Tag Archives: coche

10Dic/14

… de la revisión del coche

Siempre digo que llevo la cabeza sobre los hombros por llevar algo. Soy doña Notas. Antes notas en los post-its, ahora notas en el móvil. Notas por doquier. Papá³ siempre me está probando. En nuestra casa es muy común aquello de yo te dije, no tú no me dijiste. Por supuesto, él siempre cree tener razón y yo siempre le digo que, aunque por mera probabilidad, es imposible que yo siempre esté equivocada o que siempre sea a mí la que se le olvidan las cosas. En este contexto, os imaginaréis cuál fue mi reacción cuando me dijo que se le había pasado llevar el coche a la revisión de la ITV y que ya iba para un año de retraso. Descojone total por mi parte.

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13Oct/14

… de hacer una tarta de coche de Fórmula 1

Tarta fondant coche Fórmula 1

Está visto que no me libro de los coches para las tartas. La primera tarta de fondant que hice fue Rayo McQueen; la segunda fue de El Rey, de la misma película. Pero este año el Mediano, aunque también quería una tarta en forma de coche, no era un coche normal, no, quería un coche de Fórmula 1. No está nada mal eso de pasar de hacer una tarta de Frozen para meterme de lleno en el mundo de Fernando Alonso. Porque, claro, su tarta de coche de F1 era del coche de Alonso.

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23Ago/13

… del cinturón de seguridad para embarazadas en el coche

Cinturón de embarazadas para el coche

Una de las cosas que me compré cuando estaba embarazada del Mayor fue un cinturón que se amoldaba al cinturón del coche para proteger la tripa y al bebé. Pocas cosas he amortizado más. Lo usé, como digo, con el embarazo del Mayor. Lo usó mi cuñada con el de mi sobrino. Lo volví a usar yo con el del Mediano. De nuevo lo usó mi cuñada con el embarazo de mi sobrina. Otra vez lo usé yo con el embarazo del Peque. Y en breve lo usará una amiga mía para su embarazo.

El aparatejo es el de la fotografía que ilustra esta entrada. Se coloca en el asiento donde vaya a ir la embarazada. Ésta se pone el cinturón de seguridad del coche de forma normal. Una vez que éste está abrochado, se coge la tira que cruza la barriga de lado a lado (no la que viene del hombro) y se engancha entre las dos piernas a los automáticos que tiene el cinturón para embarazadas.

De esta manera, en caso de frenazo brusco, el cinturón de seguridad del coche se tensa y tira, pero no aprieta la tripa, por lo que el bebé permanece a salvo. Lo que es muy importante. A mí me dijeron que hay que usarlo cuando la tripa empieza a sobresalir. Lo que significa que en mi primer embarazo no lo usé hasta el quinto mes aproximadamente; con el segundo sobre el cuarto mes y, con el tercer embarazo, sobre el tercer mes (o quizás un poco antes).

CONTRAS:

  1. Aunque tiene enganches para sujertarlo al asiento, la verdad es que se mueve. Con los dos últimos embarazos, simplemente me lo ponía debajo del culo y abrochaba el cinturón del coche. Entre esto y mi más que considerable peso, no se movía.

  2. Hace ya seis años, el cinturón que yo tengo costó unos 40 €. En su momento me pareció caro para el tiempo de uso que le iba a dar. Afortunadamente, como ya he dicho, está más que amortiguado.

PROS:

  1. Se puede lavar. Yo lo meto en la lavadora y sale limpito.

  2. Con gusto hubiera pagado más dinero teniendo en cuenta que es un accesorio para la seguridad del bebé dentro del coche. Que mucha publicidad con usar la silla del coche adecuada para cada edad, pero antes de nacer también se pueden hacer cosas para viajar seguros con el bebé en la tripa.

