Tag Archives: bebé

15Ene/16

… de amamantar a tu bebé en el Congreso

Bebe en el Congreso

No tenía muy claro si publicar o no esta entrada en el blog porque no es el tipo de temas que suelo tratar aquí. Pero he sentido que tenía algo que decir y he querido compartirlo contigo. No sé si estarás de acuerdo o no, podemos hablarlo en los comentarios siempre que impere el respeto. Esta entrada surge a raíz de que la diputada Carolina Bescansa amamantó el pasado miércoles 13 de enero a su bebé en el Congreso de los Diputados.

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30Abr/14

… de la nueva cara del blog (y sorteo)

La tienda de dibus. Laura Minimalia

La tienda de dibus. Laura Minimalia

Para leer esta entrada no puedes hacerlo desde el móvil. Bueno, vale, sí que puedes, pero no podrás apreciar la nueva imagen que tiene el blog. Más de un año hace ya que abrí esta bitácora y pocos han sido los cambios que he ido realizando. Quizás el más importante para mí fue cambiar el dominio (que no el alojamiento). Y así pasó de ser contrasypros.wordpress.com a contrasypros.com.

Cuando lo abrí, una de las cosas más importantes (después del título y la forma del blog, ya sabes, los pros y los contras 😉 ) fue elegir una imagen que reflejara todo esto. No quería una imagen sacada de Internet y las páginas que hacen avatares no me convencían. Así que cogí mi cámara y fotografié tres pañales de la talla 3 (por mi tres hijos), un coche (por aquello de que todos son niños) y un bolígrafo (por referencia al blog). La plantilla que elegí fue un poco al azar, la cogí y era amarronada. Tenía un dibujito en la parte superior derecha que nunca llegó a verse en mi blog porque la tapaba la imagen de la cabecera.

Bolsa de tela de Laura Minimalia (La tienda de dibus)

Bolsa de tela de Laura Minimalia (La tienda de dibus)

Le he cogido cariño a mi foto de los pañales, pero quería darle a todo un nuevo aire. Al blog y a mi avatar. Contacté con varios ilustradores y, aunque todos ellos me contestaron, al final opté por Laura de La tienda de dibus. Qué queréis que os diga… fue pasarme por su blog y ver sus trabajos y quedé encandilada. Aunque me gustan todos, la chica del chubasquero amarillo es mi preferida. Pero es que también me gustan esos dibus adorables pensados para los más peques de la casa. Pero es que, una vez que empezamos a hablar, me di cuenta de lo maravillosa que es Laura, siempre pendiente de los detalles. Ya lo he dicho alguna vez, pero lo repito: una de las mejores cosas que me aporta este blog es poder conocer a gente fantástica que, de otra manera, no habría conocido. Es lo que me ha ocurrido con Laura. Además, no hace sólo láminas, ¿qué os parece esta bolsa de tela? Aunque si queréis ver más, sólo tenéis que pasaros por su web o por aquí.

Dicho y hecho, a los pocos días ya estaba Laura pensando en qué imagen podría venirle bien al blog y a mí misma. Esta chica ha sabido captar la esencia de lo que intento transmitir cada día a través de mi pequeña ventana al mundo. Ha dibujado una nube que representa los contras y un sol para los pros. Papá³ me dijo que entonces la nube debería estar triste y no sonriendo, pero se equivocaba. Los contras que aquí cuento no son insalvables, son sobre todo aspectos a tener en cuenta. Por eso la nube está contenta. Este conjunto refleja esa visión realista que también quiero transmitir de la maternidad con la frase de la cabecera “la vida no es de color de rosa (…)”. Pero, ¿por qué quedarnos sólo con el rosa si también el amarillo, el morado, el verde, el naranja… le dan color a la vida? A mí siempre me han encantado los arcoíris. Por eso el fondo es tan colorido.

Por eso digo que Laura ha sabido captar todo el blog con su dibujo. Seguro que os gusta su trabajo, hay quien ya me lo ha dicho por las redes sociales. Y, para disfrutéis de sus dibus tanto como yo, vamos a sortear una de sus láminas. Hay tres a elegir (para niña, para niño y para bebé), así que la ganadora podrá llevarse a casa la lámina de la niña, la del niño o la del bebé. Laura está empezando en su trabajo, así que le vendría muy bien un “me gusta” en su página de Facebook. Te cuento los detalles a continuación.

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CONTRAS:

  1. Para participar, es necesario que dejéis vuestro nombre y un email, pues éste será el medio para contactar con la ganadora. Una vez que ésta reciba su lámina, los datos de las participantes (incluido quien gane) serán enviados a la papelera.

  2. El sorteo tiene validez desde hoy 30 de abril, día en el que sale publicada esta entrada, a las 12:00 h hasta el próximo martes día 6 de mayo a las 12:00 h (hora española). Una semana, así que no lo dejéis para luego y participad cuanto antes.

