Todas las entradas de Arusca

Acerca de Arusca

Mamá³, esposa, bloguera, chocoadicta 🍫 Variando según el día 🤷🏻‍♀️ La vida no es de color rosa y en mi casa menos 😉

02Sep/13

… de hacer polos de chocolate con yogur

Polos de chocolate y yogur

Se acaba el verano. Ha pasado muy rápido. Tanto que me he dado cuenta de que no he publicado nada sobre helados o polos, ¡con lo que me gustan! No tengo perdón. Pero con esta entrada de hoy voy a ponerle remedio.

Cuando alguien dice “polo”, inmediatamente hay otro alguien que piensa en zumo congelado. Bueno, sí, ésa es una forma de hacer polos. Muy sana, sí, pero muy vista también.

Hoy os traigo una forma diferente pero igual de fácil para hacer polos de chocolate, pero sin nata ni huevo. Sólo os hace falta yogur griego, que es más consistente y cremoso, que sea natural y sin azucarar. También necesitaréis cacao en polvo y miel o azúcar al gusto. Y, por supuesto, moldes. Yo usé unos de polos que compré hace años, pero podéis usar vasitos. Más fácil imposible. Y refrescante. Y también sano.

CONTRAS:

  1. Hay que tener espacio en el congelador. Aseguraos antes de poneros manos a la masa, no os pase como a mí, que luego no puedo hacer los polos por falta de espacio.

  2. Si compráis moldes de polo (los míos son de supermercado), escoged el que mejor se adapte a vuestra casa. Me explico. Si quienes más van a disfrutar de los polos son los niños, elegid moldes que puedan agarran con facilidad y que sean pequeñitos. Un niño puede tardar mucho en comerse un polo, por muy rico que esté, por lo que se le empieza a derretir y chorrear.

  3. Como hay que congelarlo, hay que esperar. Y es un rollo.

PROS:

  1. Lo bueno de hacer polos caseros es que sabéis exactamente qué lleva y en cuánta cantidad.

  2. Si no tenéis sitio en el congelador, no os preocupéis. Lo ponéis en la nevera y está igual de rico comido a cucharadas.

  3. Es una buena forma de que los niños coman yogures.

  4. Al hacerlo en casa, se pueden añadir infinidad de cosas. Algunas ideas: pepitas de chocolate, trozos de fruta, frutos secos, semillas, ralladura de naranja, etc.

  5. Lo puede hacer cualquiera, desde el más inexperto en cocina como los niños de la casa.

Os dejo del vídeo de cómo lo hago yo. No he puesto cantidades porque es más o menos a ojo, pero creo que se entiende bastante bien. Y si no, preguntadme vuestras dudas en los comentarios de esta entrada o en los del canal del blog en YouTube.

Y vosotros, ¿hacéis polos caseros o preferís los comprados? ¿Cuál es el sabor que más os gusta?

30Ago/13

… de estar a solas con mamá

Una desventaja de tener más de un retoño es que no te puedes dividir. Si son dos y estáis los dos progenitores, entonces cada adulto puede prestar toda su atención a un niño. ¿Pero qué pasa cuando sólo hay un progenitor para los niños? ¿O si estáis los dos pero ellos son tres o más? Las matemáticas no son mi fuerte, pero creo que las cuentas no salen, teniendo en cuenta que una persona no puede dividirse en partes y seguir funcionando igual.

Por eso, aunque también disfruto e intento que se lo pasen bien estando todos juntos, yo intento aprovechar cada ratito que paso sola con uno de mis Trastos al máximo. Da igual si se trata de cinco minutos en el desayuno, del cuarto de hora que dura el baño o de salir a comprar algo y alguno se apunta a venir conmigo. Obviamente, no es lo mismo si ese rato lo paso con el Mayor, el Mediano o el Peque porque cada uno requiere distintas atenciones.

Al Mayor le gusta contarme cosas del recreo o hacerme preguntas del tipo: “Mamá, si todos venimos de la tripa de nuestra mamá, ¿de dónde vino la primera mamá?”. También le gusta jugar al veo-veo o a las palabras encadenadas. Afortunadamente.

El Mediano prefiere hacer cosas graciosas para que los dos nos riamos juntos. A parte de saltar de todo aquello que diste 20 centímetros o más del suelo, que es un pequeño saltimbanqui en potencia. También le gusta que juegue con él a los coches o participe en su afán de ordenar cosas poniéndolas en fila india.

El Peque, sin embargo, es más de irse al suelo y dejarle a su aire explorando cosas. Le encanta tocar donde ya va sabiendo que no debe. Entonces se gira, me mira y llama mi atención. Ya ha aprendido a subirse en el sofá y, tras dos días en plan yo sigo andando por aquí y si se acaba el sofá es problema del sofá, por fin ha aprendido cómo bajarse sin estamparse contra el suelo. Ya sólo le fata saber que no hay que asomarse por los reposabrazos porque el suelo sigue estando ahí abajo. Creo que esto último le va a costar un poco más…

Siendo tres y estando la gran mayoría del tiempo que pasan en casa a solas conmigo, sé que les encanta esos momentos en los que yo puedo prestarles toda mi atención sólo a uno. Pero siendo realistas, estando en casa sola, siempre hay una pequeña parte de mi cerebro atenta a ruidos que vienen del salón, por si alguno de los otros dos la está liando aprovechando mi ausencia.

Lo mejor es salir fuera, dejando a los otros con su padre, por ejemplo. Ir a dar un paseo al parque, ir a comprar el pan… cualquier excusa es buena para pasar un rato completamente a solas conmigo. Ellos lo agradecen, pero es cierto que yo también. Después de estar todo el día o toda la semana lidiando con tres, es un respiro estar sólo con uno. Sobre todo si se trata del Mayor o el Mediano que son a los que menos veo cuando empieza el curso.

Alucino viendo lo mucho que han crecido, cómo tienen ya una lógica aplastante para algunas cosas. Me encanta poder mantener una conversación con ellos. Es en esos ratitos cuando les puedo ver brillar en todo su esplendor.

CONTRAS:

  1. Es muy difícil para mí encontrar un rato que pueda dedicar en exclusiva a uno solo. Pero como he dicho antes, mi truco es aprovechar cada momento, dure éste cinco minutos o una hora.

  2. El que no está conmigo siempre revolotea. Quiere que su momento llegue cuanto antes y dure el máximo posible. No le puedo culpar por ello. Es algo natural y así hay que tomárselo.

PROS:

  1. Estar con niños (uno o varios, da igual) implica no parar. Siempre hay algo que hacer, algo que preparar. Es bueno, a veces, pararse en seco dentro de esta espiral de prisas y rutinas y levantar la vista. Puede que nos encontremos con una personita que tiene mucho que enseñarnos si la dejamos.

