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Mamá³, esposa, bloguera, chocoadicta 🍫 Variando según el día 🤷🏻‍♀️ La vida no es de color rosa y en mi casa menos 😉

28May/13

… del parque de juegos

parque de juegos

Odiado por unos y amado por otros, el parque de juegos es otro motivo más de controversia dentro de la maternidad. Vaya, que ya llevamos unos cuantos… El caso es que yo he usado el parque con cada uno de los tres Trastos. Y he tenido que escuchar de todo.

Con el Mayor lo usaba para, entre otras cosas, poder ducharme a gusto o recoger la cocina o prepararle la papilla sabiendo que dejaba a mi bebé en un espacio a salvo de golpes. Con el Mediano y el Pequeño fue más por poder atender al hermano mayor. Si tenía que bañar al Mayor o acompañarle al baño en plena operación pañal, con el Mediano aún empezando a andar, el parque era el lugar ideal para dejarle. Lo mismo le ocurre ahora al Peque, que aún no está para dejarle solo mientras los Mayores acaparan toda mi atención.

Esta utilidad creo que no se la puede quitar nadie a este cachivache. Sin embargo, utilidades a parte, hay quien lo llama “cárcel para niños”. Bueno… a ver… maticemos… Yo no sé qué harán demás padres y madres, pero para mí, el parque de juegos no es un sitio donde soltar al niño cuando se levanta de la cuna y de donde sacarlo para acostarle otra vez. Como he dicho, para mí es un espacio seguro donde poder dejar al bebé jugando mientras yo no puedo atenderle en ese momento. Ojalá no tuviera más obligaciones que estar con él tirada en el suelo todo el día. Pero no es así, hay otras cosas que reclaman mi atención y también otros hijos a los tampoco puedo desatender.

De la misma manera que a mí no se me ocurre crucificar a nadie que decida no usarlo, me gustaría que nadie juzgara la manera en la que educo a mis hijos o el amor que les profeso. Pero volvemos a lo de siempre. Esos comentarios tan bienintencionados que suelta la gente sin medir (o sin importarles) el daño que hacen sus palabras. Más cicatrices para la madre o padre que tiene que escuchar esas críticas constructivas. Quizás algún día aprendamos a medir las palabras. O al menos a no imponer nuestro punto de vista.

CONTRAS:

  1. Según va creciendo el bebé, el parque se les queda pequeño y en cuanto empiezan a andar sólo quieren suelo.

  2. Si tenéis hijas, cuidado con los pendientes. Pueden engancharse fácilmente en la malla. Obviamente, con tres niños, yo esto no lo he vivido, pero conozco a quien sí.

  3. Ojo también a los juguetes que se colocan dentro del parque para que juegue el bebé. Los mejores son los blanditos, sin partes duras, por si el bebé se cae que no se haga daño.

  4. Si hay hermanos mayores, éstos pueden querer meterse dentro del parque para jugar con el hermano pequeño. Esto sí que nos pasa continuamente en casa. Y hay que hacerles comprender a los Mayores que el parque no aguanta el peso de los niños más mayores y que se puede romper. Os deseo suerte, yo aún estoy en ello.

PROS:

  1. Si no hay muñecos duros ni pendientes en las orejas, el parque es un espacio seguro para los bebés. Les gustará más o menos estar dentro, pero a salvo sí están.

  2. Los parques suelen traer anillas, lo que ayuda a los ya no tan bebés a ponerse de pie e ir practicando su equilibrio. Perfecto para cuando decidan andar.

  3. Cuando empiezan a salirle los dientes, suelen tomarla con el borde de arriba, que suele estar blandito. Lo único malo es que empiecen a romperlo con esos dientecitos incipientes.

  4. Pueden dar sus primeros pasitos dentro del parque, de nuevo, sin riesgo de hacerse daño.

  5. El hecho de utilizar el parque no implica que el niño vaya a andar antes ni que no pueda gatear. Como digo, mis tres hijos han usado el parque. Los dos primeros pasaron de gatear y se pusieron a andar directamente. Y es el Peque el que, empezando ya a dar sus primeros pasos, se ha decidido a gatear. Así que puedo decir que, según mi experiencia, el uso o no uso del parque no influye para nada en sus primeros pasos o gateos.

Como decía al principio, el uso del parque es motivo de controversia. Al igual que dar el pecho, dar biberón, usar mochila, usar carrito, usar chupete… En fin, que yo creo que hay que respetar más las decisiones de los padres y no criticar a quienes actúan de forma distinta a nosotros, pues a veces las palabras hacen más daño que las espadas. Y ojo, todo esto partiendo de la base de que creo que nadie puede negar la utilidad del parque. Otra cosa es que decidáis usarlo o no, según sean vuestras preferencias, vuestras circunstancias en casa y, sobre todo, vuestros hijos.

Y vosotros, ¿habéis usado parques?

27May/13

… de hacer un florero

Florero DIY

He de confesar que me gustan las manualidades. Si sirven para decorar, estupendo. Si es barato, todavía mejor (recordad la entrada sobre pintar piñas). También he de confesar que, aunque me gusta hacer los purés y papillas para el Peque yo misma, muy de vez en cuando hecho mano de los potitos comprados. Se toma el potito y después me quedo con un bote de cristal que, por lo general, acabo tirando.

He pensado en aprovecharlo haciendo papillas de frutas y luego guardarlas como si fueran conservas, pero no sé si así sabrían igual. Así que no había encontrado ninguna utilidad para esos botes… hasta ahora.

¿Y qué es lo que ha pasado? Pues que el otro día llegó el Mediano con unas pocas margaritas cogidas para mí. No os cuento la ilusión que me hizo porque necesitaría otra entrada entera, pero supongo que os hacéis una idea ;-). El caso es que no sabía dónde ponerlas porque un jarrón normal era demasiado grande, así que pensé en un vaso, pero los que tenemos en casa eran demasiado anchos. Y buscando encontré uno de esos botes de cristal de los potitos. Lo llené con agua y ahí puse las margaritas. Y el Mediano feliz de verlas cada día, es más, ha ido trayendo más para sumarlas al ramito.

materiales florero DIYY aunque el bote no tenía ya la pegatina, quedaba un poco soso. Y llevaba días pensando en cómo decorarlo y el domingo, por fin, se me ocurrió una idea. Utilicé lo que tenía en casa, a saber: una pistola de silicona para manualidades (comprada en los chinos), cuerda fina, hilo grueso azul (pero no el de coser), un palillo (para apretar el hilo y la cuerda en la silicona) y el bote de cristal de los potitos. Como veis, ninguno de los materiales son caros. Supongo que con el washi tape se podría haber hecho algo más mono, pero a mí aún no me ha dado por él (falta de tiempo, desconocimiento…).