  3. Es resistente. Ya digo que este cachivache ha pasado por cinco embarazos y aún está listo para el sexto.

  4. Lo puede usar la embarazada, tanto si conduce como si va de copiloto o en los asientos traseros.

Ahora os toca a vosotras. ¿Conocíais el artilugio en cuestión? ¿Lo habéis usado? Y, si es así, ¿os resultó tan útil como a mí? Contadme vuestra opinión, experiencias o dudas en los comentarios ;).

22Abr/13

… de viajar con niños

Esta semana en Madresfera, el tema de la semana son los viajes con niños. Y como yo, trimadre, algo del asunto creo que sé, he pensado en compartir aquí mi experiencia. Además, sortean la silla Assure de Graco Baby España. Teniendo en cuenta que el Mediano va a pasar dentro de poco al grupo 2-3, nos vendría de maravilla. Así que aquí vamos.

Cuando era pequeña, irnos al pueblo significaba madrugar. Y mucho. A eso de las 4 o 5 de la mañana ya andábamos levantadas mi hermana y yo. Que no despiertas. Cuando llegábamos a casa de mi abuela, apenas se había levantado ella. Había dos razones para tal madrugón. Una era que así hacíamos el camino durmiendo y no nos mareábamos. Lo que tenía su lógica, pues antes no existían las carreteras de ahora y yo sólo recuerdo curvas y más curvas. Que yo me durmiera o no, era otra historia. La otra razón era que había menos coches. Y eso también era verdad, aunque lo que sí recuerdo son muchos camiones…

El caso es que aquello de madrugar para irnos de viaje fue algo que llegué a odiar profundamente. Suerte que al Tripadre tampoco le convence. Así que nosotros solemos salir después de desayunar. Quien crea que dicha hora es sobre las 9 anda muy errado. Siempre hay un Trasto que se descuelga. Uno que, ese día, por la razón que sea (que le venga bien a él, por ejemplo), decide que el desayuno que se suele tomar en 10 minutos, ese día va a durarle media hora larga.

Después está el tema de las maletas. Que siempre intentamos tirar… digo… meter cuidadosamente en el coche, como si estuviéramos jugando al Tetris. Vamos, que sólo nos falta la música del juego. Pero siempre hay algo que no se puede meter hasta ultimísima hora. La bolsa de la comida, por ejemplo. Teniendo un bebé de un año, todavía andamos con los purés y las rutinas de comida. Cuando llega la hora de comer, tiene que comer. Da igual si estamos en casa o en plena carretera sin un área de servicio a la vista. Porque ésa es otra. Te tiras todo el viaje viendo una tras otra hasta que necesitas una, cuando, misteriosamente, desaparecen hasta después de media hora (si hay suerte).

Tras las maletas, llega la hora de encajar, digo… sentar a los Trastos. Una vez sentados y abrochados, encajamos el resto de bolsos. Y ahí que nos vamos. Rumbo a lo desconocido. A los 10 segundos de salir, el Mayor ya está preguntando cuánto queda para llegar. Da lo mismo que vayamos al centro comercial que está a 5 minutos o a la playa, que se tardan 5 horas.

Para sobrellevar el viaje y que no se haga eterno, nosotros hemos optado por los DVDs portátiles. Hace tiempo, cuando el Mayor sólo era un mico avispado y el Mediano era el pequeño, los compramos. Una selección de películas y series para cubrir el viaje y ya. Pero no todo es de color de rosa… y en mi casa menos ;-).

CONTRAS:

  1. No sé porqué, pero siempre se les antoja ver la película que no está puesta. Así que tengo que sacar mis dotes de contorsionista (cero, para quienes no me conozcan) y cambiar el disco. Teniendo en cuenta que el aparatejo en cuestión va enganchado al reposacabezas y que los cables no da para ponérmelo delante y maniobrarlo a gusto, tengo que retorcerme hacia atrás y siempre acabo mareada. Aunque, ahora que lo pienso, la próxima vez conduzco yo y que se las apañe el Tripadre para cambiar el DVD :-).

  2. De momento, el Peque no opina, pero los otros dos mayores tienen mucho que decir. Por lo general, uno quiere ver justo lo que no quiere ver el otro y viceversa. Es un bucle infinito que creo que podría durar hasta llegar a nuestro destino.

