Category Archives: Crianza

29May/13

… de los primeros pasos

zapatillas bebé

Cada uno de mis Trastos empezaron a dar sus primeros pasos a una edad distinta. A saber: el primero a los 10 meses, el segundo a los 11 meses y el tercero a los 12 meses. Exactamente cuando les ha dado la gana a ellos, pues ni el Tripadre ni yo les hemos forzado ni insistido. El Mayor y el Mediano no gatearon, simplemente empezaron a dar pasos. El Peque alterna sus primeros pasos con el gateo. Y yo estoy por comérmelo a besos un día de éstos, igual que estuve tentada de hacerlo con sus hermanos.

Recuerdo que el Mayor cogió un día un par de pinzas de la ropa y, sujetándolas bien fuerte, se lanzó a la aventura de andar. Un mes después, con 11 meses andaba y correteaba que era un primor. El Mediano daba pasitos de vez en cuando, sobre todo, en el parque, de lado a lado. Y en el suelo, del sofá a la mesita y al revés. Pero fue el día de su cumpleaños (también un mes después) cuando, en presencia de toda la familia, decidió que la distancia mesa-sofá se le había quedado pequeña y empezó la tarde andando por todo el salón (que no era muy grande, pero para él debió de ser inmenso). Para cuando acabó su fiesta, ya se había aventurado a ir desde el salón hasta su habitación a lo largo de todo el pasillo. Está claro que había decidido estrenar su primer año dando sus primeras carreritas por toda la casa.

El Peque ha empezado a dar sus primeros pasos a los 11 meses también, pero un mes después, no corretea como sus hermanos. ¿Preocupada? En absoluto. Después de tres hijos, me ha quedado claro que cada niño tiene un ritmo que hay que respetar. Aunque, si me preguntáis mi opinión, estoy convencida de que, aunque da pasitos, no se ha lanzado a explorar el mundo del andar porque ha descubierto otro: el mundo del gateo. Mundo que, por otro lado, no conocieron sus hermanos. ¿Por qué? Ni idea. No sé por qué unos niños gatean y otros no. y, la verdad, tampoco es algo que me quite el sueño.

Empezó poniéndose de pie en el parque, agarrándose a la malla primero y al agarrador que tiene el parque después. Y, una vez de pie, se soltaba y se aplaudía solo. ¡Bien por mi niño! Y se reía, contento por el logro que acababa de alcanzar. Si le pongo en el suelo, él solo gatea hasta una pared, el sofá o cualquier cosas que él vea que puede servirle para ponerse de pie. Se levanta y anda un poquito. Más aplausos. Más risas. En cuando deja de sentirse seguro, hace una sentadilla y planta el culete en el suelo. Entonces decide que quiere ser invadido por la velocidad y empieza a gatear. Llega hasta otra cosa que le sirva de apoyo y, otra vez, se pone de pie. De nuevo, aplausos y risas, con esos poquitos dientes que ya le asoman. Vamos, que está para comérselo a besitos (nota: en este momento, me retiro del ordenador para no llenarlo con mis babas de madre. Me limpio. Vuelvo. Continúo el relato).

Si le doy la mano, la velocidad la coge andando. Un paso, una risa, otro paso, otra risa… y así por media casa. Está más salao :-D. Es imposible no reírse también y aplaudirle los logros. Él me mira y se ríe aún más. Aunque al Tripadre le escueza un poco, he de confesaros que suele venir a buscarme si está con otra persona o, si está conmigo, hay un momento en que se da la vuelta y se me tira encima, como dándome un abracito. Supongo que os imagináis lo orgullosa que estoy de mi Peque y de sus primeros pasos y de sus primeros gateos :-).

CONTRAS:

  1. Teniendo en cuenta que ya ha cumplido el año y que sus hermanos mayores ya andaban solos a esa edad, hay mucha gente que, cuando ve al Peque, se pregunta que cuándo va a andar de una vez por todas. Sé que es un decir, que no es en serio, pero a mí me molesta un poco. Si no me importa a mí que soy su madre, menos debería importarle a ellos.

  2. El Peque ve a sus hermanos jugando, corriendo y andando y se nota que ya quiere irse con ellos. Le llama mucho la atención verles moverse y, cuando está en el suelo, todo su afán es ir hacia dónde están los otros dos. Ya veréis cuando sea un poco más mayor y pueda unírseles al juego. Me lo voy a pasar pipa.

  3. En cuanto empiece a andar (y no me refiero a los pasitos que ya da, sino a andar en condiciones) tendré que volver a establecer un perímetro de seguridad a un metro del suelo por lo menos. Cosas valiosas o susceptibles de ser rotas, cuanto más altas mejor.

PROS:

  1. A pesar de todos los contras, estoy deseando verle corretear y sumarse a sus hermanos en el juego, a quienes, por otro lado, les encanta jugar con su hermano. Muchas veces les tengo que decir (sobre todo al Mediano, pues el Mayor ya pasó por esto) que determinados juegos no son para el Peque y, que si quieren jugar con él, tienen que cambiar el juego o la manera de jugar. A veces lo hacen y otras siguen a lo suyo bajo la atenta mirada del Peque.

  2. El Peque está dejando de ser un bebé. Ahora está a medio camino entre un bebé grande y un niño pequeño. Es mi bebé-no-tan-bebé-ya.

  3. Me encanta ver cómo consigue sus logros. Disfruto viéndole dar sus primeros pasos, de la misma manera que me quedo absorta observándole cómo mueve sus dedidos para tocar algo, como un botón, para explorarlo. Está empezando a querer saber qué son las cosas. Su curiosidad no tiene límites y el poder andar le va a ayudar mucho.

  4. Dentro de nada vendrán los paseítos y sus primeras carreras. Va a ser digno de verle. ¿Se seguirá aplaudiendo sólo? De hacerlo, ¿lo hará mientras corra? De lo que no me cabe duda es de que seguirá riéndose porque a risueño no le gana nadie. ¡Menudo es mi niño!

Ésta es una época preciosa. Es la época de sus primeras veces. Soy consciente de que durará poco, al igual que la de sus hermanos, que se me pasó en un suspiro. En ocasiones, miro a los otros dos Trastos y se me hace mentira que sean capaces de correr, de saltar o de darle a la pelota cuando, hace nada, estaban empezando a andar cogiéndome de la mano. Sé que esta época se pasará pronto y, a parte de alegrarme por verle crecer sano y feliz, no puedo evitar sentir también un poco de nostalgia porque no se repetirá y también alegría al ver de lo que es capaz.

25May/13

… de jugar con plastilina

Plastilina

El otro día mis Trastos no tuvieron cole, pero el Tripadre sí tenía que irse a trabajar. Así que aquí me quedé yo con los tres y mi faringitis. Inventando maneras de entretenerles. ¿Una película? Os recuerdo que sólo duran sentados escasos 10 minutos. ¿Parque? Hacía mal día. ¿Juegos con los coches? Estupendo hasta que empiezan a pelearse por el mismo (con la cantidad de coches que tienen, pues siempre se les antoja el mismo a los dos…). Así que me fui a por la caja de manualidades sin saber muy bien qué haríamos esta vez. Pero cuando llegué, ahí al lado, solita, vi la caja de la plastilina.