  2. Quizás es porque, como he dicho, no me resulta fácil encontrar un momento para dedicarme en exclusiva a uno solo. La cuestión es que, cuando lo encuentro, lo disfruto todo lo que puedo, igual que mis hijos. Es un momento en el que descubro a la clase de persona en la que se ha convertido y casi puedo intuir la clase de persona que podría ser cuando crezca un poco más.

  3. Incluso en esos ratos de dedicación exclusiva a uno solo, estoy tentada a pensar en otras cosas (qué haremos para cenar, necesitan zapatillas nuevas, cómo nos vamos a organizar el fin de semana…). Si es un rato para pasarlo con nuestro hijo, es para eso y nada más. A veces me cuesta apartar de mi cabeza estas preocupaciones, pero sé que debo hacer el esfuerzo porque la recompensa es enorme.

¿A vosotras también os cuesta encontrar estos ratito para disfrutar al cien por cien de vuestros hijos? ¿Preferís pasar un ratito a solas con cada uno o preferís pasarlo con todos juntos? Contádmelo en los comentarios ;).

28Ago/13

… de hacer galletas con caramelo

Galletas con caramelo

Esto de hacer galletas en los cumpleaños se está convirtiendo en costumbre. Yo uso siempre la misma masa porque es la que mejor me va. Es una receta de masa quebrada clásica. La puedo hacer días antes y meterla en el frigorífico (o incluso congelarla) y sacarla cuando la necesito (si está congelada, la meto directamente en el frigorífico unas 24 horas hasta que se descongele). Le doy la forma elegida para la ocasión y al horno. En menos de media hora tengo ricas galletas caseras.

Para el cumple del Peque, las hice con la forma del número 1. Para mi cumpleaños pensé en hacer algo similar. Pero tenían que ser con el 33. La verdad es que no me convencían mucho. Pero era una ocasión especial así que, aprovechando que soy la única chica de la casa, se me ocurrió hacer galletas más… femeninas, por decirlo de alguna manera. Pensé en flores. Ufff… pero qué sosas unas simples flores si no les iba a poner glasa para colorearlas.

En éstas estaba cuando se me vino a la cabeza algo que había visto hace años por Internet. No recordaba dónde, pero lo que sí tenía claro es que se hacían con caramelos. Eso ya me iba gustando más. En mi casa, a pesar de los Trastos y mi glotonería, no comemos muchas chuches ni muchos caramelos. Así que siempre tengo una bolsa llena. Es más, creo que soy la única madre que tira bolsas de basura llenas hasta arriba de golosinas caducadas.

Me fui a la bolsa en cuestión a ver si tenía los caramelos que necesitaba. Duros y no muy grandes, para más detalle. No sería la primera vez que se me ocurre hacer algo y me falta algo indispensable. Afortunadamente, ahí estaban los caramelos. Y había bastantes. De varios sabores. De varios colores. Cogí la bolsa y me fui tan contenta a la cocina.

Saqué la masa de la nevera. ¡Qué dura estaba la condenada! Aunque con estos calores, en menos de 3 minutos pasé al polo opuesto. Como lleva mantequilla y con esta temperatura, al poco tiempo se convirtió en algo pegajoso difícil de manejar. Bueno, nada que dos papeles de horno no puedan solucionar. Metí la masa en medio de ellos y alisé con el rodillo. Al poco tenía listas mis galletas. No estaba muy segura de que aquello hubiera salido bien. Os recuerdo que era la primera vez que lo hacía y, además, de memoria.

En cuanto se pusieron a temperatura ambiente probé una. Y dos. Y no probé tres porque me corté y me dije que, de seguir así, me las zampaba yo todas y no era plan, por mucho que fuera mi cumpleaños. Las reservé para más tarde, cuando ya hubieran llegado todos los que iban a venir. Las saqué entonces y fueron un éxito rotundo.

CONTRAS:

  1. Al ser verano, hay que darse prisa en amasar con estos calores. En invierno es más fácil.

  2. Se necesitan dos cortapasas de distintos tamaños. No obstante, el agujero para poner el caramelo se puede hacer con algo redondo que tengáis por la cocina. Por ejemplo, los cacitos de la leche en polvo de los bebés o los tapones de plástico de algunos jarabes son muy socorridos para esto. Haciendo honor a mi incipiente síndrome de Diógenes, confieso que tengo unos cuantos de éstos guardados en la cocina. Ah, y el cortapasas más grande se puede sustituir por un vaso o similar.

  3. La gracia de la galleta está en comérsela entera para que se junten en la boca la galleta con su caramelo. Así que es mejor no hacerlas demasiado grandes.

PROS:

  1. La cocina huele que no os imagináis de bien. Al olor a galletas recién hechas, que ya de por sí es un olor agradable, se suma el olor a caramelo. Y estos dos aromas juntos se pasean por la casa y huele genial.

  2. El resultado final son unas galletas muy vistosas. Ideales para cumpleaños, fiestas y Navidad. O para darnos un capricho de vez en cuando porque sí.

  3. Gustan tanto a pequeños como a mayores porque… ¿a quién no le gusta un caramelo?

  4. Como he mencionado, yo las he hecho con una masa quebrada hecha en casa por mí. Sin embargo, estas galletas con caramelo admiten vuestra masa de galletas favorita.

  5. Yo las hice sola porque aproveché la hora de la siesta (sí, me va la marcha…). Pero por supuesto que se pueden hacer con los niños de la casa. Eso sí, mucho cuidado al sacarlas del horno porque el caramelo sale hirviendo.

Aquí os dejo el vídeo del paso a paso de las galletas, que también podéis encontrar en el canal de YouTube del blog. Animaos a hacerlas porque no os vais a arrepentir y haced unas cuantas porque vuelan ;-).

Si quieres saber qué otros dulces salen de mi cocina, no dejes de pinchar en este enlace.

26Ago/13

… de hacer cuadros abstractos con nombres

Cuadros abstractos con nombres

A veces me da pereza hacer cosas con mis Trastos. Muchas veces tardo yo más en preparar las cosas que después ellos en disfrutarlas. Aún les falta concentración. A veces pienso que no merece la pena. Especialmente, si hay pinturas de por medio.

Afortunadamente para ellos, me puede la niña que llevo dentro y, al final, acabo haciendo caso omiso a la voz de mi interior que me dice que montar todo el tinglado para apenas diez minutos es una tontería. Y acabo sacando las pinturas y los pinceles.

La culpa de todo la tienen a partes iguales la artista frustrada que llevo dentro y Pinterest. Pero como digo, los grandes beneficiados de todo esto son mis hijos. Bueno, y la niña-artista-frustrada de mi interior también.

