Digamos que este pro es a los niños lo que el baño asqueroso de antes a los adultos.

  4. Quiero pensar que algún día conseguiré que apunten bien. Espero que mis futuras nueras sepan agradecérmelo. Y, si no, espero que mis futuros nietos tengan aún menos puntería que mis hijos.

Conclusión: como hacerles sentarse para mear no es algo habitual en esta sociedad y, para evitar que se rían de ellos en un futuro, voy a dejarles que sigan vaciando vejiga de pie. Ahora bien, en cuanto sean un poquito más grandes, les hago limpiar el baño. A ver si así les duele y ponen más empeño en apuntar y menos en salirse. Si no aprenden a apuntar, al menos, que aprendan a limpiar. Veremos a ver si lo consigo… Deseadme suerte, especialmente aquellas que tengan niñas. Nunca se sabe, quizás algún día nos conviertan en parientes ;-).