24Jun/13

… de los consejos gratuitos al volante

Lerda al volante

Como sabéis, tenía amaxofobia (miedo a conducir). Lo digo en pasado porque, a fecha de hoy, miedo no tengo, ya no hay sudores fríos, revolución en el estómago o temblores mezclados con cierta parálisis. Hoy lo que tengo es falta de práctica.

Para acabar con ella, intento coger el coche todo lo que puedo, sobre todo, dentro de mi municipio porque he salido pocas veces a la autovía. ¿Qué queréis que os diga? Aún me asusta un poco ir tan deprisa y, sobre todo, las incorporaciones. Pero sé que a fuerza de hacerlo, iré cogiendo confianza.

El caso es que muchas veces no voy sola conduciendo. Voy con alguien en el asiento del conductor. Y, aunque cada vez me pasa menos (especialmente con el Tripadre), he tenido (tengo) que oír muchos consejos y algunos de ellos me molestan un poco. Como he vuelto a conducir, estoy como recién salida de la autoescuela, lo que parece ser igual a ser algo lerda.

Voy con los ejemplos para que me entendáis mejor. Ejemplo 1: como aún le tengo respeto al embrague (aunque ya casi no se me cala el coche, un hurra por mí), tardo en mover el coche una vez arrancado el motor. Así que prefiero pegarme a la puerta del garaje para que no le dé por cerrarse cuando consigo empezar a mover el coche. Bueno, pues ahí está el “¡¡¡que te das!!!” que me asusta casi más que si me hubiera llegado a dar. Cosa que, por cierto, aún no ha pasado.

Ejemplo 2: cuando aparco en casa, hay una pared enfrente. Como aún no calculo muy bien el morro del coche, tomé la referencia de un bordillo que tenía a la altura del hombro. Así que cuando aparco en el garaje, una vez cuadrado el coche en la plaza, miro a mi izquierda hasta que mi hombro está a la altura del bordillo. Una vez más, se oye el “¡¡¡para ya, que te das!!!” o, en el caso de mi padre, el “¡¡¡soooooooo!!!”, sí, habéis leído bien. Por cierto, tampoco me he dado nunca contra esa pared.

Ejemplo 3: como aún estoy cogiendo confianza con el coche, empecé yendo muy lenta. No pasaba de segunda. A lo largo de estos meses, he ganado velocidad y llego hasta tercera :). Creo que mi récord está en 40 km/h en ciudad. No necesito más. Aún así hay quien me llama “lentita al volante”.

Ejemplo 4: la mayoría de los que sientan a mi lado en el coche, son asiduos conductores. Lo de ir de copiloto lo han hecho poco. Pues siempre me están diciendo que me pego demasiado a la derecha. Puede que sea verdad, al fin y al cabo, mi referencia está al lado derecho del coche, lo de ir al volante es nuevo para mí. Pero no puedo evitar preguntarme si efectivamente me pego mucho o si es que ellos también se guían por la referencia de ir siempre conduciendo (lado izquierdo) y por eso se les hace que voy demasiado a la derecha. Aclaro también que, hasta hoy, no me he llevado ningún espejo de los coches de mi derecha.

Ejemplo 5: al igual que me falta práctica al conducir, también me falta práctica al aparcar. Intento guiarme por las indicaciones que me dio mi profesor de autoescuela y, la mayoría de las veces, funciona y aparco sin problema. Pero a veces, especialmente si tengo mucho hueco, me falla la referencia y me cuesta más aparcar. Si voy sola, intento visualizar cómo está el coche y la maniobra que tengo que hacer para aparcarlo. Me lleva un rato, pero lo suelo conseguir a base de maniobras y de la prueba y error. Si voy con alguien, empieza a darme indicaciones sin explicación (“gira todo el volante a la derecha… ahora a la izquierda… ¡no tanto!… gira mientras mueves el coche… no hace falta que lo pares… ahora hacia delante…”). A parte de ponerme nerviosa, no sé lo que estoy haciendo. Sigo las instrucciones y aparco, pero cuando salgo del coche no he aprendido cómo lo he hecho.

CONTRAS:

  1. Como he dicho, estos consejos gratuitos no me aportan nada.

  2. Muchas veces, lo único que consiguen es ponerme nerviosa y, algunas veces, hacerme sentir estúpida e inútil.

PROS:

  1. Obviamente, no todos los consejos son molestos. Algunos me ayudan mucho a la hora de conducir. Pero esta entrada trata de los consejos que no me gustan nada.

Estos consejos gratuitos los oigo bastante a menudo. En muchos aspectos, no sólo al conducir. Otro día os hablo de los otros, que tampoco tienen desperdicio.

Por el momento, sigo practicando con el coche, ahora que creo haber superado mis miedos. Mi próximo objetivo es salir a la autovía. Y, como mi sentido de la orientación deja mucho que desear, creo que por mi cumpleaños voy a pedirme un aparatejo de esos para no perderme. Que hable, eso sí, que aún no estoy preparada para quitar la vista de la carretera. Quizás estas Navidades pueda ir yo sola a por los regalos de Reyes, para delicia y gozo del Tripadre. Os seguiré contando ;).

22Jun/13

… de recibir el Premio Dardos

Premio DardosPues aunque tenga este nombre, el Premio Dardos no es un premio con inquina. Me lo otorgan cinco blogs estupendos. El primero fue Trimadre a los 30 a quien seguro que muchos conocéis por su carnaval de blogs Maternidad de la A a la Z. Yo he participado en él y ha sido una iniciativa de gran éxito. Sin embargo, el blog de Vero es mucho más, no os quedéis sólo con el carnaval y echadle un vistazo, seguro que os encandila tanto como a mí.

El segundo blog que me lo otorgó fue El fredolic, blog que publican Xénia y Aleix en catalán y en castellano. Así que tratan gran variedad de temas, por lo que seguro que también os gusta. Pasaos y luego me contáis ;).

La tercera ha sido Madre del siglo XXI, un blog que acabo de descubrir y que pienso seguir sus pasos. Es nuevo para mí, pero también en el tiempo, pues empezó en abril. ¡Y ya lo sigo en Twitter! En la entrada en la que reparte premios dice que escojamos el que queramos, pues yo he escogido éste :).

El cuarto ha sido Blog para escribir… bueno, éste último ha dado a 15 blogs (entre ellos el mío) un montón de premios. Aunque los recojo todos (estarán en Gracias), para no resultar pesada, hoy sólo voy a nombrar el Premio Dardos.

Y, por fin, el quinto ha sido La morada de Nieves, quien me ha conquistado por contar las cosas con humor y desde el corazón. También me ha dado más premios, pero como ya he dicho, voy por partes para no resultar cansina ;-).

CONTRAS:

  1. No hay que responder cuestionarios, por lo que los más cotillas se quedan con las ganas ;).

  2. Hay que elegir 10 blogs a quienes otorgárselo. De nuevo la eterna pregunta… ¿no puedo dárselo a todos los que me gustan? Pues no, ahora vas y elige sólo 10, jo.

