17Abr/13

… de un parto natural

Ayer contaba las particularidades de mi cesárea (de urgencia, no programada). Hoy os cuento un poco cómo fueron mis dos parto anteriores de manera natural. Recuerdo perfectamente cada uno… a grandes rasgos, que ya sabemos el baile que se traen las hormonas tras el parto.

Mis embarazos no se los deseo ni a mi peor enemigo. Náuseas constantes mañana, tarde ¡y noche! Creedme, es horrible despertarse a las 4 de la mañana con ganas de vomitar. Y dar vueltas en la cama sin poder dormir por las dichosas náuseas. Y así hasta bien entrado en el quinto mes. Luego no desaparecen, no. Luego se queda en un malestar, pero como cualquier cosa es mejor que las náuseas y los vómitos, pues yo lo agradezco y ya casi puedo hacer vida de persona normal. Y también están los vómitos. Con cada embarazo, vomito más. En el tercero, era levantarme de la cama y vomitar. Mis hijos aseguraban que “mamá, le está dando los buenos días al wáter”. Más majos ellos…

Así que, digo que para compensar, mis partos (naturales) son casi dignos de envidia. Nada de horas interminables dilatando. Nada de empujar y empujar y nada. Todo lo contrario. En unas cuatro horas tengo a mis bebés en brazos. No es que no me duelan, que las contracciones duelen siempre. No es que no me entere, que vaya si me entero. Pero todo ocurre en una mañana. Y después ya tengo a mi bebé en brazos.

Para que os hagáis una idea, os cuento cómo fue con el primero. Aunque con el segundo fue bastante parecido… La fecha probable de parto del Mayor era un día como hoy (por ejemplo) y, como mi hijo tuvo a bien no nacer cuando me dijeron, tuve consulta con mi ginecóloga. Después de hacerme la revisión pertinente, la conversación fue más o menos así:

– ¿Te has notado algo raro estos últimos días?

– No, nada… ¿Debería?

– ¿Ni una contracción o el estómago algo pesado ni nada?

– No, nada de nada… ¿Por…?

– No, es que veo que ya estás de 3 centímetros…

– ¿¿De dilatación!!

– Sí, estás dilatada 3 centímetros.

– ¿Y qué hago?

– Nada, vida normal. Pero mañana a primera hora vete al hospital… a menos que tengas que salir corriendo esta noche para allá…

Bueno, pues con cara de cómo es que estoy de 3 cm y no me he dado cuenta me fui para casa… a esperar… Y esperé. Y pasó el resto del día y nada. Y me fui a dormir y nada. Y me desperté por la mañana y nada de nada. Así que me fui para el hospital. Otra vez revisión. Otra vez las mismas preguntas. Otra vez “que no, que no me noto nada raro”.

– Pues hoy estás de 4 centímetros. Así que espero que te hayas traído las cosas porque ya no te dejamos irte a casa. Tu bebé nacerá hoy.

Y así fue. Un rato en la sala de dilatación y después al paritoro. Tres pujos y mi bebé estaba fuera. El Mayor vino con una vuelta de cordón. Y totalmente morado. Tardó en llorar, pero luego se arrancó que daba gusto. Episotomía al canto. El bebé podría haberse ahogado con el cordón, así que me doy por satisfecha. En el caso del Mediano, la epidural dejó de hacerme efecto poco antes de que entrara en paritorio. Así que lo parí con dolor. Mucho dolor. Las palabras de mi ginecóloga fueron: “¿te duele? Pues empuja, que esto sólo se cura empujando”. Y empujé. Y al tercer pujo salió mi bebé.

Y para quienes dicen que el alumbramiento de la placenta es igual o peor que el mismo parto, he de decir que, en mi caso, ni me enteré. Cuando quise darme cuenta, mi placenta ya estaba fuera. Esta vez, completamente entera ;-).

En los dos casos, entré en el hospital por la mañana y a la hora de comer mis bebés ya estaban en este mundo. Así que, comparando mis partos naturales con mi cesárea, he aquí mis pros y mis contras.

CONTRAS:

  1. Duele. Las contracciones duelen. Si te ponen oxitocina, más. En la cesárea, a pesar de la sangre, yo no sentía dolor, sino miedo.

  2. La episotomía es peor que la cesárea. Entre otras cosas por el sitio en el que está. Cada vez que vas al baño duele. La cesárea también, pero no tanto.

  3. Mis puerperios fueron bastante molestos y, sobre todo el primero, duró más de la cuarentena. Con la cesárea manché bastante menos, quizá fuera porque, al abrirme, los mismo médico sacaron parte de lo que luego se va expulsando…

PROS:

  1. La epidural. Si me tomo paracetamol cuando me duele la cabeza… ¿por qué habría de renunciar a la epidural si el dolor es mayor? Si se administra bien, no se pierde sensibilidad.

  2. La cama del hospital. Adoro esa cama con la que, con sólo darle a un botón, ya estás incorporada. Cuando regresé a mi casa, no echaba de menos a la enfermera, yo echaba de menos la cama… qué dolor al incorporarme, tanto con la episotomía como con la cesárea…

Como veis, estoy bastante contenta con mis partos naturales. Por eso sigo sin entender lo de las cesáreas programadas por cuestiones de agenda…

16Abr/13

… de una cesárea violenta

Después de escribir la Carta abierta a mi bebé, el tercero de mis Trastos, creo que debo explicaros las particularidades de su nacimiento. Para empezar, aclarar que fue una cesárea de urgencia, no programada y que, en principio, iba a ser un parto natural. Es una entrada un poco más larga de lo habitual, espero me disculpéis. He intentado resumir al máximo todo lo que pasó.

Ya en la semana 20 de gestación, me dijeron que la placenta estaba mal colocada, pero que, a medida que mi bebé fuera creciendo iría desplazándola hasta su lugar habitual. Y no le dimos más importancia. Entrando en el último trimestre de embarazo, mi ginecóloga me dijo que la placenta seguía mal colocada y, si no conseguía moverla el bebé, no habría más remedio que programarme una cesárea. Yo no quería cesárea. Lloré. Lloré mucho, pero pensar que sería lo mejor para mi bebé hizo que cogiera fuerzas y me senté a esperar.