  3. La lámina se enviará dentro del territorio español. Si vives fuera y quieres participar, puedes hacerlo, pero asegúrate de que dispones de una dirección postal válida en España donde te recojan el premio y, sobre todo, ¡no se lo queden! 😉

  4. Habrá una sola ganadora (o ganador, pero nosotras siempre somos mayoría en estos sorteos, jejeje…) que anunciaré a través de Facebook y del blog el miércoles día 7, un día después de la finalización del sorteo. Aunque yo misma le enviaré un email para darle la buena noticia. Desde ese momento, dispone de 7 días para contestarme y reclamar su premio. Si no, el sorteo se realizaría de nuevo para obtener otra ganadora. El procedimiento a seguir sería el mismo.

  5. Una vez que la ganadora reclame su premio, le pediremos su dirección postal (recordad, dentro del territorio español) para enviarle la lámina, que tardará en llegarle entre una y dos semanas.

PROS:

  1. Las láminas son personalizables. Podéis poner el nombre que queráis en ellas (o dejarlas tal cual). Además, en la lámina del bebé podéis incluir también la fecha de nacimiento.

  2. La lámina se enviará en tamaño A4 (tamaño folio), pero quizás tengáis un marco por casa con otras medidas. Si es inferior al A4, Laura puede ajustar la lámina a esas medidas. Pasaos por su muro de Facebook y decidle qué tamaño os vendría mejor si ganarais. ¿Veis como Laura es una persona fantástica?

  3. ¿Cómo se realiza el sorteo? Quienes ya habéis participado en alguno de mis sorteos seguro que os lo imagináis… Lo haremos a través de Rafflecopter que es una aplicación para sorteos. Viene a ser como Easypromos y, al igual que con esta otra aplicación, sólo tenéis que registraros. Como el requisito es darle un “me gusta” a nuestras dos páginas de Facebook, os recomiendo que accedáis a Rafflecopter a través de vuestro Facebook y a partir de ahí sería igual que instalar Easypromos en Facebook. La aplicación se encarga de realizar el sorteo entre todos aquellos participantes que hayan cumplido con los requisitos.

  4. Al hacerlo a través de Rafflecopter, podéis participar en el sorteo a través del móvil. Esta aplicación no da problemas con Facebook (como sí lo hacen otras). En cualquier caso, si veis que los enlaces no funcionan, me lo decís e intento solucionarlo a la mayor brevedad posible.

Y ahora, id corriendo a darle un “me gusta” a la página de Facebook de La tienda de dibus (cuento con que a la mía ya se lo habéis dado 😉 ) y seguid este enlace para participar desde el ordenador o este otro para hacerlo desde el móvil.

Aunque no es obligatorio para el sorteo, yo personalmente os agradecería que me dejaseis aquí un comentario contándome si participáis o si os ha surgido algún problema y qué lámina de las tres que sorteamos os gusta más. Si tenéis alguna duda sobre algún aspecto del sorteo, dejádmela en los comentarios también y os la intento resolver.

No os entretengo más. Corred que el sorteo sólo durará una semana. Mucha suerte a todas.

25Abr/14

Carta abierta a mi Peque (2 años)

Peque_2 años

Queridísimo Peque:

Esta semana cumples dos años. Dos años que has sabido llenar con tus miradas, tus sonrisas y, de un tiempo a esta parte, también con tu lengua de trapo. Sigues teniendo esa complicidad conmigo de los primeros días, pero empiezas a acercarte más a tus hermanos. Te has convertido en su compañero de juegos. Has sabido ganártelos a base de meterte entre ellos, por bruto que fuera el juego, y compartir sus carcajadas. Me encanta ver cómo os desvivís los unos por los otros.

Ya sabes hacerte entender y defender lo que (crees que) es tuyo. Vas teniendo las ideas muy claras sobre lo que te gusta y lo que no. Y aunque a veces tu cabezonería (o perseverancia, herencia de Papá³, todo sea dicho) me ponga de los nervios, lo cierto es que me encanta ver cómo vas formando tu propia personalidad.

Ahora empiezas a buscar más a Papá³, pero sigues arrimándote a mis faldas buscando cobijo. ¡Y yo estoy tan encantada de dártelo! Me llenas el alma con esos achuchones y besos que sólo me das a mí. Bueno, a mí y a tu peluche favorito. Creo que va a acompañarte muchos años.

Eres extrovertido como el Mayor y te encanta subirte a los sitios como al Mediano. Tienes la luz del universo entero en tus ojos y la bondad te inunda el corazón. De mí has sacado esa sonrisa siempre puesta en la cara y sabes usarla para meterte en el bolsillo a quien tú quieras. ¡Menudo pieza vas a ser!

He visto cómo te caías y levantabas, a veces con ayuda y otras tantas sin ella. He visto cómo volvías a intentarlo siempre. He visto cómo juegas con tus hermanos. He visto cómo dabas tus primeras carreras. He visto cómo empezabas a hablar y a decir medias frases. Te he visto aplaudirte con cada logro. Y, ¿sabes qué? Que sigo teniendo ganas de más. Quiero ver qué persona llegas a ser, ésa en la que ya te estás convirtiendo.

Desde este rinconcito de mi mundo (mundo que llenas con tu sola presencia y al que das sentido junto con tus hermanos), quiero desearte un muy feliz cumpleaños.

