Category Archives: Dulce

27Abr/15

… de la tarta búho

Tarta búho con fondant

El Peque ya no es un bebé y cada día está más claro que toma sus propias decisiones (dentro de su edad) y que sabe perfectamente lo que quiere, lo que no quiere y lo que le gusta. Me lo dejó bien claro cristalino cuando le pregunté que de qué quería su tarta de cumpleaños: “¡de bizcocho de chocolate, mami!”. Así de decidido estaba. Vamos, que no le quite nadie su chocolate, jajajaja… Un par de días me llevó que entendiera que, a parte del chocolate, podía elegir darle una forma a la tarta. Y entonces, de nuevo, no vaciló ni un instante: “¡quero un búho!” dijo. Y lo ha mantenido durante todo un mes. Así que eso fue lo que le hice, una tarta de fondant con forma de búho.

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08Abr/15

… de las galletas de chocolate con trozos de chocolate

Receta de galletas de chocolate con trocitos de chocolate

Mientras (casi) todo el mundo ha decidido hacer torrijas esta Semana Santa, en casa nos hemos dedicado a hacer, catar y ponernos hasta las trancas de estas galletas de chocolate con trozos de chocolate. La receta original está sacada de aquí y, como comprenderéis, no pude resistirme a hacerlas. Y han resultado ser todo un éxito.

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07Ene/15

… de las magdalenas de calabaza (receta descargable e imprimible gratis)

Magdalenas de calabaza, receta de Jamie Oliver

Vamos a estrenar el año con algo dulce. Por aquello de que se acaba como se empieza. ¿Os parece? Tenéis que probar a hacer esta receta de magdalenas de calabaza. Tenéis que saborear cada mordisco que le deis a las magdalenas. Tenéis que regocijaros con el olor que impregna toda la casa. Tenéis que disfrutar al zampároslas porque sabéis que sólo hay que fregar la batidora. Tenéis que hacerme caso.

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13Oct/14

… de hacer una tarta de coche de Fórmula 1

Tarta fondant coche Fórmula 1

Está visto que no me libro de los coches para las tartas. La primera tarta de fondant que hice fue Rayo McQueen; la segunda fue de El Rey, de la misma película. Pero este año el Mediano, aunque también quería una tarta en forma de coche, no era un coche normal, no, quería un coche de Fórmula 1. No está nada mal eso de pasar de hacer una tarta de Frozen para meterme de lleno en el mundo de Fernando Alonso. Porque, claro, su tarta de coche de F1 era del coche de Alonso.

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06Oct/14

… de hacer galletas de Olaf (Frozen)

Galletas de Olaf (Frozen)

Cuando os conté cómo hice la tarta de Frozen, también os dije que no era lo único que había llevado al cumpleaños. Mi cuñada no tenía muy claro cuántos íbamos a ser en el cumple de mi sobrina, así que yo no tenía claro si la tarta sería suficiente. Por si las moscas, se me ocurrió hacer galletas del simpático amiguito de las hermanas de la película: Olaf, el muñeco de nieve (♪♪ hazme un muñeco de nieve … sé que no habéis podido resistir la tentación de cantarlo, jajajaja…).

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29Sep/14

… de la tarta Frozen

Tarta Frozen

He visto la película. Mis hijos han visto la película. Varias veces. Muchas. Papá³ flipa con la canción Libre soy que se marca Elsa, la particular reina de hielo. Mi sobrina idolatra a Elsa. Su cumpleaños fue hace poco y ¿adivináis de qué quería la tarta? ¡Exacto! ¡Quería una tarta de Frozen! Y ya supondréis quién fue la encargada de hacerla 😉

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16Jun/14

… de hacer una tarta camiseta sin fondant

Tarta camiseta sin fondant

La semana pasada el Mayor cumplió 7 años. Como era de esperar, quiso una tarta con forma de camiseta del Real Madrid, más o menos como la del año pasado, con la novedad de que este año la quería en color azul (la segunda equipación del equipo) y, en vez de Cristiano Ronaldo, quería que apareciera el nombre de Bale, otro jugador merengue.

Pensé en repetir todos los pasos de la tarta camiseta de su último cumpleaños. Salvo que esta vez, como habían abierto una tienda de repostería cerca de casa, no hice el habitual pedido en alguna tienda online. En vez de eso, me fui tres días antes del cumpleaños a la tienda dispuesta a comprar el fondant en persona.

