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11Jun/18

Carta abierta a mi Mayor (11 años)


Carta abierta Mayor (11 años)

Queridísimo Mayor:

Esta semana cumples 11 años y ya te veo la adolescencia apareciendo detrás de las orejas. A veces te miro y me parece oírte pensar que nadie te entiende, entonces me da pánico y me da pena… Tengo miedo de no saber estar a la altura de los nuevos cambios que vas a experimentar dentro de poco. Y me da pena aquellos años en los que todo lo solucionaba un beso de mamá.

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08Jul/14

Declaración de intenciones a mis hijos

Manifiesto, declaración de intenciones, hijos

  1. Vosotros siempre sois lo primero. Estáis por delante de cualquier cosa y cualquier persona. Le pique a quien le pique. Nuestra familia es lo primero siempre.

  2. Los tres sois especiales. Ninguno de vosotros es igual a los otros dos. Esto significa que os trataré de distinta manera, según vuestras necesidades y madurez en cada momento.

  3. Intentaré respetar vuestros propios ritmos. No os exigiré nada que no podáis hacer ni os compararé con los hijos del vecino. Vosotros sois vosotros. Cada uno sois como sois.

  4. Os tendré en cuenta siempre. Cada vez que yo tenga que tomar una decisión, pensaré en vosotros. Pero también intentaré respetar vuestros deseos, dentro de lo posible. Vamos, que no me pidáis chocolate a medianoche porque ya sabéis que la respuesta es y será “no”.

  5. Nunca os ridiculizaré. Ni a vosotros ni a vuestras opiniones ni a vuestras ocurrencias. Ni delante de la gente ni a solas. Y mucho menos intentaré quitarle importancia después diciendo que “sólo era una broma”.

  6. Os alentaré siempre. En cualquier cosa que queráis realizar, tendréis mi apoyo y mi ayuda si me la pedís. Nada que emprendáis será calificado por mí como “tontería”.

  7. Siempre aplaudiré vuestros logros. Si algún día venís locos de contento porque os han dado un ascenso, mis primeras palabras no serán que os pagan poco o que os han engañado en el contrato. Si un día venís dando botes de alegría porque os vais a casar con la persona de vuestros sueños, no diré un simple “vale” y seguiré a lo mío.

  8. Siempre estaré abierta al diálogo. Cualquier cosa que os pase, tenéis que saber que podéis contármela. Si tenemos una discusión y nos hemos enfadado, siempre podremos encontrar una solución hablando. El silencio y pretender que no ha pasado nada no es la manera de solucionar los conflictos y, desde luego, no es la relación que quiero tener con vosotros.

  9. No pasa nada por pedir perdón. Si me he equivocado, si no he actuado correctamente, si saqué conclusiones erróneas, si regañé al que no debía… no pasa nada, os pediré perdón. Y eso no me hace peor madre ni merma mi autoridad ante vosotros ni me hace débil.

  10. Haré cosas con vosotros siempre. Pintaré, cocinaré, jugaré, veré pelis y leeré cuentos con cada uno de vosotros. No importa lo que ensuciemos, no importa que me meta en camisas de once varas. Lo que importa son los recuerdos que os quedarán cuando seáis mayores y a los que volveréis cuando yo ya no esté.

  11. Siempre respetaré vuestras decisiones. Si creo que estáis obrando mal, os diré mi opinión y escucharé la vuestra. Pero os dejaré tomar vuestras propias decisiones en la vida y no insistiré. Mi trabajo como madre no es evitar que os deis contra la pared que estoy viendo, sino deciros que está ahí y aliviaros el posible golpe que os deis contra ella si me dejáis. Ojo, que a lo mejor resulta que la que estaba equivocada era yo… en ese caso, os remito al punto 9.

  12. Prometo confiar siempre en vosotros. En lo que me decís, en la educación que os estamos dando, en que sois capaces de hacer lo que os propongáis.

  13. Os quiero hasta cuando estoy enfadada con vosotros. Os quise desde antes de ser concebidos, en el momento en el que supe que estabais en camino y desde vuestro primer aliento. Os quiero cada día, con cada latido de mi corazón. Os querré siempre, hagáis lo que hagáis.

Y dejo este manifiesto aquí, para tenerlo presente, para poder releerlo cuando sienta que lo estoy haciendo mal y para que quede constancia de lo que quiero hacer como vuestra madre. Éstas son las bases de la relación que quiero tener con vosotros.

Declaración de intenciones, manifiesto, hijos

Pincha en la imagen para verla más grande e incluso imprimirla.

