Category Archives: Bebés

01Jul/13

… de ir a por la niña

Cuando era pequeña y luego más joven que ahora, estaba convencida de que tendría hijas. Así, con A. Al menos una. Por eso, cuando el ginecólogo nos dijo en mi primer embarazo que esperábamos un niño, pensé: “la siguiente será la niña”. En el segundo embarazo estaba aún más convencida de que sería niña, pues ya había tenido un niño. De nuevo el ginecólogo nos informó de que sería niño. Ahí sí me puse triste porque, en aquel momento, no contemplábamos la posibilidad de que tener un tercero.

Tras el impacto inicial, empecé a pensar que, siendo los dos niños, podría aprovechar toda la ropa del primero con el segundo, compartirían juegos y juguetes y, posiblemente, se llevaran mejor entre ellos que si fueran niño y niña. Aquí quien no se consuela es porque no quiere.

Cuando el ahora Mediano iba camino de cumplir sus dos añitos, el Tripadre y yo decidimos ponernos manos a la obra para ir a por la niña. He de reconocer que a él le daba un poco igual niño que niña, pero sabía que a mí me haría mucha ilusión tener una niña. Además, a mí me había vuelto a picar el gusanillo tras el nacimiento de mi sobrina… pobrecita, necesitaba una compañera de juegos, pues entre su hermano y sus primos, no había más niñas por aquí.

Así que hace ahora dos veranos, empecé a tomar ácido fólico en previsión de lo que me esperaba. Pero esta vez, decidimos hacer todo lo posible para que fuera niña. Dice la ciencia que en el sexo del bebé influye (aunque nunca se sabe) la frecuencia de las relaciones sexuales. Así, los espermatozoides niños son más rápidos pero mueren antes y los espermatozoides niña son algo más lentos pero aguantan más en el útero. Si es esto es así, para tener una niña hay que mantener relaciones uno o dos días antes del periodo fértil de la mujer (método basal) y ya. No hay que mantenerlas a diario, sino espaciadas. Y así lo hicimos.

Por otro lado, también existe la tabla china de la concepción. Este método relaciona la edad de la madre al quedarse embarazada con el mes del año. Si el resultado es un cuadrado azul, será niño; si es rosa, niña. La tabla china acertó de pleno con mis dos hijos mayores y hasta conmigo. Así que también nos guiamos por ella a la hora de mantener esas esporádicas relaciones sexuales.

Además, hay una especie de juego que se hace a las mujeres con una aguja pendiente de un hilo o un colgante. Consiste en extender la mano y levantar la aguja o colgante en la palma abierta. Si se mueve en círculos, es una niña; si lo hace en línea recta, un niño. Si se queda clavada y no se mueve, no hay más bebés a la vista. Bueno, pues también lo hice y me salió que iba a tener tres hijos: dos niños y una niña.

¡Y una leche! Como veis, lo hicimos todo encaminado a ir a por la niña. ¿Y qué pasó? Pues que no sirvió para nada. Otro niño como otro sol que no cambio por ninguna niña, dicho sea de paso.

CONTRAS:

  1. Como dice la canción, “♬♪ lo que tenga que ser, será ♫♩”. Da igual lo que nos esforcemos, como dice el refrán “el hombre propone y Dios dispone”. Pues eso. Si tiene que ser niño, da igual lo que nos emperremos en que sea niña.

  2. La gente me mira extrañada cuando les digo que tengo tres hijos. Pero aún se asombran más cuando les digo que los tres son niños. Vamos, ni que fuera la única madre en el mundo con tres hijos varones.

  3. Una vez recuperados del susto, la pregunta que suelen hacerme es si voy a ir a por la niña. A ver, que vale que me hubiera hecho ilusión tener una niña a la que peinar y poner vestiditos de vez en cuando, pero no por ello voy a quedarme embarazada por cuarta vez.

  4. Mucha ciencia moderna, mucha ciencia de la abuela y mucha ciencia ancestral y al final no hay manera de saber si estás embarazada de niño o de niña. Si me apuráis, ni las ecografías son fiables al cien por cien.

  5. Sigue habiendo gente que me viene a ¿ayudar? informándome de que existen maneras que funcionan para conseguir que el bebé sea niño o niña. Y me lo dicen como si fuera tonta, en plan, “ay, mira que no saber esto… ahora podrías tener alguna niña…”. Pues mira, ni tonta ni ignorante. Es más, creo que la tonta eres tú por creerte esas chorradas. Si a ti te funcionó, es pura coincidencia.

  6. Hay gente que, en su afán de ayudarme a pasar este mal trago que tengo con tres niños (léase con ironía), no duda en decirme que, cuando sea vieja, no voy a tener quien me cuide y se preocupe por mí si falta mi marido porque, aunque los hijos quieren mucho a sus madres, la realidad es que son las hijas quienes se hacen cargo de ellas cuando son mayores. Visto lo visto, creo que voy a tener que empezar a ahorrar ya para la residencia y cruzar los dedos para que no me falte mi marido.

PROS:

  1. Como siempre que se busca un embarazo, es divertido mientras se intenta. Hay que aprovechar, que luego llegan las náuseas y los vómitos y no está el horno para bollos.

  2. Como lo he probado, creo que tengo la suficiente credibilidad para afirmar que esos métodos no son fiables. Hay que pensar en si se quiere tener un hijo o no, en lugar de pensar si queremos tener un niño o una niña. ¿O es que acaso no se le va a querer igual si no es del sexo que esperábamos?

  3. Tengo tres hijos maravillosos como tres soles. No los cambio por ninguna niña, por muy tranquilita que sea ésta.

Esta entrada ha sido un poco para desahogarme, que últimamente, no sé que hay en el aire, no paran de preguntarme si voy a ir a por la niña. ¿Será que ya ven al Peque con cierta edad para convertirse en hermano mayor también él? Bueno, pues lo repito. Tengo tres niños como tres soles que no cambio por ninguna niña. Y, a estas alturas, me conformo con mi sobrina y quedo a la espera de nueras y nietas. Porque nietas sí tendré… ¿o no?

29May/13

… de los primeros pasos

zapatillas bebé

Cada uno de mis Trastos empezaron a dar sus primeros pasos a una edad distinta. A saber: el primero a los 10 meses, el segundo a los 11 meses y el tercero a los 12 meses. Exactamente cuando les ha dado la gana a ellos, pues ni el Tripadre ni yo les hemos forzado ni insistido. El Mayor y el Mediano no gatearon, simplemente empezaron a dar pasos. El Peque alterna sus primeros pasos con el gateo. Y yo estoy por comérmelo a besos un día de éstos, igual que estuve tentada de hacerlo con sus hermanos.

