Category Archives: Cosas mías

31May/13

… de recibir el premio Felizmente premiado

Felizmente premiado

Pues éste premio es, a mi juicio, uno de los más originales que circulan por la blogesfera maternal. Fue creado por el papá de Felizmente atado, blog que he descubierto hace relativamente poco y también me encanta.

Cuando leía mis blogs preferidos y les otorgaban este premio, me encantaba (¡y me encanta!) leer las respuestas. Porque lo original del Felizmente premiado es que las respuestas las dan los peques de los blogueros. Así que imaginaros la ilusión que me hizo cuando Annabel, de La nave del bebé, me premió con él hace ya un tiempo. De nuevo, le pido disculpas a Annabel por la tardanza en contestar.

El caso es que, como todos los premios, hace una ilusión enorme recibirlo porque eso significa que alguien me lee, que a ese alguien le gustan los temas que trato y la forma en que lo hago y que ese alguien piensa que el blog merece ser premiado. Y yo encantada, os podéis imaginar :-D.

Bueno, pues el premio tiene dos normas bien claritas, a saber:

  • Coger el logo del premio y otorgárselo a su vez a aquellos otros blogueros que tienen hijos con muchas cosas que decir. Si rompes la cadena, tu hijo/a cogerá una rabieta de escándalo y dos velas verdes aflorarán de sus fosas nasales.

  • Y, como segunda norma y última, sólo quiero que sean vuestros hijos los que se definan, los que aporten su forma de ser y pensar para tratar de entender mejor a los papás.

Así que, como paso de velas verdes y de rabietas, aquí os dejo las respuestas de mis hijos.

El Mayor:

  • Mamá trabaja con el ordenador. Qué más quisiera yo, hijo, poder echar un ratito en el ordenador para traer dinerillo extra a casa y, además, poder estar aquí cuidándoos y disfrutando de cada ratito juntos.Además, esta vez no ha respondido que trabajo yendo al gimnasio (qué tiempos aquellos), como cuando se lo soltó a su profe (momento “tierra trágame”).
  • Lo que más me gusta hacer con mamá es jugar. Toma, y a mí contigo y tus hermanos. Ojalá pudiéramos estar todo el día jugando, ¿verdad?
  • De mayor quiero ser jugador de fútbol. Qué raro… a pesar de que te pasas el día hablando de fútbol o jugando con el balón a meter goles no me había dado cuenta ;-). En cualquier caso, hemos mejorado porque con 2 añitos decía que quería ser barrendero, con calor y el frío que se pasa…

El Mediano:

  • Papá trabaja con el ordenador. Muy bien, aquí sí ha acertado. Y, además, al Tripadre sí le pagan por ello. Que dure.
  • Cuando sea mayor como papá quiero ir al mar. Hijo, que te estaba preguntando por la profesión… pero vale, pondré lo del mar, a pesar de que solemos ir una semanita a la playa en verano… ahora que lo pienso, mira que si está pensando en hacerse surfero o algo parecido… Al rato, el Mayor le preguntó que quería ser de mayor y el Mediano contestó: de mayor quiero ser un regalo. ¡Ahí es nada! Hijo, pero si tú ya eres un regalo desde el mismo instante en que salieron las dos rayitas :-).
  • Lo que más me gusta hacer es vivir en el océano, donde viven los tiburones. Mmmmm… curioso, teniendo en cuenta que asegura que los tiburones le dan miedo… y que en Madrid no hay ni mar ni, mucho menos, océano.

El Peque:

  • Mamá, mamá, mamá… No me creeréis, pero lo primero que dijo el Peque fue “papá” pero ahora lo ha cambiado por “mamá” y lo usa para todo. ¿Que quiere ir al suelo? Mamá. ¿Que quiere que deje de soplar y le dé la comida de una vez? Mamá. ¿Que quiere unirse a la juerga con sus hermanos? Mamá. Y lo peor es que le funciona…

Bueno, pues ahora, siguiendo con el formato habitual del blog, voy con los contras y pros.

CONTRAS:

  1. Ha sido difícil hacerles hablar, sobre todo al Peque. Y además, se me han dispersado e ido por las ramas. Las contestaciones que he puesto aquí han sido las más coherentes de las que me han dado… aunque no lo parezca.

  2. Siento haber tardado en contestar. Entre pensar cómo organizar la entrada, la reacción a la vacuna de los 12 meses, los virus que decidieron visitarnos al Mediano y a mí misma y accidentes domésticos varios (el esguince del Mayor, que le otorgó unas minis vacaciones del colegio) me he retrasado “un poco”, jejeje… sé que me disculparás.

  3. Ahora tengo que pasar el premio a otros 5 blogs (copiando a Annabel) y no veáis lo que me ha costado decidirme entre tanto blog fantástico.

PROS:

  1. Siempre es divertido escuchar las ocurrencias de los Peques a las preguntas más sencillas. Bueno, y sin preguntas, que de vez en cuando me sueltan cada contestación que es para partirse de risa ;-).

  2. Me ha gustado un montón que Annabel me haya premiado con este premio porque lo estaba deseando, jejeje…

  3. Como yo no rompo la cadena y espero que a quienes se lo otorgo tampoco, aún nos quedan más respuesta originales de los peques de la casa por leer. ¡Qué ganas!

Y ahora, mis cinco elegidos (redoble de tambor, por favor):

  • ¡Mamá qué sabe! Porque me encanta la imaginación que derrocha su blog y seguro que sus peques tienen mucho que decir porque imaginación tampoco les falta.
  • Niños felices, niños buenos. Que con tres niños pululando por casa seguro que ocurrencias tampoco le faltan.
  • Trimadre a los treinta. También madre de tres y la creadora del carnaval de blogs “La maternidad de la A a la Z”.
  • La morada de Nieves. Recientemente descubierta por mí y que también anda en minoría en su casa (hay que apoyarse, chicas). Además, es periodista como (era) yo.
  • Muriel y yo. Quien descubrí a través del carnaval de la maternidad y que me enganchó en cuanto leí su entrada “Cansancio vs. Paciencia”.

Bueno, pues ahora a preguntar a vuestros peques. Yo estoy deseando leeros :-D.

24May/13

… de recibir el premio Best Blog

Best Blog.

Pues hace unas semanas, el blog de Silvia Arzamendia me concedía el premio Best Blog. Me hizo una ilusión tremenda y me alegró el día :-). Sin embargo, no era la primera vez que recibía dicho premio. He estado pensando qué hacer. Dedicarle una entrada estaba claro, a las pruebas me remito ;-). Pero yo ya había elegido a mis 11 blogs para premiarles también y había formulado mis 11 preguntas.

Así que se me ocurrió añadir una nueva página (arriba, la que pone “Gracias”). Ahí he decidido poner los premios que se me van otorgando así como quién me los concedió. Primero para agradecerles que hayan pensado en mí, segundo para que no me olvide de ninguno de ellos y tercero para compartirlo con todos vosotros, que me leéis y que hacéis posible todo esto.

Lo que sí voy a hacer aquí es responder a las preguntas que me lanza Silvia. ¡Vamos a ello!

  • ¿Con qué libro disfrutaste muchísimo?

    Con Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.

  • ¿Te gusta hacer postres o eres más de salado?

    Me gusta hacer postres, pero sobre todo, me encanta comérmelos ;-).

  • ¿De pequeña, qué querías ser de mayor?

    Después de cuidadora de animales, pensé en hacerme veterinaria… lástima que hubiera que estudiar química…

  • ¿Te imaginabas algún día creando un blog?

    ¡Para nada!

