Carta abierta a mi Mayor (11 años)


Carta abierta Mayor (11 años)

Queridísimo Mayor:

Esta semana cumples 11 años y ya te veo la adolescencia apareciendo detrás de las orejas. A veces te miro y me parece oírte pensar que nadie te entiende, entonces me da pánico y me da pena… Tengo miedo de no saber estar a la altura de los nuevos cambios que vas a experimentar dentro de poco. Y me da pena aquellos años en los que todo lo solucionaba un beso de mamá.

Eres responsable a ratos y contestón a otros. Te desvives por tus hermanos, pero reclamas con fuerza y tenacidad tu propio espacio. Y entonces chocáis y todo se vuelve caos, gritos y lágrimas. Vuelvo a sentirme una madre primeriza, sin saber qué hacer o cómo actuar para que sepas que siempre puedes contar conmigo, pero que eso no significa que te vaya a dar la razón si no la tienes. Ya sabes que yo te quiero aunque esté enfadada contigo.

Recuerdo tus primeros meses, cuando tenía miedo de todo y te cogía como lo más preciado de este mundo, porque en realidad lo eras, con temor a que te me fueras a resbalar de mis brazos. Hoy te hablo con paciencia y con cuidado también, con miedo a dañarte por dentro con mi mejor intención.

Pero, de nuevo, ahí estás tú, como siempre has estado, para darme un beso con un «te quiero, mamá» que me susurra al corazón que algo debemos de estar haciendo bien Papá³ y yo. Eres un chico listo y noble. Y digo «chico» y se me encoge el alma porque ya casi no puedo llamarte niño, ¿cómo podría con tus once años? ¡Si ya hasta tienes el mismo número de zapatillas que yo!

Todas las noches paso a darte un último beso de buenas noches y, cuando te veo dormido, con tus pies que casi llegan ya al final de la cama, no me puedo creer que hace un suspiro cupieras en mis brazos. Hace nada hacías la colección de los coches de Cars y ahora me hablas de nuevos videojuegos y de lo bien que te lo pasas en las excursiones en las que duermes fuera de casa.

Quisiera poder detener el tiempo, ahora que aún tienes esa inocencia de niño y que aún no has conocido la maldad que hay en el mundo. Quisiera poder decirte que no crecieras más o que, al menos, te dieras un tiempo en el que no crecieras. Pero, como no puedo, me conformo con abrazarte y colmarte de besos y amor ahora que todavía no te da vergüenza ni te incomoda, ahora que todavía me dejas y me lo pides.

Queridísimo Mayor, esta semana te plantas en los once años como si fuera lo más normal del mundo. Y, mientras soplas las velas y pides tu deseo, yo intentaré congelar ese momento, pensando y pensando cómo es que ya han pasado once años desde la primera vez que vi tus preciosos ojos color miel.

Te quiero hasta donde acaban los números y aunque no te dé la razón. No lo olvides nunca.

¡Muy feliz cumpleaños!


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