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Mamá³, esposa, bloguera, chocoadicta 🍫 Variando según el día 🤷🏻‍♀️ La vida no es de color rosa y en mi casa menos 😉

08May/13

… del sacaleches

Sacaleches

He tenido tres hijos y un solo sacaleches que he usado apenas una semana (si junto las horas totales que lo usé). No trabajo fuera de casa desde antes del Mayor, así que no había tenido necesidad de uno. Mis razones para usarlo fueron otras. Y, a pesar del poco tiempo que lo usé, le cogí un inmenso cariño.

Ya os conté cómo fue el nacimiento del Pequeño, una cesárea violenta en la que mi bebé tuvo que hacer un esfuerzo para salir al mundo. Como nos dijeron en el hospital, “había nacido cansado”. Al principio no entendía qué repercusiones podría tener esta afirmación, pero no tardé en averiguarlo. Dormía mucho y le costaba mamar y no precisamente porque no supiera. Dormía y al Tripadre y a mí (y también a las enfermeras de noche del hospital) nos costaba horrores despertarlo, horas interminables haciéndole todo tipo de perrerías para que abriera los ojos (quitarle ropa, tocarle los pies, menearle, cogerle, dejarle…). Ya sabéis que, sobre todo durante los primeros quince días, los bebés deben comer más o menos cada 4 horas para evitar la hipoglucemia. Pues nada, mi Peque prefería dormir a comer. Cuando por fin se espabilaba un poco, le ponía corriendo a la teta. Empezaba a comer y ¡otra vez dormido! Apenas habían pasado 5 minutos y ya estábamos igual que hace un par de horas. Era un auténtico suplicio.

A los 10 días fuimos a una revisión con su pediatra y aún no había recuperado su peso al nacer. Yo le dije a la pediatra que quería seguir con la lactancia materna, que con el Mediano la había perdido, pero que estaba decidida a hacer lo que fuera por no recurrir al biberón si no era estrictamente necesario. Y aquella pediatra me entendió a la perfección. Me propuso utilizar un sacaleches para darle mi propia leche con una jeringuilla. Así evitábamos el biberón y nos asegurábamos que comía aunque tuviera un sueño profundo.

Nos hicimos con uno simple, aunque automático. Cuando se quedaba dormido, el Tripadre me traía el aparato y, mientras él intentaba despertar al Peque, yo me sacaba la leche. Después, con la jeringuilla, le dábamos la leche, mi leche. Y así estuvimos una semana. A la siguiente cita con la pediatra, mi bebé había recuperado el peso al nacer e incluso había puesto unos gramos más. ¡Estupendo!

Nunca le agradeceré lo suficiente a aquella pediatra que me echara una mano para salvar la lactancia en vez de tomar el camino fácil y “recetarme” el biberón. Gracias a su comprensión y sus consejos, mi bebé estuvo con lactancia materna exclusiva los seis meses recomendados. Poco a poco, logramos despertarle para comer y él conseguía quedarse más o menos despierto… porque se enganchaba, se dormía, volvía a mamar, otra vez se quedaba frito, ahora lactaba un poco más, otro rato dormido con la teta en la boca… y así hora y media, a veces más.

De manera que, teniendo en cuenta esta particularidad, aquí van mis pros y contras del sacaleches.

CONTRAS:

  1. Tiene muchas partes, casi hay que hacer un máster para entenderlo. Vale, a lo mejor no son tantas y yo exagero un pelín, pero sí son más partes que un biberón normal, que era lo más complejo que había tenido que montar y desmontar hasta la fecha.

  2. Hay que esterilizar todas las pares y todas las veces tras su uso. Esto implica desmontarlo y montarlo varias veces al día, en mi caso, prácticamente en todas las tomas. Si tenemos en cuenta que los bebés maman muy a menudo nada más nacer, para mí eran demasiadas esterilizaciones y se me hacía muy cuesta arriba.

  3. Con la calculadora en la mano, me salió muy caro teniendo en cuenta el poco tiempo que lo usé.

  4. Las primeras veces me molestaba un montón. Era como un vacío en el pecho que me costaba soportar.

  5. Viendo salir la leche, no podía evitar sentirme como una vaca lechera a la que estaban ordeñando. Al Mayor le hacía mucha gracia el aparatejo y, cuando me veía con él, me preguntaba si ya iba a ordeñarme otra vez… muy majo como véis 😛

PROS:

  1. Por mucho que costara el cachivache en cuestión, doy por bien empleado ese dinero pues permitió que mi hijo siguiera alimentándose de leche materna de forma exclusiva, sin tener que recurrir al biberón.

  2. Como era automático, una vez enchufado y establecida la frecuencia de succión, el trabajo lo hacía todo el sacaleches.

  3. Con la práctica, conseguí ajustármelo de manera que ese vacío que me hacía en el pecho no me molestara.

  4. El complejo de vaca lechera ordeñada pasaba con el simple pensamiento de que así ayudaba a mi bebé sin recurrir al biberón.

  5. Viene muy bien para aquellas madres que tienen que separase de sus bebés durante algunas tomas pero quieren seguir dándoles leche materna, pues ésta se puede refrigerar o congelar. ¿Alguien lo duda?

  6. El mío era simple, para sacar leche de los dos pechos, éstos tenían que turnarse. Sin embargo, los hay dobles, de esta manera, se puede sacar leche de los dos pechos a la vez.

Esta entrada está dedicada al sacaleches, pero en realidad es un agradecimiento a aquella pediatra que apostó por la lactancia materna. Una pena que tuviera que irse por motivos personales y no poder contar con ella para otras cosas, pues pensábamos igual en muchos aspectos de la maternidad, los bebés y los niños en general.

Una profesional como la copa de un pino que, cuando le dije evitaba tomar cualquier medicamento durante la lactancia, por muy seguro que se suponiera que era, por el temor a que afectara a mi leche, en lugar de hacerme sentir como una tonta por tal decisión, me dijo que me entendía perfectamente, sin juzgarme. Una pediatra que prácticamente me rogó que no dejara llorar a mi bebé si podía evitarlo (recordemos que mi bebé no era hijo único y que su madre no tiene el don de la ubicuidad, aunque lo intenta). Una pediatra que, además de preguntarme cómo estaba mi bebé, también me preguntaba cómo estaba yo. No todos los pediatras son así. Espero de todo corazón que haya conseguido hacer realidad su sueño.

06May/13

… de perder unos kilos

No es celulitis, es la manera que tiene mi cuerpo de decir “soy sexy” en braile.

Como ya estaba en el límite de la talla extragrande y mi tripa bien parecía unos de mis embarazos a los 6 meses, las pasadas Navidades me propuse, como propósito de año nuevo, perder peso, al menos, 10 kilos (y volver a conducir, pero eso ya lo sabéis ;-)). Después de Reyes, empecé la operación kilos fuera, basada en no picar entre horas y comer menos dulces (que me encantan) y menos comida basura. No es que ésta fuera algo normal en mi dieta, pero decidí, apoyada por el Tripadre, reducirla a su máxima expresión y, en este caso, hacerla casera a poder ser. Más ensalada, menos dulces e hidratos de carbono pocos. Todo esto, basándome en una dieta que me dio el médico hace unos años. Y quiero hacer énfasis en “me dio el médico”.

