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Mamá³, esposa, bloguera, chocoadicta 🍫 Variando según el día 🤷🏻‍♀️ La vida no es de color rosa y en mi casa menos 😉

14Jun/13

… de los okupas primaverales

Bicho

Estamos en primavera, época por excelencia de las lluvias, las flores, las alergias y los bichos. Todo vuelve a nacer, los árboles caducos empiezan a echar hojas nuevas, vamos más alegres por la calle porque hay más horas de sol, sabemos que el verano está próximo, empezamos a ver los primeros mosquitos, las primeras mariposas, los pájaros cantan, te caen chaparrones de 3 minutos que de dejan como recién salida de la ducha con ropa y todo y hasta hay quien disfruta de las bondades de la alergia.

Vamos, que a esta época del año no le falta de nada. Tan pronto hace un calor que te hace temer el incipiente verano como bajan las temperaturas sin encomendarse ni a Dios ni al diablo y acabas con un constipado de aúpa porque justo ese día saliste con la ropa que no era. Porque ésa es otra, no sé vosotros, pero yo tengo el armario cual lata de sardinas, ropa de verano junto a ropa de invierno. Toda espachurrada y arrugada. Quien dijo que la arruga es bella o bien no le gustaba planchar o bien tenía demasiada ropa para su armario.

Todas las épocas del año tienen su encanto. Yo, personalmente, prefiero el otoño y después el invierno. Aborrezco el verano con su calor asfixiante y la primavera me trae visitantes inesperados a la par que asquerosos. Sí, estoy pensando en mosquitos, hormigas, arañas… y el de la foto. ¡Por favorrrrr! ¡Qué ascazo!

Me lo encontré el otro día por la mañana al lado de la pata del sofá, todo enroscadito y tan largo como la palma de mi mano, y lo primero que pensé es que sería parte de algún juguete. Menos mal que me fijé algo más y entonces le vi esas patas. Creo que pasaron 5 minutos hasta que reaccioné. ¿Qué hacer para matarlo? Porque sí, yo quería matar a ese bicho asqueroso que había osado colarme en mi salón cual okupa a la hora del desayuno del Peque. Primero pensé en pisarlo, pero como estaba bajo el sofá, pues no podía. O atinaba a la primera o iba a ser complicado. Pero yo tengo una vena asesina que aflora en primavera y que me hace acabar con todo aquel bicharraco que entre en casa. Normalmente son los mosquitos quienes padecen este venazo mío (quienes, por cierto, siempre tienen a bien picarme a mí y no al Tripadre a pesar de los escasos centímetros que nos separan en la cama), pero lo aplico sin discriminación a cualquier otro bicho.

El caso es que, si me lo hubiera encontrado fuera de casa, posiblemente habría actuado de otra manera. Pero estando dentro de casa, de mi casa, me lo tomo como una ofensa personal. Ya no es un bicho que se ha colado, no. Ahora es un bicho que ha venido a picarnos a mí o mis Trastos (vale, también al Tripadre, a pesar de que se meta conmigo por esta obsesión mía) y entonces es o él o yo. Estaba en mi salón. Tenía que acabar con él. No había otra opción.

Pensé en pisarlo y, si no lograba matarlo, arrastrarlo hasta una zona descubierta donde pudiera darle un buen pisotón. Cuando estaba a punto de meter la punta del pie bajo el sofá, no sé por qué (bueno, sí que lo sé… vi una imagen del bicho trepando por mi pierna), cambié de opinión. Me quité la zapatilla y me dispuse a hacerlo con la zapatilla en la mano. A poco rocé al bicho con el arma en cuestión, éste se aferró a ella y no se soltó. Al contrario, tuvo a bien levantar la parte trasera (sí, ésa que parece una tijera) para hincármela, supongo… Y todo esto al tiempo en que yo sacaba la zapatilla de debajo del sofá.

Confieso aquí y ahora que he pasado muchos veranos (por no decir todos) de mi infancia en el pueblo con mis abuelos. He visto toda clase de bichos (terrestres, voladores y acuáticos) y he cazado otros tantos (los botes de cristal llenos de avispas aún son tema de conversación en casa de mi abuela). No me dan asco. No corro al ver una avispa acercarse a mí ni grito en presencia de una araña. Soy capaz de coger un saltamontes con mis propias manos y atrapar una mosca en reposo. En ese aspecto, creo que soy poco femenina… He jugado con gatos, perros, pollitos, gallinas, cabras, chivos, ranas… vamos, que me no asusto fácilmente.

Sin embargo, también confieso aquí y ahora que cuando vi al de la foto agarrado a mi zapatilla, con el culo en pompa amenazante y moviendo gran parte de sus patas me cagué de miedo. Y el Tripadré se meó de risa. ¿Cómo? ¿No os he dicho que a todo esto estaba hablando con el Tripadre por teléfono? Pues ya lo sabéis. Creo que intentaba guardar la compostura al tiempo que daba gracias al cielo por no estar en ese preciso instante en casa, pero yo, que algo ya le conozco, podía ver perfectamente su cara de descojone al otro lado del teléfono.

Al final, me fui a lo seguro. Cogí el insecticida y he apunté directamente. Se soltó de mi zapatilla. Corrió rápido y yo detrás sin dejar de presionar. Al final se retorció, pero seguía moviéndose, así que yo seguía apuntándole. Un rato después (porque no sé cuánto tiempo pasó, pero a mí se me hizo eterno), se puso boca arriba y así murió. Y ahí lo dejé como media hora para asegurarme de que estaba bien muerto.

Cuando el Peque terminó de desayunar y de mirarme con ojos extraños (al fin y al cabo, acababa de presenciar una faceta de su tierna madre desconocida por él hasta el momento), puse al bicharraco en una servilleta. Se lo enseñé a los Trastos cuando volvieron del colegio a la vez que les insistía “los bichos no se tocan, que pican” y el Mediano me replicaba “qué mono” y yo “ni mono ni leches, que pica, p-i-c-a” y el Mayor “mamá, no todos los bichos pican; los bichos bola no pican” y yo “ante la duda, no se tocan, se llama a mamá o a papá” aunque yo pensaba que si tenían que confiar en que el Tripadre matara a un ejemplar así iban listos y, crucemos los dedos, esperemos que sea mamá la que ande por allí la próxima vez.

Bromas a parte, no me gusta asustar a mis hijos (en plan que viene el coco o similar), pero es que durante mis peripecias contra el bicho, sólo pensaba en que mis hijos bien podrían haberlo confundido con un juguete (como me pasó a mí), estirar la mano para cogerlo y… y entonces tendríamos que haber ido corriendo al hospital. Y por eso me asusté tanto.

CONTRAS:

  1. Tras acabar con el de la foto, removí todo el salón. Desarmé el sofá y todo. Eché insecticida a conciencia. Limpieza a fondo, que se dice. Acabé baldada.

  2. Cada vez que lo recuerdo, me sigue dando el mismo asco. Es más, mientras escribo esto tengo los pelos de punta.

  3. Me he dado cuenta de que soy más miedica de lo que pensaba en cuestión de bichos. Con lo que yo he sido… frustrante.

PROS:

  1. Si veo otro, paso de la zapatilla. Cojo directamente el insecticida, que sé que funciona.

  2. Quiero pensar que salvé a mis Trastos de una picadura horrorosa. Eso hace que sea menos miedica, ¿no?

  3. Las risas que se echó el Tripadre a mi costa. Aunque a mí no me hizo gracia en el momento, ahora no puedo evitar reírme yo también.

