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Mamá³, esposa, bloguera, chocoadicta 🍫 Variando según el día 🤷🏻‍♀️ La vida no es de color rosa y en mi casa menos 😉

03Ago/13

… del Premio a los Mejores seguidores y del Premio Blogger

Premios Mejores seguidores y Blogger

Hoy dedico esta entrada a dos premios a la vez. Se trata del premio Mejores seguidores, que me viene de la mano de Blog para escribir, y del premio Blogger, concedido al blog de la menda lerenda por Blog para escribir, Bea, mamá de dos, La morada de Nieves.

Con el premio Blogger, a parte de mencionar a quien me lo ha otorgado y pasarlo a otros tantos blogs, no hay que hacer nada más con él. Pero con el premio Mejores seguidores hay que contestar unas cuentas preguntillas. Sin más demora me pongo manos a la obra, o a las teclas ;-).

  • Edad:

    A fecha de hoy, 32. Aunque me quedan sólo unos días para añadir un añito más.

  • Horóscopo:

    Leo.

  • ¿Dulce o salado?

    Dulce. Si tiene chocolate, mucho mejor.

  • Hobby:

    Ahora mismo, mi afición más absorbente es mi blog.

  • ¿Qué te inspiró a hacer el blog?

    Otros blogs y las ganas de querer compartir con el resto de la blogsfera mi día a día.

  • ¿Eres una profesional del mundo del maquillaje o de la moda?

    De ninguno.

  • ¿Tienes canal de YouTube?

    No. Quizá debería…

  • ¿Tu canal favorito de YouTube o blog de maquillaje y nail art?

    Ninguno. Quizás por eso no soy profesional de la moda o el maquillaje.

  • Tu perfume favorito:

    Perfume, ninguno. Colonia alguna.

  • Un básico de maquillaje sin el que no podrías salir:

    Ninguno. Está claro que el maquillaje no es lo mío.

Y ahora, vamos con lo que le da nombre al blog.

CONTRAS:

  1. Lo siento mucho, pero vaya preguntitas. No me han gustado nada (tanto maquillaje, tanta moda). No me gustaba maquillarme ni con 20 años, conque ahora, con las prisas y los mocos de los Trastos como complementos permanentes en mi vestimenta diaria.

  2. Como el premio Blogger no traía ninguna pregunta, no he podido dedicarle una entrada para él solito.

PROS:

  1. Bueno, las preguntas no vienen muy a cuento en mi blog, pero supongo que el premio vendrá desde algún blog de estilo.

  2. De vez en cuando, se agradecen los premios que sólo recoges y pasas. Así, sin devanarte los sesos.

Ahora, se supone que tengo que pasar estos premios a otros blogs. Sin embargo, yo se lo voy a pasar sólo a uno, a No es país para madres, qué sé que le gusta el tema del maquillaje. A ver si así se le pasa un poco el susto que ahora tiene en el cuerpo pensando en otra cosa.

02Ago/13

… de hacer limonada casera

Limonada casera

Es lo que más apetece en verano, una limonada bien fría que nos refresque bien. Habrá quien piense que mejor es la cerveza, pero ésa no la pueden tomar los niños ni la podéis hacer en casa ;-). A mis Trastos mayores les encanta, especialmente al Mayor. Es una bebida súper fácil de hacer y para mí tiene muchas ventajas, pero vais a tener que esperar a los pros ;-).

Empecé a hacer la limonada, con éste, hace tres veranos ya. Al principio, la familia de la segunda capa, es decir, la que no vive con nosotros en casa, me decía que para qué me metía en tal berenjenal, con lo fácil que era abrir un refresco o mejor un zumo. Una, que es cabezota especialmente para temas de cocina, hizo oídos sordos e hizo la limonada. Por aquel entonces, el Mediano era un bebé, así que el catador oficial fue el Mayor. Nada más probarla, le encantó y, en ese preciso instante, me vi haciendo la limonada muchos veranos más.

La verdad es que hace falta poca cosa. Para un litro de agua, más o menos, se necesitan entre dos y tres limones, según lo grandes o pequeños que éstos sean y vuestro gusto, por supuesto. Luego se añade azúcar (también al gusto), se remueve y, cuando se haya disuelto el azúcar, ya está lista para tomar. Respecto al agua, podéis echarla del grifo y luego enfriar la limonada en el frigorífico o podéis echarla en la jarra directamente fría. Si echáis el agua fría y queréis tomarla sin esperar, os aconsejo echar azúcar glass.

CONTRAS:

  1. Hay que exprimir limones. Pero éste es todo el trabajo que hay que hacer. Además, tened en cuenta que con poco zumo de limón os dará para un litro o quizás más. A mí me merece la pena.

  2. Al ser zumo de limón (recién) exprimido, lo normal es que haya pulpa de limón en la limonada, aunque se puede colar.

PROS:

  1. La limonada casera no deja de ser zumo de limón con agua. Por tanto es algo muy sano. Recordad que el limón es un cítrico, está cargado de vitamina C. Si en invierno tomamos zumo de naranja, ¿por qué no tomar en verano zumo de limón?

  2. Como la limonada la hago yo, sé exactamente qué lleva. Sin colorantes ni conservantes y controlando el azúcar.

  3. Los niños pueden participar en su elaboración exprimiendo los limones, añadiendo el agua, echando el azúcar… eso ya según su destreza.

  4. Se tarda poco en hacerla. Como ya he dicho, lo más costoso es exprimir los limones. Y ya. Si tenéis agua en el frigorífico, sólo tardaréis 5 minutitos en disfrutar de ella.

  5. Si queréis que se parezca más a los refrescos de limón comerciales, sólo hay que sustituir el agua normal por agua con gas.

  6. Si añadís cubitos de hielo con agua, es posible que se os agüe la limonada. Así que podéis hacer cubitos con limonada en vez de con agua. Por ejemplo, si un día la hacéis y os sobra, la echáis en la cubitera y, cuando volváis a hacerla, si necesitáis hielos, cogéis los hechos con la anterior limonada.

Si tenéis visita y queréis que os quede vistosa, añadirle a la limonada unas rodajitas de limón. Si tenéis en casa, también admite hojas de menta, que harán que sea aún más refrescante. En la de la foto, yo además añadí flores de lavanda. Era la primera vez que las echaba y, no sé si porque eran pocas, pero no se notaban en el paladar. Pero quedó bonito, ¿verdad?

Pues ahora os toca a vosotros. Un último consejo: si tenéis pensado hacer esta estupenda limonada casera, no escatiméis con los limones. Es posible que queráis repetir en cuanto la probéis ;-).

