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Mamá³, esposa, bloguera, chocoadicta 🍫 Variando según el día 🤷🏻‍♀️ La vida no es de color rosa y en mi casa menos 😉

02Mar/13

… de la lactancia materna

Me enorgullece decir que mis tres hijos tomaron leche materna. Alguno más que otro. Yo había leído lo beneficioso que es para la madre y para el bebé dar el pecho. Nació el Mayor y en cuanto llegué a la habitación me lo arrimé. Los bebes vienen “programados” para lactar, había leído. Será arrimarle a la teta y empezar a comer, recuerdo haber pensado. Pues no. Los bebés vendrán con lo de chupar de fábrica, pero lo de agarrarse bien al pezón hay que enseñárselo. Y ahí estábamos los tres: madre, padre y enfermera; intentando que mi bebé lactara. Al final, lo conseguimos… éramos tres frente a uno, el pobre tuvo que consentir. Y de ahí en adelante, con alguna grieta en el pezón (solventada con jabón de la abuela, sí, ése que se hace con aceite y sosa caústica, mano de santo, pero de verdad), mi bebé lactó hasta los 6 meses. El Mayor se estableció él solito un horario de comida. Cada cuatro horas, de reloj. Al introducir la alimentación complementaria decidió por su cuenta y riesgo que aquello estaba más rico y que la teta ya le aburría. Se acabó dar el pecho.

Cuando nació el Mediano, yo iba de ya-me-lo-sé-todo. Fue llegar a la habitación y no esperé ni a la enfermera ni nada. Arrimar a mi bebé al pecho y agarrarse fue todo uno. Yo, ilusa, pensaba que sería igual que con el primero. Y mi hijo me dio una lección de humildad. Él no iba a ser como su hermano ni de lejos. Para empezar, lloraba cada 15 o 20 minutos. Qué digo llorar, más bien berreaba. Y yo, cada vez que se ponía así, me lo arrimaba al pecho. De nada servía. Esto ya hubiera sido duro si hubiera estado mi bebé solo, pero es que ya tenía un hermano mayor al que también había que atender. La lactancia fracasó estrepitosamente a pesar de poner todo mi empeño en ella. Confluyeron varias cosas. Por un lado, mi desconsolado bebé que no paraba de llorar (después sabríamos que la razón era su piel atópica). Por otro, un pediatra que daba palos de ciego y no acertaba a decirnos por qué lloraba tanto. Además de esto, mi padre pasó por una enfermedad muy grave (que afortunadamente superó) y pasé por mucho, mucho estrés. La lactancia se resintió y mi hijo pagó el pato. Empezó a tomar el biberón al mes de nacer y, aunque intenté darle lactancia mixta para no perder los beneficios de dar pecho, a los dos meses ya tomaba exclusivamente biberón. Los pechos llenos de leche no eran más que un recuerdo del pasado que mi segundo hijo no conoció. Por supuesto, hubo quien aseveró que yo no producía la leche necesaria porque le arrimaba al pecho demasiado a menudo. Justo lo que necesitaba oír una madre que apenas dormía y que veía como su lactancia estaba destinada al fracaso. Hoy, con la perspectiva que da el tiempo, sé que fue más por culpa del estrés que pasé aquellos meses.

Con el tercero, yo ya estaba en plan a-ver-qué-me-encuentro. Tras dos partos vaginales sin complicaciones, el Pequeño tuvo que venir al mundo con una cesárea de urgencia (“cesárea violenta” en palabras del anestesista y “una de las peores de mi vida profesional” según mi ginecóloga). Perdí mucha sangre y estuve en REA algunas horas. Horas interminables alejada de mi bebé. Pero el bebé tenía que comer con o sin su madre. Así que lo primero que probó mi hijo en este mundo fue un biberón. Una vez más, en cuanto llegué a la habitación, le arrimé al pecho y mi bebé comió. He de decir que chupaba con poca fuerza, se quedaba dormido comiendo y le costó recuperar el peso al nacer (le agradezco en el alma a su pediatra la ayuda que nos dio para mantener la lactancia). Pasado el bache inicial, mi bebé fue un bebé lactante. Lactante a demanda y hasta los 8 meses, cuando él solo decidió que la teta ya la tenía muy vista. De nuevo, hubo quien se aventuró a decir que, como estaba todo el día colgado a la teta, es que tenía hambre y que yo debería darle un biberón para que se hartase más y no comiera tanta teta. A estas alturas, yo, trimadre, tenía dos cosas claras: una era que cada nuevo hijo te convierte en madre primeriza, pues cien hijos tendrás y ninguno será igual. La otra cosa que tenía clara era, tras el fracaso con el Mediano, que iba a mantener la lactancia materna de la manera, tiempo y forma que mi bebé y yo quisiéramos (más él que yo, he de reconocer). Hacer oídos sordos era mi lema de cabecera.

Dicho todo esto y teniendo en cuenta de que la lactancia de mis tres hijos ha sido totalmente distinta en los tres casos, desde mi punto de vista, estos son sus contras y pros.

CONTRAS:

  1. Es cuando el bebé quiera. Da igual si son las tres de la tarde o las cuatro de la mañana, el bebé quiere comer y tienes que sacar la teta. Tampoco importa si estás tranquila en casa, si hay visitas agotadoras o si tienes a uno de sus hermanos trepándote por la espalda mientras que el otro hace saltos mortales desde el sofá.

  2. Es donde el bebé quiera. Cuando tiene hambre, tiene hambre. Y no atiende a razones. Poco importa que estés en un restaurante, en mitad del supermercado o dando un paseo a 5 minutos de casa. Intenta explicarle a tu bebé que es cuestión de 10 minutos, más o menos lo que vais a tardar en llegar a casa y sacarte la teta. Suerte.

  3. Las manchas de leche. En cuanto te sube la leche, los protectores para la leche están a la orden del día. Imprescindibles si quieres mantener la poca dignidad que te queda. Ya vas hecha una piltrafa, con ojeras, despeinada, muerta de sueño y llena de manchas de las regurgitaciones. Lo que te faltaba ya eran unas llamativas y enormes manchas alrededor de tus pezones. Protectores a go-gó.

  4. El sujetador se convierte en parte de tu anatomía. De día, de noche, estés vestida para salir o en pijama. El sujetador es como tus bragas, va siempre contigo. En invierno es más llevadero, pero en verano es horroroso… Y además suelen ser feos (los bonitos cuestan una pasta que yo no me llegué a gastar). Lo que va genial para tu autoestima de madre-piltrafa.

  5. Yo no usé sacaleches (salvo con el Tercero y sólo durante una semana para salvar la lactancia), así que la única que podía darle de comer era yo. Eso significaba que si tenía que ir a algún sitio y dejaba a mis hijos con los abuelos, por ejemplo, tenía que volver rápida y veloz, dejando aquello que estuviera haciendo, para darle de comer al bebé.

  6. Todo lo que comes, lo come tu bebé. De ahí que no bebes alcohol, reduces el café o te pasas al descafeinado y evitas el café, los espárragos, las coles y las medicinas. Cruzas los dedos para no pillar una gripe de aúpa y tener que recurrir a los antibióticos.
  7. Habrá a quien no le pase, pero, en mi caso, cuando estoy dando el pecho, mis tetas son propiedad exclusiva de mi bebé. Así que este contra es más por el padre, pobre… Pues por muchas ganas que tenga, no dejo que mi bebé las comparta, pues no me siento cómoda y mi marido, afortunadamente, lo entiende. No voy a relatar aquí cómo le hicieron chiribitas los ojos al tripadre cuando le comuniqué que el Tercero, tras ocho meses, había dicho adiós a la lactancia…

PROS:

  1. La comida de tu bebé siempre está lista. La cantidad necesaria a la temperatura ideal. No tienes que preparar nada cuando sales de casa. Va siempre contigo.

  2. No tienes que lavar ni esterilizar ni secar nada. Que tiene hambre, teta fuera y ya. No hay que hacer nada más.

  3. Los beneficios inmunológicos de la lactancia están más que demostrados científicamente. Yo no soy, ni de lejos, una experta en la materia, pero no deja de resultarme curioso que el Mediano, el que menos pecho tomó de bebé, sea ahora el más propenso a enfermar y que sus constipados acaben siempre complicándose.