Recuerdo que el Mayor cogió un día un par de pinzas de la ropa y, sujetándolas bien fuerte, se lanzó a la aventura de andar. Un mes después, con 11 meses andaba y correteaba que era un primor. El Mediano daba pasitos de vez en cuando, sobre todo, en el parque, de lado a lado. Y en el suelo, del sofá a la mesita y al revés. Pero fue el día de su cumpleaños (también un mes después) cuando, en presencia de toda la familia, decidió que la distancia mesa-sofá se le había quedado pequeña y empezó la tarde andando por todo el salón (que no era muy grande, pero para él debió de ser inmenso). Para cuando acabó su fiesta, ya se había aventurado a ir desde el salón hasta su habitación a lo largo de todo el pasillo. Está claro que había decidido estrenar su primer año dando sus primeras carreritas por toda la casa.

El Peque ha empezado a dar sus primeros pasos a los 11 meses también, pero un mes después, no corretea como sus hermanos. ¿Preocupada? En absoluto. Después de tres hijos, me ha quedado claro que cada niño tiene un ritmo que hay que respetar. Aunque, si me preguntáis mi opinión, estoy convencida de que, aunque da pasitos, no se ha lanzado a explorar el mundo del andar porque ha descubierto otro: el mundo del gateo. Mundo que, por otro lado, no conocieron sus hermanos. ¿Por qué? Ni idea. No sé por qué unos niños gatean y otros no. y, la verdad, tampoco es algo que me quite el sueño.

Empezó poniéndose de pie en el parque, agarrándose a la malla primero y al agarrador que tiene el parque después. Y, una vez de pie, se soltaba y se aplaudía solo. ¡Bien por mi niño! Y se reía, contento por el logro que acababa de alcanzar. Si le pongo en el suelo, él solo gatea hasta una pared, el sofá o cualquier cosas que él vea que puede servirle para ponerse de pie. Se levanta y anda un poquito. Más aplausos. Más risas. En cuando deja de sentirse seguro, hace una sentadilla y planta el culete en el suelo. Entonces decide que quiere ser invadido por la velocidad y empieza a gatear. Llega hasta otra cosa que le sirva de apoyo y, otra vez, se pone de pie. De nuevo, aplausos y risas, con esos poquitos dientes que ya le asoman. Vamos, que está para comérselo a besitos (nota: en este momento, me retiro del ordenador para no llenarlo con mis babas de madre. Me limpio. Vuelvo. Continúo el relato).

Si le doy la mano, la velocidad la coge andando. Un paso, una risa, otro paso, otra risa… y así por media casa. Está más salao :-D. Es imposible no reírse también y aplaudirle los logros. Él me mira y se ríe aún más. Aunque al Tripadre le escueza un poco, he de confesaros que suele venir a buscarme si está con otra persona o, si está conmigo, hay un momento en que se da la vuelta y se me tira encima, como dándome un abracito. Supongo que os imagináis lo orgullosa que estoy de mi Peque y de sus primeros pasos y de sus primeros gateos :-).

CONTRAS:

  1. Teniendo en cuenta que ya ha cumplido el año y que sus hermanos mayores ya andaban solos a esa edad, hay mucha gente que, cuando ve al Peque, se pregunta que cuándo va a andar de una vez por todas. Sé que es un decir, que no es en serio, pero a mí me molesta un poco. Si no me importa a mí que soy su madre, menos debería importarle a ellos.

  2. El Peque ve a sus hermanos jugando, corriendo y andando y se nota que ya quiere irse con ellos. Le llama mucho la atención verles moverse y, cuando está en el suelo, todo su afán es ir hacia dónde están los otros dos. Ya veréis cuando sea un poco más mayor y pueda unírseles al juego. Me lo voy a pasar pipa.

  3. En cuanto empiece a andar (y no me refiero a los pasitos que ya da, sino a andar en condiciones) tendré que volver a establecer un perímetro de seguridad a un metro del suelo por lo menos. Cosas valiosas o susceptibles de ser rotas, cuanto más altas mejor.

PROS:

  1. A pesar de todos los contras, estoy deseando verle corretear y sumarse a sus hermanos en el juego, a quienes, por otro lado, les encanta jugar con su hermano. Muchas veces les tengo que decir (sobre todo al Mediano, pues el Mayor ya pasó por esto) que determinados juegos no son para el Peque y, que si quieren jugar con él, tienen que cambiar el juego o la manera de jugar. A veces lo hacen y otras siguen a lo suyo bajo la atenta mirada del Peque.

  2. El Peque está dejando de ser un bebé. Ahora está a medio camino entre un bebé grande y un niño pequeño. Es mi bebé-no-tan-bebé-ya.

  3. Me encanta ver cómo consigue sus logros. Disfruto viéndole dar sus primeros pasos, de la misma manera que me quedo absorta observándole cómo mueve sus dedidos para tocar algo, como un botón, para explorarlo. Está empezando a querer saber qué son las cosas. Su curiosidad no tiene límites y el poder andar le va a ayudar mucho.

  4. Dentro de nada vendrán los paseítos y sus primeras carreras. Va a ser digno de verle. ¿Se seguirá aplaudiendo sólo? De hacerlo, ¿lo hará mientras corra? De lo que no me cabe duda es de que seguirá riéndose porque a risueño no le gana nadie. ¡Menudo es mi niño!

Ésta es una época preciosa. Es la época de sus primeras veces. Soy consciente de que durará poco, al igual que la de sus hermanos, que se me pasó en un suspiro. En ocasiones, miro a los otros dos Trastos y se me hace mentira que sean capaces de correr, de saltar o de darle a la pelota cuando, hace nada, estaban empezando a andar cogiéndome de la mano. Sé que esta época se pasará pronto y, a parte de alegrarme por verle crecer sano y feliz, no puedo evitar sentir también un poco de nostalgia porque no se repetirá y también alegría al ver de lo que es capaz.

28May/13

… del parque de juegos

parque de juegos

Odiado por unos y amado por otros, el parque de juegos es otro motivo más de controversia dentro de la maternidad. Vaya, que ya llevamos unos cuantos… El caso es que yo he usado el parque con cada uno de los tres Trastos. Y he tenido que escuchar de todo.

Con el Mayor lo usaba para, entre otras cosas, poder ducharme a gusto o recoger la cocina o prepararle la papilla sabiendo que dejaba a mi bebé en un espacio a salvo de golpes. Con el Mediano y el Pequeño fue más por poder atender al hermano mayor. Si tenía que bañar al Mayor o acompañarle al baño en plena operación pañal, con el Mediano aún empezando a andar, el parque era el lugar ideal para dejarle. Lo mismo le ocurre ahora al Peque, que aún no está para dejarle solo mientras los Mayores acaparan toda mi atención.

Esta utilidad creo que no se la puede quitar nadie a este cachivache. Sin embargo, utilidades a parte, hay quien lo llama “cárcel para niños”. Bueno… a ver… maticemos… Yo no sé qué harán demás padres y madres, pero para mí, el parque de juegos no es un sitio donde soltar al niño cuando se levanta de la cuna y de donde sacarlo para acostarle otra vez. Como he dicho, para mí es un espacio seguro donde poder dejar al bebé jugando mientras yo no puedo atenderle en ese momento. Ojalá no tuviera más obligaciones que estar con él tirada en el suelo todo el día. Pero no es así, hay otras cosas que reclaman mi atención y también otros hijos a los tampoco puedo desatender.