Te quiero, Peque.

28Mar/14

… de cruzar un paso de peatones con un carrito de bebé

Paso de peatones

Hoy me pongo un poco seria, me lo vais a permitir, para contar dos hechos que me pasaron cuando el Mayor apenas tenía unos meses. Espero que mi narración sirva para que los peatones vayan con ojo y los conductores, con un poco más de cuidado. Sucedieron al cruzar yo la carretera con el carrito de bebé, con eso que llaman capazo de un trío. Y antes de que nadie me llame insensata o temeraria, quiero aclarar que en ambos casos cruzaba por un paso de peatones.

El primer incidente sucedió mientras cruzaba una calle de doble sentido con dos carriles en cada uno de ellos. Los coches que venían de los dos carriles de mi izquierda se pararon y me cedieron el paso. En el tercer carril, que era el primero de los dos en sentido contrario, paró un coche. Y yo seguí cruzando. Pero me mosqueé porque oía el motor de una moto acercándose. Yo no veía a la moto en cuestión porque los carriles tres y cuatro (los que venían con la circulación a mi derecha) hacían una curva. Tuve a bien reducir mi paso. Entonces vi la moto. Salía de la curva y venía sin frenar hacia el paso de peatones. Supongo que me vio por encima del coche que estaba parado y pensó que le daba tiempo a pasar por el paso de cebra esquivándome. Lo que no vio es que delante de mí yo iba empujando un carro de bebé. Si en ese momento no llego a pararme completamente del todo en el paso de cebra, aquella moto se hubiera llevado por delante el cochecito de bebé con mi hijo dentro.

El segundo incidente ocurrió en una calle de doble sentido también, pero esta vez con un carril para cada sentido. Me disponía a cruzar por un paso de cebra con mi bebé en el carro. Vino un autobús por mi lado izquierdo y paró para cederme el paso. Empecé a cruzar. De nuevo, como en la ocasión anterior, oí un motor de una moto. No venía ningún coche por mi lado derecho y por el izquierdo no podía ver nada con el autobús. Me puse al nivel del carro de mi bebé y empecé a andar lentamente, arrastrándolo en vez de empujándolo. Y menos mal porque en ese momento de detrás del autobús apareció la moto, que supongo que pensaba que el autobús estaba en una parada y no vio que en realidad estaba en un paso de peatones. El motorista se asustó y me pidió disculpas con la mano. Pero más me asusté yo. Si hubiera seguido empujando el carrito, se lo hubiera llevado por delante.

CONTRAS:

  1. Cuando conducimos hay que ir con mil ojos, como dice mi madre. Pero cuando vamos andando por la calle con nuestros hijos hay que tener dos mil ojos y cien oídos. Desde luego, mi oído fue el sentido que me puso sobre aviso de que algo no iba bien en aquellas dos ocasiones.

  2. Desde aquellas veces, aunque esté en un paso de cebra, sola o con los Trastos, no empiezo a cruzarlo hasta estar bien segura de que todos los coches se han parado completamente. Y siempre con el oído en alerta.

PROS:

  1. Llamadlo intuición femenina o sentido común o poder de madre, lo cierto es que aquellos dos días pudieron tener un desenlace muy desafortunado si no llega a ser porque algo en mi interior me dijo que no siguiera cruzando.

  2. Sirvan aquellas dos ocasiones para hacerme desconfiar incluso de un paso de cebra. Y eso que en ellos los peatones tenemos preferencia. Por supuesto, jamás cruzo la calle si voy con niños si no es por un paso de cebra.

Todavía hoy, al recordar ambos incidentes, se pone la piel de gallina y me tiemblan las piernas. Mejor no pensar en cómo estaríamos hoy si hubiera seguido caminando hacia adelante…

23Oct/13

… de convertirse en una zombi

AZ de la maternidad

Venga, me he liado la manta a la cabeza y voy a estrenarme en el AZ de la maternidad con la Z de zombi. Y sí, he incluido en la misma frase las palabras “maternidad” y “zombi”. Habrá algún incrédulo por ahí que piense que esto no es posible. Bueno, veamos los hechos.

Desde el mismo momento en que me quedé embarazada, mi cuerpo empezó a cambiar. Al principio eran cambios tan leves que ni yo misma me daba cuenta. Hasta que llegó la quinta o sexta semana y mi estómago fue el primero en rebelarse. Ese malestar continuo durante todo el día (lo de las náuseas matinales para mí era un cuento chino) era signo inequívoco de lo que se me venía encima. La guinda del pastel fueron los vómitos que aparecieron pocas semanas después y que pasaron de ocasionales con mi primer embarazo a diarios con el tercero. Ese revoltijo estomacal perenne y esa manera de darle los buenos días al wáter (como le gustaba decir al Mayor) fue sólo el principio de mi mutación a zombi.

Lejos de notar el pelo más suave o brillante, lo que yo noté es que se me caía de menos a nada. Lo cual, teniendo en cuenta mi ya abultada melena, creo que no fue acertado. Y la piel, también lejos de adquirir esa luminosidad maravillosa propia del embarazo, se me llenó de granitos especialmente en la cara. Y hablando de la cara, según el embarazo se me llegó a hinchar cual pelota. Y hablando de hinchamientos, se me pusieron al final de todos los embarazos unos pies de hobbit impresionantes.