31Jul/13

… de mi abuela, esa señora

Mi abuela

A fecha de hoy, sólo me queda una abuela, la materna. Va camino de 90 años y, según ella, no llegará a la novena decena. Por supuesto, yo espero que se equivoque y que aún le queden muchos años de vida. Como dije el otro día, tengo con ella una relación muy especial que no tenía con mi otra abuela, aunque, por supuesto, también la quería.

Mi pasión por la cocina no la heredé de mi madre, me viene directamente de mi abuela materna. Igual que mi afición a las plantas. Mi madre lo hace todo corriendo, yo no y mi abuela tampoco. Nuestro ritmo es más pausado.

Para que os hagáis una idea, os diré que mi abuela es esa señora que, cuando yo era pequeña, se levantaba antes de que amaneciera, al compás de mi abuelo. Mientras él se iba a trabajar en el campo acompañado sólo por las cabras y un pastor alemán, mi abuela empezaba a hacer cosas de la casa. Y, sin embargo, ahora se levanta la última.

Mi abuela es esa señora que nació en mi pueblo, se crió en mi pueblo, se casó y tuvo sus hijas en mi pueblo y que nos ofrece cada verano un lugar escondido del mundo para ir a pasar unos días.

Mi abuela es esa señora que se pirra con los dulces y los bollos. Le gusta hacerlos y aún más comerlos. Cuando yo era pequeña, recuerdo que la gente del pueblo venía a su casa a comprarle rosquillas de azúcar. Las guardaba en tinajas enormes y a mí me dejaba ayudarla a darles forma. Ahora le falla la fuerza en los brazos y hay muchos dulces que no puede hacer.

Mi abuela es esa señora que me enseñó a hacer queso. Y hasta me compró un molde pequeñito para que hiciera mi propio queso fresco que luego nos zampábamos ella, mi abuelo y yo.

Mi abuela es esa señora que, en cuanto le digo: “abuela, vamos a hacer tal dulce” empieza a decirme dónde guarda las cosas y me mira con ojos golosones mientras lo preparo. Y luego se lo come con gusto para, al final, acabar diciéndome que no me vaya sin dejarle apuntada la receta, aunque no la vaya a hacer.

Mi abuela es esa señora que, a pesar de su edad, sigue disfrutando de las plantas y flores de su huerto. Las riega al caer la tarde aun a sabiendas de que mi tía las ha regado por la mañana. Cuando viene a Madrid, siempre se pregunta cómo estarán sus plantas.

Mi abuela es esa señora que aceptó al Tripadre como a su propio nieto. Primero porque sabía que yo le quería y segundo porque él mismo se lo ganó.

Mi abuela es esa señora que me lo perdona todo, hasta que sus biznietos no estén bautizados. No me presiona ni hace críticas constructivas. Respeta nuestra decisión y dice que, cada uno en su casa, hace lo que le da la gana, que para eso es su casa.

Mi abuela es esa señora que siempre me anima a seguir adelante, dándome los ánimos que otros a veces no me dan. Pero hace mucho más: me escucha e intenta comprender mis argumentos. Y muchas veces, casualidades de la vida, resulta que me da la razón.

Mi abuela es esa señora que se desvive por mis hijos, sus biznietos. Dice que sólo le pide a Dios vivir otro año para que pueda verles jugar en verano en el huerto.

Mi abuela es esa señora que no se queda dormida después de comer, sino que sólo se queda traspuesta. Aunque se le haya caído la cabeza y ronque un poquito.

Mi abuela es esa señora que, cuando me ve con la cámara de fotos, siempre me dice que ya podría haberla avisado antes, para que le hubiera dado tiempo a arreglarse y salir guapa en la foto. Lo que ella no sabe es que siempre sale perfecta.

Mi abuela es esa señora que tiene fotos de mis hijos en el salón, en sitios bien visibles, y todas las noches les da un beso antes de irse a la cama.

Mi abuela es esa señora que me dice que, cuando no le interesa la conversación, se hace la sorda y que, cuando le preguntan cosas sobre las que no quiere hablar, se hace la tonta. Pero no se pierde un ápice de la conversación.

Mi abuela es esa señora que me quiere como mi propia madre, que me cuidó cuando me quedaba los veranos en el pueblo, que me enseñó que hay varias formas de hacer una misma cosa y a la que quiero con locura.

CONTRAS:

  1. Como he dicho, en unos pocos años se plantará en los 90. Cada día es más evidente que un día nos faltará a todos.

PROS:

  1. Sabe escuchar.

  2. Sabe dar ánimos.

  3. Quiere al Tripadre.

  4. Le chiflan los bollos.

  5. Le apasionan las flores.

  6. Adora a mis hijos.

  7. Pero, sobre todo, es mi abuela.

Resumiendo, mi abuela es esa señora que, cuando no esté, la echaré muchísimo de menos. Al fin y al cabo, ella es mi cachito de corazón.

29Jul/13

… de hacer un marco con conchas

Marco con conchas

Durante nuestros días en la playa, hay una cosa que pude hacer a ratitos con los Trastos (juntos unos días, por separado otros): recoger conchas. Hemos traído una bolsa llena de ellas. Las hay grandes, muy grandes, normales, pequeñas, minúsculas… Vamos, que hay de todo tipo y, por supuesto, color. Es una actividad que a los niños les encanta, al menos a los míos.

Tuve la precaución de llevarme una malla o red que venía con no sé qué juguete y que tenía guardada (sí, lo sé, creo que tengo un leve síndrome de Diógenes ;-)). De esta manera, la arena, una vez seca, cae al suelo y no a la bolsa donde vamos guardando las conchas. Esto no quita para, una vez de vuelta al nido, las lavemos un poco para quitarles posibles restos de arena. Yo esto lo hice en mi pueblo, así que, al volver a casa, ya las tenía listas para usar :-).

¿Y qué se me ocurrió esta vez? Pues como me encantan las fotografías, decidí no irme de la playa sin una foto de mis tres Trastos en la orilla del mar. Y, una vez conseguida tamaña empresa (hicieron falta unas 20 fotos para obtener una decente, ¡benditas cámaras digitales!), imprimirla y ponerla en un marco bonito. Y ahí entran las conchas. Se me ocurrió comprar un marco de madera, de los que venden sin tratar para que tú los barnices o los pintes, y en vez de hacer esto, pegarle las conchas. Bueno, la verdad es que esto se me ocurrió después del primer día recogiendo conchas, de ahí que las buscara de varios tamaños.

