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18Sep/13

… del inglés (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Para variar, hoy me estreno con la letra I, de inglés. ¿Inglés has dicho? Sí, he dicho inglés. ¿Que qué tiene que ver eso con la maternidad? Pues nada… o mucho. Según se mire 😉

Veréis, cuando nacen nuestros hijos, los primeros meses son un auténtico caos. Una mezcla entre pañales sucios, lavadoras a porrón, mucho sueño y cantidades abrumadoras de amor. Luego empiezan a crecer y empezamos con los “noes”, los suyos (¿quieres jugar a la pelota? No. ¿Quieres una galleta? No) y los nuestros (no te subas en el sofá, no digas palabrotas, no grites). Ahí empieza la educación de ellos como hijos y la nuestra como padres.

Pero hay otra educación, la académica. Quizás con dos años sea demasiado pronto para pensar en su futuro laboral, pero ya empezamos a pensar en los colegios. Buscamos y rebuscamos uno que se adapte a la educación que tenemos en casa, que respete ciertas cosas, que comparta la mayoría de nuestros valores. Y llegamos a la reunión de principio de curso y nos sueltan aquello de que el inglés es importante (y nos lo ejemplifican con varias muestras bochornosas de nuestra soltura internacional con el idioma). Es más, nos aseguran que la edad ideal para empezar con el idioma extranjero abarca desde los cero años hasta los tres. En ese momento, es cuando visualizamos a nuestros hijos siendo rechazados en futuras entrevistas de trabajo por no hablar el inglés correctamente o con soltura. Sudores fríos recorren nuestra espalda.

Y ahí, justo en ese momento, la educación académica de tu hijo se convierte en otro tema de debate en casa. ¿Dónde hará los deberes? ¿Deberíamos apuntarle a clases de inglés? Si yo sé algo en inglés, ¿debería hablarle en ese idioma? ¿Cuándo aprenden a leer? ¿Tengo que ir pidiendo ya la matrícula para la universidad? Y puedo seguir así hasta el infinito y más allá.

Estoy convencida de que la mayoría de quienes me estáis leyendo os sentasteis a hablar con vuestras parejas sobre cómo ibais a educar a vuestros retoños: no pegarles, no gritar, dormir o no todos juntos… Pero ¿cuántos habéis tenido la conversación sobre la educación académica? He de reconocer que nosotros no la tuvimos hasta que el Mayor empezó el colegio y aún nos dura. Y es un tema para darle de comer a parte.

CONTRAS:

  1. Cuando parece que ya más o menos tienes todos los aspectos de la vida de tu hijo y de la tuya controlados, aparece el colegio con sus asignaturas, fichas y deberes. Tu mundo se vuelve a poner de nuevo patas arribas.

  2. Tras el chino, los idiomas más hablados en el mundo son el inglés y el español. Bueno, uno de ellos lo tenemos dominado. Vamos a por el otro, pues es obvio que el inglés es el idioma que mueve el mundo.

  3. Nunca es tarde para aprender un idioma nuevo. Yo tuve mis primeros escarceos con el francés a los veinte años y mi padre con el inglés a los cincuenta. No os dejéis asustar si os aseguran que vuestro hijo tenía que haber empezado a tocar el inglés antes de ir al colegio.

PROS:

  1. Es cierto que los docentes se ponen muy pesados con esto del inglés. Por mi parte, agradezco el toque de atención.

  2. Aquello de que la letra con sangre entra está obsoleto para mí. Es mucho más eficaz aprender divirtiéndose. Así es como mis hijos han aprendido tanto sobre dinosaurios. ¿Por qué no iba a funcionar igual con el inglés o cualquier otra asignatura? Siguiendo ese camino, nosotros tendemos a ponerles películas en inglés casi todas las semanas. Para ayudarles a aguantar, hacemos un gran cuenco de palomitas. Y a comer. No os engañaré, no aguantan toda la película sentados, pero algo es algo. Su padre y yo nos ponemos con ellos y les llamamos la atención sobre determinadas expresiones (hola, gracias, de nada, buenos días, buen trabajo, los colores, animales…). También funciona con dibujos animados o canciones infantiles en inglés. Y qué decir de las aplicaciones para móviles que hay hoy en día para que empiecen a identificar letras y números.

  3. Si durante el embarazo os sentasteis a hablar sobre el tipo de educación que le ibais a dar a vuestro hijo, qué valores le ibais a inculcar, qué líneas ibais a seguir para lograrlo; entonces creo que no está de más que volváis a tener una conversación sobre qué tipo de educación académica os gustaría para vuestro hijo. Parece una tontería, pero no lo es. Sin daros casi cuenta, el colegio y sus deberes y trabajos va a ocupar gran parte del tiempo de vuestro hijo y, quizás, del vuestro también.

