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15Jul/13

… de mandar al Mediano a buscar su bañador

Bañador

Mis Trastos se hacen mayores. Lo sé porque cada día hacen más cosas por sí solos, cada uno dependiendo de su edad. Lo veo en el Mayor cuando él solo se ofrece y se prepara su desayuno. A veces también el del Mediano. Lo veo en el Mediano cuando me incrusta el “¡¡¡yo solo!!!” en el oído. Lo veo en el Peque cuando da sus primeras carreras por el pasillo.

Dicen que está bien fomentar esa independencia, que les da seguridad en sí mismos, que les hace fuertes. Y el Tripadre y yo estamos totalmente de acuerdo. Él más que yo, todo hay que decirlo, porque cuando él se siente súper orgulloso yo me siento algo triste porque veo que poco o nada va quedando ya de aquellos bebés que se me dormían en brazos colgados a la teta.

Pero con todo el dolor de mi corazón y una inmensa alegría por lo bien que lo hacen a partes iguales, ahí me hallo alabándoles cada logro que consiguen. Por la edad, el que más metas está alcanzando ahora es el Mediano (va camino de 4 años). Se quita la ropa solo, empieza a vestirse solo también (aunque aún hay que ayudarle), se lava sus manos solo, cada vez necesita menos ayuda para comer (nada si se trata de un cuenco de helado), le encanta que le mande recados (como tirar el pañal del Peque a la basura) y aplaudirle cuando vuelve con la misión cumplida.

Así que el otro día, estando en mi pueblo, como quería meterse en la piscina que había montado mi tía para ellos, no se me ocurrió otra cosa que mandarle a buscar su bañador. ¿Dónde? Pues a la habitación donde estaba la ropa que se ponían a diario, con la maleta medio llena de ropa por un lado y medio llena de pena por tener que irnos al día siguiente por el otro, y donde tenía también la crema y los pañales del Peque. El bañador estaba en un silla a simple vista, nada más entrar por la puerta se veía.

Así que, después de haber pasado 5 minutos desde que mandé al Mediano a buscarlo y desde que él se fuera a la habitación todo dispuesto a volverse con el bañador, me extrañó mucho que no volviera con la prenda en la mano pidiendo ayuda para ponérselo “él solo”. Tampoco se oía ruido alguno. Esto ya de por sí debería haberme puesto sobre aviso. Ingenua de mí, pensé que el pobre seguramente se habría quitado pantalones y calzoncillos y estaría intentando ponerse, sin éxito, el bañador. Así que me asomé dispuesta a ayudarle en tan ardua empresa.

Él notó mi presencia antes que yo la suya (es lo que tiene ser tan delgado, que tengo que mirar dos veces para verle ;)) y me dijo “mamá, no encuentro el bañador… ¿me ayudas a buscarlo?”. Para cuando terminó la frase yo ya le había ubicado en la habitación. Estaba encima de la cama, justo en frente de la maleta, sacando la ropa cual dibujo animado y buscando desesperadamente su prenda de baño. Había ropa en el suelo, había ropa encima de la cama y había ropa volando por los aires. ¿Y su bañador? Pues encima de la silla, tal y como yo lo había dejado un rato antes.

Lo primero que se me vino a la garganta fue un grito en plan “¡Pero qué estás haciendo?”. Grito que al final quedó ahogado por un suspiro y un “mi vida, ahí no está. Está aquí, en la silla… Anda, ven, que te ayudo a ponértelo” muy resignado, pues caí en la cuenta de que le había mandado a buscar su bañador “a la habitación”, sin más. Mea culpa.

CONTRAS:

  1. Ellos aprenden a hacer cosas por sí solos. Los padres aprendemos a dar instrucciones claras. Con lo fácil que hubiera sido decirle: “el bañador está en esa habitación, sobre la silla. Si no lo ves, me llamas”. Cabezazos contra la pared.

  2. No vuelvo a dejar que mis hijos se acerquen a una maleta (abierta; de nuevo, mea culpa) hasta que tengan edad para conducir. Y aún entonces deberán demostrar que son capaces de pasar por su lado sin desmontarla.