  4. Ese momento íntimo y de conexión entre tu bebé y tú cuando mama es fantástico. Es cierto que también existe con el biberón, pero, al menos yo, me siento más unida a mi bebé cuando se trata del pecho. Es asombroso que un ser humano, una persona, se forme en tu vientre. Y sigue siendo asombroso que, una vez que llega al mundo, tu cuerpo siga haciéndose cargo de él produciendo el alimento exacto que el bebé necesita. Quien diga que no cree en los milagros no ha tenido hijos.

Resultado final: me salen más contras que pros. Cualquiera podría decir que entonces sería mejor no darle el pecho. Pues, bajo mi punto de vista, no. ¿Por qué no? Pues porque para mí los pros tienen más importancia que los contras. He dado tanto el pecho como el biberón, así que tengo las dos experiencias para comparar. Y, si alguien me pregunta, siempre le recomendaré la lactancia materna y exigiré un total respeto y comprensión para aquellas madres que den el biberón a sus bebés.

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Si buscas más información o ayuda sobre la lactancia, no dejes de mirar estos enlaces proporcionados por Mamá sin complejos:

 
 

 

01Mar/13

… de romper la tele

Pues sí, aquí estamos otra vez con cosas rotas. Supongo que algunas personas no tendrán televisión en su casa. Si tienen niños, las admiro por ello, de verdad. Nosotros sí tenemos… aunque su uso normal se le esté dando de un tiempo a esta parte. Me explico. Seguro que habéis oído aquello de que no hay que dejar que los niños vean mucho la tele, que es mejor que salgan a jugar al parque o que usen juguetes que les estimule la imaginación. Totalmente de acuerdo. Dejar a un niño horas y horas o sin la compañía de un adulto viendo la caja tonta no entra en mi cabeza.

Cuando el Mayor empezó el colegio, no había quien le sentara más de 5 minutos. Ni a ver la tele, ni a jugar, ni a pintar… sólo se paraba al acostarse. Menos mal. No fue consecuencia del colegio, mi hijo ya venía así de serie. Para que os hagáis una idea, mi sobrino tiene la misma edad que el Mayor y en una tarde en casa ha jugado más rato con algunos juguetes de mi hijo que el Mayor en un año entero. Con este panorama, a Marido y a mí no nos extrañó cuando empezó el cole y su profesora nos dijo que le sentáramos un ratito a ver la tele, a ver si se acostumbraba a parar un poco. El día que aguantó media hora viendo Dora di palmas con las orejas. Mediano iba por el mismo camino. Pero tener un hermano mayor al que imitar en todo le vino bien para coger la costumbre de descansar un poco viendo la tele. Y digo un poco, que nadie piense que mis Trastos pueden tirarse más de una hora delante de la caja tonta porque se equivocaría. Esto es estupendo porque así no tengo que hacer de mamá-ogro.

Por otra parte, yo siempre me he sentado con ellos a ver la tele. Y siempre significa siempre. Me he visto infinidad de veces el mismo capítulo de Dora, Mickey, Many o Little Einsteins. Llega un momento en que iba por la casa cantando las canciones. Toqué fondo, lo reconozco. El año pasado empezamos con las películas de dibujos. Tampoco me enorgullece reconocer que me sé los diálogos de Peter Pan (1 y 2), la Sirenita, Rayo McQueen o Cenicienta entre otros. Después de haber visto la peli de cabo a rabo, una se permite dejar a los Trastos mayores viendo a Peter Pan mientras va a cambiarle el pañal al bebé. Y en plena operación toallita por aquí cremita por allá, pedorreta en la tripita inlcuida, se oye un “pum”. Así, cortito, sutil… dudas de tus oídos. Silencio en el salón. Indicio contundente de algo ha pasado. De vuelta al salón, Trastos sentados en el sofá con cara de no haber roto un plato en la vida. Sabes a ciencia cierta que algo han hecho pero los dos están callados viendo la tele como si les fuera la vida en ello. Te sientas y miras la película. Unos 5 minutos después ves algo raro en la pantalla. Hay un puntito blanco justo en medio de la tele. Te acercas. Tocas con el dedo y no se va. Tocas con la uña y parece un arañazo… pero ¿un arañazo de un puntito? ¿Eso existe? Más bien parece… ¡un golpe! ¡Es un golpe! ¿Cómo ha pasado? Miras a tus Trastos, impasibles. Miras sus manos y entonces caes en la cuenta… les falta un coche. Segundos después ves el coche tirado en el suelo delante de la tele. Tu mente entrenada en estas cosas ata cabos rápidamente. Preguntas que quién ha sido. Casi al unísono, tus adorables hijos responden: “¡Yo no he sido! ¡¡Ha sido éste!!”. Dedo acusador incluido, por supuesto. Uno dice que el otro es un mentiroso. El otro, indignado, responde que el mentiroso es el uno. Bucle infinito.

CONTRAS:

  1. Cuando tienes un hijo y éste hace una trastada, aunque tú no estés presente, sabes que, a la fuerza, ha sido él. Por mucho que se empeñe en negarlo o le eche la culpa al gato. Cuando son dos, el “yo no he sido” es una putada.

  2. A veces, con suerte, puedes saber a ciencia cierta quién ha sido el autor de la trastada. Si ves en la pared perfectamente dibujado un monigote, con sus manos y sus zapatos bien delineados y tu hijo de 3 años apenas hace círculos mientras que el de 5 años es un Picasso en potencia; entonces, no hay duda. Pero si se trata de unas pinturas tiradas por el suelo, pues la cosa cambia. Bastante. Ya puedes ponerte a preguntar quién ha sido y entrar en el bucle infinito.

  3. Si no sabes quién ha sido, ¿qué haces? ¿Les castigas a los dos, aun sabiendo que pagará el justo por el pecador? ¿No castigas a ninguno, por lo que el autor quedará impune y, además, ambos se darán cuenta de que es una manera perfecta para evitar las consecuencias y de que se puede mentir? Yo opto por una u otra opción según sea la gravedad del asunto. Si son unas pinturas, les regaño a los dos y ya. Si le han dado un balonazo a la lámpara y la han dejado descolgada del techo, entonces hay regañina y castigo para los dos… hasta que alguno asuma su autoría. Hay que armarse de paciencia.

PROS:

  1. Si la vida te sonríe, sabrás quién ha cometido la trastada. Él posiblemente lo niegue. En este caso, ya puedes empezar a memorizar su cara de mentir. Te vendrá bien para cuando tenga 15 años y llegue a casa a las 6 de la mañana malo malísimo y sin saber el porqué.

  2. Puedes aprovechar la ocasión para hablar con tu hijo, tranquilamente pues ya sabes que ha sido él, explicarle por qué está mal y las consecuencias de esa acción. También le explicas lo mal que está mentir a papá y a mamá y cruzas los dedos para él mismo se dé cuenta de que ha obrado mal y te reconozca que ha sido él. En nuestro caso, suele funcionar con el Mayor. Al Mediano, le daremos de margen un año más.

  3. Alguien habrá que piense que lo mejor de que se rompa la tele es poder otra nueva. Sí, es un buen pro. Lástima que la economía familiar no esté a la altura de las trastadas de mis hijos. Nos quedamos con tele rota, o más bien, perjudicada hasta nuevo aviso.

El ordenador lo pude quitar de en medio, pero ¿qué hago con la tele? ¿Me la llevo también del salón? Dame paciencia…

28Feb/13

… de los amigos que vienen y van pero siempre están

Hay amigos que estuvieron y se fueron y nunca más se supo de ellos. Otros, sin embargo, estuvieron contigo un tiempo y fuisteis muy buenos amigos. Luego hubo una racha en que no supiste nada de ellos pero tenías ganas de verlos algún día. Entonces, al cabo del tiempo, una llamada o un mensaje os vuelve a juntar, os ponéis al día y parece que nada ha cambiado. A lo mejor tú te has casado y tienes tres hijos y tu amiga sigue soltera y tiene el trabajo que siempre había soñado. Aparentemente ya no tenéis nada en común. Y, sin embargo, os tiráis hablando tres horas y se os hacen cortas.

Esta clase de amigos valen un potosí. Son los amigos que son conscientes de que vuestras vidas son distintas, pero que entre vosotros sigue habiendo una gran amistad. Puede que haga siglos que no os veáis, pero sabes que siempre puedes levantar el teléfono y llamar para ver qué tal está porque nada ha cambiado entre vosotras. Éstos son los verdaderos amigos.