He cogido el inglés como hilo conductor de esta entrada. Si no os gusta, cambiarlo por otra asignatura: lectoescritura, matemáticas, etc. Lo que quería plasmar (espero haberlo logrado) es que la educación académica es parte importante de la pa/maternidad. No debemos dejar esta labor sólo en manos de los profesores, es importante involucrarse en casa tanto como podamos. Nosotros también podemos sentar las bases, junto con el colegio, para que nuestros hijos tengan más herramientas para poder desarrollar en casa lo aprendido en las clases.

Gracias, Faly, por tu idea cuando me faltaba la inspiración.

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.
12Sep/13

… de las cosquillas (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

– Mamá, hazme cosquillas…

– ¿Ahora?

– Sí, ahora…

– ¿Puedes esperar un momento? Estoy terminado de…

– Vengaaa… porfi… hazme cosquillas…

Y ahí estoy yo, con un mico de 6 años haciéndole cosquillas como si no hubiera un mañana. Y se ríe. Y su risa es pura. Es diversión en grado máximo. Puro placer de reír por reír. Él se estira, se retuerce, a ratos no puede respirar. Paro. Coge aire. Creo que le he agotado. Un “mamá, ahora hazme cosquillas por aquí” me deja claro cristalino que tiene ganas de más.

El Peque nos mira y se ríe. Se ríe con ganas. La risa es contagiosa, está claro. Con su lengua de trapo me dice “má, má”, lo que con el pequediccionario en la mano viene a significar que siga cosquilleando a su hermano y que, por supuesto, él también quiere. Alargo la mano que me sobra y le hago cosquillas a él también. Más risas.

Con el rabillo del ojo miro al Mediano. Le veo con los ojos como platos. Con una sonrisa de oreja a oreja. Se acerca cauteloso. El Mayor sigue revolviéndose y dando carcajadas. Espera paciente dos o tres nanosegundos. Después me suelta el “¡ahora a mí, mamá!”.

Cuento a los Trastos… uno… dos… tres… Cuento mis manos… una… y dos… Vaya, esto es un problema… Dejo de cosquillear al Peque y empiezo con el pipiolo de en medio. Ahora las risas suenan más altas, pero igual de puras. Me sorprendo a mí misma riéndome también. Alterno entre mis hijos para dar a basto con todas mis manos. Nos reímos los cuatro. Creo que si alguien pudiera vernos en ese instante por un agujerito, se convencería de que estamos algo chiflados en esta casa. Quizá no le falte razón. Pero aquí nos seguimos riendo.

CONTRAS:

  1. Hacer cosquillas es cansado para quien las hace. Qué dolor de manos se me pone algunas veces.

  2. En ocasiones, los adultos llegamos a la conclusión de que ese momento no es buen momento para hacer cosquillas a los niños. Creo que deberíamos pararnos a sopesarlo un poco más. ¿En serio no hay buenos momentos para hacer cosquillas? Yo estoy empezando a creer que cualquier momento es bueno para sacarle una risa a un niño.

  3. Se forma mucho alboroto. Bueno, para quienes estáis con el reto del rinoceronte naranja, ¿esto no cuenta como grito, verdad? 😉

PROS:

  1. Quien recibe las cosquillas acaba cansado. Y todos sabemos que después de la tempestad viene la calma… ¿Queréis cansar a un niño? ¿Pero de verdad? Hacedle cosquillas. Muchas. Por todo el cuerpo.

  2. La risa es contagiosa. Raro es que empecéis a hacerles cosquillas a vuestros hijos y no acabéis riéndoos vosotros también.

  3. Las cosquillas traen risas, las risas traen felicidad. Si habéis tenido un mal día, hacedles cosquillas a vuestros retoños. A los treinta segundos se os habrán olvidado todas las penas.

  4. Las cosquillas también son un juego. Jugad con vuestros hijos. Todos lo agradeceréis.

¿Que por qué incluyo las cosquillas en el Diccionario de la Maternidad de la A a la Z? Pues porque yo sólo hago cosquillas a mis hijos. El Tripadre no tiene y, además, prefiero no buscárselas ;-). Las cosquillas significan un rato en familia, un rato de juegos, un rato de diversión pura y dura. Las cosquillas implican prestar atención a las demandas de mis hijos, es dedicarles toda mi atención en ese preciso instante, buscar ese recoveco por dónde meter la mano y cosquillearles a gusto.