Obviamente, lo que más se me hinchó fue la tripa, que adquirió vida propia (lo siento, no he podido resistirme al juego de palabras, jeje) y dimensiones propias de una gemelar. No exagero, por el séptimo mes de embarazo, ante las desproporcionadas medidas, hubo quien me dijo que si esperaba gemelos.

Respecto a lo que no se ve, las hormonas dieron bastante juego. Aunque es cierto que estaba más sensible que de costumbre, no me dieron ataques de llanto, todo lo contrario. Yo padecía preocupantes ataques de risa, de esa que no puedes parar (parecidos a la escena de Mary Poppins). Y, por supuesto, el Tripade afirma que mis cambios de humor eran más que palpables y que debía ir con pies de plomo. Aunque yo no recuerdo nada de eso.

Llega el parto y es cuando mi cuerpo, que ya estaba a medio camino de convertirse en zombi total realiza el cambio más impresionante. Contracciones, caderas dilatadas, pujos, placenta… en fin, todas esas… ejem… ¿maravillas? cuyo resultado final es darte a conocer a tu bebé. Quien piense que todo acaba ahí se equivoca. Porque el cuerpo femenino no para de sorprenderme y, después de unos nueve meses creando una vida nueva, ésta nace y el cuerpo de la madre sigue cuidándole a través de la leche materna.

Pero la lactancia es el menos de los cambios de un cuerpo que ya está más cerca del zombi que de la mujer que antes era. En mi caso, la tripa disminuyó, pero no demasiado, adquiriendo dimensiones colganderas espeluznantes. Los pechos hinchados de leche (leche que por cierto se escapa como quiere y origina “graciosas” manchas en la ropa imposibles de evitar con la mirada) hicieron su aparición a lo grande. Porque si estás embarazada y crees que no pueden crecerte más, lo siento, pero lo harán.

Además de estos cambios físicos propios del parto, aparecieron otros debidos en exclusiva al bebé que ahora disfrutaba en tus brazos. El no dormir de corrido hizo que aparecieran “hermosas” ojeras y que perdiera la noción del tiempo, por lo que, como no sabía si era de día o de noche, pasé de peinarte. Lo que también pudo deberse a simples olvidos, como el ducharse. Aunque también pasó que, aunque me acordara de que mi piel llevaba tres días sin rozar el agua y, por muchas ganas que tuviera, lo que no tenía era tiempo.

A base de no dormir y de no saber por qué lloraba mi bebé (que ya había comido, tenía el pañal limpio y acababa de despertarse de una buena siesta), mi humor cambió y ahora sí que era una zombi total. Porque así iba por la casa, cual zombi. Me movía sin pensar. Si a eso le añadimos que salir a la calle era una tremenda aventura, no se me ocurre ninguna otra palabra para definirme en aquella época mejor que “zombi”. Además, a los pocos meses se me empezó a caer todo el pelo que había mantenido su puesto durante el embarazo. Y a los tantos meses empezó a crecerme pelo nuevo. Cómo odiaba aquel flequillo obligado que me salió y que era prácticamente indomable.

Respecto al sueño, también es curioso cómo se me acostumbró el oído a los pequeños ruidos. Estoy convencida de que yo me despertaba segundos antes de que lo hicieran mis bebés y pondría la mano en el fuego por aseguraros de que hasta podía oír cómo se le caía al Mayor el chupete.

CONTRAS:

  1. Los cambios empiezan siendo sutiles y acaban como una explosión. Llega un momento en que nos miramos en el espejo y no nos reconocemos.

  2. La ropa de embarazada y de lactancia no ayuda a cambiar esta percepción de nosotras mismas. Yo odiaba las braguitas de embarazada y los sujetadores de lactancia porque creo que no hay ropa íntima más fea.

  3. Si alguien cree que estos cambios que apreciamos nosotras mismas son muchos, siento decirle que no son nada en comparación con los cambios que vuestra gente más cercana nota en vosotras. Si no me creéis, sólo tenéis que preguntarle a cualquier padre sobre cómo cambió la madre de su hijo durante el embarazo y el post parto. Os sorprenderá cómo varía la versión siendo la del padre la que más cambios cuenta.

PROS:

  1. Aunque yo aquí lo he tratado con humor, la verdad es que es una maravilla como todos estos cambios tienen como único fin preparar el cuerpo y a la futura madre para el cuidado óptimo del bebé.

  2. Al estar tan centradas en nuestro bebé, no nos damos cuenta de cómo nos ha cambiado la cara… a peor… Menos mal porque yo alguna que me miré de soslayo en un espejo no me reconocí.

  3. A pesar de todo esto, merece la pena transformarse en zombi. Todo sea por el bebé tan maravilloso que hemos traído al mundo.

  4. Afortunadamente, nuestro cuerpo vuelve a su ser. Deja atrás el disfraz de zombi y se parece algo más a lo que fue antes del embarazo. Vale, no vuelve a ser el mismo, pero tampoco se parece a un zombi. Todo pasa.