Sobre la semana 37, fui a una revisión. Estaba muy nerviosa pues era la última oportunidad de librarme de la cesárea. Si la placenta seguía sin moverse, mi bebé corría un riesgo real, pues ya tenía un tamaño considerable, y habría que programarme una cesárea. Me hicieron la ecografía y allí estaba, más o menos colocadita en su sitio. Respiré aliviada. Iba a tener un parto natural.

Esto fue un miércoles. No había razón para preocuparse. Mi bebé nacería normalmente. Seguí haciendo vida normal. El viernes por la noche me desperté mojada. Eran las 3 de la mañana y pensé que había roto aguas. Lo primero que se me vino a la cabeza fue que no podía ser. Aún me quedaban 15 días para salir de cuentas y no había preparado ni la bolsa para el hospital. Me levanté y encendí la luz, para comprobar el color del líquido. Recordemos: agua clara, ir tranquilamente al hospital, sin prisa pero sin pausa; agua oscura, acudir rápidamente. Bien, pues encendí la luz y aquello no era agua de parto, ni clara ni oscura. Era sangre. Sangre roja. Sangre saliendo a chorros, literalmente. La cama llena de sangre, el suelo lleno de sangre… y no paraba de salir.

Aterrada, desperté al Tripadre. Imaginaos la escena. No sabíamos qué pasaba y yo sólo podía pensar en mi bebé. Llamamos al 112 y nos recomendaron ir pitando al hospital. Llamamos a los abuelos para que se quedaran en casa con los Trastos. Los 10 minutos que tardaron en llegar se me hicieron horas. El tiempo que tardamos en llegar al hospital se me hizo eterno pues yo seguía perdiendo mucha sangre. Primer diagnóstico: un problema con la placenta. No parecía nada grave, quizá se abría roto un vaso sanguíneo. ¿Un vaso? ¡Ya sería una jarra entera! En cualquier caso, me monitorizaron y mi bebé estaba bien.

Por primera vez en toda la noche, respiré aliviada. Todo parecía estar bien, pero decidieron ingresarme para mantenerme en observación. Parecía que yo iba sangrando menos, así que me dijeron que, si paraba la hemorragia, por la mañana podría irme a mi casa a esperar que me pusiera de parto.

Llegó la mañana y la ginecóloga de urgencias me dijo que tenía un parto que atender, que iban a contarle lo que había pasado a mi ginecóloga y que, como ya apenas sangraba, seguramente me iría a casa al cabo de unas horas, guardando reposo, eso sí. Así que esperamos. Al rato entró de nuevo la ginecóloga de urgencias. Su cara ya me hizo sospechar. Le habían contado a mi ginecóloga lo ocurrido durante la noche y había decidido que mi bebé nacería hoy. ¿Por qué? Pues porque podría volverse a repetir el episodio de la sangre y que, si la próxima vez pasaba durante el día, podría desangrarme en el camino hacia el hospital y no contarlo. Un panorama desolador, como os podréis imaginar. Así que, en cuanto llegara al hospital mi ginecóloga, yo entraría en quirófano.

Llamamos a los abuelos para explicarles la situación. Le pedí a mi madre que me prepara la bolsa y me la trajera al hospital. Menos mal que, aunque no la había preparado yo, ya tenía la ropita lista en los cajones. Lo peor es que, en España, no dejan entrar a los padres a las cesáreas y yo iba muerta de miedo, sola, camino del quirófano. Desde aquí, mil gracias al anestesista y a mi ginecóloga, que estuvieron conmigo en todo momento y me dieron ánimo cuando yo ya no podía más.

Me abrieron, pero mi bebé aún no estaba listo para nacer. Estaba muy arriba. Respecto a la placenta, resulta que no había sido un vaso roto, yo sangraba porque mi placenta estaba desgarrada. Hecha pedacitos. De ahí esa inmensa cantidad de sangre. Sangre que seguí perdiendo durante la cesárea y tuvieron que dormirme. Tener la placenta destrozada no ayudó a que tuviera una cesárea normal. Recuerdo haber abierto los ojos un momento y ver cómo limpiaban a mi bebé, oírle llorar y respirar aliviada antes de dormirme de nuevo. Después abrí los ojos otra vez, cuando una enfermera me acercó a mi nuevo bebé, pero yo no tenía fuerzas ni para tocarle ni para besarle. Volví a dormirme. Empezaba a despertarme cuando me sacaban del quirófano. Acerté a ver un cubo lleno de gasas, guantes y mucha, mucha sangre. Me llevaron a REA y allí estuve varias horas. Hasta que recuperé mi nivel de glóbulos rojos y me llevaron a la habitación, a conocer a mi bebé.

Y mientras tanto, ¿qué fue de mi bebé? Pues el pobre había tardado en nacer, de lo arriba que estaba aún en mi tripa. Y había cogido frío durante la operación. Lo normal en estos casos es acercarlo a la madre para que le dé calor corporal. Pero yo no podía hacerlo. Así que se lo dieron al Tripadre. Método canguro a tope. Pero tampoco sirvió. Le tuvieron que llevar a una incubadora, a neonatos. Estuvo una media hora hasta que cogió calor y entonces le llevaron a la habitación. Pero yo aún no estaba. Tuvieron que darle un biberón. Y yo, en la REA, sólo pensaba que mi bebé estaba lejos de mí, que tenía que arrimármelo al pecho cuanto antes, que yo sólo quería estar con él.

Por fin nos encontramos. Cogí a mi bebé y me lo arrimé, se enganchó bastante bien teniendo en cuenta cómo había sido su llegada al mundo. Me dijeron que había sido una experiencia muy cansada para él. Se notaba. Se dormía al pecho antes de terminar la toma, apenas tenía fuerza para sacar el calostro. Aquella primera noche fue horrible porque tuvimos que despertarle para comer, pero a mi bebé le costaba mucho despertarse para comer.

