Category Archives: Peques

15Abr/13

Carta abierta a mi bebé

Carta abierta a mi bebé

Queridísimo Peque:

Esta semana hace ya un año que tú y yo dejamos de ser uno para ser cinco. Una familia. Un año de sonrisas y risas, de olor a leche y a purés, de lágrimas y besos y, sobre todo, de mucho amor.

En estos días, hace un año ya que tuviste que nacer para salvarnos a los dos. No era tu momento. Yo aún no estaba preparada. Recuerdo la cena de aquella noche. Recuerdo la bolsa a medio preparar. Recuerdo la sangre y el miedo. No miedo por mí, sino por ti. Aquellos minutos que parecían horas. Aquella carrera al hospital temiéndome lo peor. Y papá pensando que nos perdía a los dos.

Recuerdo las horas separados, sin saber qué habría sido de ti. Sin saber qué iba a ser de mí. La soledad, el frío y el reloj de la pared del fondo. Todo parece un mal sueño. Una pesadilla que volvería a repetir, sin duda, por volver a vivir el momento de tenerte entre mis brazos, al fin.

Te costó nacer, arrancado de mis entrañas. Me costó mantenerme consciente, presa del terror a no saber. No saber si estarías bien, si serías un bebé sano, si sería capaz de cuidarte. Temores que desaparecieron nada más verte, nada más abrazarte, nada más olerte, nada más besarte. Por fin juntos. Todo había salido bien.

Has crecido. Tus dientes ya asoman cuando sonríes. Empiezas a jugar con tus hermanos, dentro de poco serás uno más. Tu curiosidad no deja de asombrarme. Otra vez, miro el mundo con nuevos ojos. Intentas andar pero te caes. Ahí estamos papá y yo para ayudarte a levantarte, y tú listo para intentarlo de nuevo. Así ha de ser. Te miro embobada. Aún no me creo que hayas estado dentro de mí. No me creo que sea la madre de un bebé tan hermoso, tan lleno de vida, tan feliz. Se te alegra el alma cuando me ves aparecer. Tú y yo nos debemos la vida.

Desde aquí, en tu primer año de vida, en nuestro primer año juntos, quiero darte las gracias por estos meses a tu lado. Todo, absolutamente todo, ha merecido la pena. Merece la pena. No me arrepiento de nada. ¿Cómo podría si mirándote me pierdo en tu mirada? ¿Cómo podría si al besarte siento que no hay amor en el mundo más grande ni más puro? ¿Cómo podría si en cada abrazo te doy mi vida?

Feliz, muy feliz cumpleaños, Peque.

12Abr/13

… de pintar macetas

20130412-223104.jpg

Vuelvo con una nueva entrada para hacer con los niños. Esta actividad también va de pintura. Qué le vamos a hacer, a mis hijos les encanta pintar y es lo que más hacemos en casa. Esta vez vamos a pintar macetas. Si alguien no tiene plantas en casa, tampoco tiene excusa, pues pueden servir para guardar pequeños juguetes de los peques. En este caso, podéis utilizar témperas o similar. Pero si vais a utilizarlas para plantar plantas, las tendréis que regar, así que necesitaréis pinturas acrílicas. Este tipo de pintura es difícil de quitar, tanto de la piel como de la ropa. Así que precaución al máximo.

Se pueden pintar macetas de cerámica o de plástico (baratitas en los chinos), eso ya depende de cómo sean vuestros hijos. Yo no he querido arriesgarme y en casa hemos optado por las de plástico. Y, bueno, cuando digo macetas también incluyo jardineras, colgantes y demás.

CONTRAS:

  1. Si se usan pinturas, se mancha. Si se usan pinturas acrílicas hay que extremar las precauciones: hules, papel de periódico, etc. Es mejor perder diez minutos tapando la mesa donde realicéis esta actividad que lamentarse después por esa mancha que no sale.

  2. Ropa vieja, delantales… todo está bien para evitar disgustos después.

  3. Si la maceta está vacía, mejor. Cuando la pintura esté seca, ponéis la planta. Pero también se pueden pintar macetas con sus plantas, eso sí, cuidado no vayan a darle la vuelta para pintar y tiren la maceta con su planta y su tierra.

  4. Hay que esperar a que se seque, como todas las pinturas.

PROS:

  1. Aunque los niños se manchen las manos, no hace falta usar aguarrás ni demás productos fuertes para quitarla. Bastará con bañarles. Si no sale el primer día, saldrá al tercero. Creedme, lo he comprobado.

  2. Este tipo de actividad, como la de la piña y los cuadros, fomenta la creatividad de nuestros hijos.

  3. Refuerza su autoestima.

  4. Sirve para pasar un rato divertido lleno de color.

  5. Os permite decorar vuestras plantas de forma original.

  6. Como ya dije, si no hay plantas, las macetas sirven para meter pequeños juguetes (canicas, muñequitos, cintas para el pelo, cromos…). No tenéis excusa, jejeje 😉

Mi hijos pintaron para nosotros, pero en cuanto venga el buen tiempo haremos para las abuelas. Se pueden pintar enteras, como las de mis hijos, o sólo ponerles unos motivos, como flores, corazones, caritas sonrientes… La verdad es que mis Trastos disfrutaron muchísimo con sus macetas y las cuidan que da gusto.

09Abr/13

… de hacer caras y coches con tubos

Tubos papel higiénico.

Hoy os traigo un dos por uno. Manualidades, se entiende, que vender no vendo nada. La semana pasada me tropecé con la bolsa donde voy guardando los tubos de papel higiénico y de rollos de cocina. Había ya unos cuantos y me dije: “es hora de hacer algo con esto”. Lo primero que se me pasó por la cabeza fue usar las plantillas de Annabel. Pero me encontré que se nos había acabado la tinta en la impresora de casa… Lástima, ya veía a mis Trastos jugando con el Capitán América.

Así que pensé en qué tenía por casa que pudiera utilizar. Había témperas (cómo no), trozos de cartón y de cartulina, cola blanca, tijeras… Y así surgió la idea de hacer caras y coches con los tubos. Se trata de una manualidad para hacer en dos días, pues hay que esperar a que la pintura se seque para continuar.

Para la primera Tubos papel higiénico.parte, se necesitan: tubos de papel higiénico (los de cocina son un poco grandes para esta manualidad, pero también se pueden usar), cuantos más mejor porque se acaban en seguida; témperas o pintura similar, cuantos más colores mejor; pinceles… y, como siempre, toallitas, ropa que no sea nueva y el perímetro de seguridad en la mesa (hule, papel de periódico… lo que mejor os venga).