A mí me costó dos intentos hacer el de la foto porque al principio empecé a hacer líneas con la silicona de arriba a abajo del bote y, cuando quise poner la cuerda, ya estaba seca. Vaya fiasco, menos mal que se retira bien del cristal. Pero volví a intentarlo. La segunda decidí poner un pegote de silicona en un sitio, poner la cuerda y darle vueltas al bote con ella. Cuando tenía cubierto el pegote, daba dos o tres vueltas más con la cuerda y entonces ponía otro pegote y vuelta a empezar. Y así hasta el final del bote o hasta que os parezca bien.

También tenía un hilo azul que me quedaba de otra manualidad (que ya os contaré otro día ;-)) y me pareció bien para darle un toque de color. Así que separé un poco la cuerda por dos sitios y justo ahí puse el hilo dando sólo dos vueltas. Como me sobraba un poco del hilo, repetí la operación en el cuello del bote.

Y así es como conseguí hacer un florero resultón para las flores del Mediano. Es original y único. Y el florero también 😉 ¿Qué os parece cómo me quedó?

CONTRAS:

  1. Cuidado con la silicona, que se seca enseguida. Como ya os he dicho, en el primer intento, empecé a poner líneas de silicona de arriba a abajo del bote y, cuando quise poner la cuerda, ya estaba seca.

  2. Cuidado también con dónde ponéis la pistola mientras dais vueltas a la cuerda, yo me he llenado la mano de silicona en varias ocasiones.

  3. Hay que poner todos los pegotes en la misma línea horizontal. Esa parte pasará a ser la trasera del florero, la que no se enseña, porque queda fea. Si los ponéis sin ton ni son, los tendréis repartidos por todo el bote y a la vista no está bien.

PROS:

  1. Reciclaje a tope. Usando cosas que tenía por casa. Seguro que en vuestra casa también encontráis cosas a las que darles salida y emplearlas para hacer estos floreros.

  2. Barato. Porque ni siquiera el potito cuesta más de 2 €.

  3. Yo usé cuerda e hilo, pero se pueden usar otros materiales (como lana o telas), otras texturas (más lisas o más arrugadas), otros colores… Podéis hacerlo a vuestro gusto.

  4. También se pueden usar botes de distintas formas (más altos, más bajos, más anchos, más estrechos, rectos, más redondos…), según el florero que más os guste, e incluso, por qué no, botes de plástico que resistan la silicona o, si no, se puede utilizar cola o pegamento similar.

  5. Quizás al explicarlo me ha quedado un poco lioso, pero os aseguro que se tarda muy poco en hacerlo. Y, a diferencia de las que suelo hacer con los Trastos, esta manualidad apenas mancha.

  6. Se puede regalar. Sí, como quien regala galletas. Se me ocurre que, si se lo regaláis a la abuela, dejad que el peque lleve unas flores (no muy grandes, recordad que es un florero y no un jarrón ;-)) y después sacáis el florero. El pack completo ;-).

Bueno, pues no sé si os he animado a hacer floreros, lo que sí tengo claro es que éste no será el último que yo haga porque, a parte de si queda chulo o no, la verdad es que me lo he pasado genial haciéndolo. ¡Y hay infinitas combinaciones!

25May/13

… de jugar con plastilina

Plastilina

El otro día mis Trastos no tuvieron cole, pero el Tripadre sí tenía que irse a trabajar. Así que aquí me quedé yo con los tres y mi faringitis. Inventando maneras de entretenerles. ¿Una película? Os recuerdo que sólo duran sentados escasos 10 minutos. ¿Parque? Hacía mal día. ¿Juegos con los coches? Estupendo hasta que empiezan a pelearse por el mismo (con la cantidad de coches que tienen, pues siempre se les antoja el mismo a los dos…). Así que me fui a por la caja de manualidades sin saber muy bien qué haríamos esta vez. Pero cuando llegué, ahí al lado, solita, vi la caja de la plastilina.

Hacía mucho tiempo que no la sacaba porque el Mayor había cogido la costumbre de mezclar colores (que, bueno, pase) y de intentar metérsela en orificios varios (y eso sí que no). Además, hay que sumarle a todo esto que siempre acababa tirada en el suelo, pisoteada y demás. Bueno, supongo que os hacéis una idea…

Pero muchas veces, algo que no funciona un día, al cabo del tiempo va de maravilla. Y pensando eso, saqué la plastilina. Y crucé los dedos. Y saqué los bártulos. Y mis Trastos mayores dieron palmas con las orejas. Y yo sonreí. Y me las vi muy feliz un buen rato. Y mis hijos me pidieron que les hiciera monigotes. Y yo se los hice. Y pasaron 10 minutos y ahí seguían con el culo en la silla. Y les hice un caracol. Y empezaron a levantarse. Y se acabó lo que se daba. Bueno… más o menos…

No es culpa de la plastilina, que volveré a sacarla en breve. Es que mis hijos son de culo inquieto. Todos, que el Peque está en plan “me tiro al suelo sea como sea” y menudas vueltas que da. ¡Lo que me cuesta que no se lance al vacío cuando le tengo en brazos! Pero bueno, ésta es otra historia, que me disperso.

Sin embargo y a pesar de todo, ese ratito (breve para mi gusto, ojalá hubieran estado toda la mañana entretenidos, con la plasti o lo que fuera, que no soy exquisita), como digo, ese ratito nos dio mucho juego ;-).

CONTRAS:

  1. A mí no me gusta mezclar. Tengo que ser la única persona que, cuando come comida china, va plato por plato. Pues con la plastilina me pasa igual. Detesto que se mezclen los colores. Aunque a base de jugar con mis hijos estoy superándolo ;-).

  2. El suelo se sigue llenando de pegotes. Pero esto también lo tengo superado. Sólo tengo que darme prisa en barrerlo antes de que lo pisen.

  3. Lo mismo que pasa con los coches pasa con los cortadores de formas. Se les antoja a los dos el mismo. Y tiene que ser en ese preciso instante.

  4. Ya puede ser un gurruño, que lo que acaba de hacer un Trasto es una obra de arte. Esperemos que no venga el otro y se lo destroce porque entonces ya la tenemos liada.

PROS:

  1. Imaginación al poder. No hace falta ser muy mañosa, al menos a mis hijos les vale todo lo que se le parezca a lo que tenían en mente.

  2. Me maravilla la destreza que tienen en esas pequeñas manitas. Verles hacer churritos fue genial y así practican la motricidad fina.