También empecé a hacer algo de ejercicio en la hora que tenía desde que los Trastos mayores se iban al cole y el Peque se despertaba. Pero he de reconocer, para mi deshonra, que tuve que dejarlo en cuanto volví a dar clases de conducir y ahora con el blog no he vuelto a retomarlo.

Aún así, desde el 8 de enero, que fue mi primer día kilos fuera, hasta hoy (4 meses), he perdido 7 kilos (me quedan sólo 3 para alcanzar mi objetivo inicial :-)). Esto se traduce en que he podido volver a ponerme un pantalón que hacía mucho que no rozaba mis caderas y en que he perdido una talla (que he festejado comprándome unos pantalones nuevos porque los que solía usar ya me los podía quitar sin desabrochar). Y así andaba yo contenta este fin de semana.

Por aquello del Día de la madre, el sábado comimos con mi madre (y mi hermana) y el domingo con mi suegra (y cuñados). Y yo me calcé mis pantalones nuevos de una talla menos. Resultado: nadie se ha dado cuenta. Ni un comentario ni nada. Cero patatero.

CONTRAS:

  1. Soy realista. Sé que no se me ha quedado cuerpo de modelo (entre otras cosas porque mi tripa sigue ahí, colgandera). Pero aún así, si mis viejos pantalones se han dado cuenta, esperaba que alguien más también.

  2. Me he venido un poco abajo. No porque nadie me haya llenado de halagos (tampoco es eso), sino porque su ausencia me hace sospechar que no se me notan los kilos perdidos.

  3. Sé que mi tripa me acompañará siempre, pues ya estaba ahí antes de mi peso-sin-niños. No he tenido el vientre plano ni con 20 años ni haciendo abdominales.

PROS:

  1. El Tripadre se ha dado cuenta :-). ¿Habrán tenido algo que ver el alboroto que monté cuando me entraron los viejos pantalones? ¿O habrá sido quizá la sonrisa que se me quedó en la cara cuando me compré los últimos pantalones una talla menos?

  2. Mi salud lo agradece, pues he bajado mi índice de masa corporal (IMC), que estaba por encima de lo aconsejable.

  3. Yo me siento estupenda con una talla menos. Así que voy a seguir haciendo lo que hasta ahora. Pienso bajar los 3 kilos que me faltan para llegar a los 10. Y, si puedo, seguir bajando hasta mi peso-sin-niños. Ya os contaré.

  4. Me he encontrado en Twitter al #clubdeladieta. Nos damos ánimos entre todas y así los deslices se nos atragantan menos ;-).

Está claro que si me he propuesto perder 10 kilos es porque me sobran, no es un capricho de quinceañera en plan “me veo gorda”. Ya llevo perdidos 7 y espero no desesperarme antes de perder los 3 hasta mi objetivo. Mientras tanto, creo que algo tendré que hacer para ponerle remedio a esta tripa colgandera. Se acerca el verano (estación que nunca me gustó, por cierto) y miedo me da empezar a ponerme menos ropa porque eso implica que se ve más chicha. Pero oye, si he conseguido sacar la teta en cualquier sitio dignamente para que mis bebés se alimentaran, también podré llevar dignamente mi tripa, colgandera sí, pero no por comer bollos (aunque haya catado alguno), sino por engendrar vida.

04May/13

… de hacer una tele de cartón

TV de cartón

¿Qué se puede hacer con una caja de cartón (además de una pista de coches o similar, claro ;-))? ¡Pues una televisión! Pero nada de televisiones planas y modernas, no… Una de las de antes, con sus botones y todo, pero no como la que había en el pueblo, tampoco hay que pasarse, ésta viene con mando a distancia. De los sencillitos, eso sí, nada de TDT.

El caso es que esta genial idea no es mía. Se le ocurrió al Mayor ayer por la tarde. Y él, a su vez, la sacó de unos dibujos que vio en la tele. A la hora de merendar, me dijo:

– Mamá, se me ha ocurrido una idea.

– A ver, dime- le contesté, pero ya me temía lo peor…

– ¿Qué te parece si, después de merendar, hacemos una tele con una caja de cartón?

– ¡Pues me parece una idea fantástica!- realmente estaba aliviada al comprobar que su idea no implicaba destrucción.

Bueno, pues al rato (que tres niños tardan en merendar lo suyo), nos pusimos al lío. La verdad es que se tarda muy poco. Sólo hacen falta tres cosas: una caja algo grande (como para que quepa la cabeza del niño), celo ancho y un cutter o tijeras. Con el celo se monta la caja de forma normal, como si fuéramos a guardar algo en ella, vaya. Luego, con las tijeras o el cutter (yo recomiendo éste último) se cortan las solapas (reservamos una) y se pone la caja boca abajo. Ahora, se recorta un cuadrado de uno de los lados más anchos. Pero no lo centréis, es mejor ligeramente situado a un lado para que haya sitio donde dibujar los botones.

Y ya está. Así de fácil y así de rápido. Todos estos pasos los hice yo por aquello de que no se cortaran los Trastos, que me daba miedo que usaran el cutter. Lo que sí hicieron fue pintarla. Nosotros usamos ceras (que no lápices) de colores, así se puede pintar con toda la superficie y se termina antes. Pintamos cada lado de un color y, como detalles, los botones (hasta el de encendido/apagado le pusimos :)). Pero, si os animáis, podéis dibujarle flores, rayos o lo que más les guste a vuestros peques.

Con una de las solapas restantes, recortamos un rectángulo y lo usamos como mando. Ponemos los números del 1 al 0, un botón de encender/apagar y un más (+) y un menos (-) para el volumen. Y ya tenemos mando.

Todo esto tardamos unos 10 minutos en hacerlo. Y después ¡a jugar! Por turnos, nos fuimos metiendo dentro de la caja (trimadre incluida) y fuimos contando cosas (a modo de cuento) y cantando canciones (como si fuéramos la MTV, jajaja). Después de un rato así, empezamos a usar muñecos para escenificar los cuentos. Estuvimos un buen rato así… y más tiempo hubiera sido si no se nos hubiera echado encima la hora de la cena. Sólo conseguí despegarles de la tele de cartón con la firme promesa de volver a jugar hoy con ella.

CONTRAS:

  1. Se necesita una caja algo grande. Si no fuera por la mudanza, no sé si tendría en casa.

  2. Hay que usar tijeras o cutter, así que hay que estar pendiente de que los niños no tengan la tentación de cogerlo y jugar con ello (especialmente con el cutter).

PROS:

  1. Se hace súper rápido. Ya os digo que entre cortarla y pintarla sólo tardamos unos 10 minutos.

  2. Se aprovechan cajas que andan por casa sin oficio ni beneficio.

  3. Se fomenta la creatividad, tanto a la hora de pintar la caja como a la hora de jugar con ella.

  4. Se puede personalizar la televisión al gusto del peque.

  5. Al usar ceras, no se ensucia.

  6. Se pueden usar témperas, rotuladores… Es más, se me ocurre que los más apañados pueden incluso pegar trocitos de papel para darle otro aspecto. ¡Vale cualquier cosa que tengáis por casa y les guste a vuestros hijos!