¿Qué hay que hacer? Pintar los rollos al gusto del pintor. Se pueden mezclar varios colores en un mismo tubo, hacerle rayas, pintarle lunares, dejarlo sólo de un color… y se deja secar, si es hasta el día siguiente mejor. Así os aseguráis de que están totalmente secos y se pueden manipular sin miedo a mancharse de nuevo.

Al día siguiente, para la segunda parte se necesitan: ojos saltones (si no tenéis, no pasa nada, se pintar con rotuladores y listo), cola blanca (u otro tipo de pegamento), tijeras, cartulina, trocitos de cartón no muy grueso (yo usé el de la caja de la leche, leche de beber, no es que la caja sea la leche, jejeje… qué chiste tan malo… perdón, no he podido resistirme…), ceras de colores, rotuladores (si son los que se van al lavarse, mejor) (sí, existen y, sí, se van con agua caliente, los nuestros los compré en una papelería de barrio) y, si queréis, también podéis usar pegatinas.

Retomamos la actividad. Lo primero, hay que separar qué tubos van a ser caras y cuáles coches. A los de las caras, se les pegan los ojos (normalmente dos, pero ya veis en la foto que el número también va a gustos) y se dejan secar. Con los trozos de cartón, se cortan círculos para las ruedas y se pintan (os diría que de negro, pero, como también podéis ver, nosotros tenemos ruedas de colores). Después, se pegan cuatro ruedas por tubo (aquí sí que parece que hubo consenso) y se dejan secar.

Volvemos a las caras. Con suerte, los ojos ya estarán secos, o casi, y podremos cogerlos sin dejarlos tuertos. Con la cartulina se pueden recortar alas, con la forma que queráis (si recortáis con forma de B, podéis hacer mariposas), orejas, pelo, etc. Y después se pegan de nuevo al tubo. Se deja secar.

Ahora nos centramos en los coches. Ya pintados y con las ruedas puestas, sólo nos queda darles los últimos retoques. Les ponéis el número, el nombre del piloto y, para los más atrevidos y diestros dibujantes, podéis pintar también rayos u otra forma divertida. ¡Ya están listos los coches!

Para terminar las caras, sólo hay que coger los rotuladores y pintarles distintas expresiones: contentas, tristes, enfadadas, sorprendidas… cualquiera que se os ocurra o que podáis dibujar porque el Mediano se empeñó en que dibujara una cara de fantasma y, como no supe hacerla, quedó en una cara asustada (o al menos eso pretendí…). El toque final lo podéis dar con pegatinas. ¡Y ya tenemos las caras!

CONTRAS:

  1. Es una manualidad que es mejor hacer en dos días, para darle tiempo a las témperas a secarse bien. Así nos ahorramos mancharnos más de lo necesario, pero también así se puede después pintar encima con rotuladores perfectamente.

  2. Como siempre que usamos pinturas, nos manchamos. Hasta los codos. Aunque he de reconocer que esta última vez mis Trastos se han manchado menos que otras veces. Lo que significa que no se ensuciaran, que conste.

  3. Hacen falta bastantes tubos. Todos los de la foto se pintaron en media hora, para que os hagáis una idea.

PROS:

  1. Los niños pasan un rato divertido, ¿alguien lo duda?

  2. Dan rienda suelta a su creatividad. Lo digo siempre que hacemos manualidades, pero es que es verdad.

  3. Al cortar con tijeras o usar el pincel, potencian la destreza de sus pequeñas manitas.

  4. Una vez terminada la manualidad, pueden jugar con el resultado, tanto con los coches echándose carreras como con las caras.

  5. Con las caras se pueden trabajar las emociones. Esto a los niños les viene fenomenal.

  6. Fomenta la autoestima de los niños. Esto también lo digo siempre, pero no por ello es menos cierto. El Mediano ha estado tan orgulloso de su coche que se lo quería llevar hoy al colegio para enseñárselo a su profe y a sus compañeros de clase.

Bueno, pues ya sabéis otra manera divertida de darle salida a los tubos de papel higiénico que no sea la socorrida trompeta o el apañado catalejo pirata. Y, si os animáis a hacerla, pasaos por aquí y me contáis qué tal se les ha dado a vuestros hijos ;-).

08Abr/13

… del puré

Después de hablar de la lactancia y del biberón, la lógica me dice que ahora toca hablar de purés. Tarde o temprano, todo bebé necesita alimentación complementaria, la leche (de pecho o de biberón) ya no es suficiente y debe probar alimentos nuevos. Es la época en la que se descubren algunas alergias alimenticias (al pescado, al huevo…). Se puede optar por el método baby-led weaning (BLW), que básicamente consiste en darle al bebé alimentos sólidos, sin pasar antes por el puré. A quien quiera saber más sobre este método, lo que es y cómo se aplica, le recomiendo encarecidamente que se pase por el blog de Annabel.

Yo opté por los purés. Más que nada porque desconocía otros métodos (como el BLW). No sé por cuál hubiera optado de saber que había alternativas al pué, la verdad. La cuestión es que mis tres hijos han comido purés. El Pequeño está en ello ahora mismo. Así que, como siempre, aquí os dejo de relación de contras y pros. ¡Empezamos!

CONTRAS:

  1. Las cantidades. Según el primer pediatra al que acudí (allá cuando el Mayor era un bebé) me dio la siguiente relación: 20 g de pollo por 200 g de verduras en cada toma de puré. Os podéis imaginar, como madre primeriza que era, cómo iba con la báscula (de cocina, se entiende) pesándolo todo. Exactitud al máximo. Nada de 22 g de pollo, tenían que ser 20 g exactos. Y con la verdura lo mismo. Como anécdota, os diré que cuando mi primer bebé probó el arroz, ni corta ni perezosa, eché los 20 g de pollo con 200 g de arroz. Aquello ni era papilla ni era nada. Una plasta en toda regla que, lejos de probarla mi bebé, tuvo que ir directamente a la basura. Por cierto, yo ya con el tercero lo hago a ojo. La báscula me echa de menos.

  2. El tiempo. Si el bebé en cuestión come bien el puré, estupendo. Pero si no, puedes pasarte un buen rato cucharita va, cucharita viene. Cansado el bebé, cansado quien le dé de comer. Con lo fácil que era arrimarle al pecho y entretenerte viendo la tele, leyendo algo o simplemente mirándole embobada mientras mamaba, ¿verdad?