  3. La plastilina no mancha. Creo que este pro vale por dos, jejeje…

  4. Ninguno intentó metérsela en la boca o por la nariz. ¡Genial!

  5. A pesar de lo (para mí gusto) breve tiempo que estuvieron entretenidos con la plastilina, fue un buen rato. Hicimos caracoles, leones, elefantes… y después, cuando empezaron a levantarse de la silla, jugamos un ratito con ellos, rugidos incluidos :-). También hicimos coches (no podía ser de otra manera) y nos echamos algunas carreras. Supongo que a las niñas les gustará hacer collares, pulseras y anillos (a mí me encantaba ;-)).

Ahora os toca a vosotros contarme a mí si vuestros peques juegan ya con la plastilina y qué es lo que más les gusta hacer con ella. Estaré encantada de leeros y así, entre todos, intercambiamos ideas ;-).

24May/13

… de recibir el premio Best Blog

Best Blog.

Pues hace unas semanas, el blog de Silvia Arzamendia me concedía el premio Best Blog. Me hizo una ilusión tremenda y me alegró el día :-). Sin embargo, no era la primera vez que recibía dicho premio. He estado pensando qué hacer. Dedicarle una entrada estaba claro, a las pruebas me remito ;-). Pero yo ya había elegido a mis 11 blogs para premiarles también y había formulado mis 11 preguntas.

Así que se me ocurrió añadir una nueva página (arriba, la que pone “Gracias”). Ahí he decidido poner los premios que se me van otorgando así como quién me los concedió. Primero para agradecerles que hayan pensado en mí, segundo para que no me olvide de ninguno de ellos y tercero para compartirlo con todos vosotros, que me leéis y que hacéis posible todo esto.

Lo que sí voy a hacer aquí es responder a las preguntas que me lanza Silvia. ¡Vamos a ello!

  • ¿Con qué libro disfrutaste muchísimo?

    Con Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.

  • ¿Te gusta hacer postres o eres más de salado?

    Me gusta hacer postres, pero sobre todo, me encanta comérmelos ;-).

  • ¿De pequeña, qué querías ser de mayor?

    Después de cuidadora de animales, pensé en hacerme veterinaria… lástima que hubiera que estudiar química…

  • ¿Te imaginabas algún día creando un blog?

    ¡Para nada!

  • ¿Eres más de playa o de montaña?

    La verdad es que soy más de campo, como las amapolas, pero, si tengo que elegir, elijo montaña, sin duda.

  • ¿Qué época del año te gusta más?

    Otoño, ¡me encanta!

  • ¿Tienes animales en casa?

    Sí, peces (mollys y platys, básicamente).

  • ¿Qué cosa te da mucha pereza hacer?

    La verdad es que me cuesta arrancar con cualquier cosa, menos mal que, una vez que me pongo, me pongo de verdad, jejeje…

  • ¿Sigues mandando postales cuando vas de viaje?

    Reconozco, con mucha pena, que no. Es una costumbre en desuso que, creo, se debería recuperar…

  • ¿Qué sitio te gustaría visitar?

    La acrópolis de Atenas, Nueva York, Canadá, las cataratas de Iguazú, Japón, Australia… hay tantos… pero lo más importante es visitarlos en buena compañía :-).

Y he aquí mis pros y mis contras de este premio:

CONTRAS:

  1. Me lo he pasado genial respondiendo a estas preguntas, pero algunas he tenido que pensármelas jejeje…

  2. No sé por qué, me cuesta mucho escribir las entradas sobre los premios (perdón por la tardanza, Silvia)… me da tanta vergüenza… Pero esto no significa que no lo agradezca o que no lo quiera, ¡nada más lejos de la realidad!

PROS:

  1. Gracias a este premio de Silvia, he abierto una página nueva donde recogerlos todos.

  2. Como siempre digo, es genial que te den un premio porque esto significa que alguien que te lee cree que tu blog merece la pena. Y esto siempre anima a seguir escribiendo.

De nuevo, muchas gracias, Silvia, por pensar en mi blog para el premio.

23May/13

… del sentido del Humor (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Otra semana más estoy por aquí sumándome al carnaval Maternidad de la A a la Z iniciado por Trimadre a los 30 hace unas semanas y que ha sido todo un exitazo. ¡Felicidades!

Llevo pensando todo el fin de semana sobre qué escribir y cómo plantearlo (ya sabéis, con sus pros y sus contras). Y me he dado cuenta de que, en sobre este tema, me sale la vena sensible o reivindicativa y mis entradas se tornan muy serias. Y me puse a pensar que sí, que la maternidad es algo serio, pues te haces cargo de una personita que depende totalmente de sus padres para vivir, pero también de su educación, de las bases sobre las que se levantará la persona que será mañana. Y esto es algo muy serio. Pero también hay otras cosas.

Así que hoy voy a hablaros del sentido del Humor. Que no todo va a ser ponernos serios y místicos. A mí la maternidad me cambió el sentido del humor. Porque si no, a ver de qué te va a dar por reírte con la primera caca que tienes que cambiar a tu retoño recién nacido, o te va a hacer gracia cuando llame “vieja” a la hermana de tu abuela “porque está muy arrugada” (esto pasó de verdad tal cual lo escribo), o te vas a partir de risa mientras ves la pompa verde que acaba de salirle de la nariz… Pues eso, que cuando te dan a tu bebé en brazos por primera vez, ahí, metido entre el primer pañal, te dan también una ración de humor surrealista.

Y luego están las contestaciones, ésas que sólo se le pueden ocurrir a un niño porque son tan obvias y tan de verdad que sólo puedes reírte, aunque estéis en mitad de una regañina o una rabieta. Hace poco el Mayor vino corriendo a buscarme a la cocina para que le acompañara al baño a hacer caca. Dejé lo que estaba haciendo y me dispuse a acompañarle, pero viendo lo despacito que iba, le pregunté por qué no se daba prisa y su contestación fue: “mamá, es que la caca pesa”. Y yo sólo pude reírme. Vamos, que a mí eso me lo dicen con 16 años y mando a quien me lo dijera al quinto pino a la voz de “serás guarro”.

Y a quién no le ha pasado, cambiando un pañal, que justo en ese instante ha habido un escape, más o menos líquido, que nos ha dado de lleno y, lejos de tirar al niño al suelo y salir pitando para darnos una ducha de 20 minutos como poco, no hemos tenido más remedio que reírnos junto a la otra parte (entiéndase el padre o madre de la criatura que seguro que estaba mirando). Anda, que si alguien te mea encima antes de ser madre o padre, vas a reírle tú la gracia…

Por supuesto, también están las risas que nos sacan los de fuera de casa con sus comentarios. Esos que llegan y empiezan a hacerle las palmitas al bebé (algo que llevas tú haciéndole una semana) y que, precisamente esa vez, tu hijo decide hacerlas también por primera vez y entonces esa persona ajena a tu hogar dice llena de orgullo: “mira, le he enseñado a dar palmitas” y entonces tú piensas para tus adentros “claro, que todas las veces que se lo he hecho yo no tienen nada que ver” mientras que sueltas una carcajada (también para adentro, no vaya a ser que se ofendan los de fuera).