 

02Abr/14

… del quásar (maternidad de la A la Z)

AZ de la maternidad

Parafraseando a la RAE, quásar es un pequeño cuerpo celeste con gran luminosidad, se caracteriza, además, por la gran cantidad de radiaciones que emite en todas las frecuencias y es el astro más alejado en el universo.

Bien podríamos estar hablando de los hijos. Porque cuando son concebidos más pequeños no pueden ser. Dos células, una vida. Que vale que hay cosas más pequeñas que las células, pues sí, las hay, pero en mi día a día una célula es ya lo bastante pequeña.

Si hablamos de luminosidad, hay cientos de artículos donde dicen que el embarazo llena de luminosidad la piel, pelo y hasta las uñas de la futura mamá. Pero es que cuando nuestro bebé nace es la cara y hasta el alma lo que se nos llena de esa luz especial que trae consigo la maternidad y que lo irradia todo.

Es el amor que sentimos hacia ellos que se expande a otras áreas de nuestra vida. Yo, desde que soy madre, veo la vida de otra manera. Gracias a mis hijos me he vuelto a parar en el camino a oler las flores y a contar los puntitos de las mariquitas. He vuelto a disfrutar como una niña con la noche de Reyes o la llegada del Ratoncito Pérez.

¿Cómo algo tan pequeño puede inundarlo todo? Pues ahí está, porque cada hijo es un quásar. Cuerpos celestes, mágicos igual que el universo. Un milagro de la vida. Tan ínfimos al principio y a la vez tan grandes en nuestras vidas. Un bebé es algo mágico que, a fuerza de verlo todos los días, nos hemos acostumbrado a su magia. Pero no por ello su llegada y creación no es menos espectacular. Dos células que se unen para crear, nada más y nada menos, que vida.

Y una vez hecho esto, es nuestra propia vida la que cambia, girando alrededor de ellos cual planeta dando vueltas alrededor de su sol, su estrella. Mis hijos son las estrellas que me guían en esta vida, me complementan y me hacen mejor madre, mejor mujer y, sobre todo, mejor persona.

 

CONTRAS:

  1. No hay vuelta atrás. Jamás volveré a ver las cosas como cuando tenía una vida sin hijos.

  2. Mis hijos, ahora pequeños, crecerán y serán hombres hechos y derechos. Pero para mí siempre serán mis pequeños. Cuenta mi padre que mi abuela (su madre) hasta el día en que se murió siempre le llamó “el niño”.

PROS:

  1. Ya lo he dicho varias veces por aquí, pero me encanta que mis hijos me vuelvan a descubrir el mundo a través de sus ojos.

  2. Una madre siempre está ahí para sus hijos. Lo que ellos no saben es que ellos también están siempre ahí para sus madres. Sin proponérselo, mis Trastos me dan fuerza, apoyo, amor y valor.

  3. Por mucho que se alejen de casa (algún día se irán a vivir su propia vida), siempre tendrán un sitio al que volver. Por mucho que sus casa disten de la que ahora es su hogar, siempre estaremos presente los unos en los pensamientos de los otros. No hay amor más fuerte.

Por si aún no visualizáis lo que es un quásar, podéis teclearlo en Google y os aparecerán un montón de imágenes. Y, si no, aquí te dejo una para que te hagas una idea.

Quásar

Quásar

Fuente

 

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

19Mar/14

… de mi yo (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Si hay algo que ha cambiado desde que soy madre soy yo misma. Por eso la entrada de mi Diccionario de la Maternidad de hoy está dedicada a la Y.

Los cambios físicos saltan a la vista por sí solos a lo largo de los nueve meses de embarazo. Al principio sólo los notaba yo: que si un malestar en el estómago, que si nauseas, que si algún que otro vómito, que ahora se me duerme la mano y me duele, un pinchazo en la espalda, no soportar el olor a aceite caliente (puaj)… Cosas que, como bien decía mi ginecóloga, se pasan cuando se da a luz. Con el paso de las semanas, esos cambios también los notaban la gente: que si se te está poniendo la cara más rechoncha, que si vaya barriguita que tienes (por no decirme barrigota), que vaya canalillo te ha salido… Lo normal, vaya.

Pero también se sufren cambios emocionales, esos de los que siempre tienen la culpa las hormonas. Yo insisto en que, mientras estaba embarazada, tampoco fue para tanto. Algunas ganas de llorar de vez en cuando, algún ataque de risa más veces de las que quisiera, algo que me sentara especialmente mal… Yo creo que no fue gran cosa. Pero el Tripadre aquí discrepa. Y mucho. Dice que tenía que andarse con pies de plomo. Sigo pensando que exagera, pero obviamente mi punto de vista es de todo menos objetivo.