Pero siempre tiene que pasar algo. Esta vez fue que la tienda, que no creo que llevara abierta más de seis meses, había cerrado. Una pena que hoy en día los negocios duren tan poco. El caso es que ahí estaba yo, delante de un cartel de cerrado, sin fondant, a tres días del cumple del Mayor y sin tiempo para hacer un pedido online que llegara a tiempo. Literalmente, se me cayó el alma a los pies.

Tardé como un cuarto de hora en pensar con claridad. A ver, que el mundo de las tartas no se acaba porque no haya fondant y que afortunadamente una tarta con forma de camiseta es relativamente fácil de cubrir (la tarta rana o la tarta pato hubieran sido más complicadas sin fondant).

Opciones para cubrir la tarta que se me ocurrían: ganaché de chocolate blanco, cobertura de queso, merengue e, incluso, nata montada. Obviamente, opciones todas ellas blancas que permitieran usar el colorante azul. Cogí aire, monté al Peque en el coche y puse dirección al supermercado dispuesta a comprar un montón de chocolate blanco y de nata montada. Ya vería en casa por cuál opción me decantaba al final.

El caso es que llegué al súper y vi un bote de cobertura de Betty Crocker y me emocioné muchísimo. ¿Por qué? Pues porque aquí servidora no ha ido nunca (no será por ganas) a un taller de repostería creativa (vamos, donde te enseñan técnicas como decoración de tartas y cupcakes y demás), pero vídeos sobre el tema ha visto muchísimos y esta marca se repite hasta la saciedad en vídeos de habla inglesa. ¡Estaba tan contenta de tener por fin uno en mis manos! Había dos: chocolate y vainilla. Aunque estuve tentada de traerme ambos a casa, al final se impuso la lógica y me traje uno de vainilla, que era el que me permitiría darle color azul. Era feliz.

Unos días después, con los bizcochos horneados, enfriados y cortados; ya estaba lista para destapar mi cobertura de Betty Crocker. Abrí el bote, lo olí (qué olor más rico), lo probé (vicio, puro vicio, no se puede describir de otra manera) y saqué el colorante.

En un cuenco, eché más o menos la mitad del bote y la teñí. Ponía que la cantidad del bote era suficiente para rellenar y cubrir una tarta de 20 cm, como había decidido rellenar la tarta con sirope de fresa (a falta de mermelada), pensé que con la mitad sería suficiente. Cuando le había dado la primera capa a la tarta, me di cuenta de que iba a necesitar el bote entero. Saqué el resto y volví a teñirlo. Esto fue jugármela, pues tenía que conseguir más o menos el mismo tono de azul que al principio.

Usé todo el bote para cubrir mi tarta. Y rebañé con el dedo lo que quedaba en las paredes. Me consolé pensando en los cumpleaños siempre se hacen excepciones. Me di un par de palmaditas en la espalda y guardé la tarta en la nevera. Recogí la cocina y puse en una bolsita de plástico chocolate blanco que derretí en el microondas. Después le hice un corte en una esquina a la bolsita y así empecé a darle los toques finales a mi tarta camiseta: las listas de las mangas, el escudo del Real Madrid, la marca de Adidas, las letras de las camisetas y el nombre del futbolista en cuestión. Todo a mano alzada.

Y, de vuelta, al frigorífico. A esperar la hora de soplar las velas del cumpleañero. Tan emocionado estaba el Mayor cuando vio su tarta camiseta tal como él la quería y tan poco tiempo tardaron mis hijos y sobrinos en abalanzarse sobre el chocolate blanco y la cobertura azul que la chapucilla que me salió con el escudo pasó bastante inadvertida.

Al final de la entrada encontraréis el vídeo del paso a paso de la tarta (ya veréis que no es nada complicado), que ya está también en el canal de YouTube del blog al que podéis suscribiros si os apetece.

CONTRAS:

  1. Una de las reglas más importantes al hacer una tarta es “mejor que sobre que no que falte”. Debí comprar dos botes de cobertura. Uno me llegó para cubrir mi tarta, pero a poco no me llega. Si hubiera optado por rellenarla también con esa cobertura, seguro que me hubiera visto bastante apurada, teniendo que salir a comprar otro bote para terminar de cubrirla.

  2. Otra de las cosas que debí hacer fue teñir toda la cobertura de una vez. Así se evita el tener que buscar luego el mismo tono del color elegido. Y, si hubiera sobrado, siempre se puede utilizar en cubrir cupcakes con la misma cobertura, a juego con el color de la tarta.

