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12Sep/13

… de las cosquillas (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

– Mamá, hazme cosquillas…

– ¿Ahora?

– Sí, ahora…

– ¿Puedes esperar un momento? Estoy terminado de…

– Vengaaa… porfi… hazme cosquillas…

Y ahí estoy yo, con un mico de 6 años haciéndole cosquillas como si no hubiera un mañana. Y se ríe. Y su risa es pura. Es diversión en grado máximo. Puro placer de reír por reír. Él se estira, se retuerce, a ratos no puede respirar. Paro. Coge aire. Creo que le he agotado. Un “mamá, ahora hazme cosquillas por aquí” me deja claro cristalino que tiene ganas de más.

El Peque nos mira y se ríe. Se ríe con ganas. La risa es contagiosa, está claro. Con su lengua de trapo me dice “má, má”, lo que con el pequediccionario en la mano viene a significar que siga cosquilleando a su hermano y que, por supuesto, él también quiere. Alargo la mano que me sobra y le hago cosquillas a él también. Más risas.

Con el rabillo del ojo miro al Mediano. Le veo con los ojos como platos. Con una sonrisa de oreja a oreja. Se acerca cauteloso. El Mayor sigue revolviéndose y dando carcajadas. Espera paciente dos o tres nanosegundos. Después me suelta el “¡ahora a mí, mamá!”.

Cuento a los Trastos… uno… dos… tres… Cuento mis manos… una… y dos… Vaya, esto es un problema… Dejo de cosquillear al Peque y empiezo con el pipiolo de en medio. Ahora las risas suenan más altas, pero igual de puras. Me sorprendo a mí misma riéndome también. Alterno entre mis hijos para dar a basto con todas mis manos. Nos reímos los cuatro. Creo que si alguien pudiera vernos en ese instante por un agujerito, se convencería de que estamos algo chiflados en esta casa. Quizá no le falte razón. Pero aquí nos seguimos riendo.

CONTRAS:

  1. Hacer cosquillas es cansado para quien las hace. Qué dolor de manos se me pone algunas veces.

  2. En ocasiones, los adultos llegamos a la conclusión de que ese momento no es buen momento para hacer cosquillas a los niños. Creo que deberíamos pararnos a sopesarlo un poco más. ¿En serio no hay buenos momentos para hacer cosquillas? Yo estoy empezando a creer que cualquier momento es bueno para sacarle una risa a un niño.

  3. Se forma mucho alboroto. Bueno, para quienes estáis con el reto del rinoceronte naranja, ¿esto no cuenta como grito, verdad? 😉

PROS:

  1. Quien recibe las cosquillas acaba cansado. Y todos sabemos que después de la tempestad viene la calma… ¿Queréis cansar a un niño? ¿Pero de verdad? Hacedle cosquillas. Muchas. Por todo el cuerpo.

  2. La risa es contagiosa. Raro es que empecéis a hacerles cosquillas a vuestros hijos y no acabéis riéndoos vosotros también.

  3. Las cosquillas traen risas, las risas traen felicidad. Si habéis tenido un mal día, hacedles cosquillas a vuestros retoños. A los treinta segundos se os habrán olvidado todas las penas.

  4. Las cosquillas también son un juego. Jugad con vuestros hijos. Todos lo agradeceréis.

¿Que por qué incluyo las cosquillas en el Diccionario de la Maternidad de la A a la Z? Pues porque yo sólo hago cosquillas a mis hijos. El Tripadre no tiene y, además, prefiero no buscárselas ;-). Las cosquillas significan un rato en familia, un rato de juegos, un rato de diversión pura y dura. Las cosquillas implican prestar atención a las demandas de mis hijos, es dedicarles toda mi atención en ese preciso instante, buscar ese recoveco por dónde meter la mano y cosquillearles a gusto.

Y, si os animáis, después de hacerles cosquillas a ellos, que ellos os hagan cosquillas a vosotros. ¿Recordáis la última vez que alguien os hizo cosquillas de verdad y os reísteis a placer? ¿No es un rato genial?