  • ¿Eres más de playa o de montaña?

    La verdad es que soy más de campo, como las amapolas, pero, si tengo que elegir, elijo montaña, sin duda.

  • ¿Qué época del año te gusta más?

    Otoño, ¡me encanta!

  • ¿Tienes animales en casa?

    Sí, peces (mollys y platys, básicamente).

  • ¿Qué cosa te da mucha pereza hacer?

    La verdad es que me cuesta arrancar con cualquier cosa, menos mal que, una vez que me pongo, me pongo de verdad, jejeje…

  • ¿Sigues mandando postales cuando vas de viaje?

    Reconozco, con mucha pena, que no. Es una costumbre en desuso que, creo, se debería recuperar…

  • ¿Qué sitio te gustaría visitar?

    La acrópolis de Atenas, Nueva York, Canadá, las cataratas de Iguazú, Japón, Australia… hay tantos… pero lo más importante es visitarlos en buena compañía :-).

Y he aquí mis pros y mis contras de este premio:

CONTRAS:

  1. Me lo he pasado genial respondiendo a estas preguntas, pero algunas he tenido que pensármelas jejeje…

  2. No sé por qué, me cuesta mucho escribir las entradas sobre los premios (perdón por la tardanza, Silvia)… me da tanta vergüenza… Pero esto no significa que no lo agradezca o que no lo quiera, ¡nada más lejos de la realidad!

PROS:

  1. Gracias a este premio de Silvia, he abierto una página nueva donde recogerlos todos.

  2. Como siempre digo, es genial que te den un premio porque esto significa que alguien que te lee cree que tu blog merece la pena. Y esto siempre anima a seguir escribiendo.

De nuevo, muchas gracias, Silvia, por pensar en mi blog para el premio.

21May/13

… de las literas

Hoy tocaba cambiar las sábanas de la cama de los Trastos mayores. No sabéis cómo lo detesto. Cuando vivíamos en el minipiso, con dos hijos, la mejor solución fue comprar una litera porque tenían que ir los dos en la misma habitación por falta de espacio y porque si poníamos dos camas había que acostarles saltándolas por encima.

Supimos que el Mayor debía dejar su cuna cuando empezó a echar la pierna por encima de los barrotes para llegar al suelo (a la tierna edad de dos años). Con el consiguiente porrazo inminente de por medio. Pensamos si una cama simple o una litera y, en vista de que no queríamos un hijo único, nos convenció la litera. A él le gustó, pero estuvimos un mes pasando lo que no está escrito para conseguir que no se levantara de la cama. Que ni barrera ni nada para que no se cayera al suelo. El Mayor aprendió pronto que podía levantarse por los pies de la cama. Y antes de dormirse, le gustaba salir al pasillo una media de 6 veces, muy orgullo de sí mismo, eso sí, porque sabía levantarse. Al final, aquella fase pasó y empezó a dormir igual que en la cuna.

El pistoletazo de salida del Mediano nos lo dio el mismo momento en que, siguiendo los pasos de su antecesor, decidió escalar la cuna, aunque en su caso fue a los dos años y medio bien pasados. Éste también se levantaba durante un tiempo. Afortunadamente, la costumbre le duró menos.

Ahora que comparten horario, también comparten habitación y siguen con su litera, aunque en esta nueva casa sí cabrían dos camas en su habitació. Pero ellos ya se han acostumbrado a dormirse así y nosotros no vemos razón para no dejarles. El Mayor se está ganando el cielo, pues tiene que aguantar las canciones de su hermano al irse a dormir (sí, le gusta cantar incluso a esas horas) y los gritos llamándole en cuanto se despierta. Y el Mayor, aún así, quiere dormir en la litera con su hermano, los dos en la misma habitación.

Además, he de decir que, de la misma forma que no paran durante el día, tenemos la suerte de que, en cuanto se meten en la cama (y salvo contadas ocasiones donde entran enfermedades o siestas excesivamente largas), se duermen al poco de rozar la almohada y así hasta la mañana siguiente.

Y todo esto que os cuento, que a priori parece tan bonito, pierde todo su encanto en el momento de cambiar las sábanas. Porque la de arriba acaba con mis brazos, suerte que soy de estatura tirando a alta. Y la de abajo acaba con mi espalda, o con mi cabeza si la levanto antes de tiempo porque el golpe que me doy me deja atontada para el resto del día. Cuando termino de hacer ambas camas, estoy que ni que me hubiera ido al gimansio.

CONTRAS:

  1. Los dos se acuestan a la vez y se levantan a la vez. Da igual quién se duerma o se despierte primero. Si uno quiere terminar la peli antes de acostarse, el otro le espera. Primero porque así lo quieren y segundo porque si no, corremos el riesgo de que el segundo al acostarse despierte al primero. Y a la hora de levantarse pasa igual. El primero en abrir el ojo empieza a llamar al que aún sigue durmiendo y, sólo entonces, cuando ambos están despiertos, empiezan a llamarnos a gritos. Normalmente a mí. Porque ahora que son más mayores ya no quieren levantarse solos de la cama, prefieren despertar a mamá y que yo vaya rauda y veloz a levantarles.

  2. Han cogido la costumbre de que los días que hay cole, va el Tripadre a levantarles. Y si es fin de semana o festivo, voy yo. Y tenemos que respetarlo porque si voy yo un martes, convénceles después de que hay que ir al cole… Menuda nos montan con la frase “hoy ha venido mamá, así que no hay cole” por bandera.

  3. Si uno tiene pesadillas o le duele algo, siempre se corre el riesgo de que, en mitad del llanto nocturno, se despierte el otro. Si se vuelve a dormir, no hay problema. Pero si le da por decir que ya es de día o que ya no quiere dormir más, hay que echar mano de la imaginación para intentar convencerle de que hay que volver a la cama… y todo esto con el menor ruido posible, que aún queda otro durmiendo en la cuna.

  4. La noche que tienen ganas de cachondeo aquí se entera hasta el último mono. Todo son risas, chistes, canciones y demás. El Peque se acuesta primero en la habitación de al lado, muchas veces no sé cómo no se despierta. Lo que más te apetece después de un día agotador es acostarles tranquilamente… pero como pilles una noche de las que tienen ganas de juerga, es difícil no desesperarse.

PROS:

  1. Hacer las camas equivale a una clase de gimnasio (aeróbic por lo menos). Pero cambiar las sábanas vale por unas cuantas más (y de zumba ;-). No sé como no he perdido ya los kilos que me sobran.

  2. Da gusto ver que, por mucho que trasteen durante el día o por mucho que se chinchen el uno al otro, les gusta dormir juntos y se echan de menos si uno no está.

  3. A veces, las noches de juerga pueden sacarme de quicio. Sin embargo, otras es para estar escuchando fuera de la habitación sin que me vean… me parto de risa. Se hacen unas preguntas y se dan unas explicaciones el uno al otro y el otro al uno que son dignas de grabarlas. Engordo don kilos sólo de ver lo bien que se llevan… aunque a veces no lo parezca :-). Ahhhh… a lo mejor es por esto que me cuesta tanto perder peso

No sé si cuando el Peque crezca tendrá cama o litera, si seguirá durmiendo solo o compartirá habitación con sus dos hermanos o sólo con uno. Lo que sí está claro es que tengo muchas ganas de verle en confidencias con los otros dos. Va a ser la repera :-D.

06May/13

… de perder unos kilos

No es celulitis, es la manera que tiene mi cuerpo de decir “soy sexy” en braile.

