Tag Archives: A-Z maternidad

05Sep/13

… del sentimiento de Comunidad (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Escribo esta entrada en agosto aún a sabiendas que no verá la luz hasta septiembre. Quizá para entonces la historia se haya olvidado. O quizá haya sentado precedentes. Ojalá.

Por si acaso, pongo en antecedentes: una tienda de ropa invitó a una madre a que saliera de sus instalaciones para darle el pecho a su hijo. Podría decirse que esa es la noticia objetiva o, al menos, neutral. Mucho se ha tecleado sobre el asunto. Pero, por si eres ese alguien que se fue de vacaciones, desconectó y volvió cuando las aguas reanudaron su cauce habitual; te recomiendo que leas lo que al respecto escribieron ¡Mamá qué sabe!, La nave del bebé y La Madre Tigre (aquí y aquí).

Yo he sido madre lactante y también he dado el biberón. Nunca me han echado de ningún sitio por hacer ninguna de las dos cosas. Tampoco por dar potitos o purés a mis hijos. Ahora bien, no sé si he despertado miradas de asco o de felicidad porque, en aquellos momentos, toda mi atención era para mis hijos. También confieso que, antes de ser madre, no me daba asco ni repugnancia ver a una mujer amamantar a su bebé. Lo veía como algo natural. Después de ser madre, ya ni os cuento.

Como ya he dicho en su momento, la lactancia materna me parece la mejor opción para alimentar a un bebé. Sin embargo, entiendo que haya casos en los que se opte por la lactancia artificial. A mí me pasó. Así que respeto cualquiera de las dos opciones mientras el niño esté bien alimentado y tanto él como su madre sean felices haciendo lo que hacen. Y creo que así debería ser. Palabras clave: respeto y tolerancia. Lo importante, para mí, es el bebé. Su derecho a calmar su hambre o su sed debería, bajo mi punto de vista, estar por encima de todo lo demás. Porque, frente a esto, todo lo demás son pamplinas.

Bien, pues ésta es la historia. Pero esta entrada no va de eso. Esta entrada va de que una madre se sintió ofendida y lo denunció públicamente a través de las redes sociales. Y entonces apareció la máxima según la cual “si te metes con una madre, te metes con todas”. Yo no me quedo sólo con la defensa de dar de comer a mi hijo cuando y donde se requiera. Yo también me quedo con que todas las madres (y padres por extensión) formamos parte de una Comunidad (así, con mayúsculas). No estamos solas. No sé a vosotras, pero yo me siento arropada. Sé que si alguien se mete conmigo o con mis hijos y hay otra madre presente, ésta saldrá a la palestra a prestarme su apoyo cuando menos. Y yo creo que, independientemente de si se está a favor de un tipo de lactancia u otra, deberíamos quedarnos con este sentimiento de comunidad maternal.

CONTRAS:

  1. Soy consciente de que muchas veces las personas más críticas con una madre son otras madres. Pero creo que hay que saber levantar la mirada y ver más allá. Es decir, todas vamos en el mismo barco. Podemos defender unas posturas u otras, el diálogo es necesario. Pero sin ofender a nadie, sin juzgar, respetando a la persona que tenemos enfrente.

  2. Siempre habrá quien ponga en tela de juicio nuestra forma de hacer las cosas, nuestra forma de educar o alimentar a nuestros hijos. Pero esto pasa en todas las facetas de la vida. Hay que aprender a no escuchar las críticas que, lejos de ayudarnos, nos obstaculizan el camino que hemos elegido.

PROS:

  1. El sentimiento de comunidad es algo maravilloso. Es como cuando llegas a un sitio y te sientes fuera de lugar. Haces un esfuerzo y entablas conversación con alguien. Entonces, os dais cuenta de que fuisteis al mismo instituto, la misma universidad, vivisteis en el mismo pueblo… y, aunque no os conocíais de antes, en ese momento sientes que hay algo especial que os une.