  3. El sonido. Siempre parece estar bajo, aunque a mí me vaya retumbando en los oídos. Será que yo tengo el aparatejo justo detrás de la nuca y ellos no.

PROS:

  1. Las pelis de los viajes son las únicas que mis Trastos ven de principio a fin. Porque van abrochados a la silla, ya lo sé. Pero no por eso me dan menos ganas de meter las sillas del coche en el salón un sábado a eso de las ocho de la mañana.

  2. Entre que no pueden levantarse y el chacachá del coche, a veces, se dice, se comenta, se rumorea… que se quedan dormidos. Nunca más de media hora, que nadie se lleve a engaño.

  3. Una vez solucionado el tema de qué ver y llegados a un consenso (de nuevo me viene a la mente el rey Salomón), parece que, tras 10 minutos de recursos (que ya me río yo del Tribunal Superior de Justicia), los Trastos están dispuestos a ver la película elegida hasta el final… o hasta que se duerma el que se ha salido con la suya, circunstancia que aprovechará el otro para pedir un cambio de película (véase el contra 1).

El caso es que, aún no sé cómo, entre Dora y Lorax, conseguimos llegar a nuestro destino. Además, desde que empecé a coger el coche sola, me he dado cuenta de que, para que no me desconcentren (aún estoy verde en esto de la conducción), me vienen genial. Y como el Mayor ya ha aprendido a encenderlo él solo, ya casi ni tengo que molestarme en cambiar el disco. Espero que los DVDs portátiles no se rompan nunca porque el día que eso pase, me veo corriendo a la tienda a por otro con la misma prisa que si de la lavadora se tratara.

Por cierto, estoy segura de que, si esto lo escribiera el Tripadre, la historia cambiaría bastante… se siente, la que escribe es moi ;-).

18Abr/13

… de conducir yo sola

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Si me leéis con cierta asiduidad, sabréis mi batalla personal contra el coche. Hace un par de meses, era pensar en sentarme (ojo, que no conducir) delante de un volante y ya estaba nerviosita perdida. Temblores, escalofríos, rigidez, sudores fríos, nervios, pánico… vamos, lo que se conoce como amaxofobia.

En Navidad me dije: “de este año no pasa”. Con tres trastos a cuestas el coche se hace indispensable y el tener que depender siempre de alguien cada vez me gustaba menos. Bien, localizado el problema, ¿dónde podrían ayudarme a superarlo? Pues en la autoescuela. Y ahí que me fui. Y ahí empecé mi camino al volante. Varias semanas después, este pasado fin de semana, por fin, me senté a conducir mi coche. Y no sólo eso, no. Es que lo arranqué. Y lo moví. Y conduje. Y lo aparqué. Y no se me caló. Y no me puse nerviosa. Me di una vuelta, fui a un centro comercial, volví. Y todo fue bien. Ningún golpe, ningún rasguño, ninguna abolladura.

Tampoco os creáis que me lié la manta a la cabeza y me fui en plan aventura, no. Me fui con mis tíos y mi prima a la hora de la siesta mientras el Tripadre se quedaba en casa con los Trastos. Pero algo es algo y volví súper contenta.

Ahora sólo me falta practicar y practicar y practicar. Ayer lo volví a coger con mis padres. Se me caló una vez y me pitaron (uno al que se le estaba quemando la casa, supongo, porque lo arranqué inmediatamente y seguí para adelante). Y por la tarde, me fui con mis trastos a celebrar el cumpleaños de mi cuñado, que vive cerca de casa, no os voy a engañar. Pero nos fuimos en coche mis trastos y yo. Y lo traje de vuelta. Con mis Trastos también. Y era de noche. ¿Y mis nervios? No sé, creo que los tiré por la ventana en alguna de las clases prácticas ;-).

CONTRAS:

  1. Aunque por fin conduzco, aún estoy verde. Sigo yendo bastante pendiente del cambio de marcha.

  2. No he salido a la autovía porque me da reparo ir tan rápido. Pero sé que tengo que hacerlo. Si no, nada de esto tendría sentido.