PROS:

  1. Es un premio que se otorga a blogs que transmiten valores éticos, culturales o personales o todos a la vez. Así que me ha hecho mucha ilusión que me lo hayan dado.

  2. Espero que también les haga ilusión recibirlo a los blogs a quienes se lo entrego hoy.

Y a todo esto, que aún no os he dicho cuáles son mis blogs elegidos (mira que soy mala, que siempre espero al final :D). Bueno, no me hago más de rogar. Ahí van (pero que conste en acta que me gustaría premiar a muchos más blogs).

¡Que lo disfrutéis!

21Jun/13

… de depilarse

Pues parece que por fin ha llegado el calor y tiene intención de quedarse. De los visitantes inesperados que trae este tiempo ya hablé el otro día, así que hoy voy a centrarme en otra cosa que nos atañe especialmente a las mujeres. Como decía, ha llegado el calor, lo que implica prendas más ligeras y con menos tela. A su vez, esto implica dos cosas: una, si tienes kilos que te sobran, se van a notar (ya no dispones de abrigo que los encubra) y dos, hay que desprenderse del disfraz de oso (es decir, de los pelos no deseados).

Hoy voy a centrarme en esos pelos que, al menos a mí, me traen por el camino de la amargura estos meses de verano. Si eres hombre, estás leyendo esto y crees que no va contigo, te aconsejo saltarte toda la parrafada que voy a soltar a continuación e ir directamente al último párrafo. Si eres mujer, también puedes hacerlo. Si eres un extraterrestre, lo dejo a tu elección.

Como decía, ahora que empezamos a lucir muslamen lo no que no hay que lucir, bajo ningún concepto, es vello. Internet está plagado de ataques a celebridades que olvidaron u obviaron depilarse y han sido más que criticadas por ello. Ahora mismo se me vienen dos a la memoria: Julia Roberts y Mo’Nique. Y eso que son buenas actrices.

Para no lucir esos pelos asquerosos hay que depilarse. Las maneras (cremas, cuchilla, máquina, cera…) dependen de cada una, de su umbral de dolor y de su tiempo. Y digo yo, la evolución, ésa tan sabia que ha reducido a nuestros meñiques a una mínima expresión porque es el dedo que, al parecer, menos usamos; pues bien, esa evolución ha sido incapaz de eliminar el vello que las mujeres llevamos miles siglos intentando hacer desaparecer.

En invierno nos relajamos más, a menos, claro, que seas de las que llevan falta o vestidos día sí, día no. Pero llega la primavera con su calorcito y nos miramos las piernas, sí, pero también axilas e ingles. Vamos, que en mi cuerpo en verano hay más partes depiladas que no depiladas. Quizás tú eres una de las afortunadas que tiene vello rubio o que le crece despacio, pero si no, es decir, si eres como yo, morena y con un ritmo rápido de crecimiento del vello, hay que depilarse a menudo. Y esto es una lata.

Que no me venga ningún hombre ahora a decirme que él se afeita todas las mañanas porque no es lo mismo. Un hombre con barba de tres días puede resultar sexy, una mujer con vello (aunque sea incipiente) es una guarra (da igual que te duches tres veces al día, si vas sin depilar, eres una guarra). Y los hombres lo que hacen al afeitarse es cortarse el vello, las mujeres cuando se depilan, en la mayoría de los casos, lo que hacen es arrancárselo.

Y si tenéis mala suerte, como es mi caso, además tendréis pelos enquistados que no salen por mucho que te exfolies. Y duelen. Y pican. Y molestan. Yo muchos me los tengo que quitar ayudándome con un alfiler, total que acabo con las piernas llenas de heriditas. A esto le sumo que, una vez depilada, se me marcan muchísimo los poros abiertos y rojos que quedan tras extraer el vello. Como supondréis, aunque depiladas, mis piernas dan un poco de pena. Lo único que me salva es que soy más bien morena de piel porque si fuera algo más blanca daría pena de la buena. Con este panorama, más de una vez he llegado a preguntarme si ir con las piernas llenas de pelos no sería mejor. Pues no, en nuestra sociedad, antes con las piernas feas que no depiladas.

Luego está la depilación láser o la fotodepilación, que parece que elimina el vello no deseado para siempre. Y ese “para siempre” me atrae un montón. No imagino lo que es querer ponerme un vestido y ponérmelo sin mirarme antes las piernas. Hace dos veranos estuve a punto de hacérmela, pero me quedé embarazada del Peque y no pude. Y ahora no está el horno para bollos.

CONTRAS:

  1. Hay que buscar tiempo. Da igual si vas a que te depilen o si lo haces tú misma en casa, tienes que buscar un hueco. Si además de hacerlo en casa tienes niños pululando, como es mi caso, los huecos se reducen hasta su casi total inexistencia. Me veo todo el verano en pantalones largos.

  2. A menos que uses cremas, duele. Más o menos, pero duele. Y total, ¿para qué? Para hacer lo mismo a la semana siguiente. Porque si todavía durara un mes a mí no me daría tanta pereza sufrir un poquito.

  3. Da igual lo bien que te pinten la crema que retarda el crecimiento del vello o la que lo elimina poco a poco, por lo general no funcionan y sólo sirven para sacarte los cuartos.

PROS:

  1. Una vez depilada, me encanta pasarme la mano por la pierna libre de vello. Ahora sólo hace falta aprovecharlo con un bonito vestido o una falda preciosa… esperemos que no haga mal tiempo y me quede sin lucir el fruto de mi sufrimiento ;).

  2. Me siento más sexy, más segura. Es una tontería, lo sé, pero yo soy así, jajajaja…

Llegados a este punto, me declaro a favor de no tener que depilarme nunca más. Como paso de ser la próxima Julia Roberts o Mo’Nique, me voy a decantar por la fotodepilación o depilación por láser. En cuanto ahorremos, eso sí. Así que, si eres hombre y conoces a alguna mujer que se tenga que depilar, regálale la depilación definitiva en cuanto tengas ocasión. Por mi parte, yo voy a empezar a guardar los centimillos que se pierden por el sofá.

19Jun/13

… de cepillarse los dientes

Cepillos de dientes

He de reconocer que mis hijos sólo se cepillan los dientes una vez al día: antes de irse a dormir. Por la mañana es imposible con toda la prisa que supone despertarles, vestirles y que desayunen… si hay veces que, más que beberse la leche con cacao, la engullen. Y luego se quedan a comer en el colegio. Todavía no se llevan cepillos de dientes. Así que la hora de los dientes es después de cenar.

Tal mal no les va porque hace poco fuimos a su primera revisión odontológica (el Mayor con 5 años y el Mediano con 3). El dentista dijo que tenían unos dientes sanos, cero caries. Hasta les puso un vídeo para que aprendieran cómo cepillarse correctamente. Salieron encantados de la clínica. Mi sobrino (5 años también) no tuvo tanta suerte. El pobre tenía cuatro caries, al parecer, originadas por tomar demasiados zumos. Y sí, he dicho zumos, no chuches (que es en lo primero que pensamos cuando hablamos de caries en los niños).