CONTRAS:

  1. Puede que te rías después, pero a veces esas contestaciones tan inocentes o esos comportamientos propios de los niños pueden sacarte los colores más de una vez.

  2. Como dice el refrán, quien con niños se acuesta, meado se levanta. Puede que te haya hecho gracia que tu hijo juegue en la bañera y haya chapoteado a gusto, pero al final tú has acabado como si también te hubieras duchado.

PROS:

  1. La maternidad (o paternidad) te da una perspectiva distintas de las cosas. Esto es posible porque también te da un sentido del humor más puro si cabe porque es el humor de los niños.

  2. Con este nuevo sentido del humor, vuelves a descubrir la gracia de las cosas. Porque a ver, antes de ser madre o padre, ¿cuánto jugabas a las cosquillas…? Pero a las de verdad, no a encontrarle las cosquillas al padre o madre de tu criatura… ay, golosones… 😉

  3. Cuando pensamos en la maternidad, se nos pueden venir a la cabeza rabietas, falta de sueño, estrés, cansancio… pero no debemos olvidarnos de las cosas buenas y divertidas. Que también las hay y muchas.

Ahora os toca a vosotros, venga, contadme cuál fue la última ocurrencia de vuestros peques que os hizo reír a carcajadas y que si os llega a pasar antes de la maternidad no os hubiera hecho ni pizca de gracia 😉

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Síguelo en Twitter #AZdelamaternidad.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

22May/13

… de la hora del baño

bañera

Para mí, el día tiene 4 fases. La primera va desde que me levanto hasta que el Peque se echa la siesta. La segunda fase va desde que se duerme hasta que tengo que ir a buscar a los Mayores al colegio. La fase 3 va desde este último momento hasta que todos están durmiendo plácidamente. La cuarta fase abarca el ratito que el Tripadre y yo estamos solos hasta que nos vamos a la cama.

Como os podéis imaginar, la fase 3 es la más estresante del día. Empieza conmigo y el Peque saliendo rápidos a por los Trastos mayores y consta de: recogida en el colegio, meriendas, baños, juegos y cenas. E implica organizarme bien si quiero pasar un ratito jugando con los Trastos, todos juntos.

Una vez superadas las peleas por ver quién entra primero en casa y después de que todos hayan merendado, empiezo con los baños de los Mayores. Al principio les bañaba a los dos juntos, para ahorrar tiempo, pero lo he dejado porque supera mis fuerzas (mi espalda lo sabe) y mi paciencia. Puede darse el caso de que los dos estén en plan “no me toques ni salpiques”, lo que en una bañera es bastante complicado, o bien puede que los dos estén en modo compincheo y entonces soy yo la que entra en modo “esto no es una piscina” junto a “no salpiquéis a mamá”. Todo es inútil. Así que he decidido bañarles por separado.

Como en todo, hay días y días, pero básicamente se pueden resumir en que el Mediano se cree un tiburón que bucea por los mares y se zambulle cual delfín (doble tirabuzón incluido) y el Mayor prefiere hacer olas en el agua con el “suave” vaivén de su cuerpo. Uno detrás de otro consiguen que en nuestro baño nos bañemos tres. Por turnos, eso sí.

Pasa la tarde y se acerca la noche. Cuando los Mayores han cenado o están a punto de terminar, le toca su turno al Peque. Y está aprendiendo a chapotear en el agua. Y el grifo le llama mucho la atención. Y aún le falla el equilibrio en el agua. Y yo no doy a basto lavándole mientras intento que no se estampe contra el grifo a la vez que tengo que resignarme mientras me duchan por segunda vez.

¿Y el Tripadre? Pues a todo esto está trabajando. Con suerte llega para acostar a los Mayores. Con mucha suerte llega para darle las buenas noches al Peque. Así que aquí la que suscribe les baña de lunes a jueves. A los tres. Yo sola. El Tripadre les baña el fin de semana (que empieza el viernes), pero sólo a los Mayores. Además, él se aventura más que yo y les baña a los dos juntos. Incluso algunos domingos se duchan los tres a la vez. Pero al Peque casi siempre le baño yo… o me baña él a mí, según se mire.

CONTRAS:

  1. La fregona se ha vuelto mi amiga de penas inseparable. Ya sea para limpiar escapes a los pies del inodoro o para recoger el agua al lado de la bañera.

  2. Siempre les digo que la bañera no es una piscina. Pero claro, explícale tú a un niño pequeño, al que el agua le llega casi a las rodillas, que no puede bucear en la bañera. Y de los salpicones mejor no hablo.

  3. Al bañarles por separado, se me va casi toda la tarde. Intento hacerlo rápidamente, pero ellos tienen su propio ritmo y les divierte mucho el agua. Para ellos es un juego más, aunque yo esté deseando acabar pronto.

  4. Echo de menos un tercer ojo y dos manos más para poder controlar al Trasto que tengo delante y que no se dé un golpe fuerte (que alguno ha caído ya).

PROS:

  1. Al bañarles por separado, me pueden contar qué tal les ha ido el día, si han aprendido alguna canción nueva o si han discutido en el colegio. Con el Mayor puedo jugar al veo-veo o a las palabras encadenadas. Con el Mediano suelo contarle un cuento. Con el Peque todo son risas y juegos con el agua.

  2. Cuando salen del agua y tienen frío, quieren que les coja y les arrope. Dura apenas unos minutos, hasta que entran en calor, pero creo que es uno de los pocos momentos en que aún me dejan que les coja y abrace como cuando eran más pequeños. Entonces la que moja el baño soy yo con mis babas…

  3. Aún no estoy teniendo mucho éxito, pero de vez en cuando les insisto a que se enjabonen solos con la esponja, para que vayan aprendiendo a bañarse solos. El lavado de cara lo tenemos conseguido :-).

Sé que pronto se bañaran solos. Cuando menos me lo espere, serán lo suficientemente mayores como para bañarse sin mi ayuda. Y, como me conozco, sé que echaré de menos este ratito de confidencias conmigo. La fregona no, a ella aún le queda mucho tiempo rondando por el baño.

21May/13

… de las literas

Hoy tocaba cambiar las sábanas de la cama de los Trastos mayores. No sabéis cómo lo detesto. Cuando vivíamos en el minipiso, con dos hijos, la mejor solución fue comprar una litera porque tenían que ir los dos en la misma habitación por falta de espacio y porque si poníamos dos camas había que acostarles saltándolas por encima.