A parte de estos cambios, he de reconocer que la maternidad ha ocasionado en mí misma cambios que antes ni vislumbraba. Algunos son a mejor (pros) y otros no (contras). Os cuento algunos a ver si a vosotras también os ha pasado…

CONTRAS:

  1. Más miedosa. Los miedos y la maternidad van unidos. Yo creo que empezamos a tener miedos cuando decidimos ponernos manos a la obra e ir a por el embarazo. A nosotros nos costó quedarnos embarazados del Mayor. Yo creo que fue a que dejé de tomar la píldora junto a un complemento de yo do que me mandó mi primer ginecólogo. No lo digo por decir, sino que cambié de profesional y mi ginecóloga (que me ha atendido en mis tres embarazos y partos) así me lo dijo. El caso es que ya antes de estar embarazada tenía miedos sobre mi bebé: que si podríamos concebir con normalidad, que si (una vez embarazada) todo saldría bien, que si seríamos capaces de cuidar a un recién nacido… y así seguimos hasta hoy. Porque lejos de que los miedos se vayan yendo con la experiencia, lo cierto es que algunos dejan paso a otros nuevos y esto es el cuento de nunca acabar.

  2. Más insegura. Muy acorde con lo anterior. El miedo a poder equivocarme en el cuidado y educación de mis hijos hace que dude de absolutamente todo. Por ejemplo, ante un mal comportamiento por parte de mi hijo, ¿qué es mejor, hablar con él, castigarle, dejarle a ver si él solo se da cuenta de que lo está haciendo mal…? Normalmente unas acciones se solapan con otras y, a la siguiente, vuelvo a dudar de qué sería mejor hacer. Otro ejemplo: en el patio del colegio un niño va y pega a mi hijo, yo le tengo dicho que pegar está mal, pero ¿hay que hacer distinción entre pegar y defenderse o es todo lo mismo?

  3. Más sensible o empática. Ya lo he dicho alguna vez. Todo lo malo relacionado con los niños me afecta sobre manera desde que soy madre. Antes me afectaba, cierto, pero es que ahora lo sufro en mis adentros. Llego a tal punto que no me hace falta leer o escuchar la noticia entera, muchas veces sólo con el titular ya empiezo a sufrir y hasta llorar.

PROS:

  1. Más respetuosa. Me he dado cuenta de que mis propios hijos no son iguales. Ya lo he dicho muchas veces, lo que funciona con uno no sirve para el otro. Así que lo que sirve con los míos puede no ser útil con los míos y viceversa. Así que ya no me meto en opinar sobre la manera de criar que tienen otros padres con sus hijos. Doy por sentado que cada padre y madre hacen lo mejor para sus propios hijos.

  2. Más atrevida y menos tímida. Dice mi madre que de pequeña yo era muy extrovertida, pero fue llegar a la pre-adolescencia y me entraron todas las vergüenzas del mundo. Yo creo que tuvo algo que ver con que me desarrollara bastante pronto (tuve mi primera regla a los 11 años). El caso es que por eso siempre me he considerado bastante tímida. Me daba vergüenza hasta levantar la mano en clase para preguntar. Para ser justa, he de reconocer que al cumplir la veintena me propuse echarle más cara a la vida y algo mejoré. Pero de fondo seguía siendo tímida. Y, aunque hoy día sigo siéndolo, cuando se trata de mis hijos se me van todas las vergüenzas. No me corto a la hora de preguntar algo que les afecta a ellos directamente ni de ir dando un paseo y cantando por la calle con ellos. Quién me ha visto y quién me ve…

  3. Más fuerte. Al menos yo me siento así. Y no lo digo sólo por los dolores del parto y el post parto. Me he dado cuenta de que puedo hacer frente a cosas que antes ni me imaginaba. Os pongo como ejemplo las privaciones del Mediano. Yo creo que hasta me pongo enferma menos veces que antes. Y es todo por y gracias a mis Trastos.

  4. Más niña. Porque, para poder jugar con los niños tengo que ser también un poco niña. Y esto me encanta. Cierto que creo que podría jugar mejor a las casitas que al fútbol, pero cuando hacemos manualidades creo que soy capaz de ponerme a su altura, con un hule en la mesa, eso sí, que luego aparece la madre que hay en mí, ésa a la que le toca limpiar todo el desaguisado y a la que no le gusta nada tener que andar frotando.

Estos son, a grandes rasgos, los cambios que creo que ha sufrido mi yo desde que nacieron mis Trastos. Algunos creo que me benefician y otros creo que me perjudican, pero creo todos me ayudan a ser la mejor madre que podría ser para mis hijos. Y en eso, ellos son los ganadores absolutos.

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.