Después de leer esto, ¿vosotras también os habéis sentido identificadas? Menos mal que la época de zombi pasa y que, mientras dura, no nos damos cuenta porque nuestra atención está en el bebé y no en nosotras. Y qué merito el bebé, que nos conoce en nuestra época de zombi y aún así nos quiere con todas sus fuerzas… cómo no va a decir después cuando es un poco más mayor que somos la mejor y más guapa mamá del mundo, si después de quitarnos disfraz de zombi sólo podemos ir a mejor ;-).

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

02May/13

… del cojín de lactancia

Cojin de lactancia

Cuando nació el Mayor, le di el pecho. Para ello, solía ponerme en la cama o el sofá rodeada de cojines. Uno me lo ponía en la espalda, para mantenerla recta, y otros dos iban debajo del brazo que sujetara la cabeza de mi bebé (teta derecha-brazo derecho, teta izquierda-brazo izquierdo, era obvio, ¿verdad?). En casa ya sabía qué cojines debía utilizar, no tenían que ser ni muy blandos, pues entonces no sujetaban nada, ni muy duros, pues no se alineaban bien a mi brazo, la cabeza de mi bebé y el pecho. Y así pasamos los meses que duró su lactancia.

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15Abr/13

Carta abierta a mi bebé

Carta abierta a mi bebé

Queridísimo Peque:

Esta semana hace ya un año que tú y yo dejamos de ser uno para ser cinco. Una familia. Un año de sonrisas y risas, de olor a leche y a purés, de lágrimas y besos y, sobre todo, de mucho amor.

En estos días, hace un año ya que tuviste que nacer para salvarnos a los dos. No era tu momento. Yo aún no estaba preparada. Recuerdo la cena de aquella noche. Recuerdo la bolsa a medio preparar. Recuerdo la sangre y el miedo. No miedo por mí, sino por ti. Aquellos minutos que parecían horas. Aquella carrera al hospital temiéndome lo peor. Y papá pensando que nos perdía a los dos.

Recuerdo las horas separados, sin saber qué habría sido de ti. Sin saber qué iba a ser de mí. La soledad, el frío y el reloj de la pared del fondo. Todo parece un mal sueño. Una pesadilla que volvería a repetir, sin duda, por volver a vivir el momento de tenerte entre mis brazos, al fin.

Te costó nacer, arrancado de mis entrañas. Me costó mantenerme consciente, presa del terror a no saber. No saber si estarías bien, si serías un bebé sano, si sería capaz de cuidarte. Temores que desaparecieron nada más verte, nada más abrazarte, nada más olerte, nada más besarte. Por fin juntos. Todo había salido bien.

Has crecido. Tus dientes ya asoman cuando sonríes. Empiezas a jugar con tus hermanos, dentro de poco serás uno más. Tu curiosidad no deja de asombrarme. Otra vez, miro el mundo con nuevos ojos. Intentas andar pero te caes. Ahí estamos papá y yo para ayudarte a levantarte, y tú listo para intentarlo de nuevo. Así ha de ser. Te miro embobada. Aún no me creo que hayas estado dentro de mí. No me creo que sea la madre de un bebé tan hermoso, tan lleno de vida, tan feliz. Se te alegra el alma cuando me ves aparecer. Tú y yo nos debemos la vida.

Desde aquí, en tu primer año de vida, en nuestro primer año juntos, quiero darte las gracias por estos meses a tu lado. Todo, absolutamente todo, ha merecido la pena. Merece la pena. No me arrepiento de nada. ¿Cómo podría si mirándote me pierdo en tu mirada? ¿Cómo podría si al besarte siento que no hay amor en el mundo más grande ni más puro? ¿Cómo podría si en cada abrazo te doy mi vida?

Feliz, muy feliz cumpleaños, Peque.

02Mar/13

… de la lactancia materna

Me enorgullece decir que mis tres hijos tomaron leche materna. Alguno más que otro. Yo había leído lo beneficioso que es para la madre y para el bebé dar el pecho. Nació el Mayor y en cuanto llegué a la habitación me lo arrimé. Los bebes vienen “programados” para lactar, había leído. Será arrimarle a la teta y empezar a comer, recuerdo haber pensado. Pues no. Los bebés vendrán con lo de chupar de fábrica, pero lo de agarrarse bien al pezón hay que enseñárselo. Y ahí estábamos los tres: madre, padre y enfermera; intentando que mi bebé lactara. Al final, lo conseguimos… éramos tres frente a uno, el pobre tuvo que consentir. Y de ahí en adelante, con alguna grieta en el pezón (solventada con jabón de la abuela, sí, ése que se hace con aceite y sosa caústica, mano de santo, pero de verdad), mi bebé lactó hasta los 6 meses. El Mayor se estableció él solito un horario de comida. Cada cuatro horas, de reloj. Al introducir la alimentación complementaria decidió por su cuenta y riesgo que aquello estaba más rico y que la teta ya le aburría. Se acabó dar el pecho.