Se me viene a la cabeza que cuando estaba en el instituto conocí por casualidad una chica que iba a otro instituto. Con el tiempo, esta chica y yo fuimos congeniando y al final nos convertimos en amigas. Esta nueva amistad no gustó mucho a mis amigas de entonces, quienes tuvieron a bien advertirme de que mi nueva amiga les daba mala espina y de que tuviera cuidado porque me traicionaría a las primeras de cambio, me dejaría tirada y ellas, mis verdaderas amigas, no querían verme sufrir. Más majas ellas… Quiso el tiempo pasar y casi 20 años después mis viejas amigas ya no están, ahora sólo son conocidas con las que, después de saludarnos, no sabríamos de qué hablar. Sin embargo, aquella nueva amiga cuya amistad iba a durar dos telediarios es hoy en día una de mis mejores amigas, de esas con las que siempre puedo contar, ya sea para contarle mis penas, escuchar las suyas o simplemente pasarnos hablando 3 horas y ver que el tiempo no ha pasado para nosotras. No deja de tener cierta ironía.

CONTRAS:

  1. A los amigos que vienen y van pero siempre están no siempre se les reconoce al primer vistazo. Hace falta tiempo y hay que saber verlos.

  2. En algunos casos, pueden verse eclipsados por otras amistades-espejismos. Si tienes mala suerte, éstas últimas intentaran apartarte de las primeras. Esperemos que no te dejes embaucar.

  3. Como son amistades que perduran a través de los años y no siempre de manera continua, puedes cometer el error de verlas como amigas que estuvieron y se fueron y considerarlas simples conocidas. En cuanto cruces dos palabras con ellas, verás que son amigas de verdad.

PROS:

  1. El tiempo pone a cada uno en su lugar. A ti también. Si has cometido el error de pensar que estas amistades sólo eran conocidos, antes o después te darás cuenta de que fueron y son amigas de verdad. Probablemente a los cinco minutos de hablar con ellas de nuevo.

  2. Siempre que os veis os sabe a poco. Aunque hayáis pasado una tarde entera juntas. Te vas a casa con ganas de volver a veros y con una sonrisa en la cara.

  3. Si han pasado 20 años y seguís siendo amigas, seguramente pasarán otros 20 y seréis amigas también.

  4. Sabes que siempre puedes contar con ellas.

Conclusión: quien tiene un amigo tiene un tesoro. Y estas amistades que siempre están valen su peso en oro. Date cuenta de ello y cuídalas bien.

Dedicado a mis amigas que siempre están ahí. Especialmente a María.
27Feb/13

… de los amigos que estuvieron y se fueron

El otro fin de semana quedé con unas amigas mías. Somos amigas desde la universidad y, aunque nuestras vidas se han ido distanciando, seguimos haciendo por vernos. Y cuando nos reencontramos, nos ponemos al día y seguimos como cuando íbamos a clase. Esta última vez que quedamos, una de ellas me preguntó si me parecía bien que viniera un chico que también venía con nosotras a clase. Según me dijo, tenía ganas de conocer a mis hijos. Como me pilló desprevenida, le dije que sí, pero no entendía bien por qué alguien que, por muy amigo de mi amiga que fuera, no era amigo mío. Había sido un compañero. Tras la universidad, sólo le he visto en contadas ocasiones. Lo que a mí no me importa. Pero no deja de sorprenderme ese interés en conocer a mis hijos cuando ni él ni yo tenemos interés en vernos. De hecho, no nos vemos si no es a través de esta amiga en común.

Esto me hizo pensar en los amigos que he ido haciendo hasta el momento. A fecha de hoy, y sin contar a los que aún haré a lo largo de mi vida, mis amigos han quedado reducidos a dos grupos. Los que estuvieron y se fueron. Y los que vienen y van pero siempre están. Los demás sólo han sido compañeros (de colegio, de instituto, de trabajo, de universidad, de cursos…).

Los amigos que estuvieron y se fueron ya no son amigos. Ahora con conocidos. Te los encuentras por la calle y no dices “ésa es amiga mía”. Lo que dices es “a ésa la conozco yo”. A mí me duele. Y duele porque esa persona una vez fue mi amiga, lo que implica confidencias, alegrías y penas compartidas. Y ahora todo eso se ha esfumado. Quizás haya sido falta de interés, incompatibilidad de agendas, vidas que ahora ya nada tienen que ver… Si fue por ambas partes, todavía se lleva mejor. Pero algunas veces me ha pasado que he intentado mantener esa amistad pese a que nuestras vidas llevasen caminos distintos y tanto esfuerzo no ha servido para nada.

Siempre me acuerdo de una entonces amiga que, estando yo embarazada del Mayor, la invité a venir a mi casa porque siempre iba yo a verla a ella y ella nunca a verme a mí, a pesar de que nos separaban los mismos 20 minutos en coche. Pues bien, mi amiga tuvo a bien decirme que eligiera: si venía a verme en ese momento, no vendría para conocer a mi bebé cuando naciera; pero que si no iba en ese momento, vendría después del parto. Yo fui tonta. Tan de sorpresa me pilló aquello, que sólo pude decirle que eligiera ella. Por si a alguien le interesa, aquella amiga vino a mi casa antes de que yo diera a luz. Y después de aquella visita no he vuelto a verla. El Mayor tiene ya 5 años. No le conoce a él ni a sus hermanos. Vamos a buscarle las dos caras a la moneda.

CONTRAS:

  1. Este tipo de amigos fueron muy buenos amigos mientras duró la amistad. De no haber sido así, sólo hubieran sido compañeros. Y la amistad duró mientras se compartieron los mismos intereses. Se acaba la carrera, te mudas de casa, cambias de trabajo y nunca vuelves a saber de ellos si no es oídas. Una amistad que no resiste los cambios de la vida no es una amistad sólida.

  2. Aún hoy, cuando pienso en ciertas personas, me da pena que nos hayamos distanciado tanto. Eran buenas amigas y seguro que siguen siendo buenas personas.

  3. Cuando pienso en otras personas, sin embargo, me alegro de que ya no formen parte de mi círculo de amistades. Con el tiempo, he visto que su amistad no era tal, sino sólo interés que te quiero, Andrés. Alguien dijo que el tiempo pone a todo el mundo en su lugar. Cierto.

  4. Como ya dije, toda historia tiene dos versiones. Yo aquí cuento la historia bajo mi punto de vista. Y bajo mi punto de vista, no creo que nadie pueda reprocharme nada. Siempre he contestado a las llamadas y he respondido a los mensajes o mails que me han enviado. Nunca he optado por el silencio, algo que no todos pueden decir.

PROS:

  1. Llega un momento en que decides que esa persona sólo es un conocido para ti. Y yo al menos vivo más feliz.

  2. Te das cuenta de que no eran verdaderos amigos. Tan importante es saber quiénes son tus amigos como quiénes no lo son.

  3. Has aprendido una lección sobre la amistad de verdad y la amistad como espejismo. No la olvides.

Conclusión: ahora valoro a mis amigas por lo que son en cada momento. Disfruto de su amistad e intento conservarla. Quien tiene un amigo tiene un tesoro. Pero si no, no es el fin del mundo. Hay que mirar hacia delante. Punto pelota.

Dedicado a la Tata de mis hijos. Con mucho cariño.
26Feb/13

… del chupete

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Basándome sólo y exclusivamente en mi experiencia personal, puedo concluir que 1 de cada 3 niños prefieren el chupete. Por tanto, 2 de cada 3 pasan del artefacto en cuestión sin que los padres tengan que hacer absolutamente nada.