Hacía mucho tiempo que no la sacaba porque el Mayor había cogido la costumbre de mezclar colores (que, bueno, pase) y de intentar metérsela en orificios varios (y eso sí que no). Además, hay que sumarle a todo esto que siempre acababa tirada en el suelo, pisoteada y demás. Bueno, supongo que os hacéis una idea…

Pero muchas veces, algo que no funciona un día, al cabo del tiempo va de maravilla. Y pensando eso, saqué la plastilina. Y crucé los dedos. Y saqué los bártulos. Y mis Trastos mayores dieron palmas con las orejas. Y yo sonreí. Y me las vi muy feliz un buen rato. Y mis hijos me pidieron que les hiciera monigotes. Y yo se los hice. Y pasaron 10 minutos y ahí seguían con el culo en la silla. Y les hice un caracol. Y empezaron a levantarse. Y se acabó lo que se daba. Bueno… más o menos…

No es culpa de la plastilina, que volveré a sacarla en breve. Es que mis hijos son de culo inquieto. Todos, que el Peque está en plan “me tiro al suelo sea como sea” y menudas vueltas que da. ¡Lo que me cuesta que no se lance al vacío cuando le tengo en brazos! Pero bueno, ésta es otra historia, que me disperso.

Sin embargo y a pesar de todo, ese ratito (breve para mi gusto, ojalá hubieran estado toda la mañana entretenidos, con la plasti o lo que fuera, que no soy exquisita), como digo, ese ratito nos dio mucho juego ;-).

CONTRAS:

  1. A mí no me gusta mezclar. Tengo que ser la única persona que, cuando come comida china, va plato por plato. Pues con la plastilina me pasa igual. Detesto que se mezclen los colores. Aunque a base de jugar con mis hijos estoy superándolo ;-).

  2. El suelo se sigue llenando de pegotes. Pero esto también lo tengo superado. Sólo tengo que darme prisa en barrerlo antes de que lo pisen.

  3. Lo mismo que pasa con los coches pasa con los cortadores de formas. Se les antoja a los dos el mismo. Y tiene que ser en ese preciso instante.

  4. Ya puede ser un gurruño, que lo que acaba de hacer un Trasto es una obra de arte. Esperemos que no venga el otro y se lo destroce porque entonces ya la tenemos liada.

PROS:

  1. Imaginación al poder. No hace falta ser muy mañosa, al menos a mis hijos les vale todo lo que se le parezca a lo que tenían en mente.

  2. Me maravilla la destreza que tienen en esas pequeñas manitas. Verles hacer churritos fue genial y así practican la motricidad fina.

  3. La plastilina no mancha. Creo que este pro vale por dos, jejeje…

  4. Ninguno intentó metérsela en la boca o por la nariz. ¡Genial!

  5. A pesar de lo (para mí gusto) breve tiempo que estuvieron entretenidos con la plastilina, fue un buen rato. Hicimos caracoles, leones, elefantes… y después, cuando empezaron a levantarse de la silla, jugamos un ratito con ellos, rugidos incluidos :-). También hicimos coches (no podía ser de otra manera) y nos echamos algunas carreras. Supongo que a las niñas les gustará hacer collares, pulseras y anillos (a mí me encantaba ;-)).

Ahora os toca a vosotros contarme a mí si vuestros peques juegan ya con la plastilina y qué es lo que más les gusta hacer con ella. Estaré encantada de leeros y así, entre todos, intercambiamos ideas ;-).

22May/13

… de la hora del baño

bañera

Para mí, el día tiene 4 fases. La primera va desde que me levanto hasta que el Peque se echa la siesta. La segunda fase va desde que se duerme hasta que tengo que ir a buscar a los Mayores al colegio. La fase 3 va desde este último momento hasta que todos están durmiendo plácidamente. La cuarta fase abarca el ratito que el Tripadre y yo estamos solos hasta que nos vamos a la cama.

Como os podéis imaginar, la fase 3 es la más estresante del día. Empieza conmigo y el Peque saliendo rápidos a por los Trastos mayores y consta de: recogida en el colegio, meriendas, baños, juegos y cenas. E implica organizarme bien si quiero pasar un ratito jugando con los Trastos, todos juntos.

Una vez superadas las peleas por ver quién entra primero en casa y después de que todos hayan merendado, empiezo con los baños de los Mayores. Al principio les bañaba a los dos juntos, para ahorrar tiempo, pero lo he dejado porque supera mis fuerzas (mi espalda lo sabe) y mi paciencia. Puede darse el caso de que los dos estén en plan “no me toques ni salpiques”, lo que en una bañera es bastante complicado, o bien puede que los dos estén en modo compincheo y entonces soy yo la que entra en modo “esto no es una piscina” junto a “no salpiquéis a mamá”. Todo es inútil. Así que he decidido bañarles por separado.

Como en todo, hay días y días, pero básicamente se pueden resumir en que el Mediano se cree un tiburón que bucea por los mares y se zambulle cual delfín (doble tirabuzón incluido) y el Mayor prefiere hacer olas en el agua con el “suave” vaivén de su cuerpo. Uno detrás de otro consiguen que en nuestro baño nos bañemos tres. Por turnos, eso sí.

Pasa la tarde y se acerca la noche. Cuando los Mayores han cenado o están a punto de terminar, le toca su turno al Peque. Y está aprendiendo a chapotear en el agua. Y el grifo le llama mucho la atención. Y aún le falla el equilibrio en el agua. Y yo no doy a basto lavándole mientras intento que no se estampe contra el grifo a la vez que tengo que resignarme mientras me duchan por segunda vez.

¿Y el Tripadre? Pues a todo esto está trabajando. Con suerte llega para acostar a los Mayores. Con mucha suerte llega para darle las buenas noches al Peque. Así que aquí la que suscribe les baña de lunes a jueves. A los tres. Yo sola. El Tripadre les baña el fin de semana (que empieza el viernes), pero sólo a los Mayores. Además, él se aventura más que yo y les baña a los dos juntos. Incluso algunos domingos se duchan los tres a la vez. Pero al Peque casi siempre le baño yo… o me baña él a mí, según se mire.

CONTRAS:

  1. La fregona se ha vuelto mi amiga de penas inseparable. Ya sea para limpiar escapes a los pies del inodoro o para recoger el agua al lado de la bañera.

  2. Siempre les digo que la bañera no es una piscina. Pero claro, explícale tú a un niño pequeño, al que el agua le llega casi a las rodillas, que no puede bucear en la bañera. Y de los salpicones mejor no hablo.

  3. Al bañarles por separado, se me va casi toda la tarde. Intento hacerlo rápidamente, pero ellos tienen su propio ritmo y les divierte mucho el agua. Para ellos es un juego más, aunque yo esté deseando acabar pronto.

  4. Echo de menos un tercer ojo y dos manos más para poder controlar al Trasto que tengo delante y que no se dé un golpe fuerte (que alguno ha caído ya).

PROS:

  1. Al bañarles por separado, me pueden contar qué tal les ha ido el día, si han aprendido alguna canción nueva o si han discutido en el colegio. Con el Mayor puedo jugar al veo-veo o a las palabras encadenadas. Con el Mediano suelo contarle un cuento. Con el Peque todo son risas y juegos con el agua.

  2. Cuando salen del agua y tienen frío, quieren que les coja y les arrope. Dura apenas unos minutos, hasta que entran en calor, pero creo que es uno de los pocos momentos en que aún me dejan que les coja y abrace como cuando eran más pequeños. Entonces la que moja el baño soy yo con mis babas…

  3. Aún no estoy teniendo mucho éxito, pero de vez en cuando les insisto a que se enjabonen solos con la esponja, para que vayan aprendiendo a bañarse solos. El lavado de cara lo tenemos conseguido :-).

Sé que pronto se bañaran solos. Cuando menos me lo espere, serán lo suficientemente mayores como para bañarse sin mi ayuda. Y, como me conozco, sé que echaré de menos este ratito de confidencias conmigo. La fregona no, a ella aún le queda mucho tiempo rondando por el baño.