Al llegar aquí, no hubo manera de encontrar el marco que quería. Todos estaban listos para ponerles foto. Lo más que llegué a encontrar sin tratar fueron cajitas de madera. Sí, ya sé que a las cajitas también se les podrían haber puesto las conchas (mira, para hacer una cajita de recuerdos, por ejemplo ;-)), pero yo quería un marco para mi foto. Así que compré uno que no tuviera mucho relieve.

Conchas

Mi primer impulso fue darles con un pincel un poco de cola blanca a la parte de la concha que fuera a pegar en el marco. Pero fue un desastre total que, lejos de terminar con la concha pegada, acabó con mis dedos embadurnados de cola. Como digo, un desastre. Así que lo hice de otra manera. Eché un poco de la cola en un recipiente y, con un pincel, la extendí por todo el marco y después fui colocando las conchas una a una cubriendo como mejor pude la superficie. Para aprovechar alguna de las  conchas más pequeñas, las pegué sobre otras más grandes, como se puede apreciar en la fotografía principal de esta entrada.

Luego sólo quedó imprimir la foto elegida en papel y colocarla en un sitio bien visible, en mi caso, del salón. Y ahí sigue, para gozo de los Trastos y mío propio. No ha nada que mejor le venga a un marco con conchas que una foto en la playa.

CONTRAS:

  1. Encontrar el marco adecuado es, sin duda para mí, lo peor de esta manualidad. Quizás tengáis suerte y deis con el marco que iba buscando yo. Pero si no, no desesperéis. Ya habéis visto que con otro de madera se puede igualmente. Si es de plástico, no estoy yo muy segura de que las conchas se peguen bien con la cola blanca. Pero todo es cuestión de probar.

  2. He usado cola blanca en lugar de silicona por dos razones básicamente. Una es que no soy muy mañosa aún con la pistola. Y la segunda es que, debido a la primera, aún se me quedan hilos de silicona cuando trabajo con ella. Como no quería guarrear el marco, decidí optar con la cola blanca y he de decir que me fue muy bien.

  3. Recoger las conchas. Ya he dicho que a los niños les encanta, pero yo acabé un poco harte de agacharme tanto. Claro que, bien pensado, puede ser que me trajera demasiadas conchas, jejeje…

PROS:

  1. Yo compré un marco de madera, pero mi cuñada optó por coger la tapa de una caja de zapatos, recortar un rectángulo en el medio (con lo que quedaría una especie de ventana), pegarle las conchas por delante y la foto por detrás. Le ha quedado genial. Aunque no sé si aguantaría mucho tiempo colgado en la pared…

  2. Si vuestros hijos son pacientes o algo más mayores, podéis hacer esta actividad con ellos. Les va a encantar. Yo hubiera podido hacerla con el Mayor (al Mediano aún le quedan un par de años para centrarse en una actividad así).

  3. Las fotos que tengo en los portarretratos de casa están impresas en papel. No hay que gastarse más dinero para imprimirlas en papel de fotografía. Como va a ir detrás de un cristal, si no se os descuelga la impresora aclarando u oscureciendo la foto original, os puedo asegurar que no se nota la diferencia.

  4. Como la foto se puede imprimir en casa y las conchas se recogen en la playa, lo único que tenéis que comprar es el marco. Si optáis por la tapa de la caja de zapatos, ni eso. Así que conseguís por poco esfuerzo un DIY (como se dice ahora ;-)) muy barato, o gratis, con poco esfuerzo.

  5. Si no vais a pegar las conchas con vuestros hijos, sino que preferís hacerlo solas, entonces podéis hacerlo hasta viendo la tele.

Así que si vais este verano a la playa, no dejéis pasar la oportunidad. Buscad conchas y haced el marco. Es fácil y divertido. Y la foto queda genial.

26Jul/13

… de tener hijitis

Cuántas veces habremos oído aquello de que los hijos tienen mamitis. Palabro usado cuando el bebé o niño pequeño llora cuando no está su madre. Si el niño en cuestión es más grande, la mamitis se suele sustituir por el adjetivo enmadrado. Mira que son tiranos los hijos, querer estar todo el tiempo con su madre. Habráse visto despropósito semejante.

Lo que la gran mayoría recomienda en esos casos es dejarles llorar. Ya se acostumbrarán a la ausencia materna. Al fin y al cabo, una madre no puede dedicarles todo su tiempo a sus propios hijos. Una madre es, ante todo, una mujer y tiene otras cosas que hacer. Lo primero ir bella, bien peinada y con ropa recién estrenada. Lo segundo, trabajar fuera de casa, que para algo se consiguió que las mujeres pudieran acceder al mercado laboral igual que los hombres. No trabajar fuera de casa (es decir, decidir quedarse en casa) es igual a no agradecer los derechos adquiridos que tanto les costó ganar a otras épocas atrás. Y, hablando de la casa, también hay que tenerla impecable. Que una cosa es tener juguetes (unos pocos, que tampoco hay que pasarse) por en medio porque en la casa hay niños y otra muy distinta tener platos apilados esperando ser lavados o pelusillas echándose carreras por el pasillo.

Si mientras la madre hace todo esto, tiene que estar separada de su hijo, éste debe aprender a ser paciente. Adquirir independencia, leí una vez. Y digo “aprender” porque, obviamente, con un niño pequeño, con un bebé, no se puede razonar. No se le puede decir “mamá se va a trabajar pero luego vuelve” y esperar que lo comprenda.

Bueno, pues mis hijos mayores llevan, con hoy, 3 días en casa de su abuela. ¿Por qué? Porque a ellos les apetecía y a la abuela también. ¿Necesito yo que se vayan? No, aunque mentiría si no dijese que estoy algo más descansada. Así que la decisión de que se fueran fue por ellos, no por mí. Yo no soy de esas madres que se llevan las manos a la cabeza en cuando llegan las vacaciones de verano porque les agobia pasar tanto tiempo con los niños en casa.

Hablo con la abuela (que vive a 15 minutos de mi casa) todos los días. Y con mis hijos también. Están contentos, se lo están pasando bien y eso a mí me alegra. Pero una cosa no quita la otra. Les echo mucho de menos. Estoy deseando que regresen. Aunque eso implique más lío en casa o ir a la piscina cuando lo que de verdad me apetece es descansar en el sofá. Aunque eso signifique volver a batallar en las cenas para que se coman lo del plato aunque no les guste mucho. Aunque eso implique lidiar entre los dos porque uno está jugando con no sé qué dinosaurio del otro.