  4. Al enseñarles al de la foto a mis Trastos, espero que se les hayan quitado las ganas de tocar bichos.

Y ahora, os cuento la guinda del pastel. Ya he comentado antes que soy capaz de coger un saltamontes con las manos. No de asustan ni me dan asco. Pues bien, tras el episodio mañanero con el de la foto, salgo al patio y, al moverme, sale volando un saltamontes. Mi corazón se pone otra vez a mil por hora. “Sólo es un saltamontes… mira que soy tonta…” me digo mientras intento recomponerme del susto y dibujo en mi cara una sonrisita nerviosa. Vuelvo a moverme y el saltamontes que vuelve a volar. Con un ojo veo el vuelo del nuevo bicho, con el otro ojo veo la puerta de la casa abierta. Un fugaz movimiento cruza mi mente: el saltamontes entra en casa y otra vez me va a tocar sacar mi vena asesina… paso. Y entonces decido correr a cerrar la puerta antes de que se cuele la nueva visita inesperada. Me doy la vuelta y… Bueno… El saltamontes cambia la dirección del vuelo y se va del patio y yo… ejem… caigo estrepitosamente al suelo al tropezar con el escalón (que, por cierto, siempre ha estado ahí, no ha crecido durante la noche ni nada parecido). En fin, ahí os dejo, riéndoos a gusto.

12Jun/13

… del horario de verano

Horario de verano

Sí, ya lo sé, el horario de verano entró en vigor hace tiempo. No es que me acabe de dar cuenta hoy (cosa, por otro lado, de la que sé que soy perfectamente capaz). Lo que pasa es que ya vamos para mediados de junio, a pesar de que tengo la sensación de haber guardado el árbol de Navidad antes de ayer. Y supongo que todo el mundo sabe lo que significa junio: vacaciones escolares.

Dentro de poco se acabarán los horarios y mis Trastos y yo estaremos 24 horas juntos. Vacaciones a parte, es cuando más les quiero y más me sacan de quicio a partes iguales. Como yo no trabajo fuera de casa, tengo el privilegio de pasar todo el verano con ellos. Y lo estoy deseando, no puedo negarlo.

Sé que los primeros días se harán largos y pesados, al fin y al cabo, hay que coger nuevas rutinas (espero que levantarse tarde sea una de ellas) o, lo que es lo mismo, olvidarse de los horarios apretados que hay que seguir a lo largo del curso (acostarse pronto, levantarse temprano, bañarse a tal hora, cenar a esta otra…). Para los Trastos llega el momento de jugar y, para mamá (o sea, yo misma), es el tiempo de estrujarse más la cabeza para mantenerles entretenidos. Y esto es toda una empresa, pues ya se sabe que su capacidad de atención y pegar el culo a la silla es más bien escasa a sus tiernas edades. Y eso sin contar con el Peque, que está empezando a andar y sólo quiere explorar en el suelo a sus anchas.

Y soy realista. También es el tiempo de salir sola con los tres, poniéndome el mundo por montera y dejando en casa la vergüenza. Es el tiempo en el que las tareas del hogar (llamadlas como mejor os plazca) se alargan. Lo que ahora tardo en hacer dos horas dentro de un mes voy a tardar tres días. Y todo esto amenizado por un continuo ir y venir de “¡mamáaaaaaaaaa!”.

¿Y por qué os cuento todo esto? Pues porque, como ya habréis adivinado, voy a tener menos tiempo para mis cosas. Entiendo por “mis cosas” este blog. De hecho, ya me ha pasado este fin de semana, que publiqué la última entrada de la semana pasada el jueves y la siguiente este lunes a la hora de comer (por poco no llego). Ya me encantaría a mí seguir publicando de lunes a sábado, pero creo que me va a ser completamente imposible con los Trastos pululando a mi alrededor todo el día. Así que, para que nadie se lleve a engaño, mejor las cosas claras.

Mi intención es reducir las entradas semanales a la mitad, es decir, tres a la semana (lunes, miércoles y viernes a ser posible), con suerte cuatro. Intentaré siempre publicarlas por la mañana. Cuando me vaya de vacaciones (que nos iremos :D), dejaré programadas las entradas correspondientes. De esta manera, espero poder responder a vuestros comentarios, que me encantan y me animan a seguir escribiendo lo que no os imagináis, y también leer y comentar otros blogs a los que sigo.

CONTRAS:

  1. Cuando empecé el blog no sabía la frecuencia a la que iba a publicar pero, cuando quise darme cuenta, iba a entrada por día (salvo los domingo, que hay que descansar también de escribir, jeje…). Supongo que habrá gente que me sigue por esto o, al menos, es una de las razones. Espero que sepáis entenderlo.

  2. Espero poder publicar tres entradas semanales porque no tengo ni idea de cómo va a ser el verano. De todas formas, si hubiera cambio en la programación, os avisaría, tal como estoy haciendo ahora.

  3. Con los Trastos todo el día por casa espero que no haya accidentes con el ordenador, como ya os conté aquí y aquí. Ya os aviso que soy negada para escribir desde el móvil. 

PROS:

  1. Si no queréis estar pendiente de si publico o no entrada, siempre podéis suscribiros :D.

  2. Reduciendo el ritmo de publicaciones semanales y dejando algunas programadas para cuando esté de vacaciones espero seguir contando con todos vosotros este verano.

  3. Supongo que, al igual que yo, vosotros también tendréis menos tiempo libre si tenéis niños pequeños. Así que de esta manera tampoco os saturo a entradas.

  4. Después del verano, con el inicio del colegio, espero volver al ritmo habitual al que os tengo acostumbrados. La idea es que esto sea temporal.

Sé que las vacaciones de verano no las dan hasta finales de junio, pero yo voy a empezar ya con mi horario de verano. Mi intención es escribir entradas, cuantas más mejor, para irlas publicando poco a poco y tener siempre alguna guardada en el cajón por si la semana se pone complicada (que habiendo niños de por medio, nunca se sabe) y no me da tiempo a escribir ninguna. Espero que sigáis ahí porque yo sí estaré. Y después del verano pienso pasar lista, que conste ;).

10Jun/13

… de tener peces

Hembra adulta de molly nacida en casa.

Hembra adulta de molly nacida en casa.

Como ya comenté cuando os hablé de nuestros caracoles (que, por cierto, ahora son tres, pues hace poco apareció otra de las abuelas con el tercero), en casa tenemos peces. Ovovivíparos en general y mollys y platys en particular. Fueron los primeros seres vivos en entrar en casa después del Tripadre y yo. Aunque, por aquel entonces, ni éramos padres ni estábamos casados. Estábamos preparando la boda y yo tenía trabajo remunerado fuera de casa. Cómo han cambiado las cosas desde entonces…

Hembra adulta de molly.

Hembra adulta de molly.

Empezamos, creo yo, como todos: mezclando especies porque nos parecían bonitas. Así convivían escalares con guppies. Hasta una vez tuvimos un beta. Lo de las plantas también fue un poema. El caso es que me puse a trastear por Internet y aprendí un montón en los foros de peces. Cuando dejé de trabajar (fuera de casa, se entiende), toda mi atención se la dedicaba a los peces. Leía, me informaba, aprendía y lo ponía en práctica con mi propio acuario. Y así, a base de prueba y error, es como aprendí lo que sé ahora. Que ignoro si será mucho o poco, pero a mí me sirve ;).