De la misma manera que a mí no se me ocurre crucificar a nadie que decida no usarlo, me gustaría que nadie juzgara la manera en la que educo a mis hijos o el amor que les profeso. Pero volvemos a lo de siempre. Esos comentarios tan bienintencionados que suelta la gente sin medir (o sin importarles) el daño que hacen sus palabras. Más cicatrices para la madre o padre que tiene que escuchar esas críticas constructivas. Quizás algún día aprendamos a medir las palabras. O al menos a no imponer nuestro punto de vista.

CONTRAS:

  1. Según va creciendo el bebé, el parque se les queda pequeño y en cuanto empiezan a andar sólo quieren suelo.

  2. Si tenéis hijas, cuidado con los pendientes. Pueden engancharse fácilmente en la malla. Obviamente, con tres niños, yo esto no lo he vivido, pero conozco a quien sí.

  3. Ojo también a los juguetes que se colocan dentro del parque para que juegue el bebé. Los mejores son los blanditos, sin partes duras, por si el bebé se cae que no se haga daño.

  4. Si hay hermanos mayores, éstos pueden querer meterse dentro del parque para jugar con el hermano pequeño. Esto sí que nos pasa continuamente en casa. Y hay que hacerles comprender a los Mayores que el parque no aguanta el peso de los niños más mayores y que se puede romper. Os deseo suerte, yo aún estoy en ello.

PROS:

  1. Si no hay muñecos duros ni pendientes en las orejas, el parque es un espacio seguro para los bebés. Les gustará más o menos estar dentro, pero a salvo sí están.

  2. Los parques suelen traer anillas, lo que ayuda a los ya no tan bebés a ponerse de pie e ir practicando su equilibrio. Perfecto para cuando decidan andar.

  3. Cuando empiezan a salirle los dientes, suelen tomarla con el borde de arriba, que suele estar blandito. Lo único malo es que empiecen a romperlo con esos dientecitos incipientes.

  4. Pueden dar sus primeros pasitos dentro del parque, de nuevo, sin riesgo de hacerse daño.

  5. El hecho de utilizar el parque no implica que el niño vaya a andar antes ni que no pueda gatear. Como digo, mis tres hijos han usado el parque. Los dos primeros pasaron de gatear y se pusieron a andar directamente. Y es el Peque el que, empezando ya a dar sus primeros pasos, se ha decidido a gatear. Así que puedo decir que, según mi experiencia, el uso o no uso del parque no influye para nada en sus primeros pasos o gateos.

Como decía al principio, el uso del parque es motivo de controversia. Al igual que dar el pecho, dar biberón, usar mochila, usar carrito, usar chupete… En fin, que yo creo que hay que respetar más las decisiones de los padres y no criticar a quienes actúan de forma distinta a nosotros, pues a veces las palabras hacen más daño que las espadas. Y ojo, todo esto partiendo de la base de que creo que nadie puede negar la utilidad del parque. Otra cosa es que decidáis usarlo o no, según sean vuestras preferencias, vuestras circunstancias en casa y, sobre todo, vuestros hijos.

Y vosotros, ¿habéis usado parques?

15May/13

… de portear

Boba Air

El otro día, La orquídea dichosa sorteó, gracias a Kangarunga, una mochila Boba Air. Yo no he porteado a ninguno de mis Trastos. Con el Mayor, dejé caer estando embarazada que me gustaría una mochila. Pero no llegó nunca. Con el Mediano no me hice ilusiones. Y con el Peque ni lo mencioné. ¿Por qué no me la compré yo? Pues en parte por desinformación y en parte porque no sabía el uso real que podría darle, ya que teníamos carrito de bebé, y gastarnos el dinero para no aprovecharla mucho nos echaba para atrás.

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08May/13

… del sacaleches

Sacaleches

He tenido tres hijos y un solo sacaleches que he usado apenas una semana (si junto las horas totales que lo usé). No trabajo fuera de casa desde antes del Mayor, así que no había tenido necesidad de uno. Mis razones para usarlo fueron otras. Y, a pesar del poco tiempo que lo usé, le cogí un inmenso cariño.

Ya os conté cómo fue el nacimiento del Pequeño, una cesárea violenta en la que mi bebé tuvo que hacer un esfuerzo para salir al mundo. Como nos dijeron en el hospital, “había nacido cansado”. Al principio no entendía qué repercusiones podría tener esta afirmación, pero no tardé en averiguarlo. Dormía mucho y le costaba mamar y no precisamente porque no supiera. Dormía y al Tripadre y a mí (y también a las enfermeras de noche del hospital) nos costaba horrores despertarlo, horas interminables haciéndole todo tipo de perrerías para que abriera los ojos (quitarle ropa, tocarle los pies, menearle, cogerle, dejarle…). Ya sabéis que, sobre todo durante los primeros quince días, los bebés deben comer más o menos cada 4 horas para evitar la hipoglucemia. Pues nada, mi Peque prefería dormir a comer. Cuando por fin se espabilaba un poco, le ponía corriendo a la teta. Empezaba a comer y ¡otra vez dormido! Apenas habían pasado 5 minutos y ya estábamos igual que hace un par de horas. Era un auténtico suplicio.

A los 10 días fuimos a una revisión con su pediatra y aún no había recuperado su peso al nacer. Yo le dije a la pediatra que quería seguir con la lactancia materna, que con el Mediano la había perdido, pero que estaba decidida a hacer lo que fuera por no recurrir al biberón si no era estrictamente necesario. Y aquella pediatra me entendió a la perfección. Me propuso utilizar un sacaleches para darle mi propia leche con una jeringuilla. Así evitábamos el biberón y nos asegurábamos que comía aunque tuviera un sueño profundo.

Nos hicimos con uno simple, aunque automático. Cuando se quedaba dormido, el Tripadre me traía el aparato y, mientras él intentaba despertar al Peque, yo me sacaba la leche. Después, con la jeringuilla, le dábamos la leche, mi leche. Y así estuvimos una semana. A la siguiente cita con la pediatra, mi bebé había recuperado el peso al nacer e incluso había puesto unos gramos más. ¡Estupendo!

Nunca le agradeceré lo suficiente a aquella pediatra que me echara una mano para salvar la lactancia en vez de tomar el camino fácil y “recetarme” el biberón. Gracias a su comprensión y sus consejos, mi bebé estuvo con lactancia materna exclusiva los seis meses recomendados. Poco a poco, logramos despertarle para comer y él conseguía quedarse más o menos despierto… porque se enganchaba, se dormía, volvía a mamar, otra vez se quedaba frito, ahora lactaba un poco más, otro rato dormido con la teta en la boca… y así hora y media, a veces más.

De manera que, teniendo en cuenta esta particularidad, aquí van mis pros y contras del sacaleches.

CONTRAS:

  1. Tiene muchas partes, casi hay que hacer un máster para entenderlo. Vale, a lo mejor no son tantas y yo exagero un pelín, pero sí son más partes que un biberón normal, que era lo más complejo que había tenido que montar y desmontar hasta la fecha.