Con el Mayor fue cuestión de supervivencia, de la que suscribe, se entiende. Aquella primera noche en el hospital, primeriza, con aquella personita que dependía de mí, con la episotomía y sus 15 puntos; aquella noche, con el padre de la criatura durmiendo a pierna suelta al lado, que no se despertaba ni llamándole ni tirándole la almohada (y conste que le tiré las dos que tenía en mi cama); aquella noche, como decía, mi bebé no paraba de llorar. Con todo esto, por favor, que no se le olvide a nadie, tuve que levantarme y llamar a una enfermera. Lo que me dolió en el alma y en mis puntos llegar al suelo y al intercomunicador (que, por cierto, estaba en frente de la cama y no al lado, como hubiera sido de esperar), eso no lo sabe nadie. Cuando llegó la enfermera, lo primero que hizo fue mirar al padre durmiendo tan tranquilo y luego a mí. Unos segundos de silencio. “No para de llorar y no sé qué más hacer, acabo de darle el pecho”, fue lo que conseguí decir en un intento de apartar sus ojos del Marido. Ella, muy hábil, le sacó los gases y el angelito pareció descansar… hasta que la enfermera salió de la habitación. Algunos gases, chupadas de teta, cambio de pañal e incluso un mini mini biberón (por si tenía hambre porque a mí aún no me había subido la leche); me decidí. Por mi cuenta y riesgo saqué el chupete que no tenía pensado usar, al menos tan pronto, y se lo puse. A partir de ahí, mano de santo… Lo tuvo hasta los tres años y medio que se lo dio a los Reyes Magos, quienes le dejaron un regalo muy especial en compensación.

Con el Mediano fue totalmente distinto. Recién nacido lloraba mucho, muchísimo, cada 15 minutos más o menos. La mala suerte quiso que mi hijo tuviera piel atópica y que el pediatra diera palos de ciego y no detectara el problema (que si serían cólicos, que si sería el detergente, que si sería la crema hidratante, que si sería el jabón, que si sería la leche materna, que si, que si…). Al final, decidimos llevarle al dermatólogo motu proprio y aquella noche mi bebé se despertó sólo una vez para comer. El caso es que tanto lloraba que hice de todo para que cogiera el chupete, a ver si aquello le tranquilizaba un poco. Bueno, pues por mucho que yo me empeñase, el nene no querer tete. Y así sigue con sus 3 años y poco.

El Pequeño no ha llorado en exceso. Pero se solía quedar dormido a la teta. Esto a mí me encantaba, pero habiendo ya dos Trastos sueltos por la casa, no podía dormirle siempre así. Así que, de nuevo, recurrí al chupete. Con él no insistí tanto, después de la experiencia del Mediano. Pero tampoco hubo tu tía. Acaba de cumplir 10 meses y del chupete sólo queda el recuerdo de alguna foto, tampoco le he ha dado por chuparse el dedo ni nada parecido, igual que al Mediano.

Repito, basándome sólo y exclusivamente en mi experiencia personal y tomando como muestra a mis tres hijos, estos son, para mí, los contras y pros del chupete. Comenzamos.

CONTRAS:

  1. Mantenerlo limpio y esterilizado, al menos los primeros meses, es un rollo patatero. El chupete siempre acaba en el suelo o lleno de pelillos de la ropa (sobre todo si es invierno, por los jerséis). Las cajitas para guardarlos tampoco los protegen de las pelusillas. Me consta que ahora hay limpiachupetes que se pueden llevar en el bolso. Yo no los he probado.

  2. La mayoría de los broches para chupetes no se agarran bien o no tienen fuerza para aguantar un tirón sin caerse. Lo que nos lleva de nuevo al contra número 1.

  3. Si el bebé está acostumbrado a dormirse con el chupete y éste se te olvida, estás perdida. Te va a costar dormirle lo que no está escrito.

  4. Si se duerme con el chupete y en mitad de la noche se despierta y, horror, no lo encuentra, te va a tocar levantarte para dárselo al pobre. Yo esto lo apañé con un truquito que se ocurrió y me di un estupendo resultado. Harta ya de los despertares nocturnos exclusivamente debidos a la pérdida del chupete, decidí coger sólo la cadenita de los broches que no usaba y cosérsela al pijama o al saquito, según la época del año. Obviamente, a la distancia justa para que el susodicho le llegara a la boca pero que no hubiera peligro de que se le enrollara al cuello, no fuera a ser peor el remedio que la enfermedad. De esta manera, cuando se le caía el chupete, el niño sólo tenía que coger la cadenita, seguirla con la mano hasta dar con el chupete y ponérselo en la boca para seguir durmiendo plácidamente sin despertar a su madre.

  5. El momento de retirarlo es un hito. Depende de cada familia y hay tantas maneras de hacerlo como niños y madres hay. Nosotros nos amparamos en los Reyes Magos. Se lo fuimos dejando caer durante todas las Navidades y, al final, el Mayor decidió dárselo a sus Majestades de Oriente a cambio de un regalito especial. También conozco casos en los que el viejo chupete ha sido regalado a un primo que acaba de nacer y ha funcionado. Lo más importante es que los padres estén concienciados de que puede ser duro y de que el niño también esté decido, al menos al principio. En el caso de mi hijo, lo reclamó al irse a dormir un par de noches, le recordamos que se lo había dado él a los Reyes y ahí quedó la cosa, sin historias nocturnas. La siesta no sufrió la misma suerte y, sin chupete, tampoco hubo siesta. Supongo que también se la llevaron los Reyes…

  6. Sin chupete, pueden aficionarse a otra cosa, como la teta de mamá, la manga del pijama (si es invierno) o el dedo. Cuidado con éste último, los pediatras avisan de que puede deformar el paladar.

PROS:

  1. Les relaja un montón. Quien diga lo contrario no ha sido martilleada durante horas por los llantos de un bebé desconsolado en plena noche.

  2. Cuando les salen los dientes, el chupete se convierte también en un mordedor que los niños tienen muy a mano.

  3. Es una alternativa para aquellos niños que se meten el dedo en la boca. El chupete al final se lo acabas quitando, de una forma u otra. Pero el dedo no.

  4. Es un salvavidas perfecto (siempre que no se te olvide llevarlo contigo, punto 3 de los contras). Quien haya estado comiendo en un restaurante o de compras con el bebé dando berridos, le haya dado el chupete y se haya callado y quedado tranquilito un rato sabe de lo que hablo.

Hay quien compara el chupete con una adicción. También hay quien te dirá que el bebé tiene vicio con la teta porque se pasa el día comiendo. Cuando sea más mayor, se obsesionará con los dibujos de turno. Seguro que tú, persona adulta de pies a cabeza, también tienes algún vicio. Si no quieres darle el chupete, dependerá de ti y de tu paciencia. Si el bebé no lo quiere, no lo querrá por mucho que tú te empeñes. Conclusión: de ti y de tu hijo depende elegir si el chupete sí o no.

25Feb/13

… de dejar abierto el portátil encima de la mesa (II)

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Habrá quien piense, tras la entrada anterior, que aprendí la lección, que no me iba a la cama sin cerrar el portátil. No podéis estar más errados. Es cierto que, tras el susto inicial y visualizar a mi hijo tirando el ordenador de la mesa (si había podido quitar las teclas, ¿de qué más podría ser capaz el angelito?), hubo una época en la que cuidé y mimé a mi viejo portátil. Le daba los buenos días, las buenas noches, lo cerraba cuando no lo usaba y hasta le hubiera traído un café si me lo hubiera pedido. Por otra parte, mi Trasto también pasó una temporada sin acercarse al aparato en cuestión.

Más de uno estará pensando que por qué ese interés en dejar abierto el ordenador si no lo estaba usando. La respuesta es Skype. A estas alturas supongo que a todo el mundo, lo use o no, le sonará la palabreja. Por si acaso: Skype es un programa como antes el Messenger, sólo que te registras con cualquier correo que ya tengas, permite mensajes en tiempo real y, para los más aventajados, llamadas telefónicas pero sin teléfono. ¿Y por qué tanto interés en Skype? Pues porque mi Marido lo usa mucho en el trabajo y, cuando tenemos que hablar, en vez de llamarnos por teléfono (reservado a cosas importantes y urgente o ambas) o mandarnos mensajitos sms (antes no había Whatsapp ni nada, el móvil sólo servía para lo que es, vamos, para hablar), hablábamos por Skype. Ahora viaja más que antes, también por trabajo, y dado que el programita en cuestión también admite vídeo llamadas, pues en casa lo usamos como si fuera el mando de la tele. Obviamente, para poder recibir un mensaje del tipo “hoy llego tarde” por Skype, el ordenador debe estar encendido, lo que en un portátil significa con la tapa levantada.

Pues bien, con el tiempo, volví a retomar malas costumbres. En parte, confiada porque ahora el Trasto Mayor pedía permiso antes de acercarse al portátil. Ahora ya estaba también por aquí el Trasto Mediado, pero éste no había tenido experiencia previa con ese cacharro que tenía mamá sobre la mesa. La verdad es que tampoco se había interesado por él, así que yo estaba tranquila al respecto.