  2. Esta comunidad maternal no hace que las injusticias acaben. Sin embargo, sientes que hay alguien detrás que puede acudir en tu ayuda si la pides. Suena genial, ¿verdad?

  3. Para muestra un botón. Primero está la historia con la que empecé esta entrada. Luego está la entrada en sí, que escribo participando en un Carnaval de blogs puesto en marcha por Trimadre a los 30. Para que veáis que esta comunidad reacciona tanto para las cosas buenas como las malas.

Ahora os toca a vosotras. Contadme, ¿también tenéis esta sensación de pertenecer a una comunidad maternal?

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

30May/13

… de las dudas (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Este fin de semana quedé con unas amigas mías y nos fuimos al parque con niños incluidos. Valientes que somos, jejeje… A parte de mis tres Trastos, también estaba el hijo de una de ellas, de casi 2 años. Y otra nos dijo ese mismo día que estaba embarazada. “Alegría desbordada” creo que fue lo que nos inundó a todas en aquel instante. Porque la noticia de un embarazo rara vez no es motivo de alegría.

Mi amiga embarazada acaba de superar el primer trimestre y todo es nuevo para ella. Estuvimos un buen rato hablando de embarazos y bebés mientras los peques jugaban en el césped con la pelota y con cualquier otra cosa que se les pusiera delante ;-).

De vuelta a casa, ya más tranquila con todos los Trastos rendidos y acostados, me puse a pensar. Es cierto que el embarazo, sobre todo si se trata del primero, es una época de ilusión y esperanza. Pero también es la época de dudas por excelencia. ¿Podré ocuparme bien de mi bebé? ¿Cómo sabré qué hacer cuando se ponga malo? ¿Sabré darle el pecho? ¿Sabré preparar un biberón? ¿Podré cambiarle el pañal sin que me dé asco? ¿Parir duele tanto como dicen? Y podría seguir así dos entradas más.

Recuerdo haber pensado durante mi primer embarazo que todas esas dudas, todos mis miedos, desaparecerían cuando naciera mi bebé. Ingenua que es una. Porque cuando nace tu bebé, muchas dudas se disipan, sí, pero surgen otras nuevas. ¿Por qué llora ahora si acaba de comer? ¿Por qué se ha despertado si dormía tan plácidamente? ¿Le pongo body o hará mucho calor en la calle? ¿Qué juguete le estimulará más? Está durmiendo pero es la hora de comer, ¿le dejo dormir más o le despierto ya?

Cuando crecen, la situación no mejora. De nuevo, viejas dudas son reemplazadas por otras nuevas. ¿Cómo hago para que no diga palabrotas? ¿Cómo contesto a sus preguntas sobre la muerte de la abuela? ¿Realmente se lo pasa bien en el colegio? ¿Es el momento de retirarle el pañal? En fin, creo que os hacéis una idea.

La maternidad también es una época de dudas que empiezan durante el embarazo, si no antes, y que ya no acaba nunca. Las madres especialmente (aunque los padres también) nos preocupamos, muchas veces en exceso, es verdad, pero es que no podemos evitarlo.

CONTRAS:

  1. Cuando somos hijas, nos agobia que nuestros padres estén todo el día haciéndonos preguntas (¿con quién vas? ¿A que hora vas a volver? ¿Dónde has estado?), pero cuando somos nosotras quienes tenemos hijos, esas mismas preguntas se nos vienen a la boca de forma natural, sin comerlo ni beberlo nos encontramos haciéndoles a nuestros hijos las mismas preguntas con las que nos agobiaban nuestros padres. Supongo que es ley de vida.

  2. En relación con el punto anterior, está muy bien preocuparse, pero hay que evitar agobiar a nuestros hijos. El Mayor me lo deja claro con sólo 5 añitos… ya veréis cuando tenga dieciséis.