El caso es que, con la llegada de los Trastos, fui dejando de lado el acuario. Y, oh, sorpresa, fue cuando mejor ha estado. ¿Por qué? Ni idea, sigue siendo un misterio. Cuando el Mediano empezó a ir a la guardería, lo puse un poco en orden: cambié la arena, podé las plantas, compramos nuevos inquilinos… Teníamos un acuario estupendo. Poco antes de mudarnos de casa, casi al tiempo en que llegó el Peque, empezaron a criar. Increíble. Lástima que sólo sobreviviera uno de aquellos pequeñajos a la mudanza.

Alevín de molly nacido en casa.

Alevín de molly nacido en casa.

Y ahora, en la casa nueva, la historia ha vuelto a repetirse. De nuevo, tenemos crías. Uno alevines preciosos de molly. Tenemos tres y sólo puedo decir que es emocionante verles crecer en el acuario. Aunque es cierto que ya no les dedico tanto tiempo como antes, siguen apasionándome de la misma manera, sólo que me he dado cuenta que, cuanto menos intervenga, mejor (obviando, claro está que haya un problema: subida de nitratos o nitritos, filtro que no funciona, etc.).

¿Y los Trastos? Pues encantados con sus peces. Cuando eran bebés, les encantaba pasarse el rato mirando a los peces de colores nadar de acá para allá. Además, les dan de comer y les gusta ver que los peces también tienen bebés.

CONTRAS:

  1. Ponerlo en marcha desde cero es una lata. Primero hay que llenarlo de agua y después esperar casi un mes para poder meter los primeros peces.

  2. Hay que vigilar que todo vaya bien. Aunque no lo parezca, el equilibrio necesario para que los peces vivan bien es muy delicado. Así que, de vez en cuando, hay que controlar lacalidad del agua, renovarla, echar fertilizante a las plantas (si es necesario), etc.

  3. Si los peces están a gusto, pueden criar en exceso (el acuario es un espacio limitado).

  4. Los peces son animales, por tanto, también enferman.

PROS:

  1. Los peces son animales que exigen cuidados mínimos: no hay que vacunarles, ni sacarles a hacer sus necesidades…

  2. Los acuarios son decorativos. A media luz son realmente preciosos.

    Macho adulto de molly.

    Macho adulto de molly.

  3. Es emocionante ver cómo nacen, crecen y se reproducen. Yo llegué a contar las semanas de embarazo de las hembras para estar pendiente de su camada.

  4. Algunas tiendas, recogen peces nacidos en acuarios domésticos (con cierto tamaño, eso sí) y a cambio te pueden dar comida u otros peces. Genial si te gusta criar, pues hay que renovar la sangre para que no procreen entre sí hermanos o los padres con los hijos…

  5. Como con los caracoles, se puede aprovechar el momento de echarles de comer para que lo hagan los más peques. Es una responsabilidad que les encantará… al menos, a los míos les chifla echarles la comida y ver cómo se la comen :D.

Las fotos que aparecen en esta entrada son todas hechas por mí de peces de mi acuario. Os puedo asegurar que en vivo son más espectaculares ;).

06Jun/13

… de recibir el premio Liebster Award

Liebster Award

Últimamente, se me acumula dar las gracias por los premios recibidos. Así que, como os dije aquí, según me van cayendo, los voy poniendo en “Gracias”, así no se me olvida agradeceros a todos quienes habéis pensado que este blog merece ser premiado.

Esta vez, ha sido Con M de Mamá quien me ha otorgado el premio Liebster Award. Así que, desde aquí, muchas gracias. Lo digo siempre, pero no por ello es menos verdad, y es que es genial, no por el premio en sí, sino porque éste significa que me leéis y os gusta lo que cuento y cómo lo hago.

CONTRAS:

  1. El premio en sí no implica contestar preguntas ni nada. Así que, lo siento, os quedáis sin curiosear, jajaja… 😛

  2. Hay que elegir a quién dárselo. ¿No se puede dar a todos los blogs que nos gustan? Pues a ser que no 😉

PROS:

  1. Es un blog para menos de 200 seguidores, es decir, que tienen que estar empezando. Así que está muy bien para reconocer el esfuerzo que supone empezar en esto.

  2. Si me han otorgado un premio es porque alguien me lee. Y, supongo, en más de una ocasión, jejeje… y ya sabéis que un blog se alimenta de dos cosas: de comentarios y de visitas 😀

  3. Al otorgárselo a otros blogs, seguro alguien se pone muy contento, jeje…

El caso es que, si recordáis, ya me habían dado el premio anteriormente y, por lo tanto, ya lo había otorgado yo a otros blogs. Por si no queréis hacer memoria, os dejo los enlaces aquí y aquí. Así que no me repetiré.

Sé que la entrada de hoy ha sido cortita, pero como reza el dicho, “es de bien nacido ser agradecido”. Así que he decidido escribir el post para darle las gracias a Con M de Mamá por haber pensado en mi humilde blog para el premio. ¡Gracias, guapa! 😉

05Jun/13

… de una caja de recuerdos

Caja de recuerdos

El otro día, dentro del carnaval La maternidad de la A a la Z, os hablaba del humor que se nos desarrolla cuando nos convertimos en madres o padres. Al final de la entrada os preguntaba por las últimas situaciones en las que os habían hecho reír vuestros peques. La mayoría contaba frases graciosas de los peques de la casa, esas ocurrencias que nos sueltan como si nada y ante las que sólo podemos reírnos.

Mi abuela vive en el pueblo y sólo ve a sus biznietos dos veces al año. Sin embargo, intento llamarla cada vez que puedo. Siempre me pregunta por los Trastos. Y yo le cuento cómo están, sí, pero también me gusta contarle las ocurrencias que han tenido, para que se ría ella también y vea la clase de pieza de tiene por biznietos. Y mientras hablo con ella, hago memoria, “venga, ¿cuál era esa cosa tan graciosa que dijo el Mayor el otro día? ¿Qué nos soltó el Mediano la semana pasada que nos hizo reír a carcajadas?”…

Y el caso es que, aunque hayan pasado pocos días, muchas veces no me acuerdo. Y me da una rabia… Al fin y al cabo, estas frases graciosas típicas de los niños no volverán a repetirse. No sé si os pasa a vosotros, pero yo recuerdo que algo dijeron, pero a veces soy incapaz de ponerlo en pie… y acaba olvidado.

Pensándolo bien, estas frases son como las cosas que hacen, que si no tienes a mano la cámara de fotos o de vídeo, las pierdes para siempre. Pero gracias a estos artilugios tecnológicos, podemos congelar ese momento. Bueno, pues para recordar las frases de nuestros hijos disponemos de otros artilugios, no tan tecnológicos (al menos, no en el sentido actual), pero seguramente conocidos por todos… ¡Papel y boli! Jajaja :D.

Así que pensé en hacer una caja de recuerdos. Básicamente, se trata de guardar en una cajita unas fichas o tarjetas con las frases de nuestros hijos que nos han sacado una sonrisa. Ahí, escritas, veréis como no se nos olvidan.