  3. Si al bebé le da por hacer pedorretas (pasa más veces de las que nos gustaría recordar), va a haber puré hasta debajo de los armarios. Que al principio te hace gracia, mírale, qué mono el bebé, si sabe hacer pedorretas… qué tierno, se ha puesto de puré hasta las orejas, sí, pero es taaannn mono… A la quinta, ni mono, ni mona, ni orangután ni nada. Te lo tomas como algo personal. Cuando el puré llega hasta tus orejas, empiezas a maldecir el día en que le enseñaste a pedorrear. Si quien se lo enseñó fue otra persona, le declaras ahí mismo odio eterno. Y, si además, dicha persona aún no se ha estrenado en esto de la pa/maternidad, decides que lo primero que le enseñarás a su vástago será a hacer pedorretas, a la hora de la comida a poder ser.

  4. El puré hay que prepararlo. Y con más antelación que el biberón. Con el biberón sólo hay que calentar el agua y echarle los polvos. Y ya. El puré hay que hacerlo antes porque hay que batirlo y dejar que adquiera la temperatura adecuada para no escaldar la lengua del bebé. Y luego, además, hay que fregar la olla, la batidora y demás.

  5. Cuando salimos fuera de casa, hay que calentarlo. Esto implica encontrar un sitio donde te hagan el favor. Y, una vez que te lo hacen, esperar para que no esté ni demasiado frío ni demasiado caliente (a ver cómo le explicas a un bebé hambriento que ese puré que tiene delante quema demasiado para que se lo coma ya y que ni soplando consigues que se temple…). Después de tres niños, yo me hice con una bolsita térmica y, antes de salir de casa, caliento el puré a tope y lo guardo ahí. Así mantiene el calor y, si calculo bien, se lo puedo dar a su hora sin depender de tener que calentarlo fuera de casa.

PROS:

  1. Como pasa con el biberón, el puré se lo puede dar cualquiera. Puedes dejar a alguien encargado de dárselo al bebé e irte a hacer otras cosas (como una ducha o comprar verdura para el siguiente puré).

  2. Ya que te pones, puedes hacer purés para varios días. La olla a presión (exprés, rápida) para esto es genial. Multiplicas las cantidades, lo repartes en recipientes y al congelador. Ahí lo tienes para varios días. Así no es necesario liarte todos los días en la cocina. Yo lo hago una vez a la semana.

  3. Creo firmemente que mi bebé nunca volverá a comer tantas verduras juntas como en este periodo de su vida. Madre mía la cantidad de verdura (vitaminas, minerales) que se mete para el cuerpo. O quien sabe, quizás te pase como a mis Trastos mayores, que ahora han empezado a aficionarse a los purés de verduras a base de ver al Pequeño los platazos que se mete entre pecho y espalda. Alguna cucharadita le han regateado al Peque. Y eso que para el bebé los hago sin sal…

  4. El puré les llena. Es tontería, me llena a mí, imaginaos a un bebé con el estómago más pequeñito. Así que normalmente, después de comer, la siesta se la echa sin problemas. Al menos eso me ha pasado a mí con los tres.

Dentro de poco, empezará con la comida sólida. Cuando empiece a guiarse por los ojos y a decir “esto no me gusta” sólo porque sea de un determinado color o tenga cierto aspecto, estoy segura de que echaré de menos esta etapa en la que se comía todo lo que yo le echara al puré. Y, para que no se me olvide, tengo que hacerle una foto pringado hasta los codos, porque, por mucho que se manche y por mucho que tenga que limpiar yo después, en las fotos así, los bebés están taaannn monos… 😉

06Abr/13

… del masaje Shantala para bebés

Cuando estaba embarazada del Mayor, fui a clases de preparación al parto. Fue la única vez, pues al llevarse poco tiempo, lo tenía todo muy presente. Además, tuve la precaución de tomar notas que pude consultar durante mis siguientes dos embarazos. Nos contaron cosas muy interesantes, la verdad es que no tengo queja alguna de aquellas clases. No sé si es porque se trataba de mi primer hijo y yo era ignorante en muchas cosas de la maternidad o que tenía las hormonas bailando jotas, pero lo recuerdo todo con mucho cariño. Una de las cosas que nos enseñaron es el masaje Shantala que, según nos contaron, proviene de la India.

Yo se lo di a mi bebé y he de decir que, teniendo un poco de tiempo, es estupendo tanto para el bebé como para la madre, aunque, por supuesto, también se lo puede dar el padre o cualquier otra persona. Yo intentaba dárselo todos los días sobre la misma hora. A mi entonces bebé le encantaba. Lo que nos recomendaron en el curso fue darlo con aceite de uva y unas gota de lavanda. Así se relajaban más. Y, la verdad, mi bebé se relajaba.

CONTRAS:

  1. Sí, he dicho aceite. Así que sí, pringa. Cuidado con qué tocáis con esas manitas dulces, sí, pero también pringosas después de dar el masaje al bebé.

  2. La esencia de lavanda es algo carilla para el botecito en el que viene. No obstante, como sólo se usan unas gotitas por litro de aceite, cunde mucho. Por cierto, ambas cosas se pueden encontrar fácilmente en herbolarios y son aptas para pieles sensibles. De todas formas, nunca está de más preguntar al pediatra o al del herbolario.

PROS:

  1. Es contacto físico y, al igual, que dar el pecho, abrazarle o besarle, ayuda a fortalecer el vínculo madre-hijo. Aunque, como digo, se lo puede dar el padre o cualquier otra persona.

  2. Es indicado para bebés, pero también se le puede dar a niños pequeños.
  3. Puede ayudar a eliminar los cólicos o el estreñimiento.

  4. Relaja al bebé y, si se le da antes de dormir, le ayuda a conciliar el sueño.

  5. Bien dado, se lleva su tiempo. Una vez que lo tengáis dominado podéis acortarlo en función del tiempo del que dispongáis, haciendo más ahínco en lo que queráis reforzar (cólicos, sueño…).

  6. Aunque lo más aconsejable es darlo con aceite, porque así el movimiento de las manos es mejor, también se puede dar con la cremita hidratante que utilicéis normalmente con vuestro bebé.

  7. Cuanto más le deis este masaje a vuestro bebé, más predispuesto estará a recibirlo. Quizás el primer día penséis que no ha servido de mucho. Bueno, hacerlo durante una semana y luego me contáis ;-).