17May/13

… de dejar el pañal

Pañales y calzoncillos logo

Nada más nacer tu bebé, empiezas a oír aquello de que “cada niño tiene su propio ritmo”, “no compares a tu hijo con los de tu vecina” y sucedáneos. Y te lo crees. Si tu hijo tiene año y medio y no anda, no pasa nada, ya andará, no hay por qué preocuparse y, sobre todo, no le fuerces. Que va a la guardería y todos los de su clase hablan por los codos y el tuyo apenas dice “mamá”, no compares que es peor, ya hablará, seguro que cuando empiece no hay quien le calle. ¿Os suena?

Bueno, pues todo esto es válido… hasta los 3 años. ¿Qué pasa entonces? Pues pasa que tiene que empezar el colegio y tiene que ir con los deberes hechos. A saber: se acabaron los purés, el niño tiene que comer sólidos, y se acabó el pañal, debe saber ir al baño solo o, en su defecto, pedirlo a la profesora (con tiempo, a poder ser). Da igual que haya nacido en enero o en diciembre. Bueno, pues hoy vengo a hablar del adiós al pañal.

Con el Mayor tuvimos suerte. En la guardería se dieron cuenta de que podría estar preparado para quitarse el pañal con dos años y poco. Nos lo propusieron y nosotros accedimos a probar. Y no nos fue del todo mal. Fue un verano marcado por la fregona y montones de calzoncillos de la talla mini, pero consiguió no usar pañal durante el día. Su mayor problema era que aguantaba demasiado y, para cuando quería ir al baño, ya era tarde. Algo normal y habitual en esta etapa. Sin embargo, hubo, como siempre, voces que “nos aconsejaban” volver a ponerle el pañal porque era mucho trabajo ir limpiando escapes. Pero nosotros confiamos en nuestro hijo, le dimos tiempo y comprensión. Enfados cero.

En este caso, nos ayudó bastante un orinal que emitía una musiquilla cada vez que caía algo, sólido o líquido. Mi hijo se ponía muy contento y le encantaba hacer sus necesidades allí. También ayudó el que le permitiéramos acompañarnos al baño si quería para ver cómo se hacía aquello.

El Mediano fue otra cosa. Estando a punto de cumplir los 3 años, estuvimos casi obligados a quitarle el pañal porque tras el verano empezaba el colegio. Si hubiera dependido de nosotros, hubiéramos esperado a verle más preparado, pero no pudo ser. Y poco a poco fuimos retirando el pañal, al principio a ratitos cortos y, después, más largos.

Esta vez, el orinal no ayudó mucho. Fue más el hecho de ver a su hermano mayor ir al baño. Es más, como el Mayor ya hacía pis de pie, el Mediano se empeñaba en hacerlo así también, pero aún no llegaba, ¡pobre! A mí me hacía gracia, pero él no entendía por qué no podía y mojaba el suelo. Menos mal que fue cuestión de tiempo y que está en pleno crecimiento :-).

CONTRAS:

  1. Hay que estar muy pendiente para evitar los escapes o minimizarlos al máximo. Después de un tiempo, aprendes a diferenciar la cara que pone cuando se le está escapando algo.

  2. En casa, hay que tener preparada la fregona. Y la paciencia también. Lo que hacía yo era sentarle a esperar que se secara el suelo, para que fuera consciente de lo que había pasado. Y nada de enfados. Están aprendiendo.

  3. En la calle, hay que llevar siempre ropa de cambio suficiente como para varios escapes. Y yo os diría que algún pañal también por si le entran ganas de hacer caca.

  4. Hay que comprar muchos calzoncillos (o bragas). Si son de dibujos que le gusten mucho mejor. Da igual que sea verano y que la ropa se seque más rápido. Ten en cuenta que, después de limpiar los escapes, es probable que no tengas ganas de lavar también la ropa. Yo me esperaba al tercer escape para lavar una tanda de ropa porque, si no, me tenía que pasar el día lavando. Y a mano, porque no vas a poner una lavadora para un calzoncillo y un pantalón.

  5. En cuanto pidan ir al baño, tendrás apenas unos segundos para reaccionar. Entrarás en los sitios y lo primero que buscarán tus ojos será el baño, por si tienes que salir corriendo. Bienvenidas al mundo de los baños públicos.

  6. Los consejos sobre este tema también te llegarán sin pedirlos. Algunos, incluso, te harán dudar. Habla con el padre (o la madre) y decidid qué vais a hacer, cuándo y cómo y haced oídos sordos a todo lo que no os ayude a lograrlo.

  7. Como todo lo relacionado con los niños, vas a poner a prueba tu paciencia. Respira.

PROS:

  1. El pis de un niño de esa edad aún no es como de un niño mayor. No huele tan fuerte ni es mucha cantidad, aunque a veces lo parezca.

  2. Si la operación pañal se realiza en verano, siempre habrá menos ropa que lavar porque puede ir sin pantalones por la casa.

  3. Cuando pases dos días sin escapes, sentirás una alegría inmensa.

  4. Cuando llevéis cuatro escapes en una hora, antes de tirarte de los pelos, piensa en todo el dinero que te vas a ahorrar en pañales. Quizás al principio pienses que el dinero de los pañales lo gastas en agua y detergentes, pero eso es sólo al principio. Antes o después, todos los niños acaban sin pañal.

  5. En cuanto tu hijo consiga controlar sus necesidades, va a coger muchísima confianza en sí mismo. Aplaúdele sus logros. Le va a encantar ir sin pañal.

Para lograr decir adiós al pañal sin traumas, es necesario que el niño esté preparado y que vosotros, los padres, estéis convencidos. No vale echarse atrás al tercer escape. Hay que ser constante, sobre todo, para que el niño no se haga un lío (puede darse el caso de que ya no sepa si lleva o no pañal). Y, como dije antes, todo lo que no os ayude en vuestra decisión, ignorarlo. Nadie mejor que vosotros conocéis a vuestro hijo, sabéis si está o no preparado o si es mejor volver al pañal o perseverar en su retirada. ¡Suerte!

15May/13

… de portear

Boba Air

El otro día, La orquídea dichosa sorteó, gracias a Kangarunga, una mochila Boba Air. Yo no he porteado a ninguno de mis Trastos. Con el Mayor, dejé caer estando embarazada que me gustaría una mochila. Pero no llegó nunca. Con el Mediano no me hice ilusiones. Y con el Peque ni lo mencioné. ¿Por qué no me la compré yo? Pues en parte por desinformación y en parte porque no sabía el uso real que podría darle, ya que teníamos carrito de bebé, y gastarnos el dinero para no aprovecharla mucho nos echaba para atrás.

Continue reading

13May/13

… de cruzar en rojo

Por favor, en rojo, NO

Con la entrada de hoy, me sumo a la campaña de La orquídea dichosa para no cruzar los semáforos en rojo, al menos cuando haya niños delante, propios o ajenos. Para poner mi granito de arena, voy a contaros lo que me pasó el otro día cuando volvía del colegio con mis Trastos.

Yo siempre que voy con mi hijos cruzo por los pasos de peatones y, si hay semáforos, espero a que el monigote se ponga en verde para cruzar. Cuando voy sola, también suelo hacerlo, aunque algunas veces reconozco que no lo hago si voy con prisas (y esas veces es cuando me siento súper intrépida, jajaja). Como ahora tengo hijos, si tengo la tentación de cruzar y veo que hay niños esperando también, me paro y no cruzo. Me sale solo. Sé lo importante que es predicar con el ejemplo, tanto para mis hijos como para cualquier niño, pues entiendo que sus respectivos padres estarán, como yo, educándoles en ese aspecto.