  3. Hacer una maleta me cuesta horrores. Si es para volver a casa, me cuesta sudor y lágrimas. Sangre sólo si me pillo un dedo con la cremallera.

PROS:

  1. Muchas veces los padres nos enfadamos porque los hijos no hacen lo que nosotros queríamos. Será que yo ya voy por el tercero, pero me he dado cuenta de que los niños no son capaces de leernos el pensamiento. Antes de enfadarse es mejor pararse a pensar si dimos las indicaciones correctas. Yo lo he aprendido a la fuerza.

  2. Prefiero ayudarle a buscar su bañador que regañarle por intentarlo. Al fin y al cabo, fui yo quien no dio las instrucciones correctas. Y así, de paso, no mermo su autoestima. Quizás el día de mañana pueda mandarle a buscar una camiseta y no piense que no puede hacerlo.

Para terminar, os diré que mientras él se bañaba feliz en la piscina con sus hermanos y mi tía, yo me tuve que quedar a recoger la ropa, volver a ordenarla por tamaño y, de nuevo, a medio meterla en la maleta con más pena aún que la primera vez porque al día siguiente poníamos rumbo a casa y se nos acababa lo bueno.

10Jul/13

… de ser un niño delgado o no

Estamos en verano, época de poca ropa y lorzas al aire. Esto también es válido para los niños. Como ya dije en mis primeras entradas, mis tres Trastos son hijos de su padre y de su madre, aunque sean los mismos. El Mayor ha sido un niño normal, ni gordo ni flaco, normal. El Mediano ha sido y es excesivamente delgado (a pesar de que come bastante y de que está súper sano). El Peque es el más rellenito de los tres (aunque su percentil de peso no sobrepasa el 30).

Con estos datos que os doy hoy, el otro día en la piscina hubo quien insinuó que estaba algo gordito. El comentario no me lo tomé a mal, sobre todo porque quien lo dijo fue una persona que pasaba por allí y con la que no tengo relación ninguna.

El caso es que me hizo gracia que ahora me digan que el Peque está gordo cuando hace tres años me decían que fuera como alma que lleva el diablo corriendo al médico con el Mediano porque tanta delgadez era síntoma de enfermedad grave cuanto menos. Es más, me lo siguen diciendo. De nada sirve que les diga que él está sano o que no les haga caso. Los consejos bien intencionados siguen lloviéndome por doquier.

Una anda ya curada de espanto y les hace poco caso. Sin embargo, no deja de sorprenderme la facilidad de la gente para opinar y aconsejar a los demás. Yo soy incapaz de decirle algo parecido a una madre si ésta no me ha preguntado antes. Mucho menos si es para meterle miedo sobre la salud de su hijo. Yo sé que mis hijos están sanos. Y las palabras clave son “yo” y “sanos”.

CONTRAS:

  1. Si yo no me meto con esos niños, supuestamente sanos, que para merendar se comen la bolsa de gusanitos que tan alegremente le han dado sus padres; lo mínimo que habría de esperar es que no se metiesen con la complexión física de mis hijos.

  2. Llueve sobre mojado. Esto que hoy comento no es más que otro ejemplo de los consejos gratuitos que nos llueven a las madres (y padres, obviamente) dándonos donde más nos duele: la salud de nuestros hijos.

  3. Teniendo un hijo delgado y otro que tiene algunas lorcillas, creo que me va a tocar aguantar estos comentarios bastantes años más.

  4. Ojo, que esas “lorcillas” son las mismas que se os vienen a la mente cuando os imagináis a un bebé. Las mismas que tienen los bebés que salen en los anuncios. Vamos, que de gordo nada.

  5. Si fuera gordo, yo tampoco trataría de ocultarlo. Pero sigo manteniendo que eso sería un asunto familiar que nadie más atañe. Especialmente a un desconocido.

  6. ¿Y si estos comentarios los escuchan mis hijos? El Mediano ya va teniendo una edad en la que entiende lo que se dice. Seguro que muchos complejos estúpidos empiezan así, por un mal comentario.

PROS:

  1. Con el paso de los años y el nacimiento de mis hijos, puedo decir que no me asusto fácilmente ante estos comentarios. He aprendido a que me resbalen y darles credibilidad cero.