Supimos que el Mayor debía dejar su cuna cuando empezó a echar la pierna por encima de los barrotes para llegar al suelo (a la tierna edad de dos años). Con el consiguiente porrazo inminente de por medio. Pensamos si una cama simple o una litera y, en vista de que no queríamos un hijo único, nos convenció la litera. A él le gustó, pero estuvimos un mes pasando lo que no está escrito para conseguir que no se levantara de la cama. Que ni barrera ni nada para que no se cayera al suelo. El Mayor aprendió pronto que podía levantarse por los pies de la cama. Y antes de dormirse, le gustaba salir al pasillo una media de 6 veces, muy orgullo de sí mismo, eso sí, porque sabía levantarse. Al final, aquella fase pasó y empezó a dormir igual que en la cuna.

El pistoletazo de salida del Mediano nos lo dio el mismo momento en que, siguiendo los pasos de su antecesor, decidió escalar la cuna, aunque en su caso fue a los dos años y medio bien pasados. Éste también se levantaba durante un tiempo. Afortunadamente, la costumbre le duró menos.

Ahora que comparten horario, también comparten habitación y siguen con su litera, aunque en esta nueva casa sí cabrían dos camas en su habitació. Pero ellos ya se han acostumbrado a dormirse así y nosotros no vemos razón para no dejarles. El Mayor se está ganando el cielo, pues tiene que aguantar las canciones de su hermano al irse a dormir (sí, le gusta cantar incluso a esas horas) y los gritos llamándole en cuanto se despierta. Y el Mayor, aún así, quiere dormir en la litera con su hermano, los dos en la misma habitación.

Además, he de decir que, de la misma forma que no paran durante el día, tenemos la suerte de que, en cuanto se meten en la cama (y salvo contadas ocasiones donde entran enfermedades o siestas excesivamente largas), se duermen al poco de rozar la almohada y así hasta la mañana siguiente.

Y todo esto que os cuento, que a priori parece tan bonito, pierde todo su encanto en el momento de cambiar las sábanas. Porque la de arriba acaba con mis brazos, suerte que soy de estatura tirando a alta. Y la de abajo acaba con mi espalda, o con mi cabeza si la levanto antes de tiempo porque el golpe que me doy me deja atontada para el resto del día. Cuando termino de hacer ambas camas, estoy que ni que me hubiera ido al gimansio.

CONTRAS:

  1. Los dos se acuestan a la vez y se levantan a la vez. Da igual quién se duerma o se despierte primero. Si uno quiere terminar la peli antes de acostarse, el otro le espera. Primero porque así lo quieren y segundo porque si no, corremos el riesgo de que el segundo al acostarse despierte al primero. Y a la hora de levantarse pasa igual. El primero en abrir el ojo empieza a llamar al que aún sigue durmiendo y, sólo entonces, cuando ambos están despiertos, empiezan a llamarnos a gritos. Normalmente a mí. Porque ahora que son más mayores ya no quieren levantarse solos de la cama, prefieren despertar a mamá y que yo vaya rauda y veloz a levantarles.

  2. Han cogido la costumbre de que los días que hay cole, va el Tripadre a levantarles. Y si es fin de semana o festivo, voy yo. Y tenemos que respetarlo porque si voy yo un martes, convénceles después de que hay que ir al cole… Menuda nos montan con la frase “hoy ha venido mamá, así que no hay cole” por bandera.

  3. Si uno tiene pesadillas o le duele algo, siempre se corre el riesgo de que, en mitad del llanto nocturno, se despierte el otro. Si se vuelve a dormir, no hay problema. Pero si le da por decir que ya es de día o que ya no quiere dormir más, hay que echar mano de la imaginación para intentar convencerle de que hay que volver a la cama… y todo esto con el menor ruido posible, que aún queda otro durmiendo en la cuna.

  4. La noche que tienen ganas de cachondeo aquí se entera hasta el último mono. Todo son risas, chistes, canciones y demás. El Peque se acuesta primero en la habitación de al lado, muchas veces no sé cómo no se despierta. Lo que más te apetece después de un día agotador es acostarles tranquilamente… pero como pilles una noche de las que tienen ganas de juerga, es difícil no desesperarse.

PROS:

  1. Hacer las camas equivale a una clase de gimnasio (aeróbic por lo menos). Pero cambiar las sábanas vale por unas cuantas más (y de zumba ;-). No sé como no he perdido ya los kilos que me sobran.

  2. Da gusto ver que, por mucho que trasteen durante el día o por mucho que se chinchen el uno al otro, les gusta dormir juntos y se echan de menos si uno no está.

  3. A veces, las noches de juerga pueden sacarme de quicio. Sin embargo, otras es para estar escuchando fuera de la habitación sin que me vean… me parto de risa. Se hacen unas preguntas y se dan unas explicaciones el uno al otro y el otro al uno que son dignas de grabarlas. Engordo don kilos sólo de ver lo bien que se llevan… aunque a veces no lo parezca :-). Ahhhh… a lo mejor es por esto que me cuesta tanto perder peso

No sé si cuando el Peque crezca tendrá cama o litera, si seguirá durmiendo solo o compartirá habitación con sus dos hermanos o sólo con uno. Lo que sí está claro es que tengo muchas ganas de verle en confidencias con los otros dos. Va a ser la repera :-D.

17May/13

… de dejar el pañal

Pañales y calzoncillos logo

Nada más nacer tu bebé, empiezas a oír aquello de que “cada niño tiene su propio ritmo”, “no compares a tu hijo con los de tu vecina” y sucedáneos. Y te lo crees. Si tu hijo tiene año y medio y no anda, no pasa nada, ya andará, no hay por qué preocuparse y, sobre todo, no le fuerces. Que va a la guardería y todos los de su clase hablan por los codos y el tuyo apenas dice “mamá”, no compares que es peor, ya hablará, seguro que cuando empiece no hay quien le calle. ¿Os suena?

Bueno, pues todo esto es válido… hasta los 3 años. ¿Qué pasa entonces? Pues pasa que tiene que empezar el colegio y tiene que ir con los deberes hechos. A saber: se acabaron los purés, el niño tiene que comer sólidos, y se acabó el pañal, debe saber ir al baño solo o, en su defecto, pedirlo a la profesora (con tiempo, a poder ser). Da igual que haya nacido en enero o en diciembre. Bueno, pues hoy vengo a hablar del adiós al pañal.

Con el Mayor tuvimos suerte. En la guardería se dieron cuenta de que podría estar preparado para quitarse el pañal con dos años y poco. Nos lo propusieron y nosotros accedimos a probar. Y no nos fue del todo mal. Fue un verano marcado por la fregona y montones de calzoncillos de la talla mini, pero consiguió no usar pañal durante el día. Su mayor problema era que aguantaba demasiado y, para cuando quería ir al baño, ya era tarde. Algo normal y habitual en esta etapa. Sin embargo, hubo, como siempre, voces que “nos aconsejaban” volver a ponerle el pañal porque era mucho trabajo ir limpiando escapes. Pero nosotros confiamos en nuestro hijo, le dimos tiempo y comprensión. Enfados cero.