Como ya estaba en el límite de la talla extragrande y mi tripa bien parecía unos de mis embarazos a los 6 meses, las pasadas Navidades me propuse, como propósito de año nuevo, perder peso, al menos, 10 kilos (y volver a conducir, pero eso ya lo sabéis ;-)). Después de Reyes, empecé la operación kilos fuera, basada en no picar entre horas y comer menos dulces (que me encantan) y menos comida basura. No es que ésta fuera algo normal en mi dieta, pero decidí, apoyada por el Tripadre, reducirla a su máxima expresión y, en este caso, hacerla casera a poder ser. Más ensalada, menos dulces e hidratos de carbono pocos. Todo esto, basándome en una dieta que me dio el médico hace unos años. Y quiero hacer énfasis en “me dio el médico”.

También empecé a hacer algo de ejercicio en la hora que tenía desde que los Trastos mayores se iban al cole y el Peque se despertaba. Pero he de reconocer, para mi deshonra, que tuve que dejarlo en cuanto volví a dar clases de conducir y ahora con el blog no he vuelto a retomarlo.

Aún así, desde el 8 de enero, que fue mi primer día kilos fuera, hasta hoy (4 meses), he perdido 7 kilos (me quedan sólo 3 para alcanzar mi objetivo inicial :-)). Esto se traduce en que he podido volver a ponerme un pantalón que hacía mucho que no rozaba mis caderas y en que he perdido una talla (que he festejado comprándome unos pantalones nuevos porque los que solía usar ya me los podía quitar sin desabrochar). Y así andaba yo contenta este fin de semana.

Por aquello del Día de la madre, el sábado comimos con mi madre (y mi hermana) y el domingo con mi suegra (y cuñados). Y yo me calcé mis pantalones nuevos de una talla menos. Resultado: nadie se ha dado cuenta. Ni un comentario ni nada. Cero patatero.

CONTRAS:

  1. Soy realista. Sé que no se me ha quedado cuerpo de modelo (entre otras cosas porque mi tripa sigue ahí, colgandera). Pero aún así, si mis viejos pantalones se han dado cuenta, esperaba que alguien más también.

  2. Me he venido un poco abajo. No porque nadie me haya llenado de halagos (tampoco es eso), sino porque su ausencia me hace sospechar que no se me notan los kilos perdidos.

  3. Sé que mi tripa me acompañará siempre, pues ya estaba ahí antes de mi peso-sin-niños. No he tenido el vientre plano ni con 20 años ni haciendo abdominales.

PROS:

  1. El Tripadre se ha dado cuenta :-). ¿Habrán tenido algo que ver el alboroto que monté cuando me entraron los viejos pantalones? ¿O habrá sido quizá la sonrisa que se me quedó en la cara cuando me compré los últimos pantalones una talla menos?

  2. Mi salud lo agradece, pues he bajado mi índice de masa corporal (IMC), que estaba por encima de lo aconsejable.

  3. Yo me siento estupenda con una talla menos. Así que voy a seguir haciendo lo que hasta ahora. Pienso bajar los 3 kilos que me faltan para llegar a los 10. Y, si puedo, seguir bajando hasta mi peso-sin-niños. Ya os contaré.

  4. Me he encontrado en Twitter al #clubdeladieta. Nos damos ánimos entre todas y así los deslices se nos atragantan menos ;-).

Está claro que si me he propuesto perder 10 kilos es porque me sobran, no es un capricho de quinceañera en plan “me veo gorda”. Ya llevo perdidos 7 y espero no desesperarme antes de perder los 3 hasta mi objetivo. Mientras tanto, creo que algo tendré que hacer para ponerle remedio a esta tripa colgandera. Se acerca el verano (estación que nunca me gustó, por cierto) y miedo me da empezar a ponerme menos ropa porque eso implica que se ve más chicha. Pero oye, si he conseguido sacar la teta en cualquier sitio dignamente para que mis bebés se alimentaran, también podré llevar dignamente mi tripa, colgandera sí, pero no por comer bollos (aunque haya catado alguno), sino por engendrar vida.

02May/13

… del cojín de lactancia

Cojin de lactancia

Cuando nació el Mayor, le di el pecho. Para ello, solía ponerme en la cama o el sofá rodeada de cojines. Uno me lo ponía en la espalda, para mantenerla recta, y otros dos iban debajo del brazo que sujetara la cabeza de mi bebé (teta derecha-brazo derecho, teta izquierda-brazo izquierdo, era obvio, ¿verdad?). En casa ya sabía qué cojines debía utilizar, no tenían que ser ni muy blandos, pues entonces no sujetaban nada, ni muy duros, pues no se alineaban bien a mi brazo, la cabeza de mi bebé y el pecho. Y así pasamos los meses que duró su lactancia.

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01May/13

… de recibir 2 premios

Premios 2

Hace un mes, 1MadreinItaly me otorgó dos premios, el Liebster Award y el One Lovely Blog. No sabía muy bien qué hacer con ellos, la verdad. Poco antes, La nave del bebé (Annabel) también me había premiado y, como se repetían dos de los premios pero lo que había que hacer variaba, andaba yo un poco perdida.

Pero como creo que en esta vida hay que ser agradecida, empiezo dándole las gracias a la fracespaliana por haberse acordado de mí. ¡Gracias, guapa! Dicho esto, veo ahora que no entendí bien la primera vez en qué consistía cada premio.

El One Lovely Blog consiste en contar 7 cosas sobre una misma. Esto lo hice bien en esta entrada. Así que no me repito. Os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo.

Con el que no hice lo que debía fue con el Liebster Award. Éste implica contestar 11 preguntas realizadas por el blog que me lo ha otorgado, 1MadreinItaly en mi caso. Aquí van sus preguntas con mis correspondientes respuestas:

  • ¿De quién aceptarías una proposición indecente?

    De mi marido, si además se ha afeitado y se ha puesto la colonia que él sabe, me tiene ganada ;-).

  • Dime una canción que marcó tu vida y por qué.

    Sólo pienso en ti de Víctor Manuel. El Tripadre no paraba de tararearla cuando nació el Mayor. Y cuando nació el Mediano. Y cuando nació el Pequeño también.

  • ¿Crees en Dios?

    Sí.

  • Si fueras un cuadro, ¿cuál serías?

    Me encanta El descendimiento de la cruz de van der Weyden, por todos los detalles y simbolismos que esconde.

  • ¿Cuál es tu profesión frustrada?

    De pequeña quería ser cuidadora de animales.

  • ¿Té o café?

    Si es para desayunar, prefiero un colacao.

  • ¿De quién has tenido un póster en tu habitación?

    Del grupo Take That (… risas en la lejanía).

  • ¿Qué es lo que más te gusta de tu pareja? Y, si no tienes, ¿qué característica tendría tu pareja ideal?

    Que me apoya siempre, incondicionalmente, en todo.

  • ¿Perro o gato?

    ¿Ahora mismo? Ninguno de los dos, con mis tres Trastos tengo bastante por el momento :-D.

  • ¿Tu viaje soñado?

    Prefiero una buena compañía que un lugar concreto.

  • ¿Cómo te ves en 10 años?

    Con mis Trastos no tan trastos y mi marido al lado. En nuestra casa. Los cinco juntos.

Mis preguntas para los blogs premiados son:

  • Un libro que te haya marcado.

  • Si por ti fuera, ¿qué estarías todo el día comiendo?

  • No sales de casa sin…

  • ¿Conduces o te llevan?

  • ¿Qué es lo que más te gusta hacer cuando nadie te ve?

  • ¿Qué árbol te gustaría tener en tu jardín (real o hipotético)?