  7. Nos reímos un montón, yo incluida. Daba igual que estuviéramos dentro de la caja inventando historias como fuera “viendo la tele” ;-).

  8. Al ser tres a jugar, se aprende a respetar los turnos para usar la caja-televisión.

Como veis, tras la experiencia con la pista de coches, esta vez no usamos témperas ni ningún otro tipo de pinturas con las que tuviéramos que usar pinceles. Pero como no le pusimos muchos detalles, no lo descarto 😉

Y vosotros, ¿os animáis?

03May/13

… del Viernes dando la nota: Mañana

Viernes dando la notaEl viernes pasado se me hizo algo tarde y al final no me dio tiempo a buscar la canción, pero ya la tenía en mente y es ésta que hoy os traigo.

Este 2013, el Tripadre y yo haremos 8 años de casados. Aún recuerdo cómo y dónde me pidió que me casara con él y lo feliz que me hizo. A partir de ahí, empezamos a buscar piso. Por fin encontramos uno que se ajustara al presupuesto y ahí nos metimos. Luego vino el limpiar y el pintar, el comprar bombillas y muebles, pasar el fin de semana metidos en el piso para, al llegar la noche, volvernos cada uno a nuestra casa. Durante el camino de regreso, yo miraba con algo de envidia las luces que se veían en las casas desde fuera. Si había luz era porque alguien había allí viviendo. Y eso es lo que nosotros queríamos: empezar a vivir juntos (de hecho, la boda vino unos meses después).

Seguro que a más de uno y de una os ha pasado. Ya os habéis decidido, queréis pasar el resto de vuestra vida juntos, os habéis metido en un piso, empezáis a malpagarlo (porque al principio todo es muy duro, que no es que luego cueste menos, es que ya te acostumbras) y no veis el día en que, por fin, os mudáis definitivamente.

Bueno, pues esta canción va un poco de eso: ♪♫♫“quiero verte amanecer y verte anochecer, si ayer y hoy nos dan la espalda, como amantes que se van, siempre quedará mañana, la mañana de mañana junto a ti”… ♪♪♫“No he dudado ni un momento, ni un solo momento, de tu amor”♫♪♫… Si hoy no puede ser, será mañana porque nos queremos mogollón :-).

CONTRAS:

  1. Tengo que estar más pendiente, ¿cómo se me pudo echar el tiempo encima la semana pasada?

  2. Empiezo a pensar en la canción para el próximo viernes sobre el sábado o el domingo. Cuando por fin se me ocurre una que me merece la pena compartiros, la busco en Youtube y me salen miles de canciones. Ahora ponte tú a buscar la que realmente quieres poner… Ufff…

  3. Me sigue faltando tiempo para hacer el recorrido entero por todos los blogs. La última vez estuve a punto por la mañana, o eso creía yo, porque cuando volví a mirarlo por la tarde había un montón de blogs más…

PROS:

  1. No caí al principio, pero según van pasando las semanas, me he dado cuenta de que estoy poniendo la banda sonora de mi vida…

  2. Sé que mis canciones no son muy actuales, pero son las que significan algo para mí.

  3. Me sigue gustando pasarme por los demás blogs y descubrir nuevas canciones y nuevas historias.

Hace 8 años, un puente de mayo como éste, el Tripadre y yo entramos en nuestra casa y ya no salimos para volver a dormir a casa de nuestros padres. Hace 8 años que comenzamos nuestra aventura juntos. Por fin, llegó ♪♫ la mañana de mañana junto a ti… ♪♫

¡Feliz viernes!

Viernes dando la nota es un carnaval de blogs en el que todos los blogs participantes dejamos una canción y entre todos hacemos del viernes un día lleno de música.
Si quieres participar, sólo tienes que subir a tu blog una entrada con una canción que te guste, que signifique algo especial para ti, que no puedas quitarte de la cabeza… y enlazarlo al Viernes dando la nota.
Recuerda viejas canciones, rememora momentos, conoce nuevos artistas… y sobre todo ¡Baila, canta y diviértete!
Si quieres saber más, las reglas y participar puedes verlo todo aquí.

02May/13

… del cojín de lactancia

Cojin de lactancia

Cuando nació el Mayor, le di el pecho. Para ello, solía ponerme en la cama o el sofá rodeada de cojines. Uno me lo ponía en la espalda, para mantenerla recta, y otros dos iban debajo del brazo que sujetara la cabeza de mi bebé (teta derecha-brazo derecho, teta izquierda-brazo izquierdo, era obvio, ¿verdad?). En casa ya sabía qué cojines debía utilizar, no tenían que ser ni muy blandos, pues entonces no sujetaban nada, ni muy duros, pues no se alineaban bien a mi brazo, la cabeza de mi bebé y el pecho. Y así pasamos los meses que duró su lactancia.

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01May/13

… de recibir 2 premios

Premios 2

Hace un mes, 1MadreinItaly me otorgó dos premios, el Liebster Award y el One Lovely Blog. No sabía muy bien qué hacer con ellos, la verdad. Poco antes, La nave del bebé (Annabel) también me había premiado y, como se repetían dos de los premios pero lo que había que hacer variaba, andaba yo un poco perdida.

Pero como creo que en esta vida hay que ser agradecida, empiezo dándole las gracias a la fracespaliana por haberse acordado de mí. ¡Gracias, guapa! Dicho esto, veo ahora que no entendí bien la primera vez en qué consistía cada premio.

El One Lovely Blog consiste en contar 7 cosas sobre una misma. Esto lo hice bien en esta entrada. Así que no me repito. Os dejo el enlace por si queréis echarle un vistazo.

Con el que no hice lo que debía fue con el Liebster Award. Éste implica contestar 11 preguntas realizadas por el blog que me lo ha otorgado, 1MadreinItaly en mi caso. Aquí van sus preguntas con mis correspondientes respuestas:

  • ¿De quién aceptarías una proposición indecente?

    De mi marido, si además se ha afeitado y se ha puesto la colonia que él sabe, me tiene ganada ;-).

  • Dime una canción que marcó tu vida y por qué.

    Sólo pienso en ti de Víctor Manuel. El Tripadre no paraba de tararearla cuando nació el Mayor. Y cuando nació el Mediano. Y cuando nació el Pequeño también.

  • ¿Crees en Dios?

    Sí.

  • Si fueras un cuadro, ¿cuál serías?

    Me encanta El descendimiento de la cruz de van der Weyden, por todos los detalles y simbolismos que esconde.

  • ¿Cuál es tu profesión frustrada?

    De pequeña quería ser cuidadora de animales.

  • ¿Té o café?

    Si es para desayunar, prefiero un colacao.

  • ¿De quién has tenido un póster en tu habitación?

    Del grupo Take That (… risas en la lejanía).

  • ¿Qué es lo que más te gusta de tu pareja? Y, si no tienes, ¿qué característica tendría tu pareja ideal?

    Que me apoya siempre, incondicionalmente, en todo.