  3. Al hacer los detalles a mano alzada, en vez de con rotulador como la otra vez, me salieron algo chapucilla. ¿Qué tenía que haber hecho? Pues, por ejemplo, imprimir o dibujar en un papel el logo, escudo o lo que fuera, poner encima papel vegetal del que usamos para el horno y seguir el trazado. Después, se mete en la nevera o congelador y, en el momento de servir la tarta, se saca, se desprende con cuidado del papel y se decora la tarta. Así, si sale mal, se puede repetir las veces que sea necesario.

PROS:

  1. Encontrar y usar el bote de cobertura de Betty Crocker. Me hizo mucha ilusión.

  2. Ser capaz de salir del bache. Cuando algo no sale según lo que hemos planeado, siempre hay otras formas. No hay que dejarse avasallar por las circunstancias. Siempre hay otra opción.

  3. Como siempre, ver la cara del Mayor cuando saqué la tarta. Nunca les dejo verla antes del momento de soplar las velas 😉

  4. La satisfacción de haber podido organizarme y llevar a cabo todo el proceso con el Peque pululando por la casa a todas horas. Este año, hornear y decorar la tarta ha sido, con diferencia, mucho más difícil que otras veces porque el Peque está reclamando mi atención a todas horas.

Y, ahora sí, os dejo con el vídeo. ¿Os animaréis a hacerla? 😉

26May/14

… de hacer una tarta pavlova

Pavlova

Y, me diréis (con razón), ¿qué es una tarta pavlova? Pues, básicamente, una tarta de merengue. Al parecer, es originaria de Australia y toma su nombre de una famosa bailarina de ballet a la que un repostero quiso homenajear en su visita a dicho país. Pero, vamos, lo que nos interesa a nosotras es que es como un merengue gigante.

PavlovaRecetas de pavlovas hay muchísimas, igual que sus variantes. Yo he encontrado recetas de pavlovas de chocolate, de almendras, de azúcar moreno… Y si variantes tiene esta tarta, rellenos ya ni os cuento. Aunque más que rellenos, podría decirse que son más bien coberturas, pues se ponen por encima de la pavlova. Aunque también pueden hacerse dos pavlovas y poner una encima de la otra, con la cobertura en medio a modo de relleno. Imaginación al poder. El caso es que este relleno suele ser nata montada adornada con frutas. Pero quien dice nata montada dice también trufa, crema, ganaché de chocolate…

Y, respecto a la fruta, os imaginaréis que no hay límite: fresas, frambuesas, plátanos, mango, kiwis, fruta de la pasión… Al parecer, las frutas tropicales le van de maravilla a la pavlova. Y, por supuesto, además de la fruta fresca, también se puede acompañar con coulis (sirope de frutas hecho en una sartén con la fruta y algo de azúcar), chocolate caliente, caramelo… Como veis, la pavlova no es una simple tarta de merengue 😉

PavlovaMe aventuré a hacerla por mi abuela. Quería sorprenderla con una tarta ligera y diferente. ¡Y vaya si lo conseguí! Os podéis imaginar que, al hacerse con un merengue, esto es, con claras de huevo y algo de azúcar, la tarta es súper ligera. Yo no soy muy de merengues, pero he de reconocer (como reconocieron el resto de los que se la zamparon) que el contraste entre el merengue (crujiente por fuera, esponjoso por dentro) y la nata montada junto con la fruta fresca, así, todo junto en la boca, fue espectacular.

Yo opté por una pavlova clásica, con nata montada y fresas; pero me he quedado con ganas de hacer la de chocolate y experimentar con otras frutas e, incluso, con el coulis de frambuesas.

Hoy no os traigo vídeo porque apenas hice fotos del paso a paso, era la primera vez que me atrevía con una pavlova y no tenía muy claro que me saliera bien a la primera. Pero vamos, que es muy sencillo y, si tenéis alguna duda, podéis dejarla en los comentarios y os la contestaré lo antes posible. Ahora os dejo la receta (que podéis descargar siguiendo el enlace) y después os cuento mis contras y mis pros 😉

receta tarta pavlova clásica

Pincha en la imagen para verla más grande e incluso descargarla.