Cuando vamos camino de la cama, el Mayor y el Mediano hacen carreras a ver quién llega primero. Pueden hacerlas ellos solos o en brazos de papá y mamá, para disgusto de nuestras espaldas. Primera parada, el baño. Hay que lavarse los dientes. Cuando el Mayor era pequeño, recuerdo haber invertido bastante tiempo en explicarle qué dientes hay que lavarse y cómo hacerlo: los de delante, las muelas, por delante, por detrás… la pasta no se traga, si hay mucha espuma, se escupe en el lavabo… enjuagarse la boca, secársela con la toalla (no vale con la manga del pijama)… sin prisa pero sin pausa… Al final, he de reconocer que estoy bastante satisfecha con el resultado. He intentado hacer lo mismo con el Mediano, pero, recordad, es todo una carrera. Cepillarse los dientes también. Así que de nada valen mis indicaciones, el Mediano está más pendiente de terminar antes que el Mayor. Y el Mayor lo mismo. Así que el Mediano acaba paseando rápidamente el cepillo por toda la boca. Y el Mayor, más que cepillarse los dientes, les dice hola y adiós con el cepillo.

Menos mal que nos queda el flúor. O al menos, así me consuelo yo. Lo que pasa es que sólo el Mayor toma flúor (aunque también rápidamente, por supuesto, que aún continúa la competición) porque el Mediano se traga el agua de enjuagarse la boca. Hasta que no aprenda a escupirla y no tragársela, se queda sin flúor. Después, carrera hacia la cama, normalmente con los churretes de la pasta aún por la comisura de la boca. Y carrera también por ver quién se acuesta y arropa primero.

CONTRAS:

  1. Después de un día largo, con los Trastos cansados del colegio y tras una cena que se ha alargado más de lo esperado entre “mastica” y “traga”, lo que menos nos apetece al Tripadre y a mí es ponerles a lavarse los dientes. Lo que tenemos son unas ganas locas de acostarles.

  2. El Mediano debería dejar de competir con su hermano para ver cuál acaba primero y prestar más atención a lo que está haciendo. Tampoco vendría mal que escuchara las indicaciones que le damos el Tripadre y yo para que se cepille los dientes lo mejor posible.

  3. Los churretes se los llevan a la cama en la cara, pero también los dejan por todo el lavabo. Esa noche me sentiré afortunada si los salpicones no llegan al espejo.

PROS:

  1. Ahora que llega el verano espero poder meterles en la rutina de cepillarse los dientes después de cada comida y no sólo a la hora de acostarse por la noche.

  2. También espero conseguir que el Mediano depure su técnica. Estoy pensando en que se cepille los dientes conmigo de vez en cuando.

  3. Como se cepillan los dientes los dos juntos, al menos el Mediano va tomando nota de cómo lo hace su hermano Mayor. Un consuelo, sobre todo si fracaso estrepitosamente en mi pro número 2.

  4. El Mayor usa flúor, espero que compense las carencias de un cepillado rápido.

  5. Si consigo hacerle entender que el agua de enjuagarse hay que escupirla, el Mediano también probará el flúor.

Y esto es así todas las noches. Tendremos suerte si en el proceso no hay voces ni gritos ni enfados porque la habitación del Peque está entre el baño y la habitación de sus hermanos y porque se acuesta antes que los otros dos. Quien, dicho sea de paso, tiene más paciencia que un santo… porque mira que arman jaleo los Mayores antes de irse a dormir… con lo rápido y directa que me voy yo sola a la cama todas las noches sin que nadie tenga que insistirme ;).

17Jun/13

… de la tarta camiseta

Tarta camiseta Real Madrid

El 7 no se refiere a los años, sino al número que viste Cristiano Ronaldo. Y, para preservar la intimidad del Mayor, he borrado su nombre (confío en que lo comprendáis).

Hace poco fue el cumple del Mayor, 6 añazos cumplió el señor, así, sin pedirle permiso a nadie. Y, como siempre, la tarta de cumpleaños se la hace la menda. Hace unos años descubrí el fondant y ante mí se abrió un nuevo mundo de posibilidades. Esta masa de azúcar os podrá gustar más o menos y podréis considerarla más o menos empalagosa. Lo que no me podéis negar es que resulta ideal para darle forma a las tartas, quedando así más vistosas.

Cuando cumplió 4 años, quiso a Rayo MacQueen. Y se lo hice. Fue mi primera tarta con fondant y, no es por echarme flores, pero me quedó bastante resultona y mi hijo alucinó en colores. Los 5 años los estrenó con una tarta de El Rey y también fue todo un éxito. Así que este año me esperaba otro coche, en concreto a Chick. Yo quería hacer otra cosa, así que le pregunté si no le gustaría una tarta como la de su hermano. Me contestó con un tajante no. No le insistí más en vista de que lo tenía muy claro.

Sin embargo, un rato después me preguntó si yo podía hacer una tarta con la cara de Cristiano Ronaldo. No soy tan buena (os recuerdo que no soy pastelera ni repostera). Pero no se dio por vencido y me preguntó si entonces podría ser una tarta de la camiseta del Real Madrid. ¡Eso es otra cosa! ¡Ésa sí! Y encima la camiseta es blanca, lo que significa que no necesitaba fondant de colores. Me lié la manta a la cabeza y así la hice.

Bizcochos tartaPrimero horneé dos bizcochos rectangulares, que serían el cuerpo de la camiseta. Recortados los bordes una vez fríos, los rellené y cubrí de nata montada con sabor a frambuesa. Después me dispuse a hacer las mangas. Para ello usé un truco que me vino muy bien cuando le hice la tarta del barco pirata al Mediano el año pasado por su cumpleaños. En un cuenco grande, desmigué todos los recortes que me habían sobrado del bizcocho y lo mezcle con queso de untar (el light del Mercadona, que aún me sobra un kilo y medio ;)). Luego sólo hay que darle la forma que se quiera (en mi caso, las mangas de la camiseta). ¿Que he dicho queso y aborrecéis el queso? No os preocupéis, os puedo asegurar que no se nota. Y estoy tan segura porque el Tripadre y mi suegro odian el queso en los postres y se lo di a probar sin decir ni mu y ni se enteraron (sólo cuando hubieron tragado el último bocado les confesé el secreto del bizcocho tan rico que acababan de zamparse ;)).

Fondant

Como no soy experta en tartas de fondant, fui por el camino fácil. Una vez untadas con la nata los exteriores del cuerpo y mangas de la camiseta, los forré con fondant por separado. Y luego los detalles. Las líneas rojas (al menos intenté que fueran rojas) son chocolate blanco derretido y mezclado con colorante rojo. Las líneas negras son chocolate negro derretido. Para ello, metí en bolsas de congelar con cierre zip tres o cuatro cuadraditos del chocolate que necesitaba y después corté un poquito la punta de la bolsa. Y ¡a escribir y dibujar!