El caso es que hace unos días, volvía con mis hijos y, al llegar a un semáforo, el monigote estaba en rojo. No venía ningún coche. Era consciente de que podríamos haber cruzado sin problema. Pero como iba con mis hijos (uno de ellos en un carrito), decidí no cruzar y respetar el semáforo. En ésas estábamos cuando apareció un hombre, miró a ambos lados, dedujo que era seguro cruzar y cruzó.

La cara de mis hijos era un poema: ojos abiertos al máximo, veían al muñeco en rojo y al hombre cruzando. En seguida empezaron a gritarle: “¡que está en rojo! ¡No se puede cruzar! ¡Eso está mal! ¡Fatal!”. Yo podría haberme muerto de vergüenza por la reacción de mis hijos… quizás hace unos años, pero hoy por hoy no. Era ese hombre quien debería avergonzarse. Sin embargo, no lo hizo. Aún iba cruzando la carretera cuando se volvió a mirar a mis hijos, sonrió y dijo que él podía hacerlo porque era mayor. ¿En serio? ¿Puede saltarse las normas por ser adulto? O_O

Ésa no es la lección que yo quiero enseñarles a mis hijos. Cuando el hombre ya se había ido, mis hijos se volvieron hacia mí.

– Lo ha hecho mal, ¿verdad, mamá?

– Sí, lo ha hecho muy mal.

– Pero dice que puede porque es mayor.

– Sí, es mayor, pero aun así lo ha hecho mal. Tenía que haber esperado a que el muñeco se pusiera verde, como nosotros. Si hubiera venido un coche, le hubiera pillado, por muy mayor que sea. Si vamos andando, hay que esperar a que el muñeco se ponga verde. Siempre.

– Entonces, ¿nosotros lo estamos haciendo bien?

– Sí, nosotros sí lo hemos hecho bien. Él no.

No pude si no sentirme orgullosa de mis hijos.

CONTRAS:

  1. Es un rollo esperar en un semáforo en rojo cuando ves que no vienen coches. Más aún si tenemos prisa.

  2. Como aún voy con carrito y como con el Mayor tuve dos malas experiencias en las que por poco no se llevan a mi hijo por delante (los hay muy listos al volante), aunque esté en verde, siempre espero a ver parado el coche del todo. Esto lo hago tanto en semáforos como en pasos de cebra. Si esperar a que el semáforo cambie es un rollo, esperar más tiempo a que el coche se detenga es más rollo.

  3. Es difícil educar a los niños, en cualquier aspecto (civismo, buenos modales, respeto, tolerancia…).

PROS:

  1. Ahora mis hijos van conmigo y si yo digo que hay que esperar, esperamos. Pero quiero pensar que estoy (estamos) asentando las bases para que lo hagan bien cuando llegue el momento de que vayan solos por la calle.

  2. ¿Conocéis el dicho que reza “fíjate en lo que digo y no en lo que hago”? Pues con niños no vale. Hay que predicar con el ejemplo. Siempre. El hecho de ser adultos no vale como excusa.

  3. Educar es difícil, sí, pero también es reconfortante cuando ves que tu esfuerzo ha dado sus frutos y tus hijos saben cuándo algo está bien y cuándo está mal.

  4. La reacción de mis hijos le hizo gracia a aquel hombre. Pero tenían toda la razón del mundo. Si reaccionaron así, eso significa dos cosas. Una, que saben cuándo hay que cruzar y dos, por tanto, no lo estoy (estamos) haciendo tan mal ;-).

Así que, por favor, recordad que en rojo no se debe cruzar, sobre todo si hay niños delante, da igual que sean los tuyos propios o sean niños ajenos. En rojo no, por favor, así evitaremos sustos innecesarios, heridas (da igual si son leves o graves) y, en los casos más extremos, muertes.

22Abr/13

… de viajar con niños

Esta semana en Madresfera, el tema de la semana son los viajes con niños. Y como yo, trimadre, algo del asunto creo que sé, he pensado en compartir aquí mi experiencia. Además, sortean la silla Assure de Graco Baby España. Teniendo en cuenta que el Mediano va a pasar dentro de poco al grupo 2-3, nos vendría de maravilla. Así que aquí vamos.

Cuando era pequeña, irnos al pueblo significaba madrugar. Y mucho. A eso de las 4 o 5 de la mañana ya andábamos levantadas mi hermana y yo. Que no despiertas. Cuando llegábamos a casa de mi abuela, apenas se había levantado ella. Había dos razones para tal madrugón. Una era que así hacíamos el camino durmiendo y no nos mareábamos. Lo que tenía su lógica, pues antes no existían las carreteras de ahora y yo sólo recuerdo curvas y más curvas. Que yo me durmiera o no, era otra historia. La otra razón era que había menos coches. Y eso también era verdad, aunque lo que sí recuerdo son muchos camiones…

El caso es que aquello de madrugar para irnos de viaje fue algo que llegué a odiar profundamente. Suerte que al Tripadre tampoco le convence. Así que nosotros solemos salir después de desayunar. Quien crea que dicha hora es sobre las 9 anda muy errado. Siempre hay un Trasto que se descuelga. Uno que, ese día, por la razón que sea (que le venga bien a él, por ejemplo), decide que el desayuno que se suele tomar en 10 minutos, ese día va a durarle media hora larga.

Después está el tema de las maletas. Que siempre intentamos tirar… digo… meter cuidadosamente en el coche, como si estuviéramos jugando al Tetris. Vamos, que sólo nos falta la música del juego. Pero siempre hay algo que no se puede meter hasta ultimísima hora. La bolsa de la comida, por ejemplo. Teniendo un bebé de un año, todavía andamos con los purés y las rutinas de comida. Cuando llega la hora de comer, tiene que comer. Da igual si estamos en casa o en plena carretera sin un área de servicio a la vista. Porque ésa es otra. Te tiras todo el viaje viendo una tras otra hasta que necesitas una, cuando, misteriosamente, desaparecen hasta después de media hora (si hay suerte).

Tras las maletas, llega la hora de encajar, digo… sentar a los Trastos. Una vez sentados y abrochados, encajamos el resto de bolsos. Y ahí que nos vamos. Rumbo a lo desconocido. A los 10 segundos de salir, el Mayor ya está preguntando cuánto queda para llegar. Da lo mismo que vayamos al centro comercial que está a 5 minutos o a la playa, que se tardan 5 horas.

Para sobrellevar el viaje y que no se haga eterno, nosotros hemos optado por los DVDs portátiles. Hace tiempo, cuando el Mayor sólo era un mico avispado y el Mediano era el pequeño, los compramos. Una selección de películas y series para cubrir el viaje y ya. Pero no todo es de color de rosa… y en mi casa menos ;-).

CONTRAS:

  1. No sé porqué, pero siempre se les antoja ver la película que no está puesta. Así que tengo que sacar mis dotes de contorsionista (cero, para quienes no me conozcan) y cambiar el disco. Teniendo en cuenta que el aparatejo en cuestión va enganchado al reposacabezas y que los cables no da para ponérmelo delante y maniobrarlo a gusto, tengo que retorcerme hacia atrás y siempre acabo mareada. Aunque, ahora que lo pienso, la próxima vez conduzco yo y que se las apañe el Tripadre para cambiar el DVD :-).

  2. De momento, el Peque no opina, pero los otros dos mayores tienen mucho que decir. Por lo general, uno quiere ver justo lo que no quiere ver el otro y viceversa. Es un bucle infinito que creo que podría durar hasta llegar a nuestro destino.

  3. El sonido. Siempre parece estar bajo, aunque a mí me vaya retumbando en los oídos. Será que yo tengo el aparatejo justo detrás de la nuca y ellos no.

PROS:

  1. Las pelis de los viajes son las únicas que mis Trastos ven de principio a fin. Porque van abrochados a la silla, ya lo sé. Pero no por eso me dan menos ganas de meter las sillas del coche en el salón un sábado a eso de las ocho de la mañana.