Al final, todo pasó. Y salió bien. Mi bebé está sano, aunque siente más el frío y hay que tener cuidado para que no coja frío y se ponga malito. Yo recuperé mis niveles sin necesidad de transfusión. Como me dijo mi ginecóloga, el cuerpo de la mujer se recupera de manera prodigiosa de un parto. Sólo hay que darle tiempo y dejarle hacer. Nunca se lo agradeceré bastante. Más tarde, me enteré de que el anestesista había calificado mi cesárea como violenta y, en palabras de mi ginecóloga, la mía había sido una de las más difíciles de toda su carrera profesional. Ahí es nada.

CONTRAS:

  1. No estaba preparada. Mi bebé tampoco. Por eso todo fue aún más difícil.

  2. En mis otros embarazos, había preparado la bolsa del hospital en la semana 36. En el último, no sé por qué, estaba en la 37 y pensaba que aún me quedaba tiempo.

  3. Tardé en recuperarme, pues la pérdida de sangre fue brutal.

  4. No pude darle la bienvenida a mi bebé. Pasó por demasiados brazos antes que los míos. Al menos, uno de los primeros fue el de su padre. Algo es algo.

  5. El miedo. Yo estaba aterrada por mi bebé. El Tripadre estaba aterrado por los dos. Si hubiera sido a las 3 de la tarde, entre atascos y demás, quizá yo no hubiera llegado al hospital.

  6. La cicatriz. Aunque ya no se hagan como antes y apenas se noten, el caso es que está ahí, en mi tripa, recordándome todo lo que pasamos aquella noche.

PROS:

  1. En las cesáreas, te limpian por dentro. Así que en el puerperio se mancha menos, al menos en mi caso. No sé si que fuera el tercer parto tuvo algo que ver, pero efectivamente, manché menos que con los anteriores..

  2. A la hora de ir al baño, hay menos molestias que con una episotomía. No es que no la haya, sino que hay menos.

  3. Se puede amamantar igual que con un parto natural.

  4. Entiendo que la madre realiza menos esfuerzo para alumbrar al bebé, pues son otros quienes sacan al bebé de dentro.

He pasado por dos partos naturales y una cesárea. Y, personalmente, no entiendo cómo hay gente que sigue programándose cesáreas. Las cesáreas son necesarias cuando hay un problema, un riesgo real. Si no es así, prefiero el parto natural. Por poco glamuroso que sea, aunque haya que empujar como si no hubiera mañana, a pesar de todo, ojalá mi bebé hubiera nacido cuando él así lo hubiera decidido. Sin embargo, en mi caso, la cesárea supuso salvarnos la vida a mí y a mi bebé, así que no puedo estar más agradecida a los profesionales que me atendieron.

15Abr/13

Carta abierta a mi bebé

Carta abierta a mi bebé

Queridísimo Peque:

Esta semana hace ya un año que tú y yo dejamos de ser uno para ser cinco. Una familia. Un año de sonrisas y risas, de olor a leche y a purés, de lágrimas y besos y, sobre todo, de mucho amor.

En estos días, hace un año ya que tuviste que nacer para salvarnos a los dos. No era tu momento. Yo aún no estaba preparada. Recuerdo la cena de aquella noche. Recuerdo la bolsa a medio preparar. Recuerdo la sangre y el miedo. No miedo por mí, sino por ti. Aquellos minutos que parecían horas. Aquella carrera al hospital temiéndome lo peor. Y papá pensando que nos perdía a los dos.

Recuerdo las horas separados, sin saber qué habría sido de ti. Sin saber qué iba a ser de mí. La soledad, el frío y el reloj de la pared del fondo. Todo parece un mal sueño. Una pesadilla que volvería a repetir, sin duda, por volver a vivir el momento de tenerte entre mis brazos, al fin.

Te costó nacer, arrancado de mis entrañas. Me costó mantenerme consciente, presa del terror a no saber. No saber si estarías bien, si serías un bebé sano, si sería capaz de cuidarte. Temores que desaparecieron nada más verte, nada más abrazarte, nada más olerte, nada más besarte. Por fin juntos. Todo había salido bien.

Has crecido. Tus dientes ya asoman cuando sonríes. Empiezas a jugar con tus hermanos, dentro de poco serás uno más. Tu curiosidad no deja de asombrarme. Otra vez, miro el mundo con nuevos ojos. Intentas andar pero te caes. Ahí estamos papá y yo para ayudarte a levantarte, y tú listo para intentarlo de nuevo. Así ha de ser. Te miro embobada. Aún no me creo que hayas estado dentro de mí. No me creo que sea la madre de un bebé tan hermoso, tan lleno de vida, tan feliz. Se te alegra el alma cuando me ves aparecer. Tú y yo nos debemos la vida.

Desde aquí, en tu primer año de vida, en nuestro primer año juntos, quiero darte las gracias por estos meses a tu lado. Todo, absolutamente todo, ha merecido la pena. Merece la pena. No me arrepiento de nada. ¿Cómo podría si mirándote me pierdo en tu mirada? ¿Cómo podría si al besarte siento que no hay amor en el mundo más grande ni más puro? ¿Cómo podría si en cada abrazo te doy mi vida?

Feliz, muy feliz cumpleaños, Peque.

12Abr/13

… de pintar macetas

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Vuelvo con una nueva entrada para hacer con los niños. Esta actividad también va de pintura. Qué le vamos a hacer, a mis hijos les encanta pintar y es lo que más hacemos en casa. Esta vez vamos a pintar macetas. Si alguien no tiene plantas en casa, tampoco tiene excusa, pues pueden servir para guardar pequeños juguetes de los peques. En este caso, podéis utilizar témperas o similar. Pero si vais a utilizarlas para plantar plantas, las tendréis que regar, así que necesitaréis pinturas acrílicas. Este tipo de pintura es difícil de quitar, tanto de la piel como de la ropa. Así que precaución al máximo.

Se pueden pintar macetas de cerámica o de plástico (baratitas en los chinos), eso ya depende de cómo sean vuestros hijos. Yo no he querido arriesgarme y en casa hemos optado por las de plástico. Y, bueno, cuando digo macetas también incluyo jardineras, colgantes y demás.

CONTRAS:

  1. Si se usan pinturas, se mancha. Si se usan pinturas acrílicas hay que extremar las precauciones: hules, papel de periódico, etc. Es mejor perder diez minutos tapando la mesa donde realicéis esta actividad que lamentarse después por esa mancha que no sale.