Escudo tartaEl escudo me trajo de cabeza, pero tenía guardados unos rotuladores de tinta apta para comer (en fondant, galletas, etc.). De no haberlos tenido, hubiera impreso el escudo en color y lo hubiera puesto encima del fondant. Por supuesto, lo hubiera retirado antes de comernos la tarta, que el papel no se come ;).

CONTRAS:

  1. Para hacer este tipo de tartas, me gusta organizarme por días. Empiezo contando hacia atrás: el día del cumple monto la tarta, el día anterior horneo los bizcochos (así les doy tiempo a reposar y enfriarse porque de esta manera es más fácil cortarlos para darles forma)… así que tengo que tener todos los necesarios comprados de antes. Es una semana agotadora.

  2. Con el Peque en casa reclamando mi atención a cada momento, es complicado poder concentrarme.

  3. Siempre hay algo que me lleva de cabeza, esta vez fue el escudo. Siempre intento pensar la opción más simple para no perder demasiado tiempo con el resto de la tarta.

  4. Son días en los que no paro de fregar cacharros.

  5. Para forrar toda la tarta necesité un kilo de fondant. No os imagináis lo que costó amasarlo. Vaya dolor de brazos, no hace falta ni ir al gimnasio.

PROS:

  1. He de reconocer que disfruto como una niña pequeña montando la tarta.

  2. La tarta es única y personal. Eso sí, siempre a gusto del cumpleañero. Es una forma de no caer en la típica tarta comprada o encargada a una pastelería.

  3. Es un trabajo, no puedo negarlo, pero la cara y la ilusión con que espera su tarta hace que todo valga la pena.

A parte de esto, sólo me queda deciros que la tarta estaba riquísima, que el Mayor alucinó y a sus tíos futboleros les encantó tanto que a punto estuvieron de pedirme una igual para sus respectivos cumpleaños. ¡Así da gusto meterse en la cocina!

15Jun/13

… de recibir el premio Best Blog II

Premio Best Blog.

Premio Best Blog.

Bueno, pues lo habéis adivinado: me han vuelto a premiar el blog con el premio Best Blog. Esta vez ha sido Mamá Pata y ya aparece mencionada en la página de “Gracias” para que quede constancia de mi eterno agradecimiento.

No es la primera vez que lo recibo (ver aquí y aquí), así que la parte de pasárselo a otros blogs ya la tengo hecha y me la salto en esta entrada. Pero este premio implica responder a algunas preguntas, así que esta entrada es para contestar las que ha formulado Mamá Pata y hacer las delicias de los más cotillas que anden por aquí ;).

  • ¿Que te motivó a empezar a escribir un blog?

    El hecho de querer contar cosas sobre mi manera de vivir la vida y dar rienda suelta a mis ganas de escribir.

  • ¿En que te inspiras para escribir o porque elegiste la temática?

    Me inspiro en mi día a día, que son las cosas que me pasan, que veo que pasan a mi alrededor, en mis hijos y en mi forma de entender el mundo.

  • Tu comida favorita.

    Cualquier postre con chocolate.

  • ¿Qué querías ser de pequeña?

    Pues primero quise ser cuidadora de animales. Después veterinaria. Al final, acabé siendo de letras.

  • ¿Cuál es tu grupo de música preferido?

    Ahora mismo soy más de canciones que de grupos.

  • ¿Practicas algún deporte?

    Sí, cuidar niños. ¿No sabéis que hay un juego de la Wii que equipara cuidar niños a deportes como la equitación? Pues eso, mi deporte es cuidar niños ;).

  • El último libro que has leído.

    El libro de Carlos González Bésame mucho.

  • ¿Playa o montaña?

    Personalmente, prefiero la montaña, pero desde hace unos años voy más a la playa.

  • ¿Qué lugares te gustaría visitar?

    Cualquiera en el que no haya estado y pueda disfrutarlo.

  • ¿Museos o actividades al aire libre?

    ¿Por qué elegir? Si hace buen día, actividades al aire libre; si llueve, mejor museos.

  • Una frase que te defina.

    Siempre me ha encantado una que dice: “no sueñes tu vida, vive tu sueño”. Lo que no tengo claro es si me define o no…

Ahora vamos con mis pros y mis contras ;).

CONTRAS:

  1. Es para blogs pequeños (no más de 200 seguidores). Ahora mismo, WordPress dice que sois 144 (¡sois geniales!), así que dentro de poco (pues espero alcanzar esos 200 amigos) no podré optar a él.

  2. Esto de contestar preguntas me rompe un poco el esquema de mis contras y pros, pero creo que consigo encajarlo bien en la organización, ¿no? 😉

PROS:

  1. Como he dicho, no es la primera vez que me dan este premio, pero me sigue haciendo la misma ilusión que la primera vez.

  2. Le agradezco muchísimo a Mamá Pata que haya pensado que mi blog se merece un premio, con todos los blogs geniales que pululan por ahí :).

Bueno, como podéis comprobar, sigo con mi máxima de “es de bien nacido ser agradecido”. Es cierto que tardo en contestar los premios, pero como dice otro refrán, “más vale tarde que nunca”… no me lo tengáis en cuenta :).

14Jun/13

… de los okupas primaverales

Bicho

Estamos en primavera, época por excelencia de las lluvias, las flores, las alergias y los bichos. Todo vuelve a nacer, los árboles caducos empiezan a echar hojas nuevas, vamos más alegres por la calle porque hay más horas de sol, sabemos que el verano está próximo, empezamos a ver los primeros mosquitos, las primeras mariposas, los pájaros cantan, te caen chaparrones de 3 minutos que de dejan como recién salida de la ducha con ropa y todo y hasta hay quien disfruta de las bondades de la alergia.

Vamos, que a esta época del año no le falta de nada. Tan pronto hace un calor que te hace temer el incipiente verano como bajan las temperaturas sin encomendarse ni a Dios ni al diablo y acabas con un constipado de aúpa porque justo ese día saliste con la ropa que no era. Porque ésa es otra, no sé vosotros, pero yo tengo el armario cual lata de sardinas, ropa de verano junto a ropa de invierno. Toda espachurrada y arrugada. Quien dijo que la arruga es bella o bien no le gustaba planchar o bien tenía demasiada ropa para su armario.

Todas las épocas del año tienen su encanto. Yo, personalmente, prefiero el otoño y después el invierno. Aborrezco el verano con su calor asfixiante y la primavera me trae visitantes inesperados a la par que asquerosos. Sí, estoy pensando en mosquitos, hormigas, arañas… y el de la foto. ¡Por favorrrrr! ¡Qué ascazo!

Me lo encontré el otro día por la mañana al lado de la pata del sofá, todo enroscadito y tan largo como la palma de mi mano, y lo primero que pensé es que sería parte de algún juguete. Menos mal que me fijé algo más y entonces le vi esas patas. Creo que pasaron 5 minutos hasta que reaccioné. ¿Qué hacer para matarlo? Porque sí, yo quería matar a ese bicho asqueroso que había osado colarme en mi salón cual okupa a la hora del desayuno del Peque. Primero pensé en pisarlo, pero como estaba bajo el sofá, pues no podía. O atinaba a la primera o iba a ser complicado. Pero yo tengo una vena asesina que aflora en primavera y que me hace acabar con todo aquel bicharraco que entre en casa. Normalmente son los mosquitos quienes padecen este venazo mío (quienes, por cierto, siempre tienen a bien picarme a mí y no al Tripadre a pesar de los escasos centímetros que nos separan en la cama), pero lo aplico sin discriminación a cualquier otro bicho.

