… de perder los nervios con los niños

Perder los nervios con los niños

Ahora que ya ha hemos terminado la vuelta al cole, puedo hacer balance de cómo ha sido este verano. Resumiéndolo a grandes rasgos (porque daría para otra entrada), ha sido un poco frustrante. El Peque está en sus tres años hecho un retador. Basta que yo diga hasta aquí, para que él dé un paso más a ver qué pasa. El Mayor a veces se pasa de contestón y al Mediano a veces le sale un genio muy malo. El día que se han combinado los tres lo he llevado muy mal.

Tanto es así que hubo un día en el que no pude evitar perder los nervios con los niños completamente. Bueno, no es que me volviera loca del todo, pero es cierto que ojalá hubiera manejado la situación de otra manera. Porque ellos son niños y la adulta soy yo. Aquel día desde luego que no fui un buen ejemplo. Solo fui una madre desesperada. Fui humana.

Si me pongo a pensarlo, no sé exactamente qué pasó. Supongo que simplemente fue la gota que colmó mi vaso de paciencia. Porque ya no sabía qué más hacer para conseguir un rato sin discusiones ni enfados. Si le dejaba la tablet a uno, los otros dos la querían aunque estuvieran en ese momento haciendo otras cosas. Si ponía la tele con los dibujos que a ellos les gustaban, el foco se centraba en el sofá y en que uno se tumbaba, molestando a otros y el tercero decidía usar a sus hermanos de cojines. Si les dejaba jugar a la consola, la discusión era a qué jugar primero.

Pero si no había discusiones entre ellos, no pienses que el panorama era mucho mejor. Me los encontraba saltando en el sofá, jugando a peleas de dinosaurios o usando algún cojín o peluche como si fuera una pelota de fútbol. Aunque, eso sí, sin pelearse entre ellos, sino jugando juntos y pasando un rato divertido.

No es que a todas horas pasaran estas cosas. Pero sí que todos los días se daba alguna de ellas. He llegado a gritar a mis Trastos, aún a sabiendas de que no iba a conseguir nada, solo para desahogarme. Reduje las tareas de la casa al mínimo: lavar platos, hacer de comer, barrer y ordenar un poco para poder pasar sin pisar nada. Aún así, ha habido días que ni eso. Un buen día (doméstico) era aquel en el que conseguía hacer las camas. Los baños los limpiaba cuando se iban un rato con sus abuelos. Y así.

También es cierto que hemos tenido muy buenos ratos pintando camisetas, leyendo libros, yéndonos a la piscina o el parque, viendo pelis y comiendo palomitas, haciéndonos cosquillas, contando chistes o adivinanzas… Lo que quiero decir es que no todo han sido malos ratos en este verano, igual que no todo ha sido de color de rosa.

Pues llevábamos un par de días en el que todo lo cargante que os he contado antes había pasado. Y exploté. ¡Bum! La frustración, el agobio y la mala leche se apoderaron de mí. Olvidé respirar y contar hasta 10 o hasta 1.000, olvidé que eran niños ociosos portándose como niños en verano. Deseé con todas mis fuerzas que la vuelta al cole fuera al día siguiente. Deseé darles un bofetón a cada uno porque ya era lo único que me quedaba por probar, a ver si así me hacían un poco de caso y empezaban a portarse algo mejor.

Así que les grité. Les grité mucho. Y en vez del bofetón empecé a tirar cojines al suelo y, en una de esas, cogí el taburete que usa el Mediano para cenar en el salón y lo lancé también contra el suelo. Como era de plástico duro, no pensé que fuera a pasar otra cosa más que el golpe en el suelo. Pero pasó. Y pasó que se rompió.

En aquel momento paré de tirar cosas, cogí aire, y continué la regañina algo más calmada. Pero seguía muy enfadada. Enfadada con mis hijos que parecían hacer todo lo posible por enfadarme, enfadada conmigo por haberle roto el taburete al Mediano y, sobre todo, enfadada conmigo por no haber sabido manejar la situación de otra manera. Me fui a la cocina y allí, sola, lloré toda mi frustración.

