21May/13

… de las literas

Hoy tocaba cambiar las sábanas de la cama de los Trastos mayores. No sabéis cómo lo detesto. Cuando vivíamos en el minipiso, con dos hijos, la mejor solución fue comprar una litera porque tenían que ir los dos en la misma habitación por falta de espacio y porque si poníamos dos camas había que acostarles saltándolas por encima.

Supimos que el Mayor debía dejar su cuna cuando empezó a echar la pierna por encima de los barrotes para llegar al suelo (a la tierna edad de dos años). Con el consiguiente porrazo inminente de por medio. Pensamos si una cama simple o una litera y, en vista de que no queríamos un hijo único, nos convenció la litera. A él le gustó, pero estuvimos un mes pasando lo que no está escrito para conseguir que no se levantara de la cama. Que ni barrera ni nada para que no se cayera al suelo. El Mayor aprendió pronto que podía levantarse por los pies de la cama. Y antes de dormirse, le gustaba salir al pasillo una media de 6 veces, muy orgullo de sí mismo, eso sí, porque sabía levantarse. Al final, aquella fase pasó y empezó a dormir igual que en la cuna.

El pistoletazo de salida del Mediano nos lo dio el mismo momento en que, siguiendo los pasos de su antecesor, decidió escalar la cuna, aunque en su caso fue a los dos años y medio bien pasados. Éste también se levantaba durante un tiempo. Afortunadamente, la costumbre le duró menos.

Ahora que comparten horario, también comparten habitación y siguen con su litera, aunque en esta nueva casa sí cabrían dos camas en su habitació. Pero ellos ya se han acostumbrado a dormirse así y nosotros no vemos razón para no dejarles. El Mayor se está ganando el cielo, pues tiene que aguantar las canciones de su hermano al irse a dormir (sí, le gusta cantar incluso a esas horas) y los gritos llamándole en cuanto se despierta. Y el Mayor, aún así, quiere dormir en la litera con su hermano, los dos en la misma habitación.

Además, he de decir que, de la misma forma que no paran durante el día, tenemos la suerte de que, en cuanto se meten en la cama (y salvo contadas ocasiones donde entran enfermedades o siestas excesivamente largas), se duermen al poco de rozar la almohada y así hasta la mañana siguiente.

Y todo esto que os cuento, que a priori parece tan bonito, pierde todo su encanto en el momento de cambiar las sábanas. Porque la de arriba acaba con mis brazos, suerte que soy de estatura tirando a alta. Y la de abajo acaba con mi espalda, o con mi cabeza si la levanto antes de tiempo porque el golpe que me doy me deja atontada para el resto del día. Cuando termino de hacer ambas camas, estoy que ni que me hubiera ido al gimansio.

CONTRAS:

  1. Los dos se acuestan a la vez y se levantan a la vez. Da igual quién se duerma o se despierte primero. Si uno quiere terminar la peli antes de acostarse, el otro le espera. Primero porque así lo quieren y segundo porque si no, corremos el riesgo de que el segundo al acostarse despierte al primero. Y a la hora de levantarse pasa igual. El primero en abrir el ojo empieza a llamar al que aún sigue durmiendo y, sólo entonces, cuando ambos están despiertos, empiezan a llamarnos a gritos. Normalmente a mí. Porque ahora que son más mayores ya no quieren levantarse solos de la cama, prefieren despertar a mamá y que yo vaya rauda y veloz a levantarles.

  2. Han cogido la costumbre de que los días que hay cole, va el Tripadre a levantarles. Y si es fin de semana o festivo, voy yo. Y tenemos que respetarlo porque si voy yo un martes, convénceles después de que hay que ir al cole… Menuda nos montan con la frase “hoy ha venido mamá, así que no hay cole” por bandera.

  3. Si uno tiene pesadillas o le duele algo, siempre se corre el riesgo de que, en mitad del llanto nocturno, se despierte el otro. Si se vuelve a dormir, no hay problema. Pero si le da por decir que ya es de día o que ya no quiere dormir más, hay que echar mano de la imaginación para intentar convencerle de que hay que volver a la cama… y todo esto con el menor ruido posible, que aún queda otro durmiendo en la cuna.

  4. La noche que tienen ganas de cachondeo aquí se entera hasta el último mono. Todo son risas, chistes, canciones y demás. El Peque se acuesta primero en la habitación de al lado, muchas veces no sé cómo no se despierta. Lo que más te apetece después de un día agotador es acostarles tranquilamente… pero como pilles una noche de las que tienen ganas de juerga, es difícil no desesperarse.

PROS:

  1. Hacer las camas equivale a una clase de gimnasio (aeróbic por lo menos). Pero cambiar las sábanas vale por unas cuantas más (y de zumba ;-). No sé como no he perdido ya los kilos que me sobran.

  2. Da gusto ver que, por mucho que trasteen durante el día o por mucho que se chinchen el uno al otro, les gusta dormir juntos y se echan de menos si uno no está.

  3. A veces, las noches de juerga pueden sacarme de quicio. Sin embargo, otras es para estar escuchando fuera de la habitación sin que me vean… me parto de risa. Se hacen unas preguntas y se dan unas explicaciones el uno al otro y el otro al uno que son dignas de grabarlas. Engordo don kilos sólo de ver lo bien que se llevan… aunque a veces no lo parezca :-). Ahhhh… a lo mejor es por esto que me cuesta tanto perder peso

No sé si cuando el Peque crezca tendrá cama o litera, si seguirá durmiendo solo o compartirá habitación con sus dos hermanos o sólo con uno. Lo que sí está claro es que tengo muchas ganas de verle en confidencias con los otros dos. Va a ser la repera :-D.

17May/13

… de dejar el pañal

Pañales y calzoncillos logo

Nada más nacer tu bebé, empiezas a oír aquello de que “cada niño tiene su propio ritmo”, “no compares a tu hijo con los de tu vecina” y sucedáneos. Y te lo crees. Si tu hijo tiene año y medio y no anda, no pasa nada, ya andará, no hay por qué preocuparse y, sobre todo, no le fuerces. Que va a la guardería y todos los de su clase hablan por los codos y el tuyo apenas dice “mamá”, no compares que es peor, ya hablará, seguro que cuando empiece no hay quien le calle. ¿Os suena?