  2. Ropa vieja, delantales… todo está bien para evitar disgustos después.

  3. Si la maceta está vacía, mejor. Cuando la pintura esté seca, ponéis la planta. Pero también se pueden pintar macetas con sus plantas, eso sí, cuidado no vayan a darle la vuelta para pintar y tiren la maceta con su planta y su tierra.

  4. Hay que esperar a que se seque, como todas las pinturas.

PROS:

  1. Aunque los niños se manchen las manos, no hace falta usar aguarrás ni demás productos fuertes para quitarla. Bastará con bañarles. Si no sale el primer día, saldrá al tercero. Creedme, lo he comprobado.

  2. Este tipo de actividad, como la de la piña y los cuadros, fomenta la creatividad de nuestros hijos.

  3. Refuerza su autoestima.

  4. Sirve para pasar un rato divertido lleno de color.

  5. Os permite decorar vuestras plantas de forma original.

  6. Como ya dije, si no hay plantas, las macetas sirven para meter pequeños juguetes (canicas, muñequitos, cintas para el pelo, cromos…). No tenéis excusa, jejeje 😉

Mi hijos pintaron para nosotros, pero en cuanto venga el buen tiempo haremos para las abuelas. Se pueden pintar enteras, como las de mis hijos, o sólo ponerles unos motivos, como flores, corazones, caritas sonrientes… La verdad es que mis Trastos disfrutaron muchísimo con sus macetas y las cuidan que da gusto.

12Abr/13

… del Viernes dando la nota: Tu calorro

Viernes dando la notaAquí estoy un viernes más dándolo todo. Hoy os traigo una canción más conocida, creo. Se trata de Tu calorro, de Estopa. Otros a los que me encanta escuchar porque me alegran el día, sobre todo, sus primeros discos. La canción tiene ya unos añitos, pero no por eso me gusta menos. Es empezar a oírla y se me mete el ritmo en el cuerpo.

Además, esta canción tiene historia, pues fue el comienzo de algo muy bonito. Pero no os lo cuento ahora. Vais a tener que seguir leyendo hasta el final…

CONTRAS:

  1. Da igual lo que esté haciendo. Al escucharla, el cuerpo me pide baile. Dejo lo que esté haciendo y me pongo a bailar. A veces no lo dejo y bailo mientras sigo haciendo mis cosas.

  2. Podría estar escuchándola todo el día. Con el consiguiente riesgo de resultar cansina. Yo, no la canción.

  3. El vídeo que he encontrado es un directo, espero que se escuche bien.

  4. La semana pasada hubo quien no pudo ver el vídeo, espero que esta vez no pase porque no tengo ni idea de cómo solucionarlo.

  5. De nuevo, me falta tiempo para pasarme por todos los blogs. Y creedme que lo intento…

PROS:

  1. Esta canción me trae muy buenos recuerdos. El Tripadre y yo, antes de ser pareja, fuimos amigos. Podría decirse que con esta canción saltaron las chispas que me hicieron pensar que quizás podríamos ser algo más. Él ya lo venía pensando de antes, jejeje… Para no extenderme, diré que en un determinado momento de la canción, el Tripade me miró de cierta manera y ahí empezó todo. Concretamente desde el minuto dos hasta el 2:23… ainsss… ya estoy sonriendo como una tonta otra vez…

Como veis, un pro muy muy muy importante. ¿Quién me iba a decir a mí que aquella Nochevieja en que la bailamos juntos iba a saltar la chispa de lo que luego se convertiría en una familia con tres Trastos?

Y ahora ¡a disfrutarla! Yo ya estoy bailando… 😀

Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogs participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.
Si quieres participar, sólo tienes que subir a tu blog una entrada con una canción que te guste, que signifique algo especial para ti, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota.
Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas… y sobre todo ¡Baila, canta y diviértete!
Si quieres saber más, las reglas y participar puedes verlo todo aquí.

11Abr/13

… de recibir 3 premios

Premios 1

Hace casi un mes, Annabel de La nave del bebé, me sorprendió con esto. No uno, ni dos, sino tres premios. Tres, ¡como mis Trastos! A saber: One Lovely Blog Award, Liebster Award y Best Blog. Apenas hacía un mes que me había decidido a abrir este blog. Aún andaba peleándome con Twitter y Facebook, aprendiendo esto de los widgets de WordPress, intentando entender las estadísticas de Madresfera

Si os cuento la ilusión que me hacía, la sonrisilla en la cara que tuve el resto del día, me diréis que exagero, así que mejor no os lo cuento. Pero os lo imagináis, ¿verdad? Annabel es encantadora, sólo hay que leer un poquito su blog para darse cuenta. Ya la he enlazado desde aquí un par de veces. Seguro que os suena.

Recibir estos premios implica contar algunas cosas sobre mí. Que no haya contado ya por aquí, se entiende. Así que ahí voy.

  • Me gustan los días de lluvia y los de niebla. Si no tengo que salir de casa, mucho mejor.

  • Aunque mi color favorito es el amarillo, las rosas las prefiero rojas.

  • Lo mío con el chocolate no es adicción ni obsesión. Es algo que va mucho más allá.

  • Tengo un tatuaje.

  • Me apasiona cocinar. Si es algo dulce, mejor que mejor.

  • Me pirra la fotografía. Pero no soy buena fotógrafa.

  • Un buen puzzle me ayuda a relajarme y a pensar.

Ahora ya sabéis algo más sobre mí. Lo que no sabéis es por qué he tardado casi un mes en otorgar estos premios. Pues por qué va a ser, porque antes he hecho mi lista de contras y pros ;-).

CONTRAS:

  1. Recién aterrizada en este mundo 2.0, aún no conocía muchos blogs. Seguía unos 5, muy conocidos, pero ninguno más. Quería conocer algunos más para poder escoger a cuáles pasarles el testigo.

  2. No tenía mucha idea de cómo funcionaba esto de los premios. Sí, vale, te los dan y te hace un montón de ilusión, pero luego ¿qué haces con ellos? ¿Hay reglas no escritas? ¿Hay que ponerlos en la página principal? ¿Hay que crear una página exprofeso para ellos? Miles de preguntas me asaltaron. Algunas tontas, lo sé.