No soy perfecta. Ni como mujer ni como madre ni como ser humano. Sé que no puedo controlar todo lo que me pasa (o le pasa a mi familia), pero sé que hay distintas maneras de tomarse las cosas. Yo aquel día me lo tomé muy mal.

Pasado mi cabreo inicial y el asombro de mis hijos, todo se calmó un rato. Recogí los pedazos del taburete, hablé otra vez con mis hijos en un tono más calmado y ya sin gritos. Intenté explicarles por qué me había puesto así. Y me prometí a mí misma que aquello no podía volver a pasar.

CONTRAS:

  1. Enfadarse como yo lo hice sólo me sirvió para desahogarme en el momento. Pero no solucionó la situación. Es más, después del cabreo me sentí fatal durante días.

  2. Me costó mucho encontrar otro taburete igual al que yo había roto. No sé a cuántas tiendas entré buscándolo. Al final encontré uno parecido de Cars y, claro, como también le gustó al Peque, tuve que comprar dos iguales.

PROS:

  1. No soy una madre sonriente todo el día ni una a la que el desorden le da igual. Tampoco soy de las que quieren tener la casa de revista ni niños tranquilos y sentados todo el día. Eso significa que ellos tienen derecho a ser niños y a enredar y yo tengo derecho a desahogarme cuando la situación me supera (aunque bien es cierto que no de la manera que lo hice en esta ocasión).

  2. Afortunadamente, no suelo comportarme así. Lo que he contado aquí es algo excepcional, nada habitual. No te pienses que me paso el día gritando y tirando cosas, por favor. Si lo cuento es porque creo que más de una madre se puede ver reflejada en mi relato y porque quiero mostrar que mi vida, mi maternidad, no es perfecta. Y no pasa nada por ello.

  3. Mis hijos me prometieron portarse mejor. Pero la verdad, creo que poco han variado. Lo que sí es cierto es que yo me lo tomo de otra manera e intento no perder los nervios. Aún así, a veces sigo enfadándome, pero no de aquella manera.

  4. Insisto en que, aunque no fue la mejor manera, creo que está bien que los niños aprendan que su comportamiento tiene consecuencias en las cosas y en los demás. Me vais a perdonar, pero creo que enseñarles a que no hay consecuencias no es la mejor manera de educarles. Todo en esta vida tiene consecuencias: si no lavo la ropa, la ropa seguirá sucia; si no hago bien mi trabajo, mi jefe me despedirá; si insulto a otra persona, esa persona sufrirá; si cuido mis juguetes, no los perderé; si trabajo bien, conseguiré buenos resultados; si respeto a los demás, seré buena persona.

  5. Después de todo ese lío y con las aguas más tranquilas, el Mediano vino, me dio un beso y un abrazo y me dijo que me perdonaba que le hubiera roto el taburete. Esta vez, la lección me la dio él a mí.

No os mentiré, mis hijos a ratos siguen portándose tal como os he comentado antes. Pero intento respirar antes de hablar o de regañarles. Les hablo con todo enfadado, pero no me pongo hecha una fiera. Ya no lanzo cosas. Ya no rompo nada. Y siempre me digo que, algún día, echaré de menos estos ratos de desorden y caos. No me ayuda en el momento, pero me da cierta perspectiva de la situación.

¿Vosotras también perdéis los nervios de vez en cuando? ¿Cómo manejáis la situación? ¿Alguna vez habéis llegado al extremo al que llegué yo? Contadme, me encantaría recibir vuestros consejos.

8 thoughts on “… de perder los nervios con los niños

  1. Gracias por escribir esto. Estoy harta de las maternidades rosas donde todo es perfecto, porque no me las creo en absoluto. Los niños son niños, pero nosotras humanas, y no me creo que todo vaya como la seda siempre.

    En mi caso estamos en la misma etapa que tu con tu peque. Mi hijo tiene 2 y medio pasados, pero se pasa el dia respondiendome NO seco y cortante a cada cosa que le digo, reacciona tirando cosas y enfadandose, con cabezoneria y exigencia todo el dia, pero ademas con retos, le diga lo que le diga todo le da igual y cuando me enfado se esconde y se rie.