  • ¿Perro o gato?

    ¿Ahora mismo? Ninguno de los dos, con mis tres Trastos tengo bastante por el momento :-D.

  • ¿Tu viaje soñado?

    Prefiero una buena compañía que un lugar concreto.

  • ¿Cómo te ves en 10 años?

    Con mis Trastos no tan trastos y mi marido al lado. En nuestra casa. Los cinco juntos.

Mis preguntas para los blogs premiados son:

  • Un libro que te haya marcado.

  • Si por ti fuera, ¿qué estarías todo el día comiendo?

  • No sales de casa sin…

  • ¿Conduces o te llevan?

  • ¿Qué es lo que más te gusta hacer cuando nadie te ve?

  • ¿Qué árbol te gustaría tener en tu jardín (real o hipotético)?

  • Tu tarta ideal tiene que ser de…

  • ¿Te han dado alguna vez una fiesta sorpresa? Si es que sí, ¿puedes contarnos cuándo fue?

  • ¿Cuál ha sido tu mayor locura por amor?

  • Si tienes hijos, ¿cuál es la frase de tu madre que juraste no decirles nunca y que alguna vez te has sorprendido diciéndosela a ellos?

  • ¿Por qué empezaste a escribir un blog?

Qué ganas de leer vuestras respuestas, jejeje… Mientras os pensáis las respuestas, yo sigo con mis pros y mis contras.

CONTRAS:

  1. Esto de ser premiada es nuevo para mí, no sólo en el blog, hablo en general.

  2. He tardado tanto en publicar la entrada porque no sabía muy bien cómo hacerlo. Y además, tenía que pensar las respuestas de las preguntas.

  3. Simple y llanamente, me he hecho un lío al no venir de uno en uno.

PROS:

  1. Aunque sea tarde, siempre agradezco lo que me dan :-).

  2. Que aumente el número de visitas diarias al blog es genial, que haya gente que repita y vuelva con cada nueva entrada es fantástico, que además alguien piense que el blog se merece un premio es estupendo y que, además de todo esto, resulta que va y te premian es la releche :-D.

  3. Ahora tengo que avisar a los once blogs premiados (requisitos del premio). Siempre es un placer pasarme por ellos. Si es para otorgarles un premio, mejor que mejor, ¿verdad?

Y ahora, redoble de tambores, aquí van mis 11 premiados, entre los que incluyo los blogs a quienes se lo otorgué la última vez, aunque esta vez no tienen que hacer nada, pues ha sido un error mío:

  1. Mi camino buscándoT.

  2. 2y6son8.

  3. Much more than I am.

  4. Niños felices, niños buenos.

  5. En paro biológico.

  6. ¡Mamá qué sabe!

  7. Mami a tope.

  8. La mamá imperfecta.

  9. La libreta de mamá.

  10. Educando a mis hijos.

  11. Blog para escribir.

¿A cuántos conocíais ya? Pues ya estáis tardando en dar una vuelta por los que no os suenan, que seguro que no os van a dejar indiferentes :-).

30Abr/13

… del Día de la madre

Tengo la suerte de tener a mi madre y a mi suegra a un golpe de teléfono. Con esto quiero decir que, si necesito que vengan, les llamo por teléfono y cualquiera de ellas se planta en mi casa en 15 minutos (en coche). Puedo recurrir a las abuelas (y abuelos, por supuesto) si un niño se pone malo y hay que llevarle al médico, si hay reunión en el cole o si me surge cualquier otra cosa que hacer fuera de casa. Si no están en el pueblo o de viaje, puedo contar con ellas.

Mis Trastos tienen la suerte de ver a sus abuelas bastante a menudo. No viven con nosotros, pero podemos ir a verlas una tarde o un día entero. Es más, pueden quedarse con ellas algunos días si es necesario, como pasó con los nacimientos del Mediano y el Pequeño, o por gusto.

Esto que seguro que a más de una (o uno) os parecerá genial (sobre todo a las expatriadas), a mí a veces me estresa. Hay determinados días, o mejor dicho, fiestas, a lo largo del año en que me gustaría estar lejos. Una de esas fechas es Navidad. Otra es el Día del padre. Otra es el Día de la madre. ¿Por qué? Pues porque teniendo a ambos pares de abuelos tan cerca, en estas fechas hay que dividirse.

La semana pasada andaba yo tan feliz porque mis hijos tienen tres días de fiesta que, junto con el fin de semana, hacen 5 días. Ya estaba yo haciendo planes en la cabeza: que si el zoo, que otro día en casa, que a ver si hace bueno y podemos salir al parque otro día… Entonces me doy cuenta de que es el Día de la madre. Esto significa celebrarlo dos veces (una por cada abuela) dos días distintos con cada una. Lo que implica que los 5 días para nosotros se quedan en 3. A éstos hay que restarles uno porque el Tripadre no hace puente el viernes. Nos quedan 2 en familia. Y esto me cabrea.

Si alguien anda por ahí haciendo palitos, a lo mejor se pregunta que cuándo celebramos nosotros cinco el Día de la madre. Bueno, pues no lo celebramos. Como pasa con el Día del padre, se hará entrega de regalos y desde ese momento, seremos todo prisas. Prisas porque tenemos que irnos a comer con la abuela que lo celebre el domingo.

CONTRAS:

  1. Siento que hay celebraciones que no son nuestras. Nada de pasar el Día de la madre en familia. Bueno, sí, en familia sí, la de fuera de casa.

  2. Odio tener que andar corriendo. Sobre todo en un día que es tanto de las abuelas, por ser madres, como mío, por tener mis propios hijos. La diferencia es que ellas siempre han celebrado este día en su casa, con sus hijos. Yo aún estoy por la primera vez. Y el Tripadre también en su respectivo día.

  3. Como esta fecha siempre cae en domingo, si la que lo celebra ese día quiere ir a comer fuera, adiós siesta de los Trastos. El Pequeño dormirá mal y poco y el Mediano no dormirá. Llega el lunes y está reventado. Y este año va a ser así.

PROS:

  1. La ilusión con que mis hijos me dan los regalos que han hecho en el cole para mí es fantástica. Todos los años se me escapa alguna lagrimilla.

  2. Ese día no hay que hacer de comer ni recoger ni fregar después.

  3. Si la celebración es en casa de la abuela, todavía podemos salvar una siesta. Aunque, como en casa, en ningún sito.

  4. Mis hijos tienen mucha suerte de tener a sus padres y a sus cuatro abuelos detrás.

Así que yo, como regalo para el Día de la madre, quiero un día en casa, en familia, sin peleas ni discusiones de los Trastos a poder ser (aunque no es imprescindible, soy realista…). Y, si esto no fuera posible, al menos me gustaría remolonear a gusto en la cama, sin prisas. El desayuno en el catre también es opcional ;-).

29Abr/13

… de las pegatinas para el baño

Pegatinas WC

Hace tiempo (no mucho, que el blog tampoco tiene tanto tiempo ;-)), escribí una entrada sobre mear de pie o cómo se ponía el baño teniendo 2 niños en casa (salpicaduras, charquitos, etc.). Para tranquilidad de todo, os diré que el Tripadre se lo tomó con humor, como no podía ser de otra manera (gracias, solete).