Y, llegados a este punto, os preguntaréis ¿y cómo se da este masaje tan fantástico? Pues si me pongo a explicároslo os podéis morir del aburrimiento o no entender nada. Es un poco lioso de explicar, pero muy sencillo de dar. Así que, como dicen una imagen vale más que mil palabras, os dejo a continuación un vídeo con el masaje Shantala que más se parece al que me enseñaron a mí.

Si os animáis a probarlo, no dudéis en contarme cómo os ha ido. Estaré encantada de compartir experiencias :-).

30Mar/13

… de hacer cuadros con huellas

Cuadros de huellas de manos y pies.

Estos días en que los peques andan por la casa, si no tenéis pensado salir a algún lado, son geniales para jugar con ellos. Podéis jugar al balón o a las princesas. O también podéis hacer otras actividades, como jugar con plastilina, recortar figuras o pintar. Hay infinidad de posibilidades. En casa tenemos una caja con todo lo necesario para hacer manualidades. Dentro hay pinceles, témperas, tijeras, pegatinas, papeles de varias texturas, brillantina… Es, casi, casi, una caja mágica.

Lo malo de las manualidades es qué hacer luego con ellas. Nos las quedamos todas, pero llega un momento en que ya no sabemos dónde guardarlas. Ese momento depende de cada familia, de lo artístico que sea tu hijo y de los hijos que tengas.

Bueno, pues a mí me gusta hacer cosas con mis hijos que luego se puedan poner en casa (como os conté en el caso de las piñas). Así que hoy os voy a hablar de la pintura de dedos. Y, como su nombre indica, es una pintura para pintar con los dedos, es decir, con las manos. Para esta manualidad también se necesitan lienzos, uno por niño, tamaño folio (A4). Como los niños se van a pringar, os aseguro que van a disfrutar de lo lindo. Se trata, ni más ni menos, de que “se ensucien” las palmas de las manos y pies con la pintura y plasmen las huellas en el lienzo. Probablemente, un niño de 5 años lo haga bien a la primera. Pero si los vuestros son más pequeños, os recomendaría que primero lo hicierais en un folio normal y, cuando el niño sepa cómo hay que hacerlo, os paséis al lienzo.

Los lienzos no son muy caros. Los míos los compré en un pack de 3 en el Lidl (atentos a las ofertas que sacan de vez en cuando porque están muy bien de precio) y me salieron baratos. La pintura de dedos es fácil de encontrar en una tienda de manualidades o en una papelería, incluso en un Alcampo o Carrefour. Se va fácilmente con agua caliente de la piel y también sale muy bien en la lavadora. Cómo veis, yo tengo los tres colores primarios, por lo que es divertido mezclarlos para obtener los secundarios.

Una vez terminados y secos los lienzos, se busca un buen lugar en la casa y se cuelgan. Arte infantil a tope. Yo les puse el nombre del artista a cada uno y, además, los feché, así sabrán qué tamaños tenían sus manos y pies a esta edad. Mis hijos están súper orgullosos de sus obras de arte y se las enseñan a todo aquél que viene a casa.

CONTRAS:

  1. Perímetro de seguridad. Os pongáis donde os pongáis, y por muy fácil que se lave la pintura, buscad un sitio que no importe si se escapa alguna mancha. La mesa de la cocina, del patio o de la terraza con un hule es muy socorrida para este tipo de manualidades.

  2. Ropa vieja. Aunque la pintura de dedos sea fácil de lavar, siempre es mejor evitar ponerles a los niños la última camiseta que les hemos comprado o ese pantalón tan chulo que le acaban de regalar por su cumpleaños.

  3. Por muy cuidadosos que seamos los padres y madres o nuestros hijos, es una manualidad de mancharse. Y aunque se trate de plasmar sólo las huellas de pies y manos, creedme, se mancharán hasta el codo.

  4. Esta pintura, como todas, hay que dejarla secar. Si lo hacéis directamente sobre el lienzo, lo ponéis en una mesa en horizontal hasta que se seque y luego se cuelga (si lo colgáis directamente, corréis el peligro de que la pintura chorree). Si primero empezáis haciendo las huellas en folios, ojo donde los ponéis porque podéis acabar sentados sobre ellos.

  5. Tened a mano toallitas para limpiar. No es que haya que estar limpiándolo todo cada cinco minutos, pero quizás se toquen con la mano el ojo porque les pica y para qué queremos más…

PROS:

  1. En cuanto dejáis a los niños pringarse hasta las orejas, se convierten en los niños más felices del mundo mundial. Disfrutan como niños, jajaja… ¡nunca mejor dicho!

  2. Esta actividad fomenta la creatividad, ¿alguien lo duda?

  3. Refuerza la autoestima del niño, sobre todo en cuanto vea colgada su obra de arte en la pared de casa.

  4. Os proporciona un rato de risas junto a los peques.

  5. También es una actividad educativa. Podéis enseñarles cómo surgen nuevos colores mezclando los que ya tenéis. De nuevo, os convertiréis en magos y brujas creando colores delante de sus ojos.

  6. La pintura es perfectamente apta para niños pequeños. Y por muy mayores que sean vuestros hijos, nunca lo son demasiado para pringarse ;-).

Y, para terminar, un consejo. Si realizáis esta actividad al aire libre (patio o terraza), como fue mi caso, evitad los días de viento. De todos los días que tiene el verano, yo fui a elegir el de más aire y ni os cuento dónde llegó la pintura…

¿Os animáis? Contadme cómo os ha ido ;-).

27Mar/13

… del plástico del carro

Plástico del carro.

Estos días en los que llueve día sí, día no, son muchas las madres que hemos tenido que echar mano al plástico del carro. El Pequeño usa ahora mismo un carro de paseo, más ligero y menos pesado que el trío que tenía antes (ya os hablaré otro día de los tipos de carros, que es un mundo a parte). El carrito en cuestión venía con un plástico. ¿Y esto qué es? Pues eso, un plástico que se le pone al carro y que protege al bebé de la lluvia, el viento o el frío.

Antes de salir de la tienda con el carro nuevo (que en aquel entonces era nuevo para el Mediano), viendo que tenía plástico, pedí que me enseñaran cómo ponerlo. La dependienta, muy amablemente, me dio las directrices pertinentes para acoplarlo perfectamente al carro. La verdad es que me pareció tan fácil que pensé que no me daría problemas. El carro lo compramos a principios de verano, así que el plástico quedó guardado hasta que llegó el otoño con sus lluvias.