    Yo soy una persona de mucho caracter, y cuando he visto por ahi niños que se rien en la cara de los padres o caprichosos me mata, y mi hijo esta teniendo esa etapa. Asi que me cuesta mucho contenerme, y lo del bofeton se me pasa por la mente constantemente, porque siento que no me queda otra opcion. Cada vez que me dirijo a el para algo, la tenemos. Porque quiere, porque no quiere, porque mis explicaciones no le valen, porque le gusta, porque no…. por todo hay un problema y a veces pienso en no dirigirme a el y punto, porque parece que no lo se hacer, intente lo que intente me sale mal.

    En fin, que me he sentido muy identificada contigo, y que no dejes de escribir estas cosas si vuelven a pasar. Gracias de nuevo por tu desahogo, y por permitirme el mio! 😉

    1. Sé que es una etapa y se va pasando con la edad, pero en el día a día es duro. En general, no sé muy bien qué hacer para que me hagan caso, pero quiero creer que no todo cae en saco roto.
      No te imaginas lo que me costó escribir y publicar esta entrada, así que te agradezco mucho tus palabras, de verdad.
      Por cierto, yo tampoco me creo esas maternidades ideales. La vida no es de color de rosa… Y en mi casa menos 😉

  2. te comprendo tanto! hay días mejores y peores, pero cuando son los peores me doy tanta rabiaa mi misma, al final del día en la ducha que lo repaso todo me sientotan frustrada! siempre me prometo aprender a controlarme y el problema es que lo sé, pero hay momentos en los que los tres confabulan para sacar lo peor de mi o ponerme a prueba y uff esos días me molesto mucho conmigo misma, porqué no es así como quiero criar…no somos de piedra verdad? ¡Gracias poreste post!

    1. Me pasa igual, es rabia, es frustración porque no es así como quiero criarles. Pero lo bueno es darnos cuenta e intentar mejorar cada día.
      Muchísimas gracias a ti por tu comentario 🙂

    1. El remordimiento es lo peor, pero nos sirve para querer mejorar y esforzarnos en ello. Es difícil, tanto que a veces no podemos evitarlo, pero creo que saber en lo que hemos fallado ya es un paso.
      ¡Muchas gracias por tu comentario!

  3. Me he leído tu blog del tirón en prácticamente tres días. Prueba de ello q son las 2:30 y sigo leyendo jejjeje. Tengo dos enanos de 5 y 3 años. Pienso ir a x la niña Aunq cada vez estoy más segura q me saldrá un tercer monstruito.

    Me encantan tus pros y contras xq aún en cosas q no coincido contigo los pros y los contras me hacen replantearme muchas cosas. En esto coincido totalmente. Yo grito más de lo que quisiera y episodios como el tuyo también he tenido. También procuro contar hasta diez pero el cansancio y que nosotras también tenemos días malos hacen que no siempre sea posible evitar una pataleta que es lo q has descrito. Una pataleta de niño pequeño para desahogarnos nosotras q también lo necesitamos.

    Te seguiré leyendo ya q me encantan tus manualidades rápidas ( xq yo soy una inútil), tus ideas de regalos y tus puntos de vista sobre tantos temas del día a día.

    1. Muchísimas gracias por tu comentario, Marrod. Me ha hecho mucha ilusión, ¡te lo digo de corazón!
      Ya me dirás si consigues que el tercer bebé sea niña y, de paso, me cuentas el truco 😉
      Me alegra sobre todo que me digas que no estás de acuerdo conmigo en algunas cosas pero que mis pros y contras te dan otro punto de vista. ¡Me encanta!
      Sobre lo de perder los nervios, diste en el clavo, lo que yo tuve fue una rabieta de niña pequeña. Tal cual.
      Me encantará seguir teniéndote por aquí, mi casa virtual. ¡Ah! Y la semana que viene vuelven las manualidades al blog 😉
      Y gracias de nuevo por tu comentario, me anima muchísimo a seguir escribiendo y compartiendo cositas. ¡Besotes!

¿Tienes algún contra o pro más? ¡Cuéntamelo! :)

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