El caso es que si vais a la entrada y os leéis los comentarios, hubo quien, bromas a parte, me recomendó probar unas pegatinas para el inodoro. ¿Quién fue? Pues Annabel, de La nave del bebé :-). Me picó tanto la curiosidad por aquello que, harta como estaba ese día de cómo estaba el baño día sí y día también, encargué dos, por 5’95 € cada una, más 4’80 € de los gastos de envío. A los pocos días, tenía las pegatinas en casa. Las probé y me gustaron.

¿Y qué son exactamente? Pues pegatinas que se pegan en la taza, en un lado u otro (según si quien va a hacer pis es un niño o una niña). Cuando la orina roza el dibujo, éste reacciona. La finalidad es que así, jugando a apuntar, no hay escapes no deseados fuera del inodoro. Al menos no tantos como antes.

Después de un mes probándolas, aquí os dejo mi opinión:

CONTRAS:

  1. Según las indicaciones, una vez pegadas, hay que esperar 10 minutos antes de su primer uso para que se adhieran bien. Con una esperé 20 minutos y no fueron suficientes. Empezó a despegarse con la primera tirada de cadena. Creo que es mejor ponerlas por la noche y esperar toda la noche o ponerlas por la mañana y esperar a la tarde. A mí me coincidió con el viaje a Teruel, así que la volví a poner antes de irnos y, al volver, ya se había pegado como debía.

  2. Los dos modelos que yo elegí fue un Rayo McQueen que se vuelve rojo y una nube en la que aparece un sol. El coche sí lo hemos visto rojo, pero el sol sólo se intuye. No es un problema de la pegatina, sino que mis hijos no tienen la cantidad suficiente en sus pequeñas vejigas para que aparezca el sol. Si pensáis en comprarlas para vuestros peques, os aconsejo que escojáis pegatinas que cambien de color.

  3. Cuando dejen de funcionar, no sé si podré despegarlas sin problemas. De momento, si es verdad, lo que pone en la bolsa, duran muchísimo. Ya os contaré.

  4. Como no han sido capaces de hacer salir el sol de debajo de la nube, no se creen que esté ahí. La de cosas que me vienen diciendo que hay debajo de la nube… Supongo que cuando sean más mayores podrán ver el sol.

PROS:

  1. Pegatinas WC guanteLas indicaciones de cómo ponerlas correctamente están muy bien explicadas. Además, junto con la pegatina, viene un guante de látex para cuando se coloque. A mí me pareció un detalle, pues podían haber metido sólo la pegatina con las instrucciones.

  2. Una vez que se ha pegado bien, la pegatina resiste al agua de la cisterna.

  3. Hoy he vuelto a limpiar los baños. Uso un limpiador específico para el baño, como el que cualquiera pueda tener en su casa. Y limpio como si la pegatina no existiera. Después de un mes, las pegatinas siguen en su sitio y funcionando bien.

  4. No os voy a mentir, sigue habiendo escapes en el suelo. Ahora bien, se han reducido considerablemente.

  5. Mis hijos se pusieron súper contentos cuando las vieron, sobre todo la de Rayo. Estuvieron una semana enseñándosela a todos los que se pasaron por casa. También se alegran mucho cuando consiguen que el coche se vuelva rojo.

  6. Desde hace semanas, en mi casa ya no se dice “voy a hacer pis”. Ahora se dice “voy a poner el coche rojo” :-D.

Quiero aclarar que esta entrada no está patrocinada ni nada. Una amiga me recomendó un producto, lo probé y os cuento mi experiencia. Para mí, está cumpliendo su cometido. Por ello, intenté sortear las pegatinas proponiéndoselo a la empresa que las fabrica (Nosalpiques.com), pero me dijeron, muy amablemente, que no hacían sorteos con blogs. Una lástima, pues creo que pueden venir muy bien a todos quienes vais a aprovechar la primavera para empezar la operación pañal de vuestros peques y, además, me hacía ilusión sortearlas. Otra vez será :-).

Para más información, podéis ir directamente a la web de las pegatinas.

27Abr/13

… de hacer una pista de coches

Pista de coches hecha con una caja de cartón.

Pista de coches hecha con una caja de cartón.

No os lo he contado, pero en verano nos mudamos de casa. Con la llegado del Peque, tuvimos que dejar nuestro minipiso porque necesitábamos una habitación más. El Tripadre trabaja mucho desde casa y necesitaba usar una habitación como despacho, los Trastos mayores compartían habitación, en cuanto el Peque dejara de dormir con nosotros, ¿dónde iba a dormir el pobrecito? Nos faltaba una habitación. Así que, estando yo embarazada, empezamos a mirar casas. Para resumir, diré que los planetas se alinearon, pasó un gato verde debajo de la ventana y un ratón coloraó se dejó ver. Encontramos casa, no como la que íbamos buscando, pero nos servía.

La casa se llenó de cajas de la mudanza, algunas aún siguen llenas por ahí… pero ése es otro tema, upppsss… El caso es que, poco a poco, algunas se van vaciando. ¿Y ahora qué hago yo con tanta caja de cartón? Pues se me ocurrió aprovechar alguna para hacer una pista de carreras.

La corté en dos trozos y los uní con celo, ya estaba listo el lienzo. Con un lápiz hice dos óvalos para obtener una pista en la que cupieran dos coches. Todo muy tosco, sobre todo, teniendo en cuenta que mis dotes para dibujar son nulas tirando a absurdas. Y después, pues al suelo.

No sabía si la idea les iba a gustar a los Trastos, así que lo primero que saqué fueron los lápices de colores. El Mediano se dedicó a hacer garabatos, pero el Mayor pintó hasta un árbol y, si me apuráis, os diré que le salió mejor que a mí. También fue él quien escribió “META”, que si no, no nos podemos echar carreras. Y esta primera pista 1.0 anduvo rodando por casa varios días. No veáis lo ilusionados que andaban ellos con su nuevo “juguete”, cogieron sus coches y venga a jugar.

Viendo que la emoción y el juego les duraba, decidí pasar a la siguiente fase y saqué, cómo no, los pinceles y las témperas. Después de tomar las precauciones de siempre, comenzamos a pintar. El árbol quedó tapado, pero en su lugar, pintamos otro, aunque no nos quedó tan bien como el primero. La palabra “META” quedó algo borrosa y para leerla ahora hay que echarle imaginación. En cualquier caso, todo esto dio paso a la pista 2.0.

CONTRAS:

  1. A posteriori, creo que deberíamos habernos quedado con los dibujos con lápices de colores porque con las témperas se perdieron muchos detalles y ahora parece un batiburillo de cosas que apenas se distinguen. Yo es que ya tengo mis ojos entrenados, jejeje…

  2. Cuidado con el celo, que luego se les pega a la piel y no veáis para despegarlo. Sé de lo que hablo…

  3. Como la caja es grande, seguro que pensaréis que no hubo disputas sobre el espacio de cada uno para pintar porque a penas se rozan… bueno, pues os equivocáis…

PROS:

  1. Hacer un juguete con sus propias manos (aunque ya sé que la pista no es un juguete como tal), les encantó y, aunque pensé que duraría dos días (el cartón no es muy resistente), para mi sorpresa, ahí sigue. Cuidan su pista e intentan que no se rompa.