Voy por la casa algo perdida. Al principio, pensé que este tiempo sola con el Peque me permitiría poner la casa al día, pero no ha sido posible. Me lío con pequeñas cosas. No me concentro como esperaba. Creo que tengo hijitis. Palabro que invento para designar el estado emocional de una madre cuando echa de menos a sus hijos.

Soy adulta y capaz de razonar. Y, aunque sé que mis hijos están bien, que sólo es cuestión de unos pocos días, que volverán a casa hoy mismo… no puedo evitar echarles de menos. Ahora entiendo por qué lloran los bebés cuando no ven a su madre cerca. Y, aunque obviamente, yo podría acostumbrarme a no verles, no por ello les echaría menos en falta. Soy adulta y no voy a llorar. Después de todo, se fueron con mi consentimiento, pero eso no significa que no les extrañe a lo largo del día, que no piense en qué estarán haciendo o, si veo su serie favorita en la tele, me pregunte si la estarán viendo. Así que, está confirmado, tengo hijitis.

CONTRAS:

  1. Ando por la casa como si me faltara un pie. Casi todo lo que tenía pensado hacer estos días se ha quedado en el cajón de las buenas intenciones.

  2. Echo de menos sus besos, sus buenos días, sus risas, sus “¡mira, mami!”…

PROS:

  1. En estos días he podido centrar toda mi atención en el Peque. Todos los juegos han sido para él. Y esto es lo que más agradezco. En el día a día, los mayores reclaman gran parte de mi atención y es agradable poder centrarme completamente en el Peque de la casa.

  2. Espero que ellos también me hayan echado de menos, aunque sólo sea un poquito ;-).

Me encanta estar con mis hijos, con los tres. No me agobia pasar tiempo con ellos ni el verano se me hace interminable, como he oído decir a algunas madres del colegio. A pesar de las peleas, los gritos y los lloros, me gusta que estén conmigo porque también me gustan sus risas, sus ocurrencias y sus besos. Soy consciente de que ellos disfrutan mucho estando con la abuela unos días, por eso se van. Pero sólo unos pocos, ¿eh?, que me parece que las pastillas para la hijitis no se han inventado todavía.

24Jul/13

… de mi pueblo

Pueblo

En un lugar de Extremadura…

Tras pasar unos días en la playa, nuestras vacaciones no podían terminar sin pasarnos por mi pueblo. El Tripadre no tiene pueblo, a menos que Madrid pueda ser considerado como tal. Así que el pueblo de los Trastos es el mío. Allí viven una tía mía y mi abuela materna, a la que me siento especialmente unida desde que tengo uso de razón.

Si os digo que después de estos días en la playa tan atípicos, el paso por mi pueblo fue una bocanada de aire fresco me quedaría corta. Supongo que es algo común a todos los pueblos, pero hoy os voy a hablar del mío.

En mi pueblo el tiempo es un bromista y, aunque parece detenerse, lo cierto es que pasa muy deprisa. La hora normal de levantarse es más bien tarde. En mi casa no me levanto yo a las 11 de la mañana ni en el mejor de mis sueños. Se come a las tres o más tarde. La siesta es obligatoria. La merienda suele ser entre las 7 y las 8 de la tarde. Así que la cena ronda las 11 o las 12 de la noche. A la cama, si no quieres trasnochar, te vas a las 2 de la mañana. Las prisas se quedaron en la playa.

Mi abuela tiene una casa de las de antes, con sus muros de piedra que llegan, fácilmente, al metro de ancho. ¿Calor? Sólo si sales al huerto, donde el sol pega a rabiar. Cuando vivía mi abuelo, recuerdo el huerto lleno de cosas para sembrar. Especialmente habas, donde siempre había muchas mariposas. También había cabras, gallinas, perros, gatos, una mula y algún cerdo de vez en cuando. Ahora sólo quedan 3 gatas. Las flores siguen ahí, como siempre. Igual que los olivos, el pozo y la pila que usaban mi bisabuela y mi propia abuela para lavar la ropa.

Desde que mi abuelo no está, la casa y el huerto han sufrido transformaciones. Por ejemplo, en una esquina del huerto, donde antes sólo había más plantas, ahora hay un suelo de cemento pensado especialmente para poner una piscina en verano. Mis hijos la disfrutan como niños. Si no te quieres bañar, coges una silla, la pones bajo un olivo y allí, a la sombra y con el airecito, puedes disfrutar del chapuzón.

La casa se llena de risas y gritos (no voy a negarlo) como supongo que pasaba cuando íbamos mi hermana y yo hace ya tres décadas. Mi abuela y mi tía se lo perdonan todo a mis Trastos, como también hacían con nosotras.

Os voy a contar un secreto. Cuando era pequeña, no había en el mundo mejor lugar que mi pueblo. Sin embargo, en mi adolescencia odiaba estar allí, no por mi pueblo en sí, sino porque eso significaba estar lejos de las amigas (hay que ver lo tontas que nos volvemos sobre los 16 años). Cuando el Tripadre y yo nos hicimos novios, crucé los dedos para que le gustara mi pueblo. Y debí cruzarlos muy fuertemente porque, más que gustarle, le encantó. Y volvemos cada año. Como ya he dicho, primero como novios, después como recién casados, luego con cada uno de los Trastos.

Me alegra ver lo bien que nos lo pasamos todos allí. Mis hijos persiguiendo gatos y disfrutando de ese pedacito de naturaleza. El Tripadre menos pendiente del móvil, en parte porque la cobertura no es plena y en parte porque las prisas se quedan fuera de la casa, como por arte de magia. Y yo recordando lo bien que me lo he pasado siempre en la casa de mi abuela y disfrutando del momento. Y así, sin darnos apenas cuenta, han pasado los días y toca volver a casa. Hacer la maleta siempre es duro. En la despedida siempre hay lágrimas.

CONTRAS:

  1. He estado pensando algo que no me guste de mi pueblo y sólo puedo decir que el hecho de que los días más que correr, vuelan.

PROS:

  1. Allí se puede saborear cada momento del día. No hay prisa. Todo tiene otro ritmo más pausado.

  2. El Tripadre alguna vez me ha propuesto irnos de acampada. Yo paso. No me atrae en absoluto porque para ir a la naturaleza y respirar aire puro ya está mi pueblo. Y además, están mi tía y mi abuela.