Me acuerdo perfectamente del día en que lo usé por primera vez. El Mayor venía del colegio y la lluvia había acompañado durante todo el día. Así que me hubiera dado tiempo de sobra a sacar el plástico y montarlo en el carro. Pero tan convencida estaba de que el acople sería fácil que lo dejé para el último momento. Cinco minutos antes de la hora a la que solía salir, saqué el plástico y me dispuse a montarlo con el niño ya sentado. Por lógica deduje qué parte iba enganchada al manillar del carro. A partir de ahí, la lógica me dejó de lado.

Aquellas aperturas, aquellos velcros… ya no sabía si eran para enganchar a los hierros del carro o para que el niño sacara la mano, en plan me gusta conducir. Y a todo esto, el reloj corriendo. Al final, nublada por las prisas, lo puse como buenamente pude. Con mi niño mirándome con cara extrañada porque no sabía ni por dónde andaba yo, si por delante o por detrás, si por arriba o por abajo… Yo no hacía más que acordarme de la dependienta y de su buena madre. Con cariño, eso sí.

A los pocos días, más tranquila, sin niño y con más tiempo, me dispuse a montar el plástico en el carro y, al final, conseguí que me quedara como a la de la tienda. “No es tan difícil”, pensé, “en el fondo, está claro dónde va cada parte”. Bueno, pues sí, estaba claro… hasta que, después de un tiempo sin usarlo, lo necesité otra vez. Una foto. Le tenía que haber hecho una foto el día que lo montaron en la tienda. Porque, ésa es otra, el carro sí viene con un pequeño manual de instrucciones sobre cómo montarlo. Pero el plástico del demonio no.

CONTRAS:

  1. O yo soy la más patosa del mundo mundial o el artilugio está hecho a mala baba. Coño, que ni que estuviera jugando al Tetris… no tiene ni una indicación para saber qué lado va arriba y cuál abajo.

  2. Más les valdría a los fabricantes no poner tanta etiqueta innecesaria y repetitiva y poner un simple papelito con las instrucciones de montaje. Parece que hablo de una estantería de Ikea, pero, en serio, ¿soy yo la única que se siente así? Estoy convencida que monto antes la estantería que el plástico del carro.

  3. Hay varios tipos de plástico. Algunos tienen una especie de ventanita en la parte de arriba. El mío no. La echo de menos cuando entro en algún sitio porque tengo que retirar el plástico entero, salvo del manillar del carro. No sea que me quede a vivir en la tienda por no salir lloviendo sin haber podido poner el plástico.

PROS:

  1. A pesar de las dificultades para ponerlo como es debido, a pesar de lo inútil que me hace sentir, a pesar de todo, he de reconocerle la gran utilidad que tiene para que el niño no se moje o no tenga excesivo frío.

  2. El día que consigo ponerlo a la primera me siento capaz de todo. Si me lo propusiera, creo que podría dar con la fórmula de la fusión fría.

Llegados a este punto, seguro que alguna pensará que he aprendido de mis errores y que el plastiquito ya no me da más quebraderos de cabeza. Pues la verdad es que no me los da… salvo cuando necesito ponerlo. En estos tres años sigo casi como aquella primera tarde. Sólo os diré que lo saqué hace un mes o así, con las primeras lluvias, y ahí sigue, llueva o haga sol, no vaya a ser que, si lo quito con el buen tiempo, no sea capaz de ponerlo cuando vengan de nuevo los días nublados amenazantes de lluvia. A poner el plástico no habré aprendido, pero a ponerme a intentarlo con más tiempo sí. O si no, a no quitarlo, por lo menos, hasta julio.

25Mar/13

… del Tren de la Fresa

Tren de la Fresa

Pues con esta entrada quiero estrenar una nueva sección del blog, salidas con niños. Sitios donde hemos ido con los Trastos y que creo que os pueden interesar si estáis buscando actividades para el fin de semana o para unas vacaciones, tanto si tenéis progenie como si no.

Hoy voy a hablaros del Tren de la Fresa, que debe su nombre a las fresas que transportaba desde Aranjuez a Madrid. La excursión consta del trayecto en tren y una visita al Palacio y sus jardines. Os dejo el enlace para que le echéis un vistazo. Yo voy a hablaros de nuestra experiencia. Nosotros fuimos en septiembre, cuando ya no hace tanto calor pero tampoco hace frío. Para aquél que le guste el otoño, con esa gama de colores, desde luego, ésta es la época ideal. El tren es de época y te anuncian que el viaje estará amenizado por actores vestidos de época también que repartirán fresas. Efectivamente, el tren es de época y, efectivamente, hay gente vestida de época. Nosotros vimos a dos en nuestro vagón. El tiempo justo para repartir unas cestitas con fresas. Y ya. Que digo yo que con lo que tardarán esas mujeres en vestirse, peinarse y maquillarse, ya podían amortizarlo y haberse quedado un poco más. Eso sí, si les pedías una foto, estaban encantadas de hacérsela.

Palacio Real.

Llegamos a la estación y nos fuimos al Palacio. Visita a nuestro aire por los jardines. Preciosos. Y eso que estaba nublado. Digo esto porque por la tarde también estuvimos paseando por el parque donde está el Museo de Falúas y, como había salido el sol, parecía un bosque mágico. Vamos, si hubiera visto un hada o un duendecillo, me lo hubiera creído. Los niños encantados. También entramos al Palacio, pero esta vez con visita guiada. Por la tarde, de nuevo al tren, camino a casa. Sólo que esta vez no había nadie vestido de época.

CONTRAS:

  1. Lo primero, encontrar la estación. Nosotros nos fuimos a la del Cercanías de Delicias, pero no es ésa. Es la que está al lado, la del Museo del Ferrocarril.

  2. Los actores. Como ya he dicho, simpáticos, sí, pero yo creo que les falta actuar un poco, meterse más en su papel y no limitarse a repartir fresas y hacerse alguna que otra foto.

  3. Tienes que buscar un sitio para comer. No puedes retrasarte mucho si quieres ver algo más por la tarde antes de volver a Madrid. Los de Aranjuez lo saben y desde el primer momento te llenas de folletos de un montón de restaurantes. Ahora elige. Y llega al sitio. Y come rápido.

Parque.

PROS:

  1. Sabes cuándo vas y cuándo vuelves. Nada de coger el coche. Genial, teniendo en cuenta que comes en Aranjuez.

  2. A parte de la visita guiada al Palacio, todo lo demás te lo organizas tú. Así puedes trazarte un itinerario de acuerdo a tus intereses. A veces, ir con un grupo cansa porque a ti te interesa algo que a los demás no y, sin son mayoría, tienes que aguantarte.