Una mañana me levanté y fui a hacer unas gestiones con el ordenador. Vi algo raro en la pantalla y al principio pensé que alguno había estado trasteando y me había cambiado el protector de pantalla. En esas andaba yo, pensando cómo leches habían sido capaces, cuando me di cuenta. Aquello que mis ojos veían no eran una imagen chula sino un golpe en toda regla en la pantalla que había provocado un derrame. Que nadie me pregunte cómo porque yo soy de letras y de ordenadores sólo entiendo el reiniciar. Sólo puedo decir que está relacionado con que las pantallas son de plástico duro y que por dentro tiene algo así como un líquido que reacciona a la luz de lo que estemos viendo, supongo que algo parecido a las televisiones de plasma. Para más información, consulten con un experto en la materia. Yo lo consulté con mi Marido, quien tuvo a bien explicármelo, pero yo sólo entendía palabras sueltas, a saber: roto, arreglar, roto, roto, costar una pasta, roto, roto, ¡roto!

Según investigaciones e interrogaciones posteriores, he aquí el relato de cómo creo que acontecieron los hechos. Marido se levantó para levantar a los Trastos, vestirlos, darles el desayuno y llevarles al colegio como todos los días que hay clase (los fines de semana, la cosa cambia). Yo me quedé en la cama avalada por los despertares nocturnos que por aquel entonces tenía el Trasto Pequeño. Una vez desayunados y listos, los Trastos mayores pasaron al salón a “hacer tiempo”. Marido se queda en la cocina preparándose para la mañana que le esperaba en el trabajo. Antes de ir al cole, la tele no se pone. Quedarse tranquilos en el sofá es un concepto que mis hijos no entienden, sean las 8 de la mañana o las 11 de la noche. Así que decidieron jugar a tirarse cosas. En el salón no hay muchos juguetes, algún peluche como mucho. Pues el día anterior, el Mediano decidió llevarse al salón un muñeco de la bañera, de esos que son de goma y que disparan agua. En concreto, el de la foto que ilustra esta entrada. Como ya he dicho, era de goma, no vi peligro y dejé que se lo llevara. Pero el muñequito en cuestión tiene una base de plástico que le hace flotar. Y esa fue mi perdición. Bueno, esa y la puntería que se gastó el Mediano cuando, al hacerle un pase del muñeco en cuestión al Mayor, dio de pleno en la pantalla del ordenador. Marido ni se enteró, no sonó a roto, no había pasado nada. Los Trastos, que tontos no son, no dijeron tampoco esta boca es mía. Todos al cole, todos contentos.

La sorpresa me la llevé yo horas después. Cómo al final se arregló el ordenador, es otra historia para no dormir. Para resumir, diré que el mes que me quedé yo sin portátil, los Trastos se quedaron sin aparatos tecnológicos.

CONTRAS:

  1. El ser humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Yo seguro que soy capaz de tropezar más veces e incluso caerme si llega el caso. Aún así, dudo de que aprenda la lección.

  2. He dejado el Skype, salvo para los viajes del Marido. Ahora me he enganchado al Whatsapp.

  3. Lo de la reparación del ordenador fue de traca. No se lo recomiendo a nadie.

  4. Dos Trastos pululando, dos incidentes con el portátil. Miedo me da cuando el Pequeño llegue a los dos años, edad en que los Mayores realizaron su trastada. Pienso poner cerrojo en la puerta, a ver si evitando la tentación evito el peligro.

PROS:

  1. El ordenador ha pasado a otra habitación. Intento acordarme de apagarlo cada noche, no todas lo consigo. Cuando voy a la cama, muerta de sueño, y lo veo con la tapa levantada, muchas veces bajo la cabeza y me digo a mí misma que en el estudio no entran los niños. Me meto en la cama con los dedos cruzados. Y las piernas y las orejas también, por si acaso.

  2. El ordenador no lo han vuelto a tocar. Sólo se acercan a él en presencia de un adulto. De otros aparatos (como la tele o el iPad del trabajo de mi Marido), no puedo decir lo mismo. Pero eso queda para otro día.

  3. El mes que estuve sin ordenador, me desenganché. Pero cuando volvió a estar entre mis manos, lo cogí con unas ganas… Ahora sí que le llevo un café todos los días.

Conclusión: el ordenador no es algo de primera necesidad. Lo sabemos todos. No todo el mundo tiene ordenador y no pasa nada. Lo sabemos. Estar unas semanas sin poder entrar en Internet no es el fin del mundo. Lo sabemos. Pero es mejor no probar. Y sobre todo, mantengan los ordenadores alejados de los niños. Sus nervios y sus bolsillos se lo agradecerán.

23Feb/13

… de dejar abierto el portátil encima de la mesa (I)

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En casa, hace tiempo que el ordenador de sobremesa (ese grandote con su torre, su teclado, su pantalla y su ratón) pasó a ser un simple elemento decorativo recoge-polvo encima de una mesa a la que, por otra parte, no le sobraba el espacio. Primero por el trabajo de mi Marido y después por comodidad mía, los portátiles entraron pisando fuerte. Junto a mi primer portátil y el disco de arranque, también me vino en la caja la mala costumbre de dejar el aparato abierto, con la tapa levantada, vamos. Esto no tendría la mayor importancia si no fuera porque los Trastos siempre andan a sus anchas por aquí como si fueran los reyes de la casa.

La primera vez que tendría que haber puesto el ordenador portátil a buen recaudo fue cuando Mayor apenas contaba con 2 tiernos años y el Mediano aún estaba bien custodiado en la tripa de la que escribe. Recuerdo que acababa de pasar de la cuna a su cama de mayor y que le daba por levantarse al despertarse. Era sábado y yo aún estaba en la cama. Le oí levantarse. Le oí ir hacia el salón. Y durante un momento, no oí nada más. En ese instante, debí de sospechar, pero ¡ay!, es que estaba tan a gusto en la cama… Primer error.

Al poco, empecé a oír un “click”. Y luego otro. Y otro. Y otro… Yo aún seguía en la cama con los dedos cruzados para ver si encendía la tele y podía remolonear un poco más. Click. Porque hay que ver qué rápido se hacen los niños con las nuevas tecnologías. Click. Aprenden a poner el vídeo en lo que tú aún andas leyendo las instrucciones. Click. Pues bien, mi entonces único hijo sabía perfectamente encender y apagar la tele. Click. Pero aquel día no fue la tele lo que le llamó la atención. Click. Qué va. Click. ¿Pero por dónde iba, que me pierdo? ¡Ah! Sí. Por los “clicks”. Mi mente repasó rápidamente todos y cada uno de los juguetes que había en el salón buscando al autor de ese sonido. Click. Como no encontré ninguno, empecé a repasar mentalmente los que tenía mi hijo en su habitación. Click. Tampoco di con el susodicho. Click. Incapaz de dar con el artefacto en cuestión, click, me levanté más por curiosidad que por otra cosa. Click. Cuando llegué al salón, vi al angelito, click, con su chupete puesto, click, y sus pequeñas manitas con su pequeños deditos, click, quitando con gran cuidado y paciencia, click, las teclas del portátil, click, una a una. He de agradecerle, click, que las fuera poniendo pacientemente al lado del ordenador. Click. Hasta la barra espaciadora había logrado desprender mi Trasto con ayuda de sus pequeñas uñitas. Click.

Os podéis hacer una idea de la impresión que me dio ver mi portátil despojado de lo que lo hacía ordenador, sus preciadas teclas. Por un momento pensé que ahí se terminaba la vida útil del aparato, por otra parte, prácticamente nuevo. Menos mal que con paciencia pude recomponer el teclado. Aunque la “B” sufrió daños irreparables y durante un tiempo estuve evitando palabras con dicha letra. Si alguien piensa que aprendí de mi error, que se pase el próximo día por aquí y le demostraré cuánto se equivoca.

CONTRAS:

  1. Es un tostón cerrar el ordenador para abrirlo otra vez. Pero si tienes Trastos pululando por la casa, es una opción a plantearse seriamente. Click.

  2. Igual que es una pérdida de tiempo levantar la tapa, también lo es volver a entrar en las páginas web que visitas todos los días. Con lo fácil que es darle a recargar… Click.