Yo compré la cajita y las fichas, pero es obvio que para la caja se puede reutilizar una cajita de zapatos de nuestros hijos (talla pequeña) y que las tarjetas se pueden hacer con folios o cartulinas (blancos o de colores). Si hay varios peques, también es recomendable unos separadores o marcadores.

CONTRAS:

  1. Ya que la idea es no olvidar las frases de los peques, una vez dichas por sus boquitas, hay que escribirlas rápidamente. Si no, puede que se os olviden y la caja pierde su utilidad.

  2. Si la compráis, hay que ir a comprarla y ya. Pero si reutilizáis una cajita pequeña de zapatos, yo la forraría con papel bonito. Y, de igual manera, si hacéis las tarjetas vosotros, hay que ponerse a ello: medir la caja para que quepan perfectamente, recortarlas, comprar la cartulina… aunque, ahora que lo pienso, lo mismo me animo y hago tarjetas de colores, un color para cada Trasto ;).

  3. Poner, dentro de la caja, las tarjetas y un bolígrafo. Así no hay excusa a la hora de apuntar la ocurrencia. Si vamos a escribirla y falta el boli, corremos el riesgo de que, al ir a buscarlo, oyamos un “mamá” por el camino y no apuntemos la frase.

  4. Hay que acordarse de poner el nombre del hijo que la dijo (si tenéis dos o más) y también la fecha. Así sabréis, dentro de un tiempo, a qué tierna edad soltó la perla vuestro angelito ;).

PROS:

  1. Las frases perdurarán en el tiempo. Y seguro que os volverán a sacar las sonrisas dentro de unos años.

  2. Cuando vuestros peques sean mayores, podéis dárselas a leer, para que vean qué ocurrencias tenían cuando eran pequeños.

  3. Quien dice frases u ocurrencias, también dice cosas que han hecho. Cualquier cosa digna de ser recordada y que no haya sido captada por las cámara de fotos o vídeo tiene cabida en estas tarjetas.

  4. A mí ya no se me va a olvidar contarle a mi abuela las últimas frases de sus biznietos. Le va a encantar :).

Es tan obvio que me ha dado hasta un poco de vergüenza contároslo, pero es que yo misma no caí en ello hasta que no lo vi trasteando por Internet (sí, no penséis que llamo Trastos a mis hijos porque sí, que “de casta le viene al galgo”, jejeje…). Hay varias webs que tratan sobre esto en Internet, pero yo encontré la idea aquí.

¿Qué os ha parecido la entrada de hoy? ¿Vais a animaros a haceros una caja de recuerdos o tenéis buena memoria? 😉

04Jun/13

… de tener caracoles en casa

Caracol

Cuando era pequeña, insistí e insistí e insistí… (bueno, creo que lo habéis pillado) a mis padres para tener un perro en casa. Que yo recuerde, tuvimos tres: los dos primeros fueron cosa de mis padres, pero el tercero, ay, el tercero fue por pura cabezonería mía. Fue una perra preciosa, hija de una perrita de una prima de mi madre, que tuvo a bien dárnosla para que nos la lleváramos a casa. La perrita en cuestión estuvo con nosotros unos 13 años, se murió de vieja el año antes de que me casara. No sin antes haber traído al mundo otros dos cachorritos preciosos (uno de los cuales fue a parar a la casa de un compañero de trabajo de mi padre).

El caso es que, tan pesada me puse, que mi madre me dijo que, cuando yo tuviera mi propia casa, ella me regalaría un perro. Y, ¿qué queréis que os diga? Al principio me parecía una buena idea, pero ahora es una amenaza en toda regla. Con tres niños en casa, uno de ellos de un año, ni el Tripadre ni yo nos vemos con un perro, que al final es como un niño más. Sé las bondades de tener animal de compañía, como he dicho, tuve perro en casa de mis padres y mis abuelos tenían perros y gatos (y gallinas, cabras y burro). Sin embargo, creo que ahora no es un buen momento para tener perro (y el gato está descartado, pues al Tripadre no le caen nada bien… traumas infantiles, no puedo contaros más).

Sin embargo, yo sí que quería algún animalillo en casa. Tras arduas deliberaciones (mentira ;)), el Tripadre y yo decidimos (allá en la era A.T. o lo que es lo mismo, antes de los trastos) tener peces. ¡Menuda experta en el tema me volví! Bueno, sin explayarme mucho, diré que los peces siguen con nosotros… ellos y sus crías, que en esta casa somos muy prolíficos hasta los peces.

Pero hace poco se nos han unido un par de miembros más a nuestra familia animal (y no, no me refiero a un nuevo Trasto en camino ni a los alevines de mis peces). Todo empezó un día de esos de lluvia con una visita a casa de unos de los abuelos. A ver, ¿qué animal sale con la lluvia? ¡Los caracoles! Pues eso, que nos volvimos a casa con un caracol dentro de una caja.

Como vi que el Mayor le cogía cariño, le cuidaba y se preocupaba por que le diéramos de comer, me fui a por una tortuguera o como se diga. Vamos, una caja de plástico transparente con asa y con tapa por la que circula el aire y con una mini tapa que se abre para echarles de comer. Y ahí mudamos al caracol. Y el Mayor tan encantado que incluso se lo llevó a clase un día. Y, lo más increíble de todo, volvió con la caja entera y el caracol vivito y coleando.

A los pocos días, nuestro caracol se subió a una pared, se pegó a ella y ahí se quedó unos cuatro o cinco días. Empezaron a asaltarme las dudas… mira que si el caracol se ha puesto ahí para morirse… de hambre, suponía porque por más lechuga fresca que le echaba, no se dignaba a bajar a comer.

Una vez más, trasteando por Internet, aprendí que, para mantenerlos, hace falta una capa de tierra, del mismo tipo que la de donde se encontrara el caracol (tierra de maceta, en mi caso). Pues ahí se la puse. ¿Y el caracol? Pues en su pared. Entonces llegó la otra abuela con otro caracol. Enterada de lo emocionado que estaba el Mayor con su caracol, en cuanto vio uno no dudó en guardarlo para traérselo. Resumiendo, dos caracoles. Como la caja en la que teníamos al primero se dio un golpe que, aunque no llegó a romperla, sí que hizo una grieta por donde se escapaba el agua que le echábamos, me fui a por otra igual pero más grande. Y le eché una buena capa de tierra, como unos dos dedos, y agua, para mantener la humedad. Y ahí metimos a los dos caracoles.

Y, ahora sí, ambos salieron de sus conchas. Supongo que se presentaron o lo que sea que hagan los caracoles… Sin comerlo ni beberlo, habíamos armado un caracolario. El primer caracol hizo un hueco en la tierra (no me preguntéis cómo porque para mí sigue siendo un enigma) y ahí pasa la mayor parte del tiempo. El segundo es más explorador y se le ve más… ¡por favor! ¡Qué largo puede ser un caracol!

CONTRAS:

  1. Si sois asquerositos/as, no tengáis caracoles porque babosos son un rato.

  2. La cajita es de plástico, así que hay que tener mucho cuidado con las caídas y golpes, no se vaya a romper y luego toque encontrar al caracol. Os aviso, lo de que los caracoles son lentos es un mito. Les he visto recorrer la caja en muy poco tiempo. No os fiéis de ellos ;).

