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26Feb/13

… del chupete

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Basándome sólo y exclusivamente en mi experiencia personal, puedo concluir que 1 de cada 3 niños prefieren el chupete. Por tanto, 2 de cada 3 pasan del artefacto en cuestión sin que los padres tengan que hacer absolutamente nada.

Con el Mayor fue cuestión de supervivencia, de la que suscribe, se entiende. Aquella primera noche en el hospital, primeriza, con aquella personita que dependía de mí, con la episotomía y sus 15 puntos; aquella noche, con el padre de la criatura durmiendo a pierna suelta al lado, que no se despertaba ni llamándole ni tirándole la almohada (y conste que le tiré las dos que tenía en mi cama); aquella noche, como decía, mi bebé no paraba de llorar. Con todo esto, por favor, que no se le olvide a nadie, tuve que levantarme y llamar a una enfermera. Lo que me dolió en el alma y en mis puntos llegar al suelo y al intercomunicador (que, por cierto, estaba en frente de la cama y no al lado, como hubiera sido de esperar), eso no lo sabe nadie. Cuando llegó la enfermera, lo primero que hizo fue mirar al padre durmiendo tan tranquilo y luego a mí. Unos segundos de silencio. “No para de llorar y no sé qué más hacer, acabo de darle el pecho”, fue lo que conseguí decir en un intento de apartar sus ojos del Marido. Ella, muy hábil, le sacó los gases y el angelito pareció descansar… hasta que la enfermera salió de la habitación. Algunos gases, chupadas de teta, cambio de pañal e incluso un mini mini biberón (por si tenía hambre porque a mí aún no me había subido la leche); me decidí. Por mi cuenta y riesgo saqué el chupete que no tenía pensado usar, al menos tan pronto, y se lo puse. A partir de ahí, mano de santo… Lo tuvo hasta los tres años y medio que se lo dio a los Reyes Magos, quienes le dejaron un regalo muy especial en compensación.

Con el Mediano fue totalmente distinto. Recién nacido lloraba mucho, muchísimo, cada 15 minutos más o menos. La mala suerte quiso que mi hijo tuviera piel atópica y que el pediatra diera palos de ciego y no detectara el problema (que si serían cólicos, que si sería el detergente, que si sería la crema hidratante, que si sería el jabón, que si sería la leche materna, que si, que si…). Al final, decidimos llevarle al dermatólogo motu proprio y aquella noche mi bebé se despertó sólo una vez para comer. El caso es que tanto lloraba que hice de todo para que cogiera el chupete, a ver si aquello le tranquilizaba un poco. Bueno, pues por mucho que yo me empeñase, el nene no querer tete. Y así sigue con sus 3 años y poco.

El Pequeño no ha llorado en exceso. Pero se solía quedar dormido a la teta. Esto a mí me encantaba, pero habiendo ya dos Trastos sueltos por la casa, no podía dormirle siempre así. Así que, de nuevo, recurrí al chupete. Con él no insistí tanto, después de la experiencia del Mediano. Pero tampoco hubo tu tía. Acaba de cumplir 10 meses y del chupete sólo queda el recuerdo de alguna foto, tampoco le he ha dado por chuparse el dedo ni nada parecido, igual que al Mediano.

Repito, basándome sólo y exclusivamente en mi experiencia personal y tomando como muestra a mis tres hijos, estos son, para mí, los contras y pros del chupete. Comenzamos.

CONTRAS:

  1. Mantenerlo limpio y esterilizado, al menos los primeros meses, es un rollo patatero. El chupete siempre acaba en el suelo o lleno de pelillos de la ropa (sobre todo si es invierno, por los jerséis). Las cajitas para guardarlos tampoco los protegen de las pelusillas. Me consta que ahora hay limpiachupetes que se pueden llevar en el bolso. Yo no los he probado.

  2. La mayoría de los broches para chupetes no se agarran bien o no tienen fuerza para aguantar un tirón sin caerse. Lo que nos lleva de nuevo al contra número 1.

  3. Si el bebé está acostumbrado a dormirse con el chupete y éste se te olvida, estás perdida. Te va a costar dormirle lo que no está escrito.

  4. Si se duerme con el chupete y en mitad de la noche se despierta y, horror, no lo encuentra, te va a tocar levantarte para dárselo al pobre. Yo esto lo apañé con un truquito que se ocurrió y me di un estupendo resultado. Harta ya de los despertares nocturnos exclusivamente debidos a la pérdida del chupete, decidí coger sólo la cadenita de los broches que no usaba y cosérsela al pijama o al saquito, según la época del año. Obviamente, a la distancia justa para que el susodicho le llegara a la boca pero que no hubiera peligro de que se le enrollara al cuello, no fuera a ser peor el remedio que la enfermedad. De esta manera, cuando se le caía el chupete, el niño sólo tenía que coger la cadenita, seguirla con la mano hasta dar con el chupete y ponérselo en la boca para seguir durmiendo plácidamente sin despertar a su madre.

  5. El momento de retirarlo es un hito. Depende de cada familia y hay tantas maneras de hacerlo como niños y madres hay. Nosotros nos amparamos en los Reyes Magos. Se lo fuimos dejando caer durante todas las Navidades y, al final, el Mayor decidió dárselo a sus Majestades de Oriente a cambio de un regalito especial. También conozco casos en los que el viejo chupete ha sido regalado a un primo que acaba de nacer y ha funcionado. Lo más importante es que los padres estén concienciados de que puede ser duro y de que el niño también esté decido, al menos al principio. En el caso de mi hijo, lo reclamó al irse a dormir un par de noches, le recordamos que se lo había dado él a los Reyes y ahí quedó la cosa, sin historias nocturnas. La siesta no sufrió la misma suerte y, sin chupete, tampoco hubo siesta. Supongo que también se la llevaron los Reyes…

  6. Sin chupete, pueden aficionarse a otra cosa, como la teta de mamá, la manga del pijama (si es invierno) o el dedo. Cuidado con éste último, los pediatras avisan de que puede deformar el paladar.

PROS:

  1. Les relaja un montón. Quien diga lo contrario no ha sido martilleada durante horas por los llantos de un bebé desconsolado en plena noche.

  2. Cuando les salen los dientes, el chupete se convierte también en un mordedor que los niños tienen muy a mano.

  3. Es una alternativa para aquellos niños que se meten el dedo en la boca. El chupete al final se lo acabas quitando, de una forma u otra. Pero el dedo no.

  4. Es un salvavidas perfecto (siempre que no se te olvide llevarlo contigo, punto 3 de los contras). Quien haya estado comiendo en un restaurante o de compras con el bebé dando berridos, le haya dado el chupete y se haya callado y quedado tranquilito un rato sabe de lo que hablo.

Hay quien compara el chupete con una adicción. También hay quien te dirá que el bebé tiene vicio con la teta porque se pasa el día comiendo. Cuando sea más mayor, se obsesionará con los dibujos de turno. Seguro que tú, persona adulta de pies a cabeza, también tienes algún vicio. Si no quieres darle el chupete, dependerá de ti y de tu paciencia. Si el bebé no lo quiere, no lo querrá por mucho que tú te empeñes. Conclusión: de ti y de tu hijo depende elegir si el chupete sí o no.