  3. Es una visita fantástica. A mí me encantó. Sobre todo los jardines. Volvería sólo por volver a verlos.

Parque.

Yo creo que esta excursión os puede gustar. Conoces un poco de la historia de nuestro país, paseas al aire libre por unos jardines de ensueño, sales de casa y de sus cercanías, haces algo nuevo en familia… Tengáis o no niños, yo os recomiendo que vayáis y, si hace falta, me digáis que no tengo razón 😉 .

Aquí os dejo lo que nos trajimos de Aranjuez, comprado en un puesto callejero. Con esta pinta, ¿cómo resistirse? Mmmmm…

Cesta de frutos rojos.

22Mar/13

… de pintar piñas

Piñas

Con esta entrada estreno otra nueva sección dentro del blog, actividades con niños. Internet está lleno de manualidades o recetas o juegos que afirman “esto se puede hacer con niños” o “esto a los niños les encantará”. Bueno, pues yo he buscado estas actividades, sobre todo pensando en tener entretenidos a mis Trastos en vacaciones o fines de semana. Y, además, las he puesto en práctica. La idea de esta sección es contaros cómo me ha ido la experiencia. Y luego, si decidís hacerlas con vuestros hijos, me contáis qué tal se os ha dado y, si me dejáis la foto, mucho mejor 😉 .

Bueno, pues la actividad que nos ocupa hoy es la de pintar piñas. Se necesitan, obviamente, piñas de los pinos del parque. Un día de otoño, dando un paseo, os lleváis una bolsita las vais recogiendo. Si les decís a los niños que las cogéis para pintarlas, os ayudarán en seguida. E incluso puede que se emocionen como los míos y recojan piñas para un par de años. No os preocupéis, si os hacéis con muchas, podréis usarlas para otra actividad que os cuento otro día 😉 .

Llega el momento de pintar. Mis hijos me hacen la ola cada vez que me ven sacar los pinceles y las pinturas. Os recomiendo las témperas o parecidas (no las acrílicas) porque son las que mejor salen con agua. Si vuestros hijos se ponen de pinturas hasta las orejas, como los míos, ponerles ropa vieja, por mucho que luego se suponga que la pintura saldrá al lavarse. También os recomiendo proteger la mesa en cuestión. Yo pongo un hule, es decir, un mantel de plástico. Así luego sólo paso la bayeta húmeda y aquí no ha pasado nada. También suelo ponerles cuencos con un poquito de la pintura. Si compráis los colores básicos (rojo, azul y amarillo), podréis hacer de magos y brujas al mezclar los colores primarios para hacer aparecer los secundarios (naranja, morado, verde). Si además os hacéis con el blanco, podréis jugar con las tonalidades.

Y a pintar piñas se ha dicho. Grandes, pequeñas, cerradas, abiertas (para abrir una piña, basta con ponerla al sol o, en su defecto, encima de un radiador, pero cuidado con los piñones que se le caen, pueden hacerse con la habitación entera…). Mis hijos, que son de culo inquieto, pueden pasarse un buen rato pegados a la silla pintando, verlo para creerlo. Para dejarlas secar, nada mejor que papel de horno, como si de galletas se tratara. Y así, entre preparar las cosas, pintar y recoger (importante que impliquéis a los niños en recogerlo todo también) habréis pasado una tarde amena, divertida o, por lo menos, distinta.

CONTRAS:

  1. Os vais a poner hasta las orejas de pintura. Los niños no tienen la misma destreza que los adultos, está claro. Tampoco tienen el mismo cuidado que nosotros. Para ellos lo divertido es ensuciarse. Si eres fanática de la limpieza y odias las manchas, conciénciate de la que vas a montar en casa.

  2. Asegúrate de que hay suficientes piñas. Como te quedes sin ellas en mitad de la chapa y pintura, lo primero, vas a tener entretenido al niño poco tiempo y, lo segundo, puede que se mosquee contigo, y con razón… Mira que haberse dado el paseo y haberte dejado piñas por ahí… ay…

PROS:

  1. Esta actividad refuerza la destreza óculo-manual.

  2. Desarrolla la creatividad.

  3. Saca risas.

  4. Potencia la autoestima de los niños, que se creen picassos en potencia.

  5. Saca tu orgullo de madre o padre al comprobar lo bien que ha pintado el niño esa piña.

  6. Les puedes enseñar mezclas de colores. Ellos alucinan.

  7. Refuerza el vínculo padre/madre-hijo.

¿Tengo que seguir o ya he puesto suficientes pros para convenceros de que las hagáis con vuestros hijos? Pues eso.

Bueno, y una vez que tienes las tropecientas piñas pintadas, ¿qué haces con ellas? Pues yo recomiendo otro paseo por el parque. Pero esta vez en busca de ramitas secas. Y otro paseo al chino de la esquina a comprar un jarrón ancho con un poco de altura y baratito. Lo juntáis todo, decís las palabras mágicas y os puede salir algo parecido a esto:

Jarrón con piñas.

Lo que más les gusta a los niños, después de pintar las piñas, es ver sus obras de arte expuestas en mitad del salón. Y os puedo asegurar que no les da por romperlo 😉 .

20Mar/13

… de mear de pie

Yo creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado ser un hombre. ¿Por qué? Pues porque ellos no tienen que depilarse por obligación y, además, pueden mear de pie. Lo de la depilación lo dejaré para otro día. Hoy me centraré en lo segundo. Por favor, que levante la mano la señorita o señora que, una noche de sábado cualquiera, harta ya de bailar porque si se queda quieta se mea encima, no haya ido rápida y veloz hacia los baños, ha aguantado una cola que creía que no aguantaría, para entrar, por fin, en el aseo, se ha bajado los pantalones mientras se subía la pernera del pantalón para no mancharse con el charquito del suelo, se ha puesto de cuclillas porque la taza estaba aún peor que el suelo y, así, en esa postura tan poco femenina, no ha deseado ser un hombre para tener que bajarse sólo la cremallera para poder vaciar la vejiga. Como decía, manos levantadas, por favor… ¿Nadie? Ya me imaginaba yo. Pues eso, todas, sin excepción, en algún momento hemos deseado ser un hombre. Afortunadamente, luego se nos pasa.