  3. Hay que mantener la cajita limpia. Esto implica quitar la lechuga vieja y reemplazarla por otra fresca. La tierra también hay que cambiarla, aunque no tan a menudo como la comida.

PROS:

  1. No hay que sacarles a que hagan sus necesidades.

  2. No sólo de lechuga vive un caracol. Leí por internet que les gusta la zanahoria. Yo le he echado un par de trocitos, además de un poco de calabacín. Los míos prefieren sin lugar a dudas éste último. ¿Será que está más blando y mis caracoles son un poco vaguetes?

  3. Tener un caracol implica una responsabilidad más para el niño. Vale que al final os va a tocar a vosotros, pero se puede aprovechar para inculcar un poco de responsabilidad a los peques.

  4. Hemos guardado la cajita pequeña por si quieren sacarlos de paseo o volver a llevárselos al cole. Os garantizo que ese día son el rey de la clase.

Al parecer, los caracoles son hermafroditas, así que, visto lo mucho que nos gusta procrear en esta casa, no descarto tener pequeños caracolitos dentro de un tiempo… Os mantendré informados.

03Jun/13

Carta abierta a mi Mayor

El Mayor

Queridísimo Mayor:

Ahora eres el hermano más mayor de todos. El que va abriendo camino, en el que se fijan los que vinieron detrás. Tu responsabilidad es grande, así como tu picardía.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en que fuiste el hijo único, el primer bebé. Fueron meses de espera, de incertidumbres, de preguntas… hasta que dos rayitas nos hicieron a papá y a mí las dos personas más felices del mundo. Ahora sé que llegaste cuando tenías que llegar.

Tu embarazo es el que recuerdo con más dudas. Dudas que aún siguieron en tus primeros momentos en este mundo, cuando decidiste esperar un poco antes de empezar a respirar. Jamás me he alegrado tanto de oír tu llanto.

Esta semana hará seis años que te tuve entre mis brazos por primera vez. Seis años ya que te miro embobada asombrándome de todo lo que eres capaz de hacer y aplaudo tus logros. Seis años desde que me convertiste en madre por primera vez. Seis años desde que me agarraste el dedo como si la vida te fuera en ello. Seis años que me miras con esos ojos que lo dicen todo sin decir nada.

Soportaste mis primeras dudas, mis primeras manías y mis primeros miedos. A cambio, te beneficiaste de ser el único al que dedicaba toda mi atención y todo mi tiempo. Juntos aprendimos a mirar el mundo con ojos de bebé primero y de niño pequeño después. Tus ocurrencias siempre me sorprenden. Tus razonamientos me dejan anonadada. Tu risa es alimento para mi alma.

Desde aquí, quiero felicitarte una vez más en esta semana tan importante para ti y decirte que te quiero con toda el alma y que siempre estaré ahí para ti. Por último, quisiera agradecerte que me hayas hecho mejor persona porque es imposible no serlo cuando corres a abrazarme y de tus labios se te escapa un “te quiero mucho, mamá”.

Feliz, muy feliz cumpleaños, hermano Mayor.

01Jun/13

… del Safari Madrid

Safari de Madrid

Empieza la época del buen tiempo, (sí, sí, aunque no lo parezca) hay que aprovechar para salir con los niños. Hoy vengo a hablaros del Safari Madrid. Nosotros fuimos el año pasado, a finales de verano, cuando no hacía mucho calor y el frío aún no había llegado.

Safari de Madrid

Es un sitio donde el coche es indispensable. Indispensable para llegar e indispensable para poder ver a los animales. Por lo que hay bastante sitio donde aparcar. Nada más llegar, nosotros nos fuimos a hacer el safari. Los animales están sueltos y se acercan al coche (¡vaya si se acercan!). En el mismo recinto, puedes comprar zanahorias para darles de comer o llevarlas de casa. Nosotros las compramos allí. Para darles las zanahorias a los animales hay que seguir las recomendaciones, a saber: no abrir la ventanilla en exceso, tan sólo el hueco necesario para que pase la zanahoria. Esto es muy importante, ya os daréis cuenta en cuanto veáis los dientes que tienen los “animalitos”.

Safari de Madrid

Darles de comer es muy fácil, pues ya están acostumbrados y se acercan al coche que da gusto. Las zanahorias las empezamos dando el Tripadre y yo, luego se animaron los Trastos. Curiosamente, el más lanzado fue el Mediano, qué habilidad para darles la zanahoria por la ventanilla. Al Mayor le costó un poco más porque se asustó un poco al ver tantos animales rodeando el coche y sus pedazo de dientes… El Peque aún era bebé, así que de poco se enteró.

A parte del itinerario del safari, hay un corralito con cabras que a los más pequeños les entusiasmó. Pueden entrar dentro y acariciarlas. A mí, que me crié entre las cabras que tenía mi abuelo en el pueblo, no me llamó mucho la atención, pero a mis hijos (que no habían visto una cabra de cerca) sí.

Además, hay espectáculos de aves rapaces. Una maravilla si os gustan ese tipo de animales. Algunos bajan volando de las montañas y es una pasada ver cómo se acercan y aterrizan justo en el sitio indicado o ver cómo se elevan en círculos hasta alcanzar alturas casi de avión. Y, por supuesto, exhibiciones de serpientes. Mis hijos se quedaron tan embobados mirando que a punto estuve de traerme una serpiente para sustituir a la tele, a ver si así se quedaban sentados en el sofá más de 10 minutos ;).

Por último, hay una especie de mini zoo con animales que han sido recogidos tras entrar de forma ilegal en el país. Son muy bonitos, sí, pero a mí me dio pena pensar que habían sido rescatados y lo mal que lo habían pasado hasta entonces (contrabando, hacinados en jaulas y cosas parecidas).

Para comer, hay en el mismo recinto un puesto donde picar algo pero, si quieres comer, hay que salir hasta un restaurante cercano que, si no entendí mal, también pertenece al Safari.

CONTRAS:

  1. Es un sitio con mucha tierra y el coche acabará sucio. No obstante, si sois aficionados a hacer fotos, os aconsejaría llevar los cristales bien limpios. De lo contrario, vuestras preciosas fotos del león o la cebra va a salir horrorosas con los lamparones de los cristales. Lo digo por experiencia. Si además hace sol, entre las manchas y el reflejo del sol lo vais a tener crudo para sacar una buena foto.

  2. Para los espectáculos de las rapaces, es mejor no apurar hasta el último momento (como nos pasó a nosotros). De lo contrario, todos los sitios a la sombra estarán ocupados y os tocará aguantar al sol. Ni os cuento lo que pasamos el Peque y yo porque, además, le tuve que dar el pecho en pleno vuelo del halcón.

  3. Llevaos botellas de agua de casa. Si hace calor, echad un par más. Allí venden, claro, pero yo creo que es mejor llevarlas de casa. Podéis pasarlas sin problema.

  4. Algunos animales están bastante alejados del paso de vehículos, así que tienes que hacer un esfuerzo por imaginártelos (nos pasó con los leones y la jirafa). Pero bueno, se supone que están en medio libertad, así que es normal que algunos estén más cerca que otros.

PROS:

  1. Puedes entrar y salir del recinto sin problema. Te vas a comer cuando quieras y vuelves cuando quieras también.

  2. El restaurante está muy bien situado, cerca de un lago y con mucha sombra. Estupendo para descansar después de comer. Además, tiene columpios para que los más peques se desfoguen. Os garantizo que se dormirán en el coche de camino a casa.