Cuando nació el Mediano, yo iba de ya-me-lo-sé-todo. Fue llegar a la habitación y no esperé ni a la enfermera ni nada. Arrimar a mi bebé al pecho y agarrarse fue todo uno. Yo, ilusa, pensaba que sería igual que con el primero. Y mi hijo me dio una lección de humildad. Él no iba a ser como su hermano ni de lejos. Para empezar, lloraba cada 15 o 20 minutos. Qué digo llorar, más bien berreaba. Y yo, cada vez que se ponía así, me lo arrimaba al pecho. De nada servía. Esto ya hubiera sido duro si hubiera estado mi bebé solo, pero es que ya tenía un hermano mayor al que también había que atender. La lactancia fracasó estrepitosamente a pesar de poner todo mi empeño en ella. Confluyeron varias cosas. Por un lado, mi desconsolado bebé que no paraba de llorar (después sabríamos que la razón era su piel atópica). Por otro, un pediatra que daba palos de ciego y no acertaba a decirnos por qué lloraba tanto. Además de esto, mi padre pasó por una enfermedad muy grave (que afortunadamente superó) y pasé por mucho, mucho estrés. La lactancia se resintió y mi hijo pagó el pato. Empezó a tomar el biberón al mes de nacer y, aunque intenté darle lactancia mixta para no perder los beneficios de dar pecho, a los dos meses ya tomaba exclusivamente biberón. Los pechos llenos de leche no eran más que un recuerdo del pasado que mi segundo hijo no conoció. Por supuesto, hubo quien aseveró que yo no producía la leche necesaria porque le arrimaba al pecho demasiado a menudo. Justo lo que necesitaba oír una madre que apenas dormía y que veía como su lactancia estaba destinada al fracaso. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, sé que fue más por culpa del estrés que pasé aquellos meses.

Con el tercero, yo ya estaba en plan a-ver-qué-me-encuentro. Tras dos partos vaginales sin complicaciones, el Pequeño tuvo que venir al mundo con una cesárea de urgencia (“cesárea violenta” en palabras del anestesista y “una de las peores de mi vida profesional” según mi ginecóloga). Perdí mucha sangre y estuve en REA algunas horas. Horas interminables alejada de mi bebé. Pero el bebé tenía que comer con o sin su madre. Así que lo primero que probó mi hijo en este mundo fue un biberón. Una vez más, en cuanto llegué a la habitación, le arrimé al pecho y mi bebé comió. He de decir que chupaba con poca fuerza, se quedaba dormido comiendo y le costó recuperar el peso al nacer (le agradezco en el alma a su pediatra la ayuda que nos dio para mantener la lactancia). Pasado el bache inicial, mi bebé fue un bebé lactante. Lactante a demanda y hasta los 8 meses, cuando él solo decidió que la teta ya la tenía muy vista. De nuevo, hubo quien se aventuró a decir que, como estaba todo el día colgado a la teta, es que tenía hambre y que yo debería darle un biberón para que se hartase más y no comiera tanta teta. A estas alturas, yo, trimadre, tenía dos cosas claras: una era que cada nuevo hijo te convierte en madre primeriza, pues cien hijos tendrás y ninguno será igual. La otra cosa que tenía clara era, tras el fracaso con el Mediano, que iba a mantener la lactancia materna de la manera, tiempo y forma que mi bebé y yo quisiéramos (más él que yo, he de reconocer). Hacer oídos sordos era mi lema de cabecera.

Dicho todo esto y teniendo en cuenta de que la lactancia de mis tres hijos ha sido totalmente distinta en los tres casos, desde mi punto de vista, estos son sus contras y pros.

CONTRAS:

  1. Es cuando el bebé quiera. Da igual si son las tres de la tarde o las cuatro de la mañana, el bebé quiere comer y tienes que sacar la teta. Tampoco importa si estás tranquila en casa, si hay visitas agotadoras o si tienes a uno de sus hermanos trepándote por la espalda mientras que el otro hace saltos mortales desde el sofá.

  2. Es donde el bebé quiera. Cuando tiene hambre, tiene hambre. Y no atiende a razones. Poco importa que estés en un restaurante, en mitad del supermercado o dando un paseo a 5 minutos de casa. Intenta explicarle a tu bebé que es cuestión de 10 minutos, más o menos lo que vais a tardar en llegar a casa y sacarte la teta. Suerte.

  3. Las manchas de leche. En cuanto te sube la leche, los protectores para la leche están a la orden del día. Imprescindibles si quieres mantener la poca dignidad que te queda. Ya vas hecha una piltrafa, con ojeras, despeinada, muerta de sueño y llena de manchas de las regurgitaciones. Lo que te faltaba ya eran unas llamativas y enormes manchas alrededor de tus pezones. Protectores a go-gó.

  4. El sujetador se convierte en parte de tu anatomía. De día, de noche, estés vestida para salir o en pijama. El sujetador es como tus bragas, va siempre contigo. En invierno es más llevadero, pero en verano es horroroso… Y además suelen ser feos (los bonitos cuestan una pasta que yo no me llegué a gastar). Lo que va genial para tu autoestima de madre-piltrafa.