  2. Entre que no pueden levantarse y el chacachá del coche, a veces, se dice, se comenta, se rumorea… que se quedan dormidos. Nunca más de media hora, que nadie se lleve a engaño.

  3. Una vez solucionado el tema de qué ver y llegados a un consenso (de nuevo me viene a la mente el rey Salomón), parece que, tras 10 minutos de recursos (que ya me río yo del Tribunal Superior de Justicia), los Trastos están dispuestos a ver la película elegida hasta el final… o hasta que se duerma el que se ha salido con la suya, circunstancia que aprovechará el otro para pedir un cambio de película (véase el contra 1).

El caso es que, aún no sé cómo, entre Dora y Lorax, conseguimos llegar a nuestro destino. Además, desde que empecé a coger el coche sola, me he dado cuenta de que, para que no me desconcentren (aún estoy verde en esto de la conducción), me vienen genial. Y como el Mayor ya ha aprendido a encenderlo él solo, ya casi ni tengo que molestarme en cambiar el disco. Espero que los DVDs portátiles no se rompan nunca porque el día que eso pase, me veo corriendo a la tienda a por otro con la misma prisa que si de la lavadora se tratara.

Por cierto, estoy segura de que, si esto lo escribiera el Tripadre, la historia cambiaría bastante… se siente, la que escribe es moi ;-).

08Abr/13

… del puré

Después de hablar de la lactancia y del biberón, la lógica me dice que ahora toca hablar de purés. Tarde o temprano, todo bebé necesita alimentación complementaria, la leche (de pecho o de biberón) ya no es suficiente y debe probar alimentos nuevos. Es la época en la que se descubren algunas alergias alimenticias (al pescado, al huevo…). Se puede optar por el método baby-led weaning (BLW), que básicamente consiste en darle al bebé alimentos sólidos, sin pasar antes por el puré. A quien quiera saber más sobre este método, lo que es y cómo se aplica, le recomiendo encarecidamente que se pase por el blog de Annabel.

Yo opté por los purés. Más que nada porque desconocía otros métodos (como el BLW). No sé por cuál hubiera optado de saber que había alternativas al pué, la verdad. La cuestión es que mis tres hijos han comido purés. El Pequeño está en ello ahora mismo. Así que, como siempre, aquí os dejo de relación de contras y pros. ¡Empezamos!

CONTRAS:

  1. Las cantidades. Según el primer pediatra al que acudí (allá cuando el Mayor era un bebé) me dio la siguiente relación: 20 g de pollo por 200 g de verduras en cada toma de puré. Os podéis imaginar, como madre primeriza que era, cómo iba con la báscula (de cocina, se entiende) pesándolo todo. Exactitud al máximo. Nada de 22 g de pollo, tenían que ser 20 g exactos. Y con la verdura lo mismo. Como anécdota, os diré que cuando mi primer bebé probó el arroz, ni corta ni perezosa, eché los 20 g de pollo con 200 g de arroz. Aquello ni era papilla ni era nada. Una plasta en toda regla que, lejos de probarla mi bebé, tuvo que ir directamente a la basura. Por cierto, yo ya con el tercero lo hago a ojo. La báscula me echa de menos.

  2. El tiempo. Si el bebé en cuestión come bien el puré, estupendo. Pero si no, puedes pasarte un buen rato cucharita va, cucharita viene. Cansado el bebé, cansado quien le dé de comer. Con lo fácil que era arrimarle al pecho y entretenerte viendo la tele, leyendo algo o simplemente mirándole embobada mientras mamaba, ¿verdad?

  3. Si al bebé le da por hacer pedorretas (pasa más veces de las que nos gustaría recordar), va a haber puré hasta debajo de los armarios. Que al principio te hace gracia, mírale, qué mono el bebé, si sabe hacer pedorretas… qué tierno, se ha puesto de puré hasta las orejas, sí, pero es taaannn mono… A la quinta, ni mono, ni mona, ni orangután ni nada. Te lo tomas como algo personal. Cuando el puré llega hasta tus orejas, empiezas a maldecir el día en que le enseñaste a pedorrear. Si quien se lo enseñó fue otra persona, le declaras ahí mismo odio eterno. Y, si además, dicha persona aún no se ha estrenado en esto de la pa/maternidad, decides que lo primero que le enseñarás a su vástago será a hacer pedorretas, a la hora de la comida a poder ser.

  4. El puré hay que prepararlo. Y con más antelación que el biberón. Con el biberón sólo hay que calentar el agua y echarle los polvos. Y ya. El puré hay que hacerlo antes porque hay que batirlo y dejar que adquiera la temperatura adecuada para no escaldar la lengua del bebé. Y luego, además, hay que fregar la olla, la batidora y demás.

  5. Cuando salimos fuera de casa, hay que calentarlo. Esto implica encontrar un sitio donde te hagan el favor. Y, una vez que te lo hacen, esperar para que no esté ni demasiado frío ni demasiado caliente (a ver cómo le explicas a un bebé hambriento que ese puré que tiene delante quema demasiado para que se lo coma ya y que ni soplando consigues que se temple…). Después de tres niños, yo me hice con una bolsita térmica y, antes de salir de casa, caliento el puré a tope y lo guardo ahí. Así mantiene el calor y, si calculo bien, se lo puedo dar a su hora sin depender de tener que calentarlo fuera de casa.

PROS:

  1. Como pasa con el biberón, el puré se lo puede dar cualquiera. Puedes dejar a alguien encargado de dárselo al bebé e irte a hacer otras cosas (como una ducha o comprar verdura para el siguiente puré).

  2. Ya que te pones, puedes hacer purés para varios días. La olla a presión (exprés, rápida) para esto es genial. Multiplicas las cantidades, lo repartes en recipientes y al congelador. Ahí lo tienes para varios días. Así no es necesario liarte todos los días en la cocina. Yo lo hago una vez a la semana.

  3. Creo firmemente que mi bebé nunca volverá a comer tantas verduras juntas como en este periodo de su vida. Madre mía la cantidad de verdura (vitaminas, minerales) que se mete para el cuerpo. O quien sabe, quizás te pase como a mis Trastos mayores, que ahora han empezado a aficionarse a los purés de verduras a base de ver al Pequeño los platazos que se mete entre pecho y espalda. Alguna cucharadita le han regateado al Peque. Y eso que para el bebé los hago sin sal…

  4. El puré les llena. Es tontería, me llena a mí, imaginaos a un bebé con el estómago más pequeñito. Así que normalmente, después de comer, la siesta se la echa sin problemas. Al menos eso me ha pasado a mí con los tres.

Dentro de poco, empezará con la comida sólida. Cuando empiece a guiarse por los ojos y a decir “esto no me gusta” sólo porque sea de un determinado color o tenga cierto aspecto, estoy segura de que echaré de menos esta etapa en la que se comía todo lo que yo le echara al puré. Y, para que no se me olvide, tengo que hacerle una foto pringado hasta los codos, porque, por mucho que se manche y por mucho que tenga que limpiar yo después, en las fotos así, los bebés están taaannn monos… 😉

06Abr/13

… del masaje Shantala para bebés

Cuando estaba embarazada del Mayor, fui a clases de preparación al parto. Fue la única vez, pues al llevarse poco tiempo, lo tenía todo muy presente. Además, tuve la precaución de tomar notas que pude consultar durante mis siguientes dos embarazos. Nos contaron cosas muy interesantes, la verdad es que no tengo queja alguna de aquellas clases. No sé si es porque se trataba de mi primer hijo y yo era ignorante en muchas cosas de la maternidad o que tenía las hormonas bailando jotas, pero lo recuerdo todo con mucho cariño. Una de las cosas que nos enseñaron es el masaje Shantala que, según nos contaron, proviene de la India.