El caso es que, si me lo hubiera encontrado fuera de casa, posiblemente habría actuado de otra manera. Pero estando dentro de casa, de mi casa, me lo tomo como una ofensa personal. Ya no es un bicho que se ha colado, no. Ahora es un bicho que ha venido a picarnos a mí o mis Trastos (vale, también al Tripadre, a pesar de que se meta conmigo por esta obsesión mía) y entonces es o él o yo. Estaba en mi salón. Tenía que acabar con él. No había otra opción.

Pensé en pisarlo y, si no lograba matarlo, arrastrarlo hasta una zona descubierta donde pudiera darle un buen pisotón. Cuando estaba a punto de meter la punta del pie bajo el sofá, no sé por qué (bueno, sí que lo sé… vi una imagen del bicho trepando por mi pierna), cambié de opinión. Me quité la zapatilla y me dispuse a hacerlo con la zapatilla en la mano. A poco rocé al bicho con el arma en cuestión, éste se aferró a ella y no se soltó. Al contrario, tuvo a bien levantar la parte trasera (sí, ésa que parece una tijera) para hincármela, supongo… Y todo esto al tiempo en que yo sacaba la zapatilla de debajo del sofá.

Confieso aquí y ahora que he pasado muchos veranos (por no decir todos) de mi infancia en el pueblo con mis abuelos. He visto toda clase de bichos (terrestres, voladores y acuáticos) y he cazado otros tantos (los botes de cristal llenos de avispas aún son tema de conversación en casa de mi abuela). No me dan asco. No corro al ver una avispa acercarse a mí ni grito en presencia de una araña. Soy capaz de coger un saltamontes con mis propias manos y atrapar una mosca en reposo. En ese aspecto, creo que soy poco femenina… He jugado con gatos, perros, pollitos, gallinas, cabras, chivos, ranas… vamos, que me no asusto fácilmente.

Sin embargo, también confieso aquí y ahora que cuando vi al de la foto agarrado a mi zapatilla, con el culo en pompa amenazante y moviendo gran parte de sus patas me cagué de miedo. Y el Tripadré se meó de risa. ¿Cómo? ¿No os he dicho que a todo esto estaba hablando con el Tripadre por teléfono? Pues ya lo sabéis. Creo que intentaba guardar la compostura al tiempo que daba gracias al cielo por no estar en ese preciso instante en casa, pero yo, que algo ya le conozco, podía ver perfectamente su cara de descojone al otro lado del teléfono.

Al final, me fui a lo seguro. Cogí el insecticida y he apunté directamente. Se soltó de mi zapatilla. Corrió rápido y yo detrás sin dejar de presionar. Al final se retorció, pero seguía moviéndose, así que yo seguía apuntándole. Un rato después (porque no sé cuánto tiempo pasó, pero a mí se me hizo eterno), se puso boca arriba y así murió. Y ahí lo dejé como media hora para asegurarme de que estaba bien muerto.

Cuando el Peque terminó de desayunar y de mirarme con ojos extraños (al fin y al cabo, acababa de presenciar una faceta de su tierna madre desconocida por él hasta el momento), puse al bicharraco en una servilleta. Se lo enseñé a los Trastos cuando volvieron del colegio a la vez que les insistía “los bichos no se tocan, que pican” y el Mediano me replicaba “qué mono” y yo “ni mono ni leches, que pica, p-i-c-a” y el Mayor “mamá, no todos los bichos pican; los bichos bola no pican” y yo “ante la duda, no se tocan, se llama a mamá o a papá” aunque yo pensaba que si tenían que confiar en que el Tripadre matara a un ejemplar así iban listos y, crucemos los dedos, esperemos que sea mamá la que ande por allí la próxima vez.

Bromas a parte, no me gusta asustar a mis hijos (en plan que viene el coco o similar), pero es que durante mis peripecias contra el bicho, sólo pensaba en que mis hijos bien podrían haberlo confundido con un juguete (como me pasó a mí), estirar la mano para cogerlo y… y entonces tendríamos que haber ido corriendo al hospital. Y por eso me asusté tanto.

CONTRAS:

  1. Tras acabar con el de la foto, removí todo el salón. Desarmé el sofá y todo. Eché insecticida a conciencia. Limpieza a fondo, que se dice. Acabé baldada.

  2. Cada vez que lo recuerdo, me sigue dando el mismo asco. Es más, mientras escribo esto tengo los pelos de punta.

  3. Me he dado cuenta de que soy más miedica de lo que pensaba en cuestión de bichos. Con lo que yo he sido… frustrante.

PROS:

  1. Si veo otro, paso de la zapatilla. Cojo directamente el insecticida, que sé que funciona.

  2. Quiero pensar que salvé a mis Trastos de una picadura horrorosa. Eso hace que sea menos miedica, ¿no?

  3. Las risas que se echó el Tripadre a mi costa. Aunque a mí no me hizo gracia en el momento, ahora no puedo evitar reírme yo también.

  4. Al enseñarles al de la foto a mis Trastos, espero que se les hayan quitado las ganas de tocar bichos.

Y ahora, os cuento la guinda del pastel. Ya he comentado antes que soy capaz de coger un saltamontes con las manos. No de asustan ni me dan asco. Pues bien, tras el episodio mañanero con el de la foto, salgo al patio y, al moverme, sale volando un saltamontes. Mi corazón se pone otra vez a mil por hora. “Sólo es un saltamontes… mira que soy tonta…” me digo mientras intento recomponerme del susto y dibujo en mi cara una sonrisita nerviosa. Vuelvo a moverme y el saltamontes que vuelve a volar. Con un ojo veo el vuelo del nuevo bicho, con el otro ojo veo la puerta de la casa abierta. Un fugaz movimiento cruza mi mente: el saltamontes entra en casa y otra vez me va a tocar sacar mi vena asesina… paso. Y entonces decido correr a cerrar la puerta antes de que se cuele la nueva visita inesperada. Me doy la vuelta y… Bueno… El saltamontes cambia la dirección del vuelo y se va del patio y yo… ejem… caigo estrepitosamente al suelo al tropezar con el escalón (que, por cierto, siempre ha estado ahí, no ha crecido durante la noche ni nada parecido). En fin, ahí os dejo, riéndoos a gusto.

12Jun/13

… del horario de verano

Horario de verano

Sí, ya lo sé, el horario de verano entró en vigor hace tiempo. No es que me acabe de dar cuenta hoy (cosa, por otro lado, de la que sé que soy perfectamente capaz). Lo que pasa es que ya vamos para mediados de junio, a pesar de que tengo la sensación de haber guardado el árbol de Navidad antes de ayer. Y supongo que todo el mundo sabe lo que significa junio: vacaciones escolares.

