… de ser un niño delgado o no

Estamos en verano, época de poca ropa y lorzas al aire. Esto también es válido para los niños. Como ya dije en mis primeras entradas, mis tres Trastos son hijos de su padre y de su madre, aunque sean los mismos. El Mayor ha sido un niño normal, ni gordo ni flaco, normal. El Mediano ha sido y es excesivamente delgado (a pesar de que come bastante y de que está súper sano). El Peque es el más rellenito de los tres (aunque su percentil de peso no sobrepasa el 30).

Con estos datos que os doy hoy, el otro día en la piscina hubo quien insinuó que estaba algo gordito. El comentario no me lo tomé a mal, sobre todo porque quien lo dijo fue una persona que pasaba por allí y con la que no tengo relación ninguna.

El caso es que me hizo gracia que ahora me digan que el Peque está gordo cuando hace tres años me decían que fuera como alma que lleva el diablo corriendo al médico con el Mediano porque tanta delgadez era síntoma de enfermedad grave cuanto menos. Es más, me lo siguen diciendo. De nada sirve que les diga que él está sano o que no les haga caso. Los consejos bien intencionados siguen lloviéndome por doquier.

Una anda ya curada de espanto y les hace poco caso. Sin embargo, no deja de sorprenderme la facilidad de la gente para opinar y aconsejar a los demás. Yo soy incapaz de decirle algo parecido a una madre si ésta no me ha preguntado antes. Mucho menos si es para meterle miedo sobre la salud de su hijo. Yo sé que mis hijos están sanos. Y las palabras clave son “yo” y “sanos”.

CONTRAS:

  1. Si yo no me meto con esos niños, supuestamente sanos, que para merendar se comen la bolsa de gusanitos que tan alegremente le han dado sus padres; lo mínimo que habría de esperar es que no se metiesen con la complexión física de mis hijos.

  2. Llueve sobre mojado. Esto que hoy comento no es más que otro ejemplo de los consejos gratuitos que nos llueven a las madres (y padres, obviamente) dándonos donde más nos duele: la salud de nuestros hijos.

  3. Teniendo un hijo delgado y otro que tiene algunas lorcillas, creo que me va a tocar aguantar estos comentarios bastantes años más.

  4. Ojo, que esas “lorcillas” son las mismas que se os vienen a la mente cuando os imagináis a un bebé. Las mismas que tienen los bebés que salen en los anuncios. Vamos, que de gordo nada.

  5. Si fuera gordo, yo tampoco trataría de ocultarlo. Pero sigo manteniendo que eso sería un asunto familiar que nadie más atañe. Especialmente a un desconocido.

  6. ¿Y si estos comentarios los escuchan mis hijos? El Mediano ya va teniendo una edad en la que entiende lo que se dice. Seguro que muchos complejos estúpidos empiezan así, por un mal comentario.

PROS:

  1. Con el paso de los años y el nacimiento de mis hijos, puedo decir que no me asusto fácilmente ante estos comentarios. He aprendido a que me resbalen y darles credibilidad cero.

  2. Aún no he llegado al punto de contestar con una bordería, pero desde luego muchas veces es lo que tendría que hacer. Con lo tímida que yo era antes de ser madre…

Repito que mis hijos, los tres, están sanos. Y, si no fuera así, ya tendría yo bastante preocupación sin que nadie tuviera que meterme más en el cuerpo y, además, ya estaría yo buscando remedio para su enfermedad sin necesidad de que nadie me dijera qué es lo que tengo que hacer. Insisto en que, cuerpos a parte, la palabra clave es “sano”. Y su madre soy yo.

9 thoughts on “… de ser un niño delgado o no

  1. Qué le den morcilla! Pues esa me a grandullón y me lo lleva ella misma a urgencias! Y como sanó y variado aparte de cantidad. Mi marido y yo igual de chico y aquí estamos…

    A la gente le gusta opinar de todo, sepan o no de lo que hablan. Besos

    1. Es que cada cuerpo es distinto. No por ser muy delgado se está enfermo y, a veces, la gordura no implica hartarse a bollos… La gente es que tiene la lengua muy suelta, como bien dices, aunque no sepan nada del tema…
      ¡Besotes!