  3. Me enorgullece que mis hijos puedan disfrutar de lo mismo de lo que yo disfruté cuando era niña. Cierto que no hay tantos animales y que no está mi abuelo, pero aún así sigue siendo mi rincón escondido del mundo.

  4. Mi tía y mi abuela, a la que sólo vemos en verano y en Navidad, están allí.

Bueno, seguro que ahora entendéis por qué me atrae tanto plantar cosas, enseñarles a mis hijos de dónde vienen las verduras y hortalizas, por qué no les digo que no a tener caracoles en casa (por cierto, ahora tenemos también dos saltamontes) y por qué tenemos intención de seguir yendo cada verano a mi pueblo.

Y vosotros, ¿también tenéis pueblo o un rinconcito especial donde volvéis cada año?

22Jul/13

… de la botella maraca que esconde tesoros

Botella

Hoy vuelvo con otro juguete casero DIY a más no poder. Como su propio nombre (inventado por mí, todo he de decirlo) indica, es una botella que esconde tesoros que hay que descubrir, pero también suena cual maraca.

De nuevo, se necesita poca cosa: una botella o recipiente similar (resistente a los golpes y que no se rompa o que, si lo hace, no suponga un peligro para el niño), arroz, tesoros y pegamento o silicona. La idea consiste en echar a la botella juguetitos pequeños, como los que salen en los huevos sorpresa, o cosas como ojos saltones de manualidades, botones pequeñitos con alguna forma divertida, etc. Se rellena de arroz, pero no del todo, para que se pueda mover con facilidad. Yo eché también algo de brillantina, pero reconozco que no tuvo el efecto espectacular que pensé que tendría, así que no recomiendo echarla.

Para finalizar, se pone pegamento o silicona en el tapón y se cierra. Así evitamos que los peques puedan abrir el tapón y se desparrame todo el arroz y demás tesoros. O peor aún, que acaben en sus boquitas y se atraganten. Esperamos un tiempo a que haga efecto y ya está lista para jugar.

CONTRAS:

  1. Al ser de plástico la botella y al no estar hasta arriba de arroz, con el uso, se va aplastando y se deforma. Es algo más visual que otra cosa, pues sigue ejerciendo su función como juguete a la perfección.

  2. A mí me costó encontrar “tesoros” que cupieran por la abertura de la botella. Para paliarlo, eché hasta clips. Se me ocurre que, entre tanto arroz, también se puede echar algún garbanzo, una concha pequeña o una piedrecita oscura. Al final, se trata de encontrar cosas entre tanto arroz.

PROS:

  1. Lo pueden usar los bebés grandes (al Peque le encanta moverla para hacerla sonar como maraca) y los niños algo más grandes (como mis Trastos mayores) para encontrar los tesoros escondidos.

  2. Cuando ya no dé más de sí el juguete, se abre (con unas tijeras si no conseguís abrir el tapón) y, tal como está, se echa el contenido en otra botella nueva. Sólo hay que pegar el tapón para volver a tener una botella maraca esconde tesoros nuevecita ;).

  3. Cuando lo vio mi madre pensó que no duraría más de dos telediarios. Estaba convencida de que, a la primera que se cayera al suelo, se rompería y el arroz saldría disparado por todo el suelo. Bueno, pues yo he perdido la cuenta de las veces que se ha caído la botella y el arroz sigue dentro.

  4. El juguete ocupa poco espacio y, aunque pesa, tampoco es algo excesivo. Recordad que un bebé de un año es capaz de jugar con la botella y hacerla sonar.

  5. Yo lo he hecho con arroz, pero ahora que es tiempo de vacaciones a la orilla del mar, supongo que también se puede hacer con arena de playa.

  6.  A diferencia de la carretera de tela (que parecía más para niños), este juguete sí que sirve tanto para niños como para niñas ;-).

Como veis, esta botella multiusos es otro juguete barato, que se hace con cosas que hay en casa. Si se rompe, es fácilmente reemplazable por otra igual. Si se pierde, tampoco es algo valioso. Al llegar a casa se puede hacer otra igual.

Cuando queráis mantenerles tranquilos un ratito, dadles la botella a vuestros retoños y decidles que busquen lo que hay escondido entre el arroz. Un ratito sentados os aseguro que estarán. Sobre todo si hay algún tesoro que se les resista a aparecer. Mi sobrina estuvo un buen rato buscando el ojo saltón.

Aunque versiones en Internet de esta botella hay unas cuantas, yo tomé la idea de aquí. Y como siempre os digo, si os animáis a hacerla, acordaos de volver a contarme cómo os fue el invento.

20Jul/13

… del Premio Liebster Blog

Premio Liebster Blog

Una semana más, vuelvo con otro premio. En esta ocasión, se trata del Liebster Blog y me llega a través de Blog para escribir, Bea, mamá de dos, La morada de Nieves y En paro biológico. Y ya está en Gracias.

De nuevo, toca contestar una serie de preguntas. Así que, sin más dilación, me pongo manos a la obra porque son unas cuantas ;).

  • ¿Qué te llevó a crear el blog?

    Unas ganas locas de escribir y formar parte de la blogesfera maternal.

  • ¿Cuál es tu libro favorito?

    Pues creo que Cinco horas con Mario, de Miguel Delibes.

  • ¿Y tu película?

    Tengo varias. Por decir una, diré Tomates verdes fritos.

  • ¿Qué películas odias o te arrepientes de haber visto?

    Pues cualquiera de miedo o que tenga escenas demasiado explícitas de dolor, abusos o torturas.

  • Si pudieras tener un súper poder, ¿cuál sería?

    Parar el tiempo o leer el pensamiento. Cualquiera de los dos me vale ;).

  • ¿A qué libro cambarías el final?

    A uno que se llamaba La mansión de los abismos, que empezaba muy bien, parecía de misterio tipo Ágatha Christie y al final resultó tener un final de ciencia ficción que no me gustó nada.

  • ¿Qué género literario te gusta?

    Novela.

  • ¿Y cuál no?

    Ensayo. Aunque La rebelión de las masas de Ortega y Gasset me lo leí con ganas.

  • ¿Qué te gustaría más, viajar al futuro o al pasado?

    Paso de elegir, me quedo con los dos :-P.

  • ¿Cuál es tu grupo musical favorito?

    Pues ahora mismo, ninguno. Prefiero las canciones.

  • ¿Ebook o libro de papel?

    Papel, siempre papel.