CONTRAS:

  1. No sé vosotras, pero el cristal de mi horno no es transparente del todo. Tiene un ligero tono amarillento (y no, no es suciedad, jejeje…), por lo que no puedo ver el color exacto de lo que se está horneando. Tampoco es recomendable abrir la puerta del horno porque el merengue se puede venir abajo. Así que tengo casi que jugármela. Lo mejor es esperar el tiempo de la receta y después ir mirando.

  2. La textura del interior es sorpresa, no se puede meter un palillo para ver si está hecho (como en un bizcocho normal). Así que hasta que no se corta la pavlova no se sabe si saldrá como tiene que salir, a saber: como una mousse.

  3. Si se teme que el horno pueda quemar los picos de merengue (tostados están deliciosos, pero quemados no son gusto de nadie), se puede bajar la temperatura del horno a 100 ºC. En este caso, yo controlaría muy bien la tarta a partir de los 50 minutos. Obviamente, si se baja la temperatura hay que alargar el tiempo de horneado.

  4. Aunque 3 claras de huevo parezcan pocas y aunque alguna crea que pueda montarlas a punto de nieve con la fuerza de sus brazos, es mejor usar una batidora eléctrica por dos motivos. El primero es que el azúcar y demás ingredientes se tienen que añadir sin dejar de batir. El segundo es que así nos aseguramos de que está bien montada. Yo sólo me aventuraría a montarlas a mano si no tuviera a mi alcance una batidora eléctrica.

Pavlova

PROS:

  1. Es la tarta perfecta para hacerla el día antes. Bueno, la tarde antes en realidad. Lo que viene genial si se va a sacar para una celebración. Así no nos estresamos con los demás preparativos de la fiesta. Una preocupación menos 😉 . Dejamos para el mismo día montar la nata o el relleno elegido y la preparación de las frutas. Se monta todo justo antes de servirla (si lo hiciéramos todo el mismo día o incluso horas antes de servirla, la pavlova se humedecería por el relleno y se aplastaría).

  2. Como digo, es muy ligera. Cualquier merengue lo es en realidad.

  3. Partiendo de la misma base, el merengue, se pueden hacer muchas variantes, según el relleno y la fruta elegida.

  4. Aunque se tenga que hacer un hueco (ojo, que no un agujero) en el medio del merengue para colocar el relleno y la decoración, lo bonito de la tarta pavlova son los picos del merengue. Cuando lo extendáis para hornearlo, haced picos con el revés de la cuchara hacia arriba. Cuantos más picos (incluso por los lados), más bonita después.

Una vez que la sirváis, intentad coger un bocado con todo: el exterior crujiente, el interior esponjoso, el relleno suave y la fruta fresca… sólo puedo añadir una cosa más: ¡¡¡ñam!!! 😉 .

Pavlova

La receta que he puesto aquí es un compendio de:
- Webos fritos
- O Garfelo
- María Lunarillos
- Donna Hay
28Abr/14

… de la tarta pato

Tarta pato (Debbie Brown cute chick cake)

De los creadores de la tarta rana, la dino tarta y la Peppa tarta (o sea, aquí una servidora), llega ¡la tarta pato! O tarta pollito, como mejor os venga. Para celebrar el cumpleaños del Peque (adelantado porque su cumple era en realidad unos días después) y siguiendo la tradición, quise hacerle una tarta graciosa de fondant y, como le encantan los patos, fue verla y decidirme.

Es sencilla porque no lleva muchos adornos de fondant y se “construye” de manera similar a la tarta rana, es decir, horneando dos bizcochos (cabeza y cuerpo). La diferencia está en que esta vez los horneé en moldes normales redondos y no en cuencos de cristal como la última vez.

Esta tarta también está sacada del libro Debbie Brown’s 50 easy party cakes. Aunque ya sabéis que cuando me pongo a ello, siempre varío en algo el paso a paso para que me resulte más fácil montar la tarta. Ya sabéis que sólo soy una aficionada repostera.