Es cierto que muchas veces estas cosas las acabamos terminando los padres, pero a mí personalmente no me importa. Me gusta pensar que, cuando crezcan y echen la vista atrás, tendrán recuerdos con su madre y las manos manchadas de pintura. Y confío en que serán recuerdos felices.

Yo no tengo recuerdos haciendo manualidades con mis padres. No sé si harían cosas así con mi hermana y conmigo, pero si es así, yo no me acuerdo. Por eso siempre estoy pensando cosas para hacer con mis hijos. No importa que no se acuerden de que hicimos tal o cual cosa, lo que quiero es que recuerden que hicimos cosas.

Bueno, pues esta manualidad de hoy da mucho juego. Se pueden hacer infinidad de cosas. Se trata de cuadros abstractos, hechos con témperas, cinta de carrocero y lienzos o cartulina. ¿Y qué se hace con todo eso? Pues podéis optar por hacer cuadros abstractos como los de la foto, pero también podéis poner el nombre del niño o, si el tamaño del lienzo lo permite, frases que os gusten.

CONTRAS:

  1. He dicho pinturas y pinceles. Así que a menos que vuestros peques sean muy cuidadosos, esto implica que se van a manchar. Se mancharán ellos y todo lo que tengan en un radio de medio metro. Elegid bien el sitio y poner un hule o papeles de periódico. Ropa que no sea nueva también sería buena idea.

  2. Si lo hacéis en exterior (patio o terraza), cuidado también con los días de aire. Obviamente, si lo hacéis en lienzos, éstos no se van a volar. No puedo aseguraros lo mismo si lo hacéis con cartulinas.

  3. Los cuadros de la foto están hechos en folios normales y corrientes. No os lo aconsejo. Al despegar la cinta de carrocero, aunque no es lo mismo que un celo, nada más que por lo húmedo que queda el folio con la pintura se corre el riesgo de que se rompa un poco. Es lo que nos pasó a nosotros. Es mejor usar lienzos o cartulinas.

  4. Como se usa pintura, antes de poder usar la obra de arte (ya sea colgarla en la pared, enmarcarla o pegarla en el armario) hay que dejar pasar un tiempo hasta que la pintura esté completamente seca.

  5. La cinta de carrocero es muy importante. Como he dicho antes, no vale el celo. Éste se pega más al papel, por lo que tiende a romper la superficie al despegarlo. Escoged una cinta de carrocero estrecha porque si no, a menos que donde lo vayáis a poner sea una superficie grande, me temo que vais a tener que andar cortándola a la mitad.

  6. Cuando pongáis la cinta de carrocero, no dejéis pasar mucho tiempo hasta que os pongáis a pintar o se empezará a despegar.

PROS:

  1. Desarrolla la creatividad y la destreza óculo-manual.

  2. Es divertido.

  3. El resultado final sirve para decorar. Y además es súper vistoso y alegre.

  4. Se pueden utilizar tantos colores como queráis o simplemente uno solo. ¡Imaginación al poder!

  5. Nosotros usamos témperas con sus pinceles, pero también podéis usar pintura de dedos. Eso sí, en ambos casos, cuidado con levantar la cinta de carrocero al pintar.

Para explicaros mejor cómo se hace esta manualidad, os dejo el vídeo que ya está en el canal de YouTube del blog. Es un vídeo cortito, pero creo que ilustra bien los pasos a seguir. O también podéis entrar aquí que es de donde yo saqué la idea.

Si te ha gustado esta manualidad, pincha aquí y descubre más.

23Ago/13

… del cinturón de seguridad para embarazadas en el coche

Cinturón de embarazadas para el coche

Una de las cosas que me compré cuando estaba embarazada del Mayor fue un cinturón que se amoldaba al cinturón del coche para proteger la tripa y al bebé. Pocas cosas he amortizado más. Lo usé, como digo, con el embarazo del Mayor. Lo usó mi cuñada con el de mi sobrino. Lo volví a usar yo con el del Mediano. De nuevo lo usó mi cuñada con el embarazo de mi sobrina. Otra vez lo usé yo con el embarazo del Peque. Y en breve lo usará una amiga mía para su embarazo.

El aparatejo es el de la fotografía que ilustra esta entrada. Se coloca en el asiento donde vaya a ir la embarazada. Ésta se pone el cinturón de seguridad del coche de forma normal. Una vez que éste está abrochado, se coge la tira que cruza la barriga de lado a lado (no la que viene del hombro) y se engancha entre las dos piernas a los automáticos que tiene el cinturón para embarazadas.

De esta manera, en caso de frenazo brusco, el cinturón de seguridad del coche se tensa y tira, pero no aprieta la tripa, por lo que el bebé permanece a salvo. Lo que es muy importante. A mí me dijeron que hay que usarlo cuando la tripa empieza a sobresalir. Lo que significa que en mi primer embarazo no lo usé hasta el quinto mes aproximadamente; con el segundo sobre el cuarto mes y, con el tercer embarazo, sobre el tercer mes (o quizás un poco antes).

CONTRAS:

  1. Aunque tiene enganches para sujertarlo al asiento, la verdad es que se mueve. Con los dos últimos embarazos, simplemente me lo ponía debajo del culo y abrochaba el cinturón del coche. Entre esto y mi más que considerable peso, no se movía.

  2. Hace ya seis años, el cinturón que yo tengo costó unos 40 €. En su momento me pareció caro para el tiempo de uso que le iba a dar. Afortunadamente, como ya he dicho, está más que amortiguado.

PROS:

  1. Se puede lavar. Yo lo meto en la lavadora y sale limpito.

  2. Con gusto hubiera pagado más dinero teniendo en cuenta que es un accesorio para la seguridad del bebé dentro del coche. Que mucha publicidad con usar la silla del coche adecuada para cada edad, pero antes de nacer también se pueden hacer cosas para viajar seguros con el bebé en la tripa.

  3. Es resistente. Ya digo que este cachivache ha pasado por cinco embarazos y aún está listo para el sexto.

  4. Lo puede usar la embarazada, tanto si conduce como si va de copiloto o en los asientos traseros.

Ahora os toca a vosotras. ¿Conocíais el artilugio en cuestión? ¿Lo habéis usado? Y, si es así, ¿os resultó tan útil como a mí? Contadme vuestra opinión, experiencias o dudas en los comentarios ;).

21Ago/13

… de los gritos

Cuando era pequeña, mi madre gritaba mucho. De hecho, ahora sigue gritando bastante, por ejemplo, cuando habla por teléfono. Así que yo me prometí a mí misma que nunca, jamás, gritaría a mis hijos. Bueno, pues es una de esas cosas que no soy capaz de cumplir. Aunque lo intento. Me levanto por la mañana y, mientras desayuno, me digo a mí misma que hoy no voy a gritar, por muy de los nervios que me pongan.

