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29Jul/14

… de la caca piscinera

Pañales para el agua.

Es verano y el Peque aún usa pañales. Debí esperarme la tragedia. Lo malo es que yo iba confiada en que esto a mí no me pasaría, quizás porque no me pasó nunca con sus otros dos hermanos. Pero alguien dijo una vez que a la tercera iba la vencida…

También debió ponerme sobre aviso los acontecimiento que ocurrieron justo antes de la gran tragedia. Os cuento. Llegamos a la piscina de la urbanización. Justo al lado de la parte que menos cubre, han puesto una piscinita para los bebés y niños a los que la piscina normal aún les queda grande. El Peque la había descubierto el día anterior y le encantaba. Además, a la hora a la que suelo ir con los Trastos, no hay casi nadie y el Peque tiene la piscina chica para él solo.

Todos nos damos crema solar en casa antes de salir, así que, nada más llegar, los Mayores se quitan la camiseta (ya llevan puesto el bañador de casa), las chanclas, se pasan por la ducha y al agua. Mientras, yo me quedo quitándole al Peque la ropa, cambiando su pañal normal por su pañal bañador y poniéndole también los manguitos. Sólo entonces, me quito yo la ropa y me dirijo con el Peque a la piscina. Esto suele ser lo normal. Pero aquel día hubo una pequeña variación en nuestra rutina…

Los Mayores se dirigían ya al agua y yo seguía en el césped con el Peque. Me di la vuelta para extender la toalla donde cambiarle y entonces ya no estaba. Se dirigía raudo y veloz, sin nadie que le pudiese parar a la piscinita pequeña. Y allí que se tiró en plancha. Con sus chanclas, su camiseta y su pañal normal. Según me iba acercando, empezó a desternillarse.

Le saqué chorreando agua y le llevé de nuevo al césped. Ahora sí, pude quitarle todo lo que llevaba encima y sustituirlo por su pañal-bañador y sus manguitos. En cuanto se vio libre, corrió de nuevo a la piscina pequeña. Debí irme de allí en ese mismo instante. Pero no, me quedé. Y lo sufrí.

Conseguí llegar a la piscina y busqué un lugar estratégico entre donde estaban jugando los Mayores y la piscina donde estaba el Peque. Al poco rato, éste pensó que quería meterse en la grande, como sus hermanos y comenzó a subir y bajar por la escalera. Así estuvo como cuarto de hora. Y yo le dejé.

Entonces llegó una madre con su hija, a la que con mi ojo de madre, le eché alrededor de un año. La metió en la piscina pequeña y el Peque, al ver que había compañía, volvió a meterse en la piscinita. Sin embargo, alternaba sus mini baños con el entro-salgo de la escalera de la piscina grande. De nuevo, debí irme de allí en ese momento. Pero no, aquí la que teclea decidió quedarse un poco más para que el Peque jugara con su nueva amiguita. Ejem.

En una de esas salidas, el Mediano me gritó desde el bordillo de la piscina que el Peque tenía algo en la pierna, que si era una heridita. Le miré y dije muy risueña que no, que sería otra cosa. Me acerqué al Peque y le miré las piernas pensando que el pañal se habría roto. Es lo malo de reutilizarlos hasta que no se puede más. Para mi estupor, vi que aquello que chorreaba por sus piernecitas no tenía nada que ver con el pañal. Era algo más asqueroso.

Sí, querida lectora o lector. Es lo que imaginas y lo que le da nombre a la entrada de hoy. Era caca. Caca piscinera. Ya sabemos lo que le pasa a ésta si le da el agua. Pues eso. Que de nuevo me tocó salir pitando hacia la toalla y proceder al cambio asqueroso de pañal y limpiado de piernas y de todo. Entonces y sólo entonces concluí que era la hora de irse a casa. Llamé a los Mayores con un “¡Pa’ casa!” como pocos se habrán oído en el recinto piscinero y cambié al Peque.

Mientras los Mayores se duchaban y secaban, yo aproveché para ir a tirar lo que quedaba del pañal-bañador. Y, de nuevo, por si todo lo anterior no hubiera sido bastante, el Peque volvió a salir raudo y veloz hacia la mini piscina, donde, por supuesto, volvió a tirarse en plancha. Lo que vino después no os lo cuento para no repetirme. Os lo imagináis. Sólo diré que acabamos como empezamos. El ciclo se cerró. Y más muerta que viva conseguí volver a casa con los tres Trastos.

CONTRAS:

  1. Como son pañales para el agua, no retienen nada. El agua disuelve la caca, así que hay que estar muy pendiente de que sólo han hecho pis o veréis cómo chorrea. Y esto último no es nada agradable.