  2. Aún no he llegado al punto de contestar con una bordería, pero desde luego muchas veces es lo que tendría que hacer. Con lo tímida que yo era antes de ser madre…

Repito que mis hijos, los tres, están sanos. Y, si no fuera así, ya tendría yo bastante preocupación sin que nadie tuviera que meterme más en el cuerpo y, además, ya estaría yo buscando remedio para su enfermedad sin necesidad de que nadie me dijera qué es lo que tengo que hacer. Insisto en que, cuerpos a parte, la palabra clave es “sano”. Y su madre soy yo.

19Jun/13

… de cepillarse los dientes

Cepillos de dientes

He de reconocer que mis hijos sólo se cepillan los dientes una vez al día: antes de irse a dormir. Por la mañana es imposible con toda la prisa que supone despertarles, vestirles y que desayunen… si hay veces que, más que beberse la leche con cacao, la engullen. Y luego se quedan a comer en el colegio. Todavía no se llevan cepillos de dientes. Así que la hora de los dientes es después de cenar.

Tal mal no les va porque hace poco fuimos a su primera revisión odontológica (el Mayor con 5 años y el Mediano con 3). El dentista dijo que tenían unos dientes sanos, cero caries. Hasta les puso un vídeo para que aprendieran cómo cepillarse correctamente. Salieron encantados de la clínica. Mi sobrino (5 años también) no tuvo tanta suerte. El pobre tenía cuatro caries, al parecer, originadas por tomar demasiados zumos. Y sí, he dicho zumos, no chuches (que es en lo primero que pensamos cuando hablamos de caries en los niños).

Cuando vamos camino de la cama, el Mayor y el Mediano hacen carreras a ver quién llega primero. Pueden hacerlas ellos solos o en brazos de papá y mamá, para disgusto de nuestras espaldas. Primera parada, el baño. Hay que lavarse los dientes. Cuando el Mayor era pequeño, recuerdo haber invertido bastante tiempo en explicarle qué dientes hay que lavarse y cómo hacerlo: los de delante, las muelas, por delante, por detrás… la pasta no se traga, si hay mucha espuma, se escupe en el lavabo… enjuagarse la boca, secársela con la toalla (no vale con la manga del pijama)… sin prisa pero sin pausa… Al final, he de reconocer que estoy bastante satisfecha con el resultado. He intentado hacer lo mismo con el Mediano, pero, recordad, es todo una carrera. Cepillarse los dientes también. Así que de nada valen mis indicaciones, el Mediano está más pendiente de terminar antes que el Mayor. Y el Mayor lo mismo. Así que el Mediano acaba paseando rápidamente el cepillo por toda la boca. Y el Mayor, más que cepillarse los dientes, les dice hola y adiós con el cepillo.

Menos mal que nos queda el flúor. O al menos, así me consuelo yo. Lo que pasa es que sólo el Mayor toma flúor (aunque también rápidamente, por supuesto, que aún continúa la competición) porque el Mediano se traga el agua de enjuagarse la boca. Hasta que no aprenda a escupirla y no tragársela, se queda sin flúor. Después, carrera hacia la cama, normalmente con los churretes de la pasta aún por la comisura de la boca. Y carrera también por ver quién se acuesta y arropa primero.

CONTRAS:

  1. Después de un día largo, con los Trastos cansados del colegio y tras una cena que se ha alargado más de lo esperado entre “mastica” y “traga”, lo que menos nos apetece al Tripadre y a mí es ponerles a lavarse los dientes. Lo que tenemos son unas ganas locas de acostarles.

  2. El Mediano debería dejar de competir con su hermano para ver cuál acaba primero y prestar más atención a lo que está haciendo. Tampoco vendría mal que escuchara las indicaciones que le damos el Tripadre y yo para que se cepille los dientes lo mejor posible.

  3. Los churretes se los llevan a la cama en la cara, pero también los dejan por todo el lavabo. Esa noche me sentiré afortunada si los salpicones no llegan al espejo.

PROS:

  1. Ahora que llega el verano espero poder meterles en la rutina de cepillarse los dientes después de cada comida y no sólo a la hora de acostarse por la noche.

  2. También espero conseguir que el Mediano depure su técnica. Estoy pensando en que se cepille los dientes conmigo de vez en cuando.