  3. Se corre el riesgo que dar el premio a un blog al que ya se lo había dado previamente. Esto al principio casi me quitaba el sueño. Pero luego pensé que si los actores que ya tienen un Óscar o un Goya no renuncian al segundo y sucesivos por tener ya uno, ¿por qué no iba yo a darle estos premios a un blog aunque ya lo hubiera recibido antes?

  4. Como poca gente sabe que escribo este blog, no he podido compartir mi alegría con mucha gente. Me lo he tenido que callar y morderme la lengua. En varias ocasiones además.

PROS:

  1. Que te den un premio siempre gusta. Alimenta tu ego y el resto del día vas por la casa que ríete tú de Katharine Hepburn o Carmen Maura. Quienes, para quien no lo sepa, tienen 4 estatuillas, cada una en lo suyo.

  2. ¿Se pueden dedicar? Espero que sí… yo se los dedico a mis 55 magníficos seguidores. Y a mi marido y a mis Trastos, por supuesto ;-).

  3. Doy los premios con la misma ilusión con la que los recibí.

Bueno, que no me enrollo más. ¿Queréis saber para qué fantásticos blogs van estos premios? Pues aquí están:

  • Niños felices, niños buenos. Porque también tiene tres hijos, porque también son todos niños y porque me encanta su blog.
  • En paro biológico. Porque su blog es un claro ejemplo de que, en esto de tener hijos, no existe el momento ideal. Y por nuestras charlas nocturnas en Twitter.
  • ¡Mamá qué sabe! Porque se pueden decir las cosas más altas, pero no más claras. Y encima te hace pasar un buen rato.
  • Mami a tope. Porque, aunque lo he descubierto hace poco, no puedo dejar de leerlo. Y porque su proyecto La princesa que besa es genial.
  • La mamá imperfecta. Porque me río mucho con sus historias y, como ahora está en EE.UU., así voy pillando nota de lo que se cuece por ahí, no vaya a ser que al Tripadre lo manden para allá.

¡Enhorabuena!

… del Miércoles Mudo: jacinto rescatado

Jacinto

Miércoles Mudo” es un carnaval de blogs o blog hop iniciado por Maybelline de Naturalmente Mamá y participar es muy fácil, solo debes publicar los miércoles una foto (s) sin escribir nada para explicarla (s) (de ahí viene lo mudo). Luego no olvides enlazar en el linky que está debajo y dejar un comentario en cada uno de los blogs que decidas visitar. Para conocer como nació el Miércoles mudo y sus reglas, puedes hacer click aquí.

¡Feliz Miércoles!

El listado con el resto de blogs participantes en esta iniciativa de Naturalmente mamá se encuentra aquí. No doy con el código de inlink para incluirlo aquí, lo siento.

09Abr/13

… de hacer caras y coches con tubos

Tubos papel higiénico.

Hoy os traigo un dos por uno. Manualidades, se entiende, que vender no vendo nada. La semana pasada me tropecé con la bolsa donde voy guardando los tubos de papel higiénico y de rollos de cocina. Había ya unos cuantos y me dije: “es hora de hacer algo con esto”. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue usar las plantillas de Annabel. Pero me encontré que se nos había acabado la tinta en la impresora de casa… Lástima, ya veía a mis Trastos jugando con el Capitán América.

Así que pensé en qué tenía por casa que pudiera utilizar. Había témperas (cómo no), trozos de cartón y de cartulina, cola blanca, tijeras… Y así surgió la idea de hacer caras y coches con los tubos. Se trata de una manualidad para hacer en dos días, pues hay que esperar a que la pintura se seque para continuar.

Para la primera Tubos papel higiénico.parte, se necesitan: tubos de papel higiénico (los de cocina son un poco grandes para esta manualidad, pero también se pueden usar), cuantos más mejor porque se acaban en seguida; témperas o pintura similar, cuantos más colores mejor; pinceles… y, como siempre, toallitas, ropa que no sea nueva y el perímetro de seguridad en la mesa (hule, papel de periódico… lo que mejor os venga).

¿Qué hay que hacer? Pintar los rollos al gusto del pintor. Se pueden mezclar varios colores en un mismo tubo, hacerle rayas, pintarle lunares, dejarlo sólo de un color… y se deja secar, si es hasta el día siguiente mejor. Así os aseguráis de que están totalmente secos y se pueden manipular sin miedo a mancharse de nuevo.

Al día siguiente, para la segunda parte se necesitan: ojos saltones (si no tenéis, no pasa nada, se pintar con rotuladores y listo), cola blanca (u otro tipo de pegamento), tijeras, cartulina, trocitos de cartón no muy grueso (yo usé el de la caja de la leche, leche de beber, no es que la caja sea la leche, jejeje… qué chiste tan malo… perdón, no he podido resistirme…), ceras de colores, rotuladores (si son los que se van al lavarse, mejor) (sí, existen y, sí, se van con agua caliente, los nuestros los compré en una papelería de barrio) y, si queréis, también podéis usar pegatinas.

Retomamos la actividad. Lo primero, hay que separar qué tubos van a ser caras y cuáles coches. A los de las caras, se les pegan los ojos (normalmente dos, pero ya veis en la foto que el número también va a gustos) y se dejan secar. Con los trozos de cartón, se cortan círculos para las ruedas y se pintan (os diría que de negro, pero, como también podéis ver, nosotros tenemos ruedas de colores). Después, se pegan cuatro ruedas por tubo (aquí sí que parece que hubo consenso) y se dejan secar.

Volvemos a las caras. Con suerte, los ojos ya estarán secos, o casi, y podremos cogerlos sin dejarlos tuertos. Con la cartulina se pueden recortar alas, con la forma que queráis (si recortáis con forma de B, podéis hacer mariposas), orejas, pelo, etc. Y después se pegan de nuevo al tubo. Se deja secar.

Ahora nos centramos en los coches. Ya pintados y con las ruedas puestas, sólo nos queda darles los últimos retoques. Les ponéis el número, el nombre del piloto y, para los más atrevidos y diestros dibujantes, podéis pintar también rayos u otra forma divertida. ¡Ya están listos los coches!