  2. Podéis elegir entre pintar con lápices de colores (que no manchan y luego no hay que limpiar) o las témperas.

  3. Se pueden añadir detalles con rotulador.

  4. Se pueden hacer pistas de distintos tamaños, según sea la caja que tengáis por casa.

  5. Como yo tengo niños, hicimos una pista de coches, pero para quienes tengan niñas, se me ocurre que se pueden pintar las habitaciones de una casa para jugar con muñecas (anda que no habré jugado yo a eso, pero haciendo las habitaciones en la arena del parque…). También se puede pintar un bosque o una granja y jugar con los animales. ¡Podéis poner el escenario que más le guste a vuestros peques!

  6. Nuestra pista es muy simplona, en parte porque a mis Trastos les vale así y en parte por la poca destreza que tiene su madre dibujando. Pero para quien sea diestro en estas artes, se pueden hacen pistas con distintos trazados. Más personal imposible ;-).

  7. Lo de siempre: fomenta la creatividad, refuerza la autoestima, se pasa un rato divertido…

Han pasado ya seis meses desde aquello y aún siguen jugando con la cutre-pista que nos montamos a principios de otoño. Cierto que no con la misma intensidad, pero no la han mandado al ostracismo total, que ya es decir… De vez en cuando les da por jugar con ella. Es en esos momentos cuando pienso en la cantidad de dinero desperdiciado en juguetes más caros y que duraron menos tiempo.

26Abr/13

… del peluche de algodón

Peluche natural.

Peluche natural.

Mi hijo Mediano tiene piel atópica. Esto significa que toda la ropa ha de ser de algodón para evitar los dichosos granos. Pero no sólo la ropa, también están incluidos los juguetes. Con todos los peluches que tenía el Mayor, no le sirvió ni uno porque todos eran, en mayor o menor medida, de poliéster. Y, de la misma forma que encontrar prendas sólo de algodón es relativamente fácil, encontrar un muñeco de este material puede convertirse en una ardua cruzada.

Fue en su primer cumpleaños cuando se encontró, al fin, con dos peluches de algodón. Un perro azul y su osito polar, con el que aún hoy se va a la cama todas las noches. Al ser de algodón, ya no hay problema de que lo abrace y se lo arrime porque no provocará alergias en su piel. Encontrarlos fue toda una odisea porque cuando preguntabas por ellos te miraban con cara rara. Como si estuvieras pidiendo peras al olmo. Pero bueno, esto fue hace tres años y medio.

Según dicen los médicos, cada año se incrementa el número de niños atópicos, aunque siguen sin saber a qué es debido. Con el Peque, tengo la mosca tras la oreja. Ningún pediatra ni enfermera nos ha sabido decir a ciencia cierta si es o no atópico. Le salen algunos granitos de vez en cuando que se van como vienen, nada que ver con las ronchas que tuvo el Mediano. Puede ser, simplemente, dermatitis, muy común entre los bebés.

Pero, ante la duda, y teniendo ya un niño atópico en la familia, por el cumpleaños del Peque, también decidimos regalarle un muñeco de algodón al que pudiera aferrarse sin temor en sus ratos de juego o sueño. La tienda donde encontramos los de su hermano no nos valía, pues no queríamos que fueran dos muñecos iguales. Algunos pensaréis que podríamos haberlos comprado de otro color. Nosotros también barajamos esa idea… hasta que vimos que no había oferta de colores para esos muñecos.

Pregunté a amigos, a familia, lancé la pregunta en Twitter y Facebook e investigué por internet. Pero nada. Nadie sabía dónde vendían esos seres extraños que yo me empeñaba en llamar “peluches de algodón”. Y en internet, lo único que encontré fueron muñecos hechos a mano que se nos escapaban del presupuesto.

Al final, tras mucho buscar y estando ya a punto de tirar la toalla, dimos con éste simpático amiguito. ¿De algodón? Pues no lo sé. La ardilla venía en una súper caja en la que se podía leer, en letras bien grandotas, “100% natural”. Me acerqué, cogí la caja y empecé a buscar la composición del muñeco porque ¿qué significaba exactamente cien por cien natural? Tras cinco vuelta a la caja sin encontrar lo que buscaba, una dependienta tuvo a bien apiadarse de mí y vino a ayudarme. Miró la caja, miró la etiqueta del muñeco e incluso miró el papelito con las ¿instrucciones? que venía dentro. Y nada, a parte de que era muy natural todo, no encontramos los materiales concretos de los que estaba hecho el peluche.

Al final, lo compramos y se lo regalamos. Ahora le va un poco grande, pero mi niño crecerá y podrá manejarlo sin problema. Sin embargo, si un día le salen granitos, no me va a quedar más remedio que sospechar del muñeco.

CONTRAS:

  1. No entiendo cómo es tan difícil encontrar peluches de algodón. Sobre todo, teniendo en cuenta que el número de niños atópicos crece cada año.

  2. La desinformación que existe al respecto. Tener la piel atópica es una alergia equiparable a ser celíaco o no tolerar el huevo. Cuando digo “atópico” no estoy hablando en un idioma extranjero.

  3. La desidia de algunas tiendas. Entro y pregunto si tienen muñecos de algodón, se entiende que si los hay, al menos uno me voy a llevar, pagando, que no busco que me lo regales. Y la respuesta de la/el dependiente es: “ahí están los peluches, mírales la etiqueta”, señalando a un armario entero lleno de muñecos. Cariño, acabas de perder una clienta. Es más, acabas de perder bastantes porque entiendo que no soy la única madre que está buscando este producto. Vale que tiene una características especiales, pero si eres un poco avispado, puedes explotar ese mercado. Ley de la oferta y la demanda, ¿te suena?

  4. Igualmente, me parece fatal que no ponga exactamente de qué material está fabricado un producto. Por muy natural que sea, eso a mí no me vale. Quiero saber el material y la proporción que se usó para fabricarlo. ¿Qué pasa si mi hijo es alérgico al algodón? Sí, ya sé que suena muy raro, pero ¿alguien puede asegurarme al cien por cien que no hay nadie en todo el planeta que sea alérgico al algodón? Alergias más extrañas hay por ahí.

  5. Es un rollo tener que andando siempre la etiqueta. Primero de la ropa y después de los peluches.

PROS:

  1. Al final encontré el peluche. Espero que se rompa porque como tenga que salir a buscar otro me van a dar los siete males.

  2. Al igual que pasó con la tarta, mi Peque aún es pequeño para enterarse de qué va esto. También le pasó al Mediano. Pero, al igual que el Mediano se fue encariñando con su osito a medida que crecía, espero que el Peque se encariñe de su ardilla con el tiempo.

Cuando nace un niño, comprarle ropa de algodón parece lo más lógico. La composición de los muñecos es igual de importante. Creo que algunos fabricantes deberían tomar nota. Como ya he dicho, es un mercado aún por explotar.