Bueno, pues todo esto es válido… hasta los 3 años. ¿Qué pasa entonces? Pues pasa que tiene que empezar el colegio y tiene que ir con los deberes hechos. A saber: se acabaron los purés, el niño tiene que comer sólidos, y se acabó el pañal, debe saber ir al baño solo o, en su defecto, pedirlo a la profesora (con tiempo, a poder ser). Da igual que haya nacido en enero o en diciembre. Bueno, pues hoy vengo a hablar del adiós al pañal.

Con el Mayor tuvimos suerte. En la guardería se dieron cuenta de que podría estar preparado para quitarse el pañal con dos años y poco. Nos lo propusieron y nosotros accedimos a probar. Y no nos fue del todo mal. Fue un verano marcado por la fregona y montones de calzoncillos de la talla mini, pero consiguió no usar pañal durante el día. Su mayor problema era que aguantaba demasiado y, para cuando quería ir al baño, ya era tarde. Algo normal y habitual en esta etapa. Sin embargo, hubo, como siempre, voces que “nos aconsejaban” volver a ponerle el pañal porque era mucho trabajo ir limpiando escapes. Pero nosotros confiamos en nuestro hijo, le dimos tiempo y comprensión. Enfados cero.

En este caso, nos ayudó bastante un orinal que emitía una musiquilla cada vez que caía algo, sólido o líquido. Mi hijo se ponía muy contento y le encantaba hacer sus necesidades allí. También ayudó el que le permitiéramos acompañarnos al baño si quería para ver cómo se hacía aquello.

El Mediano fue otra cosa. Estando a punto de cumplir los 3 años, estuvimos casi obligados a quitarle el pañal porque tras el verano empezaba el colegio. Si hubiera dependido de nosotros, hubiéramos esperado a verle más preparado, pero no pudo ser. Y poco a poco fuimos retirando el pañal, al principio a ratitos cortos y, después, más largos.

Esta vez, el orinal no ayudó mucho. Fue más el hecho de ver a su hermano mayor ir al baño. Es más, como el Mayor ya hacía pis de pie, el Mediano se empeñaba en hacerlo así también, pero aún no llegaba, ¡pobre! A mí me hacía gracia, pero él no entendía por qué no podía y mojaba el suelo. Menos mal que fue cuestión de tiempo y que está en pleno crecimiento :-).

CONTRAS:

  1. Hay que estar muy pendiente para evitar los escapes o minimizarlos al máximo. Después de un tiempo, aprendes a diferenciar la cara que pone cuando se le está escapando algo.

  2. En casa, hay que tener preparada la fregona. Y la paciencia también. Lo que hacía yo era sentarle a esperar que se secara el suelo, para que fuera consciente de lo que había pasado. Y nada de enfados. Están aprendiendo.

  3. En la calle, hay que llevar siempre ropa de cambio suficiente como para varios escapes. Y yo os diría que algún pañal también por si le entran ganas de hacer caca.

  4. Hay que comprar muchos calzoncillos (o bragas). Si son de dibujos que le gusten mucho mejor. Da igual que sea verano y que la ropa se seque más rápido. Ten en cuenta que, después de limpiar los escapes, es probable que no tengas ganas de lavar también la ropa. Yo me esperaba al tercer escape para lavar una tanda de ropa porque, si no, me tenía que pasar el día lavando. Y a mano, porque no vas a poner una lavadora para un calzoncillo y un pantalón.

  5. En cuanto pidan ir al baño, tendrás apenas unos segundos para reaccionar. Entrarás en los sitios y lo primero que buscarán tus ojos será el baño, por si tienes que salir corriendo. Bienvenidas al mundo de los baños públicos.

  6. Los consejos sobre este tema también te llegarán sin pedirlos. Algunos, incluso, te harán dudar. Habla con el padre (o la madre) y decidid qué vais a hacer, cuándo y cómo y haced oídos sordos a todo lo que no os ayude a lograrlo.

  7. Como todo lo relacionado con los niños, vas a poner a prueba tu paciencia. Respira.

PROS:

  1. El pis de un niño de esa edad aún no es como de un niño mayor. No huele tan fuerte ni es mucha cantidad, aunque a veces lo parezca.

  2. Si la operación pañal se realiza en verano, siempre habrá menos ropa que lavar porque puede ir sin pantalones por la casa.

  3. Cuando pases dos días sin escapes, sentirás una alegría inmensa.

  4. Cuando llevéis cuatro escapes en una hora, antes de tirarte de los pelos, piensa en todo el dinero que te vas a ahorrar en pañales. Quizás al principio pienses que el dinero de los pañales lo gastas en agua y detergentes, pero eso es sólo al principio. Antes o después, todos los niños acaban sin pañal.

  5. En cuanto tu hijo consiga controlar sus necesidades, va a coger muchísima confianza en sí mismo. Aplaúdele sus logros. Le va a encantar ir sin pañal.

Para lograr decir adiós al pañal sin traumas, es necesario que el niño esté preparado y que vosotros, los padres, estéis convencidos. No vale echarse atrás al tercer escape. Hay que ser constante, sobre todo, para que el niño no se haga un lío (puede darse el caso de que ya no sepa si lleva o no pañal). Y, como dije antes, todo lo que no os ayude en vuestra decisión, ignorarlo. Nadie mejor que vosotros conocéis a vuestro hijo, sabéis si está o no preparado o si es mejor volver al pañal o perseverar en su retirada. ¡Suerte!

16May/13

… de las cicatrices (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Hay dos tipos de cicatrices, las de la piel y las del alma. Las de la piel puedes llevarlas con más o menos alegría, si te has cortado con un cuchillo cortando cebolla no te hará gracia, pero si se trata de una cesárea que sirvió para salvaros la vida a tu bebé y a ti, lo llevarás como un honor. Las cicatrices del alma, por el contrario, duelen siempre, por mucho tiempo que haya pasado desde la herida.

Antes de ser madre, las cicatrices del alma son básicamente por cosas que te habían hecho a ti directamente. Puede que te duela que insulten a tu amiga o que te engañe tu novio, pero eso son arañazos en comparación con las que tienes por ser madre o padre. Es entonces cuando se producen las heridas más profundas porque el daño va dirigido a tu hijo y cada desprecio o cada feo los sientes aún más que si te lo hubieran hecho a ti.