A ver, os cuento detalles de la tarta, aunque al final de esta entrada encontraréis el vídeo con mi paso a paso particular (y que ya también está en el canal del blog de YouTube). Lo primero es que yo quería hacer una tarta de Pocoyó, con la carita del niño del gorro azul o de Pato. Pero Papá³ me dijo que no se acordaría cuando fuera mayor, así que me convenció y la he dejado para el año que viene… si es que con tres años siguen gustándole Pocoyó y Pato… veremos…

Para el cuerpo usé dos bizcochos Devil’s food cake de El rincón de Bea (receta aquí) y el pequeño es una tarta de zanahoria y piña (receta aquí). De este último, tenía media masa congelada que había descongelado para la ocasión. ¿Cómo se hace? Pues se sigue la receta y, en vez de meter la masa en el horno, se mete en una bolsita con cierre zip (o como prefiráis, pero que quede cerrada) y al congelador. Para descongelarla y poderla usar, se saca del congelador y se pasa directamente a la nevera. Se deja ahí unas 24 horas, pasadas las cuales ya se puede hornear (quizás haga falta hornear unos minutos más de los que acostumbréis, por aquello de que la masa está fría).

El fondant amarillo lo compré en una tienda de repostería especializada, pero el naranjita de las patas y el pico es del supermercado Aldi y sabía parecido a los sugus azules. Aquí hubo quien dijo melón, piña… pero se suponía que era mandarina, jajajaja… El caso es que gustó a todo el mundo 😉

CONTRAS:

  1. He dicho que usé un molde redondo tradicional para hornear el bizcocho (el Devil’s food cake) porque probé a hornear el de zanahoria en un cuenco de cristal (como hice en la tarta de la rana) y no me gusta el resultado. Tarda más en hacerse y no queda uniforme. Además, cuando lo desmoldé eran las 11 de la noche y, por correr (a esas horas sólo quería sentarme en el sofá), se me rompió el bizcocho. La solución fue usar queso crema para mezclarlo con el bizcocho desmigado y poder moldearlo al gusto. Así que, si no tenéis un molde redondo (que los hay pero yo no tengo), para mí es mejor hornearlo en uno circular y después recortar el bizcocho con un cuchillo e ir dándole la forma redondeada que se necesita.

  2. La receta de la tarta de zanahoria, para mi gusto, tiene demasiado aceite (no lleva mantequilla). Esto, que le da esponjosidad a la tarta en sí (también se pueden hacer magdalenas), es un contra si se va a cubrir con fondant. Al hacerlo, éste se resbala un poco, así que es mejor no tocarlo demasiado.

  3. Cometí el error de armar antes la cabeza que el cuerpo, por lo que me salió un pato muy cabezón. Tuve que recortar la cabeza para hacerla más pequeña.

  4. El fondant del Aldi, aunque estaba muy bueno y era muy manejable, la verdad es que se resquebraja con más facilidad que el normal.

PROS:

  1. Como iba justa de tiempo, pensé en usar crema de chocolate (tipo Nocilla) para pegar el fondant al bizcocho. Ese día bajaron las temperaturas y la crema estaba muy dura. No podía untarla sin llevarme trozos del bizcocho. Lo que hice fue meter un poco de la crema en el microondas para ablandarla. Después, sólo tuve que echarla por arriba y pasarle una espátula para que llegara bien a todos lados. ¡Me encantó cómo quedó!

  2. Como imaginaréis, los recortes de la tarta quedaron rondando por casa unos días. No demasiados porque el Devil’s food cake está riquísimo y no me importó lo más mínimo dar buena cuenta de ellos.

  3. Por primera vez, no sobró nada de tarta. Fue la media exacta y estoy muy orgullosa.

La tarta gustó a todo el mundo pero, en especial, a los niños y, cómo no, al Peque. Se volvió loco con su pato y se tiró todo lo que quedaba de tarde diciendo “pato, cua cua” en su lengua de trapo. Así que me doy por satisfecha. Pero la tarta sólo fue el final de la fiesta adelantada de su cumpleaños, hubo otra sorpresa (esta vez nada culinaria) que nos dio mucho juego y nos sacó muchas risas. Pero ésa os la cuento otro día 😉

08Dic/13

… del brownie de chocolate

Brownie casero

Sé que es domingo y que nunca (creo) he publicado una entrada el último día de la semana. Pero he preguntado por Twitter si alguien se animaría a hacerla y Mami a tope me ha dicho que ella sí, es más, si tenía los ingredientes, la hacía esta misma tarde. Así que va por ti, cielo ;-).

Hay comidas que pruebas fuera de casa o que las compras hechas y piensas “ojalá me saliera a mí así de rico” o quizás pienses todo lo contrario, en plan “menos mal que a mí no me sale tan bueno porque si no estaría todo el día haciéndolo y comiéndomelo”. Si te has identificado en el segundo pensamiento, no sigas leyendo. Y si lo haces, luego no digas que no te lo advertí.