  5. Yo no usé sacaleches (salvo con el Tercero y sólo durante una semana para salvar la lactancia), así que la única que podía darle de comer era yo. Eso significaba que si tenía que ir a algún sitio y dejaba a mis hijos con los abuelos, por ejemplo, tenía que volver rápida y veloz, dejando aquello que estuviera haciendo, para darle de comer al bebé.

  6. Todo lo que comes, lo come tu bebé. De ahí que no bebes alcohol, reduces el café o te pasas al descafeinado y evitas el café, los espárragos, las coles y las medicinas. Cruzas los dedos para no pillar una gripe de aúpa y tener que recurrir a los antibióticos.
  7. Habrá a quien no le pase, pero, en mi caso, cuando estoy dando el pecho, mis tetas son propiedad exclusiva de mi bebé. Así que este contra es más por el padre, pobre… Pues por muchas ganas que tenga, no dejo que mi bebé las comparta, pues no me siento cómoda y mi marido, afortunadamente, lo entiende. No voy a relatar aquí cómo le hicieron chiribitas los ojos al tripadre cuando le comuniqué que el Tercero, tras ocho meses, había dicho adiós a la lactancia…

PROS:

  1. La comida de tu bebé siempre está lista. La cantidad necesaria a la temperatura ideal. No tienes que preparar nada cuando sales de casa. Va siempre contigo.

  2. No tienes que lavar ni esterilizar ni secar nada. Que tiene hambre, teta fuera y ya. No hay que hacer nada más.

  3. Los beneficios inmunológicos de la lactancia están más que demostrados científicamente. Yo no soy, ni de lejos, una experta en la materia, pero no deja de resultarme curioso que el Mediano, el que menos pecho tomó de bebé, sea ahora el más propenso a enfermar y que sus constipados acaben siempre complicándose.

  4. Ese momento íntimo y de conexión entre tu bebé y tú cuando mama es fantástico. Es cierto que también existe con el biberón, pero, al menos yo, me siento más unida a mi bebé cuando se trata del pecho. Es asombroso que un ser humano, una persona, se forme en tu vientre. Y sigue siendo asombroso que, una vez que llega al mundo, tu cuerpo siga haciéndose cargo de él produciendo el alimento exacto que el bebé necesita. Quien diga que no cree en los milagros no ha tenido hijos.

Resultado final: me salen más contras que pros. Cualquiera podría decir que entonces sería mejor no darle el pecho. Pues, bajo mi punto de vista, no. ¿Por qué no? Pues porque para mí los pros tienen más importancia que los contras. He dado tanto el pecho como el biberón, así que tengo las dos experiencias para comparar. Y, si alguien me pregunta, siempre le recomendaré la lactancia materna y exigiré un total respeto y comprensión para aquellas madres que den el biberón a sus bebés.

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Si buscas más información o ayuda sobre la lactancia, no dejes de mirar estos enlaces proporcionados por Mamá sin complejos:

 
 

 

26Feb/13

… del chupete

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Basándome sólo y exclusivamente en mi experiencia personal, puedo concluir que 1 de cada 3 niños prefieren el chupete. Por tanto, 2 de cada 3 pasan del artefacto en cuestión sin que los padres tengan que hacer absolutamente nada.

Con el Mayor fue cuestión de supervivencia, de la que suscribe, se entiende. Aquella primera noche en el hospital, primeriza, con aquella personita que dependía de mí, con la episotomía y sus 15 puntos; aquella noche, con el padre de la criatura durmiendo a pierna suelta al lado, que no se despertaba ni llamándole ni tirándole la almohada (y conste que le tiré las dos que tenía en mi cama); aquella noche, como decía, mi bebé no paraba de llorar. Con todo esto, por favor, que no se le olvide a nadie, tuve que levantarme y llamar a una enfermera. Lo que me dolió en el alma y en mis puntos llegar al suelo y al intercomunicador (que, por cierto, estaba en frente de la cama y no al lado, como hubiera sido de esperar), eso no lo sabe nadie. Cuando llegó la enfermera, lo primero que hizo fue mirar al padre durmiendo tan tranquilo y luego a mí. Unos segundos de silencio. “No para de llorar y no sé qué más hacer, acabo de darle el pecho”, fue lo que conseguí decir en un intento de apartar sus ojos del Marido. Ella, muy hábil, le sacó los gases y el angelito pareció descansar… hasta que la enfermera salió de la habitación. Algunos gases, chupadas de teta, cambio de pañal e incluso un mini mini biberón (por si tenía hambre porque a mí aún no me había subido la leche); me decidí. Por mi cuenta y riesgo saqué el chupete que no tenía pensado usar, al menos tan pronto, y se lo puse. A partir de ahí, mano de santo… Lo tuvo hasta los tres años y medio que se lo dio a los Reyes Magos, quienes le dejaron un regalo muy especial en compensación.