Algunas de estas heridas se producen por un comentario malintencionado hacia tu hijo: “qué maleducado”, “qué egoísta”, “parece un delincuente”, etc. Otras se originan por comentarios hacia ti como madre (o padre): “no lo cojas tanto”, “tiene que acostumbrarse”, “déjale llorar”, “tu leche le deja con hambre”, “deberías volver a ponerle el pañal”, “no le des tantas explicaciones”, “abrígale”, “¿por qué le consientes eso?”, “yo le castigaba ahora mismo” y demás perlas por el estilo que quizás, a parte de ti, puede que también las escuche tu hijo.

Y te duelen porque unas le duelen a tu hijo y otras te hacen dudar de ti misma y de tu capacidad como madre. Puede que perdones a quien “opinó” de esa manera, pero no lo olvidas, da igual que lo hayas dejado pasar o que te hayas enfrentado al autor de esa “crítica constructiva”, siempre recordarás ese comentario. Estas cicatrices no se curan nunca.

CONTRAS:

  1. Puede que olvides determinados comentarios hirientes, pero el daño está hecho. Es posible que vuelvas a sentir el dolor inicial sin previo aviso, ante una situación parecida. Y siempre duele como la primera vez.

  2. Si os pasa como a mí, le daréis mil vueltas en la cabeza (tenía que haber hecho esto, tenía que haber dicho lo otro…).

  3. Puede que tú, como persona adulta que eres, puedas entender que algunos comentarios los hace gente de otra generación, que antes era normal pensar así, que es por puro desconocimiento… Peor tu hijo no tiene esa capacidad de comprensión. Si alguien le dice “malo” o “desobediente”, le va a afectar. Y ya sabemos todos lo erróneo que es poner etiquetas a la gente, especialmente a los niños.

  4. Las cicatrices del alma no se ven, pero la herida está ahí. Si la tocas, duele.

PROS:

  1. Puedes aprender de tus errores: enfrentarte a quien hizo el comentario para que no lo vuelva a repetir o aprender a ignorar esas “críticas constructivas”.

  2. Según pasa el tiempo, aprendes a confiar más en tu capacidad como madre, esas opiniones ya no te hacen dudar… al menos, no tanto como al principio.

  3. Tú, como madre o padre, eres quien mejor conoce a tu hijo. Sabes hasta dónde puedes llegar con él, lo que estás dispuesta a dejar pasar, donde tienes que ponerle el límite. Un ejemplo, estáis en una comida familiar y tu hijo, que normalmente come estupendamente, ese día no prueba bocado. Seguro que alguna abuela o tía o prima se aventura a decir “qué mal come”, “es que tiene que comer sí o sí”, “qué malo es para comer”. Esto, primero lo oye tu hijo y seguro que le afecta. Y lo segundo, lo oyes tú y puedes pensar que tienen razón. O puedes entender a tu hijo, que ha dormido mal, que hace calor y está más intranquilo, que está rodeado de gente que normalmente no ve… y dejarle que coma lo que quiera. Aunque también habrá entonces quien te diga que le dejas hacer lo que le da la gana. Ahí tienes otra cicatriz más.

No se puede controlar a la gente, siempre dirá lo que quiera, por mucho que le ruegues que se abstenga de emitir determinados juicios de valor que no te ayudan en nada y que sólo consiguen perjudicar a tu hijo y a ti. Sin embargo, siempre puedes intentar que no te afecten demasiado. Si alguna lo conseguís, por favor, volved a contarme cómo lo habéis logrado. No sabes lo que es sufrir hasta que tienes un hijo por el que sufrir.

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

15May/13

… de portear

Boba Air

El otro día, La orquídea dichosa sorteó, gracias a Kangarunga, una mochila Boba Air. Yo no he porteado a ninguno de mis Trastos. Con el Mayor, dejé caer estando embarazada que me gustaría una mochila. Pero no llegó nunca. Con el Mediano no me hice ilusiones. Y con el Peque ni lo mencioné. ¿Por qué no me la compré yo? Pues en parte por desinformación y en parte porque no sabía el uso real que podría darle, ya que teníamos carrito de bebé, y gastarnos el dinero para no aprovecharla mucho nos echaba para atrás.

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13May/13

… de cruzar en rojo

Por favor, en rojo, NO

Con la entrada de hoy, me sumo a la campaña de La orquídea dichosa para no cruzar los semáforos en rojo, al menos cuando haya niños delante, propios o ajenos. Para poner mi granito de arena, voy a contaros lo que me pasó el otro día cuando volvía del colegio con mis Trastos.

Yo siempre que voy con mi hijos cruzo por los pasos de peatones y, si hay semáforos, espero a que el monigote se ponga en verde para cruzar. Cuando voy sola, también suelo hacerlo, aunque algunas veces reconozco que no lo hago si voy con prisas (y esas veces es cuando me siento súper intrépida, jajaja). Como ahora tengo hijos, si tengo la tentación de cruzar y veo que hay niños esperando también, me paro y no cruzo. Me sale solo. Sé lo importante que es predicar con el ejemplo, tanto para mis hijos como para cualquier niño, pues entiendo que sus respectivos padres estarán, como yo, educándoles en ese aspecto.

El caso es que hace unos días, volvía con mis hijos y, al llegar a un semáforo, el monigote estaba en rojo. No venía ningún coche. Era consciente de que podríamos haber cruzado sin problema. Pero como iba con mis hijos (uno de ellos en un carrito), decidí no cruzar y respetar el semáforo. En ésas estábamos cuando apareció un hombre, miró a ambos lados, dedujo que era seguro cruzar y cruzó.

La cara de mis hijos era un poema: ojos abiertos al máximo, veían al muñeco en rojo y al hombre cruzando. En seguida empezaron a gritarle: “¡que está en rojo! ¡No se puede cruzar! ¡Eso está mal! ¡Fatal!”. Yo podría haberme muerto de vergüenza por la reacción de mis hijos… quizás hace unos años, pero hoy por hoy no. Era ese hombre quien debería avergonzarse. Sin embargo, no lo hizo. Aún iba cruzando la carretera cuando se volvió a mirar a mis hijos, sonrió y dijo que él podía hacerlo porque era mayor. ¿En serio? ¿Puede saltarse las normas por ser adulto? O_O

Ésa no es la lección que yo quiero enseñarles a mis hijos. Cuando el hombre ya se había ido, mis hijos se volvieron hacia mí.

– Lo ha hecho mal, ¿verdad, mamá?

– Sí, lo ha hecho muy mal.