Para terminar las caras, sólo hay que coger los rotuladores y pintarles distintas expresiones: contentas, tristes, enfadadas, sorprendidas… cualquiera que se os ocurra o que podáis dibujar porque el Mediano se empeñó en que dibujara una cara de fantasma y, como no supe hacerla, quedó en una cara asustada (o al menos eso pretendí…). El toque final lo podéis dar con pegatinas. ¡Y ya tenemos las caras!

CONTRAS:

  1. Es una manualidad que es mejor hacer en dos días, para darle tiempo a las témperas a secarse bien. Así nos ahorramos mancharnos más de lo necesario, pero también así se puede después pintar encima con rotuladores perfectamente.

  2. Como siempre que usamos pinturas, nos manchamos. Hasta los codos. Aunque he de reconocer que esta última vez mis Trastos se han manchado menos que otras veces. Lo que significa que no se ensuciaran, que conste.

  3. Hacen falta bastantes tubos. Todos los de la foto se pintaron en media hora, para que os hagáis una idea.

PROS:

  1. Los niños pasan un rato divertido, ¿alguien lo duda?

  2. Dan rienda suelta a su creatividad. Lo digo siempre que hacemos manualidades, pero es que es verdad.

  3. Al cortar con tijeras o usar el pincel, potencian la destreza de sus pequeñas manitas.

  4. Una vez terminada la manualidad, pueden jugar con el resultado, tanto con los coches echándose carreras como con las caras.

  5. Con las caras se pueden trabajar las emociones. Esto a los niños les viene fenomenal.

  6. Fomenta la autoestima de los niños. Esto también lo digo siempre, pero no por ello es menos cierto. El Mediano ha estado tan orgulloso de su coche que se lo quería llevar hoy al colegio para enseñárselo a su profe y a sus compañeros de clase.

Bueno, pues ya sabéis otra manera divertida de darle salida a los tubos de papel higiénico que no sea la socorrida trompeta o el apañado catalejo pirata. Y, si os animáis a hacerla, pasaos por aquí y me contáis qué tal se les ha dado a vuestros hijos ;-).

08Abr/13

… del puré

Después de hablar de la lactancia y del biberón, la lógica me dice que ahora toca hablar de purés. Tarde o temprano, todo bebé necesita alimentación complementaria, la leche (de pecho o de biberón) ya no es suficiente y debe probar alimentos nuevos. Es la época en la que se descubren algunas alergias alimenticias (al pescado, al huevo…). Se puede optar por el método baby-led weaning (BLW), que básicamente consiste en darle al bebé alimentos sólidos, sin pasar antes por el puré. A quien quiera saber más sobre este método, lo que es y cómo se aplica, le recomiendo encarecidamente que se pase por el blog de Annabel.

Yo opté por los purés. Más que nada porque desconocía otros métodos (como el BLW). No sé por cuál hubiera optado de saber que había alternativas al pué, la verdad. La cuestión es que mis tres hijos han comido purés. El Pequeño está en ello ahora mismo. Así que, como siempre, aquí os dejo de relación de contras y pros. ¡Empezamos!

CONTRAS:

  1. Las cantidades. Según el primer pediatra al que acudí (allá cuando el Mayor era un bebé) me dio la siguiente relación: 20 g de pollo por 200 g de verduras en cada toma de puré. Os podéis imaginar, como madre primeriza que era, cómo iba con la báscula (de cocina, se entiende) pesándolo todo. Exactitud al máximo. Nada de 22 g de pollo, tenían que ser 20 g exactos. Y con la verdura lo mismo. Como anécdota, os diré que cuando mi primer bebé probó el arroz, ni corta ni perezosa, eché los 20 g de pollo con 200 g de arroz. Aquello ni era papilla ni era nada. Una plasta en toda regla que, lejos de probarla mi bebé, tuvo que ir directamente a la basura. Por cierto, yo ya con el tercero lo hago a ojo. La báscula me echa de menos.

  2. El tiempo. Si el bebé en cuestión come bien el puré, estupendo. Pero si no, puedes pasarte un buen rato cucharita va, cucharita viene. Cansado el bebé, cansado quien le dé de comer. Con lo fácil que era arrimarle al pecho y entretenerte viendo la tele, leyendo algo o simplemente mirándole embobada mientras mamaba, ¿verdad?

  3. Si al bebé le da por hacer pedorretas (pasa más veces de las que nos gustaría recordar), va a haber puré hasta debajo de los armarios. Que al principio te hace gracia, mírale, qué mono el bebé, si sabe hacer pedorretas… qué tierno, se ha puesto de puré hasta las orejas, sí, pero es taaannn mono… A la quinta, ni mono, ni mona, ni orangután ni nada. Te lo tomas como algo personal. Cuando el puré llega hasta tus orejas, empiezas a maldecir el día en que le enseñaste a pedorrear. Si quien se lo enseñó fue otra persona, le declaras ahí mismo odio eterno. Y, si además, dicha persona aún no se ha estrenado en esto de la pa/maternidad, decides que lo primero que le enseñarás a su vástago será a hacer pedorretas, a la hora de la comida a poder ser.

  4. El puré hay que prepararlo. Y con más antelación que el biberón. Con el biberón sólo hay que calentar el agua y echarle los polvos. Y ya. El puré hay que hacerlo antes porque hay que batirlo y dejar que adquiera la temperatura adecuada para no escaldar la lengua del bebé. Y luego, además, hay que fregar la olla, la batidora y demás.

  5. Cuando salimos fuera de casa, hay que calentarlo. Esto implica encontrar un sitio donde te hagan el favor. Y, una vez que te lo hacen, esperar para que no esté ni demasiado frío ni demasiado caliente (a ver cómo le explicas a un bebé hambriento que ese puré que tiene delante quema demasiado para que se lo coma ya y que ni soplando consigues que se temple…). Después de tres niños, yo me hice con una bolsita térmica y, antes de salir de casa, caliento el puré a tope y lo guardo ahí. Así mantiene el calor y, si calculo bien, se lo puedo dar a su hora sin depender de tener que calentarlo fuera de casa.