  3. Como se cepillan los dientes los dos juntos, al menos el Mediano va tomando nota de cómo lo hace su hermano Mayor. Un consuelo, sobre todo si fracaso estrepitosamente en mi pro número 2.

  4. El Mayor usa flúor, espero que compense las carencias de un cepillado rápido.

  5. Si consigo hacerle entender que el agua de enjuagarse hay que escupirla, el Mediano también probará el flúor.

Y esto es así todas las noches. Tendremos suerte si en el proceso no hay voces ni gritos ni enfados porque la habitación del Peque está entre el baño y la habitación de sus hermanos y porque se acuesta antes que los otros dos. Quien, dicho sea de paso, tiene más paciencia que un santo… porque mira que arman jaleo los Mayores antes de irse a dormir… con lo rápido y directa que me voy yo sola a la cama todas las noches sin que nadie tenga que insistirme ;).

12Jun/13

… del horario de verano

Horario de verano

Sí, ya lo sé, el horario de verano entró en vigor hace tiempo. No es que me acabe de dar cuenta hoy (cosa, por otro lado, de la que sé que soy perfectamente capaz). Lo que pasa es que ya vamos para mediados de junio, a pesar de que tengo la sensación de haber guardado el árbol de Navidad antes de ayer. Y supongo que todo el mundo sabe lo que significa junio: vacaciones escolares.

Dentro de poco se acabarán los horarios y mis Trastos y yo estaremos 24 horas juntos. Vacaciones a parte, es cuando más les quiero y más me sacan de quicio a partes iguales. Como yo no trabajo fuera de casa, tengo el privilegio de pasar todo el verano con ellos. Y lo estoy deseando, no puedo negarlo.

Sé que los primeros días se harán largos y pesados, al fin y al cabo, hay que coger nuevas rutinas (espero que levantarse tarde sea una de ellas) o, lo que es lo mismo, olvidarse de los horarios apretados que hay que seguir a lo largo del curso (acostarse pronto, levantarse temprano, bañarse a tal hora, cenar a esta otra…). Para los Trastos llega el momento de jugar y, para mamá (o sea, yo misma), es el tiempo de estrujarse más la cabeza para mantenerles entretenidos. Y esto es toda una empresa, pues ya se sabe que su capacidad de atención y pegar el culo a la silla es más bien escasa a sus tiernas edades. Y eso sin contar con el Peque, que está empezando a andar y sólo quiere explorar en el suelo a sus anchas.

Y soy realista. También es el tiempo de salir sola con los tres, poniéndome el mundo por montera y dejando en casa la vergüenza. Es el tiempo en el que las tareas del hogar (llamadlas como mejor os plazca) se alargan. Lo que ahora tardo en hacer dos horas dentro de un mes voy a tardar tres días. Y todo esto amenizado por un continuo ir y venir de “¡mamáaaaaaaaaa!”.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque, como ya habréis adivinado, voy a tener menos tiempo para mis cosas. Entiendo por “mis cosas” este blog. De hecho, ya me ha pasado este fin de semana, que publiqué la última entrada de la semana pasada el jueves y la siguiente este lunes a la hora de comer (por poco no llego). Ya me encantaría a mí seguir publicando de lunes a sábado, pero creo que me va a ser completamente imposible con los Trastos pululando a mi alrededor todo el día. Así que, para que nadie se lleve a engaño, mejor las cosas claras.

Mi intención es reducir las entradas semanales a la mitad, es decir, tres a la semana (lunes, miércoles y viernes a ser posible), con suerte cuatro. Intentaré siempre publicarlas por la mañana. Cuando me vaya de vacaciones (que nos iremos :D), dejaré programadas las entradas correspondientes. De esta manera, espero poder responder a vuestros comentarios, que me encantan y me animan a seguir escribiendo lo que no os imagináis, y también leer y comentar otros blogs a los que sigo.

CONTRAS:

  1. Cuando empecé el blog no sabía la frecuencia a la que iba a publicar pero, cuando quise darme cuenta, iba a entrada por día (salvo los domingo, que hay que descansar también de escribir, jeje…). Supongo que habrá gente que me sigue por esto o, al menos, es una de las razones. Espero que sepáis entenderlo.