En este caso, nos ayudó bastante un orinal que emitía una musiquilla cada vez que caía algo, sólido o líquido. Mi hijo se ponía muy contento y le encantaba hacer sus necesidades allí. También ayudó el que le permitiéramos acompañarnos al baño si quería para ver cómo se hacía aquello.

El Mediano fue otra cosa. Estando a punto de cumplir los 3 años, estuvimos casi obligados a quitarle el pañal porque tras el verano empezaba el colegio. Si hubiera dependido de nosotros, hubiéramos esperado a verle más preparado, pero no pudo ser. Y poco a poco fuimos retirando el pañal, al principio a ratitos cortos y, después, más largos.

Esta vez, el orinal no ayudó mucho. Fue más el hecho de ver a su hermano mayor ir al baño. Es más, como el Mayor ya hacía pis de pie, el Mediano se empeñaba en hacerlo así también, pero aún no llegaba, ¡pobre! A mí me hacía gracia, pero él no entendía por qué no podía y mojaba el suelo. Menos mal que fue cuestión de tiempo y que está en pleno crecimiento :-).

CONTRAS:

  1. Hay que estar muy pendiente para evitar los escapes o minimizarlos al máximo. Después de un tiempo, aprendes a diferenciar la cara que pone cuando se le está escapando algo.

  2. En casa, hay que tener preparada la fregona. Y la paciencia también. Lo que hacía yo era sentarle a esperar que se secara el suelo, para que fuera consciente de lo que había pasado. Y nada de enfados. Están aprendiendo.

  3. En la calle, hay que llevar siempre ropa de cambio suficiente como para varios escapes. Y yo os diría que algún pañal también por si le entran ganas de hacer caca.

  4. Hay que comprar muchos calzoncillos (o bragas). Si son de dibujos que le gusten mucho mejor. Da igual que sea verano y que la ropa se seque más rápido. Ten en cuenta que, después de limpiar los escapes, es probable que no tengas ganas de lavar también la ropa. Yo me esperaba al tercer escape para lavar una tanda de ropa porque, si no, me tenía que pasar el día lavando. Y a mano, porque no vas a poner una lavadora para un calzoncillo y un pantalón.

  5. En cuanto pidan ir al baño, tendrás apenas unos segundos para reaccionar. Entrarás en los sitios y lo primero que buscarán tus ojos será el baño, por si tienes que salir corriendo. Bienvenidas al mundo de los baños públicos.

  6. Los consejos sobre este tema también te llegarán sin pedirlos. Algunos, incluso, te harán dudar. Habla con el padre (o la madre) y decidid qué vais a hacer, cuándo y cómo y haced oídos sordos a todo lo que no os ayude a lograrlo.

  7. Como todo lo relacionado con los niños, vas a poner a prueba tu paciencia. Respira.

PROS:

  1. El pis de un niño de esa edad aún no es como de un niño mayor. No huele tan fuerte ni es mucha cantidad, aunque a veces lo parezca.

  2. Si la operación pañal se realiza en verano, siempre habrá menos ropa que lavar porque puede ir sin pantalones por la casa.

  3. Cuando pases dos días sin escapes, sentirás una alegría inmensa.

  4. Cuando llevéis cuatro escapes en una hora, antes de tirarte de los pelos, piensa en todo el dinero que te vas a ahorrar en pañales. Quizás al principio pienses que el dinero de los pañales lo gastas en agua y detergentes, pero eso es sólo al principio. Antes o después, todos los niños acaban sin pañal.

  5. En cuanto tu hijo consiga controlar sus necesidades, va a coger muchísima confianza en sí mismo. Aplaúdele sus logros. Le va a encantar ir sin pañal.

Para lograr decir adiós al pañal sin traumas, es necesario que el niño esté preparado y que vosotros, los padres, estéis convencidos. No vale echarse atrás al tercer escape. Hay que ser constante, sobre todo, para que el niño no se haga un lío (puede darse el caso de que ya no sepa si lleva o no pañal). Y, como dije antes, todo lo que no os ayude en vuestra decisión, ignorarlo. Nadie mejor que vosotros conocéis a vuestro hijo, sabéis si está o no preparado o si es mejor volver al pañal o perseverar en su retirada. ¡Suerte!

16May/13

… de las cicatrices (maternidad de la A a la Z)

AZ de la maternidad

Hay dos tipos de cicatrices, las de la piel y las del alma. Las de la piel puedes llevarlas con más o menos alegría, si te has cortado con un cuchillo cortando cebolla no te hará gracia, pero si se trata de una cesárea que sirvió para salvaros la vida a tu bebé y a ti, lo llevarás como un honor. Las cicatrices del alma, por el contrario, duelen siempre, por mucho tiempo que haya pasado desde la herida.

Antes de ser madre, las cicatrices del alma son básicamente por cosas que te habían hecho a ti directamente. Puede que te duela que insulten a tu amiga o que te engañe tu novio, pero eso son arañazos en comparación con las que tienes por ser madre o padre. Es entonces cuando se producen las heridas más profundas porque el daño va dirigido a tu hijo y cada desprecio o cada feo los sientes aún más que si te lo hubieran hecho a ti.

Algunas de estas heridas se producen por un comentario malintencionado hacia tu hijo: “qué maleducado”, “qué egoísta”, “parece un delincuente”, etc. Otras se originan por comentarios hacia ti como madre (o padre): “no lo cojas tanto”, “tiene que acostumbrarse”, “déjale llorar”, “tu leche le deja con hambre”, “deberías volver a ponerle el pañal”, “no le des tantas explicaciones”, “abrígale”, “¿por qué le consientes eso?”, “yo le castigaba ahora mismo” y demás perlas por el estilo que quizás, a parte de ti, puede que también las escuche tu hijo.

Y te duelen porque unas le duelen a tu hijo y otras te hacen dudar de ti misma y de tu capacidad como madre. Puede que perdones a quien “opinó” de esa manera, pero no lo olvidas, da igual que lo hayas dejado pasar o que te hayas enfrentado al autor de esa “crítica constructiva”, siempre recordarás ese comentario. Estas cicatrices no se curan nunca.

CONTRAS:

  1. Puede que olvides determinados comentarios hirientes, pero el daño está hecho. Es posible que vuelvas a sentir el dolor inicial sin previo aviso, ante una situación parecida. Y siempre duele como la primera vez.

  2. Si os pasa como a mí, le daréis mil vueltas en la cabeza (tenía que haber hecho esto, tenía que haber dicho lo otro…).