Y, si os animáis, después de hacerles cosquillas a ellos, que ellos os hagan cosquillas a vosotros. ¿Recordáis la última vez que alguien os hizo cosquillas de verdad y os reísteis a placer? ¿No es un rato genial?

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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05Sep/13

… del sentimiento de Comunidad (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Escribo esta entrada en agosto aún a sabiendas que no verá la luz hasta septiembre. Quizá para entonces la historia se haya olvidado. O quizá haya sentado precedentes. Ojalá.

Por si acaso, pongo en antecedentes: una tienda de ropa invitó a una madre a que saliera de sus instalaciones para darle el pecho a su hijo. Podría decirse que esa es la noticia objetiva o, al menos, neutral. Mucho se ha tecleado sobre el asunto. Pero, por si eres ese alguien que se fue de vacaciones, desconectó y volvió cuando las aguas reanudaron su cauce habitual; te recomiendo que leas lo que al respecto escribieron ¡Mamá qué sabe!, La nave del bebé y La Madre Tigre (aquí y aquí).

Yo he sido madre lactante y también he dado el biberón. Nunca me han echado de ningún sitio por hacer ninguna de las dos cosas. Tampoco por dar potitos o purés a mis hijos. Ahora bien, no sé si he despertado miradas de asco o de felicidad porque, en aquellos momentos, toda mi atención era para mis hijos. También confieso que, antes de ser madre, no me daba asco ni repugnancia ver a una mujer amamantar a su bebé. Lo veía como algo natural. Después de ser madre, ya ni os cuento.

Como ya he dicho en su momento, la lactancia materna me parece la mejor opción para alimentar a un bebé. Sin embargo, entiendo que haya casos en los que se opte por la lactancia artificial. A mí me pasó. Así que respeto cualquiera de las dos opciones mientras el niño esté bien alimentado y tanto él como su madre sean felices haciendo lo que hacen. Y creo que así debería ser. Palabras clave: respeto y tolerancia. Lo importante, para mí, es el bebé. Su derecho a calmar su hambre o su sed debería, bajo mi punto de vista, estar por encima de todo lo demás. Porque, frente a esto, todo lo demás son pamplinas.

Bien, pues ésta es la historia. Pero esta entrada no va de eso. Esta entrada va de que una madre se sintió ofendida y lo denunció públicamente a través de las redes sociales. Y entonces apareció la máxima según la cual “si te metes con una madre, te metes con todas”. Yo no me quedo sólo con la defensa de dar de comer a mi hijo cuando y donde se requiera. Yo también me quedo con que todas las madres (y padres por extensión) formamos parte de una Comunidad (así, con mayúsculas). No estamos solas. No sé a vosotras, pero yo me siento arropada. Sé que si alguien se mete conmigo o con mis hijos y hay otra madre presente, ésta saldrá a la palestra a prestarme su apoyo cuando menos. Y yo creo que, independientemente de si se está a favor de un tipo de lactancia u otra, deberíamos quedarnos con este sentimiento de comunidad maternal.

CONTRAS:

  1. Soy consciente de que muchas veces las personas más críticas con una madre son otras madres. Pero creo que hay que saber levantar la mirada y ver más allá. Es decir, todas vamos en el mismo barco. Podemos defender unas posturas u otras, el diálogo es necesario. Pero sin ofender a nadie, sin juzgar, respetando a la persona que tenemos enfrente.

  2. Siempre habrá quien ponga en tela de juicio nuestra forma de hacer las cosas, nuestra forma de educar o alimentar a nuestros hijos. Pero esto pasa en todas las facetas de la vida. Hay que aprender a no escuchar las críticas que, lejos de ayudarnos, nos obstaculizan el camino que hemos elegido.

PROS:

  1. El sentimiento de comunidad es algo maravilloso. Es como cuando llegas a un sitio y te sientes fuera de lugar. Haces un esfuerzo y entablas conversación con alguien. Entonces, os dais cuenta de que fuisteis al mismo instituto, la misma universidad, vivisteis en el mismo pueblo… y, aunque no os conocíais de antes, en ese momento sientes que hay algo especial que os une.

  2. Esta comunidad maternal no hace que las injusticias acaben. Sin embargo, sientes que hay alguien detrás que puede acudir en tu ayuda si la pides. Suena genial, ¿verdad?