  3. Me temo que voy a tener que ir a comprar muchas veces sola. A ver ahora qué me invento para hacer que el Tripadre me acompañe, con la alergia que le dan las compras…

PROS:

  1. Me siento súper poderosa, capaz de cualquier cosa. Es una sensación genial.

  2. He vencido un miedo que arrastraba desde hacía años y que me ha hecho sentir bastante inútil.

  3. Soy el ejemplo perfecto de que todo es cuestión de proponérselo y practicar hasta que salga. Que vayan aprendiendo mis hijos. No admito excusas.

¿Sabéis eso de que, cuando una persona se acaba de sacar el carné de conducir, se autoconvierte en el chófer de todo el mundo? Pues así estoy yo desde hace unos días. ¿Dónde queréis que os lleve? 😉

03Abr/13

… de volver a la autoescuela

Coche.

Si os pasáis de vez en cuando por aquí, mi casa 2.0, sabréis que he vuelto a la autoescuela. A dar clases prácticas más bien, para quitarme este miedo que me paralizaba al volante y coger confianza conduciendo. Llevo, con hoy, 8 clases. La última ha sido hace un rato. La anterior, antes de las vacaciones de Semana Santa.

Antes de las vacaciones, yo me veía feliz y contenta yendo a recoger a los Trastos al colegio. Había adquirido cierta confianza que crecía día a día. Pensé en llegar a 10 clases y dejarlo. También pensé en coger mi propio coche estos días de fiesta para practicar y ver qué tal se me daba sin mi profesor al lado. Sin embargo, por unas o por otras, no ha podido ser. No hemos podido dejar a los tres Trastos con nadie y yo, para practicar, paso de llevármelos en el coche. Me parece irresponsable cuando menos. Además, después de volver de Teruel, la casa se ha llenado de visitas y tampoco me parecía bien dejarles a ellas a los niños para irnos el Tripadre y yo a dar vueltas con el coche.

En cualquier caso, éstas son los contras y pros con los que me he encontrado al volver a la autoescuela. ¿Preparados? ¿Listos? ¡Empezamos!

CONTRAS:

  1. Tras años de insistirle al Tripadre para que no corra, resulta que ahora a mí me cuesta coger velocidad. En ciudad, muy bien, pero en autovía está fatal. Tengo que correr más, tengo que correr más…

  2. El juego de pedales se me sigue atravesando. En la última clase, no se me caló el coche ninguna vez. Hoy se me ha calado 3 veces… al menos no han sido seguidas y he sido capaz de seguir.

  3. Cuando en una calle estrecha me encuentro con un autobús que viene hacía mí por el carril de al lado, es para verme y mearse de risa. Me encojo de hombros y empiezo a decir: “ay, ay, ay…” hasta que ha pasado. Mi profesor se parte conmigo.

  4. Entre los nervios y ponerme delante de un volante, toda mi concentración está puesta en la carretera. Lo que implica que digo y hago preguntas personales que, en situaciones normales, no haría. Estoy convencida de que mi profe piensa que soy una cotilla bocazas, qué paciencia tiene el pobre conmigo…

  5. Confundo derecha e izquierda. Más de una vez me dice que gire a la derecha y yo, no sé por qué, veo la calle a la izquierda y ahí que me lanzo. Mañana me voy al cole con mis hijos, a ver si me enseñan la diferencia entre un lado y otro.

  6. Me he dado cuenta de que no sé orientarme en coche. Ya puedo estar al lado de casa que, si no veo el parque, podría bajarme ahí mismo y tardar tres horas en saber por dónde ir.

PROS:

  1. Soy capaz de arrancar en una cuesta. ¡Bravo por mí! Si me asustaba que se me calara el coche y no fuera capaz de arrancarlo, ya ni os cuento si esto me pasa en una cuesta.