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.
25May/13

… de jugar con plastilina

Plastilina

El otro día mis Trastos no tuvieron cole, pero el Tripadre sí tenía que irse a trabajar. Así que aquí me quedé yo con los tres y mi faringitis. Inventando maneras de entretenerles. ¿Una película? Os recuerdo que sólo duran sentados escasos 10 minutos. ¿Parque? Hacía mal día. ¿Juegos con los coches? Estupendo hasta que empiezan a pelearse por el mismo (con la cantidad de coches que tienen, pues siempre se les antoja el mismo a los dos…). Así que me fui a por la caja de manualidades sin saber muy bien qué haríamos esta vez. Pero cuando llegué, ahí al lado, solita, vi la caja de la plastilina.

Hacía mucho tiempo que no la sacaba porque el Mayor había cogido la costumbre de mezclar colores (que, bueno, pase) y de intentar metérsela en orificios varios (y eso sí que no). Además, hay que sumarle a todo esto que siempre acababa tirada en el suelo, pisoteada y demás. Bueno, supongo que os hacéis una idea…

Pero muchas veces, algo que no funciona un día, al cabo del tiempo va de maravilla. Y pensando eso, saqué la plastilina. Y crucé los dedos. Y saqué los bártulos. Y mis Trastos mayores dieron palmas con las orejas. Y yo sonreí. Y me las vi muy feliz un buen rato. Y mis hijos me pidieron que les hiciera monigotes. Y yo se los hice. Y pasaron 10 minutos y ahí seguían con el culo en la silla. Y les hice un caracol. Y empezaron a levantarse. Y se acabó lo que se daba. Bueno… más o menos…

No es culpa de la plastilina, que volveré a sacarla en breve. Es que mis hijos son de culo inquieto. Todos, que el Peque está en plan “me tiro al suelo sea como sea” y menudas vueltas que da. ¡Lo que me cuesta que no se lance al vacío cuando le tengo en brazos! Pero bueno, ésta es otra historia, que me disperso.

Sin embargo y a pesar de todo, ese ratito (breve para mi gusto, ojalá hubieran estado toda la mañana entretenidos, con la plasti o lo que fuera, que no soy exquisita), como digo, ese ratito nos dio mucho juego ;-).

CONTRAS:

  1. A mí no me gusta mezclar. Tengo que ser la única persona que, cuando come comida china, va plato por plato. Pues con la plastilina me pasa igual. Detesto que se mezclen los colores. Aunque a base de jugar con mis hijos estoy superándolo ;-).

  2. El suelo se sigue llenando de pegotes. Pero esto también lo tengo superado. Sólo tengo que darme prisa en barrerlo antes de que lo pisen.

  3. Lo mismo que pasa con los coches pasa con los cortadores de formas. Se les antoja a los dos el mismo. Y tiene que ser en ese preciso instante.

  4. Ya puede ser un gurruño, que lo que acaba de hacer un Trasto es una obra de arte. Esperemos que no venga el otro y se lo destroce porque entonces ya la tenemos liada.

PROS:

  1. Imaginación al poder. No hace falta ser muy mañosa, al menos a mis hijos les vale todo lo que se le parezca a lo que tenían en mente.

  2. Me maravilla la destreza que tienen en esas pequeñas manitas. Verles hacer churritos fue genial y así practican la motricidad fina.

  3. La plastilina no mancha. Creo que este pro vale por dos, jejeje…

  4. Ninguno intentó metérsela en la boca o por la nariz. ¡Genial!

  5. A pesar de lo (para mí gusto) breve tiempo que estuvieron entretenidos con la plastilina, fue un buen rato. Hicimos caracoles, leones, elefantes… y después, cuando empezaron a levantarse de la silla, jugamos un ratito con ellos, rugidos incluidos :-). También hicimos coches (no podía ser de otra manera) y nos echamos algunas carreras. Supongo que a las niñas les gustará hacer collares, pulseras y anillos (a mí me encantaba ;-)).

Ahora os toca a vosotros contarme a mí si vuestros peques juegan ya con la plastilina y qué es lo que más les gusta hacer con ella. Estaré encantada de leeros y así, entre todos, intercambiamos ideas ;-).

22May/13

… de la hora del baño

bañera

Para mí, el día tiene 4 fases. La primera va desde que me levanto hasta que el Peque se echa la siesta. La segunda fase va desde que se duerme hasta que tengo que ir a buscar a los Mayores al colegio. La fase 3 va desde este último momento hasta que todos están durmiendo plácidamente. La cuarta fase abarca el ratito que el Tripadre y yo estamos solos hasta que nos vamos a la cama.