  2. Arusca al final me voy pá tu pueblo y los voy a hinchar a collejas a todos, aaaaaaag gentuza metomentodo! me enervo solo leerlo! va mi tesis por pura vivencia y experiencia por si sirve.
    Mi niña, mi hijo pequeño que ahora tiene 16 años, nació con peso y altura, 3,400 y 54 de altura.
    tubo lorzas asta que comenzó a caminar y mantuvo chicha asta que entro en la guardería
    entonces ya estiraba mas de lo que engordaba, y muuuucha gente y los médicos me taladraron asta la tortura y decir basta con una delgadez extrema! vaya que el niño era huesos y pellejo, sumándole que era rubio sin melanina y ademas siempre a tenido ojeras y (blanco como la leche) vaya que el niño a sido un famélico, asta el punto que en la playa y piscina se mataba de frió y me asustaba que le diera una hipotermia y ¡¡¡en pleno mes de agosto y se le quedaban los labios morados!!!
    3 constipados en 16 años han sido todas sus enfermedades, sigue siendo un flaco de cuerpo atlético, marca tableta, tiene espalda ancha y mide 1,78. y es guapo, y yo siempre fui una flaca!
    Ya sabes si se deben repartir collejas pá acallar bocas me apunto!!!! jajajajaajaa
    cuídate mi niña y achuchones para tus oseznos

    1. Pues nada, aquí te espero para repartir las collejas, jajaja…
      Al Mediano le pasa lo mismo que dices tú, que se enfría en el agua al poco de entrar. Tirita y sale con los labios morados. Pero se seca, un ratito al sol y, en cuanto entra en calor, otra vez a darse un chapuzón. Pero claro, va por la piscina marcando costillas y es entonces cuando viene el listo o la lista a darme consejos de salud.
      Como digo, a mí ya me resbalan, pero me preocupa cuando los oiga él y empiece a preguntarse frente al espejo si será verdad que está excesivamente delgado o no…
      ¡Besotes, guapa!

  3. En mi tierra, estar gordito (o repoludo) es sinónimo de salud (sobre todo entre la gente de más edad). Mis bebés siempre han sido de constitución delgada salvo el mediano, que como yo digo es más “compacto”, y tiene piernas muy fuertes, y parece gordito aunque no lo que está. Y claro, si ven a mis delgaduchos niños ya empieza la retahíla de “a ver si tiene anemia”, “a ver si va a enfermar”, “dale de comer esto”, “dale aquello”, “cómprale tal jarabe para abrirle el apetito” (alguno hasta me trajo una muestra de la farmacia que acabó directamente en el cubo de la basura)… De pequeños los hay que “cebar”, para luego de mayores pasar la vida a dieta.
    Ni caso! 😀

    1. Vaya libertades, darte una muestra… yo también lo hubiera tirado directamente a la basura.
      Pues eso que dices, sobre lo de cebar a los niños cuando son pequeños para que luego se pasen la vida adulta a dieta, lo he pensado yo un montón de veces. Incluso alguna vez lo he dicho y la gente se ha reído. Pero es que es verdad, los cánones no afectan sólo a los adultos, no se pueden tener kilos de más cuando somos mayores, pero los bebés, cuanto más gorditos mejor. Con lo fácil que sería asumir que cada uno tiene su cuerpo distinto al de los demás…
      ¡Besotes!

  4. Creo que el quid de la cuestión está en el contra nº6. Mi niño es una bolita y todo el mundo quiere “comerselo”. Eso es ahora, que tiene 10 meses. Si sigue así cuando sea mayor, empezaran los comentarios. Yo he sido una chica bastante segura de mí misma en ese sentido, y aún así algún complejillo que otro he tenido. No quiero que si mi niño está más rellenito de lo que otros consideran normal le puedan hacer daño por eso. Espero transmitirle seguridad en sí mismo.

    1. Pues yo no he sido nada segura… en parte porque era la más alta del grupo de amigas y, por tanto, la que pesaba más. Y como sé lo duro que es estar acomplejada por esas tonterías, no me gustaría que a mis hijos también les pasara. Y, la verdad, es que empiezo a preocuparme según van siendo más conscientes de lo que decimos los adultos.
      Yo también confío en transmitirle esa seguridad en sí mismos que yo adquirí más bien tarde.
      ¡Besotes!

¿Tienes algún contra o pro más? ¡Cuéntamelo! :)

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