  • Tu tarta ideal tiene que ser de…

  • ¿Te han dado alguna vez una fiesta sorpresa? Si es que sí, ¿puedes contarnos cuándo fue?

  • ¿Cuál ha sido tu mayor locura por amor?

  • Si tienes hijos, ¿cuál es la frase de tu madre que juraste no decirles nunca y que alguna vez te has sorprendido diciéndosela a ellos?

  • ¿Por qué empezaste a escribir un blog?

Qué ganas de leer vuestras respuestas, jejeje… Mientras os pensáis las respuestas, yo sigo con mis pros y mis contras.

CONTRAS:

  1. Esto de ser premiada es nuevo para mí, no sólo en el blog, hablo en general.

  2. He tardado tanto en publicar la entrada porque no sabía muy bien cómo hacerlo. Y además, tenía que pensar las respuestas de las preguntas.

  3. Simple y llanamente, me he hecho un lío al no venir de uno en uno.

PROS:

  1. Aunque sea tarde, siempre agradezco lo que me dan :-).

  2. Que aumente el número de visitas diarias al blog es genial, que haya gente que repita y vuelva con cada nueva entrada es fantástico, que además alguien piense que el blog se merece un premio es estupendo y que, además de todo esto, resulta que va y te premian es la releche :-D.

  3. Ahora tengo que avisar a los once blogs premiados (requisitos del premio). Siempre es un placer pasarme por ellos. Si es para otorgarles un premio, mejor que mejor, ¿verdad?

Y ahora, redoble de tambores, aquí van mis 11 premiados, entre los que incluyo los blogs a quienes se lo otorgué la última vez, aunque esta vez no tienen que hacer nada, pues ha sido un error mío:

  1. Mi camino buscándoT.

  2. 2y6son8.

  3. Much more than I am.

  4. Niños felices, niños buenos.

  5. En paro biológico.

  6. ¡Mamá qué sabe!

  7. Mami a tope.

  8. La mamá imperfecta.

  9. La libreta de mamá.

  10. Educando a mis hijos.

  11. Blog para escribir.

¿A cuántos conocíais ya? Pues ya estáis tardando en dar una vuelta por los que no os suenan, que seguro que no os van a dejar indiferentes :-).

30Abr/13

… del Día de la madre

Tengo la suerte de tener a mi madre y a mi suegra a un golpe de teléfono. Con esto quiero decir que, si necesito que vengan, les llamo por teléfono y cualquiera de ellas se planta en mi casa en 15 minutos (en coche). Puedo recurrir a las abuelas (y abuelos, por supuesto) si un niño se pone malo y hay que llevarle al médico, si hay reunión en el cole o si me surge cualquier otra cosa que hacer fuera de casa. Si no están en el pueblo o de viaje, puedo contar con ellas.

Mis Trastos tienen la suerte de ver a sus abuelas bastante a menudo. No viven con nosotros, pero podemos ir a verlas una tarde o un día entero. Es más, pueden quedarse con ellas algunos días si es necesario, como pasó con los nacimientos del Mediano y el Pequeño, o por gusto.

Esto que seguro que a más de una (o uno) os parecerá genial (sobre todo a las expatriadas), a mí a veces me estresa. Hay determinados días, o mejor dicho, fiestas, a lo largo del año en que me gustaría estar lejos. Una de esas fechas es Navidad. Otra es el Día del padre. Otra es el Día de la madre. ¿Por qué? Pues porque teniendo a ambos pares de abuelos tan cerca, en estas fechas hay que dividirse.

La semana pasada andaba yo tan feliz porque mis hijos tienen tres días de fiesta que, junto con el fin de semana, hacen 5 días. Ya estaba yo haciendo planes en la cabeza: que si el zoo, que otro día en casa, que a ver si hace bueno y podemos salir al parque otro día… Entonces me doy cuenta de que es el Día de la madre. Esto significa celebrarlo dos veces (una por cada abuela) dos días distintos con cada una. Lo que implica que los 5 días para nosotros se quedan en 3. A éstos hay que restarles uno porque el Tripadre no hace puente el viernes. Nos quedan 2 en familia. Y esto me cabrea.

Si alguien anda por ahí haciendo palitos, a lo mejor se pregunta que cuándo celebramos nosotros cinco el Día de la madre. Bueno, pues no lo celebramos. Como pasa con el Día del padre, se hará entrega de regalos y desde ese momento, seremos todo prisas. Prisas porque tenemos que irnos a comer con la abuela que lo celebre el domingo.

CONTRAS:

  1. Siento que hay celebraciones que no son nuestras. Nada de pasar el Día de la madre en familia. Bueno, sí, en familia sí, la de fuera de casa.

  2. Odio tener que andar corriendo. Sobre todo en un día que es tanto de las abuelas, por ser madres, como mío, por tener mis propios hijos. La diferencia es que ellas siempre han celebrado este día en su casa, con sus hijos. Yo aún estoy por la primera vez. Y el Tripadre también en su respectivo día.

  3. Como esta fecha siempre cae en domingo, si la que lo celebra ese día quiere ir a comer fuera, adiós siesta de los Trastos. El Pequeño dormirá mal y poco y el Mediano no dormirá. Llega el lunes y está reventado. Y este año va a ser así.

PROS:

  1. La ilusión con que mis hijos me dan los regalos que han hecho en el cole para mí es fantástica. Todos los años se me escapa alguna lagrimilla.

  2. Ese día no hay que hacer de comer ni recoger ni fregar después.

  3. Si la celebración es en casa de la abuela, todavía podemos salvar una siesta. Aunque, como en casa, en ningún sito.

  4. Mis hijos tienen mucha suerte de tener a sus padres y a sus cuatro abuelos detrás.

Así que yo, como regalo para el Día de la madre, quiero un día en casa, en familia, sin peleas ni discusiones de los Trastos a poder ser (aunque no es imprescindible, soy realista…). Y, si esto no fuera posible, al menos me gustaría remolonear a gusto en la cama, sin prisas. El desayuno en el catre también es opcional ;-).

25Abr/13

… de organizarse el día

Llegan las 12 h de la noche, hora de las brujas, y, tras dar la “cabezadita” de rigor en el sofá, decides que es hora de irte a la cama. Mientras te arropas con las sábanas, vas pensando que el día no te ha cundido tanto como te hubiera gustado. Con el firme propósito de que al día siguiente no te pasará lo mismo, te acuestas, te arropas y te duermes feliz.

Parece que acabas de cerrar los ojos y ya es hora de levantarse otra vez. Oyes al Tripadre con los Trastos mayores, preparándoles para ir al colegio y, a sabiendas de que se apaña muy bien y no necesita ayuda, jugueteas con la idea de quedarte en la cama un ratito más. Al fin y al cabo, sabes que al Peque le quedan un par de horas antes de despertarse. Recuerdas tu propósito de anoche y, muy a tu pesar, te levantas de la cama.

Tus hijos se alegran de verte por la mañana. Tú también te alegras de verles a ellos, pero no puedes dejar de pensar en la cama para ti sola que has dejado abandonada. Besitos por aquí, “que tengas un buen día por allá” y todos se van. Decides desayunar esa taza de leche con colacao, sin nada más porque estás intentando perder algunos kilos, antes de ponerte a la faena que te habías marcado para hoy. A saber: recoger y doblar la ropa tendida, poner la lavadora, tender antes de ir a por los niños al colegio (porque después sabes que no podrás), barrer el salón, pasar la fregona, recoger la cocina y escribir un par de entradas para no ir agobiada el resto de la semana. Tampoco parece tanto, ¿no? Si te organizas bien, puedes hacerlo en una mañana.