  3. Es una experiencia única para los peques. Tened en cuenta que en el zoo (que sería lo más parecido), los animales no se ven tan cerca.

  4. A parte de los animales, se pasa el día en la naturaleza. Y esto es algo que a todos los niños les encanta.

Bueno, pues esta fue nuestra experiencia. ¿Alguno de vosotros habéis ido? ¿Qué os pareció? Si se me ha olvidado algún contra o pro, estaré encantada de que me des el tuyo ;).

31May/13

… de recibir el premio Felizmente premiado

Felizmente premiado

Pues éste premio es, a mi juicio, uno de los más originales que circulan por la blogesfera maternal. Fue creado por el papá de Felizmente atado, blog que he descubierto hace relativamente poco y también me encanta.

Cuando leía mis blogs preferidos y les otorgaban este premio, me encantaba (¡y me encanta!) leer las respuestas. Porque lo original del Felizmente premiado es que las respuestas las dan los peques de los blogueros. Así que imaginaros la ilusión que me hizo cuando Annabel, de La nave del bebé, me premió con él hace ya un tiempo. De nuevo, le pido disculpas a Annabel por la tardanza en contestar.

El caso es que, como todos los premios, hace una ilusión enorme recibirlo porque eso significa que alguien me lee, que a ese alguien le gustan los temas que trato y la forma en que lo hago y que ese alguien piensa que el blog merece ser premiado. Y yo encantada, os podéis imaginar :-D.

Bueno, pues el premio tiene dos normas bien claritas, a saber:

  • Coger el logo del premio y otorgárselo a su vez a aquellos otros blogueros que tienen hijos con muchas cosas que decir. Si rompes la cadena, tu hijo/a cogerá una rabieta de escándalo y dos velas verdes aflorarán de sus fosas nasales.

  • Y, como segunda norma y última, sólo quiero que sean vuestros hijos los que se definan, los que aporten su forma de ser y pensar para tratar de entender mejor a los papás.

Así que, como paso de velas verdes y de rabietas, aquí os dejo las respuestas de mis hijos.

El Mayor:

  • Mamá trabaja con el ordenador. Qué más quisiera yo, hijo, poder echar un ratito en el ordenador para traer dinerillo extra a casa y, además, poder estar aquí cuidándoos y disfrutando de cada ratito juntos.Además, esta vez no ha respondido que trabajo yendo al gimnasio (qué tiempos aquellos), como cuando se lo soltó a su profe (momento “tierra trágame”).
  • Lo que más me gusta hacer con mamá es jugar. Toma, y a mí contigo y tus hermanos. Ojalá pudiéramos estar todo el día jugando, ¿verdad?
  • De mayor quiero ser jugador de fútbol. Qué raro… a pesar de que te pasas el día hablando de fútbol o jugando con el balón a meter goles no me había dado cuenta ;-). En cualquier caso, hemos mejorado porque con 2 añitos decía que quería ser barrendero, con calor y el frío que se pasa…

El Mediano:

  • Papá trabaja con el ordenador. Muy bien, aquí sí ha acertado. Y, además, al Tripadre sí le pagan por ello. Que dure.
  • Cuando sea mayor como papá quiero ir al mar. Hijo, que te estaba preguntando por la profesión… pero vale, pondré lo del mar, a pesar de que solemos ir una semanita a la playa en verano… ahora que lo pienso, mira que si está pensando en hacerse surfero o algo parecido… Al rato, el Mayor le preguntó que quería ser de mayor y el Mediano contestó: de mayor quiero ser un regalo. ¡Ahí es nada! Hijo, pero si tú ya eres un regalo desde el mismo instante en que salieron las dos rayitas :-).
  • Lo que más me gusta hacer es vivir en el océano, donde viven los tiburones. Mmmmm… curioso, teniendo en cuenta que asegura que los tiburones le dan miedo… y que en Madrid no hay ni mar ni, mucho menos, océano.

El Peque:

  • Mamá, mamá, mamá… No me creeréis, pero lo primero que dijo el Peque fue “papá” pero ahora lo ha cambiado por “mamá” y lo usa para todo. ¿Que quiere ir al suelo? Mamá. ¿Que quiere que deje de soplar y le dé la comida de una vez? Mamá. ¿Que quiere unirse a la juerga con sus hermanos? Mamá. Y lo peor es que le funciona…

Bueno, pues ahora, siguiendo con el formato habitual del blog, voy con los contras y pros.

CONTRAS:

  1. Ha sido difícil hacerles hablar, sobre todo al Peque. Y además, se me han dispersado e ido por las ramas. Las contestaciones que he puesto aquí han sido las más coherentes de las que me han dado… aunque no lo parezca.

  2. Siento haber tardado en contestar. Entre pensar cómo organizar la entrada, la reacción a la vacuna de los 12 meses, los virus que decidieron visitarnos al Mediano y a mí misma y accidentes domésticos varios (el esguince del Mayor, que le otorgó unas minis vacaciones del colegio) me he retrasado “un poco”, jejeje… sé que me disculparás.

  3. Ahora tengo que pasar el premio a otros 5 blogs (copiando a Annabel) y no veáis lo que me ha costado decidirme entre tanto blog fantástico.

PROS:

  1. Siempre es divertido escuchar las ocurrencias de los Peques a las preguntas más sencillas. Bueno, y sin preguntas, que de vez en cuando me sueltan cada contestación que es para partirse de risa ;-).

  2. Me ha gustado un montón que Annabel me haya premiado con este premio porque lo estaba deseando, jejeje…

  3. Como yo no rompo la cadena y espero que a quienes se lo otorgo tampoco, aún nos quedan más respuesta originales de los peques de la casa por leer. ¡Qué ganas!

Y ahora, mis cinco elegidos (redoble de tambor, por favor):

  • ¡Mamá qué sabe! Porque me encanta la imaginación que derrocha su blog y seguro que sus peques tienen mucho que decir porque imaginación tampoco les falta.
  • Niños felices, niños buenos. Que con tres niños pululando por casa seguro que ocurrencias tampoco le faltan.
  • Trimadre a los treinta. También madre de tres y la creadora del carnaval de blogs “La maternidad de la A a la Z”.
  • La morada de Nieves. Recientemente descubierta por mí y que también anda en minoría en su casa (hay que apoyarse, chicas). Además, es periodista como (era) yo.
  • Muriel y yo. Quien descubrí a través del carnaval de la maternidad y que me enganchó en cuanto leí su entrada “Cansancio vs. Paciencia”.

Bueno, pues ahora a preguntar a vuestros peques. Yo estoy deseando leeros :-D.

30May/13

… de las dudas (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Este fin de semana quedé con unas amigas mías y nos fuimos al parque con niños incluidos. Valientes que somos, jejeje… A parte de mis tres Trastos, también estaba el hijo de una de ellas, de casi 2 años. Y otra nos dijo ese mismo día que estaba embarazada. “Alegría desbordada” creo que fue lo que nos inundó a todas en aquel instante. Porque la noticia de un embarazo rara vez no es motivo de alegría.

Mi amiga embarazada acaba de superar el primer trimestre y todo es nuevo para ella. Estuvimos un buen rato hablando de embarazos y bebés mientras los peques jugaban en el césped con la pelota y con cualquier otra cosa que se les pusiera delante ;-).