Dentro de poco se acabarán los horarios y mis Trastos y yo estaremos 24 horas juntos. Vacaciones a parte, es cuando más les quiero y más me sacan de quicio a partes iguales. Como yo no trabajo fuera de casa, tengo el privilegio de pasar todo el verano con ellos. Y lo estoy deseando, no puedo negarlo.

Sé que los primeros días se harán largos y pesados, al fin y al cabo, hay que coger nuevas rutinas (espero que levantarse tarde sea una de ellas) o, lo que es lo mismo, olvidarse de los horarios apretados que hay que seguir a lo largo del curso (acostarse pronto, levantarse temprano, bañarse a tal hora, cenar a esta otra…). Para los Trastos llega el momento de jugar y, para mamá (o sea, yo misma), es el tiempo de estrujarse más la cabeza para mantenerles entretenidos. Y esto es toda una empresa, pues ya se sabe que su capacidad de atención y pegar el culo a la silla es más bien escasa a sus tiernas edades. Y eso sin contar con el Peque, que está empezando a andar y sólo quiere explorar en el suelo a sus anchas.

Y soy realista. También es el tiempo de salir sola con los tres, poniéndome el mundo por montera y dejando en casa la vergüenza. Es el tiempo en el que las tareas del hogar (llamadlas como mejor os plazca) se alargan. Lo que ahora tardo en hacer dos horas dentro de un mes voy a tardar tres días. Y todo esto amenizado por un continuo ir y venir de “¡mamáaaaaaaaaa!”.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque, como ya habréis adivinado, voy a tener menos tiempo para mis cosas. Entiendo por “mis cosas” este blog. De hecho, ya me ha pasado este fin de semana, que publiqué la última entrada de la semana pasada el jueves y la siguiente este lunes a la hora de comer (por poco no llego). Ya me encantaría a mí seguir publicando de lunes a sábado, pero creo que me va a ser completamente imposible con los Trastos pululando a mi alrededor todo el día. Así que, para que nadie se lleve a engaño, mejor las cosas claras.

Mi intención es reducir las entradas semanales a la mitad, es decir, tres a la semana (lunes, miércoles y viernes a ser posible), con suerte cuatro. Intentaré siempre publicarlas por la mañana. Cuando me vaya de vacaciones (que nos iremos :D), dejaré programadas las entradas correspondientes. De esta manera, espero poder responder a vuestros comentarios, que me encantan y me animan a seguir escribiendo lo que no os imagináis, y también leer y comentar otros blogs a los que sigo.

CONTRAS:

  1. Cuando empecé el blog no sabía la frecuencia a la que iba a publicar pero, cuando quise darme cuenta, iba a entrada por día (salvo los domingo, que hay que descansar también de escribir, jeje…). Supongo que habrá gente que me sigue por esto o, al menos, es una de las razones. Espero que sepáis entenderlo.

  2. Espero poder publicar tres entradas semanales porque no tengo ni idea de cómo va a ser el verano. De todas formas, si hubiera cambio en la programación, os avisaría, tal como estoy haciendo ahora.

  3. Con los Trastos todo el día por casa espero que no haya accidentes con el ordenador, como ya os conté aquí y aquí. Ya os aviso que soy negada para escribir desde el móvil. 

PROS:

  1. Si no queréis estar pendiente de si publico o no entrada, siempre podéis suscribiros :D.

  2. Reduciendo el ritmo de publicaciones semanales y dejando algunas programadas para cuando esté de vacaciones espero seguir contando con todos vosotros este verano.

  3. Supongo que, al igual que yo, vosotros también tendréis menos tiempo libre si tenéis niños pequeños. Así que de esta manera tampoco os saturo a entradas.

  4. Después del verano, con el inicio del colegio, espero volver al ritmo habitual al que os tengo acostumbrados. La idea es que esto sea temporal.

Sé que las vacaciones de verano no las dan hasta finales de junio, pero yo voy a empezar ya con mi horario de verano. Mi intención es escribir entradas, cuantas más mejor, para irlas publicando poco a poco y tener siempre alguna guardada en el cajón por si la semana se pone complicada (que habiendo niños de por medio, nunca se sabe) y no me da tiempo a escribir ninguna. Espero que sigáis ahí porque yo sí estaré. Y después del verano pienso pasar lista, que conste ;).

10Jun/13

… de tener peces

Hembra adulta de molly nacida en casa.

Hembra adulta de molly nacida en casa.

Como ya comenté cuando os hablé de nuestros caracoles (que, por cierto, ahora son tres, pues hace poco apareció otra de las abuelas con el tercero), en casa tenemos peces. Ovovivíparos en general y mollys y platys en particular. Fueron los primeros seres vivos en entrar en casa después del Tripadre y yo. Aunque, por aquel entonces, ni éramos padres ni estábamos casados. Estábamos preparando la boda y yo tenía trabajo remunerado fuera de casa. Cómo han cambiado las cosas desde entonces…

Hembra adulta de molly.

Hembra adulta de molly.

Empezamos, creo yo, como todos: mezclando especies porque nos parecían bonitas. Así convivían escalares con guppies. Hasta una vez tuvimos un beta. Lo de las plantas también fue un poema. El caso es que me puse a trastear por Internet y aprendí un montón en los foros de peces. Cuando dejé de trabajar (fuera de casa, se entiende), toda mi atención se la dedicaba a los peces. Leía, me informaba, aprendía y lo ponía en práctica con mi propio acuario. Y así, a base de prueba y error, es como aprendí lo que sé ahora. Que ignoro si será mucho o poco, pero a mí me sirve ;).

El caso es que, con la llegada de los Trastos, fui dejando de lado el acuario. Y, oh, sorpresa, fue cuando mejor ha estado. ¿Por qué? Ni idea, sigue siendo un misterio. Cuando el Mediano empezó a ir a la guardería, lo puse un poco en orden: cambié la arena, podé las plantas, compramos nuevos inquilinos… Teníamos un acuario estupendo. Poco antes de mudarnos de casa, casi al tiempo en que llegó el Peque, empezaron a criar. Increíble. Lástima que sólo sobreviviera uno de aquellos pequeñajos a la mudanza.

Alevín de molly nacido en casa.

Alevín de molly nacido en casa.

Y ahora, en la casa nueva, la historia ha vuelto a repetirse. De nuevo, tenemos crías. Uno alevines preciosos de molly. Tenemos tres y sólo puedo decir que es emocionante verles crecer en el acuario. Aunque es cierto que ya no les dedico tanto tiempo como antes, siguen apasionándome de la misma manera, sólo que me he dado cuenta que, cuanto menos intervenga, mejor (obviando, claro está que haya un problema: subida de nitratos o nitritos, filtro que no funciona, etc.).

¿Y los Trastos? Pues encantados con sus peces. Cuando eran bebés, les encantaba pasarse el rato mirando a los peces de colores nadar de acá para allá. Además, les dan de comer y les gusta ver que los peces también tienen bebés.