  3. Puede que tú, como persona adulta que eres, puedas entender que algunos comentarios los hace gente de otra generación, que antes era normal pensar así, que es por puro desconocimiento… Peor tu hijo no tiene esa capacidad de comprensión. Si alguien le dice “malo” o “desobediente”, le va a afectar. Y ya sabemos todos lo erróneo que es poner etiquetas a la gente, especialmente a los niños.

  4. Las cicatrices del alma no se ven, pero la herida está ahí. Si la tocas, duele.

PROS:

  1. Puedes aprender de tus errores: enfrentarte a quien hizo el comentario para que no lo vuelva a repetir o aprender a ignorar esas “críticas constructivas”.

  2. Según pasa el tiempo, aprendes a confiar más en tu capacidad como madre, esas opiniones ya no te hacen dudar… al menos, no tanto como al principio.

  3. Tú, como madre o padre, eres quien mejor conoce a tu hijo. Sabes hasta dónde puedes llegar con él, lo que estás dispuesta a dejar pasar, donde tienes que ponerle el límite. Un ejemplo, estáis en una comida familiar y tu hijo, que normalmente come estupendamente, ese día no prueba bocado. Seguro que alguna abuela o tía o prima se aventura a decir “qué mal come”, “es que tiene que comer sí o sí”, “qué malo es para comer”. Esto, primero lo oye tu hijo y seguro que le afecta. Y lo segundo, lo oyes tú y puedes pensar que tienen razón. O puedes entender a tu hijo, que ha dormido mal, que hace calor y está más intranquilo, que está rodeado de gente que normalmente no ve… y dejarle que coma lo que quiera. Aunque también habrá entonces quien te diga que le dejas hacer lo que le da la gana. Ahí tienes otra cicatriz más.

No se puede controlar a la gente, siempre dirá lo que quiera, por mucho que le ruegues que se abstenga de emitir determinados juicios de valor que no te ayudan en nada y que sólo consiguen perjudicar a tu hijo y a ti. Sin embargo, siempre puedes intentar que no te afecten demasiado. Si alguna lo conseguís, por favor, volved a contarme cómo lo habéis logrado. No sabes lo que es sufrir hasta que tienes un hijo por el que sufrir.

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blogs iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.
Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.

15May/13

… de portear

Boba Air

El otro día, La orquídea dichosa sorteó, gracias a Kangarunga, una mochila Boba Air. Yo no he porteado a ninguno de mis Trastos. Con el Mayor, dejé caer estando embarazada que me gustaría una mochila. Pero no llegó nunca. Con el Mediano no me hice ilusiones. Y con el Peque ni lo mencioné. ¿Por qué no me la compré yo? Pues en parte por desinformación y en parte porque no sabía el uso real que podría darle, ya que teníamos carrito de bebé, y gastarnos el dinero para no aprovecharla mucho nos echaba para atrás.

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13May/13

… de cruzar en rojo

Por favor, en rojo, NO

Con la entrada de hoy, me sumo a la campaña de La orquídea dichosa para no cruzar los semáforos en rojo, al menos cuando haya niños delante, propios o ajenos. Para poner mi granito de arena, voy a contaros lo que me pasó el otro día cuando volvía del colegio con mis Trastos.

Yo siempre que voy con mi hijos cruzo por los pasos de peatones y, si hay semáforos, espero a que el monigote se ponga en verde para cruzar. Cuando voy sola, también suelo hacerlo, aunque algunas veces reconozco que no lo hago si voy con prisas (y esas veces es cuando me siento súper intrépida, jajaja). Como ahora tengo hijos, si tengo la tentación de cruzar y veo que hay niños esperando también, me paro y no cruzo. Me sale solo. Sé lo importante que es predicar con el ejemplo, tanto para mis hijos como para cualquier niño, pues entiendo que sus respectivos padres estarán, como yo, educándoles en ese aspecto.

El caso es que hace unos días, volvía con mis hijos y, al llegar a un semáforo, el monigote estaba en rojo. No venía ningún coche. Era consciente de que podríamos haber cruzado sin problema. Pero como iba con mis hijos (uno de ellos en un carrito), decidí no cruzar y respetar el semáforo. En ésas estábamos cuando apareció un hombre, miró a ambos lados, dedujo que era seguro cruzar y cruzó.

La cara de mis hijos era un poema: ojos abiertos al máximo, veían al muñeco en rojo y al hombre cruzando. En seguida empezaron a gritarle: “¡que está en rojo! ¡No se puede cruzar! ¡Eso está mal! ¡Fatal!”. Yo podría haberme muerto de vergüenza por la reacción de mis hijos… quizás hace unos años, pero hoy por hoy no. Era ese hombre quien debería avergonzarse. Sin embargo, no lo hizo. Aún iba cruzando la carretera cuando se volvió a mirar a mis hijos, sonrió y dijo que él podía hacerlo porque era mayor. ¿En serio? ¿Puede saltarse las normas por ser adulto? O_O

Ésa no es la lección que yo quiero enseñarles a mis hijos. Cuando el hombre ya se había ido, mis hijos se volvieron hacia mí.

– Lo ha hecho mal, ¿verdad, mamá?

– Sí, lo ha hecho muy mal.

– Pero dice que puede porque es mayor.

– Sí, es mayor, pero aun así lo ha hecho mal. Tenía que haber esperado a que el muñeco se pusiera verde, como nosotros. Si hubiera venido un coche, le hubiera pillado, por muy mayor que sea. Si vamos andando, hay que esperar a que el muñeco se ponga verde. Siempre.

– Entonces, ¿nosotros lo estamos haciendo bien?

– Sí, nosotros sí lo hemos hecho bien. Él no.

No pude si no sentirme orgullosa de mis hijos.

CONTRAS:

  1. Es un rollo esperar en un semáforo en rojo cuando ves que no vienen coches. Más aún si tenemos prisa.

  2. Como aún voy con carrito y como con el Mayor tuve dos malas experiencias en las que por poco no se llevan a mi hijo por delante (los hay muy listos al volante), aunque esté en verde, siempre espero a ver parado el coche del todo. Esto lo hago tanto en semáforos como en pasos de cebra. Si esperar a que el semáforo cambie es un rollo, esperar más tiempo a que el coche se detenga es más rollo.

  3. Es difícil educar a los niños, en cualquier aspecto (civismo, buenos modales, respeto, tolerancia…).

PROS:

  1. Ahora mis hijos van conmigo y si yo digo que hay que esperar, esperamos. Pero quiero pensar que estoy (estamos) asentando las bases para que lo hagan bien cuando llegue el momento de que vayan solos por la calle.

  2. ¿Conocéis el dicho que reza “fíjate en lo que digo y no en lo que hago”? Pues con niños no vale. Hay que predicar con el ejemplo. Siempre. El hecho de ser adultos no vale como excusa.