  2. Hay que esterilizar todas las pares y todas las veces tras su uso. Esto implica desmontarlo y montarlo varias veces al día, en mi caso, prácticamente en todas las tomas. Si tenemos en cuenta que los bebés maman muy a menudo nada más nacer, para mí eran demasiadas esterilizaciones y se me hacía muy cuesta arriba.

  3. Con la calculadora en la mano, me salió muy caro teniendo en cuenta el poco tiempo que lo usé.

  4. Las primeras veces me molestaba un montón. Era como un vacío en el pecho que me costaba soportar.

  5. Viendo salir la leche, no podía evitar sentirme como una vaca lechera a la que estaban ordeñando. Al Mayor le hacía mucha gracia el aparatejo y, cuando me veía con él, me preguntaba si ya iba a ordeñarme otra vez… muy majo como véis 😛

PROS:

  1. Por mucho que costara el cachivache en cuestión, doy por bien empleado ese dinero pues permitió que mi hijo siguiera alimentándose de leche materna de forma exclusiva, sin tener que recurrir al biberón.

  2. Como era automático, una vez enchufado y establecida la frecuencia de succión, el trabajo lo hacía todo el sacaleches.

  3. Con la práctica, conseguí ajustármelo de manera que ese vacío que me hacía en el pecho no me molestara.

  4. El complejo de vaca lechera ordeñada pasaba con el simple pensamiento de que así ayudaba a mi bebé sin recurrir al biberón.

  5. Viene muy bien para aquellas madres que tienen que separase de sus bebés durante algunas tomas pero quieren seguir dándoles leche materna, pues ésta se puede refrigerar o congelar. ¿Alguien lo duda?

  6. El mío era simple, para sacar leche de los dos pechos, éstos tenían que turnarse. Sin embargo, los hay dobles, de esta manera, se puede sacar leche de los dos pechos a la vez.

Esta entrada está dedicada al sacaleches, pero en realidad es un agradecimiento a aquella pediatra que apostó por la lactancia materna. Una pena que tuviera que irse por motivos personales y no poder contar con ella para otras cosas, pues pensábamos igual en muchos aspectos de la maternidad, los bebés y los niños en general.

Una profesional como la copa de un pino que, cuando le dije evitaba tomar cualquier medicamento durante la lactancia, por muy seguro que se suponiera que era, por el temor a que afectara a mi leche, en lugar de hacerme sentir como una tonta por tal decisión, me dijo que me entendía perfectamente, sin juzgarme. Una pediatra que prácticamente me rogó que no dejara llorar a mi bebé si podía evitarlo (recordemos que mi bebé no era hijo único y que su madre no tiene el don de la ubicuidad, aunque lo intenta). Una pediatra que, además de preguntarme cómo estaba mi bebé, también me preguntaba cómo estaba yo. No todos los pediatras son así. Espero de todo corazón que haya conseguido hacer realidad su sueño.

02May/13

… del cojín de lactancia

Cojin de lactancia

Cuando nació el Mayor, le di el pecho. Para ello, solía ponerme en la cama o el sofá rodeada de cojines. Uno me lo ponía en la espalda, para mantenerla recta, y otros dos iban debajo del brazo que sujetara la cabeza de mi bebé (teta derecha-brazo derecho, teta izquierda-brazo izquierdo, era obvio, ¿verdad?). En casa ya sabía qué cojines debía utilizar, no tenían que ser ni muy blandos, pues entonces no sujetaban nada, ni muy duros, pues no se alineaban bien a mi brazo, la cabeza de mi bebé y el pecho. Y así pasamos los meses que duró su lactancia.

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26Abr/13

… del peluche de algodón

Peluche natural.

Peluche natural.

Mi hijo Mediano tiene piel atópica. Esto significa que toda la ropa ha de ser de algodón para evitar los dichosos granos. Pero no sólo la ropa, también están incluidos los juguetes. Con todos los peluches que tenía el Mayor, no le sirvió ni uno porque todos eran, en mayor o menor medida, de poliéster. Y, de la misma forma que encontrar prendas sólo de algodón es relativamente fácil, encontrar un muñeco de este material puede convertirse en una ardua cruzada.

Fue en su primer cumpleaños cuando se encontró, al fin, con dos peluches de algodón. Un perro azul y su osito polar, con el que aún hoy se va a la cama todas las noches. Al ser de algodón, ya no hay problema de que lo abrace y se lo arrime porque no provocará alergias en su piel. Encontrarlos fue toda una odisea porque cuando preguntabas por ellos te miraban con cara rara. Como si estuvieras pidiendo peras al olmo. Pero bueno, esto fue hace tres años y medio.

Según dicen los médicos, cada año se incrementa el número de niños atópicos, aunque siguen sin saber a qué es debido. Con el Peque, tengo la mosca tras la oreja. Ningún pediatra ni enfermera nos ha sabido decir a ciencia cierta si es o no atópico. Le salen algunos granitos de vez en cuando que se van como vienen, nada que ver con las ronchas que tuvo el Mediano. Puede ser, simplemente, dermatitis, muy común entre los bebés.

Pero, ante la duda, y teniendo ya un niño atópico en la familia, por el cumpleaños del Peque, también decidimos regalarle un muñeco de algodón al que pudiera aferrarse sin temor en sus ratos de juego o sueño. La tienda donde encontramos los de su hermano no nos valía, pues no queríamos que fueran dos muñecos iguales. Algunos pensaréis que podríamos haberlos comprado de otro color. Nosotros también barajamos esa idea… hasta que vimos que no había oferta de colores para esos muñecos.

Pregunté a amigos, a familia, lancé la pregunta en Twitter y Facebook e investigué por internet. Pero nada. Nadie sabía dónde vendían esos seres extraños que yo me empeñaba en llamar “peluches de algodón”. Y en internet, lo único que encontré fueron muñecos hechos a mano que se nos escapaban del presupuesto.

Al final, tras mucho buscar y estando ya a punto de tirar la toalla, dimos con éste simpático amiguito. ¿De algodón? Pues no lo sé. La ardilla venía en una súper caja en la que se podía leer, en letras bien grandotas, “100% natural”. Me acerqué, cogí la caja y empecé a buscar la composición del muñeco porque ¿qué significaba exactamente cien por cien natural? Tras cinco vuelta a la caja sin encontrar lo que buscaba, una dependienta tuvo a bien apiadarse de mí y vino a ayudarme. Miró la caja, miró la etiqueta del muñeco e incluso miró el papelito con las ¿instrucciones? que venía dentro. Y nada, a parte de que era muy natural todo, no encontramos los materiales concretos de los que estaba hecho el peluche.

Al final, lo compramos y se lo regalamos. Ahora le va un poco grande, pero mi niño crecerá y podrá manejarlo sin problema. Sin embargo, si un día le salen granitos, no me va a quedar más remedio que sospechar del muñeco.

CONTRAS:

  1. No entiendo cómo es tan difícil encontrar peluches de algodón. Sobre todo, teniendo en cuenta que el número de niños atópicos crece cada año.