– Pero dice que puede porque es mayor.

– Sí, es mayor, pero aun así lo ha hecho mal. Tenía que haber esperado a que el muñeco se pusiera verde, como nosotros. Si hubiera venido un coche, le hubiera pillado, por muy mayor que sea. Si vamos andando, hay que esperar a que el muñeco se ponga verde. Siempre.

– Entonces, ¿nosotros lo estamos haciendo bien?

– Sí, nosotros sí lo hemos hecho bien. Él no.

No pude si no sentirme orgullosa de mis hijos.

CONTRAS:

  1. Es un rollo esperar en un semáforo en rojo cuando ves que no vienen coches. Más aún si tenemos prisa.

  2. Como aún voy con carrito y como con el Mayor tuve dos malas experiencias en las que por poco no se llevan a mi hijo por delante (los hay muy listos al volante), aunque esté en verde, siempre espero a ver parado el coche del todo. Esto lo hago tanto en semáforos como en pasos de cebra. Si esperar a que el semáforo cambie es un rollo, esperar más tiempo a que el coche se detenga es más rollo.

  3. Es difícil educar a los niños, en cualquier aspecto (civismo, buenos modales, respeto, tolerancia…).

PROS:

  1. Ahora mis hijos van conmigo y si yo digo que hay que esperar, esperamos. Pero quiero pensar que estoy (estamos) asentando las bases para que lo hagan bien cuando llegue el momento de que vayan solos por la calle.

  2. ¿Conocéis el dicho que reza “fíjate en lo que digo y no en lo que hago”? Pues con niños no vale. Hay que predicar con el ejemplo. Siempre. El hecho de ser adultos no vale como excusa.

  3. Educar es difícil, sí, pero también es reconfortante cuando ves que tu esfuerzo ha dado sus frutos y tus hijos saben cuándo algo está bien y cuándo está mal.

  4. La reacción de mis hijos le hizo gracia a aquel hombre. Pero tenían toda la razón del mundo. Si reaccionaron así, eso significa dos cosas. Una, que saben cuándo hay que cruzar y dos, por tanto, no lo estoy (estamos) haciendo tan mal ;-).

Así que, por favor, recordad que en rojo no se debe cruzar, sobre todo si hay niños delante, da igual que sean los tuyos propios o sean niños ajenos. En rojo no, por favor, así evitaremos sustos innecesarios, heridas (da igual si son leves o graves) y, en los casos más extremos, muertes.

09May/13

… del instinto de Protección (maternidad de la A a la Z)

AZmaternidad

Hoy me uno al carnaval de blog de Trimadre a los Treinta para formar un diccionario sobre la maternidad. Lo primero que quiero hacer es felicitarla por la iniciativa, que me parece que va a ser todo un éxito. Y ahora paso a poner mi granito de arena estrenándome con la letra P de Protección (instinto de).

A menos que el embarazo sea fruto de un desliz, el instinto de protección aflora en cuanto empiezas a ser consciente de que quieres ser madre. Antes de quedarte embarazada, es posible que mires con desdén a aquellas mujeres en estado de buena esperanza que siempre se están tocando la tripa. Sin embargo, un día resulta que te enteras de que estás embarazada y, otro día cualquiera, pero no muy lejano al anterior, te sorprendes a ti misma tocándote la aún-no-barriga. Pues, amigas, justo ahí empieza a manifestarse ese instinto de protección.

Aún no ha nacido, aún no sabes si será niño o niña, probablemente aún no te hayas parado a pensar en qué nombres te gustan más… pero tu mano ya anda protegiéndole. Esto se intensifica a medida que la tripa va en aumento. Llega un día en que te vuelves a sorprender a ti misma tocándote la ya-sí-gran-barriga con las dos manos porque con una no la abarcas entera.

Este instinto de protección se exterioriza hacia el mundo de puertas para afuera con un remarcado “¡ay, pobre!” cada vez que un bebé llora desconsoladamente o un niño se cae delante de tus narices. Entre las cuatro paredes de casa, el instinto de protección empieza a notarse cuando lloras desconsoladamente (esta vez tú, no el niño) ante cualquier noticia desagradable en la que se vean implicados bebés o menores. Al principio piensas que serán tus hormonas, pero no, éste es el principio del resto de tu vida.

El instinto de protección lo tienen todos los animales en mayor o menor medida. Creo que todo el mundo sabe lo peligroso que es acercarse a una hembra recién parida, ya sea la gata del vecino o tu propia perra, si no eres bienvenido por ella. Hay incluso especies en que la madre da su propia vida por salvar la de sus retoños. Y tú, amiga, perteneces a una de esas especies.

En cuanto te ponen a tu bebé en tus brazos, te das cuenta de dos cosas. Una, ese amor que experimentas es único e irrepetible, no se parece al amor que le tienes a tus padres, ni a tus hermanos, ni a tu marido, ni a tu perro. Ese amor es único, dura para toda la vida y no se puede explicar con palabras. Si tú, que me lees, eres madres, sabes de lo que te estoy hablando, pero seguro que, como yo, no puedes explicar con palabras el alcance de ese amor.

La segunda cosa que sabes es que le protegerás con tu propia vida si fuera necesario. No quieres que ese pequeño ser tan frágil que tienes en tus brazos sufra daño alguno, ni físico ni psicológico. Y te sabes dispuesta a todo por evitarlo. Es el instinto de protección que, una vez más, aparece para quedarse.

CONTRAS:

  1. En su justa medida, el instinto de protección está bien y es necesario. Pero hay una línea muy fina y casi inapreciable entre proteger y sobreproteger a tu hijo. A veces, las madres (y padres también) tenemos que hacer un gran esfuerzo por dejar hacer a nuestros pequeños, aún a sabiendas que se equivocarán. Es un gran acto de fe (porque esperas que aprendan de sus errores) y de amor (amarles es dejarles ser ellos mismos tomando sus propias decisiones).

  2. Yo ya no puedo ver una película del fin del mundo (tómense como ejemplos Soy leyenda, La hora más oscura o Armagedon) sin que se me rompa el corazón pensando en todos los bebés y embarazadas.

  3. Las noticias de abusos a menores me afectan enormemente. Tanto que muchas veces tengo que cambiar de canal o dejar de leer la noticia porque lloro. Y lloro amargamente con rabia contenida.