  3. A veces son nuestras propias dudas las que nos agobian e, incluso, pueden quitarnos el sueño. Hay que saber pedir ayuda o preguntar.

  4. Una cosa es pedir ayuda o preguntar lo que no se sabe y otra muy distinta, que nos lleguen comentarios magistrales que sólo consiguen liarnos más y añadir más dudas a las que ya teníamos antes.

PROS:

  1. Las dudas implican que nos preocupamos por nuestros hijos. Y nos preocupamos porque los queremos con toda el alma.

  2. A veces, una vez solucionada la duda en cuestión, ya no vuelve a atormentarnos.

  3. Otras veces, si ante una duda hemos tomado la decisión equivocada, siempre podemos aprender de nuestros errores y hacerlo mejor la próxima vez.

A lo largo de esta entrada, os he ido dejando una pequeña muestra de algunas de las dudas que me han surgido (y me siguen surgiendo) a mí. Ahora me encantaría leer alguna de vuestras dudas, a ver en cuántas coincidimos ;-).

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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23May/13

… del sentido del Humor (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Otra semana más estoy por aquí sumándome al carnaval Maternidad de la A a la Z iniciado por Trimadre a los 30 hace unas semanas y que ha sido todo un exitazo. ¡Felicidades!

Llevo pensando todo el fin de semana sobre qué escribir y cómo plantearlo (ya sabéis, con sus pros y sus contras). Y me he dado cuenta de que, en sobre este tema, me sale la vena sensible o reivindicativa y mis entradas se tornan muy serias. Y me puse a pensar que sí, que la maternidad es algo serio, pues te haces cargo de una personita que depende totalmente de sus padres para vivir, pero también de su educación, de las bases sobre las que se levantará la persona que será mañana. Y esto es algo muy serio. Pero también hay otras cosas.

Así que hoy voy a hablaros del sentido del Humor. Que no todo va a ser ponernos serios y místicos. A mí la maternidad me cambió el sentido del humor. Porque si no, a ver de qué te va a dar por reírte con la primera caca que tienes que cambiar a tu retoño recién nacido, o te va a hacer gracia cuando llame “vieja” a la hermana de tu abuela “porque está muy arrugada” (esto pasó de verdad tal cual lo escribo), o te vas a partir de risa mientras ves la pompa verde que acaba de salirle de la nariz… Pues eso, que cuando te dan a tu bebé en brazos por primera vez, ahí, metido entre el primer pañal, te dan también una ración de humor surrealista.

Y luego están las contestaciones, ésas que sólo se le pueden ocurrir a un niño porque son tan obvias y tan de verdad que sólo puedes reírte, aunque estéis en mitad de una regañina o una rabieta. Hace poco el Mayor vino corriendo a buscarme a la cocina para que le acompañara al baño a hacer caca. Dejé lo que estaba haciendo y me dispuse a acompañarle, pero viendo lo despacito que iba, le pregunté por qué no se daba prisa y su contestación fue: “mamá, es que la caca pesa”. Y yo sólo pude reírme. Vamos, que a mí eso me lo dicen con 16 años y mando a quien me lo dijera al quinto pino a la voz de “serás guarro”.

Y a quién no le ha pasado, cambiando un pañal, que justo en ese instante ha habido un escape, más o menos líquido, que nos ha dado de lleno y, lejos de tirar al niño al suelo y salir pitando para darnos una ducha de 20 minutos como poco, no hemos tenido más remedio que reírnos junto a la otra parte (entiéndase el padre o madre de la criatura que seguro que estaba mirando). Anda, que si alguien te mea encima antes de ser madre o padre, vas a reírle tú la gracia…

Por supuesto, también están las risas que nos sacan los de fuera de casa con sus comentarios. Esos que llegan y empiezan a hacerle las palmitas al bebé (algo que llevas tú haciéndole una semana) y que, precisamente esa vez, tu hijo decide hacerlas también por primera vez y entonces esa persona ajena a tu hogar dice llena de orgullo: “mira, le he enseñado a dar palmitas” y entonces tú piensas para tus adentros “claro, que todas las veces que se lo he hecho yo no tienen nada que ver” mientras que sueltas una carcajada (también para adentro, no vaya a ser que se ofendan los de fuera).

