Tag Archives: maternidad

16Oct/15

… de perder los nervios con los niños

Perder los nervios con los niños

Ahora que ya ha hemos terminado la vuelta al cole, puedo hacer balance de cómo ha sido este verano. Resumiéndolo a grandes rasgos (porque daría para otra entrada), ha sido un poco frustrante. El Peque está en sus tres años hecho un retador. Basta que yo diga hasta aquí, para que él dé un paso más a ver qué pasa. El Mayor a veces se pasa de contestón y al Mediano a veces le sale un genio muy malo. El día que se han combinado los tres lo he llevado muy mal.

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08Jul/14

Declaración de intenciones a mis hijos

Manifiesto, declaración de intenciones, hijos

  1. Vosotros siempre sois lo primero. Estáis por delante de cualquier cosa y cualquier persona. Le pique a quien le pique. Nuestra familia es lo primero siempre.

  2. Los tres sois especiales. Ninguno de vosotros es igual a los otros dos. Esto significa que os trataré de distinta manera, según vuestras necesidades y madurez en cada momento.

  3. Intentaré respetar vuestros propios ritmos. No os exigiré nada que no podáis hacer ni os compararé con los hijos del vecino. Vosotros sois vosotros. Cada uno sois como sois.

  4. Os tendré en cuenta siempre. Cada vez que yo tenga que tomar una decisión, pensaré en vosotros. Pero también intentaré respetar vuestros deseos, dentro de lo posible. Vamos, que no me pidáis chocolate a medianoche porque ya sabéis que la respuesta es y será “no”.

  5. Nunca os ridiculizaré. Ni a vosotros ni a vuestras opiniones ni a vuestras ocurrencias. Ni delante de la gente ni a solas. Y mucho menos intentaré quitarle importancia después diciendo que “sólo era una broma”.

  6. Os alentaré siempre. En cualquier cosa que queráis realizar, tendréis mi apoyo y mi ayuda si me la pedís. Nada que emprendáis será calificado por mí como “tontería”.

  7. Siempre aplaudiré vuestros logros. Si algún día venís locos de contento porque os han dado un ascenso, mis primeras palabras no serán que os pagan poco o que os han engañado en el contrato. Si un día venís dando botes de alegría porque os vais a casar con la persona de vuestros sueños, no diré un simple “vale” y seguiré a lo mío.

  8. Siempre estaré abierta al diálogo. Cualquier cosa que os pase, tenéis que saber que podéis contármela. Si tenemos una discusión y nos hemos enfadado, siempre podremos encontrar una solución hablando. El silencio y pretender que no ha pasado nada no es la manera de solucionar los conflictos y, desde luego, no es la relación que quiero tener con vosotros.

  9. No pasa nada por pedir perdón. Si me he equivocado, si no he actuado correctamente, si saqué conclusiones erróneas, si regañé al que no debía… no pasa nada, os pediré perdón. Y eso no me hace peor madre ni merma mi autoridad ante vosotros ni me hace débil.

  10. Haré cosas con vosotros siempre. Pintaré, cocinaré, jugaré, veré pelis y leeré cuentos con cada uno de vosotros. No importa lo que ensuciemos, no importa que me meta en camisas de once varas. Lo que importa son los recuerdos que os quedarán cuando seáis mayores y a los que volveréis cuando yo ya no esté.

  11. Siempre respetaré vuestras decisiones. Si creo que estáis obrando mal, os diré mi opinión y escucharé la vuestra. Pero os dejaré tomar vuestras propias decisiones en la vida y no insistiré. Mi trabajo como madre no es evitar que os deis contra la pared que estoy viendo, sino deciros que está ahí y aliviaros el posible golpe que os deis contra ella si me dejáis. Ojo, que a lo mejor resulta que la que estaba equivocada era yo… en ese caso, os remito al punto 9.

  12. Prometo confiar siempre en vosotros. En lo que me decís, en la educación que os estamos dando, en que sois capaces de hacer lo que os propongáis.

  13. Os quiero hasta cuando estoy enfadada con vosotros. Os quise desde antes de ser concebidos, en el momento en el que supe que estabais en camino y desde vuestro primer aliento. Os quiero cada día, con cada latido de mi corazón. Os querré siempre, hagáis lo que hagáis.

Y dejo este manifiesto aquí, para tenerlo presente, para poder releerlo cuando sienta que lo estoy haciendo mal y para que quede constancia de lo que quiero hacer como vuestra madre. Éstas son las bases de la relación que quiero tener con vosotros.