  3. Todo lo anterior adquiere un nuevo matiz si tienes que recomponer las teclas una por una para poder mirar tu correo. Es para pensárselo. Click.

PROS:

  1. Una vez que vuelves al ordenador, si lo has dejado abierto, puedes seguir exactamente por donde lo dejaste. Esto incluye seguir poniendo las letras por donde las dejó tu hijo. Click.

Siento no poner más argumentos a favor de dejarse el portátil abierto. Click. La imagen de las teclas esparcidas por la mesa, aun habiendo pasado 3 años, no deja de estar presente en mi memoria. Click.

22Feb/13

… de ser el tercero

Cuando nace el tercero ya está todo hecho. Has leído, te has informado, has preguntado. Sabes qué consejos te han sido más útiles y cuáles más inútiles. Sabes de quién te fías más a la hora de pedir ayuda y de quién no. Has aprendido a tomarte las cosas con calma. Ya no aspiras a tener la casa limpia las 24 horas del día los 7 días de la semana. Has establecido un nuevo orden de prioridades. Antes te daba vergüenza ir por la calle hablando con tu bebé o darle el pecho en un restaurante. Ahora eso queda para las primerizas. Tú ya eres una madre multipartípara. Lo sabes tú, lo sabe tu ginecóloga, lo sabe tu matrona, lo sabe tu vecina de abajo y el pescadero si me apuras. Sabes qué has de llevar exactamente al hospital y qué cosas de las que tienes en casa puedes sacarles más partido y cuáles puedes regalar tranquilamente porque no las echarás de menos. ¿Mocos a ti? ¡Ja! Comenzamos.

CONTRAS:

  1. Si el horario del segundo tiene que adecuarse al primero, el tercero ni os cuento. Si los dos mayores comparten horario, estupendo; pero si no, vas a pasarte medio día carro arriba carro abajo. Crucemos los dedos para que no llueva.

  2. Papá y mamá ya están curados de espanto. A parte de las revisiones, el tercero va a pisar poco la consulta del médico. Si quiere ir, no valen un par de estornudos. Va a tener que currárselo un poco más.

  3. El tercero tiene que hacerse un hueco. Puede destacar por ser el más nervioso de todo o el más tranquilo. Si decide ser el más nervioso, estáis apañados… Y da gracias por no ser el que destaca porque muerde todo lo que pilla, porque le encanta tirar todo al suelo o porque se tira del sofá sin paracaídas.

  4. Nadie sabe qué regalo hacer al bebé que está por nacer… ni tú qué pedir. Prácticamente, lo tienes todo de los otros. Si éstos rompieron algo, lo puedes decir (nosotros nos pedimos el parque de juegos). Si no, puedes arriesgarte y pedir algo completamente nuevo. Yo me arriesgué y pedí un sacaleches. Bendito sacaleches. Sólo lo usé una semana, pero esa semana salvó la lactancia del Pequeño. Y gracias también a la pediatra, que supo asesorarme para que mi bebé siguiera con la teta cuando a los 10 días de nacer aún no había recuperado el peso al nacer. Cualquier otro pediatra habría tirado por el camino fácil recomendándome darle al Pequeño leche de fórmula. Se lo agradeceré toda la vida.

  5. Pocas son las cosas que el tercero va a estrenar por sí mismo. Prácticamente todo es heredado de sus hermanos. Yo intento comprarle de vez en cuando algo para que también estrene cosas. Una camiseta, un sonajero… algo que pueda decirle cuando sea mayor: “hijo, esto es tuyo. Te lo compramos a ti”.

PROS:

  1. Si el hueco se lo hace por ser el más tranquilo, se lo vas a agradecer. Mucho. El Pequeño se ha ganado a pulso que le llamemos “el tranquilo”. Espera pacientemente su turno mientras los otros dos me marean con “mamá, esto” y “mamá, aquello”. Pero, la verdad sea dicha, para ser más tranquilo que los Trastos mayores, no hace falta correr mucho. El Mayor y el Mediano, cuanto más cansados están, más trotan (por el sofá, por el salón, por la cama…). Con este percal, fácil era hacerse el hueco siendo el más tranquilo con quedarse quieto sólo cinco minutos.

  2. La ropa abunda. Como ya dije, los dos primeros nacieron en estaciones del año completamente distintas. Así que ropa hay. El Pequeño crece a paso agigantados, más rápido que sus otros dos hermanos, creo. Aunque también puede ser percepción mía, pues su embarazo me consta que duró los mismos 9 meses que los de sus hermanos y a mí, una vez superados las nauseas y vómitos diarios, se me pasó volando. En cualquier caso, es una suerte poder abrir una caja y sacar la ropa. Al paso que va, pronto tiene la talla del Mediano. Además, tengo la sensación de que crece tan deprisa que, en lo que voy a comprarle ropa y vuelvo de la tienda, ya no le vale.

  3. De momento, a sus hermanos les encanta jugar con él. El Mayor empezó a prestarle atención en cuanto le vio. Fue amor a primera vista. Al Mediano le costó un poco más. Al principio lo veía como un mueble y no le hacía mucho caso. Ahora que ya puede interactuar con él, le chifla cantarle canciones y hacerle cosquillas.

  4. Cuando estaba embarazada del Primero y el Mediano, todo el mundo me advertía de lo que se me venía encima. Me decían que el parto iba a ser horrible, con todos aquellos dolores. Que lo peor iba a ser el alumbramiento de la placenta porque dolía más que el parto en sí. Que el primero tendría muchísimos celos porque se llevaba poco tiempo con el segundo. En mi caso, no acertaron ni una. Con el tercero, aprendí a hacer oídos sordos. Y me fue mejor. Y a mi bebé también.

Conclusión: somos cinco. Somos una familia numerosa. ¿Os acordáis cuando las familias numerosas eran aquellas que tenían cinco o más hijos? Se me hace raro considerarnos familia numerosa, pero es lo que hay. Cuando Pequeño crezca, estoy segura de que tampoco le gustará ser el más pequeño. Igual que al Mayor no le gustará ser el primero ni al Mediano ser el que está en medio. Estoy convencida de que cuando sean mayores preferirían haber nacido en otro orden. Me tendré que aguantar con sus quejas. Punto pelota.

21Feb/13

… de ser el segundo

El primer hijo puede ser primero y único. Pero algunas veces, los padres decidimos darle al primero un compañero de juegos (otro error común es pensar que jugarán juntos sólo por ser hermanos, lo que es verdad en la mayoría de los casos pero no en todos). No queremos dejar al primero sólo en el mundo, vemos que podemos y nos ponemos manos a la obra… bueno, ya me entendéis. En nuestro caso, con menos presión familiar (nuestro primer hijo era también el primer nieto y sobrino por ambas partes y todo el mundo lo esperaba con ansia), el segundo se hizo esperar menos que el primero. Y llegó y dijo que esa boca era suya. Empezamos.

CONTRAS:

  1. Llega y es el rey de la casa… mientras estéis en el hospital. En cuanto aparcáis en casa, tiene que compartirlo todo con su hermano mayor. “Todo” es mamá y papá. Porque el segundo es aún tan pequeño que no entiende de tuyo o mío… hasta que crece y empieza a marcar su territorio. En nuestro caso, el Mediano era capaz de decir en un solo día más veces la palabra “mío” que el Mayor en toda su corta vida.

  2. Papá y mamá se creen que lo saben todo, que ya son perros viejos en estas lides. Y repiten con el segundo todo lo que les funcionó con el primero. Si funciona, suerte que has tenido. Pero si no, entonces te desesperas. Te preguntas qué querrá ese niño. Pues ese niño te está dando una lección de humildad. Y vuelves a sentirte a ratos como una madre primeriza.

  3. Hereda la ropa de su hermano. Esto es lo normal. Ahora bien, el Mediano se plantó y dijo que él no heredaba nada. Así, para empezar, si el Mayor nació en verano, el Mediano nació en invierno. Con un par. A comprar ropa nueva porque, claro, no iba a salir a la calle en manga corta por muy mono que fuera ese conjuntito que tanto te gustaba.

  4. Fuerzas la situación. Nada importa que aún queden un par de meses para el verano, tienes ahí guardado un peto precioso que el Mayor apenas se puso porque dio un estirón y estás decidida a aprovecharlo como sea. Menos mal que al abrir la puerta entra un aire frío que te da en toda la cara y te hace reaccionar… ¿Cómo llevas a la calle al niño así, alma de cántaro? Anda, date la vuelta y ponle una gorra, que parece que hace sol.