  4. Ahora voy por la vida viendo peligros. Peligro en ese enchufe que no está tapado, peligro en ese paso de cebra que no está bien señalizado… miedo me doy cuando los Trastos tengan 15 años y empiecen a salir por las noches. Menos mal que seguro que ahí está el Tripadre para frenarme un poco y no dejarme caer en el primer contra 😉 (nota mental: preguntarles a mis padres cómo leches lo hicieron ellos).

  5. Me he posicionado totalmente en contra del aborto como medida anticonceptiva. Si has tenido narices para hacerlo libremente y sin protección y porque te apetecía, ahora tienes que apechugar con las consecuencias, aunque haya sido por un calentón. Y digo esto pensando tanto en el chico como en la chica, que para hacer un bebé hacen falta dos.

PROS:

  1. Sé que mis hijos van a tenerme ahí para lo que ellos necesiten. Quizás unos pasos más atrás, pero lo suficientemente cerca para correr a su lado si me llaman.

  2. Este instinto de protección me hace ser mejor madre y también mejor persona. Hay injusticias y abusos por los que no paso. No pasaba antes, ahora menos.

  3. Espero que no sé dé nunca el caso, pero me veo perfectamente capaz de todo con tal de proteger a mis hijos. Puedo enfrentarme al mundo si hace falta.

Todo lo dicho aquí, lo he dicho en femenino porque es la parte que me toca, pero también se aplica al género masculino. Los padres también tienen este instinto, aunque a veces se manifieste de otras maneras. Lo veo a diario en el Tripadre (aunque no llore viendo Soy leyenda al pensar en los pobres niños, jejeje).

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.

Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

08May/13

… del sacaleches

Sacaleches

He tenido tres hijos y un solo sacaleches que he usado apenas una semana (si junto las horas totales que lo usé). No trabajo fuera de casa desde antes del Mayor, así que no había tenido necesidad de uno. Mis razones para usarlo fueron otras. Y, a pesar del poco tiempo que lo usé, le cogí un inmenso cariño.

Ya os conté cómo fue el nacimiento del Pequeño, una cesárea violenta en la que mi bebé tuvo que hacer un esfuerzo para salir al mundo. Como nos dijeron en el hospital, “había nacido cansado”. Al principio no entendía qué repercusiones podría tener esta afirmación, pero no tardé en averiguarlo. Dormía mucho y le costaba mamar y no precisamente porque no supiera. Dormía y al Tripadre y a mí (y también a las enfermeras de noche del hospital) nos costaba horrores despertarlo, horas interminables haciéndole todo tipo de perrerías para que abriera los ojos (quitarle ropa, tocarle los pies, menearle, cogerle, dejarle…). Ya sabéis que, sobre todo durante los primeros quince días, los bebés deben comer más o menos cada 4 horas para evitar la hipoglucemia. Pues nada, mi Peque prefería dormir a comer. Cuando por fin se espabilaba un poco, le ponía corriendo a la teta. Empezaba a comer y ¡otra vez dormido! Apenas habían pasado 5 minutos y ya estábamos igual que hace un par de horas. Era un auténtico suplicio.

A los 10 días fuimos a una revisión con su pediatra y aún no había recuperado su peso al nacer. Yo le dije a la pediatra que quería seguir con la lactancia materna, que con el Mediano la había perdido, pero que estaba decidida a hacer lo que fuera por no recurrir al biberón si no era estrictamente necesario. Y aquella pediatra me entendió a la perfección. Me propuso utilizar un sacaleches para darle mi propia leche con una jeringuilla. Así evitábamos el biberón y nos asegurábamos que comía aunque tuviera un sueño profundo.

Nos hicimos con uno simple, aunque automático. Cuando se quedaba dormido, el Tripadre me traía el aparato y, mientras él intentaba despertar al Peque, yo me sacaba la leche. Después, con la jeringuilla, le dábamos la leche, mi leche. Y así estuvimos una semana. A la siguiente cita con la pediatra, mi bebé había recuperado el peso al nacer e incluso había puesto unos gramos más. ¡Estupendo!

Nunca le agradeceré lo suficiente a aquella pediatra que me echara una mano para salvar la lactancia en vez de tomar el camino fácil y “recetarme” el biberón. Gracias a su comprensión y sus consejos, mi bebé estuvo con lactancia materna exclusiva los seis meses recomendados. Poco a poco, logramos despertarle para comer y él conseguía quedarse más o menos despierto… porque se enganchaba, se dormía, volvía a mamar, otra vez se quedaba frito, ahora lactaba un poco más, otro rato dormido con la teta en la boca… y así hora y media, a veces más.

De manera que, teniendo en cuenta esta particularidad, aquí van mis pros y contras del sacaleches.

CONTRAS:

  1. Tiene muchas partes, casi hay que hacer un máster para entenderlo. Vale, a lo mejor no son tantas y yo exagero un pelín, pero sí son más partes que un biberón normal, que era lo más complejo que había tenido que montar y desmontar hasta la fecha.

  2. Hay que esterilizar todas las pares y todas las veces tras su uso. Esto implica desmontarlo y montarlo varias veces al día, en mi caso, prácticamente en todas las tomas. Si tenemos en cuenta que los bebés maman muy a menudo nada más nacer, para mí eran demasiadas esterilizaciones y se me hacía muy cuesta arriba.

  3. Con la calculadora en la mano, me salió muy caro teniendo en cuenta el poco tiempo que lo usé.

  4. Las primeras veces me molestaba un montón. Era como un vacío en el pecho que me costaba soportar.

  5. Viendo salir la leche, no podía evitar sentirme como una vaca lechera a la que estaban ordeñando. Al Mayor le hacía mucha gracia el aparatejo y, cuando me veía con él, me preguntaba si ya iba a ordeñarme otra vez… muy majo como véis 😛

PROS:

  1. Por mucho que costara el cachivache en cuestión, doy por bien empleado ese dinero pues permitió que mi hijo siguiera alimentándose de leche materna de forma exclusiva, sin tener que recurrir al biberón.

  2. Como era automático, una vez enchufado y establecida la frecuencia de succión, el trabajo lo hacía todo el sacaleches.

  3. Con la práctica, conseguí ajustármelo de manera que ese vacío que me hacía en el pecho no me molestara.

  4. El complejo de vaca lechera ordeñada pasaba con el simple pensamiento de que así ayudaba a mi bebé sin recurrir al biberón.