25Abr/13

… de organizarse el día

Llegan las 12 h de la noche, hora de las brujas, y, tras dar la “cabezadita” de rigor en el sofá, decides que es hora de irte a la cama. Mientras te arropas con las sábanas, vas pensando que el día no te ha cundido tanto como te hubiera gustado. Con el firme propósito de que al día siguiente no te pasará lo mismo, te acuestas, te arropas y te duermes feliz.

Parece que acabas de cerrar los ojos y ya es hora de levantarse otra vez. Oyes al Tripadre con los Trastos mayores, preparándoles para ir al colegio y, a sabiendas de que se apaña muy bien y no necesita ayuda, jugueteas con la idea de quedarte en la cama un ratito más. Al fin y al cabo, sabes que al Peque le quedan un par de horas antes de despertarse. Recuerdas tu propósito de anoche y, muy a tu pesar, te levantas de la cama.

Tus hijos se alegran de verte por la mañana. Tú también te alegras de verles a ellos, pero no puedes dejar de pensar en la cama para ti sola que has dejado abandonada. Besitos por aquí, “que tengas un buen día por allá” y todos se van. Decides desayunar esa taza de leche con colacao, sin nada más porque estás intentando perder algunos kilos, antes de ponerte a la faena que te habías marcado para hoy. A saber: recoger y doblar la ropa tendida, poner la lavadora, tender antes de ir a por los niños al colegio (porque después sabes que no podrás), barrer el salón, pasar la fregona, recoger la cocina y escribir un par de entradas para no ir agobiada el resto de la semana. Tampoco parece tanto, ¿no? Si te organizas bien, puedes hacerlo en una mañana.

Mientras desayunas, te pones a mirar las estadísticas de visitas que tu blog tuvo ayer. Vaya, han caído un poco, pero, mira, tienes un nuevo follower. Guay. Aún te queda media taza y miras el correo. Un comentario, lo contestas. Un sorbito más en la taza, ya que te has quitado la tostada, al menos que dure. Entonces entras en Twitter aun a sabiendas de que no deberías… Empiezas mirando los mensajes de anoche, esos que no viste por estar… “pensando”, ejem. Anda, @fulanita ha publicado una entrada nueva. Decides echarle un vistazo porque te partes con ese blog y qué mejor manera de empezar el día que con unas risas. Lo lees. Te ríes. Vuelves a Twitter. A @menganito le han hecho una entrevista. Decides leerla porque seguro que es corta. Bueno, no es corta, pero ya que estás, te la lees entera. Otra entrada de @zunatita. Ésta dice verdades como puños. Así que también la lees.

En éstas estás cuando oyes al Peque. ¿Ya? Hoy se ha despertado antes. Ah, que no, que tú te las liado, venga a leer, y se te ha pasado el rato que ibas a dedicar a recoger y doblar la ropa. Te dices a ti misma que le das de desayunar y te pones las pilas. Vas a por el Peque con el biberón, te recibe con una sonrisa que te desarma, no puedes evitar jugar un poco con él. Desayuna. Le cambias y empiezas a hacerle pedorretas que sabes que le encantan. Juegas otro rato más con él. Y tú aún en pijama.

Por fin, consigues, muy a tu pesar, dejarle un rato para hacer tus cosas. Te quitas el pijama, te peinas un poco. Ves que es misión imposible. Desistes. Pasas a otra cosa. Decides poner la lavadora, para que vaya adelantando. Recoges la ropa y, cuando vas a tenderla, te llega un mensaje. Una mención en Twitter. Decides verla rápidamente. Después de 20 minutos te das cuenta de que el “rápidamente” dura ya demasiado. Te pones las pilas, terminas de recoger y decides doblarla más tarde.

Empiezas a hacer el puré a toda leche porque ya vas con la hora pegada al culo. Entre pitos y flautas, ya se te ha pasado media mañana. Mierda. El salón lo barres luego. Y la fregona, ya veremos. El Peque lloriquea. “Se ha hecho caca, seguro”, piensas. Y aciertas. Le cambias corriendo. Más pedorretas. Más besitos. Otro rato que se te ha ido sin saber porqué. Sólo la lavadora consigue sacarte de tu ensimismamiento. Vas rauda y veloz a tender la ropa. Mensajito. Esta vez decides no mirar. Pero mientras tiendes sabes que alguien 2.0 reclama tu atención. Terminas de tender y miras el mensaje. Era publicidad. Joer, qué desilusión. Bueno, mejor así porque no te lías más.

Empiezas a recoger la cocina, pero te llega un mensaje de Whatsapp. Lo contestas. Te llega otro de otra conversación. Sin saber cómo, acabas manteniendo tres conversaciones a la vez. Miras la hora. Peque tiene que comer. Con toda la diplomacia de la que dispones y con la prisa pisándote los talones, te despides de todos y sales de las conversaciones.

Empiezas a darle de comer al Peque mientras que con el rabillo del ojo miras el ordenador. Por fin termina el puré. A dormir. Le acuestas. Bien, se ha dormido sin problemas. Vuelves a lo tuyo. Es pronto aún, pero decides comer ya por si la siesta le dura poco. Comes. Te acuerdas que pensaste en barrer el salón después. No te apetece nada. Decides descansar un poco, que llevas toda la mañana corriendo. Miras blogs. Te ríes, te indignas, comentas, empatizas, vuelves a reírte, comentas más… Entonces recuerdas cómo has dejado la cocina. Cuando lleguen los niños del cole no tendrás tiempo de fregar. Muy a tu pesar, vas a la cocina. Friegas. Terminas. Decides barrer. Barres. Ya no sabes ni qué te queda por hacer. Ves el montón de ropa por doblar. Piensas “hoy no, querida, mejor lo dejamos para mañana”.

En estas te suena la alarma para ir a buscar a los Trastos mayores. ¿Ya? Con todo el dolor de tu corazón, despiertas el Peque, quien, lejos de llorar, te sonríe otra vez. Nota mental: “ponerle un piso cuando sea mayor”. Le cambias para salir. Le incrustas en el carro. Coges la basura y sales a la calle. Tiras la basura, recoges a los Trastos, llegas a casa. Coges aire y te preparas para la gincana que te espera: meriendas, baños, visitas varias al baño, terciar en disputas tan trascendentales como quién se sienta dónde, peleas con la cena (no me gusta; quiero más; pues no hay ¿quieres queso?; no, quiero más de lo de antes…), cruzar los dedos para que el Tripadre llegue a tiempo y no tengas que bañar al Peque mientras dejas a los otros dos solos campando a sus anchas y tramando no sabes qué…

Llega el Tripadre justo cuando estás dando la cena al Peque y los otros dos juegan al fútbol en el salón con los cojines. Acuestas al Peque. Al Tripadre le toca acostar a los otros dos. El Mediano se emperejila en que no quiere que le acueste su padre. Al grito de “tú no, mami”, te levantas del sofá mientras piensas “si mi culo ni lo ha rozado”. Entre los dos acostáis a los Trastos mayores. Muchos besos y muchos “te quiero” después, consigues volver al sofá. El Tripadre hace la cena. Suspiras, por fin un rato de tranquilidad, paz, armonía… “¡Ya te estás durmiendo!” oyes desde la puerta. Te incorporas muy digna y dices “¿Yo? Qué va”, pero en tu interior sólo piensas en tu cama, en lo solita que está la pobre…

Cenáis. Convences al Tripadre para que no ponga ese programa que no te gusta nada, sino la peli que tenías ganas de ver. Ganas la disputa muy a su pesar. Te arropas con la mantita. Al rato te das cuenta de que la peli ha terminado y el Tripadre te dice que es hora de irse a dormir. ¡Por fin! ¡Tu cama! La visita al baño te hace darte cuenta de que el día no te ha cundido como pensabas. Te metes en la cama y, mientras te arropas, piensas que mañana no te pasará lo mismo. Te acurrucas. Besito de buenas noches y te duermes feliz. Al día siguiente, tienes la extraña sensación de que eres Bill Murray en el Día de la marmota.