  2. Espero poder publicar tres entradas semanales porque no tengo ni idea de cómo va a ser el verano. De todas formas, si hubiera cambio en la programación, os avisaría, tal como estoy haciendo ahora.

  3. Con los Trastos todo el día por casa espero que no haya accidentes con el ordenador, como ya os conté aquí y aquí. Ya os aviso que soy negada para escribir desde el móvil. 

PROS:

  1. Si no queréis estar pendiente de si publico o no entrada, siempre podéis suscribiros :D.

  2. Reduciendo el ritmo de publicaciones semanales y dejando algunas programadas para cuando esté de vacaciones espero seguir contando con todos vosotros este verano.

  3. Supongo que, al igual que yo, vosotros también tendréis menos tiempo libre si tenéis niños pequeños. Así que de esta manera tampoco os saturo a entradas.

  4. Después del verano, con el inicio del colegio, espero volver al ritmo habitual al que os tengo acostumbrados. La idea es que esto sea temporal.

Sé que las vacaciones de verano no las dan hasta finales de junio, pero yo voy a empezar ya con mi horario de verano. Mi intención es escribir entradas, cuantas más mejor, para irlas publicando poco a poco y tener siempre alguna guardada en el cajón por si la semana se pone complicada (que habiendo niños de por medio, nunca se sabe) y no me da tiempo a escribir ninguna. Espero que sigáis ahí porque yo sí estaré. Y después del verano pienso pasar lista, que conste ;).

01Jun/13

… del Safari Madrid

Safari de Madrid

Empieza la época del buen tiempo, (sí, sí, aunque no lo parezca) hay que aprovechar para salir con los niños. Hoy vengo a hablaros del Safari Madrid. Nosotros fuimos el año pasado, a finales de verano, cuando no hacía mucho calor y el frío aún no había llegado.

Safari de Madrid

Es un sitio donde el coche es indispensable. Indispensable para llegar e indispensable para poder ver a los animales. Por lo que hay bastante sitio donde aparcar. Nada más llegar, nosotros nos fuimos a hacer el safari. Los animales están sueltos y se acercan al coche (¡vaya si se acercan!). En el mismo recinto, puedes comprar zanahorias para darles de comer o llevarlas de casa. Nosotros las compramos allí. Para darles las zanahorias a los animales hay que seguir las recomendaciones, a saber: no abrir la ventanilla en exceso, tan sólo el hueco necesario para que pase la zanahoria. Esto es muy importante, ya os daréis cuenta en cuanto veáis los dientes que tienen los “animalitos”.

Safari de Madrid

Darles de comer es muy fácil, pues ya están acostumbrados y se acercan al coche que da gusto. Las zanahorias las empezamos dando el Tripadre y yo, luego se animaron los Trastos. Curiosamente, el más lanzado fue el Mediano, qué habilidad para darles la zanahoria por la ventanilla. Al Mayor le costó un poco más porque se asustó un poco al ver tantos animales rodeando el coche y sus pedazo de dientes… El Peque aún era bebé, así que de poco se enteró.

A parte del itinerario del safari, hay un corralito con cabras que a los más pequeños les entusiasmó. Pueden entrar dentro y acariciarlas. A mí, que me crié entre las cabras que tenía mi abuelo en el pueblo, no me llamó mucho la atención, pero a mis hijos (que no habían visto una cabra de cerca) sí.

Además, hay espectáculos de aves rapaces. Una maravilla si os gustan ese tipo de animales. Algunos bajan volando de las montañas y es una pasada ver cómo se acercan y aterrizan justo en el sitio indicado o ver cómo se elevan en círculos hasta alcanzar alturas casi de avión. Y, por supuesto, exhibiciones de serpientes. Mis hijos se quedaron tan embobados mirando que a punto estuve de traerme una serpiente para sustituir a la tele, a ver si así se quedaban sentados en el sofá más de 10 minutos ;).

Por último, hay una especie de mini zoo con animales que han sido recogidos tras entrar de forma ilegal en el país. Son muy bonitos, sí, pero a mí me dio pena pensar que habían sido rescatados y lo mal que lo habían pasado hasta entonces (contrabando, hacinados en jaulas y cosas parecidas).