  2. El aparcamiento en línea lo tengo controlado. Me sale increíblemente bien, de verdad…

  3. Como no conduzco para sacarme el carné (os recuerdo que lo tengo nuevecito desde hace unos 12 años), mi profesor me dice cosas que normalmente no se dicen a quien tiene que examinarse. De la misma manera, probamos a hacer cosas con el coche para que yo coja confianza, como entrar en una rotonda en tercera ;-).

  4. Estoy decidida a que el coche no va a poder conmigo. Mis hijos lo ven como una competición entre el coche y yo, y no pienso perder antes un cacharro por mucho volante que tenga.

  5. Si abandono, doy pie a mis hijos a que vean que no pueden hacer determinadas cosas que se propongan. Y eso sí que no. Hay que enfrentarse a los miedos, cada uno el suyo, coger el toro por los cuernos, como suele decirse, plantarle cara y quitarse el miedo. Quiero que vean que miedo tenemos todos, pero lo importante no es asustarse, sino saber sobreponerse y seguir hacia delante.

Resumiendo, no sé cuántas clases más daré. Tampoco sé cuándo podré probar mi coche. Ahora mismo estoy un poco derrotada y tampoco me veo yendo a recoger a los Trastos al cole. Lo mismo dentro de dos clases más vuelvo a coger confianza, puedo practicar con mi coche el fin de semana y en 10 días me veis conduciendo por ahí… Lo que sí tengo claro es que no pienso rendirme. Como siempre les digo a mis hijos cuando algo no les sale, la clave es practicar. Así que mañana más ;-).

15Mar/13

… de la amaxofobia

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ACLARACIÓN: esta entrada está basada en hechos reales. Cualquier parecido con la ficción es pura casualidad. Por favor, que no se ría nadie… más de lo necesario.

Me tapo los ojos y digo con voz clara: soy amaxofóbica. Esto es, sufro de amaxofobia. ¿Y esto qué es? Seguro que muchos no la habéis oído en la vida. ¿Y si os digo que es, simple y llanamente, miedo a conducir? Ahora sí, ¿verdad? Pues eso. Que es ponerme delante de un volante, qué digo ponerme, imaginarme, y las piernas empiezan a temblarme, sudores fríos y escalofríos recorren mi cuerpo. Ansiedad al máximo.

Ahora que lo habéis entendido, pensaréis que no tengo carné de conducir porque, claro, teniendo en cuenta todo esto, es imposible que haya podido hacer el examen práctico. Pues bien, sí que lo tengo. Nuevecito. Nuevecito éste y nuevecito el que tuve que renovar. Qué poema el psicopráctico que tuve que hacer para la renovación.

– ¿Cuántos kilómetros se hace usted al año?

– ¿Yo? Uy, muy muy pocos. Ahora mismo no le sabría decir…

– ¿Por carretera o poblado?

– De municipio a municipio, básicamente.

– ¿Y no podría darme una cifra?

– Ufff, yo qué sé… ¿Al año? Ponga cien…

Y todo por no reconocer que desde que me saqué el carné no he conducido más de 5 días juntando todas las horas. No fuera a ser que no me renovaran el carné y tuviera que volver a examinarme. No por tener que repetir trámites y pagarlos, que también. No, más bien porque con el pánico que le he cogido al coche me sería imposible volver a hacer el examen práctico.

Alguno habrá que piense que entonces el miedo me viene de algún accidente, más o menos aparatoso, que haya tenido después de sacarme el carné. Pues no. Tampoco. Yo es que a veces soy así de rara. Esto es un círculo vicioso: estás un tiempo sin coger el coche, lo coges y te pones nerviosa porque hace bastante que no lo coges, así que retrasas todavía más la siguiente vez que te sientas a conducir y, cuando lo haces, estás más nerviosa que la última vez. Así que llega un día en que te das cuenta de que te es físicamente imposible conducir porque eres una estatua temblorosa al volante. Eres un peligro andante… andante si es que consigues que el coche se mueva, claro. Si a esto se le añade que la última vez que conduje se me caló el coche unas 20 veces (y os aseguro que no exagero) en un cruce, con esos pitidos maravillosos de otros conductores animándome, pues ya tenemos el pánico asegurado.