Yo se lo di a mi bebé y he de decir que, teniendo un poco de tiempo, es estupendo tanto para el bebé como para la madre, aunque, por supuesto, también se lo puede dar el padre o cualquier otra persona. Yo intentaba dárselo todos los días sobre la misma hora. A mi entonces bebé le encantaba. Lo que nos recomendaron en el curso fue darlo con aceite de uva y unas gota de lavanda. Así se relajaban más. Y, la verdad, mi bebé se relajaba.

CONTRAS:

  1. Sí, he dicho aceite. Así que sí, pringa. Cuidado con qué tocáis con esas manitas dulces, sí, pero también pringosas después de dar el masaje al bebé.

  2. La esencia de lavanda es algo carilla para el botecito en el que viene. No obstante, como sólo se usan unas gotitas por litro de aceite, cunde mucho. Por cierto, ambas cosas se pueden encontrar fácilmente en herbolarios y son aptas para pieles sensibles. De todas formas, nunca está de más preguntar al pediatra o al del herbolario.

PROS:

  1. Es contacto físico y, al igual, que dar el pecho, abrazarle o besarle, ayuda a fortalecer el vínculo madre-hijo. Aunque, como digo, se lo puede dar el padre o cualquier otra persona.

  2. Es indicado para bebés, pero también se le puede dar a niños pequeños.
  3. Puede ayudar a eliminar los cólicos o el estreñimiento.

  4. Relaja al bebé y, si se le da antes de dormir, le ayuda a conciliar el sueño.

  5. Bien dado, se lleva su tiempo. Una vez que lo tengáis dominado podéis acortarlo en función del tiempo del que dispongáis, haciendo más ahínco en lo que queráis reforzar (cólicos, sueño…).

  6. Aunque lo más aconsejable es darlo con aceite, porque así el movimiento de las manos es mejor, también se puede dar con la cremita hidratante que utilicéis normalmente con vuestro bebé.

  7. Cuanto más le deis este masaje a vuestro bebé, más predispuesto estará a recibirlo. Quizás el primer día penséis que no ha servido de mucho. Bueno, hacerlo durante una semana y luego me contáis ;-).

Y, llegados a este punto, os preguntaréis ¿y cómo se da este masaje tan fantástico? Pues si me pongo a explicároslo os podéis morir del aburrimiento o no entender nada. Es un poco lioso de explicar, pero muy sencillo de dar. Así que, como dicen una imagen vale más que mil palabras, os dejo a continuación un vídeo con el masaje Shantala que más se parece al que me enseñaron a mí.

Si os animáis a probarlo, no dudéis en contarme cómo os ha ido. Estaré encantada de compartir experiencias :-).

02Abr/13

… de que su abuela sea mi madre

Me enorgullece decir que mis hijos tienen a su disposición a sus cuatro abuelos. Cuatro personas fantásticas y maravillosas que se desviven por ellos. Les quieren, les adoran y siempre están ahí para echarme una mano (si la necesito) cuando el Tripadre anda en su eterno horario laboral o de viaje. Desde aquí, gracias.

Por otro lado, el Tripadre y yo siempre les decimos a los Trastos que siempre hay que hacer caso a papá y a mamá. El problema viene cuando yo digo una cosa y mi madre, su abuela, les dice otra. Dejaré hoy a un lado el tema de la autoridad pa/materna para centrarme en otra cosa, porque, en mi caso, se merece una entrada a parte.

Un ejemplo. La abuela les dice que, después del baño, pueden ver una película. Ellos corren raudos y veloces a decirme qué peli quieren ver. Yo miro el reloj y les digo que peli no hay, hay dibujos normales en la tele, si quieren. ¿Por qué? Pues porque la película dura hora y media larga y, después del baño, sólo les queda una hora antes de irse a la cama. Sé que no van a consentir en dejar la película a medias, pero si les dejo verla entera, al día siguiente cuesta horrores que se levanten de la cama para ir al cole. Pues bien, ya está servido el drama.

Les explico que no les da tiempo a verla entera. Ellos me regatean, están dispuestos a renunciar al baño para que les dé tiempo. Por un momento dudo, total, porque no se bañen un día no pasa nada, ¿no? Entonces caigo en que el Mediano trae el pelo lleno de arena, fruto del recreo, y en que el Mayor ha tenido fútbol. Hoy toca baño sí o sí. Les digo que no, que mejor mañana, se bañan antes y les pongo la película que quieran (que no se confunda nadie, tardan media hora en ponerse de acuerdo porque, por lo general, la peli que quiere ver uno, no quiere verla el otro… y así un buen rato). El Mayor me ha visto dudar, sabe que puede insistir un poco más. Lo hace. Vuelvo a acordarme de la arena. Digo que no. Ven que están perdiendo la batalla contra mí y recurren al último cartucho que les queda.

– Mamá- me dice el Mayor muy serio-, tú siempre nos dices que hay que hacer caso a mamá y a papá, ¿verdad?

– Sí. Es que siempre hay que hacer caso a mamá y a papá.

– Pues la abuela ha dicho que podíamos ver una peli.

– ¿Y?

– Pues que la abuela es tu madre y tú deberías hacerle caso. Así que tienes que ponernos una peli.

Mi cara es un poema. ¿En qué momento de su vida, ese pequeñajo, ese pipiolo, ese mico de cinco años ha sido capaz de hacer tal asociación de ideas y ponerme en jaque a mí? Me doy cuenta de que está a punto de ganarme con mis propios argumentos. Esto puede asentar unas bases terribles para el futuro. Ya me veo llamando a mi madre para preguntarle si hoy pueden ir en manga corta porque ellos quieren, pero yo no veo que el día esté para ir así de frescos. ¿Va a mandar la abuela más que yo, que soy su madre? Por ahí no paso. Ya le veo la cara de satisfacción. Dudo un segundo. Me recompongo y muy digna le digo:

– Ya, pero tu madre soy yo, no la abuela. Y ésta es la casa de mamá y de papá, no de la abuela, así que aquí se hace lo que digan papá y mamá, nadie más.

– Joooo…

Y se va, resignado al salón. Yo sonrío, he ganado. He conseguido salir de una situación delicada. Me siento orgullosa de mí misma. Creo que he dado con el quid de la cuestión. Si pudiera, me daba un beso. Qué diantres, palmaditas en la espalda, que ahí sí llego. Yo también me voy al salón, dispuesta a negociar qué dibujos ponemos después del baño.

– ¿No les vas a poner una peli? – pregunta mi madre.

– No les da tiempo después del baño.

– Pues no les bañes hoy. No les va a pasar nada.

– Tienen arena en el pelo. Tengo que bañarles.

– Pues les peinas y ya está.

– Pero es que el Mayor ha tenido fútbol y habrá sudado.

– Ya ves tú lo que puede sudar un niño de esta edad.

– Bueno, voy a bañarles, que me quedo yo más a gusto sabiendo que se acuestan limpitos.

– Tú verás, que eres su madre. Pero mira que dejarles sin peli…

– Voy a prepararles el baño.

Está claro que no todas las batallas se ganan a la primera.

CONTRAS:

  1. Es cierto, las abuelas y los abuelos son los padres y madres de mamá y papá. Pero eso no significa que manden más que nosotros, que al fin y al cabo somos los padres de nuestros hijos.

  2. Se dice que los padres crían y los abuelos malcrían. ¿Y dónde está el límite de malcríar?

  3. Cuando era pequeña, siempre oí a mi padre decir aquello de “yo soy tu padre y harás lo que yo diga”. Pues bien, ahora la madre soy yo. Exijo respeto sobre mis decisiones.