Mientras desayunas, te pones a mirar las estadísticas de visitas que tu blog tuvo ayer. Vaya, han caído un poco, pero, mira, tienes un nuevo follower. Guay. Aún te queda media taza y miras el correo. Un comentario, lo contestas. Un sorbito más en la taza, ya que te has quitado la tostada, al menos que dure. Entonces entras en Twitter aun a sabiendas de que no deberías… Empiezas mirando los mensajes de anoche, esos que no viste por estar… “pensando”, ejem. Anda, @fulanita ha publicado una entrada nueva. Decides echarle un vistazo porque te partes con ese blog y qué mejor manera de empezar el día que con unas risas. Lo lees. Te ríes. Vuelves a Twitter. A @menganito le han hecho una entrevista. Decides leerla porque seguro que es corta. Bueno, no es corta, pero ya que estás, te la lees entera. Otra entrada de @zunatita. Ésta dice verdades como puños. Así que también la lees.

En éstas estás cuando oyes al Peque. ¿Ya? Hoy se ha despertado antes. Ah, que no, que tú te las liado, venga a leer, y se te ha pasado el rato que ibas a dedicar a recoger y doblar la ropa. Te dices a ti misma que le das de desayunar y te pones las pilas. Vas a por el Peque con el biberón, te recibe con una sonrisa que te desarma, no puedes evitar jugar un poco con él. Desayuna. Le cambias y empiezas a hacerle pedorretas que sabes que le encantan. Juegas otro rato más con él. Y tú aún en pijama.

Por fin, consigues, muy a tu pesar, dejarle un rato para hacer tus cosas. Te quitas el pijama, te peinas un poco. Ves que es misión imposible. Desistes. Pasas a otra cosa. Decides poner la lavadora, para que vaya adelantando. Recoges la ropa y, cuando vas a tenderla, te llega un mensaje. Una mención en Twitter. Decides verla rápidamente. Después de 20 minutos te das cuenta de que el “rápidamente” dura ya demasiado. Te pones las pilas, terminas de recoger y decides doblarla más tarde.

Empiezas a hacer el puré a toda leche porque ya vas con la hora pegada al culo. Entre pitos y flautas, ya se te ha pasado media mañana. Mierda. El salón lo barres luego. Y la fregona, ya veremos. El Peque lloriquea. “Se ha hecho caca, seguro”, piensas. Y aciertas. Le cambias corriendo. Más pedorretas. Más besitos. Otro rato que se te ha ido sin saber porqué. Sólo la lavadora consigue sacarte de tu ensimismamiento. Vas rauda y veloz a tender la ropa. Mensajito. Esta vez decides no mirar. Pero mientras tiendes sabes que alguien 2.0 reclama tu atención. Terminas de tender y miras el mensaje. Era publicidad. Joer, qué desilusión. Bueno, mejor así porque no te lías más.

Empiezas a recoger la cocina, pero te llega un mensaje de Whatsapp. Lo contestas. Te llega otro de otra conversación. Sin saber cómo, acabas manteniendo tres conversaciones a la vez. Miras la hora. Peque tiene que comer. Con toda la diplomacia de la que dispones y con la prisa pisándote los talones, te despides de todos y sales de las conversaciones.

Empiezas a darle de comer al Peque mientras que con el rabillo del ojo miras el ordenador. Por fin termina el puré. A dormir. Le acuestas. Bien, se ha dormido sin problemas. Vuelves a lo tuyo. Es pronto aún, pero decides comer ya por si la siesta le dura poco. Comes. Te acuerdas que pensaste en barrer el salón después. No te apetece nada. Decides descansar un poco, que llevas toda la mañana corriendo. Miras blogs. Te ríes, te indignas, comentas, empatizas, vuelves a reírte, comentas más… Entonces recuerdas cómo has dejado la cocina. Cuando lleguen los niños del cole no tendrás tiempo de fregar. Muy a tu pesar, vas a la cocina. Friegas. Terminas. Decides barrer. Barres. Ya no sabes ni qué te queda por hacer. Ves el montón de ropa por doblar. Piensas “hoy no, querida, mejor lo dejamos para mañana”.

En estas te suena la alarma para ir a buscar a los Trastos mayores. ¿Ya? Con todo el dolor de tu corazón, despiertas el Peque, quien, lejos de llorar, te sonríe otra vez. Nota mental: “ponerle un piso cuando sea mayor”. Le cambias para salir. Le incrustas en el carro. Coges la basura y sales a la calle. Tiras la basura, recoges a los Trastos, llegas a casa. Coges aire y te preparas para la gincana que te espera: meriendas, baños, visitas varias al baño, terciar en disputas tan trascendentales como quién se sienta dónde, peleas con la cena (no me gusta; quiero más; pues no hay ¿quieres queso?; no, quiero más de lo de antes…), cruzar los dedos para que el Tripadre llegue a tiempo y no tengas que bañar al Peque mientras dejas a los otros dos solos campando a sus anchas y tramando no sabes qué…

Llega el Tripadre justo cuando estás dando la cena al Peque y los otros dos juegan al fútbol en el salón con los cojines. Acuestas al Peque. Al Tripadre le toca acostar a los otros dos. El Mediano se emperejila en que no quiere que le acueste su padre. Al grito de “tú no, mami”, te levantas del sofá mientras piensas “si mi culo ni lo ha rozado”. Entre los dos acostáis a los Trastos mayores. Muchos besos y muchos “te quiero” después, consigues volver al sofá. El Tripadre hace la cena. Suspiras, por fin un rato de tranquilidad, paz, armonía… “¡Ya te estás durmiendo!” oyes desde la puerta. Te incorporas muy digna y dices “¿Yo? Qué va”, pero en tu interior sólo piensas en tu cama, en lo solita que está la pobre…

Cenáis. Convences al Tripadre para que no ponga ese programa que no te gusta nada, sino la peli que tenías ganas de ver. Ganas la disputa muy a su pesar. Te arropas con la mantita. Al rato te das cuenta de que la peli ha terminado y el Tripadre te dice que es hora de irse a dormir. ¡Por fin! ¡Tu cama! La visita al baño te hace darte cuenta de que el día no te ha cundido como pensabas. Te metes en la cama y, mientras te arropas, piensas que mañana no te pasará lo mismo. Te acurrucas. Besito de buenas noches y te duermes feliz. Al día siguiente, tienes la extraña sensación de que eres Bill Murray en el Día de la marmota.

CONTRAS:

  1. El día nunca cunde como pensabas. Pero tú no aprendes y sigues intentándolo cada mañana. No hay dolor.

  2. Siempre hay algo que pensabas que te llevaría poco tiempo y, para tu desgracia, nunca es así. Pero sigues sin aprender.

  3. Las mejores ideas para escribir una entrada del blog te asaltan sin piedad cuando no puedes ni apuntarlas. El aire de mi casa está llena de entradas geniales que, me temo, no verán nunca la luz.

PROS:

  1. El día que consigues centrarte y acostarte con todos tus “deberes” hechos te duermes realmente feliz. Estos días son tan comunes como los años bisiestos.

  2. Al final, no sabes cómo, lo más importante sale adelante. Tus hijos han comido, han jugado, se han divertido, están bañados y se acuestan felices. Tú eres feliz.

  3. Siempre queda el día de mañana para intentar hacerlo mejor. De ilusión también se vive.

  4. Cuando llevas 15 días así, ya sabes más o menos lo que más tiempo te ocupa. Intentas organizarte mejor. Lástima que yo no siempre lo consiga…

Sé que no me va a ayudar a organizarme mejor, pero ¿a vosotros/as también os pasa? ¿O soy la única?

