… de contar la verdad sobre el Ratoncito Pérez

Contar la verdad sobre el Ratoncito Pérez

Y quien dice «contar la verdad sobre el Ratoncito Pérez», dice también «contar la verdad sobre los Reyes Magos». Yo ya estoy hiperventilando. La verdad es que no hay una edad concreta para descubrirles el pastel a los peques, así que todo depende de cada familia y de cada peque también, claro.

En nuestro caso, Papá³ y yo ya llevábamos dándole vueltas al asunto desde las pasadas Navidades. El Mayor tenía entonces 9 años y medio y no queríamos que se enterara en el cole. Pero no sabíamos si en torno a los 10 años sería una buena edad.

El caso es que, al final, no le dijimos nada en Navidades. Ha sido a principios de este verano. Lo mejor es que todo ha sido sin forzarlo y ha salido de forma natural. A Papá³ y al Mayor les gusta quedarse las noches que no hay cole viendo alguna peli en el salón. Yo aprovecho para irme a la cama más temprano con el Mediano y el Peque.

Fue en una de esas noches cuando vieron una peli «de mayores» (es decir, con personas en vez de dibujos o animación). Era apta para mayores de 7 años y, en el transcurso de la trama, una madre dice algo así como que a su hija se le ha caído un diente y que no se le puede olvidar dejarle la moneda bajo la almohada.

Según Papá³, el Mayor puso una cara un tanto extraña pero ninguno de los dijo nada. Y siguieron viendo la peli. Papá³ me lo contó por la mañana y decidimos que había llegado la hora de descubrirle el secreto. Ese día, los dos salieron a hacer unos recados y fue entonces cuando Papá³ se lo explicó todo al Mayor.

Pensamos que, como habían visto la peli juntos, sería Papá³ quien se lo contara. Yo me quedaba de apoyo. Y, efectivamente, cuando volvieron de los recados, el Mayor vino a mí directamente para que se lo confirmara todo. Me pidió ver sus dientes y yo se los enseñé.

Al principio se puso un poco melodramático. «Me habéis quitado la infancia», nos soltó medio en broma. Qué mal me sentí en ese momento. Pero luego le dijimos que ahora formaba parte de «los mayores de verdad». Y eso le gustó más.

Ahora sabe que tiene una gran responsabilidad, a saber: hacer que sus hermanos y demás niños más pequeños que aún no conocen el secreto, lo vivan con la misma ilusión con la que él ha vivido cada Noche de Reyes y cada visita del Ratoncito Pérez. Y vaya si la cumple. Cuando alguien dice o insinúa algo sobre el asunto, él rápidamente se pone en guardia por si tiene que desviar la atención de sus hermanos.

Así que ahora tenemos un ayudante más frente a esas personas a quienes «se les escapan» cosas que no deberían decir delante de niños pequeños. Y el Ratoncito Pérez también tiene un buen aliado en el Mayor, quien le ayuda a dejar el dinerito a sus hermanos.

Ahora solo queda ver cómo vive el Mayor su primera Navidad conociendo el secreto. La verdad es que Papá³ y yo sospechábamos ya el año pasado que algo sabía, pero que no quería saber, hacía oídos sordos frente a cualquier indicio que pudiera desvelarle el secreto.

CONTRAS:

  1. Fue un momento duro contarle el secreto, pero creo que ha sido mejor así a que se enterara fuera de casa por otros medios.

PROS:

  1. En nuestro caso, creo que hemos hecho bien porque ya le veíamos medio preparado.

  2. Sigue teniendo la ilusión. Hace un par de semanas se le cayó un diente y, como siempre, cogió su ratoncito Pérez y guardó su diente en el bolsillo. Espero que viva esta Navidad con la misma ilusión.

¿Tienes pensado contarle a tu peque el secreto o vas a esperar a que lo descubra?


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