Declaración de intenciones, manifiesto, hijos

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07Abr/14

… de la Unión familiar (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

 

Con esta entrada de hoy, daré por terminado mi Diccionario maternal de la A a la Z. Han sido 27 letras y 30 entradas (por aquello de que he repetido alguna que otra letra). Hoy, me despido de este magnífico proyecto de Vero (Trimadre a los 30) con la letra U, de unión (familiar).

Para mí, la llegada de un hijo significa pasar de ser una pareja a ser una familia. Un hijo es un vínculo perpetuo entre dos personas. Como pasa con todo en esta vida, una familia no es igual a otra y, aunque la pareja se rompa, la familia de ese niño siempre serán su padre y su madre (y sus hermanos si los hay).

Un hijo supone una unión inamovible entre dos personas. Es el pegamento que las unirá de por vida e incluso en la muerte. ¿Os habéis fijado que en las lápidas siempre aparecen la madre y el padre del fallecido (hijo/a de Fulanita y Menganito)?

Pero, dejando a un lado temas tristes, lo que tengo claro es que mi maternidad me ha traído un fuerte sentimiento de unión. Como hija, entiendo más a mi madre, a mi abuela y a todas las madres del mundo (comparta o no su forma de hacer las cosas); también más respeto hacia ellas. Como madre, me ha hecho más decidida, más fuerte, más protectora hacia quienes forma mi familia principal (marido e hijos). Estoy dispuesta a luchar contra todo aquello y contra todos aquellos que intenten dañar mi unión familiar, mi familia. Somos una piña.

En mi casa, aunque seamos cinco personas bien distintas y no siempre estemos de acuerdo en todo, en realidad, somos uno. Cinco parte de un todo. Es una unión como pocas. Es una unión que exige respeto y protección los unos a hacia los otros, que emana amor por todos lados, que origina comprensión hasta en los momentos más duros. En esta unión no hay dobles sentidos, no hay malas intención. Las malinterpretaciones se hablan y se aclaran. Se dialoga siempre para llegar a un consenso por parte de todos los miembros. Aunque siempre sin perder de vista, claro está, quiénes son los adultos y quiénes los niños, pero siempre entendiendo las necesidades de estos últimos y tratándoles como personas en construcción.

CONTRAS:

  1. A veces es muy difícil entendernos todos en esta unión, pero hay que hacer un esfuerzo para mantenerla. En esto todos estamos de acuerdo.

  2. Hay gente (de fuera) que no entiende o no comparte nuestra forma de hacer las cosas en esta familia.

PROS:

  1. La unión familiar es una de las uniones más hermosas del mundo. Ese vínculo familiar es único.

  2. Todos, absolutamente todos, formamos parte de una unión familiar. Aunque no seamos padres o madres, todos somos hijos.

Y, con la U de unión, pongo mi punto y final al Carnaval de la Maternidad. Acabé mis letras. Cierro mi Diccionario. Ha sido un auténtico lujazo formar parte de esta iniciativa de Vero, leeros a cada una de mis compañeras en este viaje (aunque no tuviera tiempo de comentaros a todas). Aprender un poco más de la maternidad a través de vuestros puntos de vista únicos y compartir muchos pensamientos y sentimientos universales. Y también muchas risas y buenos ratos, que no siempre nos hemos puesto serias 😉 ¡Nos seguimos leyendo!

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

06Abr/14

… de ser xiloprotectora (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

 

Hoy me descuelgo con otra palabreja rara: xiloprotectora. Y es que la letra X es un poco esquiva si buscas alguna similitud con la maternidad. Pero veamos, xiloprotectora, cuando se refiere a un producto o sustancia, sólo es lo que se emplea para proteger la madera (RAE). Y, a continuación, mi vuelta de tuerca para contaros por qué creo yo que puedo incluir esta palabra en mi Diccionario maternal.

Bien podríamos ver a los hijos como árboles. Sus padres y demás familia serían las raíces, el de dónde vienen, su historia familiar. El tronco, grueso y grande, sería entonces la educación, los valores y, en definitiva, las armas que les ayudarán en el mundo exterior, ése que hay de puertas para afuera de su casa, donde ya no están seguros y donde puede pasar(les) cualquier cosa.

Las ramas serían sus propias elecciones. ¿Qué hace que un árbol tenga una rama de tal o cual manera y no de otra? ¿Cómo es que dos árboles aparentemente iguales (dos manzanos, dos pinos), como bien podrían serlo los hermanos, no tengan ni las mismas ramas ni la misma forma en ellas? Pues ahí está, porque cada árbol (cada hijo), aún teniendo un tronco más o menos parecido (ambos se criaron en la misma casa, con las mismas normas y los mismos padres y ambos recibieron mismos besos, abrazos y cantidades infinitas de amor) y raíces similares, como decía, cada uno ha tomado sus propias elecciones.