Al Tripadre, que no es muy asiduo de los dulces, le chiflan los brownies y, hasta ahora, andaba tranquilo porque a mí no me había dado por hacerlos. La verdad es que a base de pedirlos allá donde vamos, se ha convertido en un experto en dicho postre, un browniero en toda regla. Me había puesto el listón muy alto y no me atrevía yo a saltarlo.

Pero mira tú por dónde que el otro día vinieron a casa unos amigos muy queridos aunque sólo nos veamos una o dos veces al año. Y quise hacer un postre especial. Cogí mi cuaderno de recetas y, para mi sorpresa, fui pasando recetas, una tras otra, porque si no me faltaban huevos, me faltaba nata o yogur… Era hora de sacar la artillería pesada. Me fui a la colección de Delicias al horno (sí, vale, os lo confieso, empecé a hacerla… y la terminé) y buscando, buscando, di con esta receta. La hice por probar, a ver qué tal, y no puedo estar más satisfecha con el resultado. Es más, este fin de semana la he vuelto a hacer. ¡Por favor! Si es que no puede estar más bueno… y eso que nos lo hemos comido sin la típica bola de helado de vainilla y el chocolate caliente con los que los sirven en los restaurantes.

Venga, que creo que ya os he puesto los dientes largos. Vamos con los ingredientes de la receta original y la receta en sí. Se necesitan:

  • 3 huevos

  • 225 g de mantequilla

  • 375 g chocolate fondant para postres

  • 1 cucharadita de extracto de vainilla

  • 300 g de azúcar

  • 225 g harina (yo usé la de repostería, pero como la receta no especifica, entiendo que también podría usarse la normal)

  • 4 cucharadas de cacao en polvo (unos 25 g)

  • 1 pizca de sal (esto no lo ponía en la receta, pero la sal intensifica el sabor del chocolate)

En un cuenco, se pone la mantequilla y el chocolate troceado y se derrite. Quedará como una sopa de chocolate. Evita la tentación de meter el dedo o no podrás parar. Reserva la mezcla.

En otro cuenco (cuanto más grande, mejor), se echa el azúcar y se ponen los tres huevos. Hay que batirlo todo muy bien. Como he dicho, creo que el brownie no lleva nunca levadura, así que la esponjosidad se le da a base de meter aire batiendo en este paso. Si has tenido un mal día, descárgate a gusto fustigando los huevos con el azúcar. Al final, la mezcla debe blanquear un poco.

Cuando estés conforme con el paso anterior, añade la mezcla del chocolate con la mantequilla (que ya estará templada). Mezcla ambas masas suavemente, no queremos perder el aire incorporado. Para ello, lo mejor es hacer movimientos envolventes en forma de ocho (8). Una vez que ambas masas estén bien integradas, se añade el extracto de vainilla y se sigue mezclando hasta que se haya incorporado todo nuevamente.

Ahora le toca el turno a la harina y al cacao. Con ayuda de un colador fino, se tamiza directamente en el cuenco con la masa la harina, la pizca de sal y el cacao. De nuevo, todo tiene que quedar incorporado, pero hay que hacerlo con cuidado para que se pierda el menor aire posible. Otra vez, los movimientos envolventes son nuestros mejores amigos.

La masa final es un pegote de chocolate nada ligero. Cuesta mover la cuchara o la lengua pastelera, pero es justo así como tiene que quedar. Se echa y se extiende en un molde, si es rectangular mucho mejor. Se alisa un poco y directo al horno, que estará a 190 ºC, durante unos 30-35 minutos. Estará listo cuando el chocolate esté brillante y firme al tacto.

Se saca del horno y, muy importante, se deja enfriar completamente antes de desmoldarlo, de lo contrario se podría romper. Ya sólo queda cortarlo en rectángulos o cuadrados y servirlo. Y disfrutar…

Brownie casero

CONTRAS:

  1. Es un postre que lleva mucho chocolate. De hecho, yo el primer día lo hice tal como os lo he contado aquí, pero la segunda vez reduje la cantidad de chocolate. Así, en vez de usar 375 g, sólo utilicé 350 g y salió igual de rico. Quizás la próxima vez lo reduzca un poco más… ya os contaré.

  2. Si se bate a mano, hay que echarle ganas. Se tarda un poco, pero merece la pena. La parte buena es que, como sólo son 3 huevos, se bate también perfectamente con el accesorio de montar que traen casi todas las batidoras eléctricas. De una forma u otra, insisto en la importancia del batido de los huevos, ¡está en juego la jugosidad del brownie!