Con el Mediano fue totalmente distinto. Recién nacido lloraba mucho, muchísimo, cada 15 minutos más o menos. La mala suerte quiso que mi hijo tuviera piel atópica y que el pediatra diera palos de ciego y no detectara el problema (que si serían cólicos, que si sería el detergente, que si sería la crema hidratante, que si sería el jabón, que si sería la leche materna, que si, que si…). Al final, decidimos llevarle al dermatólogo motu proprio y aquella noche mi bebé se despertó sólo una vez para comer. El caso es que tanto lloraba que hice de todo para que cogiera el chupete, a ver si aquello le tranquilizaba un poco. Bueno, pues por mucho que yo me empeñase, el nene no querer tete. Y así sigue con sus 3 años y poco.

El Pequeño no ha llorado en exceso. Pero se solía quedar dormido a la teta. Esto a mí me encantaba, pero habiendo ya dos Trastos sueltos por la casa, no podía dormirle siempre así. Así que, de nuevo, recurrí al chupete. Con él no insistí tanto, después de la experiencia del Mediano. Pero tampoco hubo tu tía. Acaba de cumplir 10 meses y del chupete sólo queda el recuerdo de alguna foto, tampoco le he ha dado por chuparse el dedo ni nada parecido, igual que al Mediano.

Repito, basándome sólo y exclusivamente en mi experiencia personal y tomando como muestra a mis tres hijos, estos son, para mí, los contras y pros del chupete. Comenzamos.

CONTRAS:

  1. Mantenerlo limpio y esterilizado, al menos los primeros meses, es un rollo patatero. El chupete siempre acaba en el suelo o lleno de pelillos de la ropa (sobre todo si es invierno, por los jerséis). Las cajitas para guardarlos tampoco los protegen de las pelusillas. Me consta que ahora hay limpiachupetes que se pueden llevar en el bolso. Yo no los he probado.

  2. La mayoría de los broches para chupetes no se agarran bien o no tienen fuerza para aguantar un tirón sin caerse. Lo que nos lleva de nuevo al contra número 1.

  3. Si el bebé está acostumbrado a dormirse con el chupete y éste se te olvida, estás perdida. Te va a costar dormirle lo que no está escrito.

  4. Si se duerme con el chupete y en mitad de la noche se despierta y, horror, no lo encuentra, te va a tocar levantarte para dárselo al pobre. Yo esto lo apañé con un truquito que se ocurrió y me di un estupendo resultado. Harta ya de los despertares nocturnos exclusivamente debidos a la pérdida del chupete, decidí coger sólo la cadenita de los broches que no usaba y cosérsela al pijama o al saquito, según la época del año. Obviamente, a la distancia justa para que el susodicho le llegara a la boca pero que no hubiera peligro de que se le enrollara al cuello, no fuera a ser peor el remedio que la enfermedad. De esta manera, cuando se le caía el chupete, el niño sólo tenía que coger la cadenita, seguirla con la mano hasta dar con el chupete y ponérselo en la boca para seguir durmiendo plácidamente sin despertar a su madre.

  5. El momento de retirarlo es un hito. Depende de cada familia y hay tantas maneras de hacerlo como niños y madres hay. Nosotros nos amparamos en los Reyes Magos. Se lo fuimos dejando caer durante todas las Navidades y, al final, el Mayor decidió dárselo a sus Majestades de Oriente a cambio de un regalito especial. También conozco casos en los que el viejo chupete ha sido regalado a un primo que acaba de nacer y ha funcionado. Lo más importante es que los padres estén concienciados de que puede ser duro y de que el niño también esté decido, al menos al principio. En el caso de mi hijo, lo reclamó al irse a dormir un par de noches, le recordamos que se lo había dado él a los Reyes y ahí quedó la cosa, sin historias nocturnas. La siesta no sufrió la misma suerte y, sin chupete, tampoco hubo siesta. Supongo que también se la llevaron los Reyes…

  6. Sin chupete, pueden aficionarse a otra cosa, como la teta de mamá, la manga del pijama (si es invierno) o el dedo. Cuidado con éste último, los pediatras avisan de que puede deformar el paladar.

PROS:

  1. Les relaja un montón. Quien diga lo contrario no ha sido martilleada durante horas por los llantos de un bebé desconsolado en plena noche.

  2. Cuando les salen los dientes, el chupete se convierte también en un mordedor que los niños tienen muy a mano.

  3. Es una alternativa para aquellos niños que se meten el dedo en la boca. El chupete al final se lo acabas quitando, de una forma u otra. Pero el dedo no.

  4. Es un salvavidas perfecto (siempre que no se te olvide llevarlo contigo, punto 3 de los contras). Quien haya estado comiendo en un restaurante o de compras con el bebé dando berridos, le haya dado el chupete y se haya callado y quedado tranquilito un rato sabe de lo que hablo.

Hay quien compara el chupete con una adicción. También hay quien te dirá que el bebé tiene vicio con la teta porque se pasa el día comiendo. Cuando sea más mayor, se obsesionará con los dibujos de turno. Seguro que tú, persona adulta de pies a cabeza, también tienes algún vicio. Si no quieres darle el chupete, dependerá de ti y de tu paciencia. Si el bebé no lo quiere, no lo querrá por mucho que tú te empeñes. Conclusión: de ti y de tu hijo depende elegir si el chupete sí o no.