Como os podéis imaginar, la fase 3 es la más estresante del día. Empieza conmigo y el Peque saliendo rápidos a por los Trastos mayores y consta de: recogida en el colegio, meriendas, baños, juegos y cenas. E implica organizarme bien si quiero pasar un ratito jugando con los Trastos, todos juntos.

Una vez superadas las peleas por ver quién entra primero en casa y después de que todos hayan merendado, empiezo con los baños de los Mayores. Al principio les bañaba a los dos juntos, para ahorrar tiempo, pero lo he dejado porque supera mis fuerzas (mi espalda lo sabe) y mi paciencia. Puede darse el caso de que los dos estén en plan “no me toques ni salpiques”, lo que en una bañera es bastante complicado, o bien puede que los dos estén en modo compincheo y entonces soy yo la que entra en modo “esto no es una piscina” junto a “no salpiquéis a mamá”. Todo es inútil. Así que he decidido bañarles por separado.

Como en todo, hay días y días, pero básicamente se pueden resumir en que el Mediano se cree un tiburón que bucea por los mares y se zambulle cual delfín (doble tirabuzón incluido) y el Mayor prefiere hacer olas en el agua con el “suave” vaivén de su cuerpo. Uno detrás de otro consiguen que en nuestro baño nos bañemos tres. Por turnos, eso sí.

Pasa la tarde y se acerca la noche. Cuando los Mayores han cenado o están a punto de terminar, le toca su turno al Peque. Y está aprendiendo a chapotear en el agua. Y el grifo le llama mucho la atención. Y aún le falla el equilibrio en el agua. Y yo no doy a basto lavándole mientras intento que no se estampe contra el grifo a la vez que tengo que resignarme mientras me duchan por segunda vez.

¿Y el Tripadre? Pues a todo esto está trabajando. Con suerte llega para acostar a los Mayores. Con mucha suerte llega para darle las buenas noches al Peque. Así que aquí la que suscribe les baña de lunes a jueves. A los tres. Yo sola. El Tripadre les baña el fin de semana (que empieza el viernes), pero sólo a los Mayores. Además, él se aventura más que yo y les baña a los dos juntos. Incluso algunos domingos se duchan los tres a la vez. Pero al Peque casi siempre le baño yo… o me baña él a mí, según se mire.

CONTRAS:

  1. La fregona se ha vuelto mi amiga de penas inseparable. Ya sea para limpiar escapes a los pies del inodoro o para recoger el agua al lado de la bañera.

  2. Siempre les digo que la bañera no es una piscina. Pero claro, explícale tú a un niño pequeño, al que el agua le llega casi a las rodillas, que no puede bucear en la bañera. Y de los salpicones mejor no hablo.

  3. Al bañarles por separado, se me va casi toda la tarde. Intento hacerlo rápidamente, pero ellos tienen su propio ritmo y les divierte mucho el agua. Para ellos es un juego más, aunque yo esté deseando acabar pronto.

  4. Echo de menos un tercer ojo y dos manos más para poder controlar al Trasto que tengo delante y que no se dé un golpe fuerte (que alguno ha caído ya).

PROS:

  1. Al bañarles por separado, me pueden contar qué tal les ha ido el día, si han aprendido alguna canción nueva o si han discutido en el colegio. Con el Mayor puedo jugar al veo-veo o a las palabras encadenadas. Con el Mediano suelo contarle un cuento. Con el Peque todo son risas y juegos con el agua.

  2. Cuando salen del agua y tienen frío, quieren que les coja y les arrope. Dura apenas unos minutos, hasta que entran en calor, pero creo que es uno de los pocos momentos en que aún me dejan que les coja y abrace como cuando eran más pequeños. Entonces la que moja el baño soy yo con mis babas…

  3. Aún no estoy teniendo mucho éxito, pero de vez en cuando les insisto a que se enjabonen solos con la esponja, para que vayan aprendiendo a bañarse solos. El lavado de cara lo tenemos conseguido :-).

Sé que pronto se bañaran solos. Cuando menos me lo espere, serán lo suficientemente mayores como para bañarse sin mi ayuda. Y, como me conozco, sé que echaré de menos este ratito de confidencias conmigo. La fregona no, a ella aún le queda mucho tiempo rondando por el baño.