PROS:

  1. Prefiero tener esa discusión con mi madre cien veces a que no estén presentes en la vida de mis hijos. Son sus abuelos y les quieren con locura.

  2. Siempre estaré eternamente agradecida con la ayuda que me prestan los abuelos. Hay veces en que no puedo hacerlo sola… a menos hasta que se invente la máquina de la ubicuidad. ¿Alguien sabe dónde la venden?

Cuando mis hijos eran bebés, no se enteraban de la mitad de las cosas. Ahora han crecido y, aunque a mis ojos, sigan siendo pequeños, ya son personitas con capacidad de asimilación y comprensión. Tienen sus propios gustos y saben qué quieren y qué no. Ante dos respuestas contradictorias, escogerán siempre la que más les convenga a ellos. Los adultos también lo hacemos. Es algo normal. Por eso es importante mantener una cierta coherencia en lo que se les dice. Da lo mismo que se trate de papá y mamá o de papá y la abuela, si se dan discursos contradictorios, los niños no sabrán a qué atenerse. Para mí, la palabra clave es coherencia. Y dejarles bien claro a quién deben hacer caso siempre.

¿Os ha pasado algo similar alguna vez? ¿Cómo lo habéis resuelto?

20Mar/13

… de mear de pie

Yo creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado ser un hombre. ¿Por qué? Pues porque ellos no tienen que depilarse por obligación y, además, pueden mear de pie. Lo de la depilación lo dejaré para otro día. Hoy me centraré en lo segundo. Por favor, que levante la mano la señorita o señora que, una noche de sábado cualquiera, harta ya de bailar porque si se queda quieta se mea encima, no haya ido rápida y veloz hacia los baños, ha aguantado una cola que creía que no aguantaría, para entrar, por fin, en el aseo, se ha bajado los pantalones mientras se subía la pernera del pantalón para no mancharse con el charquito del suelo, se ha puesto de cuclillas porque la taza estaba aún peor que el suelo y, así, en esa postura tan poco femenina, no ha deseado ser un hombre para tener que bajarse sólo la cremallera para poder vaciar la vejiga. Como decía, manos levantadas, por favor… ¿Nadie? Ya me imaginaba yo. Pues eso, todas, sin excepción, en algún momento hemos deseado ser un hombre. Afortunadamente, luego se nos pasa.

Este gran chollo que es mear de pie pierde toda su aura mágica cuando empiezas a convivir con un hombre. Un hombre que a veces se acuerda y otras veces no de subir la tapa del inodoro. Y cuando vas tú a hacer lo propio, te encuentras limpiando la tapa con un trocito de papel higiénico mientras bailas el “me meo, me meo”. Por lo general, con un hombre adulto, la cosa queda ahí.

Ayer me dispuse a limpiar los baños. Por si hay alguien nuevo por aquí, recuerdo que tengo tres hijos como tres soles. Al Pequeño ahora no le cuento porque es un bebé con su pañal y todo. Pero los otros dos Trastos… madre mía la que me lían. Ahora que al padre ya le tenía concienciado de la importancia de la tapita y de limpiar lo que se ensucia. Ahora tengo que lidiar con esos pequeños proyectos de hombres de bien. Y todo hombre de bien que se precie no debería jugar con su susodicho mientras mea. Porque, ay, amigas, ya no es que se salgan, cosa que entiendo porque están aprendiendo y, en el caso del Mediano, hasta hace poco no llegaba de pie a la taza y no quería hacerlo sentado porque su hermano mayor no se sentaba. Pues como decía, no es que se salgan, es que el chorrito en cuestión llega a la pared o a la ducha de al lado si hace falta. Y cuando están mosqueados el uno con el otro, si van juntos a hacer pis al baño, intentan mearse el uno al otro. Las que tenéis niñas, niñas que mean sentadas y no se salen, no sabéis lo que tenéis en casa.

CONTRAS:

  1. Hay que aprender a apuntar. No vienen con ello de serie. Y, al parecer, es algo que cuesta lograr.

  2. Cuando me quejo de cómo está el baño, la tiquismiquis soy yo. Y no ellos unos guarros.

  3. Hacen piña. Sí, como lo leéis. Aquí el adulto hace piña con los Trastos y se tapan los unos a los otros. Estoy en inferioridad numérica. Y me consta que están empezando a darse cuenta de ello. Me da miedito el día que hagan piña con asuntos más serios.

PRO:

  1. A pesar de todo lo que yo les diga, ellos siguen siendo hombres. Siguen siendo capaces de mear de pie. Cuando entro en un baño público lleno de charquitos, sigo queriendo ser un hombre… hasta que salgo por la puerta. Luego recupero mi cordura.

  2. Pueden escribir con el chorrito. Ahora bien, creo que un “Te quiero” escrito en la arena perdería todo su romanticismo al saber cómo se ha escrito.

  3. Cuando los niños empiezan a ir por la vida sin pañal, la frase “mamá, pis” está a la orden del día. La pueden soltar en casa o fuera de ella. No importa el sitio ni el momento, ellos tiene que hacer pis. Ya. Más de una vez me he tenido que parar frente a un arbustillo porque no llegábamos a casa. En estos momentos, me alegra que sean niños porque me consta que con las niñas es más complicado. Digamos que este pro es a los niños lo que el baño asqueroso de antes a los adultos.

  4. Quiero pensar que algún día conseguiré que apunten bien. Espero que mis futuras nueras sepan agradecérmelo. Y, si no, espero que mis futuros nietos tengan aún menos puntería que mis hijos.

Conclusión: como hacerles sentarse para mear no es algo habitual en esta sociedad y, para evitar que se rían de ellos en un futuro, voy a dejarles que sigan vaciando vejiga de pie. Ahora bien, en cuanto sean un poquito más grandes, les hago limpiar el baño. A ver si así les duele y ponen más empeño en apuntar y menos en salirse. Si no aprenden a apuntar, al menos, que aprendan a limpiar. Veremos a ver si lo consigo… Deseadme suerte, especialmente aquellas que tengan niñas. Nunca se sabe, quizás algún día nos conviertan en parientes ;-).

13Mar/13

… de privarse

Mi hijo Mediano (pobrecito, que parece que todo le pasa a él) se priva. Cada vez le pasa menos. Cada vez es más mayor. Sin embargo, ayer fue la última vez. A esto se le conoce como espasmos del llanto. Básicamente, consiste en que, cuando va a llorar, en vez de arrancarse, se queda sin respiración. Hay niños que les pasa de rabia, por ejemplo, cuando les quitas un juguete o les dices que no a algo. En el caso de mi hijo, los espasmos siempre los desencadena un golpe.

No soy médica. Soy una madre con un hijo que, a veces, se priva. Y en nuestro caso, la secuencia de hechos va así: primero, mi hijo se da un golpe que no tiene por qué ser fuerte (le he visto darse grandes golpetazos y seguir como si nada y, sin embargo, a veces, con un topecito de nada se priva). Me busca y viene hacia mí. Llega y me echa los brazos, quiere que le coja. A todo esto, no ha sido capaz de empezar a llorar y no puede respirar, ni para adelante ni para atrás, el aire no circula. Imaginaos la cara de un niño pequeño cuando llora, ¿ya? Pues ahora congeladla. Ésa es la cara que tiene. Yo le digo que respire. Él no respira. Empieza a ponerse morado. Le sigo espetando a que respire. Él sigue sin respirar. Se cae al suelo. Las piernas ya no le aguantan. Busco su mirada. Le sigo diciendo que respire. No es capaz de respirar. Si la situación se prolonga, los ojos se le ponen en blanco. Sigue morado berenjena. Los labios pierden color. Mandíbula apretada al máximo. Le grito que respire. No respira. Pienso cuánto tiempo llevará así. Para mí, una eternidad. Me planteo llamar a una ambulancia. Sigo gritándole que respire. Sigue sin respirar. Ya no me oye. Pienso que se me va, que le pierdo ahí mismo, entre mis brazos. El corazón me va a mil por hora. Salgo corriendo hacia un grifo mientras voy pensando dónde coño he dejado el teléfono. Al final respira. Llora. Respiro yo también. Nos abrazamos. Me tiembla todo el cuerpo. Al rato, mi hijo está jugando como si nada. A mí los nervios me duran el resto del día. Todo esto se resume en pánico. Aunque me cuesta escribirlo, tengo que confesar que alguna vez yo he visto a mi hijo prácticamente muerto en mis brazos. ¿Exagerada? Tal vez. Pero ésa fue la sensación que me dio. Quien haya pasado por esto lo sabe.