  2. La desinformación que existe al respecto. Tener la piel atópica es una alergia equiparable a ser celíaco o no tolerar el huevo. Cuando digo “atópico” no estoy hablando en un idioma extranjero.

  3. La desidia de algunas tiendas. Entro y pregunto si tienen muñecos de algodón, se entiende que si los hay, al menos uno me voy a llevar, pagando, que no busco que me lo regales. Y la respuesta de la/el dependiente es: “ahí están los peluches, mírales la etiqueta”, señalando a un armario entero lleno de muñecos. Cariño, acabas de perder una clienta. Es más, acabas de perder bastantes porque entiendo que no soy la única madre que está buscando este producto. Vale que tiene una características especiales, pero si eres un poco avispado, puedes explotar ese mercado. Ley de la oferta y la demanda, ¿te suena?

  4. Igualmente, me parece fatal que no ponga exactamente de qué material está fabricado un producto. Por muy natural que sea, eso a mí no me vale. Quiero saber el material y la proporción que se usó para fabricarlo. ¿Qué pasa si mi hijo es alérgico al algodón? Sí, ya sé que suena muy raro, pero ¿alguien puede asegurarme al cien por cien que no hay nadie en todo el planeta que sea alérgico al algodón? Alergias más extrañas hay por ahí.

  5. Es un rollo tener que andando siempre la etiqueta. Primero de la ropa y después de los peluches.

PROS:

  1. Al final encontré el peluche. Espero que se rompa porque como tenga que salir a buscar otro me van a dar los siete males.

  2. Al igual que pasó con la tarta, mi Peque aún es pequeño para enterarse de qué va esto. También le pasó al Mediano. Pero, al igual que el Mediano se fue encariñando con su osito a medida que crecía, espero que el Peque se encariñe de su ardilla con el tiempo.

Cuando nace un niño, comprarle ropa de algodón parece lo más lógico. La composición de los muñecos es igual de importante. Creo que algunos fabricantes deberían tomar nota. Como ya he dicho, es un mercado aún por explotar.

17Abr/13

… de un parto natural

Ayer contaba las particularidades de mi cesárea (de urgencia, no programada). Hoy os cuento un poco cómo fueron mis dos parto anteriores de manera natural. Recuerdo perfectamente cada uno… a grandes rasgos, que ya sabemos el baile que se traen las hormonas tras el parto.

Mis embarazos no se los deseo ni a mi peor enemigo. Náuseas constantes mañana, tarde ¡y noche! Creedme, es horrible despertarse a las 4 de la mañana con ganas de vomitar. Y dar vueltas en la cama sin poder dormir por las dichosas náuseas. Y así hasta bien entrado en el quinto mes. Luego no desaparecen, no. Luego se queda en un malestar, pero como cualquier cosa es mejor que las náuseas y los vómitos, pues yo lo agradezco y ya casi puedo hacer vida de persona normal. Y también están los vómitos. Con cada embarazo, vomito más. En el tercero, era levantarme de la cama y vomitar. Mis hijos aseguraban que “mamá, le está dando los buenos días al wáter”. Más majos ellos…

Así que, digo que para compensar, mis partos (naturales) son casi dignos de envidia. Nada de horas interminables dilatando. Nada de empujar y empujar y nada. Todo lo contrario. En unas cuatro horas tengo a mis bebés en brazos. No es que no me duelan, que las contracciones duelen siempre. No es que no me entere, que vaya si me entero. Pero todo ocurre en una mañana. Y después ya tengo a mi bebé en brazos.

Para que os hagáis una idea, os cuento cómo fue con el primero. Aunque con el segundo fue bastante parecido… La fecha probable de parto del Mayor era un día como hoy (por ejemplo) y, como mi hijo tuvo a bien no nacer cuando me dijeron, tuve consulta con mi ginecóloga. Después de hacerme la revisión pertinente, la conversación fue más o menos así:

– ¿Te has notado algo raro estos últimos días?

– No, nada… ¿Debería?

– ¿Ni una contracción o el estómago algo pesado ni nada?

– No, nada de nada… ¿Por…?

– No, es que veo que ya estás de 3 centímetros…

– ¿¿De dilatación!!

– Sí, estás dilatada 3 centímetros.

– ¿Y qué hago?

– Nada, vida normal. Pero mañana a primera hora vete al hospital… a menos que tengas que salir corriendo esta noche para allá…

Bueno, pues con cara de cómo es que estoy de 3 cm y no me he dado cuenta me fui para casa… a esperar… Y esperé. Y pasó el resto del día y nada. Y me fui a dormir y nada. Y me desperté por la mañana y nada de nada. Así que me fui para el hospital. Otra vez revisión. Otra vez las mismas preguntas. Otra vez “que no, que no me noto nada raro”.

– Pues hoy estás de 4 centímetros. Así que espero que te hayas traído las cosas porque ya no te dejamos irte a casa. Tu bebé nacerá hoy.

Y así fue. Un rato en la sala de dilatación y después al paritoro. Tres pujos y mi bebé estaba fuera. El Mayor vino con una vuelta de cordón. Y totalmente morado. Tardó en llorar, pero luego se arrancó que daba gusto. Episotomía al canto. El bebé podría haberse ahogado con el cordón, así que me doy por satisfecha. En el caso del Mediano, la epidural dejó de hacerme efecto poco antes de que entrara en paritorio. Así que lo parí con dolor. Mucho dolor. Las palabras de mi ginecóloga fueron: “¿te duele? Pues empuja, que esto sólo se cura empujando”. Y empujé. Y al tercer pujo salió mi bebé.

Y para quienes dicen que el alumbramiento de la placenta es igual o peor que el mismo parto, he de decir que, en mi caso, ni me enteré. Cuando quise darme cuenta, mi placenta ya estaba fuera. Esta vez, completamente entera ;-).

En los dos casos, entré en el hospital por la mañana y a la hora de comer mis bebés ya estaban en este mundo. Así que, comparando mis partos naturales con mi cesárea, he aquí mis pros y mis contras.

CONTRAS:

  1. Duele. Las contracciones duelen. Si te ponen oxitocina, más. En la cesárea, a pesar de la sangre, yo no sentía dolor, sino miedo.

  2. La episotomía es peor que la cesárea. Entre otras cosas por el sitio en el que está. Cada vez que vas al baño duele. La cesárea también, pero no tanto.

  3. Mis puerperios fueron bastante molestos y, sobre todo el primero, duró más de la cuarentena. Con la cesárea manché bastante menos, quizá fuera porque, al abrirme, los mismo médico sacaron parte de lo que luego se va expulsando…

PROS:

  1. La epidural. Si me tomo paracetamol cuando me duele la cabeza… ¿por qué habría de renunciar a la epidural si el dolor es mayor? Si se administra bien, no se pierde sensibilidad.