CONTRAS:

  1. Tanta pregunta literaria me ha recordado un poco al premio Los siete pecados capitales de la lectura.

  2. No me gustan las disyuntivas. Al final, como es todo pura hipótesis, he decidido quedarme con las dos opciones, jejeje…

  3. Con este premio, tampoco tengo claro a cuántos blogs hay que pasarlo, así que se lo voy a pasar a 3. ¿Por qué? Porque me viene bien.

PROS:

  1. Estoy encantada de que me sigáis premiando. En serio. Mil gracias.

  2. Espero que, después de tanta pregunta, me vayáis conociendo algo mejor :).

  3. Y también sigo encantada de seguir premiando a los blogs que me gustan :).

Y, una vez contestadas todas las preguntas y puestos mis pros y mis contras, voy a pasar el premio a mis últimos descubrimientos. He aquí mis premiados (redoble de tambores por detrás :-D).

No os hagáis de rogar y pasaos ya por sus blogs. Veréis cómo me sobran razones para premiarlas ;).

19Jul/13

… de nuestros días en la playa

Playa

Es el primer verano que paso con el blog. La gran mayoría de cosas que esto implica me pilla de nuevas. Aunque aquí relato cosas cotidianas que ocurren de verdad o que pienso sinceramente, soy algo recelosa con la intimidad de mi familia y la mía propia. Por eso, no he dicho cuándo ni dónde nos íbamos de vacaciones este año.

Hemos estado dos semanas fuera, más o menos. La primera escala ha sido en la playa, donde hemos ido con mis suegros, cuñados y sobrinos. Y ha sido un no parar. Pensé yo que podríamos desconectar y relajarnos en las rutinas que tan por el camino de la amargura nos traían al final de curso. Y al menos yo no me he podido relajar ni 15 minutos seguidos. Si no era porque había que irse ya a la playa, era porque había que comer ya o, si no, porque era la hora del baño.

Y yo a todos lados con el Peque. Pendiente del reloj. Y los Trastos mayores trasteando con sus primos. Y el Tripadre sin poder despegarse del móvil porque hubo lío en la oficina y tuvo que solucionarlo desde la distancia. Y, también voy a decirlo, el Tripadre y yo un poco mosqueados por comentarios y acciones que cuestionaban nuestra forma de educar a nuestros hijos.

Personalmente, no culpo a nadie. El problema radica en tratar a todos los niños iguales cuando no lo son y en no querer ver que cada padre tiene una forma de educar a sus hijos que sólo es válida porque funciona con él como padre (o madre) y con su hijo. Otro padre y otro hijo tendrá otra forma válida y, de la misma manera que nuestra forma no funcionaría con ellos, su forma no funciona con nosotros. El Mayor y el Mediano son distintos, lo que vale con uno no sirve para el otro. Eso es aún más acusado cuando se trata de primos. A esto le sumamos comentarios al Tripadre del tipo “apaga ya el móvil” cuando no podía hacerlo o comentarios a mí como “hay que ver, este niño todo el día en el carro cuando lo que quiere es suelo” mientras que yo no daba a basto entre purés y lloriqueos.

Además, hay que añadir que cada uno en su casa tiene sus rutinas y su forma de hacer las cosas. El ritmo de mi casa no se parece en nada al que tiene mi madre o mi cuñada en las suyas. Yo soy pausada, mi hermana es un culo inquieto. Yo tengo que vestir a un Trasto mientras el otro intenta saltar en la cama. Mi cuñada viste a mi sobrina mientras mi sobrino se entretiene tranquilamente coloreando dinosaurios. Yo tengo que subirme de la piscina media hora antes para bañar al Peque y ducharme yo antes que el resto de mi familia para que nos dé tiempo a ir a cenar a la hora estipulada con los demás; mientras que mis suegros y cuñados (sobrinos incluidos) están listos media hora antes de la cena.

Como os decía, un no parar. Algo pude relajarme a la orilla de la playa, buscando conchas con el Mediano y el Mayor mientras el Peque quedaba a recaudo del Tripadre y abuelos. También he tenido mis momentos de paz cuando me iba a la cama justo después de cenar para que el Peque mantuviera, dentro de lo posible, su rutina mientras que el resto se quedaba paseando o tomándose una cerveza. Era entonces cuando aprovechaba para intentar responder a vuestros comentarios.

CONTRAS:

  1. Durante esos días playeros, creo que, a parte del viaje en coche, cambiamos unas rígidas rutinas por otras. Menos rígidas, sí, pero rutinas al fin y al cabo que me impidieron relajarme como pensaba.

  2. El Tripadre y yo volvemos con un poco de mal sabor de boca por los comentarios recibidos.

  3. Queda demostrado, una vez más, que salir de viaje con tres niños pequeños es complicado. Mejor no os cuento cómo iba el coche. El famoso juego del Tetris al lado del maletero resultaba pan comido.

  4. Por mucho que se quieran mantener las rutinas de los bebés, se pierden y es difícil volver a instaurarlas. Si ya os hablaba hace poco del famoso por un día no pasa nada, imaginaos 15 días fuera de casa.

PROS:

  1. Mentiría si no os dijera que, a pesar de todo, está bien cambiar de aires.

  2. Los Trastos mayores han venido encantados. No por la playa en sí, que al Mediano no termina de convencerle, sino por haber pasado unos días con sus abuelos, tíos y primos.

  3. He de confesar que he pasado ratos apartada del resto de la familia (incluyo a ambas capas de la cebolla), pero ha sido decisión mía, por querer hacer las cosas a mi manera y no a la de los demás. Así que eso también me lo apunto a mi favor. Además, esos ratos me han servido para relajarme un poco.

  4. También mentiría si no dijera que algunas veces me han echado una mano con el Peque. Y entonces pude terminar mi cena tranquilamente.

Quería que me hubiera salido una entrada más alegre, pero es que este año los días en la playa se han teñido de un sabor agridulce. No sé muy bien por qué, la verdad. El Tripadre y yo aún andamos dándole vueltas al asunto.

17Jul/13

… de hacer una carretera con un pantalón

Carretera de tela

El juguete de moda en casa no lo hemos comprado en ninguna tienda. Tampoco nos lo ha regalado nadie. Ni siquiera nos ha tocado en un concurso o similar. El juguete que triunfa (de momento) en casa es un DIY (do it yourself) en toda regla. Fácil y barato. Y echo con estas manitas que ahora mismo teclean. Da igual lo torpe que os consideréis en manualidades o parecido, podéis hacerlo. Y vuestros hijos van a disfrutarlo seguro. Y, sí, en este caso uso el masculino con conocimiento de causa, no es su uso genérico. Lo siento, es lo que tiene tener tres niños. Pero las madres de niñas que no se echen para atrás. Seguro que podéis amoldar la idea a los gustos de vuestras retoñas (mirad en los pros finales ;)).