Por si esto no fuera suficiente, quiero recordaros que, con el paso de los años, las personas a mi cargo han ido aumentando y el hecho de tener que llevar a tres niños en el coche tampoco me ayudaba a calmar los nervios.

Así que en este 2013 me he marcado unos propósitos de año nuevo muy concretos. Y muy realistas, creo. Uno de ellos era volver a conducir. Así que tras la vuelta de los mayores al colegio, ni corta ni perezosa me puse a buscar una buena autoescuela como quien busca su primer piso.

– Así que hace mucho que no conduce…

– Sí, así es.

– Entonces quiere clases de reciclaje.

– No. Bueno, eso también, para refrescarme la memoria y volver a coger hábito con las marchas, que buena falta me hace… Pero lo que yo buscaba era más bien clases dirigidas a quitarme el miedo a conducir. Lo del reciclaje vendrá después, ¿no le parece?

– Pero usted tiene miedo porque hace mucho que no conduce…

– Más bien no conduzco porque tengo miedo…

– … entonces necesita clases de reciclaje.

– Ya… bueno, vale… deme precios y el número de teléfono. Ya les llamaré si me decido…

– Muy bien, aquí le apunto el coste de las clases de reciclaje, IVA incluido.

– Grrrr…

Esta conversación se repitió en varias ocasiones. A ver, chicos de autoescuela. Que no es lo mismo clases de reciclaje que clases especiales para quitar el miedo a conducir. Al final di con una que tenía un gabinete de amaxofobia. ¿Y esto qué es? Porque dicho así queda muy de alto copete… Pues bien, consiste en que das una primera clase práctica de evaluación para ver hasta dónde llegas (si eres capaz de arrancar el coche, moverlo, etc.) porque en esto, como en tantas otras cosas, hay grados, amaxofobias leves y otras más profundas. Además, hay un profesor que habla contigo para ver exactamente a qué tienes miedo. Si lo consideran, te pasan a hablar con un psicólogo (yo esto me lo ahorré porque mi miedo no provenía de un accidente y yo sabía exactamente a qué le tenía miedo, tenía las situaciones muy claras en mi cabeza). Después das clases prácticas con otro profesor dirigidas a controlar esas situaciones en las que te sientes insegura para que adquieras seguridad al volante y dejes los nervios a un lado… o los tires por la ventana, directamente.

Yo ya llevo 5 clases prácticas. Soy capaz de arrancarlo y conducir. Tenía pánico a que se me calara el coche. Ahora se me cala y ya ni me pongo nerviosa. Me queda coger soltura con el cambio de marcha. Y coger velocidad, que en autovía me cuesta llegar a los 120 km/h casi tanto como conseguir que los mayores vean una peli de principio a fin. De momento, no he conducido sola, pero sé que ese día está cerca. Ya os avisaré para que no salgáis a la calle. De mis peripecias al volante, os hablo otro día.

CONTRAS:

  1. La dependencia. Siempre que es necesario ir a un sitio, aunque yo tenga tiempo para ir, siempre tengo que llamar a alguien para que me lleve. Y, por supuesto, acomodarme a los horarios en que esa persona pueda acercarme al sitio en cuestión. Si se trata del Tripadre, la cosa queda en casa. Pero si tengo que recurrir a abuelos o tíos, me angustio.

  2. Veo el coche en la puerta, sé que tengo carné y que, en teoría, puedo conducirlo. Pero en la práctica me cuesta horrores darle al contacto. Sensación de ser inútil total.

PROS:

  1. Nunca voy sola a ningún sitio. Ni al médico ni a comprar un regalo.

Por cierto, después de la primera clase, les dije a mis hijos que esa mañana mamá había cogido el coche. El Mediano se levantó, miró por la ventana y dijo: “¿Y dónde lo has puesto, mamá?”. Pa’ comérselo.