Para comer, hay en el mismo recinto un puesto donde picar algo pero, si quieres comer, hay que salir hasta un restaurante cercano que, si no entendí mal, también pertenece al Safari.

CONTRAS:

  1. Es un sitio con mucha tierra y el coche acabará sucio. No obstante, si sois aficionados a hacer fotos, os aconsejaría llevar los cristales bien limpios. De lo contrario, vuestras preciosas fotos del león o la cebra va a salir horrorosas con los lamparones de los cristales. Lo digo por experiencia. Si además hace sol, entre las manchas y el reflejo del sol lo vais a tener crudo para sacar una buena foto.

  2. Para los espectáculos de las rapaces, es mejor no apurar hasta el último momento (como nos pasó a nosotros). De lo contrario, todos los sitios a la sombra estarán ocupados y os tocará aguantar al sol. Ni os cuento lo que pasamos el Peque y yo porque, además, le tuve que dar el pecho en pleno vuelo del halcón.

  3. Llevaos botellas de agua de casa. Si hace calor, echad un par más. Allí venden, claro, pero yo creo que es mejor llevarlas de casa. Podéis pasarlas sin problema.

  4. Algunos animales están bastante alejados del paso de vehículos, así que tienes que hacer un esfuerzo por imaginártelos (nos pasó con los leones y la jirafa). Pero bueno, se supone que están en medio libertad, así que es normal que algunos estén más cerca que otros.

PROS:

  1. Puedes entrar y salir del recinto sin problema. Te vas a comer cuando quieras y vuelves cuando quieras también.

  2. El restaurante está muy bien situado, cerca de un lago y con mucha sombra. Estupendo para descansar después de comer. Además, tiene columpios para que los más peques se desfoguen. Os garantizo que se dormirán en el coche de camino a casa.

  3. Es una experiencia única para los peques. Tened en cuenta que en el zoo (que sería lo más parecido), los animales no se ven tan cerca.

  4. A parte de los animales, se pasa el día en la naturaleza. Y esto es algo que a todos los niños les encanta.

Bueno, pues esta fue nuestra experiencia. ¿Alguno de vosotros habéis ido? ¿Qué os pareció? Si se me ha olvidado algún contra o pro, estaré encantada de que me des el tuyo ;).

22Mar/13

… de pintar piñas

Piñas

Con esta entrada estreno otra nueva sección dentro del blog, actividades con niños. Internet está lleno de manualidades o recetas o juegos que afirman “esto se puede hacer con niños” o “esto a los niños les encantará”. Bueno, pues yo he buscado estas actividades, sobre todo pensando en tener entretenidos a mis Trastos en vacaciones o fines de semana. Y, además, las he puesto en práctica. La idea de esta sección es contaros cómo me ha ido la experiencia. Y luego, si decidís hacerlas con vuestros hijos, me contáis qué tal se os ha dado y, si me dejáis la foto, mucho mejor 😉 .

Bueno, pues la actividad que nos ocupa hoy es la de pintar piñas. Se necesitan, obviamente, piñas de los pinos del parque. Un día de otoño, dando un paseo, os lleváis una bolsita las vais recogiendo. Si les decís a los niños que las cogéis para pintarlas, os ayudarán en seguida. E incluso puede que se emocionen como los míos y recojan piñas para un par de años. No os preocupéis, si os hacéis con muchas, podréis usarlas para otra actividad que os cuento otro día 😉 .

Llega el momento de pintar. Mis hijos me hacen la ola cada vez que me ven sacar los pinceles y las pinturas. Os recomiendo las témperas o parecidas (no las acrílicas) porque son las que mejor salen con agua. Si vuestros hijos se ponen de pinturas hasta las orejas, como los míos, ponerles ropa vieja, por mucho que luego se suponga que la pintura saldrá al lavarse. También os recomiendo proteger la mesa en cuestión. Yo pongo un hule, es decir, un mantel de plástico. Así luego sólo paso la bayeta húmeda y aquí no ha pasado nada. También suelo ponerles cuencos con un poquito de la pintura. Si compráis los colores básicos (rojo, azul y amarillo), podréis hacer de magos y brujas al mezclar los colores primarios para hacer aparecer los secundarios (naranja, morado, verde). Si además os hacéis con el blanco, podréis jugar con las tonalidades.