CONTRAS:

  1. Ponerlo en marcha desde cero es una lata. Primero hay que llenarlo de agua y después esperar casi un mes para poder meter los primeros peces.

  2. Hay que vigilar que todo vaya bien. Aunque no lo parezca, el equilibrio necesario para que los peces vivan bien es muy delicado. Así que, de vez en cuando, hay que controlar lacalidad del agua, renovarla, echar fertilizante a las plantas (si es necesario), etc.

  3. Si los peces están a gusto, pueden criar en exceso (el acuario es un espacio limitado).

  4. Los peces son animales, por tanto, también enferman.

PROS:

  1. Los peces son animales que exigen cuidados mínimos: no hay que vacunarles, ni sacarles a hacer sus necesidades…

  2. Los acuarios son decorativos. A media luz son realmente preciosos.

    Macho adulto de molly.

    Macho adulto de molly.

  3. Es emocionante ver cómo nacen, crecen y se reproducen. Yo llegué a contar las semanas de embarazo de las hembras para estar pendiente de su camada.

  4. Algunas tiendas, recogen peces nacidos en acuarios domésticos (con cierto tamaño, eso sí) y a cambio te pueden dar comida u otros peces. Genial si te gusta criar, pues hay que renovar la sangre para que no procreen entre sí hermanos o los padres con los hijos…

  5. Como con los caracoles, se puede aprovechar el momento de echarles de comer para que lo hagan los más peques. Es una responsabilidad que les encantará… al menos, a los míos les chifla echarles la comida y ver cómo se la comen :D.

Las fotos que aparecen en esta entrada son todas hechas por mí de peces de mi acuario. Os puedo asegurar que en vivo son más espectaculares ;).

06Jun/13

… de recibir el premio Liebster Award

Liebster Award

Últimamente, se me acumula dar las gracias por los premios recibidos. Así que, como os dije aquí, según me van cayendo, los voy poniendo en “Gracias”, así no se me olvida agradeceros a todos quienes habéis pensado que este blog merece ser premiado.

Esta vez, ha sido Con M de Mamá quien me ha otorgado el premio Liebster Award. Así que, desde aquí, muchas gracias. Lo digo siempre, pero no por ello es menos verdad, y es que es genial, no por el premio en sí, sino porque éste significa que me leéis y os gusta lo que cuento y cómo lo hago.

CONTRAS:

  1. El premio en sí no implica contestar preguntas ni nada. Así que, lo siento, os quedáis sin curiosear, jajaja… 😛

  2. Hay que elegir a quién dárselo. ¿No se puede dar a todos los blogs que nos gustan? Pues a ser que no 😉

PROS:

  1. Es un blog para menos de 200 seguidores, es decir, que tienen que estar empezando. Así que está muy bien para reconocer el esfuerzo que supone empezar en esto.

  2. Si me han otorgado un premio es porque alguien me lee. Y, supongo, en más de una ocasión, jejeje… y ya sabéis que un blog se alimenta de dos cosas: de comentarios y de visitas 😀

  3. Al otorgárselo a otros blogs, seguro alguien se pone muy contento, jeje…

El caso es que, si recordáis, ya me habían dado el premio anteriormente y, por lo tanto, ya lo había otorgado yo a otros blogs. Por si no queréis hacer memoria, os dejo los enlaces aquí y aquí. Así que no me repetiré.

Sé que la entrada de hoy ha sido cortita, pero como reza el dicho, “es de bien nacido ser agradecido”. Así que he decidido escribir el post para darle las gracias a Con M de Mamá por haber pensado en mi humilde blog para el premio. ¡Gracias, guapa! 😉

05Jun/13

… de una caja de recuerdos

Caja de recuerdos

El otro día, dentro del carnaval La maternidad de la A a la Z, os hablaba del humor que se nos desarrolla cuando nos convertimos en madres o padres. Al final de la entrada os preguntaba por las últimas situaciones en las que os habían hecho reír vuestros peques. La mayoría contaba frases graciosas de los peques de la casa, esas ocurrencias que nos sueltan como si nada y ante las que sólo podemos reírnos.

Mi abuela vive en el pueblo y sólo ve a sus biznietos dos veces al año. Sin embargo, intento llamarla cada vez que puedo. Siempre me pregunta por los Trastos. Y yo le cuento cómo están, sí, pero también me gusta contarle las ocurrencias que han tenido, para que se ría ella también y vea la clase de pieza de tiene por biznietos. Y mientras hablo con ella, hago memoria, “venga, ¿cuál era esa cosa tan graciosa que dijo el Mayor el otro día? ¿Qué nos soltó el Mediano la semana pasada que nos hizo reír a carcajadas?”…

Y el caso es que, aunque hayan pasado pocos días, muchas veces no me acuerdo. Y me da una rabia… Al fin y al cabo, estas frases graciosas típicas de los niños no volverán a repetirse. No sé si os pasa a vosotros, pero yo recuerdo que algo dijeron, pero a veces soy incapaz de ponerlo en pie… y acaba olvidado.

Pensándolo bien, estas frases son como las cosas que hacen, que si no tienes a mano la cámara de fotos o de vídeo, las pierdes para siempre. Pero gracias a estos artilugios tecnológicos, podemos congelar ese momento. Bueno, pues para recordar las frases de nuestros hijos disponemos de otros artilugios, no tan tecnológicos (al menos, no en el sentido actual), pero seguramente conocidos por todos… ¡Papel y boli! Jajaja :D.

Así que pensé en hacer una caja de recuerdos. Básicamente, se trata de guardar en una cajita unas fichas o tarjetas con las frases de nuestros hijos que nos han sacado una sonrisa. Ahí, escritas, veréis como no se nos olvidan.

Yo compré la cajita y las fichas, pero es obvio que para la caja se puede reutilizar una cajita de zapatos de nuestros hijos (talla pequeña) y que las tarjetas se pueden hacer con folios o cartulinas (blancos o de colores). Si hay varios peques, también es recomendable unos separadores o marcadores.

CONTRAS:

  1. Ya que la idea es no olvidar las frases de los peques, una vez dichas por sus boquitas, hay que escribirlas rápidamente. Si no, puede que se os olviden y la caja pierde su utilidad.

  2. Si la compráis, hay que ir a comprarla y ya. Pero si reutilizáis una cajita pequeña de zapatos, yo la forraría con papel bonito. Y, de igual manera, si hacéis las tarjetas vosotros, hay que ponerse a ello: medir la caja para que quepan perfectamente, recortarlas, comprar la cartulina… aunque, ahora que lo pienso, lo mismo me animo y hago tarjetas de colores, un color para cada Trasto ;).

  3. Poner, dentro de la caja, las tarjetas y un bolígrafo. Así no hay excusa a la hora de apuntar la ocurrencia. Si vamos a escribirla y falta el boli, corremos el riesgo de que, al ir a buscarlo, oyamos un “mamá” por el camino y no apuntemos la frase.