Así, los frutos bien podrían ser el resultado de esas elecciones. Volvemos a lo mismo, ¿por qué un limonero da limones y otro no los da si ambos han recibido los mismos cuidados? ¿Por qué las naranjas de este árbol son más dulces que las de ése otro de allí? En circunstancias más o menos parecidas, resulta que los resultados son distintos.

Por supuesto, independientemente de las ramas, los frutos y demás, nosotros como padres y madres siempre estamos cuidando a los hijos. Así, seríamos xeriprotectoras. Porque, aunque ellos vuelen y tengan su propia vida (ese día llegará), nosotras siempre estaremos ahí cuidándoles y protegiéndoles en la medida de lo que podamos.

CONTRAS:

  1. Hay que tener cuidado de no asfixiar la madera dando demasiadas capas de esa sustancia xiloprotectora.

  2. Escribiendo esto me he dado cuenta de que quizás la madera a la que se refiere la RAE sea un objeto de madera, como una mesa. En dicho caso, traspasar la analogía de la mesa al árbol. Creo que lo que trataba de decir (y que se resume en el primer pro) serviría igual.

PROS:

  1. Nosotras siempre seremos sus madres y ellos nuestros hijos. Así que siempre cuidaremos de ellos, como ya he dicho, cuidándoles, protegiéndoles, amándoles lo mejor que sabemos hacerlo.

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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05Abr/14

… del western (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

 

El otro día me di cuenta de que vivía en un western, vamos, lo que se conoce como una peli del oeste de toda la vida. En mi casa tenemos a todos los personajes.

El bueno bien podrían ser mis hijos… a ratos. Tranquilitos en el sofá alguna que otra vez o durmiendo plácidamente parecen los niños más buenos de todo el mundo. Nadie pensaría jamás que hubieran estropeado la tele o roto la pantalla de mi ordenador.

El feo serían esos ruidos de los que os hablé aquí. Sonidos propios del cuerpo humano que no por eso resultan menos desagradables. También aquí podría meter esos malos modales que trato que evitar en mis Trastos, como no dar las gracias o levantarse mientras están comiendo (ardua tarea ésta última, por cierto).

El malo sin lugar a dudas son esos virus que se nos cuelan en casa, normalmente enganchados a los Trastos y que luego tienen a bien pasearse por cada miembro familiar, independientemente de su edad o sexo. Vamos, que cuando los niños se ponen enfermos, al final tanto el Padre³ como yo acabamos enfermando también. El uno más que la otra.

El sheriff, que obviamente somos el Padre³ y yo. Yo interpreto este papel más tiempo, pero mi marido lo hace mejor. Hago esta afirmación basándome en las veces que me toman a mí por el pito del sereno y las veces que se lo toman a él. No suelo gritar mucho e intento hacerlo aún menos, pero si de gritar se trata, basta un sólo grito del Padre³ para que los Trastos se pongan firmes. A mí me cuesta unos cuantos más… y siempre noto una sonrisilla detrás de las orejas. Vamos, que no me compensa salvo para desahogarme un momento.

Como en todo western que se precie, hay pelusillas correteando por el pasillo y los rincones de la casa. Prueba fehaciente del poco tiempo del que dispongo para limpiar como a mí me gustaría. Ojo, que no es que me guste limpiar, no. Lo que me gusta es verlo todo limpio. Aunque así, “limpio del todo” hace años que no veo la casa.

La diligencia con el dinero a robar yo diría que son las galletas o bizcochos que haya (si los hay) en ese momento por casa. Esto se nota sobre todo los fines de semana. Estoy convencida de que mis hijos tienen un radar que les avisa cuando faltan como quince minutos para comer o cenar. En ese preciso instante deciden que tienen un hambre atroz y que quieren comer a la de ya. Pero como les toca esperar porque la comida está casi a punto, las incursiones y despistes en la cocina por parte de uno para que el otro coja el deseado botín son muy frecuentes.

La soga, presente también en las películas del oeste, es sin lugar a dudas el tiempo. Siempre ando con prisas para que me dé tiempo a todo y esa prisa se la transmito inconscientemente a mis hijos. Que si venga, al baño rapidito que si no, no nos da tiempo a jugar; que si vamos corriendo a casa después del cole que si no, la hora de la merienda se nos va a juntar con la de la cena; y demás con el mismo estilo.