En honor a la verdad, tengo que decir que hay días que lo consigo y no pego ni un grito. Pero, haciendo honor a esa misma verdad, confieso que también hay muchos días en los que alzo la voz y, lo peor de todo, casi sin darme cuenta.

Al Tripadre también le pasa. Supongo que es algo que va con el carné de madre o padre. No es algo que me guste. No me siento orgullosa de eso. Pero intento (intentamos) ponerle remedio.

Ahora bien, lo que no soporto es que otras personas griten a mis hijos. Porque una cosa es que su padre o yo les gritemos para que hagan caso, que pasamos con ellos la mayor parte del tiempo, y otra muy distinta es que les grite alguien que sólo está con ellos a ratos y, lo más importante, no son ni su padre ni su madre.

Pero lo peor de todo, ya no es que les griten a los mayores, sino que empiezan a gritarle al Peque para que no toque según qué cosas. La última vez que esto ocurrió, el Peque se asustó tanto del grito que se puso a llorar desconsoladamente. Es muy sentío el pobre, qué le vamos a hacer.

Cuando le digo a la persona en cuestión que no grite, siempre me encuentro con la misma respuesta: “es que si no, no hace caso”. Bueno, pues hay otra manera. Te levantas, le miras (contacto visual, muy importante) y le dices porqué está mal lo que está haciendo y que no lo haga más. De acuerdo que esto no es mano de santo, vale que hacerlo de esta manera tampoco es garantía de obtener los resultados deseados, pero, sinceramente, con los gritos pasa igual.

De verdad que no entiendo esa libertad que tiene la gente (familia especialmente) para gritar a los niños de otros. A mí me da la impresión (que puede o no ajustarse a la realidad) de que estas personas creen que no sé educar a mi hijos, o que al menos no lo estoy haciendo del todo bien, y, por tanto, se sienten en la obligación de intervenir.

No me parece mal que su tía les regañe si están haciendo algo mal, pero siempre y cuando yo no haya tomado antes cartas en el asunto (por ejemplo, si no estoy en ese momento o no me he dado cuenta de lo que ha pasado). Lo que me parece fatal es que no me dé la opción de ser la primera en reprenderles. O, sobre todo, que lo haga gritándoles a las primeras de cambio.

CONTRAS:

  1. Como he dicho, gritar a mis Trastos es algo que intento evitar cada día. No entiendo por qué los demás tiran por el camino fácil.

  2. Empezar a gritar a los niños es entrar en un círculo vicioso: les gritas para que hagan caso, de manera que a la larga, si no gritas, no hacen caso. Al final, acaban acostumbrándose a los gritos y hay que buscarse otras formas. Así que, ¿por qué no saltarse la fase de los gritos y pasar directamente a buscar otras alternativas?

  3. Las réplicas. Es lo que peor llevo de todo. Viene mi hermana y les grita. Le digo que no les grite, que se lo diga de otra manera. Bueno, pues a pesar de ser mis hijos, siempre me tiene que contestar, lo que implica que pone en duda mi autoridad (muchas veces, incluso delante de mis hijos).

  4. Gritar durante todo un día suele acabar con dolor de garganta por la noche.

PROS:

  1. Identificado el problema, se puede poner remedio. Como digo, yo intento buscar otras formas de decir las cosas para que me hagan caso.

  2. A veces, pegar un grito es necesario. Por ejemplo, si van a tocar un enchufe o se empeñan en cruzar la calle solos cuando más coches vienen. A parte de casos así, creo que siempre hay una alternativa al grito.

  3. Sigo intentando que los demás respeten nuestra forma de hacer las cosas.

  4. A veces, son mis Trastos quienes me llaman la atención: “mamá, estás gritando mucho”. Me alegra que tengan esa confianza para decírmelo. Entonces yo les digo que es cierto, respiro hondo y sigo con la regañina, pero en un tono más bajo. ¿Funciona? A veces sí, otra no. vamos, lo mismo que pasa con los gritos.

No sé si vosotras sois de las que gritáis o no. ¿Intentáis ponerle remedio? ¿Qué es lo que mejor os funciona para no gritar? Deja un comentario y cuéntamelo porque hay días en que mi neurona no da más de sí y me quedo sin ideas ;-).

19Ago/13

… de hacer marcapáginas monstruosos

Marcapáginas monstuosos

El Mayor ya sabe leer. Hay que ver cómo pasa el tiempo. Antes era yo quien le leía los cuentos y ahora es él quien me lee algunos. Coge el mando de la tele, se va a la guía y elige qué quiere ver. Vamos por la calle y va leyendo los carteles. Cogemos las cartas del buzón y sabe para quién son.

Leer parece fácil. Fácil para nosotros, los adultos, claro, que nos sale solo. Pero hay que reconocer que es una tarea bastante complicada. Por ello, hay que festejar cada pasito que dan en ese sentido.

Además, tanto el Tripadre como yo somos devoradores de libros. Bueno, en este momento, lo es él. Yo perdí la costumbre junto con las horas de sueño cuando me convertí en madre. Sin embargo, es algo que me apasiona. He disfrutado como una niña con un buen libro. Y uno de mis sueños es que mis hijos tengan esa pasión por la lectura que compartimos el Tripadre y yo.

Sin embargo, aprender a leer requiere esfuerzo. Y ganas también. El Mayor lee más a gusto una noticia sobre Fernando Alonso o el Real Madrid que uno de los cuentos infantiles indicados para su edad. Dice que le aburren. Y yo le creo. Porque cuentos como El gatito Agapito y similares aburren a cualquiera.

Por ello, en cuanto vi en Pinterest esta idea, me faltó tiempo para ponerla en práctica. Se trata de unos marcapáginas con forma de monstruos que les chiflan a mis hijos. Sí, lo he dicho en plural porque el Mediano también quiso el suyo. Es más, entre los dos, me obligaron a hacerme uno para mí. En rosa, por supuesto, que es el color de las chicas. Aunque yo prefería otro color.

El otro día, por mi cumpleaños, vinieron mis cuñados con mis sobrinos a casa. Sobra decir que mis hijos les enseñaron sus marcapáginas antes de cinco minutos. Y, por supuesto, mis sobrinos también quisieron uno para cada uno. Así que ahí estaba yo, a las once de la noche, rodeada de papeles de colores, pegamento y tijeras. Eso sí, se fueron felices a su casa.

CONTRAS:

  1. Dependiendo de la edad del niño, es bastante probable que sea la madre o padre (yo en mi caso) quien acabe haciendo la mayoría de esta manualidad.

  2. Cuidado con añadir detalles a un marcapágina. Los demás niños están ojo avizor y tened por seguro que ellos también querrán ese detalle que has improvisado en un marcapáginas.