CONTRAS:

  1. Puede que te rías después, pero a veces esas contestaciones tan inocentes o esos comportamientos propios de los niños pueden sacarte los colores más de una vez.

  2. Como dice el refrán, quien con niños se acuesta, meado se levanta. Puede que te haya hecho gracia que tu hijo juegue en la bañera y haya chapoteado a gusto, pero al final tú has acabado como si también te hubieras duchado.

PROS:

  1. La maternidad (o paternidad) te da una perspectiva distintas de las cosas. Esto es posible porque también te da un sentido del humor más puro si cabe porque es el humor de los niños.

  2. Con este nuevo sentido del humor, vuelves a descubrir la gracia de las cosas. Porque a ver, antes de ser madre o padre, ¿cuánto jugabas a las cosquillas…? Pero a las de verdad, no a encontrarle las cosquillas al padre o madre de tu criatura… ay, golosones… 😉

  3. Cuando pensamos en la maternidad, se nos pueden venir a la cabeza rabietas, falta de sueño, estrés, cansancio… pero no debemos olvidarnos de las cosas buenas y divertidas. Que también las hay y muchas.

Ahora os toca a vosotros, venga, contadme cuál fue la última ocurrencia de vuestros peques que os hizo reír a carcajadas y que si os llega a pasar antes de la maternidad no os hubiera hecho ni pizca de gracia 😉

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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16May/13

… de las cicatrices (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Hay dos tipos de cicatrices, las de la piel y las del alma. Las de la piel puedes llevarlas con más o menos alegría, si te has cortado con un cuchillo cortando cebolla no te hará gracia, pero si se trata de una cesárea que sirvió para salvaros la vida a tu bebé y a ti, lo llevarás como un honor. Las cicatrices del alma, por el contrario, duelen siempre, por mucho tiempo que haya pasado desde la herida.

Antes de ser madre, las cicatrices del alma son básicamente por cosas que te habían hecho a ti directamente. Puede que te duela que insulten a tu amiga o que te engañe tu novio, pero eso son arañazos en comparación con las que tienes por ser madre o padre. Es entonces cuando se producen las heridas más profundas porque el daño va dirigido a tu hijo y cada desprecio o cada feo los sientes aún más que si te lo hubieran hecho a ti.

Algunas de estas heridas se producen por un comentario malintencionado hacia tu hijo: “qué maleducado”, “qué egoísta”, “parece un delincuente”, etc. Otras se originan por comentarios hacia ti como madre (o padre): “no lo cojas tanto”, “tiene que acostumbrarse”, “déjale llorar”, “tu leche le deja con hambre”, “deberías volver a ponerle el pañal”, “no le des tantas explicaciones”, “abrígale”, “¿por qué le consientes eso?”, “yo le castigaba ahora mismo” y demás perlas por el estilo que quizás, a parte de ti, puede que también las escuche tu hijo.

Y te duelen porque unas le duelen a tu hijo y otras te hacen dudar de ti misma y de tu capacidad como madre. Puede que perdones a quien “opinó” de esa manera, pero no lo olvidas, da igual que lo hayas dejado pasar o que te hayas enfrentado al autor de esa “crítica constructiva”, siempre recordarás ese comentario. Estas cicatrices no se curan nunca.

CONTRAS:

  1. Puede que olvides determinados comentarios hirientes, pero el daño está hecho. Es posible que vuelvas a sentir el dolor inicial sin previo aviso, ante una situación parecida. Y siempre duele como la primera vez.

  2. Si os pasa como a mí, le daréis mil vueltas en la cabeza (tenía que haber hecho esto, tenía que haber dicho lo otro…).