  3. Para muestra un botón. Primero está la historia con la que empecé esta entrada. Luego está la entrada en sí, que escribo participando en un Carnaval de blogs puesto en marcha por Trimadre a los 30. Para que veáis que esta comunidad reacciona tanto para las cosas buenas como las malas.

Ahora os toca a vosotras. Contadme, ¿también tenéis esta sensación de pertenecer a una comunidad maternal?

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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30May/13

… de las dudas (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Este fin de semana quedé con unas amigas mías y nos fuimos al parque con niños incluidos. Valientes que somos, jejeje… A parte de mis tres Trastos, también estaba el hijo de una de ellas, de casi 2 años. Y otra nos dijo ese mismo día que estaba embarazada. “Alegría desbordada” creo que fue lo que nos inundó a todas en aquel instante. Porque la noticia de un embarazo rara vez no es motivo de alegría.

Mi amiga embarazada acaba de superar el primer trimestre y todo es nuevo para ella. Estuvimos un buen rato hablando de embarazos y bebés mientras los peques jugaban en el césped con la pelota y con cualquier otra cosa que se les pusiera delante ;-).

De vuelta a casa, ya más tranquila con todos los Trastos rendidos y acostados, me puse a pensar. Es cierto que el embarazo, sobre todo si se trata del primero, es una época de ilusión y esperanza. Pero también es la época de dudas por excelencia. ¿Podré ocuparme bien de mi bebé? ¿Cómo sabré qué hacer cuando se ponga malo? ¿Sabré darle el pecho? ¿Sabré preparar un biberón? ¿Podré cambiarle el pañal sin que me dé asco? ¿Parir duele tanto como dicen? Y podría seguir así dos entradas más.

Recuerdo haber pensado durante mi primer embarazo que todas esas dudas, todos mis miedos, desaparecerían cuando naciera mi bebé. Ingenua que es una. Porque cuando nace tu bebé, muchas dudas se disipan, sí, pero surgen otras nuevas. ¿Por qué llora ahora si acaba de comer? ¿Por qué se ha despertado si dormía tan plácidamente? ¿Le pongo body o hará mucho calor en la calle? ¿Qué juguete le estimulará más? Está durmiendo pero es la hora de comer, ¿le dejo dormir más o le despierto ya?

Cuando crecen, la situación no mejora. De nuevo, viejas dudas son reemplazadas por otras nuevas. ¿Cómo hago para que no diga palabrotas? ¿Cómo contesto a sus preguntas sobre la muerte de la abuela? ¿Realmente se lo pasa bien en el colegio? ¿Es el momento de retirarle el pañal? En fin, creo que os hacéis una idea.

La maternidad también es una época de dudas que empiezan durante el embarazo, si no antes, y que ya no acaba nunca. Las madres especialmente (aunque los padres también) nos preocupamos, muchas veces en exceso, es verdad, pero es que no podemos evitarlo.

CONTRAS:

  1. Cuando somos hijas, nos agobia que nuestros padres estén todo el día haciéndonos preguntas (¿con quién vas? ¿A que hora vas a volver? ¿Dónde has estado?), pero cuando somos nosotras quienes tenemos hijos, esas mismas preguntas se nos vienen a la boca de forma natural, sin comerlo ni beberlo nos encontramos haciéndoles a nuestros hijos las mismas preguntas con las que nos agobiaban nuestros padres. Supongo que es ley de vida.

  2. En relación con el punto anterior, está muy bien preocuparse, pero hay que evitar agobiar a nuestros hijos. El Mayor me lo deja claro con sólo 5 añitos… ya veréis cuando tenga dieciséis.

  3. A veces son nuestras propias dudas las que nos agobian e, incluso, pueden quitarnos el sueño. Hay que saber pedir ayuda o preguntar.

  4. Una cosa es pedir ayuda o preguntar lo que no se sabe y otra muy distinta, que nos lleguen comentarios magistrales que sólo consiguen liarnos más y añadir más dudas a las que ya teníamos antes.

PROS:

  1. Las dudas implican que nos preocupamos por nuestros hijos. Y nos preocupamos porque los queremos con toda el alma.

  2. A veces, una vez solucionada la duda en cuestión, ya no vuelve a atormentarnos.

  3. Otras veces, si ante una duda hemos tomado la decisión equivocada, siempre podemos aprender de nuestros errores y hacerlo mejor la próxima vez.

A lo largo de esta entrada, os he ido dejando una pequeña muestra de algunas de las dudas que me han surgido (y me siguen surgiendo) a mí. Ahora me encantaría leer alguna de vuestras dudas, a ver en cuántas coincidimos ;-).

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