De vuelta a casa, ya más tranquila con todos los Trastos rendidos y acostados, me puse a pensar. Es cierto que el embarazo, sobre todo si se trata del primero, es una época de ilusión y esperanza. Pero también es la época de dudas por excelencia. ¿Podré ocuparme bien de mi bebé? ¿Cómo sabré qué hacer cuando se ponga malo? ¿Sabré darle el pecho? ¿Sabré preparar un biberón? ¿Podré cambiarle el pañal sin que me dé asco? ¿Parir duele tanto como dicen? Y podría seguir así dos entradas más.

Recuerdo haber pensado durante mi primer embarazo que todas esas dudas, todos mis miedos, desaparecerían cuando naciera mi bebé. Ingenua que es una. Porque cuando nace tu bebé, muchas dudas se disipan, sí, pero surgen otras nuevas. ¿Por qué llora ahora si acaba de comer? ¿Por qué se ha despertado si dormía tan plácidamente? ¿Le pongo body o hará mucho calor en la calle? ¿Qué juguete le estimulará más? Está durmiendo pero es la hora de comer, ¿le dejo dormir más o le despierto ya?

Cuando crecen, la situación no mejora. De nuevo, viejas dudas son reemplazadas por otras nuevas. ¿Cómo hago para que no diga palabrotas? ¿Cómo contesto a sus preguntas sobre la muerte de la abuela? ¿Realmente se lo pasa bien en el colegio? ¿Es el momento de retirarle el pañal? En fin, creo que os hacéis una idea.

La maternidad también es una época de dudas que empiezan durante el embarazo, si no antes, y que ya no acaba nunca. Las madres especialmente (aunque los padres también) nos preocupamos, muchas veces en exceso, es verdad, pero es que no podemos evitarlo.

CONTRAS:

  1. Cuando somos hijas, nos agobia que nuestros padres estén todo el día haciéndonos preguntas (¿con quién vas? ¿A que hora vas a volver? ¿Dónde has estado?), pero cuando somos nosotras quienes tenemos hijos, esas mismas preguntas se nos vienen a la boca de forma natural, sin comerlo ni beberlo nos encontramos haciéndoles a nuestros hijos las mismas preguntas con las que nos agobiaban nuestros padres. Supongo que es ley de vida.

  2. En relación con el punto anterior, está muy bien preocuparse, pero hay que evitar agobiar a nuestros hijos. El Mayor me lo deja claro con sólo 5 añitos… ya veréis cuando tenga dieciséis.

  3. A veces son nuestras propias dudas las que nos agobian e, incluso, pueden quitarnos el sueño. Hay que saber pedir ayuda o preguntar.

  4. Una cosa es pedir ayuda o preguntar lo que no se sabe y otra muy distinta, que nos lleguen comentarios magistrales que sólo consiguen liarnos más y añadir más dudas a las que ya teníamos antes.

PROS:

  1. Las dudas implican que nos preocupamos por nuestros hijos. Y nos preocupamos porque los queremos con toda el alma.

  2. A veces, una vez solucionada la duda en cuestión, ya no vuelve a atormentarnos.

  3. Otras veces, si ante una duda hemos tomado la decisión equivocada, siempre podemos aprender de nuestros errores y hacerlo mejor la próxima vez.

A lo largo de esta entrada, os he ido dejando una pequeña muestra de algunas de las dudas que me han surgido (y me siguen surgiendo) a mí. Ahora me encantaría leer alguna de vuestras dudas, a ver en cuántas coincidimos ;-).

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

29May/13

… de los primeros pasos

zapatillas bebé

Cada uno de mis Trastos empezaron a dar sus primeros pasos a una edad distinta. A saber: el primero a los 10 meses, el segundo a los 11 meses y el tercero a los 12 meses. Exactamente cuando les ha dado la gana a ellos, pues ni el Tripadre ni yo les hemos forzado ni insistido. El Mayor y el Mediano no gatearon, simplemente empezaron a dar pasos. El Peque alterna sus primeros pasos con el gateo. Y yo estoy por comérmelo a besos un día de éstos, igual que estuve tentada de hacerlo con sus hermanos.

Recuerdo que el Mayor cogió un día un par de pinzas de la ropa y, sujetándolas bien fuerte, se lanzó a la aventura de andar. Un mes después, con 11 meses andaba y correteaba que era un primor. El Mediano daba pasitos de vez en cuando, sobre todo, en el parque, de lado a lado. Y en el suelo, del sofá a la mesita y al revés. Pero fue el día de su cumpleaños (también un mes después) cuando, en presencia de toda la familia, decidió que la distancia mesa-sofá se le había quedado pequeña y empezó la tarde andando por todo el salón (que no era muy grande, pero para él debió de ser inmenso). Para cuando acabó su fiesta, ya se había aventurado a ir desde el salón hasta su habitación a lo largo de todo el pasillo. Está claro que había decidido estrenar su primer año dando sus primeras carreritas por toda la casa.

El Peque ha empezado a dar sus primeros pasos a los 11 meses también, pero un mes después, no corretea como sus hermanos. ¿Preocupada? En absoluto. Después de tres hijos, me ha quedado claro que cada niño tiene un ritmo que hay que respetar. Aunque, si me preguntáis mi opinión, estoy convencida de que, aunque da pasitos, no se ha lanzado a explorar el mundo del andar porque ha descubierto otro: el mundo del gateo. Mundo que, por otro lado, no conocieron sus hermanos. ¿Por qué? Ni idea. No sé por qué unos niños gatean y otros no. y, la verdad, tampoco es algo que me quite el sueño.

Empezó poniéndose de pie en el parque, agarrándose a la malla primero y al agarrador que tiene el parque después. Y, una vez de pie, se soltaba y se aplaudía solo. ¡Bien por mi niño! Y se reía, contento por el logro que acababa de alcanzar. Si le pongo en el suelo, él solo gatea hasta una pared, el sofá o cualquier cosas que él vea que puede servirle para ponerse de pie. Se levanta y anda un poquito. Más aplausos. Más risas. En cuando deja de sentirse seguro, hace una sentadilla y planta el culete en el suelo. Entonces decide que quiere ser invadido por la velocidad y empieza a gatear. Llega hasta otra cosa que le sirva de apoyo y, otra vez, se pone de pie. De nuevo, aplausos y risas, con esos poquitos dientes que ya le asoman. Vamos, que está para comérselo a besitos (nota: en este momento, me retiro del ordenador para no llenarlo con mis babas de madre. Me limpio. Vuelvo. Continúo el relato).

Si le doy la mano, la velocidad la coge andando. Un paso, una risa, otro paso, otra risa… y así por media casa. Está más salao :-D. Es imposible no reírse también y aplaudirle los logros. Él me mira y se ríe aún más. Aunque al Tripadre le escueza un poco, he de confesaros que suele venir a buscarme si está con otra persona o, si está conmigo, hay un momento en que se da la vuelta y se me tira encima, como dándome un abracito. Supongo que os imagináis lo orgullosa que estoy de mi Peque y de sus primeros pasos y de sus primeros gateos :-).

CONTRAS:

  1. Teniendo en cuenta que ya ha cumplido el año y que sus hermanos mayores ya andaban solos a esa edad, hay mucha gente que, cuando ve al Peque, se pregunta que cuándo va a andar de una vez por todas. Sé que es un decir, que no es en serio, pero a mí me molesta un poco. Si no me importa a mí que soy su madre, menos debería importarle a ellos.