  3. Puede que tú, como persona adulta que eres, puedas entender que algunos comentarios los hace gente de otra generación, que antes era normal pensar así, que es por puro desconocimiento… Peor tu hijo no tiene esa capacidad de comprensión. Si alguien le dice “malo” o “desobediente”, le va a afectar. Y ya sabemos todos lo erróneo que es poner etiquetas a la gente, especialmente a los niños.

  4. Las cicatrices del alma no se ven, pero la herida está ahí. Si la tocas, duele.

PROS:

  1. Puedes aprender de tus errores: enfrentarte a quien hizo el comentario para que no lo vuelva a repetir o aprender a ignorar esas “críticas constructivas”.

  2. Según pasa el tiempo, aprendes a confiar más en tu capacidad como madre, esas opiniones ya no te hacen dudar… al menos, no tanto como al principio.

  3. Tú, como madre o padre, eres quien mejor conoce a tu hijo. Sabes hasta dónde puedes llegar con él, lo que estás dispuesta a dejar pasar, donde tienes que ponerle el límite. Un ejemplo, estáis en una comida familiar y tu hijo, que normalmente come estupendamente, ese día no prueba bocado. Seguro que alguna abuela o tía o prima se aventura a decir “qué mal come”, “es que tiene que comer sí o sí”, “qué malo es para comer”. Esto, primero lo oye tu hijo y seguro que le afecta. Y lo segundo, lo oyes tú y puedes pensar que tienen razón. O puedes entender a tu hijo, que ha dormido mal, que hace calor y está más intranquilo, que está rodeado de gente que normalmente no ve… y dejarle que coma lo que quiera. Aunque también habrá entonces quien te diga que le dejas hacer lo que le da la gana. Ahí tienes otra cicatriz más.

No se puede controlar a la gente, siempre dirá lo que quiera, por mucho que le ruegues que se abstenga de emitir determinados juicios de valor que no te ayudan en nada y que sólo consiguen perjudicar a tu hijo y a ti. Sin embargo, siempre puedes intentar que no te afecten demasiado. Si alguna lo conseguís, por favor, volved a contarme cómo lo habéis logrado. No sabes lo que es sufrir hasta que tienes un hijo por el que sufrir.

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
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09May/13

… del instinto de Protección (maternidad de la A a la Z)

AZmaternidad

Hoy me uno al carnaval de blog de Trimadre a los Treinta para formar un diccionario sobre la maternidad. Lo primero que quiero hacer es felicitarla por la iniciativa, que me parece que va a ser todo un éxito. Y ahora paso a poner mi granito de arena estrenándome con la letra P de Protección (instinto de).

A menos que el embarazo sea fruto de un desliz, el instinto de protección aflora en cuanto empiezas a ser consciente de que quieres ser madre. Antes de quedarte embarazada, es posible que mires con desdén a aquellas mujeres en estado de buena esperanza que siempre se están tocando la tripa. Sin embargo, un día resulta que te enteras de que estás embarazada y, otro día cualquiera, pero no muy lejano al anterior, te sorprendes a ti misma tocándote la aún-no-barriga. Pues, amigas, justo ahí empieza a manifestarse ese instinto de protección.

Aún no ha nacido, aún no sabes si será niño o niña, probablemente aún no te hayas parado a pensar en qué nombres te gustan más… pero tu mano ya anda protegiéndole. Esto se intensifica a medida que la tripa va en aumento. Llega un día en que te vuelves a sorprender a ti misma tocándote la ya-sí-gran-barriga con las dos manos porque con una no la abarcas entera.

Este instinto de protección se exterioriza hacia el mundo de puertas para afuera con un remarcado “¡ay, pobre!” cada vez que un bebé llora desconsoladamente o un niño se cae delante de tus narices. Entre las cuatro paredes de casa, el instinto de protección empieza a notarse cuando lloras desconsoladamente (esta vez tú, no el niño) ante cualquier noticia desagradable en la que se vean implicados bebés o menores. Al principio piensas que serán tus hormonas, pero no, éste es el principio del resto de tu vida.