  3. Al derretir el chocolate, hay que tener especial cuidado en que éste no se queme. Para ello, se puede utilizar el baño maría o meter directamente en el microondas. En cualquier de los dos casos, echadle un vistazo continuamente hasta que tengáis controlado el tiempo que tardáis en casa en derretirlo.

  4. Si quieres partirlo en porciones, espera a que esté totalmente frío antes de sacarlo del molde. Yo el otro día fui demasiado impaciente y se me rompió. Aunque también es cierto que al trocearlo, se disimuló bastante el estropicio. Y los troces más feos ya me encargué yo de “hacerlos desaparecer” antes de sacarlo de la cocina ;-).

  5. Se desmigaja un poco al comerlo, le pasa lo que a las galletas crujientes.

PROS:

  1. Sólo se manchan dos cuencos.

  2. Se prepara rápidamente. Creedme, se tarda más en contarlo y leerlo.

  3. Si sois chocoadictos/as al chocolate, como yo, os va a encantar.

  4. Aunque obviamente lo mejor es comerlo el mismo día en que se prepara, guardado en una bolsa y cerrado herméticamente, aguanta varios días.

  5. Yo no usé las típicas nueces primero porque no me gustan (como fruto seco sí, pero en comidas o postres intento evitarlas) y lo segundo porque la receta no las mencionaba. Sin embargo, pueden incorporarse a la preparación después de la harina. La masa final es tan densa que no se bajarán.

  6. El brownie, así como sale del horno, está riquísimo. Ahora bien, se le puede dar un toque más fiestero con helado de vainilla, nata, chocolate caliente o simplemente un poco de azúcar glass espolvoreado por encima.

  7. Por supuesto, los niños pueden ayudar a hacer el brownie, ya sea pesando los ingredientes, cascando los huevos, añadiendo los ingredientes, batiendo o mezclando la masa… cada uno sabe cómo son sus hijos y qué tarea desempeñará mejor.

Espero que os animéis a hacerlo y me contéis si está tan bueno como aseguro. Lo mismo mi fijación por el chocolate me ha cegado y corro el riesgo de ser poco objetiva.

Por cierto, si después de probarlo y coméroslo no podéis dejar de hacerlo y, al cabo de unas semanas veis que los pantalones os están un poco apretados, que sepáis que no tiene nada que ver con el brownie, a mí luego no me vengáis a pedir cuentas ;-).

Y ya para terminar, como es domingo, permitidme recordaros que hoy termina el plazo para el sorteo del cuarto gnomo navideño hecho a mano por Faly. Sí, has leíedo bien, ya hemos repartido 3 y, además del de hoy, nos quedan sólo dos gnomos más. Así que, si aún no has participado y quieres hacerlo, pincha aquí.

25Nov/13

… de hacer galletas con pepitas de chocolate

Galletas con pepitas de chocolate

Seguro que las habéis comprado en alguna tienda. Seguro que os encantan o les encantan a vuestros hijos. Son deliciosas. Crujientes… crash… Con chocolate… mmm… Y seguro también que pensáis que no podéis hacerlas. ¡Error!

Hay un blog por ahí que tiene como objetivo encontrar el cupcake perfecto. Yo llevo años buscando la galleta con pepitas de chocolate perfecta. Y creo que he dado con la receta. Fue por casualidad. Pero como estaba obsesionada con estas galletas tipo Chip Ahoy, tuve que probar a hacerlas.

Tengo un cuaderno donde apunto a mano las recetas que me gustaría probar. Si la llevo a cabo, resalto el título con fluorescente. Y le pongo una carita al lado. La carita sonríe si la receta está de vicio. Está seria si tras probarla nos hemos quedado igual. Y la carita se pone triste si, a pesar de haberla hecho bien, no nos ha gustado el resultado final (por consistencia, por manera de hacerla, porque no nos gusta el sabor…). A esta receta le he puesto una carita sonriente al lado. Y le he pintado una lengua, en plan me estoy relamiendo. Además le he puesto corona. Es la receta reina de las galletas con chocolate. Al menos en esta casa.

Aunque podéis encontrar la receta original de Amanda Laporte aquí, me vais a permitir que os copie los ingredientes y os explique cómo la hago yo. Con estas cantidades salen entre 20 y 25 galletas.