Este gran chollo que es mear de pie pierde toda su aura mágica cuando empiezas a convivir con un hombre. Un hombre que a veces se acuerda y otras veces no de subir la tapa del inodoro. Y cuando vas tú a hacer lo propio, te encuentras limpiando la tapa con un trocito de papel higiénico mientras bailas el “me meo, me meo”. Por lo general, con un hombre adulto, la cosa queda ahí.

Ayer me dispuse a limpiar los baños. Por si hay alguien nuevo por aquí, recuerdo que tengo tres hijos como tres soles. Al Pequeño ahora no le cuento porque es un bebé con su pañal y todo. Pero los otros dos Trastos… madre mía la que me lían. Ahora que al padre ya le tenía concienciado de la importancia de la tapita y de limpiar lo que se ensucia. Ahora tengo que lidiar con esos pequeños proyectos de hombres de bien. Y todo hombre de bien que se precie no debería jugar con su susodicho mientras mea. Porque, ay, amigas, ya no es que se salgan, cosa que entiendo porque están aprendiendo y, en el caso del Mediano, hasta hace poco no llegaba de pie a la taza y no quería hacerlo sentado porque su hermano mayor no se sentaba. Pues como decía, no es que se salgan, es que el chorrito en cuestión llega a la pared o a la ducha de al lado si hace falta. Y cuando están mosqueados el uno con el otro, si van juntos a hacer pis al baño, intentan mearse el uno al otro. Las que tenéis niñas, niñas que mean sentadas y no se salen, no sabéis lo que tenéis en casa.

CONTRAS:

  1. Hay que aprender a apuntar. No vienen con ello de serie. Y, al parecer, es algo que cuesta lograr.

  2. Cuando me quejo de cómo está el baño, la tiquismiquis soy yo. Y no ellos unos guarros.

  3. Hacen piña. Sí, como lo leéis. Aquí el adulto hace piña con los Trastos y se tapan los unos a los otros. Estoy en inferioridad numérica. Y me consta que están empezando a darse cuenta de ello. Me da miedito el día que hagan piña con asuntos más serios.

PRO:

  1. A pesar de todo lo que yo les diga, ellos siguen siendo hombres. Siguen siendo capaces de mear de pie. Cuando entro en un baño público lleno de charquitos, sigo queriendo ser un hombre… hasta que salgo por la puerta. Luego recupero mi cordura.

  2. Pueden escribir con el chorrito. Ahora bien, creo que un “Te quiero” escrito en la arena perdería todo su romanticismo al saber cómo se ha escrito.

  3. Cuando los niños empiezan a ir por la vida sin pañal, la frase “mamá, pis” está a la orden del día. La pueden soltar en casa o fuera de ella. No importa el sitio ni el momento, ellos tiene que hacer pis. Ya. Más de una vez me he tenido que parar frente a un arbustillo porque no llegábamos a casa. En estos momentos, me alegra que sean niños porque me consta que con las niñas es más complicado. Digamos que este pro es a los niños lo que el baño asqueroso de antes a los adultos.

  4. Quiero pensar que algún día conseguiré que apunten bien. Espero que mis futuras nueras sepan agradecérmelo. Y, si no, espero que mis futuros nietos tengan aún menos puntería que mis hijos.

Conclusión: como hacerles sentarse para mear no es algo habitual en esta sociedad y, para evitar que se rían de ellos en un futuro, voy a dejarles que sigan vaciando vejiga de pie. Ahora bien, en cuanto sean un poquito más grandes, les hago limpiar el baño. A ver si así les duele y ponen más empeño en apuntar y menos en salirse. Si no aprenden a apuntar, al menos, que aprendan a limpiar. Veremos a ver si lo consigo… Deseadme suerte, especialmente aquellas que tengan niñas. Nunca se sabe, quizás algún día nos conviertan en parientes ;-).

13Mar/13

… de privarse

Mi hijo Mediano (pobrecito, que parece que todo le pasa a él) se priva. Cada vez le pasa menos. Cada vez es más mayor. Sin embargo, ayer fue la última vez. A esto se le conoce como espasmos del llanto. Básicamente, consiste en que, cuando va a llorar, en vez de arrancarse, se queda sin respiración. Hay niños que les pasa de rabia, por ejemplo, cuando les quitas un juguete o les dices que no a algo. En el caso de mi hijo, los espasmos siempre los desencadena un golpe.

No soy médica. Soy una madre con un hijo que, a veces, se priva. Y en nuestro caso, la secuencia de hechos va así: primero, mi hijo se da un golpe que no tiene por qué ser fuerte (le he visto darse grandes golpetazos y seguir como si nada y, sin embargo, a veces, con un topecito de nada se priva). Me busca y viene hacia mí. Llega y me echa los brazos, quiere que le coja. A todo esto, no ha sido capaz de empezar a llorar y no puede respirar, ni para adelante ni para atrás, el aire no circula. Imaginaos la cara de un niño pequeño cuando llora, ¿ya? Pues ahora congeladla. Ésa es la cara que tiene. Yo le digo que respire. Él no respira. Empieza a ponerse morado. Le sigo espetando a que respire. Él sigue sin respirar. Se cae al suelo. Las piernas ya no le aguantan. Busco su mirada. Le sigo diciendo que respire. No es capaz de respirar. Si la situación se prolonga, los ojos se le ponen en blanco. Sigue morado berenjena. Los labios pierden color. Mandíbula apretada al máximo. Le grito que respire. No respira. Pienso cuánto tiempo llevará así. Para mí, una eternidad. Me planteo llamar a una ambulancia. Sigo gritándole que respire. Sigue sin respirar. Ya no me oye. Pienso que se me va, que le pierdo ahí mismo, entre mis brazos. El corazón me va a mil por hora. Salgo corriendo hacia un grifo mientras voy pensando dónde coño he dejado el teléfono. Al final respira. Llora. Respiro yo también. Nos abrazamos. Me tiembla todo el cuerpo. Al rato, mi hijo está jugando como si nada. A mí los nervios me duran el resto del día. Todo esto se resume en pánico. Aunque me cuesta escribirlo, tengo que confesar que alguna vez yo he visto a mi hijo prácticamente muerto en mis brazos. ¿Exagerada? Tal vez. Pero ésa fue la sensación que me dio. Quien haya pasado por esto lo sabe.

Según los médicos, es hago normal en los niños pequeños. Tiene que ver con el grado de maduración de su sistema neurológico. Por tanto, cuanto mayores sean, menos riesgo de padecer estos episodios. Te dicen que el niño siempre acaba respirando, que los padres no tenemos por qué ponernos nerviosos. Lo que no te dicen es cómo se consigue eso. Además, a mi hijo le hicieron pruebas para descartar que se tratase de alguna forma de epilepsia. Y se descartó.