  3. Educar es difícil, sí, pero también es reconfortante cuando ves que tu esfuerzo ha dado sus frutos y tus hijos saben cuándo algo está bien y cuándo está mal.

  4. La reacción de mis hijos le hizo gracia a aquel hombre. Pero tenían toda la razón del mundo. Si reaccionaron así, eso significa dos cosas. Una, que saben cuándo hay que cruzar y dos, por tanto, no lo estoy (estamos) haciendo tan mal ;-).

Así que, por favor, recordad que en rojo no se debe cruzar, sobre todo si hay niños delante, da igual que sean los tuyos propios o sean niños ajenos. En rojo no, por favor, así evitaremos sustos innecesarios, heridas (da igual si son leves o graves) y, en los casos más extremos, muertes.

09May/13

… del instinto de Protección (maternidad de la A a la Z)

AZmaternidad

Hoy me uno al carnaval de blog de Trimadre a los Treinta para formar un diccionario sobre la maternidad. Lo primero que quiero hacer es felicitarla por la iniciativa, que me parece que va a ser todo un éxito. Y ahora paso a poner mi granito de arena estrenándome con la letra P de Protección (instinto de).

A menos que el embarazo sea fruto de un desliz, el instinto de protección aflora en cuanto empiezas a ser consciente de que quieres ser madre. Antes de quedarte embarazada, es posible que mires con desdén a aquellas mujeres en estado de buena esperanza que siempre se están tocando la tripa. Sin embargo, un día resulta que te enteras de que estás embarazada y, otro día cualquiera, pero no muy lejano al anterior, te sorprendes a ti misma tocándote la aún-no-barriga. Pues, amigas, justo ahí empieza a manifestarse ese instinto de protección.

Aún no ha nacido, aún no sabes si será niño o niña, probablemente aún no te hayas parado a pensar en qué nombres te gustan más… pero tu mano ya anda protegiéndole. Esto se intensifica a medida que la tripa va en aumento. Llega un día en que te vuelves a sorprender a ti misma tocándote la ya-sí-gran-barriga con las dos manos porque con una no la abarcas entera.

Este instinto de protección se exterioriza hacia el mundo de puertas para afuera con un remarcado “¡ay, pobre!” cada vez que un bebé llora desconsoladamente o un niño se cae delante de tus narices. Entre las cuatro paredes de casa, el instinto de protección empieza a notarse cuando lloras desconsoladamente (esta vez tú, no el niño) ante cualquier noticia desagradable en la que se vean implicados bebés o menores. Al principio piensas que serán tus hormonas, pero no, éste es el principio del resto de tu vida.

El instinto de protección lo tienen todos los animales en mayor o menor medida. Creo que todo el mundo sabe lo peligroso que es acercarse a una hembra recién parida, ya sea la gata del vecino o tu propia perra, si no eres bienvenido por ella. Hay incluso especies en que la madre da su propia vida por salvar la de sus retoños. Y tú, amiga, perteneces a una de esas especies.

En cuanto te ponen a tu bebé en tus brazos, te das cuenta de dos cosas. Una, ese amor que experimentas es único e irrepetible, no se parece al amor que le tienes a tus padres, ni a tus hermanos, ni a tu marido, ni a tu perro. Ese amor es único, dura para toda la vida y no se puede explicar con palabras. Si tú, que me lees, eres madres, sabes de lo que te estoy hablando, pero seguro que, como yo, no puedes explicar con palabras el alcance de ese amor.

La segunda cosa que sabes es que le protegerás con tu propia vida si fuera necesario. No quieres que ese pequeño ser tan frágil que tienes en tus brazos sufra daño alguno, ni físico ni psicológico. Y te sabes dispuesta a todo por evitarlo. Es el instinto de protección que, una vez más, aparece para quedarse.

CONTRAS:

  1. En su justa medida, el instinto de protección está bien y es necesario. Pero hay una línea muy fina y casi inapreciable entre proteger y sobreproteger a tu hijo. A veces, las madres (y padres también) tenemos que hacer un gran esfuerzo por dejar hacer a nuestros pequeños, aún a sabiendas que se equivocarán. Es un gran acto de fe (porque esperas que aprendan de sus errores) y de amor (amarles es dejarles ser ellos mismos tomando sus propias decisiones).

  2. Yo ya no puedo ver una película del fin del mundo (tómense como ejemplos Soy leyenda, La hora más oscura o Armagedon) sin que se me rompa el corazón pensando en todos los bebés y embarazadas.

  3. Las noticias de abusos a menores me afectan enormemente. Tanto que muchas veces tengo que cambiar de canal o dejar de leer la noticia porque lloro. Y lloro amargamente con rabia contenida.

  4. Ahora voy por la vida viendo peligros. Peligro en ese enchufe que no está tapado, peligro en ese paso de cebra que no está bien señalizado… miedo me doy cuando los Trastos tengan 15 años y empiecen a salir por las noches. Menos mal que seguro que ahí está el Tripadre para frenarme un poco y no dejarme caer en el primer contra 😉 (nota mental: preguntarles a mis padres cómo leches lo hicieron ellos).

  5. Me he posicionado totalmente en contra del aborto como medida anticonceptiva. Si has tenido narices para hacerlo libremente y sin protección y porque te apetecía, ahora tienes que apechugar con las consecuencias, aunque haya sido por un calentón. Y digo esto pensando tanto en el chico como en la chica, que para hacer un bebé hacen falta dos.

PROS:

  1. Sé que mis hijos van a tenerme ahí para lo que ellos necesiten. Quizás unos pasos más atrás, pero lo suficientemente cerca para correr a su lado si me llaman.

  2. Este instinto de protección me hace ser mejor madre y también mejor persona. Hay injusticias y abusos por los que no paso. No pasaba antes, ahora menos.

  3. Espero que no sé dé nunca el caso, pero me veo perfectamente capaz de todo con tal de proteger a mis hijos. Puedo enfrentarme al mundo si hace falta.

Todo lo dicho aquí, lo he dicho en femenino porque es la parte que me toca, pero también se aplica al género masculino. Los padres también tienen este instinto, aunque a veces se manifieste de otras maneras. Lo veo a diario en el Tripadre (aunque no llore viendo Soy leyenda al pensar en los pobres niños, jejeje).

“La maternidad de la A a la Z” es un carnaval de blog iniciado por Trimadre a los Treinta que consiste en que cada madre participante describa un sentimiento al que ha descubierto un nuevo sentido con la maternidad, o una faceta de su personalidad que desconocía antes de ser madre. El objetivo es crear en red, colaborando unas con otras, un “Diccionario de madres” con el que reírnos, emocionarnos y conocernos un poco más.

Si estás interesada en participar, tienes toda la información a tu disposición aquí.