  • 220 g de harina

  • 100 g de mantequilla

  • 90 g de azúcar moreno

  • 45 g de azúcar blanco normal

  • 1 cucharadita de levadura en polvo (la de los postres)

  • 1 cucharadita de azúcar avainillado

  • 1 huevo

  • 100 g de pepitas de chocolate

Para elaborar estas galletas, podéis seguir las instrucciones de la receta original, tamizando por un lado la harina y la levadura y por el otro mezclando la mantequilla con los azúcares y el huevo. Después se incorpora todo y se le añaden las pepitas de chocolate.

Yo lo hago todo en el mismo cuenco. Mezclo la mantequilla con los azúcares, incorporo el huevo y después añado las pepitas de chocolate. Entonces, pongo un colador fino sobre el cuenco y tamizo directamente la harina con la levadura. Incorporo bien y ya está.

Desde aquí, sigo las indicaciones de la receta original. Es decir, enrollar la masa cual chorizo en un poco de papel transparente y refrigerar al menos media hora. Después saco la masa y corto lonchas. La receta dice que así tal cual se puede poner sobre la bandeja de horno y hornear. Yo prefiero la otra opción de la receta: coger esas lonchas y hacer bolas con ellas, como si fueran albóndigas, y después aplastarlas. Así no me salen excesivamente grandes.

Coloco en la bandeja del horno y a hornear a 200ºC (como dice la receta) unos 8 minutos en mi horno. Pero eso ya depende de vuestro horno y de si os gustan más o menos oscuras.

Y ahora el bonus track. Yo, junto con las pepitas, le añado unas pocas semillas de amapola que dicen que tienen mucho calcio, hierro y vitamina A. Además, admiten ralladura de naranja. Chocolate y naranja… en fin… ya os lo imagináis… Y, puestos a innovar, ¿qué tal que sean de chocolate enteras? Para ello, una vez pesada la harina, retiráis una cucharada de la misma y la sustituís por otra igual de cacao en polvo. Bueno… es sólo una idea… 😉

CONTRAS:

  1. Dice la receta que la mantequilla debe estar a temperatura ambiente. Así que hay que acordarse de sacarla antes del frigo. Yo pocas veces me acuerdo. Así que, aunque se dice que no se debe hacer, la atempero un poco en el microondas.

  2. Si os animáis a hacerlas, os aconsejo encarecidamente que las refrigeréis. Así la mantequilla se endurece y luego os será más fácil maniobrar con ellas. Si tenéis prisa, hornearlas directamente, pero sabed que el tiempo de horneado se reduce bastante. A mí una vez que las hice sin refrigerar casi se me queman.

PROS:

  1. La receta original admite variaciones, como las semillas de amapola y la ralladura de naranja que he comentado antes. Supongo que también admitiría algo de menta, pero esto ya no lo he probado.

  2. Si las hacéis, sabréis exactamente qué lleva. Así que si os parecen muy dulces podéis reducirles el azúcar.

  3. El azúcar vainillado ya se encuentra en prácticamente todos sitios, pero si no dais con él, podéis obviarlo y añadir un poco de esencia de vainilla o no añadir nada más.

  4. Se puede congelar la masa. Sí, lo he probado y están igual de buenas. Cuando las hago en casa, ya que me pongo, doblo las cantidades originales. Así hago una tanda y la otra la congelo. Para descongelarla, directa al frigorífico unas 24 horas.

  5. Si no congeláis, la masa aguanta dos o tres días en la nevera.

  6. Hacer la masa ensucia poco. Ya os digo que yo sólo uso un cuenco para la mezcla, un tenedor para mezclar y el escurridor para tamizar.

  7. Se pueden hacer con niños. Si son pequeñajos, poned cada ingrediente en un cuenco y que los vayan echando ellos a la preparación (en este caso, sí que ensuciaréis algo más). Si ya son algo más mayores, pueden pesar ellos mismos los ingredientes. Y, por supuesto, dejadles hacer las bolas. A los míos les encanta.

Yo horneo todas las galletas que salen con las cantidades originales porque en casa vuelan. Una vez se me ocurrió llevárselas a los mayores cuando salían del cole, para que se las fueran comiendo de regreso a casa. Desde entonces, todas las tardes, nada más verme, ya ni me saludan ni nada. Directamente me preguntan si les he traído galletas. Los besos y los “hola, mamá” van después.