  2. Coger al niño para llevárselo a la toalla es una odisea. No le puedes coger de forma normal porque va mojado (de agua y de todo). Yo le llevé agarrado por los brazos, en volandas. Y fui lo más rápida que pude. Menos mal que, como dije antes, la piscina no es muy grande.

PROS:

  1. Aunque no retengan nada, siempre es mejor en el pañal que en el bañador. El primero lo puedes tirar a la basura sin contemplaciones. El segundo también, pero seguro que por tu cabeza pasa el pensamiento de lavarlo y aprovecharlo.

  2. Lo bueno de los pañales-bañador es que no se quitan como si fueran calzoncillos o bragas. Se pueden quitar rompiendo las “costuras” laterales. Menos mal porque sacar el pañal hacia abajo con todo lo que tenía dentro hubiera sido ya para encerrarme y tirar la llave.

Por si alguien se lo está preguntando, he vuelto a la piscina. Sólo que ahora cojo al Peque de la mano y no le suelto hasta que no tiene su pañal-bañador y sus manguitos puestos. Que le he visto intención de repetir la hazaña. Y la de la caca también. ¿Cuándo decís que cierran las piscinas?

27Jun/14

… de la bebida refrescante para perder peso

Bebida desintoxicante para perder peso

El año pasado perdí 10 kilos y este año estoy manteniéndome, aunque me gustaría perder otros 5 kilos para alcanzar el peso que tenía antes de mis tres embarazos. Aunque esta barrigota dada de sí se vaya a quedar conmigo, me gustaría hacer las paces con mi báscula.

En fin, que una de las cosas que probé el verano pasado fue esta bebida que os cuento hoy. La encontré en Pinterest (dónde si no) y el original podéis encontrarlo aquí. Según ponía, sirve para limpiar la piel, desintoxicar el organismo y perder peso. Lo de la piel y la eliminación de toxinas no lo tengo muy claro, pero es cierto que me ayudó a perder peso durante el verano.

Es muy fácil de preparar y, perdáis o no peso con ella, lo cierto es que está muy rica y es bastante refrescante. Me parto cada vez que veo anuncios de agua con sabores (de limón, de naranja, etc.). Me parece una forma muy tonta de gastarse el dinero, ¡con lo fácil que es hacer algo parecido en casa!

Se trata de añadir, en dos litros de agua, lo siguiente:

  • 1 limón troceado

  • 1 pepino troceado

  • 1 trocito de jengibre fresco rallado o en trozos muy pequeños

  • unas 10-12 hojas de menta fresca

Esto se deja reposar unas horas (o mejor aún, toda la noche) en el frigorífico y por la mañana ya se puede beber. Hay que tomarla todos los días para que haga efecto.

CONTRAS:

  1. La cantidad que os he puesto es para dos litros de agua, así que lo primero que os aconsejo es que os compréis (si no tenéis ya) una jarra de esa capacidad que os quepa en la nevera. El limón y el pepino no entran por la boca de una botella normal, así que es mejor la jarra.

  2. El jengibre fresco. Seguro que estáis pensando que dónde se consigue eso. Bueno, yo lo he visto a veces en fruterías de barrio y en supermercados, pero es cierto que no es un ingrediente tan habitual en España como para encontrarlo sin problemas. Si no dais con él, os recomiendo que compréis jengibre rallado (en la sección de especias), que siempre hay, y echéis un poco al agua.

  3. La menta. Este ingrediente es más fácil de encontrar, pero si tampoco dais con él, no os apuréis, no lo añadáis. Eso sí, si un día veis que venden en el supermercado menta fresca, compradla, echad las hojas necesarias al agua y congelad el resto. No pasa absolutamente nada y así aprovecháis la compra.

PROS:

  1. Imaginad que esta bebida es un engañabobos, podría ser. No he encontrado estudio científico que la avale, pero sólo el hecho de beberos dos litros de agua al día ya es algo beneficioso para el cuerpo.

  2. Además del agua, lleva ingredientes naturales que, aunque no limpiaran la piel ni ayudaran a la pérdida de peso, le da sabor al agua, con lo que se bebe de forma más amena que si sólo fuera agua.

  3. No sé si será por el limón o el pepino, pero cuando tengo mucha sed, bebo un poco y me quita la sed. También he comprobado que, si tengo el estómago algo pesado, también me ayuda.

  4. Los ingredientes se pueden usar dos veces. En realidad, tantas como veáis hasta, que al rellenar la jarra, el agua no tenga sabor.

  5. Una vez que se deja el tiempo necesario para que el agua coja sabor, se puede pasar a una botellita normal y llevarla fuera de casa.

¿Os animaréis a probarla? Yo ya estoy en ello 😉