  2. La cama del hospital. Adoro esa cama con la que, con sólo darle a un botón, ya estás incorporada. Cuando regresé a mi casa, no echaba de menos a la enfermera, yo echaba de menos la cama… qué dolor al incorporarme, tanto con la episotomía como con la cesárea…

Como veis, estoy bastante contenta con mis partos naturales. Por eso sigo sin entender lo de las cesáreas programadas por cuestiones de agenda…

16Abr/13

… de una cesárea violenta

Después de escribir la Carta abierta a mi bebé, el tercero de mis Trastos, creo que debo explicaros las particularidades de su nacimiento. Para empezar, aclarar que fue una cesárea de urgencia, no programada y que, en principio, iba a ser un parto natural. Es una entrada un poco más larga de lo habitual, espero me disculpéis. He intentado resumir al máximo todo lo que pasó.

Ya en la semana 20 de gestación, me dijeron que la placenta estaba mal colocada, pero que, a medida que mi bebé fuera creciendo iría desplazándola hasta su lugar habitual. Y no le dimos más importancia. Entrando en el último trimestre de embarazo, mi ginecóloga me dijo que la placenta seguía mal colocada y, si no conseguía moverla el bebé, no habría más remedio que programarme una cesárea. Yo no quería cesárea. Lloré. Lloré mucho, pero pensar que sería lo mejor para mi bebé hizo que cogiera fuerzas y me senté a esperar.

Sobre la semana 37, fui a una revisión. Estaba muy nerviosa pues era la última oportunidad de librarme de la cesárea. Si la placenta seguía sin moverse, mi bebé corría un riesgo real, pues ya tenía un tamaño considerable, y habría que programarme una cesárea. Me hicieron la ecografía y allí estaba, más o menos colocadita en su sitio. Respiré aliviada. Iba a tener un parto natural.

Esto fue un miércoles. No había razón para preocuparse. Mi bebé nacería normalmente. Seguí haciendo vida normal. El viernes por la noche me desperté mojada. Eran las 3 de la mañana y pensé que había roto aguas. Lo primero que se me vino a la cabeza fue que no podía ser. Aún me quedaban 15 días para salir de cuentas y no había preparado ni la bolsa para el hospital. Me levanté y encendí la luz, para comprobar el color del líquido. Recordemos: agua clara, ir tranquilamente al hospital, sin prisa pero sin pausa; agua oscura, acudir rápidamente. Bien, pues encendí la luz y aquello no era agua de parto, ni clara ni oscura. Era sangre. Sangre roja. Sangre saliendo a chorros, literalmente. La cama llena de sangre, el suelo lleno de sangre… y no paraba de salir.

Aterrada, desperté al Tripadre. Imaginaos la escena. No sabíamos qué pasaba y yo sólo podía pensar en mi bebé. Llamamos al 112 y nos recomendaron ir pitando al hospital. Llamamos a los abuelos para que se quedaran en casa con los Trastos. Los 10 minutos que tardaron en llegar se me hicieron horas. El tiempo que tardamos en llegar al hospital se me hizo eterno pues yo seguía perdiendo mucha sangre. Primer diagnóstico: un problema con la placenta. No parecía nada grave, quizá se abría roto un vaso sanguíneo. ¿Un vaso? ¡Ya sería una jarra entera! En cualquier caso, me monitorizaron y mi bebé estaba bien.

Por primera vez en toda la noche, respiré aliviada. Todo parecía estar bien, pero decidieron ingresarme para mantenerme en observación. Parecía que yo iba sangrando menos, así que me dijeron que, si paraba la hemorragia, por la mañana podría irme a mi casa a esperar que me pusiera de parto.

Llegó la mañana y la ginecóloga de urgencias me dijo que tenía un parto que atender, que iban a contarle lo que había pasado a mi ginecóloga y que, como ya apenas sangraba, seguramente me iría a casa al cabo de unas horas, guardando reposo, eso sí. Así que esperamos. Al rato entró de nuevo la ginecóloga de urgencias. Su cara ya me hizo sospechar. Le habían contado a mi ginecóloga lo ocurrido durante la noche y había decidido que mi bebé nacería hoy. ¿Por qué? Pues porque podría volverse a repetir el episodio de la sangre y que, si la próxima vez pasaba durante el día, podría desangrarme en el camino hacia el hospital y no contarlo. Un panorama desolador, como os podréis imaginar. Así que, en cuanto llegara al hospital mi ginecóloga, yo entraría en quirófano.

Llamamos a los abuelos para explicarles la situación. Le pedí a mi madre que me prepara la bolsa y me la trajera al hospital. Menos mal que, aunque no la había preparado yo, ya tenía la ropita lista en los cajones. Lo peor es que, en España, no dejan entrar a los padres a las cesáreas y yo iba muerta de miedo, sola, camino del quirófano. Desde aquí, mil gracias al anestesista y a mi ginecóloga, que estuvieron conmigo en todo momento y me dieron ánimo cuando yo ya no podía más.

Me abrieron, pero mi bebé aún no estaba listo para nacer. Estaba muy arriba. Respecto a la placenta, resulta que no había sido un vaso roto, yo sangraba porque mi placenta estaba desgarrada. Hecha pedacitos. De ahí esa inmensa cantidad de sangre. Sangre que seguí perdiendo durante la cesárea y tuvieron que dormirme. Tener la placenta destrozada no ayudó a que tuviera una cesárea normal. Recuerdo haber abierto los ojos un momento y ver cómo limpiaban a mi bebé, oírle llorar y respirar aliviada antes de dormirme de nuevo. Después abrí los ojos otra vez, cuando una enfermera me acercó a mi nuevo bebé, pero yo no tenía fuerzas ni para tocarle ni para besarle. Volví a dormirme. Empezaba a despertarme cuando me sacaban del quirófano. Acerté a ver un cubo lleno de gasas, guantes y mucha, mucha sangre. Me llevaron a REA y allí estuve varias horas. Hasta que recuperé mi nivel de glóbulos rojos y me llevaron a la habitación, a conocer a mi bebé.

Y mientras tanto, ¿qué fue de mi bebé? Pues el pobre había tardado en nacer, de lo arriba que estaba aún en mi tripa. Y había cogido frío durante la operación. Lo normal en estos casos es acercarlo a la madre para que le dé calor corporal. Pero yo no podía hacerlo. Así que se lo dieron al Tripadre. Método canguro a tope. Pero tampoco sirvió. Le tuvieron que llevar a una incubadora, a neonatos. Estuvo una media hora hasta que cogió calor y entonces le llevaron a la habitación. Pero yo aún no estaba. Tuvieron que darle un biberón. Y yo, en la REA, sólo pensaba que mi bebé estaba lejos de mí, que tenía que arrimármelo al pecho cuanto antes, que yo sólo quería estar con él.

Por fin nos encontramos. Cogí a mi bebé y me lo arrimé, se enganchó bastante bien teniendo en cuenta cómo había sido su llegada al mundo. Me dijeron que había sido una experiencia muy cansada para él. Se notaba. Se dormía al pecho antes de terminar la toma, apenas tenía fuerza para sacar el calostro. Aquella primera noche fue horrible porque tuvimos que despertarle para comer, pero a mi bebé le costaba mucho despertarse para comer.