Los indios, personajes también habituales de un western, yo creo que podrían ser las visitas. Como cualquier indio en un peli de éstas, a veces son buenas y otras estás deseando que se vayan a su poblado.

Si tenemos hasta el caballo. Dos, a falta de uno. Uno con ruedas para hacer de correpasillos y con balancín. El otro simplemente es un muñeco de un caballo. Ambos, por supuesto, con musiquilla de ésas que si escuchas una vez es graciosa, pero repetida hasta la saciedad me recuerda a una película de miedo.

CONTRAS:

  1. Esto es una película sin fin. No hay intermedios ni tiene fin. Tampoco hay repetición de tomas y la sangre no es de mentira.

PROS:

  1. Como en toda película, nos divertimos mucho y también tenemos nuestros ratos de suspense y emoción. Se trata de vivir disfrutando de los hijos, hasta del suspense.

  2. Las palomitas… ¡Peli con palomitas! ¡Ñam!

 

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04Abr/14

… de estar tarumba (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

 

Estoy tarumba. Sí, como lo oís, bueno, como lo leéis. La maternidad me ha vuelto tarumba. Yo que ya estaba algo mal de lo mío, sólo me ha hecho falta convertirme en madre para volverme tarumba del todo. Así que la entrada de hoy la voy a dedicar a la letra T. Podría haber escogido otra palabra (tonta se me viene a la cabeza) pero vamos a dejarlo en tarumba.

Las primeras muestras de que yo iba para tarumba completa aparecieron en el embarazo. La cabeza, simplemente, se me iba. Era incapaz de acordarme de las cosas más sencillas y fue entonces cuando me dio por llenar la casa de notas: “lavadora”, “llamar al médico” o “tender” pasaron a ser habituales por la casa. También eran frecuentes las conversaciones del tipo:

– Anda, Futuro Padre³, ¿puedes guardar esto (por queso) en el… en el… ahí?

– ¿Ahí, dónde?

– Pues ahí, en el… en el…

– ¿Sí?

– En la cosa esa blanca…

– ¡Microondas!

– No. Blanca y grande…

– ¿Sí?

– … donde hace frío…

– Y que se llama…

– Anda, quita, ya lo guardo yo.

Vamos, que aquí mi marido es un vacilón de cuidado y se lo pasó pipa a mi costa. En fin, que esto, pensaba yo, se curaba con el parto. Pero no. Me refiero a mi “amnesia gestacional”.

La última muestra fue hace poco, cuando guardé la taza de leche en el frigorífico e intenté meter la botella en el microondas. Vamos, que porque la botella no cabe, que si no, no dudéis que la hubiera calentado. Y, para que quede claro, no, no estoy embarazada.

Sin embargo, supongo que para compensar, me sucede otra cosa bastante curiosa que se agrava con los años desde que soy madre. De repente, en el momento menos pensado, me acuerdo de algo que era fundamental que no olvidara. Os pongo un ejemplo. Anoche, ya metida en la cama y a punto de dormirme, me acordé de que el Mayor tenía que llevarse hoy al colegio la equipación del equipo de fútbol porque iba a ir su padre a recogerles y a llevarles directamente desde el colegio al campo de juego. ¿Dónde estaba la ropa? Tendida en la terraza. Así que esta mañana, ahí que me levanto para recoger la equipación y guardársela en la bolsa. Estaban ya saliendo por la puerta cuando me doy cuenta de que no le había metido las medias (esos calcetines que llegan hasta la rodilla, lo cuento porque me enteré hace poco de que se llaman así) en la bolsa porque estaban en el cesto de la ropa que había doblado el día anterior. Justo in extremis caí en la cuenta y pude mandarle al colegio con la equipación al completo.

CONTRAS:

  1. Se me olvidan palabras, ésas que sabes que tienes en la punta de la lengua.

  2. Me equivoco al hacer las cosas, como guardar el pan en el frigorífico cuando nunca lo hago.

  3. Me olvido también de hacer ciertas cosas, como llamar al médico si tengo que pedir cita para mí.

  4. Todo esto, siempre lo achaco a que tengo demasiadas cosas en la cabeza. Como qué día tiene que llevar puesto el chándal al colegio cada uno, cuándo hay que entregar la autorización para la excursión del mes que viene, qué día hay reunión en el colegio, cuándo tiene que ir al médico uno de mis chicos, etc.