23Abr/13

… de la tarta rana

Tarta rana Juana.

Dos aclaraciones antes de empezar con la entrada de hoy. Una: para que no haya confusión en el título, la tarta no fue rana, vamos que no salió mal, era una tarta con forma de rana, tartarrana Juana, a partir de ahora :-D. Dos: no soy repostera ni tengo pastelería ni este es un blog de cocina o dulces ni vendo nada. Y, ya que estamos, disculpad también la calidad de las fotos, tampoco soy fotógrafa :-).

Y ahora sí, empezamos con la entrada de hoy. La semana pasada fue el cumple del Peque, sé que lo sabéis porque fuisteis muchos los que le felicitasteis su primer cumpleaños. También os conté las peculiaridades de su nacimiento, razón por la que quería hacer algo especial en su día. La economía doméstica no está para grandes alardes, así que todo quedó en casa. Y todo es todo, la comida, los bocadillos… hasta la tarta.

Lo que no os conté es que una de las pocas cosas que recuerdo del paritorio es que el gorro del anestesista tenía dibujos de rana. Así que me lié la manta a la cabeza y empecé a investigar tartas con forma de rana. Y así nació Juana. La idea no es mía, está sacada del libro Debbie Brown’s 50 easy party cakes, que aunque está en inglés, es fácil seguir por las imágenes.

Los pasos a seguir, según este libro, son:

  • Hornear dos bizcochos. Pueden ser del mismo sabor o de sabores distintos. Para el bizcocho blanco, yo usé una receta de bizcocho básico de yogur. Para el de chocolate, el Devil’s food cake de El rincón de Bea, pero sólo la receta para el bizcocho.

  • Como molde, hay que usar cuencos grandes aptos para el horno.

  • Uno servirá para el cuerpo, el otro para la cabeza.Bizcochos para hacer la rana.

  • Se juntan como en la foto y se ponen dos bolas para los ojos encima del bizcocho de arriba. 

  • Se les pringa con ganaché de chocolate, leche condensada o similar.

  • Se pone fondant bien estirado y coloreado sobre ambos bizcochos.

  • Se añaden los detalles, como el color de los ojos, la línea de la boca, los agujeros de la nariz…

Y, así, nos sale la forma de la rana. Pero mi Juana no está hecha así exactamente. He aquí los contras y pros que me encontré al hacer la tartarrana:

CONTRAS:

  1. Bizcochos para la cabeza.Nunca había horneado bizcochos en cuencos, así que hasta que conseguí ajustar la temperatura (160º C), se me quemó un poco la superficie. Luego tuve que cortarla para que el sabor a quemado no estropeara el resto de la tarta. Como resultado, me quedó un cuerpo bastante más pequeño del que pensaba y no me dio para hacer la cabeza con un solo bizcocho. Así que tuve que hornear otro. Junté los dos y así salió la cabeza.

  2. Eso de poner los ojos encima del bizcocho y cubrirlo todo con el fondant se me antojaba muy complicado. Ya veía toda la cabeza llena de arrugas, grietas o, lo que es peor, de agujeros. Así que opté por cubrir la cabeza y después poner encima los ojos. Mucho más fácil. Lo que sí hice fue poner una tira de fondant, un rulito, para la boca antes de cubrir la cabeza.

  3. Lo de poner el fondant por encima de la cabeza y el cuerpo, todo a la vez, también lo veía complicado porque, como dije antes, no soy experta en fondant ni nada, lo poco que sé lo he aprendido cotilleando por Internet. Así que me decidí a forrar primero la cabeza y después el cuerpo. Después junté ambas partes y, para que no se viera la unión, le puse un collar a mi Juana. Ya estaba lista para la fiesta.

  4. Al recortar los bizcochos, sobran trozos. ¿Adivináis quién se los comió? ¡A la porra la dieta!

PROS:

  1. Me encanta hornear y con esta tarta aprendí otra forma de darle forma redonda a un bizcocho, sin utilizar el cuchillo.

  2. Conseguí, no sé cómo, un ratito para mí sola, sin interrupciones. Así que pude concentrarme en cómo hacer la rana porque, al final, poco seguí las directrices del libro.

  3. Parte de los trozos que sobraron al recortar la cabeza se lo comieron mis Trastos mayores. Bizcocho casero de chocolate, ¡les encanta! Y, como lo he hecho yo, sé exactamente qué lleva y qué no lleva.

  4. Mi Peque es aún muy pequeño para entender qué era esa tarta. Pero para eso están las fotos.

  5. La cara de mis Trastos mayores y de mis sobrinos bien valen el rato que pasé en la cocina con las manos entre bizcochos y fondant.

Gallegas del nº 1.

Bueno, pues así nació Juana. Aunque la pobre duró un suspiro porque, a parte de la forma que tenía, los bizcochos estaban riquísimos. El fin de fiesta llegó de mano de estas galletas que hice con forma de uno y con unos fideos de colores por encima. También volaron. Así da gusto meterse en la cocina ;-).

18Abr/13

… de conducir yo sola

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Si me leéis con cierta asiduidad, sabréis mi batalla personal contra el coche. Hace un par de meses, era pensar en sentarme (ojo, que no conducir) delante de un volante y ya estaba nerviosita perdida. Temblores, escalofríos, rigidez, sudores fríos, nervios, pánico… vamos, lo que se conoce como amaxofobia.

En Navidad me dije: “de este año no pasa”. Con tres trastos a cuestas el coche se hace indispensable y el tener que depender siempre de alguien cada vez me gustaba menos. Bien, localizado el problema, ¿dónde podrían ayudarme a superarlo? Pues en la autoescuela. Y ahí que me fui. Y ahí empecé mi camino al volante. Varias semanas después, este pasado fin de semana, por fin, me senté a conducir mi coche. Y no sólo eso, no. Es que lo arranqué. Y lo moví. Y conduje. Y lo aparqué. Y no se me caló. Y no me puse nerviosa. Me di una vuelta, fui a un centro comercial, volví. Y todo fue bien. Ningún golpe, ningún rasguño, ninguna abolladura.

Tampoco os creáis que me lié la manta a la cabeza y me fui en plan aventura, no. Me fui con mis tíos y mi prima a la hora de la siesta mientras el Tripadre se quedaba en casa con los Trastos. Pero algo es algo y volví súper contenta.

Ahora sólo me falta practicar y practicar y practicar. Ayer lo volví a coger con mis padres. Se me caló una vez y me pitaron (uno al que se le estaba quemando la casa, supongo, porque lo arranqué inmediatamente y seguí para adelante). Y por la tarde, me fui con mis trastos a celebrar el cumpleaños de mi cuñado, que vive cerca de casa, no os voy a engañar. Pero nos fuimos en coche mis trastos y yo. Y lo traje de vuelta. Con mis Trastos también. Y era de noche. ¿Y mis nervios? No sé, creo que los tiré por la ventana en alguna de las clases prácticas ;-).

CONTRAS:

  1. Aunque por fin conduzco, aún estoy verde. Sigo yendo bastante pendiente del cambio de marcha.

  2. No he salido a la autovía porque me da reparo ir tan rápido. Pero sé que tengo que hacerlo. Si no, nada de esto tendría sentido.

  3. Me temo que voy a tener que ir a comprar muchas veces sola. A ver ahora qué me invento para hacer que el Tripadre me acompañe, con la alergia que le dan las compras…

PROS:

  1. Me siento súper poderosa, capaz de cualquier cosa. Es una sensación genial.

  2. He vencido un miedo que arrastraba desde hacía años y que me ha hecho sentir bastante inútil.

  3. Soy el ejemplo perfecto de que todo es cuestión de proponérselo y practicar hasta que salga. Que vayan aprendiendo mis hijos. No admito excusas.