Al final, todo pasó. Y salió bien. Mi bebé está sano, aunque siente más el frío y hay que tener cuidado para que no coja frío y se ponga malito. Yo recuperé mis niveles sin necesidad de transfusión. Como me dijo mi ginecóloga, el cuerpo de la mujer se recupera de manera prodigiosa de un parto. Sólo hay que darle tiempo y dejarle hacer. Nunca se lo agradeceré bastante. Más tarde, me enteré de que el anestesista había calificado mi cesárea como violenta y, en palabras de mi ginecóloga, la mía había sido una de las más difíciles de toda su carrera profesional. Ahí es nada.

CONTRAS:

  1. No estaba preparada. Mi bebé tampoco. Por eso todo fue aún más difícil.

  2. En mis otros embarazos, había preparado la bolsa del hospital en la semana 36. En el último, no sé por qué, estaba en la 37 y pensaba que aún me quedaba tiempo.

  3. Tardé en recuperarme, pues la pérdida de sangre fue brutal.

  4. No pude darle la bienvenida a mi bebé. Pasó por demasiados brazos antes que los míos. Al menos, uno de los primeros fue el de su padre. Algo es algo.

  5. El miedo. Yo estaba aterrada por mi bebé. El Tripadre estaba aterrado por los dos. Si hubiera sido a las 3 de la tarde, entre atascos y demás, quizá yo no hubiera llegado al hospital.

  6. La cicatriz. Aunque ya no se hagan como antes y apenas se noten, el caso es que está ahí, en mi tripa, recordándome todo lo que pasamos aquella noche.

PROS:

  1. En las cesáreas, te limpian por dentro. Así que en el puerperio se mancha menos, al menos en mi caso. No sé si que fuera el tercer parto tuvo algo que ver, pero efectivamente, manché menos que con los anteriores..

  2. A la hora de ir al baño, hay menos molestias que con una episotomía. No es que no la haya, sino que hay menos.

  3. Se puede amamantar igual que con un parto natural.

  4. Entiendo que la madre realiza menos esfuerzo para alumbrar al bebé, pues son otros quienes sacan al bebé de dentro.

He pasado por dos partos naturales y una cesárea. Y, personalmente, no entiendo cómo hay gente que sigue programándose cesáreas. Las cesáreas son necesarias cuando hay un problema, un riesgo real. Si no es así, prefiero el parto natural. Por poco glamuroso que sea, aunque haya que empujar como si no hubiera mañana, a pesar de todo, ojalá mi bebé hubiera nacido cuando él así lo hubiera decidido. Sin embargo, en mi caso, la cesárea supuso salvarnos la vida a mí y a mi bebé, así que no puedo estar más agradecida a los profesionales que me atendieron.

15Abr/13

Carta abierta a mi bebé

Carta abierta a mi bebé

Queridísimo Peque:

Esta semana hace ya un año que tú y yo dejamos de ser uno para ser cinco. Una familia. Un año de sonrisas y risas, de olor a leche y a purés, de lágrimas y besos y, sobre todo, de mucho amor.

En estos días, hace un año ya que tuviste que nacer para salvarnos a los dos. No era tu momento. Yo aún no estaba preparada. Recuerdo la cena de aquella noche. Recuerdo la bolsa a medio preparar. Recuerdo la sangre y el miedo. No miedo por mí, sino por ti. Aquellos minutos que parecían horas. Aquella carrera al hospital temiéndome lo peor. Y papá pensando que nos perdía a los dos.

Recuerdo las horas separados, sin saber qué habría sido de ti. Sin saber qué iba a ser de mí. La soledad, el frío y el reloj de la pared del fondo. Todo parece un mal sueño. Una pesadilla que volvería a repetir, sin duda, por volver a vivir el momento de tenerte entre mis brazos, al fin.

Te costó nacer, arrancado de mis entrañas. Me costó mantenerme consciente, presa del terror a no saber. No saber si estarías bien, si serías un bebé sano, si sería capaz de cuidarte. Temores que desaparecieron nada más verte, nada más abrazarte, nada más olerte, nada más besarte. Por fin juntos. Todo había salido bien.

Has crecido. Tus dientes ya asoman cuando sonríes. Empiezas a jugar con tus hermanos, dentro de poco serás uno más. Tu curiosidad no deja de asombrarme. Otra vez, miro el mundo con nuevos ojos. Intentas andar pero te caes. Ahí estamos papá y yo para ayudarte a levantarte, y tú listo para intentarlo de nuevo. Así ha de ser. Te miro embobada. Aún no me creo que hayas estado dentro de mí. No me creo que sea la madre de un bebé tan hermoso, tan lleno de vida, tan feliz. Se te alegra el alma cuando me ves aparecer. Tú y yo nos debemos la vida.

Desde aquí, en tu primer año de vida, en nuestro primer año juntos, quiero darte las gracias por estos meses a tu lado. Todo, absolutamente todo, ha merecido la pena. Merece la pena. No me arrepiento de nada. ¿Cómo podría si mirándote me pierdo en tu mirada? ¿Cómo podría si al besarte siento que no hay amor en el mundo más grande ni más puro? ¿Cómo podría si en cada abrazo te doy mi vida?

Feliz, muy feliz cumpleaños, Peque.

08Abr/13

… del puré

Después de hablar de la lactancia y del biberón, la lógica me dice que ahora toca hablar de purés. Tarde o temprano, todo bebé necesita alimentación complementaria, la leche (de pecho o de biberón) ya no es suficiente y debe probar alimentos nuevos. Es la época en la que se descubren algunas alergias alimenticias (al pescado, al huevo…). Se puede optar por el método baby-led weaning (BLW), que básicamente consiste en darle al bebé alimentos sólidos, sin pasar antes por el puré. A quien quiera saber más sobre este método, lo que es y cómo se aplica, le recomiendo encarecidamente que se pase por el blog de Annabel.

Yo opté por los purés. Más que nada porque desconocía otros métodos (como el BLW). No sé por cuál hubiera optado de saber que había alternativas al pué, la verdad. La cuestión es que mis tres hijos han comido purés. El Pequeño está en ello ahora mismo. Así que, como siempre, aquí os dejo de relación de contras y pros. ¡Empezamos!

CONTRAS:

  1. Las cantidades. Según el primer pediatra al que acudí (allá cuando el Mayor era un bebé) me dio la siguiente relación: 20 g de pollo por 200 g de verduras en cada toma de puré. Os podéis imaginar, como madre primeriza que era, cómo iba con la báscula (de cocina, se entiende) pesándolo todo. Exactitud al máximo. Nada de 22 g de pollo, tenían que ser 20 g exactos. Y con la verdura lo mismo. Como anécdota, os diré que cuando mi primer bebé probó el arroz, ni corta ni perezosa, eché los 20 g de pollo con 200 g de arroz. Aquello ni era papilla ni era nada. Una plasta en toda regla que, lejos de probarla mi bebé, tuvo que ir directamente a la basura. Por cierto, yo ya con el tercero lo hago a ojo. La báscula me echa de menos.

  2. El tiempo. Si el bebé en cuestión come bien el puré, estupendo. Pero si no, puedes pasarte un buen rato cucharita va, cucharita viene. Cansado el bebé, cansado quien le dé de comer. Con lo fácil que era arrimarle al pecho y entretenerte viendo la tele, leyendo algo o simplemente mirándole embobada mientras mamaba, ¿verdad?