CONTRAS:

  1. El día nunca cunde como pensabas. Pero tú no aprendes y sigues intentándolo cada mañana. No hay dolor.

  2. Siempre hay algo que pensabas que te llevaría poco tiempo y, para tu desgracia, nunca es así. Pero sigues sin aprender.

  3. Las mejores ideas para escribir una entrada del blog te asaltan sin piedad cuando no puedes ni apuntarlas. El aire de mi casa está llena de entradas geniales que, me temo, no verán nunca la luz.

PROS:

  1. El día que consigues centrarte y acostarte con todos tus “deberes” hechos te duermes realmente feliz. Estos días son tan comunes como los años bisiestos.

  2. Al final, no sabes cómo, lo más importante sale adelante. Tus hijos han comido, han jugado, se han divertido, están bañados y se acuestan felices. Tú eres feliz.

  3. Siempre queda el día de mañana para intentar hacerlo mejor. De ilusión también se vive.

  4. Cuando llevas 15 días así, ya sabes más o menos lo que más tiempo te ocupa. Intentas organizarte mejor. Lástima que yo no siempre lo consiga…

Sé que no me va a ayudar a organizarme mejor, pero ¿a vosotros/as también os pasa? ¿O soy la única?

23Abr/13

… de la tarta rana

Tarta rana Juana.

Dos aclaraciones antes de empezar con la entrada de hoy. Una: para que no haya confusión en el título, la tarta no fue rana, vamos que no salió mal, era una tarta con forma de rana, tartarrana Juana, a partir de ahora :-D. Dos: no soy repostera ni tengo pastelería ni este es un blog de cocina o dulces ni vendo nada. Y, ya que estamos, disculpad también la calidad de las fotos, tampoco soy fotógrafa :-).

Y ahora sí, empezamos con la entrada de hoy. La semana pasada fue el cumple del Peque, sé que lo sabéis porque fuisteis muchos los que le felicitasteis su primer cumpleaños. También os conté las peculiaridades de su nacimiento, razón por la que quería hacer algo especial en su día. La economía doméstica no está para grandes alardes, así que todo quedó en casa. Y todo es todo, la comida, los bocadillos… hasta la tarta.

Lo que no os conté es que una de las pocas cosas que recuerdo del paritorio es que el gorro del anestesista tenía dibujos de rana. Así que me lié la manta a la cabeza y empecé a investigar tartas con forma de rana. Y así nació Juana. La idea no es mía, está sacada del libro Debbie Brown’s 50 easy party cakes, que aunque está en inglés, es fácil seguir por las imágenes.

Los pasos a seguir, según este libro, son:

  • Hornear dos bizcochos. Pueden ser del mismo sabor o de sabores distintos. Para el bizcocho blanco, yo usé una receta de bizcocho básico de yogur. Para el de chocolate, el Devil’s food cake de El rincón de Bea, pero sólo la receta para el bizcocho.

  • Como molde, hay que usar cuencos grandes aptos para el horno.

  • Uno servirá para el cuerpo, el otro para la cabeza.Bizcochos para hacer la rana.

  • Se juntan como en la foto y se ponen dos bolas para los ojos encima del bizcocho de arriba. 

  • Se les pringa con ganaché de chocolate, leche condensada o similar.

  • Se pone fondant bien estirado y coloreado sobre ambos bizcochos.

  • Se añaden los detalles, como el color de los ojos, la línea de la boca, los agujeros de la nariz…

Y, así, nos sale la forma de la rana. Pero mi Juana no está hecha así exactamente. He aquí los contras y pros que me encontré al hacer la tartarrana:

CONTRAS:

  1. Bizcochos para la cabeza.Nunca había horneado bizcochos en cuencos, así que hasta que conseguí ajustar la temperatura (160º C), se me quemó un poco la superficie. Luego tuve que cortarla para que el sabor a quemado no estropeara el resto de la tarta. Como resultado, me quedó un cuerpo bastante más pequeño del que pensaba y no me dio para hacer la cabeza con un solo bizcocho. Así que tuve que hornear otro. Junté los dos y así salió la cabeza.

  2. Eso de poner los ojos encima del bizcocho y cubrirlo todo con el fondant se me antojaba muy complicado. Ya veía toda la cabeza llena de arrugas, grietas o, lo que es peor, de agujeros. Así que opté por cubrir la cabeza y después poner encima los ojos. Mucho más fácil. Lo que sí hice fue poner una tira de fondant, un rulito, para la boca antes de cubrir la cabeza.

  3. Lo de poner el fondant por encima de la cabeza y el cuerpo, todo a la vez, también lo veía complicado porque, como dije antes, no soy experta en fondant ni nada, lo poco que sé lo he aprendido cotilleando por Internet. Así que me decidí a forrar primero la cabeza y después el cuerpo. Después junté ambas partes y, para que no se viera la unión, le puse un collar a mi Juana. Ya estaba lista para la fiesta.

  4. Al recortar los bizcochos, sobran trozos. ¿Adivináis quién se los comió? ¡A la porra la dieta!

PROS:

  1. Me encanta hornear y con esta tarta aprendí otra forma de darle forma redonda a un bizcocho, sin utilizar el cuchillo.

  2. Conseguí, no sé cómo, un ratito para mí sola, sin interrupciones. Así que pude concentrarme en cómo hacer la rana porque, al final, poco seguí las directrices del libro.

  3. Parte de los trozos que sobraron al recortar la cabeza se lo comieron mis Trastos mayores. Bizcocho casero de chocolate, ¡les encanta! Y, como lo he hecho yo, sé exactamente qué lleva y qué no lleva.

  4. Mi Peque es aún muy pequeño para entender qué era esa tarta. Pero para eso están las fotos.

  5. La cara de mis Trastos mayores y de mis sobrinos bien valen el rato que pasé en la cocina con las manos entre bizcochos y fondant.

Gallegas del nº 1.

Bueno, pues así nació Juana. Aunque la pobre duró un suspiro porque, a parte de la forma que tenía, los bizcochos estaban riquísimos. El fin de fiesta llegó de mano de estas galletas que hice con forma de uno y con unos fideos de colores por encima. También volaron. Así da gusto meterse en la cocina ;-).