  2. El Peque ve a sus hermanos jugando, corriendo y andando y se nota que ya quiere irse con ellos. Le llama mucho la atención verles moverse y, cuando está en el suelo, todo su afán es ir hacia dónde están los otros dos. Ya veréis cuando sea un poco más mayor y pueda unírseles al juego. Me lo voy a pasar pipa.

  3. En cuanto empiece a andar (y no me refiero a los pasitos que ya da, sino a andar en condiciones) tendré que volver a establecer un perímetro de seguridad a un metro del suelo por lo menos. Cosas valiosas o susceptibles de ser rotas, cuanto más altas mejor.

PROS:

  1. A pesar de todos los contras, estoy deseando verle corretear y sumarse a sus hermanos en el juego, a quienes, por otro lado, les encanta jugar con su hermano. Muchas veces les tengo que decir (sobre todo al Mediano, pues el Mayor ya pasó por esto) que determinados juegos no son para el Peque y, que si quieren jugar con él, tienen que cambiar el juego o la manera de jugar. A veces lo hacen y otras siguen a lo suyo bajo la atenta mirada del Peque.

  2. El Peque está dejando de ser un bebé. Ahora está a medio camino entre un bebé grande y un niño pequeño. Es mi bebé-no-tan-bebé-ya.

  3. Me encanta ver cómo consigue sus logros. Disfruto viéndole dar sus primeros pasos, de la misma manera que me quedo absorta observándole cómo mueve sus dedidos para tocar algo, como un botón, para explorarlo. Está empezando a querer saber qué son las cosas. Su curiosidad no tiene límites y el poder andar le va a ayudar mucho.

  4. Dentro de nada vendrán los paseítos y sus primeras carreras. Va a ser digno de verle. ¿Se seguirá aplaudiendo sólo? De hacerlo, ¿lo hará mientras corra? De lo que no me cabe duda es de que seguirá riéndose porque a risueño no le gana nadie. ¡Menudo es mi niño!

Ésta es una época preciosa. Es la época de sus primeras veces. Soy consciente de que durará poco, al igual que la de sus hermanos, que se me pasó en un suspiro. En ocasiones, miro a los otros dos Trastos y se me hace mentira que sean capaces de correr, de saltar o de darle a la pelota cuando, hace nada, estaban empezando a andar cogiéndome de la mano. Sé que esta época se pasará pronto y, a parte de alegrarme por verle crecer sano y feliz, no puedo evitar sentir también un poco de nostalgia porque no se repetirá y también alegría al ver de lo que es capaz.

28May/13

… del parque de juegos

parque de juegos

Odiado por unos y amado por otros, el parque de juegos es otro motivo más de controversia dentro de la maternidad. Vaya, que ya llevamos unos cuantos… El caso es que yo he usado el parque con cada uno de los tres Trastos. Y he tenido que escuchar de todo.

Con el Mayor lo usaba para, entre otras cosas, poder ducharme a gusto o recoger la cocina o prepararle la papilla sabiendo que dejaba a mi bebé en un espacio a salvo de golpes. Con el Mediano y el Pequeño fue más por poder atender al hermano mayor. Si tenía que bañar al Mayor o acompañarle al baño en plena operación pañal, con el Mediano aún empezando a andar, el parque era el lugar ideal para dejarle. Lo mismo le ocurre ahora al Peque, que aún no está para dejarle solo mientras los Mayores acaparan toda mi atención.

Esta utilidad creo que no se la puede quitar nadie a este cachivache. Sin embargo, utilidades a parte, hay quien lo llama “cárcel para niños”. Bueno… a ver… maticemos… Yo no sé qué harán demás padres y madres, pero para mí, el parque de juegos no es un sitio donde soltar al niño cuando se levanta de la cuna y de donde sacarlo para acostarle otra vez. Como he dicho, para mí es un espacio seguro donde poder dejar al bebé jugando mientras yo no puedo atenderle en ese momento. Ojalá no tuviera más obligaciones que estar con él tirada en el suelo todo el día. Pero no es así, hay otras cosas que reclaman mi atención y también otros hijos a los tampoco puedo desatender.

De la misma manera que a mí no se me ocurre crucificar a nadie que decida no usarlo, me gustaría que nadie juzgara la manera en la que educo a mis hijos o el amor que les profeso. Pero volvemos a lo de siempre. Esos comentarios tan bienintencionados que suelta la gente sin medir (o sin importarles) el daño que hacen sus palabras. Más cicatrices para la madre o padre que tiene que escuchar esas críticas constructivas. Quizás algún día aprendamos a medir las palabras. O al menos a no imponer nuestro punto de vista.

CONTRAS:

  1. Según va creciendo el bebé, el parque se les queda pequeño y en cuanto empiezan a andar sólo quieren suelo.

  2. Si tenéis hijas, cuidado con los pendientes. Pueden engancharse fácilmente en la malla. Obviamente, con tres niños, yo esto no lo he vivido, pero conozco a quien sí.

  3. Ojo también a los juguetes que se colocan dentro del parque para que juegue el bebé. Los mejores son los blanditos, sin partes duras, por si el bebé se cae que no se haga daño.

  4. Si hay hermanos mayores, éstos pueden querer meterse dentro del parque para jugar con el hermano pequeño. Esto sí que nos pasa continuamente en casa. Y hay que hacerles comprender a los Mayores que el parque no aguanta el peso de los niños más mayores y que se puede romper. Os deseo suerte, yo aún estoy en ello.

PROS:

  1. Si no hay muñecos duros ni pendientes en las orejas, el parque es un espacio seguro para los bebés. Les gustará más o menos estar dentro, pero a salvo sí están.

  2. Los parques suelen traer anillas, lo que ayuda a los ya no tan bebés a ponerse de pie e ir practicando su equilibrio. Perfecto para cuando decidan andar.

  3. Cuando empiezan a salirle los dientes, suelen tomarla con el borde de arriba, que suele estar blandito. Lo único malo es que empiecen a romperlo con esos dientecitos incipientes.

  4. Pueden dar sus primeros pasitos dentro del parque, de nuevo, sin riesgo de hacerse daño.

  5. El hecho de utilizar el parque no implica que el niño vaya a andar antes ni que no pueda gatear. Como digo, mis tres hijos han usado el parque. Los dos primeros pasaron de gatear y se pusieron a andar directamente. Y es el Peque el que, empezando ya a dar sus primeros pasos, se ha decidido a gatear. Así que puedo decir que, según mi experiencia, el uso o no uso del parque no influye para nada en sus primeros pasos o gateos.

Como decía al principio, el uso del parque es motivo de controversia. Al igual que dar el pecho, dar biberón, usar mochila, usar carrito, usar chupete… En fin, que yo creo que hay que respetar más las decisiones de los padres y no criticar a quienes actúan de forma distinta a nosotros, pues a veces las palabras hacen más daño que las espadas. Y ojo, todo esto partiendo de la base de que creo que nadie puede negar la utilidad del parque. Otra cosa es que decidáis usarlo o no, según sean vuestras preferencias, vuestras circunstancias en casa y, sobre todo, vuestros hijos.

Y vosotros, ¿habéis usado parques?