Y a pintar piñas se ha dicho. Grandes, pequeñas, cerradas, abiertas (para abrir una piña, basta con ponerla al sol o, en su defecto, encima de un radiador, pero cuidado con los piñones que se le caen, pueden hacerse con la habitación entera…). Mis hijos, que son de culo inquieto, pueden pasarse un buen rato pegados a la silla pintando, verlo para creerlo. Para dejarlas secar, nada mejor que papel de horno, como si de galletas se tratara. Y así, entre preparar las cosas, pintar y recoger (importante que impliquéis a los niños en recogerlo todo también) habréis pasado una tarde amena, divertida o, por lo menos, distinta.

CONTRAS:

  1. Os vais a poner hasta las orejas de pintura. Los niños no tienen la misma destreza que los adultos, está claro. Tampoco tienen el mismo cuidado que nosotros. Para ellos lo divertido es ensuciarse. Si eres fanática de la limpieza y odias las manchas, conciénciate de la que vas a montar en casa.

  2. Asegúrate de que hay suficientes piñas. Como te quedes sin ellas en mitad de la chapa y pintura, lo primero, vas a tener entretenido al niño poco tiempo y, lo segundo, puede que se mosquee contigo, y con razón… Mira que haberse dado el paseo y haberte dejado piñas por ahí… ay…

PROS:

  1. Esta actividad refuerza la destreza óculo-manual.

  2. Desarrolla la creatividad.

  3. Saca risas.

  4. Potencia la autoestima de los niños, que se creen picassos en potencia.

  5. Saca tu orgullo de madre o padre al comprobar lo bien que ha pintado el niño esa piña.

  6. Les puedes enseñar mezclas de colores. Ellos alucinan.

  7. Refuerza el vínculo padre/madre-hijo.

¿Tengo que seguir o ya he puesto suficientes pros para convenceros de que las hagáis con vuestros hijos? Pues eso.

Bueno, y una vez que tienes las tropecientas piñas pintadas, ¿qué haces con ellas? Pues yo recomiendo otro paseo por el parque. Pero esta vez en busca de ramitas secas. Y otro paseo al chino de la esquina a comprar un jarrón ancho con un poco de altura y baratito. Lo juntáis todo, decís las palabras mágicas y os puede salir algo parecido a esto:

Jarrón con piñas.

Lo que más les gusta a los niños, después de pintar las piñas, es ver sus obras de arte expuestas en mitad del salón. Y os puedo asegurar que no les da por romperlo 😉 .

20Mar/13

… de mear de pie

Yo creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado ser un hombre. ¿Por qué? Pues porque ellos no tienen que depilarse por obligación y, además, pueden mear de pie. Lo de la depilación lo dejaré para otro día. Hoy me centraré en lo segundo. Por favor, que levante la mano la señorita o señora que, una noche de sábado cualquiera, harta ya de bailar porque si se queda quieta se mea encima, no haya ido rápida y veloz hacia los baños, ha aguantado una cola que creía que no aguantaría, para entrar, por fin, en el aseo, se ha bajado los pantalones mientras se subía la pernera del pantalón para no mancharse con el charquito del suelo, se ha puesto de cuclillas porque la taza estaba aún peor que el suelo y, así, en esa postura tan poco femenina, no ha deseado ser un hombre para tener que bajarse sólo la cremallera para poder vaciar la vejiga. Como decía, manos levantadas, por favor… ¿Nadie? Ya me imaginaba yo. Pues eso, todas, sin excepción, en algún momento hemos deseado ser un hombre. Afortunadamente, luego se nos pasa.

Este gran chollo que es mear de pie pierde toda su aura mágica cuando empiezas a convivir con un hombre. Un hombre que a veces se acuerda y otras veces no de subir la tapa del inodoro. Y cuando vas tú a hacer lo propio, te encuentras limpiando la tapa con un trocito de papel higiénico mientras bailas el “me meo, me meo”. Por lo general, con un hombre adulto, la cosa queda ahí.