  3. Esta manualidad requiere el uso de tijeras. Para evitar males mayores, no las perdáis de vista.

PROS:

  1. Los materiales necesarios son de estar por casa: papel de colores o blanco (luego se puede pintar al gusto), cartulina (para darle mayor consistencia, pero tampoco es indispensable), tijeras (si son romas, mejor), pegamento en barra (esta vez no hace falta cola blanca), regla y lápiz (esta parte seguro que le toca al adulto).

  2. Se hacen en un momento. En cinco minutos puedes tener uno listo.

  3. Aunque sean monstruos los que yo hice con mis hijos, también podéis hacerles caras divertidas. Vale todo con tal de que sean caras.

  4. Para las niñas, podéis ponerle algo más… femenino. Por ejemplo, para el marcapáginas de mi sobrina, le puse unos párpados de papel brillante. Y unas pestañas enormes. Todo a petición de la niña.

  5. Estos marcapáginas de la foto son infantiles, es verdad. Pero si obviáis los ojos, boca, lengua, párpados, cuernos y demás, podéis hacer uno para adultos. Una idea, en vez de papel de colores y cartulina, probad a hacerlos con papel de scrapbooking. ¿A que se te acaba de abrir un mundo lleno de posibilidades? 😀 Pues, hale, a ponerlo en práctica.

Llego al final de la entrada y resulta que no he explicado cómo hacerlos. Bueno, pues os doy dos opciones. La primera es pasarte por aquí, que es de donde saqué la idea, y ver cómo se hacen. La otra opción, es ver el vídeo que dejo a continuación. Vídeo con el que, por cierto, inauguro el canal del blog en YouTube.

¿Te ha gustado esta manualidad para hacer con los peques de la casa? Pues echa un vistazo aquí, seguro que encuentras alguna actividad más que te guste.

16Ago/13

… de un escape inoportuno

A veces pasan cosas que te ponen a prueba como persona, como madre y como ente corpóreo. Hay veces en las que deseas con todo tu alma no ser tú misma, hacer mutis por el foro, ponerte en los zapatos de otro y salir por pies rauda y veloz sin mirar atrás. Son situaciones en las que se te vienen a la cabeza expresiones como “tierra, trágame”, “¿eso no puede hacerlo otro?” o “ése no es mi hijo, soy soltera y sin compromiso. Pasaba por aquí y ya me voy”.

Si te lo cuentan, te ríes mientras por dentro tienes todo cruzado mientras deseas que eso nunca te pase a ti. O quizás creas que quien te lo cuenta está exagerando. Es más, esperas que esas cosas no ocurran y que todo sea una mera invención de tu interlocutor porque la mera posibilidad de que sean ciertas, de que pasen de verdad y, lo que es peor, que puedan pasarte a ti te pone los pelos de punta.

Pues bien, todo lo que a continuación paso a contar ocurrió de verdad. No exagero ni un ápice. No hay ni una triste coma de más. Ojalá pudiera decir que lo he soñado, que ha sido una pesadilla de la que me he despertado. Pero no.

Acababa de empezar julio y estábamos disfrutando de unos días en la playa con la familia del Tripadre. Después de las carreras de rigor, conseguimos vestirnos a tiempo para salir a cenar. Conociendo a mis Trastos, no les puse muy elegantes, pero vamos, iban conjuntados, duchados y sin manchas en la ropa. Quizá desentonaba algún moco, pero vamos, poca cosa, lo normal.

Nos sentamos a comer. Mesa para once más una trona para el Peque. Comen los mayores. Come el Peque. Comen todos. Empiezo a comer yo. A pesar de la hora (más bien tarde), parece que el Peque se entretiene con las cucharas. Yo le dejo e intento mantener una conversación con el Tripadre, quien por escasos minutos deja de ser Tripadre y se convierte en Marido. Disfruto de mi única charla adulta del día. El Peque se pone serio. El Tripadre y yo le miramos. Nos miramos. Volvemos a mirarle. No pasa nada. Sigue intentando comerse la cuchara. Seguimos a lo nuestro.

Estamos rodeados por más mesas familiares. Con más niños. Con más bebés. Bebés en carritos, bebés en tronas, bebés en brazos. Hay bebés que ríen, hay bebés que lloran, hay bebés que duermen. Los miro y doy gracias porque el Peque me da un momento de tranquilidad durante el cual puedo comer en vez de engullir la comida.

De repente, un olor conocido, aunque no por ello agradable, llega a mi nariz. Algún bebé ha hecho caca. Vaya peste, por cierto, qué habrá comido la criatura. Miro al Peque y pienso que él no ha podido ser. Sus horas son después del desayuno y después de la merienda. Él ya ha cenado y, en cuanto terminemos de cenar nosotros, me lo llevo derechito a la cama. Seguro que él no ha sido. Me compadezco de la madre o padre al que le toque el cambio de pañal.

Pasan unos minutos y me levanto a coger la cuchara que el Peque ha tenido a bien tirar al suelo, por el simple placer de verla caer y oírla sonar. Por el rabillo del ojo veo un color en el Peque que no me cuadra. Hoy va de azul y blanco. Estoy por jurar que no había nada marrón en el conjunto. Otra vez ese olor… Entonces se me activa la neurona y se me enciende un chip. En mi interior oigo una voz que me dice “apriétate los machos que vienen curvas”. Miro casi obligada. Me obliga mi parte de buena madre. Porque mi parte de mala madre me dice que salga corriendo, que diga que se me ha olvidado algo en la habitación (el monedero, el móvil, la cordura, ¡lo que sea!) y salga pitando de allí sin mirar atrás.

Me asomo a la espalda del Peque y lo veo. Ahí, en tonos marrones y con una textura ni sólida ni líquida (es lo que tiene estar fuera de casa y haber tenido que darle potitos comprados durante cuatro días) asoma eso que yo no deseaba a ninguna madre. Pienso que, con suerte, sea sólo ese poquito que veo y que, si lo limpio con una toallita, aún pueda llegar a la habitación para hacer el cambio de pañal en la intimidad.

Pero le levanto la camiseta y veo, horrorizada, que la expulsión ha trepado por la espalda, llegando casi a la altura de las axilas. Es lo que tiene apretar sentado en una trona. Si alguna vez he echado de menos mi juventud ha sido en ese preciso instante. Ante tal visión, noto cómo se me escapan años de vida.

Tengo que cambiar al Peque allí mismo. Con eso chorreándole por la espalda no llegamos a la habitación ni de coña. Qué digo habitación, no llego ni al baño. Me doy un nanosegundo para festejar la suerte que tengo. Ni uno más. Aquello exige intervención inmediata. Hago un llamamiento a la neurona de las soluciones infantiles rápidas. Después de tres hijos, ésta no tarda en aparecer.