PROS:

  1. Como pasa con el biberón, el puré se lo puede dar cualquiera. Puedes dejar a alguien encargado de dárselo al bebé e irte a hacer otras cosas (como una ducha o comprar verdura para el siguiente puré).

  2. Ya que te pones, puedes hacer purés para varios días. La olla a presión (exprés, rápida) para esto es genial. Multiplicas las cantidades, lo repartes en recipientes y al congelador. Ahí lo tienes para varios días. Así no es necesario liarte todos los días en la cocina. Yo lo hago una vez a la semana.

  3. Creo firmemente que mi bebé nunca volverá a comer tantas verduras juntas como en este periodo de su vida. Madre mía la cantidad de verdura (vitaminas, minerales) que se mete para el cuerpo. O quien sabe, quizás te pase como a mis Trastos mayores, que ahora han empezado a aficionarse a los purés de verduras a base de ver al Pequeño los platazos que se mete entre pecho y espalda. Alguna cucharadita le han regateado al Peque. Y eso que para el bebé los hago sin sal…

  4. El puré les llena. Es tontería, me llena a mí, imaginaos a un bebé con el estómago más pequeñito. Así que normalmente, después de comer, la siesta se la echa sin problemas. Al menos eso me ha pasado a mí con los tres.

Dentro de poco, empezará con la comida sólida. Cuando empiece a guiarse por los ojos y a decir “esto no me gusta” sólo porque sea de un determinado color o tenga cierto aspecto, estoy segura de que echaré de menos esta etapa en la que se comía todo lo que yo le echara al puré. Y, para que no se me olvide, tengo que hacerle una foto pringado hasta los codos, porque, por mucho que se manche y por mucho que tenga que limpiar yo después, en las fotos así, los bebés están taaannn monos… 😉

06Abr/13

… del masaje Shantala para bebés

Cuando estaba embarazada del Mayor, fui a clases de preparación al parto. Fue la única vez, pues al llevarse poco tiempo, lo tenía todo muy presente. Además, tuve la precaución de tomar notas que pude consultar durante mis siguientes dos embarazos. Nos contaron cosas muy interesantes, la verdad es que no tengo queja alguna de aquellas clases. No sé si es porque se trataba de mi primer hijo y yo era ignorante en muchas cosas de la maternidad o que tenía las hormonas bailando jotas, pero lo recuerdo todo con mucho cariño. Una de las cosas que nos enseñaron es el masaje Shantala que, según nos contaron, proviene de la India.

Yo se lo di a mi bebé y he de decir que, teniendo un poco de tiempo, es estupendo tanto para el bebé como para la madre, aunque, por supuesto, también se lo puede dar el padre o cualquier otra persona. Yo intentaba dárselo todos los días sobre la misma hora. A mi entonces bebé le encantaba. Lo que nos recomendaron en el curso fue darlo con aceite de uva y unas gota de lavanda. Así se relajaban más. Y, la verdad, mi bebé se relajaba.

CONTRAS:

  1. Sí, he dicho aceite. Así que sí, pringa. Cuidado con qué tocáis con esas manitas dulces, sí, pero también pringosas después de dar el masaje al bebé.

  2. La esencia de lavanda es algo carilla para el botecito en el que viene. No obstante, como sólo se usan unas gotitas por litro de aceite, cunde mucho. Por cierto, ambas cosas se pueden encontrar fácilmente en herbolarios y son aptas para pieles sensibles. De todas formas, nunca está de más preguntar al pediatra o al del herbolario.

PROS:

  1. Es contacto físico y, al igual, que dar el pecho, abrazarle o besarle, ayuda a fortalecer el vínculo madre-hijo. Aunque, como digo, se lo puede dar el padre o cualquier otra persona.

  2. Es indicado para bebés, pero también se le puede dar a niños pequeños.
  3. Puede ayudar a eliminar los cólicos o el estreñimiento.

  4. Relaja al bebé y, si se le da antes de dormir, le ayuda a conciliar el sueño.

  5. Bien dado, se lleva su tiempo. Una vez que lo tengáis dominado podéis acortarlo en función del tiempo del que dispongáis, haciendo más ahínco en lo que queráis reforzar (cólicos, sueño…).

  6. Aunque lo más aconsejable es darlo con aceite, porque así el movimiento de las manos es mejor, también se puede dar con la cremita hidratante que utilicéis normalmente con vuestro bebé.

  7. Cuanto más le deis este masaje a vuestro bebé, más predispuesto estará a recibirlo. Quizás el primer día penséis que no ha servido de mucho. Bueno, hacerlo durante una semana y luego me contáis ;-).

Y, llegados a este punto, os preguntaréis ¿y cómo se da este masaje tan fantástico? Pues si me pongo a explicároslo os podéis morir del aburrimiento o no entender nada. Es un poco lioso de explicar, pero muy sencillo de dar. Así que, como dicen una imagen vale más que mil palabras, os dejo a continuación un vídeo con el masaje Shantala que más se parece al que me enseñaron a mí.

Si os animáis a probarlo, no dudéis en contarme cómo os ha ido. Estaré encantada de compartir experiencias :-).

05Abr/13

… del Viernes dando la nota: Asturias

Bueno, pues aquí estamos otra vez dando la nota un viernes ;-). La cogida la semana pasada fue genial, desde aquí, gracias a todos quienes me disteis la bienvenida, os pasasteis por aquí y, además, dejasteis un comentario. ¡Así da gusto!

CONTRAS:

Viernes dando la nota

  1. De nuevo, aquí me hallo buscando una canción. Es más, llevo pensándola desde el sábado pasado :-P.

  2. Me falta tiempo para pasarme por todos los blogs que participan. ¿Soy la única o también os pasa al resto?

  3. El viernes pasado, aun a pesar de mis esfuerzos y vuestra ayuda, no fui capaz de que el listado de los demás blogs apareciera en mi entrada. Hoy lo voy a intentar de nuevo y espero conseguirlo, pero, si fracaso de nuevo, por favor, no me lo tengáis en cuenta. No está hecho con mala intención.