  3. Si al bebé le da por hacer pedorretas (pasa más veces de las que nos gustaría recordar), va a haber puré hasta debajo de los armarios. Que al principio te hace gracia, mírale, qué mono el bebé, si sabe hacer pedorretas… qué tierno, se ha puesto de puré hasta las orejas, sí, pero es taaannn mono… A la quinta, ni mono, ni mona, ni orangután ni nada. Te lo tomas como algo personal. Cuando el puré llega hasta tus orejas, empiezas a maldecir el día en que le enseñaste a pedorrear. Si quien se lo enseñó fue otra persona, le declaras ahí mismo odio eterno. Y, si además, dicha persona aún no se ha estrenado en esto de la pa/maternidad, decides que lo primero que le enseñarás a su vástago será a hacer pedorretas, a la hora de la comida a poder ser.

  4. El puré hay que prepararlo. Y con más antelación que el biberón. Con el biberón sólo hay que calentar el agua y echarle los polvos. Y ya. El puré hay que hacerlo antes porque hay que batirlo y dejar que adquiera la temperatura adecuada para no escaldar la lengua del bebé. Y luego, además, hay que fregar la olla, la batidora y demás.

  5. Cuando salimos fuera de casa, hay que calentarlo. Esto implica encontrar un sitio donde te hagan el favor. Y, una vez que te lo hacen, esperar para que no esté ni demasiado frío ni demasiado caliente (a ver cómo le explicas a un bebé hambriento que ese puré que tiene delante quema demasiado para que se lo coma ya y que ni soplando consigues que se temple…). Después de tres niños, yo me hice con una bolsita térmica y, antes de salir de casa, caliento el puré a tope y lo guardo ahí. Así mantiene el calor y, si calculo bien, se lo puedo dar a su hora sin depender de tener que calentarlo fuera de casa.

PROS:

  1. Como pasa con el biberón, el puré se lo puede dar cualquiera. Puedes dejar a alguien encargado de dárselo al bebé e irte a hacer otras cosas (como una ducha o comprar verdura para el siguiente puré).

  2. Ya que te pones, puedes hacer purés para varios días. La olla a presión (exprés, rápida) para esto es genial. Multiplicas las cantidades, lo repartes en recipientes y al congelador. Ahí lo tienes para varios días. Así no es necesario liarte todos los días en la cocina. Yo lo hago una vez a la semana.

  3. Creo firmemente que mi bebé nunca volverá a comer tantas verduras juntas como en este periodo de su vida. Madre mía la cantidad de verdura (vitaminas, minerales) que se mete para el cuerpo. O quien sabe, quizás te pase como a mis Trastos mayores, que ahora han empezado a aficionarse a los purés de verduras a base de ver al Pequeño los platazos que se mete entre pecho y espalda. Alguna cucharadita le han regateado al Peque. Y eso que para el bebé los hago sin sal…

  4. El puré les llena. Es tontería, me llena a mí, imaginaos a un bebé con el estómago más pequeñito. Así que normalmente, después de comer, la siesta se la echa sin problemas. Al menos eso me ha pasado a mí con los tres.

Dentro de poco, empezará con la comida sólida. Cuando empiece a guiarse por los ojos y a decir “esto no me gusta” sólo porque sea de un determinado color o tenga cierto aspecto, estoy segura de que echaré de menos esta etapa en la que se comía todo lo que yo le echara al puré. Y, para que no se me olvide, tengo que hacerle una foto pringado hasta los codos, porque, por mucho que se manche y por mucho que tenga que limpiar yo después, en las fotos así, los bebés están taaannn monos… 😉

06Abr/13

… del masaje Shantala para bebés

Cuando estaba embarazada del Mayor, fui a clases de preparación al parto. Fue la única vez, pues al llevarse poco tiempo, lo tenía todo muy presente. Además, tuve la precaución de tomar notas que pude consultar durante mis siguientes dos embarazos. Nos contaron cosas muy interesantes, la verdad es que no tengo queja alguna de aquellas clases. No sé si es porque se trataba de mi primer hijo y yo era ignorante en muchas cosas de la maternidad o que tenía las hormonas bailando jotas, pero lo recuerdo todo con mucho cariño. Una de las cosas que nos enseñaron es el masaje Shantala que, según nos contaron, proviene de la India.

Yo se lo di a mi bebé y he de decir que, teniendo un poco de tiempo, es estupendo tanto para el bebé como para la madre, aunque, por supuesto, también se lo puede dar el padre o cualquier otra persona. Yo intentaba dárselo todos los días sobre la misma hora. A mi entonces bebé le encantaba. Lo que nos recomendaron en el curso fue darlo con aceite de uva y unas gota de lavanda. Así se relajaban más. Y, la verdad, mi bebé se relajaba.

CONTRAS:

  1. Sí, he dicho aceite. Así que sí, pringa. Cuidado con qué tocáis con esas manitas dulces, sí, pero también pringosas después de dar el masaje al bebé.

  2. La esencia de lavanda es algo carilla para el botecito en el que viene. No obstante, como sólo se usan unas gotitas por litro de aceite, cunde mucho. Por cierto, ambas cosas se pueden encontrar fácilmente en herbolarios y son aptas para pieles sensibles. De todas formas, nunca está de más preguntar al pediatra o al del herbolario.

PROS:

  1. Es contacto físico y, al igual, que dar el pecho, abrazarle o besarle, ayuda a fortalecer el vínculo madre-hijo. Aunque, como digo, se lo puede dar el padre o cualquier otra persona.

  2. Es indicado para bebés, pero también se le puede dar a niños pequeños.
  3. Puede ayudar a eliminar los cólicos o el estreñimiento.

  4. Relaja al bebé y, si se le da antes de dormir, le ayuda a conciliar el sueño.

  5. Bien dado, se lleva su tiempo. Una vez que lo tengáis dominado podéis acortarlo en función del tiempo del que dispongáis, haciendo más ahínco en lo que queráis reforzar (cólicos, sueño…).

  6. Aunque lo más aconsejable es darlo con aceite, porque así el movimiento de las manos es mejor, también se puede dar con la cremita hidratante que utilicéis normalmente con vuestro bebé.

  7. Cuanto más le deis este masaje a vuestro bebé, más predispuesto estará a recibirlo. Quizás el primer día penséis que no ha servido de mucho. Bueno, hacerlo durante una semana y luego me contáis ;-).

Y, llegados a este punto, os preguntaréis ¿y cómo se da este masaje tan fantástico? Pues si me pongo a explicároslo os podéis morir del aburrimiento o no entender nada. Es un poco lioso de explicar, pero muy sencillo de dar. Así que, como dicen una imagen vale más que mil palabras, os dejo a continuación un vídeo con el masaje Shantala que más se parece al que me enseñaron a mí.

Si os animáis a probarlo, no dudéis en contarme cómo os ha ido. Estaré encantada de compartir experiencias :-).