El instinto de protección lo tienen todos los animales en mayor o menor medida. Creo que todo el mundo sabe lo peligroso que es acercarse a una hembra recién parida, ya sea la gata del vecino o tu propia perra, si no eres bienvenido por ella. Hay incluso especies en que la madre da su propia vida por salvar la de sus retoños. Y tú, amiga, perteneces a una de esas especies.

En cuanto te ponen a tu bebé en tus brazos, te das cuenta de dos cosas. Una, ese amor que experimentas es único e irrepetible, no se parece al amor que le tienes a tus padres, ni a tus hermanos, ni a tu marido, ni a tu perro. Ese amor es único, dura para toda la vida y no se puede explicar con palabras. Si tú, que me lees, eres madres, sabes de lo que te estoy hablando, pero seguro que, como yo, no puedes explicar con palabras el alcance de ese amor.

La segunda cosa que sabes es que le protegerás con tu propia vida si fuera necesario. No quieres que ese pequeño ser tan frágil que tienes en tus brazos sufra daño alguno, ni físico ni psicológico. Y te sabes dispuesta a todo por evitarlo. Es el instinto de protección que, una vez más, aparece para quedarse.

CONTRAS:

  1. En su justa medida, el instinto de protección está bien y es necesario. Pero hay una línea muy fina y casi inapreciable entre proteger y sobreproteger a tu hijo. A veces, las madres (y padres también) tenemos que hacer un gran esfuerzo por dejar hacer a nuestros pequeños, aún a sabiendas que se equivocarán. Es un gran acto de fe (porque esperas que aprendan de sus errores) y de amor (amarles es dejarles ser ellos mismos tomando sus propias decisiones).

  2. Yo ya no puedo ver una película del fin del mundo (tómense como ejemplos Soy leyenda, La hora más oscura o Armagedon) sin que se me rompa el corazón pensando en todos los bebés y embarazadas.

  3. Las noticias de abusos a menores me afectan enormemente. Tanto que muchas veces tengo que cambiar de canal o dejar de leer la noticia porque lloro. Y lloro amargamente con rabia contenida.

  4. Ahora voy por la vida viendo peligros. Peligro en ese enchufe que no está tapado, peligro en ese paso de cebra que no está bien señalizado… miedo me doy cuando los Trastos tengan 15 años y empiecen a salir por las noches. Menos mal que seguro que ahí está el Tripadre para frenarme un poco y no dejarme caer en el primer contra 😉 (nota mental: preguntarles a mis padres cómo leches lo hicieron ellos).

  5. Me he posicionado totalmente en contra del aborto como medida anticonceptiva. Si has tenido narices para hacerlo libremente y sin protección y porque te apetecía, ahora tienes que apechugar con las consecuencias, aunque haya sido por un calentón. Y digo esto pensando tanto en el chico como en la chica, que para hacer un bebé hacen falta dos.

PROS:

  1. Sé que mis hijos van a tenerme ahí para lo que ellos necesiten. Quizás unos pasos más atrás, pero lo suficientemente cerca para correr a su lado si me llaman.

  2. Este instinto de protección me hace ser mejor madre y también mejor persona. Hay injusticias y abusos por los que no paso. No pasaba antes, ahora menos.

  3. Espero que no sé dé nunca el caso, pero me veo perfectamente capaz de todo con tal de proteger a mis hijos. Puedo enfrentarme al mundo si hace falta.

Todo lo dicho aquí, lo he dicho en femenino porque es la parte que me toca, pero también se aplica al género masculino. Los padres también tienen este instinto, aunque a veces se manifieste de otras maneras. Lo veo a diario en el Tripadre (aunque no llore viendo Soy leyenda al pensar en los pobres niños, jejeje).

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.

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