Con todo el lío del cambio de armario, siempre aparece ropa que ya no se va a usar, bien porque está rota o destrozada o bien porque ya no vale de talla. Cuando el calorcito tuvo a bien aparecer para quedarse, al revolver el armario, aparecieron unos pantalones del Tripadre rotos por la rodilla. Los tenía guardados para ponérselos en casa, cuando ejerciera de manitas. Ejem. Pero nunca les dio ese uso. Así que los usé yo, jejeje…

Lo primero que hay que hacer es cortar la tela de una pierna dejando a un lado las costuras verticales. Y se guardan para después. Con la tela ya cortada, está lista para usar. Tomamos como medida uno de los coches con los que más jueguen los retoños. Se usa el ancho de referencia y, a partir de ahí, se corta la carretera, con espacio para dos coches. Yo decidí cortar una carretera recta, otra con media curva, otra con curva de 180º y un cruce de cuatro (forma de cruz). De las rectas corté cuatro; del resto, dos. Luego sólo hay que dibujar los carriles con un rotulador. Ya están las carreteras. Más fácil imposible. Y eso usando sólo con las tijeras.

Para guardarlas, se puede usar una bolsa de plástico o cualquier otra bolsa o bolso que tengamos en casa rondando. Sin embargo, también se puede usar el mismo pantalón. Yo cogí el bajo de una pierna, la que quedaba entera, a suficiente altura como para que cupieran las carreteras y algún coche. Cosí la parte de arriba, que luego sería el fondo de la bolsa (dejando el dobladillo del pantalón abierto). Luego, por la parte del dobladillo, que es la abertura de la bolsa, le cosí la costura que reservé a modo de asas. Para rematar y evitar pérdidas de carreteras y coches, cosí un velcro (me pareció mejor idea que una cremallera y, además, de ésta no tenía en casa) a lo largo de la abertura. Y ya está hecha la bolsa.

Para rematar, pinté unos dibujos también de carretera en la bolsa con el mismo rotulador. Así es más divertida y, además, me sirve para saber qué es lo que contiene la bolsa, no vaya a ser que, después de hacerla, la extravíe. Algo de lo que yo soy muy capaz, por despistada…

CONTRAS:

  1. Hay que coser, no os voy a engañar.

  2. Aunque se puede hacer con cualquier tela, un pantalón seguro que aguanta más el trote. Pero es mejor que sea un pantalón de adulto para tener más carretera que cortar.

  3. Hace falta espacio para montar la pista. Preferiblemente en el suelo. Pero no hace falta usar todas las carreteras de golpe, se pueden sacar en función del espacio que haya en el suelo.

PROS:

  1. Se reutiliza ropa que ya no sirve. Esto, ya de por sí, siempre está genial.

  2. Aunque haya que coser, no es necesario saber hacerlo muy bien. Si sabéis coser un botón, podéis hacer la bolsa. No se necesita máquina de coser. Y lo demás es sólo cortar y pintar rayas. Eso todo el mundo sabe hacerlo. Hasta yo 😉

  3. Se consigue un juguete barato y, creo yo, bastante resultón.

  4. Por Internet hay cosas muy chulas. Si buceáis por la red, seguro que encontráis más ideas inspiradoras. Yo no sé cómo se hace, pero si sabéis, podéis ponerle detalles de quita y pon, como semáforos o señales.

  5. En el caso de las niñas a las que no les gusten las carreras, se me ocurre que se pueden hacer estancias de la casa para las muñecas. O incluso algún bosque o zoo para jugar con animales.

  6. No pesa y tiene asas. Así que es fácilmente transportable. Lo pueden llevar hasta los niños.

  7. Las carreteras se montan al gusto del consumidor. Así que el niño siempre puede hacer pistas distintas.

  8. Si se pierde alguna o quieren carretera de otra forma, sólo hay que volver al pantalón inicial. A mí me sobró casi una pierna entera. Así que tengo reserva para rato.

  9. Se puede montar una pista con todas las carreteras, pero también se pueden dividir para montar dos pistas. Por si hay peleas… aunque es más divertido echarse carreras.

  10. Yo lo hice pensando en carreras de coches, pero luego me he dado cuenta de que también se pueden usar chapas (¿os acordáis de ellas en el patio del colegio? Qué tiempos…), piedrecitas, etc.

¿Qué os ha parecido el juguete casero? Yo vi la idea trasteando por Internet (que no sólo de blogs vive mi ADSL, jejeje). Como pasó con la caja de recuerdos, hay muchas webs que tratan el tema, pero yo cogí la idea de aquí.

Si os animáis a hacerla, no os olvidéis volver a contarme qué tal os ha ido y si vuestros peques disfrutan con ella.

15Jul/13

… de mandar al Mediano a buscar su bañador

Bañador

Mis Trastos se hacen mayores. Lo sé porque cada día hacen más cosas por sí solos, cada uno dependiendo de su edad. Lo veo en el Mayor cuando él solo se ofrece y se prepara su desayuno. A veces también el del Mediano. Lo veo en el Mediano cuando me incrusta el “¡¡¡yo solo!!!” en el oído. Lo veo en el Peque cuando da sus primeras carreras por el pasillo.

Dicen que está bien fomentar esa independencia, que les da seguridad en sí mismos, que les hace fuertes. Y el Tripadre y yo estamos totalmente de acuerdo. Él más que yo, todo hay que decirlo, porque cuando él se siente súper orgulloso yo me siento algo triste porque veo que poco o nada va quedando ya de aquellos bebés que se me dormían en brazos colgados a la teta.

Pero con todo el dolor de mi corazón y una inmensa alegría por lo bien que lo hacen a partes iguales, ahí me hallo alabándoles cada logro que consiguen. Por la edad, el que más metas está alcanzando ahora es el Mediano (va camino de 4 años). Se quita la ropa solo, empieza a vestirse solo también (aunque aún hay que ayudarle), se lava sus manos solo, cada vez necesita menos ayuda para comer (nada si se trata de un cuenco de helado), le encanta que le mande recados (como tirar el pañal del Peque a la basura) y aplaudirle cuando vuelve con la misión cumplida.