PROS:

  1. He visto blogs geniales a través del Viernes dando la nota.

  2. He conocido canciones estupendas que me han encantado pero que no había oído nunca.

  3. He recordado canciones maravillosas que hacía mucho que no escuchaba.

Y ahora, al lío. La canción que he elegido esta semana es Asturias, de Melendi. Este cantautor se dio a conocer por la misma época en que el Tripadre y yo empezamos a salir. Me acuerdo de ir escuchando en el coche (conducía él, por supuesto) su primer álbum durante nuestras primeras vacaciones juntos.

Ahora, unos 10 años y tres niños después, resulta que el Mayor se ha aficionado a Melendi a través de su canción Lágrimas desordenadas. Y de aquí, ha pasado a escuchar otras más antiguas, entre las que se encuentra la que os traigo hoy, Asturias. Aunque a mi hijo le gusta más la parte de los cojones y la de Fernando Alonso (en esta casa la F1 se ve caiga quien caiga, Alonso rules 😛), la verdad es que la canción refleja el amor que cada uno siente a su tierra, la añoranza cuando se está lejos de ella y el orgullo de las propias raíces. Hoy en día, en que muchas personas se ven obligadas a viajar para conseguir una vida mejor, creo que la canción viene muy a cuento. Sólo tenéis que sustituir Asturias por vuestra tierra. ¿En cuál pensáis cuándo la oís?

¡Feliz Viernes dando la nota!

Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogs participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.
Si quieres participar, sólo tienes que subir a tu blog una entrada con una canción que te guste, que signifique algo especial para ti, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota.
Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas… y sobre todo ¡Baila, canta y diviértete!
Si quieres saber más, las reglas y participar puedes verlo todo aquí.

03Abr/13

… de volver a la autoescuela

Coche.

Si os pasáis de vez en cuando por aquí, mi casa 2.0, sabréis que he vuelto a la autoescuela. A dar clases prácticas más bien, para quitarme este miedo que me paralizaba al volante y coger confianza conduciendo. Llevo, con hoy, 8 clases. La última ha sido hace un rato. La anterior, antes de las vacaciones de Semana Santa.

Antes de las vacaciones, yo me veía feliz y contenta yendo a recoger a los Trastos al colegio. Había adquirido cierta confianza que crecía día a día. Pensé en llegar a 10 clases y dejarlo. También pensé en coger mi propio coche estos días de fiesta para practicar y ver qué tal se me daba sin mi profesor al lado. Sin embargo, por unas o por otras, no ha podido ser. No hemos podido dejar a los tres Trastos con nadie y yo, para practicar, paso de llevármelos en el coche. Me parece irresponsable cuando menos. Además, después de volver de Teruel, la casa se ha llenado de visitas y tampoco me parecía bien dejarles a ellas a los niños para irnos el Tripadre y yo a dar vueltas con el coche.

En cualquier caso, éstas son los contras y pros con los que me he encontrado al volver a la autoescuela. ¿Preparados? ¿Listos? ¡Empezamos!

CONTRAS:

  1. Tras años de insistirle al Tripadre para que no corra, resulta que ahora a mí me cuesta coger velocidad. En ciudad, muy bien, pero en autovía está fatal. Tengo que correr más, tengo que correr más…

  2. El juego de pedales se me sigue atravesando. En la última clase, no se me caló el coche ninguna vez. Hoy se me ha calado 3 veces… al menos no han sido seguidas y he sido capaz de seguir.

  3. Cuando en una calle estrecha me encuentro con un autobús que viene hacía mí por el carril de al lado, es para verme y mearse de risa. Me encojo de hombros y empiezo a decir: “ay, ay, ay…” hasta que ha pasado. Mi profesor se parte conmigo.

  4. Entre los nervios y ponerme delante de un volante, toda mi concentración está puesta en la carretera. Lo que implica que digo y hago preguntas personales que, en situaciones normales, no haría. Estoy convencida de que mi profe piensa que soy una cotilla bocazas, qué paciencia tiene el pobre conmigo…

  5. Confundo derecha e izquierda. Más de una vez me dice que gire a la derecha y yo, no sé por qué, veo la calle a la izquierda y ahí que me lanzo. Mañana me voy al cole con mis hijos, a ver si me enseñan la diferencia entre un lado y otro.

  6. Me he dado cuenta de que no sé orientarme en coche. Ya puedo estar al lado de casa que, si no veo el parque, podría bajarme ahí mismo y tardar tres horas en saber por dónde ir.

PROS:

  1. Soy capaz de arrancar en una cuesta. ¡Bravo por mí! Si me asustaba que se me calara el coche y no fuera capaz de arrancarlo, ya ni os cuento si esto me pasa en una cuesta.

  2. El aparcamiento en línea lo tengo controlado. Me sale increíblemente bien, de verdad…

  3. Como no conduzco para sacarme el carné (os recuerdo que lo tengo nuevecito desde hace unos 12 años), mi profesor me dice cosas que normalmente no se dicen a quien tiene que examinarse. De la misma manera, probamos a hacer cosas con el coche para que yo coja confianza, como entrar en una rotonda en tercera ;-).

  4. Estoy decidida a que el coche no va a poder conmigo. Mis hijos lo ven como una competición entre el coche y yo, y no pienso perder antes un cacharro por mucho volante que tenga.

  5. Si abandono, doy pie a mis hijos a que vean que no pueden hacer determinadas cosas que se propongan. Y eso sí que no. Hay que enfrentarse a los miedos, cada uno el suyo, coger el toro por los cuernos, como suele decirse, plantarle cara y quitarse el miedo. Quiero que vean que miedo tenemos todos, pero lo importante no es asustarse, sino saber sobreponerse y seguir hacia delante.

Resumiendo, no sé cuántas clases más daré. Tampoco sé cuándo podré probar mi coche. Ahora mismo estoy un poco derrotada y tampoco me veo yendo a recoger a los Trastos al cole. Lo mismo dentro de dos clases más vuelvo a coger confianza, puedo practicar con mi coche el fin de semana y en 10 días me veis conduciendo por ahí… Lo que sí tengo claro es que no pienso rendirme. Como siempre les digo a mis hijos cuando algo no les sale, la clave es practicar. Así que mañana más ;-).