  5. Yo creo, por experiencia personal, que el contra más grande de todos es éste. Seguir los horarios del Mayor. El primero puede echarse la siesta cuando quiera, si tarda en dormirse, no pasa nada porque le dejas dormir lo que necesite. Tampoco tienes prisa para despertarle por la mañana. Pero con el segundo, ay, amiga, si el primero tiene que ir a la guarde o al cole, él tiene que ir contigo a recogerle, haya pasado el segundo mala noche o no. Si llueve o hace un calor que derrite las ruedas del carro no puedes quedarte en casa a esperar que escampe el temporal. Hay que ir a buscar al primero, que sale ahora de clase. La hora de la merienda depende de a qué hora llegues a casa de buscar al primero del cole. Al principio, el segundo es tan bebé que no puedes bañarles a los dos juntos, así que la hora del baño también depende de cuándo y cuánto tarde en bañarse el primero.

PROS:

  1. Una vez que te das cuenta de que el segundo es distinto al primero, todo es más fácil. No es un camino de rosas, pero te lo tomas de otra manera. Y es un beneficio que comparte toda la familia. Las rutinas se relajan un poco. Comprendes que todo es cuestión de reorganizarse. Y lo haces. Y lo consigues.

  2. Ya eres madre experimentada y no te asustas por unas decimillas. Tienes Apiretal y Dalsy como para parar un tren. Los mocos tampoco te asustan. Ya identificas las toses y no corres al médico al primer estornudo.

  3. Todo lo que puede necesitar el segundo ya está en casa. O lo tienes porque lo guardaste del primero o porque te lo han regalado. Con el primero no pides nada una vez que tienes lo básico (a saber: cuna, carro, ropa para los primero días…). De ahí los regalos inútiles o absurdos. Con el segundo sabes exactamente qué es lo que necesitas. Y cuándo te preguntan que qué le regalan al nuevo miembro de la familia, lo pides. Que al final lo consigas o no es otra historia.

  4. En mi caso, se llevan poco tiempo, un par de años. Y yo lo considero un Pro, así, con mayúsculas. Cuando estaba embazada del Mediano e iba con el mayor de la mano por la calle, hubo mucha gente que me dijo que si no me daba pereza tener otro tan pronto (otro “consejo” gratuito). Al parecer, si un niño está en pleno proceso de dejar de usar el pañal y va a tener otro hermanito, es demasiado pronto. Y da pereza. Respecto a la prontitud he de decir que conozco algún caso en el que los hermanos se llevan 11 meses. Cuarentena y otra vez a empezar. Eso sí es rapidez. Y personalmente, a mí me da más pereza tener un niño de 8 o 12 años y estar esperando el segundo. Lo de los pañales ya se te ha olvidado. Cuando se llevan menos, es inercia pañaril. Pero para gustos, los embarazos. Eso sin mencionar que cuanto más grandes sean, menos se notará la diferencia de edad.

  5. Si tienes suerte (nosotros la tuvimos), el primero se desvivirá por el segundo. Estará pendiente de él, le cuidará y le vigilará. El segundo va a tener siempre una referencia más próxima a su edad que el primero. Esperemos que esa referencia sea para bien.

Conclusión: como en la anterior entrada, da igual en qué lugar haya nacido. Siempre preferirá el lugar de cualquiera de sus hermanos. Antes o después te lo hará saber. Tendrás que aguantarte. De nuevo, piensa que tú también se lo dijiste a tus padres. Ahora, apechuga. Punto pelota.

18Feb/13

… de ser el primero

Lo de ser el primer hijo está muy trillado. Pero no por eso deja de ser menos interesante, ¿no? Ahora, después de tener tres Trastos, no consigo recordar en qué invertíamos el tiempo libre Marido y yo. Quizás haya una neurona en el cerebro, una neurona maternal, que nos impida a las madres recordar ese tiempo. Y quizás lo haga para que no nos demos con la cabeza en la pared, por idiotas. Que si ahora estoy muy cansada, que si no me da tiempo, que si ya lo haré luego o mañana, que si me levanto de la cama aunque sean las ocho de la mañana porque me he despertado (nota a mi yo del pasado: ¡date la vuelta y sigue durmiendo, tonta!). Y así podría seguir y rellenar tres entradas del blog. Una vez que nace el primero, no hay marcha atrás. De nada vale posponer cosas y si no duermes cuando puedes, cuando quieras tal vez no puedas. Pero como todo, la moneda siempre tiene dos caras. Recordando cuando nació el Mayor, ésta es mi lista de contras y pros de ser el primero.

CONTRAS:

  1. El primer hijo se da de bruces con unos padres que son primerizos, inexpertos y, a menudo, maleables y mal aconsejados. Todo son miedos. Incluso cuando tu bebé está plácidamente dormido, te preguntas si respira. Y ahí vas tú, echa un manojo de nervios, a comprobar que todo va bien. Y como ésta, otras tantas. Que si estará bien abrigado, que si te has pasado y tiene calor, que si es normal que duerma tanto, que si es normal que duerma tan poco, que si, que si, que si. Y, por supuesto, nunca faltan los consejos gratuitos que todo el mundo tiene a bien darte. Y cuando digo todo el mundo, quiero decir todo. Pero eso queda para otro día.

  2. Al primero hay que comprárselo todo, desde el chupete hasta la cuna, pasando por la ropa. Si no le compras algo, algo que no tiene. Te lo pueden dejar, claro, pero ya tienes que preocuparte de ir a buscarlo o de que te lo traigan a tiempo, para que no lo eches en falta cuando lo necesites. Qué bien vienen esos pañales de la cesta de regalos, ¿verdad?

  3. Al primero se le regala de todo. Y, de nuevo, cuando digo todo quiero decir todo, por absurdo e inútil que parezca. Que no se engañe nadie, los regalos más originales son para el primero.

  4. Todo es digno de celebración. ¿Ya salió el mecomio? ¡Hurra! ¿Ya tiene un diente? ¡Hurra! ¿Ya anda? ¡Hurra! ¿Ya dice mamá? ¡Hurra! Aplaudes hasta con las orejas… y luego dirán que si se siente el príncipe destronado cuando llega otro hermano será culpa suya, ¡ja!

  5. Te da la falsa seguridad de que ya lo sabes todo para el segundo. Y tú vas y te lo crees. Y éste es el peor error de todos.

PROS:

  1. Tienes todo el tiempo del mundo para dedicárselo a él. Eres inexperta, sí, pero tienes tiempo para aprender. Lo observas todo, lo investigas todo, lo lees todo si tiene algo que ver los bebés. Aprendes sobre la marcha. Y puedes perderte en esos ojos preciosos que te miran mientras mama. Puedes cogerle en brazos tranquilamente porque todo lo que tienes que haces es estar con él. Disfruta del momento, no te creas eso de que si le coges se va a mal acostumbrar a los brazos. Yo les he cogido a todos hasta la saciedad y Mayor y Mediano, una vez que se pusieron de pie, ya no hubo manera de cogerles tranquilamente. Todo era andar, correr y trotar. Y si te he visto no me acuerdo.

  2. Todo lo estrena él. Sí, hasta ese regalo absurdo e inútil lo estrena el primero. Y puede que te de s cuenta de que es un buen regalo. Sin embargo, al regalo que más te gustaba porque pensabas que lo ibas a usar un montón, lo apartas a un rincón y no lo desentierras de la montaña de trastos hasta que llega el segundo.

  3. Le haces miles de fotos y le grabas en vídeo hasta la saciedad. Da igual que sean fotos parecidas, parece que nunca habrá bastantes… lo que no habrá será sitio para guardarlas todas, guapa.

  4. Las rutinas las cumples a rajatabla, caiga quien caiga. Un minuto de retraso es una desfachatez. Si a los niños les gustan las rutinas, el primero es el niño con más rutinas del mundo.

  5. Todo el mundo que aparezca por casa o que se cruce en vuestro camino al dar un paseo le presta atención a él. Y ya sabemos que a los niños les encanta ser el centro de todas las miradas y los mimos. Él dice “mmmma” y tú ya estás dejando lo que sea que estés haciendo para correr rauda y veloz a ver qué quiere el angelito. Antes de que acabe de decir “mamá”, tú ya estás ahí.