  5. Viene muy bien para aquellas madres que tienen que separase de sus bebés durante algunas tomas pero quieren seguir dándoles leche materna, pues ésta se puede refrigerar o congelar. ¿Alguien lo duda?

  6. El mío era simple, para sacar leche de los dos pechos, éstos tenían que turnarse. Sin embargo, los hay dobles, de esta manera, se puede sacar leche de los dos pechos a la vez.

Esta entrada está dedicada al sacaleches, pero en realidad es un agradecimiento a aquella pediatra que apostó por la lactancia materna. Una pena que tuviera que irse por motivos personales y no poder contar con ella para otras cosas, pues pensábamos igual en muchos aspectos de la maternidad, los bebés y los niños en general.

Una profesional como la copa de un pino que, cuando le dije evitaba tomar cualquier medicamento durante la lactancia, por muy seguro que se suponiera que era, por el temor a que afectara a mi leche, en lugar de hacerme sentir como una tonta por tal decisión, me dijo que me entendía perfectamente, sin juzgarme. Una pediatra que prácticamente me rogó que no dejara llorar a mi bebé si podía evitarlo (recordemos que mi bebé no era hijo único y que su madre no tiene el don de la ubicuidad, aunque lo intenta). Una pediatra que, además de preguntarme cómo estaba mi bebé, también me preguntaba cómo estaba yo. No todos los pediatras son así. Espero de todo corazón que haya conseguido hacer realidad su sueño.

06May/13

… de perder unos kilos

No es celulitis, es la manera que tiene mi cuerpo de decir “soy sexy” en braile.

Como ya estaba en el límite de la talla extragrande y mi tripa bien parecía unos de mis embarazos a los 6 meses, las pasadas Navidades me propuse, como propósito de año nuevo, perder peso, al menos, 10 kilos (y volver a conducir, pero eso ya lo sabéis ;-)). Después de Reyes, empecé la operación kilos fuera, basada en no picar entre horas y comer menos dulces (que me encantan) y menos comida basura. No es que ésta fuera algo normal en mi dieta, pero decidí, apoyada por el Tripadre, reducirla a su máxima expresión y, en este caso, hacerla casera a poder ser. Más ensalada, menos dulces e hidratos de carbono pocos. Todo esto, basándome en una dieta que me dio el médico hace unos años. Y quiero hacer énfasis en “me dio el médico”.

También empecé a hacer algo de ejercicio en la hora que tenía desde que los Trastos mayores se iban al cole y el Peque se despertaba. Pero he de reconocer, para mi deshonra, que tuve que dejarlo en cuanto volví a dar clases de conducir y ahora con el blog no he vuelto a retomarlo.

Aún así, desde el 8 de enero, que fue mi primer día kilos fuera, hasta hoy (4 meses), he perdido 7 kilos (me quedan sólo 3 para alcanzar mi objetivo inicial :-)). Esto se traduce en que he podido volver a ponerme un pantalón que hacía mucho que no rozaba mis caderas y en que he perdido una talla (que he festejado comprándome unos pantalones nuevos porque los que solía usar ya me los podía quitar sin desabrochar). Y así andaba yo contenta este fin de semana.

Por aquello del Día de la madre, el sábado comimos con mi madre (y mi hermana) y el domingo con mi suegra (y cuñados). Y yo me calcé mis pantalones nuevos de una talla menos. Resultado: nadie se ha dado cuenta. Ni un comentario ni nada. Cero patatero.

CONTRAS:

  1. Soy realista. Sé que no se me ha quedado cuerpo de modelo (entre otras cosas porque mi tripa sigue ahí, colgandera). Pero aún así, si mis viejos pantalones se han dado cuenta, esperaba que alguien más también.

  2. Me he venido un poco abajo. No porque nadie me haya llenado de halagos (tampoco es eso), sino porque su ausencia me hace sospechar que no se me notan los kilos perdidos.

  3. Sé que mi tripa me acompañará siempre, pues ya estaba ahí antes de mi peso-sin-niños. No he tenido el vientre plano ni con 20 años ni haciendo abdominales.

PROS:

  1. El Tripadre se ha dado cuenta :-). ¿Habrán tenido algo que ver el alboroto que monté cuando me entraron los viejos pantalones? ¿O habrá sido quizá la sonrisa que se me quedó en la cara cuando me compré los últimos pantalones una talla menos?

  2. Mi salud lo agradece, pues he bajado mi índice de masa corporal (IMC), que estaba por encima de lo aconsejable.

  3. Yo me siento estupenda con una talla menos. Así que voy a seguir haciendo lo que hasta ahora. Pienso bajar los 3 kilos que me faltan para llegar a los 10. Y, si puedo, seguir bajando hasta mi peso-sin-niños. Ya os contaré.

  4. Me he encontrado en Twitter al #clubdeladieta. Nos damos ánimos entre todas y así los deslices se nos atragantan menos ;-).

Está claro que si me he propuesto perder 10 kilos es porque me sobran, no es un capricho de quinceañera en plan “me veo gorda”. Ya llevo perdidos 7 y espero no desesperarme antes de perder los 3 hasta mi objetivo. Mientras tanto, creo que algo tendré que hacer para ponerle remedio a esta tripa colgandera. Se acerca el verano (estación que nunca me gustó, por cierto) y miedo me da empezar a ponerme menos ropa porque eso implica que se ve más chicha. Pero oye, si he conseguido sacar la teta en cualquier sitio dignamente para que mis bebés se alimentaran, también podré llevar dignamente mi tripa, colgandera sí, pero no por comer bollos (aunque haya catado alguno), sino por engendrar vida.

04May/13

… de hacer una tele de cartón

TV de cartón

¿Qué se puede hacer con una caja de cartón (además de una pista de coches o similar, claro ;-))? ¡Pues una televisión! Pero nada de televisiones planas y modernas, no… Una de las de antes, con sus botones y todo, pero no como la que había en el pueblo, tampoco hay que pasarse, ésta viene con mando a distancia. De los sencillitos, eso sí, nada de TDT.

El caso es que esta genial idea no es mía. Se le ocurrió al Mayor ayer por la tarde. Y él, a su vez, la sacó de unos dibujos que vio en la tele. A la hora de merendar, me dijo:

– Mamá, se me ha ocurrido una idea.

– A ver, dime- le contesté, pero ya me temía lo peor…

– ¿Qué te parece si, después de merendar, hacemos una tele con una caja de cartón?

