… de lo que no han heredado mis hijos de mí

Lo que no heredaron mis hijos de mí

Cuando estaba embarazada o incluso cuando era joven y soltera, me gustaba imaginarme cómo serían mis hijos. O más bien mis hijas porque, dado el historial familiar por parte de la familia de mi madre, no parecía probable que yo tuviera niños. Pues toma tres tazas. Pero volviendo al lío, me gustaba imaginarme haciendo cosas con ellos, para lo cual tendríamos que compartir algunos gustos. Con el paso del tiempo, hoy tengo muy claro lo que no han heredado mis hijos de mí.

A lo largo de estos 10 años (casi once) que llevo siendo madre, me he dado cuenta de que mis hijos y yo no compartimos los mismos gustos. Y esto está bien, yo nunca pensé en mi descendencia como clones míos. Sin embargo, esos gustos y aficiones que no compartimos a veces hacen complicado disfrutar de un tiempo juntos. Por ejemplo, el fútbol, que yo no me considero futbolera y, por el contrario, mis hijos son grandes forofos de este deporte.

Así que, sin más dilación, paso a contarte cinco cosas que mis hijos no han heredado de mí (y que me hubiera gustado que sí):

① El gusto por la lectura

A la edad que tiene el Mayor ahora, yo ya devoraba libros. Aunque es cierto que antes era otra época en la que los móviles y las consolas no existían. Muchas veces, me emociono yo más con un libro infantil que mis hijos. Incluso ahora, que soy adulta, disfruto leyéndome sus libros y me da por pensar en cuánto los habría disfrutado yo si los hubiera tenido a su edad.

② Cuidar sus cosas

Yo he cuidado tanto mis cosas que muchas ni las usaba. Es cierto que esto no es lo ideal, pero es que, si yo estaba en un extremo, mis hijos están claramente en el opuesto más opuesto. Sufro yo más que ellos cuando se les rompe un juguete, pierden un balón o se ensucian una camiseta de sus favoritas. Tampoco se les caen los anillos por tener las cosas tiradas por el suelo, hasta sus muñecos preferidos son usados como balones de fútbol dentro de casa si me descuido y solo parecen preocuparse por ellos cuando no los encuentran.

③ No decir palabrotas

A mi edad digo muy pocas palabrotas («coño» y «joder» básicamente). Y eso ahora, de niña no decía nada que fuera más fuerte que un «jopé», especialmente delante de mis padres. Sin embargo, mis hijos son unos palabroteros. Empezó el Mayor y le han seguido el Mediano y el Peque por imitación, me temo. Además, sus palabrotas no son como las mías, ellos las dicen más fuerte y sin ningún reparo delante de Papá³y de mí. Hemos probado varias cosas para acabar con esta costumbre, pero ninguna no ha funcionado completamente.

④ Disfrutar con las manualidades

A ver, a mis Trastos les gustan las manualidades (bueno, al Mayor ya algo menos) pero solo durante un ratito. Mientras yo podía tirarme de pequeña todo un día haciendo alguna manualidad, a mis hijos no les pidas más de 15 o 20 minutos dedicados a la tarea. Les entran las prisas o empiezan a aburrirse. He comprobado que las que mejor van con ellos son las que hay que hacer por partes, por ejemplo, pintar y dejar secar para seguir al día siguiente. Para mí esto significa dejar las cosas por medio varios días, pero todo sea por la manualidad y para que la disfruten.

⑤ Disfrutar pintando y dibujando

Cuando era niña, me hubiera encantado saber dibujar. Yo lo intentaba, pero, oye, que no había manera, había que echarle imaginación a mis dibujos. Sin embargo, me encantaba colorear. Recuerdo que mis padres me compraban grandes libros con dibujos para pintar y colorear. Y, quizás por eso, yo también les he comprado a mis Trastos desde que eran pequeños estos libros para que colorearan los dibujos. Poco los han usado, la verdad. Lo que más les gusta es buscar dibujos para colorear en Internet que yo les imprimo. No mentiré, muchos de estos dibujos quedan a medio pintar y solo terminan una pequeña parte.

CONTRAS:

  1. Hay cosas, como el gusto por la lectura, que yo sigo intentando que les cale porque, como gran devoradora de libros (que al menos fui una vez porque ahora me falta tiempo), sé que se están perdiendo un mundo de aventuras y conocimientos fantástico. Pero es complicado hacerlo sin obligarles a ello.

  2. Respecto a las manualidades, muchas veces tardamos más en preparar las cosas que en la actividad en sí.

  3. Tengo que poner un poco de distancia emocional respecto a cómo tratan sus cosas. No puede ser que me dé pena que rompan un juguete y que a ellos les dé completamente igual. Mira que soy tonta, es sufrir por sufrir.

PROS:

  1. Si lo pienso bien, que no cuiden sus cosas es el pretexto perfecto para deshacerme de ellas. Unas porque están rotas y otras porque no las usan o las pierden.

  2. Como no son muy dados a las manualidades, tampoco paso mucho tiempo sacando y guardando materiales.

  3. En cuanto a lo de colorear, la verdad es que me sale más barato imprimirles algún dibujo de vez en cuando que comprarles libros para colorear.

¿Qué cosas te habría gustado a ti que tu peque hubiera heredado de ti?


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