¿Sabéis eso de que, cuando una persona se acaba de sacar el carné de conducir, se autoconvierte en el chófer de todo el mundo? Pues así estoy yo desde hace unos días. ¿Dónde queréis que os lleve? 😉

17Abr/13

… de un parto natural

Ayer contaba las particularidades de mi cesárea (de urgencia, no programada). Hoy os cuento un poco cómo fueron mis dos parto anteriores de manera natural. Recuerdo perfectamente cada uno… a grandes rasgos, que ya sabemos el baile que se traen las hormonas tras el parto.

Mis embarazos no se los deseo ni a mi peor enemigo. Náuseas constantes mañana, tarde ¡y noche! Creedme, es horrible despertarse a las 4 de la mañana con ganas de vomitar. Y dar vueltas en la cama sin poder dormir por las dichosas náuseas. Y así hasta bien entrado en el quinto mes. Luego no desaparecen, no. Luego se queda en un malestar, pero como cualquier cosa es mejor que las náuseas y los vómitos, pues yo lo agradezco y ya casi puedo hacer vida de persona normal. Y también están los vómitos. Con cada embarazo, vomito más. En el tercero, era levantarme de la cama y vomitar. Mis hijos aseguraban que “mamá, le está dando los buenos días al wáter”. Más majos ellos…

Así que, digo que para compensar, mis partos (naturales) son casi dignos de envidia. Nada de horas interminables dilatando. Nada de empujar y empujar y nada. Todo lo contrario. En unas cuatro horas tengo a mis bebés en brazos. No es que no me duelan, que las contracciones duelen siempre. No es que no me entere, que vaya si me entero. Pero todo ocurre en una mañana. Y después ya tengo a mi bebé en brazos.

Para que os hagáis una idea, os cuento cómo fue con el primero. Aunque con el segundo fue bastante parecido… La fecha probable de parto del Mayor era un día como hoy (por ejemplo) y, como mi hijo tuvo a bien no nacer cuando me dijeron, tuve consulta con mi ginecóloga. Después de hacerme la revisión pertinente, la conversación fue más o menos así:

– ¿Te has notado algo raro estos últimos días?

– No, nada… ¿Debería?

– ¿Ni una contracción o el estómago algo pesado ni nada?

– No, nada de nada… ¿Por…?

– No, es que veo que ya estás de 3 centímetros…

– ¿¿De dilatación!!

– Sí, estás dilatada 3 centímetros.

– ¿Y qué hago?

– Nada, vida normal. Pero mañana a primera hora vete al hospital… a menos que tengas que salir corriendo esta noche para allá…

Bueno, pues con cara de cómo es que estoy de 3 cm y no me he dado cuenta me fui para casa… a esperar… Y esperé. Y pasó el resto del día y nada. Y me fui a dormir y nada. Y me desperté por la mañana y nada de nada. Así que me fui para el hospital. Otra vez revisión. Otra vez las mismas preguntas. Otra vez “que no, que no me noto nada raro”.

– Pues hoy estás de 4 centímetros. Así que espero que te hayas traído las cosas porque ya no te dejamos irte a casa. Tu bebé nacerá hoy.

Y así fue. Un rato en la sala de dilatación y después al paritoro. Tres pujos y mi bebé estaba fuera. El Mayor vino con una vuelta de cordón. Y totalmente morado. Tardó en llorar, pero luego se arrancó que daba gusto. Episotomía al canto. El bebé podría haberse ahogado con el cordón, así que me doy por satisfecha. En el caso del Mediano, la epidural dejó de hacerme efecto poco antes de que entrara en paritorio. Así que lo parí con dolor. Mucho dolor. Las palabras de mi ginecóloga fueron: “¿te duele? Pues empuja, que esto sólo se cura empujando”. Y empujé. Y al tercer pujo salió mi bebé.

Y para quienes dicen que el alumbramiento de la placenta es igual o peor que el mismo parto, he de decir que, en mi caso, ni me enteré. Cuando quise darme cuenta, mi placenta ya estaba fuera. Esta vez, completamente entera ;-).

En los dos casos, entré en el hospital por la mañana y a la hora de comer mis bebés ya estaban en este mundo. Así que, comparando mis partos naturales con mi cesárea, he aquí mis pros y mis contras.

CONTRAS:

  1. Duele. Las contracciones duelen. Si te ponen oxitocina, más. En la cesárea, a pesar de la sangre, yo no sentía dolor, sino miedo.

  2. La episotomía es peor que la cesárea. Entre otras cosas por el sitio en el que está. Cada vez que vas al baño duele. La cesárea también, pero no tanto.

  3. Mis puerperios fueron bastante molestos y, sobre todo el primero, duró más de la cuarentena. Con la cesárea manché bastante menos, quizá fuera porque, al abrirme, los mismo médico sacaron parte de lo que luego se va expulsando…

PROS:

  1. La epidural. Si me tomo paracetamol cuando me duele la cabeza… ¿por qué habría de renunciar a la epidural si el dolor es mayor? Si se administra bien, no se pierde sensibilidad.

  2. La cama del hospital. Adoro esa cama con la que, con sólo darle a un botón, ya estás incorporada. Cuando regresé a mi casa, no echaba de menos a la enfermera, yo echaba de menos la cama… qué dolor al incorporarme, tanto con la episotomía como con la cesárea…

Como veis, estoy bastante contenta con mis partos naturales. Por eso sigo sin entender lo de las cesáreas programadas por cuestiones de agenda…

16Abr/13

… de una cesárea violenta

Después de escribir la Carta abierta a mi bebé, el tercero de mis Trastos, creo que debo explicaros las particularidades de su nacimiento. Para empezar, aclarar que fue una cesárea de urgencia, no programada y que, en principio, iba a ser un parto natural. Es una entrada un poco más larga de lo habitual, espero me disculpéis. He intentado resumir al máximo todo lo que pasó.

Ya en la semana 20 de gestación, me dijeron que la placenta estaba mal colocada, pero que, a medida que mi bebé fuera creciendo iría desplazándola hasta su lugar habitual. Y no le dimos más importancia. Entrando en el último trimestre de embarazo, mi ginecóloga me dijo que la placenta seguía mal colocada y, si no conseguía moverla el bebé, no habría más remedio que programarme una cesárea. Yo no quería cesárea. Lloré. Lloré mucho, pero pensar que sería lo mejor para mi bebé hizo que cogiera fuerzas y me senté a esperar.

Sobre la semana 37, fui a una revisión. Estaba muy nerviosa pues era la última oportunidad de librarme de la cesárea. Si la placenta seguía sin moverse, mi bebé corría un riesgo real, pues ya tenía un tamaño considerable, y habría que programarme una cesárea. Me hicieron la ecografía y allí estaba, más o menos colocadita en su sitio. Respiré aliviada. Iba a tener un parto natural.

Esto fue un miércoles. No había razón para preocuparse. Mi bebé nacería normalmente. Seguí haciendo vida normal. El viernes por la noche me desperté mojada. Eran las 3 de la mañana y pensé que había roto aguas. Lo primero que se me vino a la cabeza fue que no podía ser. Aún me quedaban 15 días para salir de cuentas y no había preparado ni la bolsa para el hospital. Me levanté y encendí la luz, para comprobar el color del líquido. Recordemos: agua clara, ir tranquilamente al hospital, sin prisa pero sin pausa; agua oscura, acudir rápidamente. Bien, pues encendí la luz y aquello no era agua de parto, ni clara ni oscura. Era sangre. Sangre roja. Sangre saliendo a chorros, literalmente. La cama llena de sangre, el suelo lleno de sangre… y no paraba de salir.