– ¡Pues me parece una idea fantástica!- realmente estaba aliviada al comprobar que su idea no implicaba destrucción.

Bueno, pues al rato (que tres niños tardan en merendar lo suyo), nos pusimos al lío. La verdad es que se tarda muy poco. Sólo hacen falta tres cosas: una caja algo grande (como para que quepa la cabeza del niño), celo ancho y un cutter o tijeras. Con el celo se monta la caja de forma normal, como si fuéramos a guardar algo en ella, vaya. Luego, con las tijeras o el cutter (yo recomiendo éste último) se cortan las solapas (reservamos una) y se pone la caja boca abajo. Ahora, se recorta un cuadrado de uno de los lados más anchos. Pero no lo centréis, es mejor ligeramente situado a un lado para que haya sitio donde dibujar los botones.

Y ya está. Así de fácil y así de rápido. Todos estos pasos los hice yo por aquello de que no se cortaran los Trastos, que me daba miedo que usaran el cutter. Lo que sí hicieron fue pintarla. Nosotros usamos ceras (que no lápices) de colores, así se puede pintar con toda la superficie y se termina antes. Pintamos cada lado de un color y, como detalles, los botones (hasta el de encendido/apagado le pusimos :)). Pero, si os animáis, podéis dibujarle flores, rayos o lo que más les guste a vuestros peques.

Con una de las solapas restantes, recortamos un rectángulo y lo usamos como mando. Ponemos los números del 1 al 0, un botón de encender/apagar y un más (+) y un menos (-) para el volumen. Y ya tenemos mando.

Todo esto tardamos unos 10 minutos en hacerlo. Y después ¡a jugar! Por turnos, nos fuimos metiendo dentro de la caja (trimadre incluida) y fuimos contando cosas (a modo de cuento) y cantando canciones (como si fuéramos la MTV, jajaja). Después de un rato así, empezamos a usar muñecos para escenificar los cuentos. Estuvimos un buen rato así… y más tiempo hubiera sido si no se nos hubiera echado encima la hora de la cena. Sólo conseguí despegarles de la tele de cartón con la firme promesa de volver a jugar hoy con ella.

CONTRAS:

  1. Se necesita una caja algo grande. Si no fuera por la mudanza, no sé si tendría en casa.

  2. Hay que usar tijeras o cutter, así que hay que estar pendiente de que los niños no tengan la tentación de cogerlo y jugar con ello (especialmente con el cutter).

PROS:

  1. Se hace súper rápido. Ya os digo que entre cortarla y pintarla sólo tardamos unos 10 minutos.

  2. Se aprovechan cajas que andan por casa sin oficio ni beneficio.

  3. Se fomenta la creatividad, tanto a la hora de pintar la caja como a la hora de jugar con ella.

  4. Se puede personalizar la televisión al gusto del peque.

  5. Al usar ceras, no se ensucia.

  6. Se pueden usar témperas, rotuladores… Es más, se me ocurre que los más apañados pueden incluso pegar trocitos de papel para darle otro aspecto. ¡Vale cualquier cosa que tengáis por casa y les guste a vuestros hijos!

  7. Nos reímos un montón, yo incluida. Daba igual que estuviéramos dentro de la caja inventando historias como fuera “viendo la tele” ;-).

  8. Al ser tres a jugar, se aprende a respetar los turnos para usar la caja-televisión.

Como veis, tras la experiencia con la pista de coches, esta vez no usamos témperas ni ningún otro tipo de pinturas con las que tuviéramos que usar pinceles. Pero como no le pusimos muchos detalles, no lo descarto 😉

Y vosotros, ¿os animáis?

03May/13

… del Viernes dando la nota: Mañana

Viernes dando la notaEl viernes pasado se me hizo algo tarde y al final no me dio tiempo a buscar la canción, pero ya la tenía en mente y es ésta que hoy os traigo.

Este 2013, el Tripadre y yo haremos 8 años de casados. Aún recuerdo cómo y dónde me pidió que me casara con él y lo feliz que me hizo. A partir de ahí, empezamos a buscar piso. Por fin encontramos uno que se ajustara al presupuesto y ahí nos metimos. Luego vino el limpiar y el pintar, el comprar bombillas y muebles, pasar el fin de semana metidos en el piso para, al llegar la noche, volvernos cada uno a nuestra casa. Durante el camino de regreso, yo miraba con algo de envidia las luces que se veían en las casas desde fuera. Si había luz era porque alguien había allí viviendo. Y eso es lo que nosotros queríamos: empezar a vivir juntos (de hecho, la boda vino unos meses después).

Seguro que a más de uno y de una os ha pasado. Ya os habéis decidido, queréis pasar el resto de vuestra vida juntos, os habéis metido en un piso, empezáis a malpagarlo (porque al principio todo es muy duro, que no es que luego cueste menos, es que ya te acostumbras) y no veis el día en que, por fin, os mudáis definitivamente.

Bueno, pues esta canción va un poco de eso: ♪♫♫“quiero verte amanecer y verte anochecer, si ayer y hoy nos dan la espalda, como amantes que se van, siempre quedará mañana, la mañana de mañana junto a ti”… ♪♪♫“No he dudado ni un momento, ni un solo momento, de tu amor”♫♪♫… Si hoy no puede ser, será mañana porque nos queremos mogollón :-).

CONTRAS:

  1. Tengo que estar más pendiente, ¿cómo se me pudo echar el tiempo encima la semana pasada?

  2. Empiezo a pensar en la canción para el próximo viernes sobre el sábado o el domingo. Cuando por fin se me ocurre una que me merece la pena compartiros, la busco en Youtube y me salen miles de canciones. Ahora ponte tú a buscar la que realmente quieres poner… Ufff…

  3. Me sigue faltando tiempo para hacer el recorrido entero por todos los blogs. La última vez estuve a punto por la mañana, o eso creía yo, porque cuando volví a mirarlo por la tarde había un montón de blogs más…

PROS:

  1. No caí al principio, pero según van pasando las semanas, me he dado cuenta de que estoy poniendo la banda sonora de mi vida…

  2. Sé que mis canciones no son muy actuales, pero son las que significan algo para mí.

  3. Me sigue gustando pasarme por los demás blogs y descubrir nuevas canciones y nuevas historias.

Hace 8 años, un puente de mayo como éste, el Tripadre y yo entramos en nuestra casa y ya no salimos para volver a dormir a casa de nuestros padres. Hace 8 años que comenzamos nuestra aventura juntos. Por fin, llegó ♪♫ la mañana de mañana junto a ti… ♪♫

¡Feliz viernes!

Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogs participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.
Si quieres participar, sólo tienes que subir a tu blog una entrada con una canción que te guste, que signifique algo especial para ti, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota.
Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas… y sobre todo ¡Baila, canta y diviértete!
Si quieres saber más, las reglas y participar puedes verlo todo aquí.

02May/13

… del cojín de lactancia

Cojin de lactancia

Cuando nació el Mayor, le di el pecho. Para ello, solía ponerme en la cama o el sofá rodeada de cojines. Uno me lo ponía en la espalda, para mantenerla recta, y otros dos iban debajo del brazo que sujetara la cabeza de mi bebé (teta derecha-brazo derecho, teta izquierda-brazo izquierdo, era obvio, ¿verdad?). En casa ya sabía qué cojines debía utilizar, no tenían que ser ni muy blandos, pues entonces no sujetaban nada, ni muy duros, pues no se alineaban bien a mi brazo, la cabeza de mi bebé y el pecho. Y así pasamos los meses que duró su lactancia.

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01May/13

… de recibir 2 premios

Premios 2

Hace un mes, 1MadreinItaly me otorgó dos premios, el Liebster Award y el One Lovely Blog. No sabía muy bien qué hacer con ellos, la verdad. Poco antes, La nave del bebé (Annabel) también me había premiado y, como se repetían dos de los premios pero lo que había que hacer variaba, andaba yo un poco perdida.

Pero como creo que en esta vida hay que ser agradecida, empiezo dándole las gracias a la fracespaliana por haberse acordado de mí. ¡Gracias, guapa! Dicho esto, veo ahora que no entendí bien la primera vez en qué consistía cada premio.

El One Lovely Blog consiste en contar 7 cosas sobre una misma. Esto lo hice bien en esta entrada. Así que no me repito. Os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo.

Con el que no hice lo que debía fue con el Liebster Award. Éste implica contestar 11 preguntas realizadas por el blog que me lo ha otorgado, 1MadreinItaly en mi caso. Aquí van sus preguntas con mis correspondientes respuestas:

  • ¿De quién aceptarías una proposición indecente?

    De mi marido, si además se ha afeitado y se ha puesto la colonia que él sabe, me tiene ganada ;-).

  • Dime una canción que marcó tu vida y por qué.

    Sólo pienso en ti de Víctor Manuel. El Tripadre no paraba de tararearla cuando nació el Mayor. Y cuando nació el Mediano. Y cuando nació el Pequeño también.

  • ¿Crees en Dios?

    Sí.

  • Si fueras un cuadro, ¿cuál serías?

    Me encanta El descendimiento de la cruz de van der Weyden, por todos los detalles y simbolismos que esconde.

  • ¿Cuál es tu profesión frustrada?

    De pequeña quería ser cuidadora de animales.

  • ¿Té o café?

    Si es para desayunar, prefiero un colacao.

  • ¿De quién has tenido un póster en tu habitación?

    Del grupo Take That (… risas en la lejanía).

  • ¿Qué es lo que más te gusta de tu pareja? Y, si no tienes, ¿qué característica tendría tu pareja ideal?

    Que me apoya siempre, incondicionalmente, en todo.

  • ¿Perro o gato?

    ¿Ahora mismo? Ninguno de los dos, con mis tres Trastos tengo bastante por el momento :-D.

  • ¿Tu viaje soñado?

    Prefiero una buena compañía que un lugar concreto.

  • ¿Cómo te ves en 10 años?

    Con mis Trastos no tan trastos y mi marido al lado. En nuestra casa. Los cinco juntos.

Mis preguntas para los blogs premiados son:

  • Un libro que te haya marcado.

  • Si por ti fuera, ¿qué estarías todo el día comiendo?

  • No sales de casa sin…

  • ¿Conduces o te llevan?

  • ¿Qué es lo que más te gusta hacer cuando nadie te ve?

  • ¿Qué árbol te gustaría tener en tu jardín (real o hipotético)?

  • Tu tarta ideal tiene que ser de…

  • ¿Te han dado alguna vez una fiesta sorpresa? Si es que sí, ¿puedes contarnos cuándo fue?

  • ¿Cuál ha sido tu mayor locura por amor?

  • Si tienes hijos, ¿cuál es la frase de tu madre que juraste no decirles nunca y que alguna vez te has sorprendido diciéndosela a ellos?

  • ¿Por qué empezaste a escribir un blog?

Qué ganas de leer vuestras respuestas, jejeje… Mientras os pensáis las respuestas, yo sigo con mis pros y mis contras.

CONTRAS:

  1. Esto de ser premiada es nuevo para mí, no sólo en el blog, hablo en general.

  2. He tardado tanto en publicar la entrada porque no sabía muy bien cómo hacerlo. Y además, tenía que pensar las respuestas de las preguntas.

  3. Simple y llanamente, me he hecho un lío al no venir de uno en uno.

PROS:

  1. Aunque sea tarde, siempre agradezco lo que me dan :-).

  2. Que aumente el número de visitas diarias al blog es genial, que haya gente que repita y vuelva con cada nueva entrada es fantástico, que además alguien piense que el blog se merece un premio es estupendo y que, además de todo esto, resulta que va y te premian es la releche :-D.

  3. Ahora tengo que avisar a los once blogs premiados (requisitos del premio). Siempre es un placer pasarme por ellos. Si es para otorgarles un premio, mejor que mejor, ¿verdad?

Y ahora, redoble de tambores, aquí van mis 11 premiados, entre los que incluyo los blogs a quienes se lo otorgué la última vez, aunque esta vez no tienen que hacer nada, pues ha sido un error mío:

  1. Mi camino buscándoT.

  2. 2y6son8.

  3. Much more than I am.

  4. Niños felices, niños buenos.

  5. En paro biológico.

  6. ¡Mamá qué sabe!

  7. Mami a tope.

  8. La mamá imperfecta.

  9. La libreta de mamá.

  10. Educando a mis hijos.

  11. Blog para escribir.

¿A cuántos conocíais ya? Pues ya estáis tardando en dar una vuelta por los que no os suenan, que seguro que no os van a dejar indiferentes :-).