  4. Hay que acordarse de poner el nombre del hijo que la dijo (si tenéis dos o más) y también la fecha. Así sabréis, dentro de un tiempo, a qué tierna edad soltó la perla vuestro angelito ;).

PROS:

  1. Las frases perdurarán en el tiempo. Y seguro que os volverán a sacar las sonrisas dentro de unos años.

  2. Cuando vuestros peques sean mayores, podéis dárselas a leer, para que vean qué ocurrencias tenían cuando eran pequeños.

  3. Quien dice frases u ocurrencias, también dice cosas que han hecho. Cualquier cosa digna de ser recordada y que no haya sido captada por las cámara de fotos o vídeo tiene cabida en estas tarjetas.

  4. A mí ya no se me va a olvidar contarle a mi abuela las últimas frases de sus biznietos. Le va a encantar :).

Es tan obvio que me ha dado hasta un poco de vergüenza contároslo, pero es que yo misma no caí en ello hasta que no lo vi trasteando por Internet (sí, no penséis que llamo Trastos a mis hijos porque sí, que “de casta le viene al galgo”, jejeje…). Hay varias webs que tratan sobre esto en Internet, pero yo encontré la idea aquí.

¿Qué os ha parecido la entrada de hoy? ¿Vais a animaros a haceros una caja de recuerdos o tenéis buena memoria? 😉

04Jun/13

… de tener caracoles en casa

Caracol

Cuando era pequeña, insistí e insistí e insistí… (bueno, creo que lo habéis pillado) a mis padres para tener un perro en casa. Que yo recuerde, tuvimos tres: los dos primeros fueron cosa de mis padres, pero el tercero, ay, el tercero fue por pura cabezonería mía. Fue una perra preciosa, hija de una perrita de una prima de mi madre, que tuvo a bien dárnosla para que nos la lleváramos a casa. La perrita en cuestión estuvo con nosotros unos 13 años, se murió de vieja el año antes de que me casara. No sin antes haber traído al mundo otros dos cachorritos preciosos (uno de los cuales fue a parar a la casa de un compañero de trabajo de mi padre).

El caso es que, tan pesada me puse, que mi madre me dijo que, cuando yo tuviera mi propia casa, ella me regalaría un perro. Y, ¿qué queréis que os diga? Al principio me parecía una buena idea, pero ahora es una amenaza en toda regla. Con tres niños en casa, uno de ellos de un año, ni el Tripadre ni yo nos vemos con un perro, que al final es como un niño más. Sé las bondades de tener animal de compañía, como he dicho, tuve perro en casa de mis padres y mis abuelos tenían perros y gatos (y gallinas, cabras y burro). Sin embargo, creo que ahora no es un buen momento para tener perro (y el gato está descartado, pues al Tripadre no le caen nada bien… traumas infantiles, no puedo contaros más).

Sin embargo, yo sí que quería algún animalillo en casa. Tras arduas deliberaciones (mentira ;)), el Tripadre y yo decidimos (allá en la era A.T. o lo que es lo mismo, antes de los trastos) tener peces. ¡Menuda experta en el tema me volví! Bueno, sin explayarme mucho, diré que los peces siguen con nosotros… ellos y sus crías, que en esta casa somos muy prolíficos hasta los peces.

Pero hace poco se nos han unido un par de miembros más a nuestra familia animal (y no, no me refiero a un nuevo Trasto en camino ni a los alevines de mis peces). Todo empezó un día de esos de lluvia con una visita a casa de unos de los abuelos. A ver, ¿qué animal sale con la lluvia? ¡Los caracoles! Pues eso, que nos volvimos a casa con un caracol dentro de una caja.

Como vi que el Mayor le cogía cariño, le cuidaba y se preocupaba por que le diéramos de comer, me fui a por una tortuguera o como se diga. Vamos, una caja de plástico transparente con asa y con tapa por la que circula el aire y con una mini tapa que se abre para echarles de comer. Y ahí mudamos al caracol. Y el Mayor tan encantado que incluso se lo llevó a clase un día. Y, lo más increíble de todo, volvió con la caja entera y el caracol vivito y coleando.

A los pocos días, nuestro caracol se subió a una pared, se pegó a ella y ahí se quedó unos cuatro o cinco días. Empezaron a asaltarme las dudas… mira que si el caracol se ha puesto ahí para morirse… de hambre, suponía porque por más lechuga fresca que le echaba, no se dignaba a bajar a comer.

Una vez más, trasteando por Internet, aprendí que, para mantenerlos, hace falta una capa de tierra, del mismo tipo que la de donde se encontrara el caracol (tierra de maceta, en mi caso). Pues ahí se la puse. ¿Y el caracol? Pues en su pared. Entonces llegó la otra abuela con otro caracol. Enterada de lo emocionado que estaba el Mayor con su caracol, en cuanto vio uno no dudó en guardarlo para traérselo. Resumiendo, dos caracoles. Como la caja en la que teníamos al primero se dio un golpe que, aunque no llegó a romperla, sí que hizo una grieta por donde se escapaba el agua que le echábamos, me fui a por otra igual pero más grande. Y le eché una buena capa de tierra, como unos dos dedos, y agua, para mantener la humedad. Y ahí metimos a los dos caracoles.

Y, ahora sí, ambos salieron de sus conchas. Supongo que se presentaron o lo que sea que hagan los caracoles… Sin comerlo ni beberlo, habíamos armado un caracolario. El primer caracol hizo un hueco en la tierra (no me preguntéis cómo porque para mí sigue siendo un enigma) y ahí pasa la mayor parte del tiempo. El segundo es más explorador y se le ve más… ¡por favor! ¡Qué largo puede ser un caracol!

CONTRAS:

  1. Si sois asquerositos/as, no tengáis caracoles porque babosos son un rato.

  2. La cajita es de plástico, así que hay que tener mucho cuidado con las caídas y golpes, no se vaya a romper y luego toque encontrar al caracol. Os aviso, lo de que los caracoles son lentos es un mito. Les he visto recorrer la caja en muy poco tiempo. No os fiéis de ellos ;).

  3. Hay que mantener la cajita limpia. Esto implica quitar la lechuga vieja y reemplazarla por otra fresca. La tierra también hay que cambiarla, aunque no tan a menudo como la comida.

PROS:

  1. No hay que sacarles a que hagan sus necesidades.

  2. No sólo de lechuga vive un caracol. Leí por internet que les gusta la zanahoria. Yo le he echado un par de trocitos, además de un poco de calabacín. Los míos prefieren sin lugar a dudas éste último. ¿Será que está más blando y mis caracoles son un poco vaguetes?

  3. Tener un caracol implica una responsabilidad más para el niño. Vale que al final os va a tocar a vosotros, pero se puede aprovechar para inculcar un poco de responsabilidad a los peques.

  4. Hemos guardado la cajita pequeña por si quieren sacarlos de paseo o volver a llevárselos al cole. Os garantizo que ese día son el rey de la clase.

Al parecer, los caracoles son hermafroditas, así que, visto lo mucho que nos gusta procrear en esta casa, no descarto tener pequeños caracolitos dentro de un tiempo… Os mantendré informados.