¿Qué hay que hacer ante un episodio así? Respuesta del primer pediatra: dejarle. Aunque esté morado, con los ojos en blanco y tirado en el suelo. Ya se le pasará. Respuesta del segundo pediatra: ignorarle, sólo busca llamar la atención. Respuesta del neurólogo: controlar la lengua, no se le vaya para atrás y se ahogue él solo. Y dejarle. Tener paciencia porque acabará respirando. Si has llegado leyendo hasta aquí, déjame que te haga una pregunta: ¿crees que puedes mantener la sangre fría suficiente como para llevar a cabo todos estos consejos que se pueden resumir en ignorar a tu hijo mientras ves cómo se ahoga? Antes de contestar, vuelve a leer el segundo párrafo de esta entrada.

¿Ya has contestado? Bueno, pues ahora mi respuesta: no. Yo no puedo permanecer impasible mientras mi hijo se cae redondo al suelo y pierde la consciencia. Marido y yo nos dimos cuenta de que, cuando se caída o se daba un golpe, era mejor no ir raudos y veloces en su busca porque eso le hacía más propenso a los espasmos. Le dejábamos que se levantara solo y viniera hacia mí (siempre me busca a mí, da igual las personas que se encuentre en su camino, él viene directo a buscarme a mí). Una vez que llegaba, me tiraba los brazos, pero yo sabía que si le cogía podía privarse. Así que nada de cogerle. La solución pasaba por decirle con la voz más tranquila que tuviera que respirara y, una vez que rompía el llanto, cogerle, abrazarle, mimarle hasta que él se encontrara mejor y siguiera con su juego. Esto pareció funcionar. Así que pusimos a toda la familia sobre aviso: no cogerle hasta que llore. Es duro ver que se cae o se golpea y no acudir en su ayuda. Es muy duro que te eche los brazos y no cogerle. Pero es más duro lo que puede venir después.

Pero, ay, a veces nada de esto funciona. Mi hijo Mediano no aguanta el tirón y se cae redondo al suelo. Veo en sus ojos el miedo, está asustado porque quiere respirar y no sale. Hay que intentar tranquilizarle. Nada de gritos. Nada de movimientos rápidos. Todo hay que hacerlo sin prisa pero sin pausa. A veces funciona. Otras veces no. Es entonces cuando me acuerdo de lo que me dijo una enfermera cuando fui a ponerle una vacuna: un estímulo fuerte. O dicho de otra manera, hacerle daño. Un buen pellizco en el cuello suele funcionar, nos dijo. Yo tampoco soy capaz de hacerle daño a propósito a mi hijo. Lo he intentado, por ayudarle. Pero no he podido. Le hago el boca a boca. Nada. Paso a quemar el último cartucho. Agua. Agua fría. Cuanto más fría mejor. En toda la cabeza evitando que le entre por la nariz. Respira. Respira él. Respiro yo. Si esto no funciona, sólo queda llamar a una ambulancia y cruzar los dedos para que llegue a tiempo.

Antes de seguir, quiero advertir que, en este caso, el boca a boca es una muy mala, malísima opción. Puede que el niño quiera respirar y, con el aire que le metemos dentro, no le estamos dejando. Si alguna vez os pasa, estaréis tentadas a hacerlo. No lo hagáis.

Como iba diciendo, el niño se da un golpe, va a llorar pero no puede. Dejamos que se levante solo, viene hacia nosotros, le decimos que le cogeremos cuando llore. No sólo no llora, sino que, además, se derrumba. Por fin, llegamos a la solución. De la mano de la última pediatra, la que salvó la lactancia del Pequeño. A parte de mantener la calma, pues de lo contrario el niño se pone más nervioso y ya está suficientemente asustado, hay que mirarle a los ojos. Los ojos son los que nos van a decir en qué punto está el niño. Si nos mira, todo va “bien”. Tranquilidad porque él sigue oyéndolo todo. Se le tumba en una superficie plana (un sofá, una cama, el suelo) mirando hacia arriba. Se le coge el brazo y la pierna más separada de nosotros. Le giramos hacia nosotros de manera que también gire la cabeza. De esta manera evitamos que la lengua se vaya hacia atrás. Otra cosa a evitar siempre: meterle algo en la boca para abrírsela. Ni cucharillas ni dedos. La presión de la mandíbula es increíblemente fuerte. Intentamos que flexione dicho brazo y dicha pierna. Será difícil porque tienden a ponerse totalmente rígidos. Pero al menos hay que intentarlo. Mantener al niño así hasta que respire. Con un ojo, detectar dónde está el teléfono. Con el otro, mirarle a los ojos. Si pasa así mucho tiempo, hay que llamar a una ambulancia. Si se le ponen los ojos en blanco, también. Llegados a este punto, antes de llamar, yo lo que hago es correr a buscar agua. Se la echo por encima para que reaccione. Eso sí, evitando la nariz, no vaya a ser que respire y le entre agua.

Afortunadamente, yo nunca he tenido que llamar a una ambulancia. Pero he estado a punto varias veces. Es un mal trago para todos los presentes. Si tú eres la madre, mantén la calma. Olvídate de quienes te rodean. Siempre habrá alguien con algún consejo magistral. Hay que esforzarse en seguir las pautas marcadas por el médico. Manda a la mierda a quien sea, sea quien sea. Si no eres la madre, mírala cómo actúa. Si sabe lo que hace, déjala hacer. Lo que menos queremos en esa situación es a alguien que nos estorbe.

CONTRAS:

  1. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para llevar a cabo todos estos pasos mientras ves a tu hijo sufrir.

  2. Incluso en estas situaciones, suele haber alguien que sabe más que tú. Y te lo deja bien claro.

  3. El niño puede hacerse pis. Si se le va la consciencia, no controla su cuerpo.

  4. Puede pasar en cualquier sitio. Si te pasa fuera de tu casa y tienes que pedir ayuda, pídela. Es mejor un “ya no hace falta, gracias” que el pensamiento de que podrías haber hecho más.

  5. Ante todo, la frustración del momento. No puedes respirar por tu hijo.

  6. La cara que pone mientras dura el espasmo no se olvida nunca.

  7. Ante cualquier golpe, surge el temor de si volverá a pasar. Aunque haga meses del último.

PROS:

Lo siento, por mucho que me esfuerzo, no encuentro ni un pro.