Pienso qué necesito. Lo primero, sacarle de la trona. Segundo, limpiarle lo que sobresale del pañal, aunque sea en volandas. Tercero, echarle en el carro y correr como alma que lleva el diablo a la habitación. No hay dolor. El olor ya es otra cosa.

Saco las toallitas. Doy gracias porque el paquete está recién abierto y no a punto de terminarse, como es habitual. Lo pongo encima de la mesa. Me remango (aunque llevo manga corta). De repente hace más calor allí… ¿es una ola de calor noctura o soy yo? Da igual. No ha dolor.

Levanto al Peque. Con una mano tengo al niño en volandas. Con la otra saco toallitas y limpio lo que puedo. Desde la otra punta de la mesa, la abuela intuye que algo pasa y viene a auxiliarme. Le doy más toallitas con las que limpia la trona. No quiero ni mirar. He conseguido quitar, más o menos, los residuos de la espalda. Cojo servilletas que pongo en el carrito. Limpio piernas. Siento al niño. Abrocho al niño. Joder, hoy estrenaba modelito. Cojo las toallitas. Doy las buenas noches, hasta mañana, el Peque y su madre se van ya a la cama.

Llego a la habitación. Le quito la ropa como buenamente puedo para no mancharle más los brazos, piernas, cabeza y pelo. La camiseta está para lavarla. O tirarla. El pantalón apenas ha sufrido. Me dispongo a quitarle el pañal. Para mi sorpresa, está sorprendentemente limpio. Normal, no ha cumplido su función y la caca se ha desparramado por la espalda de mi niño. Le meto en la ducha y termino de limpiarle. Pañal nuevo. El pijama y a dormir.

Yo vuelvo al baño. Le doy con jabón a la ropa en un intento de salvarla. Está recién estrenada. Ni una hora le ha durado. Froto y froto. No hay dolor. Cuando termino y vuelvo a la habitación, el Peque duerme ya plácidamente. Me tiro yo también en la cama y pienso: “por favor, que no pase nunca más”.

CONTRAS:

  1. El bloqueo. Es una situación en las que, aun sabiendo qué hay que hacer, te bloqueas porque estás en sitio extraño. No es tu casa. No es tu territorio.

  2. El olor. Si no te bloquea el sitio, te bloquea el olor. Sabes que quizás la gente no te esté mirando y no se hayan enterado de lo que tienes entre manos. Pero sí sabes que el olor les hará mirarte.

  3. Hay que salir por patas. A tu casa, a un baño, donde sea. Hay que limpiar bien al niño.

  4. Situaciones así son las que te recuerdan porqué llevas toallitas o tres mudas en la bolsa del carro.

  5. En contra de lo que pueda parecer, la cosa no termina cambiando y limpiando al niño, hay que lavar y frotar después su ropa. O tirarla a la basura. Eso ya va a gustos.

PROS:

  1. Sobrevivir a una experiencia así te da tablas como madre. Después de esto ya puedes con todo lo que venga. ¿Escapes futuros en la operación retirada del pañal? ¡Ja! Tras lo ocurrido esta noche puedes afrontarlos con los ojos cerrados.

  2. Sientes que has llegado a otro nivel. Esto es como las pantallas de los videojuegos, ¿no? Porque espero que el premio sean vidas extras, para compensar las que acabo de perder, más que nada…

Moraleja: llevad siempre, siempre, siempre, un paquete de toallitas a estrenar y ropa de cambio suficiente, un botecito de colonia y una pastillita de tirar pa’lante. No hay dolor. Mañana será otro día.

14Ago/13

… de mí misma

Sombra

Hoy es mi cumpleaños. ¡Toma ya! ¡Uno más! Con este año que hoy me echo a la espalda, consigo un capicúa: 33 ni más ni menos. Dos treses, que no son moco de pavo. Tres como los hijos que tengo. Lo que viene muy a cuento con el blog y la trimaternidad.

Este año, además, mi cumpleaños cae en miércoles. Casualmente, el tercer día de la semana. Lo mire por donde lo mire, no veo más que treses. Lo que he recuerda que lo mismo no tengo dos velas del número tres.

Esta entrada que hoy publico y que ahora mismo estáis leyendo es el segundo borrador. El primero fue una carta dirigida a mí. Pero la he descartado para hoy, aunque quizás me anime a publicarla otro día. Hoy, siguiendo la dinámica del blog, voy a contaros los pros y los contras de mí misma.

Si habéis leído las entradas sobre los premios que me han ido dando, pensaréis que me voy a repetir. Pues no. Que una cosa es contaros cosas sobre mí y otra hacer examen de conciencia y ver qué es lo bueno que tengo y que, por tanto, creo que debo conservar, y qué es lo malo, el lastre que debería soltar. Esto es algo que hago todos los años dos veces: una por Año Nuevo y otra por mi cumpleaños. Pero como este año me estreno con el blog, ahora que cumple seis meses, aprovecho el cumplir un año más para compartir mis trapos sucios con vosotros.

CONTRAS de mí misma:

  1. Me sigue afectando lo que determinadas personas dicen o piensan de mí o de mi familia. Esto está claro que debo mejorarlo y ponerle remedio de una forma u otra.

  2. Me obsesiono rápidamente con algunas cosas. Sin embargo, tras un tiempo, tiendo a pensar (contra 1) que son tonterías y las voy descuidando. Tengo que empezar a perseverar en aquello que quiero, sin importarme la opinión de los demás al respecto.

  3. Soy vergonzosa e introvertida. No os dais cuenta porque me escondo detrás del blog, pero cuando estoy en un grupo con mucha gente o con desconocidos o poco conocidos, la verdad es que me corto bastante. Tiendo a ponerme muy seria y a hablar poco.

  4. Debería tener más paciencia con mis hijos. Aunque el Tripadre afirma que tengo infinita con ellos, yo creo que podría tener más. Porque algunas veces consiguen desesperarme y no en todas las ocasiones tienen ellos la culpa.

  5. Me quiebro demasiado la cabeza para hacer la cuadratura del círculo, intentando que todo el mundo esté contento y obtenga aquello que quiere. La mayoría de las veces, soy yo quien sale perdiendo.

  6. Tiendo a ver el lado bueno de la gente, a fiarme de todo el mundo. Y muchas veces estoy origina que se aprovechen de mí. Aunque voy aprendiendo a base de palos.

PROS de mí misma:

  1. Soy casera. Es decir, me encanta estar en casa disfrutando del tiempo en familia. Me encanta cuando estoy con mis hijos, me encanta cuando estoy con mi marido y me chifla cuando estamos los cinco juntos en familia.

  2. Creo que siempre intento ver el lado positivo de las cosas. No es que lo vea todo del color de rosa, que ya sabéis que en mi casa brilla por su ausencia ;-), sino que intento ver más allá del problema. Y digo “intento” porque, obviamente, no siempre lo consigo.

