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16Jun/14

… de hacer una tarta camiseta sin fondant

Tarta camiseta sin fondant

La semana pasada el Mayor cumplió 7 años. Como era de esperar, quiso una tarta con forma de camiseta del Real Madrid, más o menos como la del año pasado, con la novedad de que este año la quería en color azul (la segunda equipación del equipo) y, en vez de Cristiano Ronaldo, quería que apareciera el nombre de Bale, otro jugador merengue.

Pensé en repetir todos los pasos de la tarta camiseta de su último cumpleaños. Salvo que esta vez, como habían abierto una tienda de repostería cerca de casa, no hice el habitual pedido en alguna tienda online. En vez de eso, me fui tres días antes del cumpleaños a la tienda dispuesta a comprar el fondant en persona.

Pero siempre tiene que pasar algo. Esta vez fue que la tienda, que no creo que llevara abierta más de seis meses, había cerrado. Una pena que hoy en día los negocios duren tan poco. El caso es que ahí estaba yo, delante de un cartel de cerrado, sin fondant, a tres días del cumple del Mayor y sin tiempo para hacer un pedido online que llegara a tiempo. Literalmente, se me cayó el alma a los pies.

Tardé como un cuarto de hora en pensar con claridad. A ver, que el mundo de las tartas no se acaba porque no haya fondant y que afortunadamente una tarta con forma de camiseta es relativamente fácil de cubrir (la tarta rana o la tarta pato hubieran sido más complicadas sin fondant).

Opciones para cubrir la tarta que se me ocurrían: ganaché de chocolate blanco, cobertura de queso, merengue e, incluso, nata montada. Obviamente, opciones todas ellas blancas que permitieran usar el colorante azul. Cogí aire, monté al Peque en el coche y puse dirección al supermercado dispuesta a comprar un montón de chocolate blanco y de nata montada. Ya vería en casa por cuál opción me decantaba al final.

El caso es que llegué al súper y vi un bote de cobertura de Betty Crocker y me emocioné muchísimo. ¿Por qué? Pues porque aquí servidora no ha ido nunca (no será por ganas) a un taller de repostería creativa (vamos, donde te enseñan técnicas como decoración de tartas y cupcakes y demás), pero vídeos sobre el tema ha visto muchísimos y esta marca se repite hasta la saciedad en vídeos de habla inglesa. ¡Estaba tan contenta de tener por fin uno en mis manos! Había dos: chocolate y vainilla. Aunque estuve tentada de traerme ambos a casa, al final se impuso la lógica y me traje uno de vainilla, que era el que me permitiría darle color azul. Era feliz.

Unos días después, con los bizcochos horneados, enfriados y cortados; ya estaba lista para destapar mi cobertura de Betty Crocker. Abrí el bote, lo olí (qué olor más rico), lo probé (vicio, puro vicio, no se puede describir de otra manera) y saqué el colorante.

En un cuenco, eché más o menos la mitad del bote y la teñí. Ponía que la cantidad del bote era suficiente para rellenar y cubrir una tarta de 20 cm, como había decidido rellenar la tarta con sirope de fresa (a falta de mermelada), pensé que con la mitad sería suficiente. Cuando le había dado la primera capa a la tarta, me di cuenta de que iba a necesitar el bote entero. Saqué el resto y volví a teñirlo. Esto fue jugármela, pues tenía que conseguir más o menos el mismo tono de azul que al principio.

Usé todo el bote para cubrir mi tarta. Y rebañé con el dedo lo que quedaba en las paredes. Me consolé pensando en los cumpleaños siempre se hacen excepciones. Me di un par de palmaditas en la espalda y guardé la tarta en la nevera. Recogí la cocina y puse en una bolsita de plástico chocolate blanco que derretí en el microondas. Después le hice un corte en una esquina a la bolsita y así empecé a darle los toques finales a mi tarta camiseta: las listas de las mangas, el escudo del Real Madrid, la marca de Adidas, las letras de las camisetas y el nombre del futbolista en cuestión. Todo a mano alzada.

Y, de vuelta, al frigorífico. A esperar la hora de soplar las velas del cumpleañero. Tan emocionado estaba el Mayor cuando vio su tarta camiseta tal como él la quería y tan poco tiempo tardaron mis hijos y sobrinos en abalanzarse sobre el chocolate blanco y la cobertura azul que la chapucilla que me salió con el escudo pasó bastante inadvertida.

Al final de la entrada encontraréis el vídeo del paso a paso de la tarta (ya veréis que no es nada complicado), que ya está también en el canal de YouTube del blog al que podéis suscribiros si os apetece.

CONTRAS:

  1. Una de las reglas más importantes al hacer una tarta es “mejor que sobre que no que falte”. Debí comprar dos botes de cobertura. Uno me llegó para cubrir mi tarta, pero a poco no me llega. Si hubiera optado por rellenarla también con esa cobertura, seguro que me hubiera visto bastante apurada, teniendo que salir a comprar otro bote para terminar de cubrirla.

  2. Otra de las cosas que debí hacer fue teñir toda la cobertura de una vez. Así se evita el tener que buscar luego el mismo tono del color elegido. Y, si hubiera sobrado, siempre se puede utilizar en cubrir cupcakes con la misma cobertura, a juego con el color de la tarta.

  3. Al hacer los detalles a mano alzada, en vez de con rotulador como la otra vez, me salieron algo chapucilla. ¿Qué tenía que haber hecho? Pues, por ejemplo, imprimir o dibujar en un papel el logo, escudo o lo que fuera, poner encima papel vegetal del que usamos para el horno y seguir el trazado. Después, se mete en la nevera o congelador y, en el momento de servir la tarta, se saca, se desprende con cuidado del papel y se decora la tarta. Así, si sale mal, se puede repetir las veces que sea necesario.

PROS:

  1. Encontrar y usar el bote de cobertura de Betty Crocker. Me hizo mucha ilusión.

  2. Ser capaz de salir del bache. Cuando algo no sale según lo que hemos planeado, siempre hay otras formas. No hay que dejarse avasallar por las circunstancias. Siempre hay otra opción.

  3. Como siempre, ver la cara del Mayor cuando saqué la tarta. Nunca les dejo verla antes del momento de soplar las velas 😉

  4. La satisfacción de haber podido organizarme y llevar a cabo todo el proceso con el Peque pululando por la casa a todas horas. Este año, hornear y decorar la tarta ha sido, con diferencia, mucho más difícil que otras veces porque el Peque está reclamando mi atención a todas horas.

Y, ahora sí, os dejo con el vídeo. ¿Os animaréis a hacerla? 😉