Así que el otro día, estando en mi pueblo, como quería meterse en la piscina que había montado mi tía para ellos, no se me ocurrió otra cosa que mandarle a buscar su bañador. ¿Dónde? Pues a la habitación donde estaba la ropa que se ponían a diario, con la maleta medio llena de ropa por un lado y medio llena de pena por tener que irnos al día siguiente por el otro, y donde tenía también la crema y los pañales del Peque. El bañador estaba en un silla a simple vista, nada más entrar por la puerta se veía.

Así que, después de haber pasado 5 minutos desde que mandé al Mediano a buscarlo y desde que él se fuera a la habitación todo dispuesto a volverse con el bañador, me extrañó mucho que no volviera con la prenda en la mano pidiendo ayuda para ponérselo “él solo”. Tampoco se oía ruido alguno. Esto ya de por sí debería haberme puesto sobre aviso. Ingenua de mí, pensé que el pobre seguramente se habría quitado pantalones y calzoncillos y estaría intentando ponerse, sin éxito, el bañador. Así que me asomé dispuesta a ayudarle en tan ardua empresa.

Él notó mi presencia antes que yo la suya (es lo que tiene ser tan delgado, que tengo que mirar dos veces para verle ;)) y me dijo “mamá, no encuentro el bañador… ¿me ayudas a buscarlo?”. Para cuando terminó la frase yo ya le había ubicado en la habitación. Estaba encima de la cama, justo en frente de la maleta, sacando la ropa cual dibujo animado y buscando desesperadamente su prenda de baño. Había ropa en el suelo, había ropa encima de la cama y había ropa volando por los aires. ¿Y su bañador? Pues encima de la silla, tal y como yo lo había dejado un rato antes.

Lo primero que se me vino a la garganta fue un grito en plan “¡Pero qué estás haciendo?”. Grito que al final quedó ahogado por un suspiro y un “mi vida, ahí no está. Está aquí, en la silla… Anda, ven, que te ayudo a ponértelo” muy resignado, pues caí en la cuenta de que le había mandado a buscar su bañador “a la habitación”, sin más. Mea culpa.

CONTRAS:

  1. Ellos aprenden a hacer cosas por sí solos. Los padres aprendemos a dar instrucciones claras. Con lo fácil que hubiera sido decirle: “el bañador está en esa habitación, sobre la silla. Si no lo ves, me llamas”. Cabezazos contra la pared.

  2. No vuelvo a dejar que mis hijos se acerquen a una maleta (abierta; de nuevo, mea culpa) hasta que tengan edad para conducir. Y aún entonces deberán demostrar que son capaces de pasar por su lado sin desmontarla.

  3. Hacer una maleta me cuesta horrores. Si es para volver a casa, me cuesta sudor y lágrimas. Sangre sólo si me pillo un dedo con la cremallera.

PROS:

  1. Muchas veces los padres nos enfadamos porque los hijos no hacen lo que nosotros queríamos. Será que yo ya voy por el tercero, pero me he dado cuenta de que los niños no son capaces de leernos el pensamiento. Antes de enfadarse es mejor pararse a pensar si dimos las indicaciones correctas. Yo lo he aprendido a la fuerza.

  2. Prefiero ayudarle a buscar su bañador que regañarle por intentarlo. Al fin y al cabo, fui yo quien no dio las instrucciones correctas. Y así, de paso, no mermo su autoestima. Quizás el día de mañana pueda mandarle a buscar una camiseta y no piense que no puede hacerlo.

Para terminar, os diré que mientras él se bañaba feliz en la piscina con sus hermanos y mi tía, yo me tuve que quedar a recoger la ropa, volver a ordenarla por tamaño y, de nuevo, a medio meterla en la maleta con más pena aún que la primera vez porque al día siguiente poníamos rumbo a casa y se nos acababa lo bueno.

13Jul/13

… de recibir el premio Seven things about me

Premio Seven things about me.

Poco a poco voy poniéndome al día con los premios. Hoy dedico mi entrada número 100 (sí, habéis leído bien, ¡hemos llegado a 100! Y digo “hemos” porque esto sin vosotros leyendo al otro lado no sería posible ¡mil gracias! :-)) al premio Seven things about me para regocijo de los más cotillas :D. Lo recibo de la mano de Blog para escribir, Bea, mamá de dos y La morada de Nieves. Tres blogs geniales que, si no conocéis, ya estáis tardando en ir a echarles un vistazo.

Respecto al premio (que ya está en Gracias), tal como dice en su nombre, tengo que contar siete cosas sobre mí. Siete. Las que a mí me dé la gana. Así que aquí voy…

  • Me están empezando a salir canas. Bueno, ya empezaron con el Mediano, pero ahora se me ven más…

  • Me gusta más el olor del café que su sabor. Será por eso por lo que me lo tomo con una “islita” de azúcar, como dice el Tripadre.

  • Me mordí las uñas desde los 5 años hasta los 15, más o menos. Y ya no he vuelto.

  • Me encanta remolonear en la cama. Por eso, si puedo, prefiero ponerme el despertador 5 o 10 minutos antes de la hora a la que tenga que levantarme.

  • Tengo un tatuaje.

  • De pequeña quería ser veterinaria, ya lo sabéis, pero cuando crecí un poco más empecé a soñar con ser escritora.

  • No suelo usar maquillaje. Me suele bastar con el lavado de cara mañanero.

Y ahora mis pros y mis contras. ¿O pensabais que no os los iba a poner? 😀

CONTRAS:

  1. Esto de contar cosas sobre mí, sin una entrada que lo sustente, me cuesta mucho… Me pongo en plan “¿lo pongo o no lo pongo? ¿Les interesará o no?”.

  2. Últimamente publico una entrada sobre premios a la semana, espero no aburriros con ellas pero es mi manera de agradecérselo a quienes me premiaron.

  3. Con este premio en concreto no tengo ni idea a cuántos blogs he de pasárselo…

PROS:

  1. Me encanta pasar el testigo del premio a otros blogs. De nuevo, espero que les haga tanta ilusión como me hizo a mí recibirlo.

  2. Sigo contándoos cosas sobre mí. Así vais conociendo un poco más a la persona de carne y hueso que hay detrás de este blog :).

  3. Sigo sin creerme que alguien piense que mi blog se merece un premio…

  4. ¡Ya son 100 entradas! Otra vez, muchísimas gracias 😀

Bueno, pues como he dicho antes, no tengo ni idea de a cuántos blogs tengo que premiar según este Premio. También he dicho que llevo varias semanas otorgando premios. Así que, para no ser cansina, se lo voy a otorgar a 5 blogs amigos.

Como siempre, ya estoy deseando leer 7 cosas sobre vosotras ;).