  3. Siempre estoy dispuesta a aprender cosas nuevas. Aunque luego vaya el Tripadre y me acuse de ser la típica usuaria. A ver si no cómo iba a aprender yo a usar Twitter.

  4. También creo que soy buena identificando mis miedos y enfrentándome a ellos. Algunos me cuestan más que otros, pero ahí voy. En especial, estoy muy orgullosa de haber superado mi amaxofobia.

  5. No me suele costar trabajo ponerme en el lugar del otro. Creo que soy bastante empática, quizá demasiado.

  6. Sigo pensando firmemente que el ser humano es bueno por naturaleza y es la sociedad quien lo perviente, como decía Rousseau. Y creo que, a pesar de todo, hay que tener fe en el ser humano.

Bueno, pues veo que me han salido bastantes cosas a mejorar. Así que a partir de mañana pienso ponerme seriamente a ellas. Porque hoy… hoy… ¡hoy toca fiesta! Y tengo una tarta de chocolate (¿de qué si no?) ansiosa por que le hinque el diente. ¡Qué rica me ha salido! Ñaaammmm…

12Ago/13

… del intercomunicador para bebés

Intercomunicador para bebés

Si eres madre o padre primerizo seguro que tienes uno de estos cachivaches rondando por casa en alguna de sus versiones (audio solo o vídeo y audio). Yo tengo uno. El de la foto, es el tercer intercomunicador para bebés desde que nos convertimos en padres.

Se trata de una aparatejo que bien podría ser un walkytalky moderno. Para quien no lo conozca, dispone de dos partes. Una es la que recoge el audio o imagen y que se coloca cerca del bebé. La otra es la que, en la mayoría de las veces, la madre lleva pegada a su cuerpo para controlar en todo momento que el bebé está bien.

El primero de la serie fue un regalo por el nacimiento del Mayor. Aunque por aquel entonces vivíamos en el mini piso, yo estaba convencida de que necesitábamos uno. Tenía que ver si se daba la vuelta, si le se caía el chupete, oírle si lloraba. Vamos, como si las dos puertas que separaban la habitación donde dormía del salón fueran insonorizadas cual paredes de discoteca. Al poco se nos rompió y compramos otro. Bueno, el Tripadre no lo tenía muy claro, pero yo sí. Y le convencí. Aprovechando las Navidades, nos vino otro de regalo.

Éste segundo lo usaron el Mayor y el Mediano. Pero también acabó rompiéndose. Bueno, más bien lo que se escacharró fue la parte que traía la pantalla, que le dio por no recibir imagen alguna. Al final, otra vez por cabezonería mía, compramos el tercero. Que, se nos estropeó antes de la llegada del Peque. De nuevo, me emperejilé en comprar otro, el que sería el cuarto. Pero esta vez el Tripadre me pidió que esperara. Yo esperé. Y, fíjate tú por dónde, al final no lo compramos ni se lo pedimos a los Reyes Magos. Y eso a pesar de que nos mudamos de casa y ahora la distancia entre el Peque y el salón es un poco más grande que en el mini piso.

Lo tengo bien guardadito en un armario. Por si me da por usarlo… aunque después de casi un año y medio que tiene el Peque, si no lo he usado antes, a estas alturas ya lo dudo.

CONTRAS:

  1. Creo que para lo que valen los de imágenes, duran muy poco.

  2. La cámara que recoge las imágenes. No sé quién lo ha diseñado, pero desde luego no tiene hijos. Da igual donde duerma el bebé, si en vuestra cama o en cuna aparte, es complicada de ajustar para que recoja bien la imagen del niño. Hay que buscarse las vueltas porque, por mucho que vendan que gira y se mueve que da gusto, la verdad es que a nosotros nos resultaba difícil. Incluso pusimos en la pared una balda para poner el cachivache, pero claro, en cuanto el bebé crece y puede ponerse de pie y alargar la manita, va directo a por el cacharro. Si lo pones más lejos, ya no le ves porque no tienen zoom.

  3. Suele coger interferencias. A nosotros siempre nos las cogía con el microondas. A veces con los móviles también.

  4. A nosotros no nos ha pasado nunca jamás, pero una prima de mi marido asegura que a ella se le cruzó la imagen con la de otra casa y a ratos veía al niño del vecino en vez de al suyo.

PROS:

  1. Sea como fuere, es cierto que, sobre todo con el primero, es una tranquilidad poder verle y oírle. Quizá sea algo más psicológico que lógico, pero yo me quedaba mucho más tranquila con el aparatito.

  2. Hay niños que se despiertan de la siesta y lloran. No es el caso de los míos, de ninguno de los tres. Ellos han sido y son bebés de despertarse y quedarse en la cuna (jugando, dando palmas, cantando…). El intercomunicador me ayudaba a saber cuándo se habían despertado de verdad.

  3. Los que nosotros tuvimos no había que dejarlos encendidos todo el tiempo. Tenían una opción en la que la imagen aparecía si registraba un sonido, para que los padres puedan ver qué pasa en la habitación. He de reconocer que yo apenas usaba esta opción. Lo tenía siempre encendido… ahora que lo pienso… quizá ésta sea la razón de por qué se nos estropeaban tan a menudo…

Decidir usarlo o no es cosa de los padres. Habrá quienes no puedan vivir sin el intercomunicador y habrá quien lo considere innecesario. A pesar de no usarlo actualmente, no le voy a quitar valor. Además, es un buen regalo para unos padres primerizos, aunque algo caro, esto tampoco puedo negarlo. Pero los que vienen sin imagen son más asequibles para el bolsillo.

10Ago/13

… del premio Liebster blog award

liebster-blog-award zen

Bueno, pues con esta entrada termino de agradecer todos los premios que me han ido concediendo. Como el sábado era el día elegido para este fin, ahora no sé si seguiré publicando los sábados o no. Iré viendo sobre la marcha, como ya os comenté cuando os hablé de nuestro horario de verano.

Volviendo al tema, hoy vengo a agradecer a María Isabel, de Niños buenos, niños felices, el premio Liebster blog award, en su versión zen, eso sí, que mola más. Y dado el ritmo que llevo en casa con los tres Trastos, no me viene nada mal ;-).

El premio implica contar once cosas sobre mí misma. Bueno, pues vamos a ver qué cuento que no os haya contado ya… ¡Empezamos!

  • De pequeña me mordía las uñas. Ahora ya no.

  • Desayuno una taza de Colacao.

  • Me encanta jugar con el Mayor a la Wii.

  • Creo que últimamente tengo menos aguante para las estupideces que oigo fuera de casa. Sin embargo, creo que dentro de casa cada vez tengo más paciencia.

  • Mis frutas preferidas son el plátano y el mango.

  • Agosto es el mes de mi cumpleaños. El día os lo digo en otra entrada ;-).