Según los médicos, es hago normal en los niños pequeños. Tiene que ver con el grado de maduración de su sistema neurológico. Por tanto, cuanto mayores sean, menos riesgo de padecer estos episodios. Te dicen que el niño siempre acaba respirando, que los padres no tenemos por qué ponernos nerviosos. Lo que no te dicen es cómo se consigue eso. Además, a mi hijo le hicieron pruebas para descartar que se tratase de alguna forma de epilepsia. Y se descartó.

¿Qué hay que hacer ante un episodio así? Respuesta del primer pediatra: dejarle. Aunque esté morado, con los ojos en blanco y tirado en el suelo. Ya se le pasará. Respuesta del segundo pediatra: ignorarle, sólo busca llamar la atención. Respuesta del neurólogo: controlar la lengua, no se le vaya para atrás y se ahogue él solo. Y dejarle. Tener paciencia porque acabará respirando. Si has llegado leyendo hasta aquí, déjame que te haga una pregunta: ¿crees que puedes mantener la sangre fría suficiente como para llevar a cabo todos estos consejos que se pueden resumir en ignorar a tu hijo mientras ves cómo se ahoga? Antes de contestar, vuelve a leer el segundo párrafo de esta entrada.

¿Ya has contestado? Bueno, pues ahora mi respuesta: no. Yo no puedo permanecer impasible mientras mi hijo se cae redondo al suelo y pierde la consciencia. Marido y yo nos dimos cuenta de que, cuando se caída o se daba un golpe, era mejor no ir raudos y veloces en su busca porque eso le hacía más propenso a los espasmos. Le dejábamos que se levantara solo y viniera hacia mí (siempre me busca a mí, da igual las personas que se encuentre en su camino, él viene directo a buscarme a mí). Una vez que llegaba, me tiraba los brazos, pero yo sabía que si le cogía podía privarse. Así que nada de cogerle. La solución pasaba por decirle con la voz más tranquila que tuviera que respirara y, una vez que rompía el llanto, cogerle, abrazarle, mimarle hasta que él se encontrara mejor y siguiera con su juego. Esto pareció funcionar. Así que pusimos a toda la familia sobre aviso: no cogerle hasta que llore. Es duro ver que se cae o se golpea y no acudir en su ayuda. Es muy duro que te eche los brazos y no cogerle. Pero es más duro lo que puede venir después.

Pero, ay, a veces nada de esto funciona. Mi hijo Mediano no aguanta el tirón y se cae redondo al suelo. Veo en sus ojos el miedo, está asustado porque quiere respirar y no sale. Hay que intentar tranquilizarle. Nada de gritos. Nada de movimientos rápidos. Todo hay que hacerlo sin prisa pero sin pausa. A veces funciona. Otras veces no. Es entonces cuando me acuerdo de lo que me dijo una enfermera cuando fui a ponerle una vacuna: un estímulo fuerte. O dicho de otra manera, hacerle daño. Un buen pellizco en el cuello suele funcionar, nos dijo. Yo tampoco soy capaz de hacerle daño a propósito a mi hijo. Lo he intentado, por ayudarle. Pero no he podido. Le hago el boca a boca. Nada. Paso a quemar el último cartucho. Agua. Agua fría. Cuanto más fría mejor. En toda la cabeza evitando que le entre por la nariz. Respira. Respira él. Respiro yo. Si esto no funciona, sólo queda llamar a una ambulancia y cruzar los dedos para que llegue a tiempo.

Antes de seguir, quiero advertir que, en este caso, el boca a boca es una muy mala, malísima opción. Puede que el niño quiera respirar y, con el aire que le metemos dentro, no le estamos dejando. Si alguna vez os pasa, estaréis tentadas a hacerlo. No lo hagáis.

Como iba diciendo, el niño se da un golpe, va a llorar pero no puede. Dejamos que se levante solo, viene hacia nosotros, le decimos que le cogeremos cuando llore. No sólo no llora, sino que, además, se derrumba. Por fin, llegamos a la solución. De la mano de la última pediatra, la que salvó la lactancia del Pequeño. A parte de mantener la calma, pues de lo contrario el niño se pone más nervioso y ya está suficientemente asustado, hay que mirarle a los ojos. Los ojos son los que nos van a decir en qué punto está el niño. Si nos mira, todo va “bien”. Tranquilidad porque él sigue oyéndolo todo. Se le tumba en una superficie plana (un sofá, una cama, el suelo) mirando hacia arriba. Se le coge el brazo y la pierna más separada de nosotros. Le giramos hacia nosotros de manera que también gire la cabeza. De esta manera evitamos que la lengua se vaya hacia atrás. Otra cosa a evitar siempre: meterle algo en la boca para abrírsela. Ni cucharillas ni dedos. La presión de la mandíbula es increíblemente fuerte. Intentamos que flexione dicho brazo y dicha pierna. Será difícil porque tienden a ponerse totalmente rígidos. Pero al menos hay que intentarlo. Mantener al niño así hasta que respire. Con un ojo, detectar dónde está el teléfono. Con el otro, mirarle a los ojos. Si pasa así mucho tiempo, hay que llamar a una ambulancia. Si se le ponen los ojos en blanco, también. Llegados a este punto, antes de llamar, yo lo que hago es correr a buscar agua. Se la echo por encima para que reaccione. Eso sí, evitando la nariz, no vaya a ser que respire y le entre agua.

Afortunadamente, yo nunca he tenido que llamar a una ambulancia. Pero he estado a punto varias veces. Es un mal trago para todos los presentes. Si tú eres la madre, mantén la calma. Olvídate de quienes te rodean. Siempre habrá alguien con algún consejo magistral. Hay que esforzarse en seguir las pautas marcadas por el médico. Manda a la mierda a quien sea, sea quien sea. Si no eres la madre, mírala cómo actúa. Si sabe lo que hace, déjala hacer. Lo que menos queremos en esa situación es a alguien que nos estorbe.

CONTRAS:

  1. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para llevar a cabo todos estos pasos mientras ves a tu hijo sufrir.

  2. Incluso en estas situaciones, suele haber alguien que sabe más que tú. Y te lo deja bien claro.

  3. El niño puede hacerse pis. Si se le va la consciencia, no controla su cuerpo.

  4. Puede pasar en cualquier sitio. Si te pasa fuera de tu casa y tienes que pedir ayuda, pídela. Es mejor un “ya no hace falta, gracias” que el pensamiento de que podrías haber hecho más.

  5. Ante todo, la frustración del momento. No puedes respirar por tu hijo.

  6. La cara que pone mientras dura el espasmo no se olvida nunca.

  7. Ante cualquier golpe, surge el temor de si volverá a pasar. Aunque haga meses del último.

PROS:

Lo siento, por mucho que me esfuerzo, no encuentro ni un pro.