Conclusión: el primero es el primero porque llega primero. Y no le gustará. Si fuera el último tampoco le gustaría. Siempre verá más ventajas en ocupar otra posición en la escala familiar. La que sea. Cualquiera es mejor que la que realmente ocupa. Asúmelo. Si tienes hermanos o hermanas, a ti también te ha pasado. Y tus padres te han aguantado. Ahora te toca a ti. Punto pelota.

15Feb/13

… de tener tres hijos

Si alguien me hubiera preguntado hace 10 años que cuántos hijos quería tener, le hubiera dicho que dos niñas. Así, sin pestañear. Más que una respuesta habría sido un acto reflejo, como cerrar los ojos al estornudar o levantar la pierna cuando te dan justo en ese punto de la rodilla. Quiso el destino que el primero fuera niño. Al destino también se le antojó que el segundo fuera otro niño. El destino ya se partió de risa cuando el tercero también fue niño. A mis niños no los cambio por ninguna niña por muy trastos que puedan llegar a ser, que quede claro. Y por muchos juegos de peleas que hagan, tampoco.

Sin embargo, si pienso sobre el tema, no puedo evitar hacer una lista con los pros y contras de tener tres (no uno ni dos, sino tres) vástagos.

CONTRAS:

  1. Jamás habrá una falda o un vestido en casa que no sea mío. Eso significa que mi ropa es mía y me la pongo cuando quiero. No hay posibilidad de error al colocar la ropa. La mía, quiero decir, de calzoncillos estoy hasta el gorro.

  2. No podré hacer trenzas ni coletas. Esas me las guardo para mi sobrina, si se deja. Esto, bien pensado, un día de colegio a las ocho de la mañana y con la hora pegada al culo podría ser un pro tan grande como una casa.

  3. Nada de muñecas en casa. Lástima. A esas las tenía controladas. Ahora me toca aprenderme la alineación del Madrid, del Manchester United y del Cuenca. Porque en esta casa no nos gusta el fútbol pero el Mayor nos ha salido futbolero (cosas del colegio, en clase enseñan las letras y en el recreo los equipos de fútbol) y se ve cualquier partido que retransmitan si le dejamos, ya sea un Madrid-Barça o un Pinto-Zafra.

  4. Nada de confidencias madre-hija despellejando al novio de turno o dando consejos con la experiencia propia y ajena que una lleva a sus espaldas. Todo mi saber, poco o mucho, cae en saco roto. Qué pena.

  5. Los Trastos son tres. Marido y yo sólo dos. Yo soy de letras, pero está claro que ellos son mayoría. No nos podemos dividir… al niño que queda. Puestos a dividir siempre habrá uno con dos Trastos. Miedo me da el día que ellos sean conscientes de esto y lo usen en su favor.

  6. Te confías. Cuando nace el primero no sabes nada. Cuando nace el segundo crees saberlo todo. Al mes te das cuenta de que ése había sido el mayor error de todos. Cada niño es de su padre y de su madre… aunque sean los mismos.

PROS:

  1. Toda la ropa de mis hijos es reutilizable. Nada se tira, todo se aprovecha una y otra vez hasta que le queda pequeña o se rompe. Ya no hay que salir corriendo porque ha dado un estirón. Basta con abrir la caja de ropa del mayor. Obviamente esto no sirve para el primero, es lo malo de estrenar ropa siempre.

  2. Las compras de ropa se terminan pronto. Porque por mucho que la ropa pase de un hermano a otro, siempre se compra ropa a cada uno, aunque sea una triste camiseta. Ahora, lo de las tiendas de ropa para niños es un mundo aparte. Un mundo que se divide en tropecientos pasillos rosas para las niñas y dos o tres (cuatro con suerte) para los niños. Y en estos pocos pasillos lo que más abunda son un mismo modelo de pantalón en dos colores distintos (claro y oscuro) y camisetas de colores con dibujos como Spiderman, los Simpson o Rayo McQueen.

  3. Los juguetes se comparten. Todos. Puede que a uno le guste más la pelota y a otro los coches, pero son juguetes de niños. Esto puede parecer sexista. Quizás lo sea. Si alguno de mis hijos me pidiera para su cumpleaños una muñeca o una plancha de juguete, se lo regalaría. Pero no lo hace. Y de la misma manera que no voy a comprarle un camión y obligarle a jugar con él, tampoco le voy a regalar una muñeca y pedirle que se dedique a hacerle peinaditos.

  4. Y hablando de peinados. Todo aquel que haya tenido contacto con una niña sabrá que antes o después son muy dadas a peinar a todo aquel que se les ponga a su altura. Por muchos tirones que te den, tú pones buena cara y sueltas un “con cuidado, princesa, que me haces un poquito de daño”. Pero por dentro piensas “maldita la hora en que le dejé que me peinara”. Yo eso me lo ahorro… a menos que alguno me salga con vocación de peluquero.

  5. Puedo inculcarles a mis hijos el buen trato hacia las mujeres. Si alguna me lee, que piense en ese capullo que tan mal la trató. Seguro que pensó que si no tenía una madre que le dijera que portarse así es de gilipollas. Bueno, pues yo confió en ser esa madre.

  6. Cuando nace el tercero ya eres consciente de que no va a ser ni como el primero ni como el segundo. Es el tercero y es él y sus circunstancias. Algunas cosas te las conoces, pero sabes que pueden no funcionar. Si funcionan, bien. Si no lo hacen, ya no te desesperas. Respiras e intentas otra cosa.

Conclusión: me quedo con mis niños. Y las bragas son mías. Os dejo, voy a llamar a Seur para anular el envío. Creo que me los voy a quedar otro año más, a ver qué tal se portan. Para algo son mis Trastos. Punto pelota.

14Feb/13

… de escribir un blog

Lo he pensado mucho, mucho. ¿Escribo un blog o no? ¿Tendré tiempo y dedicación o no? ¿Me pica la nariz o es un estornudo? ¿Blogger o WordPress? Después de pensarlo mucho, al final me he decidido a escribir un blog personal. Ésta ha sido mi lista de pros y contras para ello:

CONTRAS:

  1. Te haces público. Tú, como tú (no como trabajador, madre, padre, hijo, amigo, sino como tú mismo), le das a todo aquel que quiera leerte la posibilidad de entrar en tus pensamientos más profundos que puedes haber compartido con la gente de tu entorno o no. Genial si eres algo tímido, ¿no?

  2. Si alguien te conoce personalmente y te lee, puede molestarse o no por aquello que escribes o cómo lo escribes. Especialmente si el post trata sobre esa persona. Me temo que aquí hay dos opciones: o te lo callas o tienes que mentalizarte para que esas futuras discusiones no te afecten. Yo aún no me he decidido (nota mental: hacer lista de pros y contras). Todos sabemos que en cada historia hay dos versiones, la propia y la ajena y todos creemos que la propia es la que vale. Quien no lo piense así que tire la primera piedra. A mí no, a ser posible.

  3. Te impones una rutina para escribir. Es obvio que esto no es un diario, pero si se trata de un blog personal hay que escribir a menudo. Si no, el blog cae en desuso, se marchita, muere y al final pasa a formar parte de la web-basura de Internet. ¿Alguien sabe qué pasa con toda esa información y datos perdidos por Internet? ¿Se acabarán juntando como los robots de Will Smith? ¿Nos acabarán gobernando como en Matrix?

PROS:

  1. Tienes un sitio donde desahogarte. Todos tenemos a alguien que nos escuche, que nos dé la razón o nos la quite. Pero aquí se trata de gente anónima que decide libremente si le apetece o no. También te puede mandar a la mierda libremente. Cosas de Internet.

  2. Puedes conocer a gente afín a ti y a tus circunstancias. Hay quien se hace pareja por la web, amigos se supone que también. Enemigos seguro.

  3. Escribes sobre lo que te dé la gana. Así, sin imposiciones. Libre albedrío.

  4. Me gusta escribir. Así, en general.

Llegados a este punto, creo que los pros ganan. Conclusión: me decido a escribir un blog. Entro de lleno en el mundo blogístico sin paños calientes. Aún quedan flecos, lo sé. Esto irá tomando forma durante la marcha. Cruzo los dedos. Me apetece escribir un blog. Punto pelota.