  • Está mal que yo lo diga, pero se me da muy bien el juego de las cuatro en raya.

  • Tengo cosquillas por todo el cuerpo.

  • Tengo los pies pequeños para mi altura.

  • En casa, los mosquitos siempre me pican a mí. Para ellos, el Tripadre es como si no existiera.

  • Soy malísima dibujando. Si me sacáis de la flor y el caracol, hay que echarle mucha imaginación para saber qué es lo que he pintado.

CONTRAS:

  1. No tengo muy claro a cuántos blogs hay que pasarles el premio. Así que otra vez, y sin que sirva de precedente, se lo voy a pasar a uno solo.

  2. No estoy segura de haber repetido respuesta… lo mismo he contado algo que ya os había dicho en algún otro premio.

PROS:

  1. Me hace especial ilusión que el premio venga del blog Niños felices, niños buenos. Aparte de que me encanta el blog en sí mismo, María Isabel y yo tenemos muchas cosas en común (a parte de ser trimadres de tres niños ;-).

  2. Si hay por ahí alguien aburrido ya de tanta entrada sobre premios, puede respirar tranquilo. Éste es el último que me quedaba en la recámara. Y ya está a la vista en mi vitrina virtual de Gracias.

Sin más demora… bueno, un poco sí, porque lo he dejado para el final… mira que soy mala, jejeje… bueno, a lo que iba, que le paso este premio con todo mi cariño a La nave del bebé. ¿Por qué? Porque me encanta su blog, su niña y, como soy algo cotilla, porque tengo ganas de saber once cosas más sobre ella ;).

09Ago/13

… de que mis hijos aprendan por ciencia infusa

Tengo tres hijos que valen un tesoro. Es más, ellos mismos son un tesoro. De su padre y mío… nuestro tessssorooo… Como dice María Isabel, son niños buenos (nobles, sin maldad), lo que no significa que se porten bien a cada instante del día. Pero ahí estamos el Tripadre y yo para educarles, decirles lo que está bien y lo que no lo está tanto, enseñarles lo que se debe hacer y lo que no se debe.

Es un arduo trabajo. Cualquiera que tenga hijos lo sabe (y quien no los tenga, supongo que se lo imagina). Y, como dice el Tripadre, aunque él pone su granito de arena, la verdad es que, al pasar mucho más tiempo conmigo que con cualquier otra persona, el mérito de sus logros (así como la culpa de sus fracasos) me lo suelo llevar yo… ¿o no…?

Desde que nació el Mayor llevo oyendo cosas como que el niño es buenísimo por comer bien o dormir una siesta de 3 horas o no llorar tras una mañana entera en el carro. Éstas son cosas en las que yo ni pincho ni corto. Porque por mucho que yo me empeñe, él no va a dormir más horas de siesta de las que le pida su cuerpo, por poner un ejemplo. Con el Mediano se repitió la historia. Y, por supuesto, con el Peque también.

Sin embargo, hay otras cosas en las que el Tripadre y yo nos hemos esforzado mucho para que aprendan y se comporten. Por ejemplo, si dicen palabrotas y les regañamos o castigamos y entonces empiezan a decirlas menos, creo que está claro que el Tripadre y yo algo tenemos que ver.

Otro caso. Me he pasado lo que llevamos de verano diciéndoles, antes de ir a la piscina, que nos vamos a casa cuando yo diga porque si no, al día siguiente no volvemos. ¿Y qué pasa? Pues que he conseguido que no pongan pegas cuando les digo que ha llegado la hora de marcharnos de la piscina.

Como esto que aquí os cuento, tengo más ejemplos guardados en la manga. Pero creo que con estos he conseguido que entendáis lo que quiero decir. Quizás me equivoque, pero me parece que está clara la labor del Tripadre y mía. Obviamente, el carácter de mis hijos influye. Eso no lo pongo en duda. Si fueran niños más peleones, a quienes les diera igual no ir a la piscina al día siguiente o quedarse sin un chicle después de decir una palabrota, nosotros, como padres, deberíamos buscarnos las vueltas hasta dar con algo que funcione para que aprendan lo que tratamos de enseñarles.

Ya lo he dicho muchas veces, esto nos funciona a nosotros porque funciona con nuestros hijos. Los padres son quienes mejor conocen a sus hijos y, por tanto, quienes mejor saben qué método de educación les conviene utilizar en función de cómo sea su hijo.

Pero a lo que iba yo hoy. El caso es que aún hay quien pone en duda esta labor pa/materna. Me explico. ¿Que el niño se va unos días con la abuela y se sale de la piscina en cuanto ella dice “a casa”? Pues eso es porque el niño es bueno y obediente de por sí, no porque yo haya tenido algo que ver. Curioso, pues aún recuerdo los pollos que me montaba el Mayor en el parque cuando el Mediano tenía apenas un año porque no quería volverse a casa.

¿Que los niños recogen los juguetes al terminar de jugar? Eso es porque son así, tienen esa naturaleza. Que yo me pase horas repitiéndoles que hay que guardar las cosas después de jugar con ellas porque si no el próximo día que vayan a buscarlas no sabrán dónde las han puesto y, por tanto, no podrán jugar con ellas, tampoco tiene nada que ver. Es que ellos son así.

CONTRAS:

  1. Como madre, no espero que nadie me haga la ola por educar y enseñar a mis hijos. Es mi labor. Es mi trabajo. Tampoco exijo que nade me reconozca dicha labor. Es más, yo creo que se le presupone a cada padre y madre. Ahora bien, tampoco quiero que nadie desmerezca mi esfuerzo.

  2. Si se me ocurre decir que eso se lo hemos enseñado su padre o/y yo, muchas veces me encuentro con la siguiente contestación: “anda, eso es porque el niño es así, que si no, por mucho que tú le dijeras, ¿crees que él iba a recoger los juguetes/salirse el agua/dejar de decir palabrotas/etc.?”. La cara de estúpida que se me queda debe de ser todo un poema. En ese momento me doy cuenta de que, por mucho que yo diga, es una batalla perdida de antemano para mí.

PROS:

  1. Aun con todo esto que hoy os cuento, nadie me quita la satisfacción de ver a mis hijos aprender a diferenciar lo que está bien hecho de lo que no. Para mí no hay mejor recompensa que ésa.

  2. He aprendido que, muchas veces, ante tales comentarios, es mejor hacer oídos sordos porque, si no, tendría que mandar a la mierda a más de uno o morderme la lengua y no estoy por la labor de hacer ninguna de estas dos últimas cosas. Por mi salud mental.

No sé si vosotros también os habéis encontrado en situaciones así. Pero, si es el caso, me encantaría que me las contarais y cuál es vuestra reacción ante ellas. Lo mismo me dais alguna idea ;-).