Aterrada, desperté al Tripadre. Imaginaos la escena. No sabíamos qué pasaba y yo sólo podía pensar en mi bebé. Llamamos al 112 y nos recomendaron ir pitando al hospital. Llamamos a los abuelos para que se quedaran en casa con los Trastos. Los 10 minutos que tardaron en llegar se me hicieron horas. El tiempo que tardamos en llegar al hospital se me hizo eterno pues yo seguía perdiendo mucha sangre. Primer diagnóstico: un problema con la placenta. No parecía nada grave, quizá se abría roto un vaso sanguíneo. ¿Un vaso? ¡Ya sería una jarra entera! En cualquier caso, me monitorizaron y mi bebé estaba bien.

Por primera vez en toda la noche, respiré aliviada. Todo parecía estar bien, pero decidieron ingresarme para mantenerme en observación. Parecía que yo iba sangrando menos, así que me dijeron que, si paraba la hemorragia, por la mañana podría irme a mi casa a esperar que me pusiera de parto.

Llegó la mañana y la ginecóloga de urgencias me dijo que tenía un parto que atender, que iban a contarle lo que había pasado a mi ginecóloga y que, como ya apenas sangraba, seguramente me iría a casa al cabo de unas horas, guardando reposo, eso sí. Así que esperamos. Al rato entró de nuevo la ginecóloga de urgencias. Su cara ya me hizo sospechar. Le habían contado a mi ginecóloga lo ocurrido durante la noche y había decidido que mi bebé nacería hoy. ¿Por qué? Pues porque podría volverse a repetir el episodio de la sangre y que, si la próxima vez pasaba durante el día, podría desangrarme en el camino hacia el hospital y no contarlo. Un panorama desolador, como os podréis imaginar. Así que, en cuanto llegara al hospital mi ginecóloga, yo entraría en quirófano.

Llamamos a los abuelos para explicarles la situación. Le pedí a mi madre que me prepara la bolsa y me la trajera al hospital. Menos mal que, aunque no la había preparado yo, ya tenía la ropita lista en los cajones. Lo peor es que, en España, no dejan entrar a los padres a las cesáreas y yo iba muerta de miedo, sola, camino del quirófano. Desde aquí, mil gracias al anestesista y a mi ginecóloga, que estuvieron conmigo en todo momento y me dieron ánimo cuando yo ya no podía más.

Me abrieron, pero mi bebé aún no estaba listo para nacer. Estaba muy arriba. Respecto a la placenta, resulta que no había sido un vaso roto, yo sangraba porque mi placenta estaba desgarrada. Hecha pedacitos. De ahí esa inmensa cantidad de sangre. Sangre que seguí perdiendo durante la cesárea y tuvieron que dormirme. Tener la placenta destrozada no ayudó a que tuviera una cesárea normal. Recuerdo haber abierto los ojos un momento y ver cómo limpiaban a mi bebé, oírle llorar y respirar aliviada antes de dormirme de nuevo. Después abrí los ojos otra vez, cuando una enfermera me acercó a mi nuevo bebé, pero yo no tenía fuerzas ni para tocarle ni para besarle. Volví a dormirme. Empezaba a despertarme cuando me sacaban del quirófano. Acerté a ver un cubo lleno de gasas, guantes y mucha, mucha sangre. Me llevaron a REA y allí estuve varias horas. Hasta que recuperé mi nivel de glóbulos rojos y me llevaron a la habitación, a conocer a mi bebé.

Y mientras tanto, ¿qué fue de mi bebé? Pues el pobre había tardado en nacer, de lo arriba que estaba aún en mi tripa. Y había cogido frío durante la operación. Lo normal en estos casos es acercarlo a la madre para que le dé calor corporal. Pero yo no podía hacerlo. Así que se lo dieron al Tripadre. Método canguro a tope. Pero tampoco sirvió. Le tuvieron que llevar a una incubadora, a neonatos. Estuvo una media hora hasta que cogió calor y entonces le llevaron a la habitación. Pero yo aún no estaba. Tuvieron que darle un biberón. Y yo, en la REA, sólo pensaba que mi bebé estaba lejos de mí, que tenía que arrimármelo al pecho cuanto antes, que yo sólo quería estar con él.

Por fin nos encontramos. Cogí a mi bebé y me lo arrimé, se enganchó bastante bien teniendo en cuenta cómo había sido su llegada al mundo. Me dijeron que había sido una experiencia muy cansada para él. Se notaba. Se dormía al pecho antes de terminar la toma, apenas tenía fuerza para sacar el calostro. Aquella primera noche fue horrible porque tuvimos que despertarle para comer, pero a mi bebé le costaba mucho despertarse para comer.

Al final, todo pasó. Y salió bien. Mi bebé está sano, aunque siente más el frío y hay que tener cuidado para que no coja frío y se ponga malito. Yo recuperé mis niveles sin necesidad de transfusión. Como me dijo mi ginecóloga, el cuerpo de la mujer se recupera de manera prodigiosa de un parto. Sólo hay que darle tiempo y dejarle hacer. Nunca se lo agradeceré bastante. Más tarde, me enteré de que el anestesista había calificado mi cesárea como violenta y, en palabras de mi ginecóloga, la mía había sido una de las más difíciles de toda su carrera profesional. Ahí es nada.

CONTRAS:

  1. No estaba preparada. Mi bebé tampoco. Por eso todo fue aún más difícil.

  2. En mis otros embarazos, había preparado la bolsa del hospital en la semana 36. En el último, no sé por qué, estaba en la 37 y pensaba que aún me quedaba tiempo.

  3. Tardé en recuperarme, pues la pérdida de sangre fue brutal.

  4. No pude darle la bienvenida a mi bebé. Pasó por demasiados brazos antes que los míos. Al menos, uno de los primeros fue el de su padre. Algo es algo.

  5. El miedo. Yo estaba aterrada por mi bebé. El Tripadre estaba aterrado por los dos. Si hubiera sido a las 3 de la tarde, entre atascos y demás, quizá yo no hubiera llegado al hospital.

  6. La cicatriz. Aunque ya no se hagan como antes y apenas se noten, el caso es que está ahí, en mi tripa, recordándome todo lo que pasamos aquella noche.

PROS:

  1. En las cesáreas, te limpian por dentro. Así que en el puerperio se mancha menos, al menos en mi caso. No sé si que fuera el tercer parto tuvo algo que ver, pero efectivamente, manché menos que con los anteriores..

  2. A la hora de ir al baño, hay menos molestias que con una episotomía. No es que no la haya, sino que hay menos.

  3. Se puede amamantar igual que con un parto natural.

  4. Entiendo que la madre realiza menos esfuerzo para alumbrar al bebé, pues son otros quienes sacan al bebé de dentro.

He pasado por dos partos naturales y una cesárea. Y, personalmente, no entiendo cómo hay gente que sigue programándose cesáreas. Las cesáreas son necesarias cuando hay un problema, un riesgo real. Si no es así, prefiero el parto natural. Por poco glamuroso que sea, aunque haya que empujar como si no hubiera mañana, a pesar de todo, ojalá mi bebé hubiera nacido cuando él así lo hubiera decidido. Sin embargo, en mi caso, la cesárea supuso salvarnos la vida a mí y a mi bebé, así que no puedo estar más agradecida a los profesionales que me atendieron.