PROS:

  1. A pesar de todo lo que me ronda por la cabeza, siempre consigo acordarme de las cosas que conciernen a mis hijos. En este sentido, las notas y alarmas del móvil me han ayudado mucho.

  2. Me da igual intentar meter la botella de leche en el microondas si consigo acordarme de poner la equipación completa del Mayor en su bolsa de deporte o si recuerdo un día antes que al Peque le toca otra vacuna.

Hay una cosa que no entiendo, si tan tarumba me he vuelto con la maternidad, ¿cómo es que soy el Google oficial de mi casa, con GPS incluido? Porque siempre que algo se pierde o no aparece, todos, repito, todos, acuden a mí. A ver si los tarumbas van a ser ellos…

 

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04Abr/14

… de la naturalidad (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Los niños no tienen vergüenza ni la conocen. Se cambian de ropa sin pudor aunque la habitación esté llena de gente, se tiran pedos o eructos si les salen, hacen preguntas sin pensar si es correcto o no preguntar eso, no tienen maldad en sus acciones. En definitiva, son naturales, rebosan naturalidad por todo su cuerpo.

Cuando al Mayor se le cayó su primer diente y esperábamos a la noche la primera llegada a casa del Ratoncito Pérez, me preguntó que qué pasaba si no se lavaba los dientes. Le dije que los dientes se le pondrían malitos (le remití a la serie Érase una vez el cuerpo humano, en concreto al capítulo de los dientes), que se le podrían caer (los de verdad, no los de niño pequeño que se le empezaban a caer ahora) y que, si quería comer algo más que purés, tendría que usar dentadura postiza y eso era un rollo.

Como comprenderéis, aquello de una dentadura postiza como la abuela del perezoso en Ace age, la formación de los continentes, le llamó la atención y le pareció gracioso. Cuando le conté un poco más, ya no le gustó tanto. El caso es que, precisamente aquel día, vimos a mi abuela y ella sí usa dentadura postiza. Movido por la curiosidad que sólo sienten los niños, el Mayor se dirigió hacia ella y le pidió, con toda la naturalidad del mundo y delante de toda la familia (era la época de Navidad) que le enseñara la dentadura y su boca sin dientes. A mi abuela no le molestó en absoluto y lo hizo, satisfaciendo así la curiosidad de mi hijo. Quien sí soltó que vaya ocurrencia, que cómo es que yo no le había parado los pies y demás cosas por el estilo fue mi madre. Pero ése es otro tema.

Mis hijos preguntan que por qué ese señor va en silla de ruedas, por qué las personas tenemos la piel de distintos colores o por qué ese niño tiene una cara tan rara. Lo hacen sin maldad, señalando con el dedo a veces y sin bajar la voz. No quieren ofender, quieren aprender.

Y como se suele decir, todo se pega. A base de pasar vergüenza al principio por esas preguntas algo incómodas para un adulto, se me ha ido quitando la timidez y ahora soy yo la que hace cosas con normalidad que antes me ponían roja. Por ejemplo, ahora voy cantando por la calle al Peque o con mis hijos y ya ni siquiera me fijo en si la gente me mira o no. Cuando vamos por la calle y me hacen ese tipo de preguntas, yo les intento responder con naturalidad, igual que me preguntaron ellos. Y también me da igual si la gente mira o no o si mira bien o mal. Si mi hijo, en plena operación pañal, tiene ganas de hacer pis cuando estamos en la calle, pues con toda la naturalidad del mundo busco un sitio donde pueda hacerlo. Y no pasa nada. Son cosas naturales. Son cosas de niños.

CONTRAS:

  1. Hay preguntas o acciones en las que me gustaría que fueran más discretos, no voy a negarlo y decir que todo me da igual porque mentiría.

  2. Entiendo que a una persona obesa le pueda molestar que mi hijo me pregunte que por qué está tan gorda, pero hay que tener en cuenta que los niños preguntan por saber.

PROS:

  1. Esa naturalidad contagiosa de mis hijos y que yo también tengo cuando voy con ellos, la he cultivado en otros aspectos de mi vida. Aunque vaya sola, pregunto si tengo dudas, no me pongo tan nerviosa si alguien me pide algo que no encuentro en ese momento y demás cosas parecidas.

  2. Yo estoy diciendo con esta entrada que todos deberíamos ir por la calle eructando, señalando con el dedo o haciendo preguntas incómodas a los demás. Lo que intento decir es que todos deberíamos intentar ser más naturales, creo que estamos (yo me incluyo) demasiado condicionados por el qué dirán y nuestra naturalidad y espontaneidad se ve resentida por ello.

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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