… de apuntar a tu hijo al fútbol

Apuntar a tu hijo al fútbol

Hace años, estando en el instituto, tuve una época en la que me gustaba el fútbol, ¡hasta me sabía la alineación del Madrid! Pero aquella etapa pasó y este deporte jamás me ha vuelto a llamar la atención como en aquel entonces. Papá³ es más aficionado a la Fórmula 1, así que rara vez hemos visto él y yo solos un partido de fútbol (por lo que yo daba las gracias). Entonces se nos ocurrió apuntar a nuestro hijos al fútbol.

Como decía, la pasión por el fútbol no es algo que nuestros Trastos hayan heredado de nosotros. Pero al poco de empezar el colegio, el Mayor se fue aficionando a este deporte. Tanto es así, que nos pidió que le apuntásemos a un equipo de fútbol. Y así hicimos. Aquello le fue gustando cada vez más hasta el punto que, a día de hoy, sabe un montón de cosas de este deporte y en casa no podemos dejar de ver cada partido del Real Madrid. Bueno, si por el Mayor fuera, en casa vería todos los partidos posibles. Pero hemos llegado a un acuerdo: solo los del Madrid y la selección.

Y me daría con un canto en los dientes si todo quedase en ver los partidos por la tele porque lo que peor llevo son los partidos de mis hijos. Está muy bien eso de ir a animar a los peques… si hace buen tiempo porque, como juegan al aire libre y no a cubierto, cuando llueve o hace un frío que pela no tiene nada de gracia. Ya no porque yo estoy ahí de pie, sin moverme calándome (de frío o agua, según el día), sino porque estoy viéndoles jugar y estoy sufriendo pensando en que se van a poner malos. Pero ellos tan contentos, oye.

El año pasado, el Mayor jugaba los sábados y el Mediano los viernes, así que yo tenía la excusa perfecta con el Peque para quedarme en casa la mayoría de los partidos. Pero este año los dos juegan los sábados por la mañana, normalmente a la misma y en sitios completamente distintos y bastante alejados. Se me acabaron las excusas. Y, a todo esto, súmale el madrugón porque los jugadores tienen que estar en el campo media hora antes del comienzo del partido. Vamos, que los días que alguno juega a las 9 h de la mañana, en casa madrugamos y nos levantamos a las siete y media.

Es curioso cómo los sábados, a pesar de acostarse los viernes por lo general más tarde que el resto de la semana lectiva, se levantan mucho antes, apenas sin remolonear. Bueno, a excepción del Peque y de mí misma. Yo al final me acabo levantando, no me queda otra, pero al Peque, remolón de naturaleza, le cuesta horrores. Siempre dice que quiere seguir durmiendo y que se queda en casa aunque sea solo. Y esto, por supuesto, no puede ser. Así que siempre acaba levantándose a regañadientes. Menos mal que, una vez que sale de casa, se le pasa el mosqueo y disfruta un montón de ver jugar a sus hermanos.

Por el contrario, a mí el sueño y los pensamientos de estar en casa calentita no se me van de la cabeza hasta que acaba el último partido y nos montamos todos en el coche de vuelta a casa. Que yo quiero un montón a mis Trastos y les apoyo incondicionalmente en todo lo que hagan, pero lo que no me gusta nada son los partidos y, sobre todo, las horas tan tempranas a las que les suele tocar a mis Trastos. Menos mal que parece que ya ha llegado el buen tiempo y creo que los partidos que les quedan de aquí hasta el final de curso los voy a llevar bastante mejor.

CONTRAS:

  1. El madrugón. Porque es raro que tengan un partido a las 11 h de la mañana (que es la última hora de los partidos de sus categorías).

  2. Hay padres y madres que disfrutan con el fútbol, por lo que disfrutan muchísimo eso de ir a los partidos de sus hijos, jueguen a la hora que jueguen. Pero como a mí no me apasiona, la verdad es que muchas veces me aburro.

  3. Tener que dividirnos Papá³ y yo para que cada uno acompañe a un Trasto a su partido. Ya lo decía antes, ahora ya no tengo excusa para quedarme en casa, jo…

  4. Sacar al Peque de la cama. Que es verdad que luego él quiere ir a los partidos de sus hermanos y, cuando son más tarde, no tiene ningún problema en salir de casa. Pero con el madrugón no puede, es superior a él.

PROS:

  1. Me alegra que tengan un entretenimiento que les aleje de las pantallas, que últimamente parece que se les pegan a las manos.

  2. Además, hacen deporte. Vamos, mis Trastos no es que sean niños sedentarios (no lo han sido nunca), pero tampoco les viene mal.

  3. Aprenden a jugar en equipo. Al principio, con seis años, es todo muy caótico, apenas consiguen darle a la pelota; pero luego, cada año se les va notando que empiezan a tomar conciencia de equipo.

  4. Parece que no, pero jugar al fútbol les hace más responsables. Por ejemplo, antes he dicho que los sábados es el día de la semana que menos les cuesta madrugar. Esto es así en parte porque van a jugar al fútbol, que es algo que les gusta, sí, pero también porque saben que ni Papá³ ni yo les vamos a insistir demasiado. Si quieren ir y no fallar al equipo, deben levantarse y estar listos a la hora que nos toque salir de casa.

¿Tu peque hace algún deporte?


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