Ayer me dispuse a limpiar los baños. Por si hay alguien nuevo por aquí, recuerdo que tengo tres hijos como tres soles. Al Pequeño ahora no le cuento porque es un bebé con su pañal y todo. Pero los otros dos Trastos… madre mía la que me lían. Ahora que al padre ya le tenía concienciado de la importancia de la tapita y de limpiar lo que se ensucia. Ahora tengo que lidiar con esos pequeños proyectos de hombres de bien. Y todo hombre de bien que se precie no debería jugar con su susodicho mientras mea. Porque, ay, amigas, ya no es que se salgan, cosa que entiendo porque están aprendiendo y, en el caso del Mediano, hasta hace poco no llegaba de pie a la taza y no quería hacerlo sentado porque su hermano mayor no se sentaba. Pues como decía, no es que se salgan, es que el chorrito en cuestión llega a la pared o a la ducha de al lado si hace falta. Y cuando están mosqueados el uno con el otro, si van juntos a hacer pis al baño, intentan mearse el uno al otro. Las que tenéis niñas, niñas que mean sentadas y no se salen, no sabéis lo que tenéis en casa.

CONTRAS:

  1. Hay que aprender a apuntar. No vienen con ello de serie. Y, al parecer, es algo que cuesta lograr.

  2. Cuando me quejo de cómo está el baño, la tiquismiquis soy yo. Y no ellos unos guarros.

  3. Hacen piña. Sí, como lo leéis. Aquí el adulto hace piña con los Trastos y se tapan los unos a los otros. Estoy en inferioridad numérica. Y me consta que están empezando a darse cuenta de ello. Me da miedito el día que hagan piña con asuntos más serios.

PRO:

  1. A pesar de todo lo que yo les diga, ellos siguen siendo hombres. Siguen siendo capaces de mear de pie. Cuando entro en un baño público lleno de charquitos, sigo queriendo ser un hombre… hasta que salgo por la puerta. Luego recupero mi cordura.

  2. Pueden escribir con el chorrito. Ahora bien, creo que un “Te quiero” escrito en la arena perdería todo su romanticismo al saber cómo se ha escrito.

  3. Cuando los niños empiezan a ir por la vida sin pañal, la frase “mamá, pis” está a la orden del día. La pueden soltar en casa o fuera de ella. No importa el sitio ni el momento, ellos tiene que hacer pis. Ya. Más de una vez me he tenido que parar frente a un arbustillo porque no llegábamos a casa. En estos momentos, me alegra que sean niños porque me consta que con las niñas es más complicado. Digamos que este pro es a los niños lo que el baño asqueroso de antes a los adultos.

  4. Quiero pensar que algún día conseguiré que apunten bien. Espero que mis futuras nueras sepan agradecérmelo. Y, si no, espero que mis futuros nietos tengan aún menos puntería que mis hijos.

Conclusión: como hacerles sentarse para mear no es algo habitual en esta sociedad y, para evitar que se rían de ellos en un futuro, voy a dejarles que sigan vaciando vejiga de pie. Ahora bien, en cuanto sean un poquito más grandes, les hago limpiar el baño. A ver si así les duele y ponen más empeño en apuntar y menos en salirse. Si no aprenden a apuntar, al menos, que aprendan a limpiar. Veremos a ver si lo consigo… Deseadme suerte, especialmente aquellas que tengan niñas. Nunca se sabe, quizás algún día nos conviertan en parientes ;-).

05Mar/13

… de tener piel atópica

piel atópica en niños

El Mediano tiene dermatitis atópica. Al parecer, cada vez nacen más niños con este tipo de alergia (porque sí, es una alergia dérmica), aunque se desconocen las causas. Un bebé tiene más probabilidades de tener dermatitis atópica si ya hay algún atópico en la familia. Pero no siempre es así. Mi hijo es el primero de la familia, él se ha convertido en el antecedente familiar. Afortunadamente, los niños atópicos que llegan a ser adultos atópicos son muy pocos. Según los dermatólogos y los pediatras, esta dermatitis suele desaparecer entre los 3 y 5 años o en la adolescencia, con el cambio hormonal. Mi hijo tiene 3 años y aún la tiene.

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