… de mear de pie

Yo creo que todas las mujeres, en algún momento de nuestra vida, hemos deseado ser un hombre. ¿Por qué? Pues porque ellos no tienen que depilarse por obligación y, además, pueden mear de pie. Lo de la depilación lo dejaré para otro día. Hoy me centraré en lo segundo. Por favor, que levante la mano la señorita o señora que, una noche de sábado cualquiera, harta ya de bailar porque si se queda quieta se mea encima, no haya ido rápida y veloz hacia los baños, ha aguantado una cola que creía que no aguantaría, para entrar, por fin, en el aseo, se ha bajado los pantalones mientras se subía la pernera del pantalón para no mancharse con el charquito del suelo, se ha puesto de cuclillas porque la taza estaba aún peor que el suelo y, así, en esa postura tan poco femenina, no ha deseado ser un hombre para tener que bajarse sólo la cremallera para poder vaciar la vejiga. Como decía, manos levantadas, por favor… ¿Nadie? Ya me imaginaba yo. Pues eso, todas, sin excepción, en algún momento hemos deseado ser un hombre. Afortunadamente, luego se nos pasa.

Este gran chollo que es mear de pie pierde toda su aura mágica cuando empiezas a convivir con un hombre. Un hombre que a veces se acuerda y otras veces no de subir la tapa del inodoro. Y cuando vas tú a hacer lo propio, te encuentras limpiando la tapa con un trocito de papel higiénico mientras bailas el “me meo, me meo”. Por lo general, con un hombre adulto, la cosa queda ahí.

Ayer me dispuse a limpiar los baños. Por si hay alguien nuevo por aquí, recuerdo que tengo tres hijos como tres soles. Al Pequeño ahora no le cuento porque es un bebé con su pañal y todo. Pero los otros dos Trastos… madre mía la que me lían. Ahora que al padre ya le tenía concienciado de la importancia de la tapita y de limpiar lo que se ensucia. Ahora tengo que lidiar con esos pequeños proyectos de hombres de bien. Y todo hombre de bien que se precie no debería jugar con su susodicho mientras mea. Porque, ay, amigas, ya no es que se salgan, cosa que entiendo porque están aprendiendo y, en el caso del Mediano, hasta hace poco no llegaba de pie a la taza y no quería hacerlo sentado porque su hermano mayor no se sentaba. Pues como decía, no es que se salgan, es que el chorrito en cuestión llega a la pared o a la ducha de al lado si hace falta. Y cuando están mosqueados el uno con el otro, si van juntos a hacer pis al baño, intentan mearse el uno al otro. Las que tenéis niñas, niñas que mean sentadas y no se salen, no sabéis lo que tenéis en casa.

CONTRAS:

  1. Hay que aprender a apuntar. No vienen con ello de serie. Y, al parecer, es algo que cuesta lograr.

  2. Cuando me quejo de cómo está el baño, la tiquismiquis soy yo. Y no ellos unos guarros.

  3. Hacen piña. Sí, como lo leéis. Aquí el adulto hace piña con los Trastos y se tapan los unos a los otros. Estoy en inferioridad numérica. Y me consta que están empezando a darse cuenta de ello. Me da miedito el día que hagan piña con asuntos más serios.

PRO:

  1. A pesar de todo lo que yo les diga, ellos siguen siendo hombres. Siguen siendo capaces de mear de pie. Cuando entro en un baño público lleno de charquitos, sigo queriendo ser un hombre… hasta que salgo por la puerta. Luego recupero mi cordura.

  2. Pueden escribir con el chorrito. Ahora bien, creo que un “Te quiero” escrito en la arena perdería todo su romanticismo al saber cómo se ha escrito.

  3. Cuando los niños empiezan a ir por la vida sin pañal, la frase “mamá, pis” está a la orden del día. La pueden soltar en casa o fuera de ella. No importa el sitio ni el momento, ellos tiene que hacer pis. Ya. Más de una vez me he tenido que parar frente a un arbustillo porque no llegábamos a casa. En estos momentos, me alegra que sean niños porque me consta que con las niñas es más complicado. Digamos que este pro es a los niños lo que el baño asqueroso de antes a los adultos.

  4. Quiero pensar que algún día conseguiré que apunten bien. Espero que mis futuras nueras sepan agradecérmelo. Y, si no, espero que mis futuros nietos tengan aún menos puntería que mis hijos.

Conclusión: como hacerles sentarse para mear no es algo habitual en esta sociedad y, para evitar que se rían de ellos en un futuro, voy a dejarles que sigan vaciando vejiga de pie. Ahora bien, en cuanto sean un poquito más grandes, les hago limpiar el baño. A ver si así les duele y ponen más empeño en apuntar y menos en salirse. Si no aprenden a apuntar, al menos, que aprendan a limpiar. Veremos a ver si lo consigo… Deseadme suerte, especialmente aquellas que tengan niñas. Nunca se sabe, quizás algún día nos conviertan en parientes ;-).

14 thoughts on “… de mear de pie

  1. jajajaja, ains el dichoso “chorrito”. Yo con el mío tengo suerte aunque, a veces, cuando estoy limpiando el baño, veo huellas del acto en un remoto rincón de los azulejos. Cuando cesa mi asombro, por tal distancia alcanzanda, empiezan los gritos.
    Por lo demás he de confesar algo… He llegado a mear de pie en las discotecas de jovenzuela, y mis amigas me siguieron en dicha praxis. No nos duró mucho por la evidente pérdida de glamour peeeero tuvo su gracia.

    Estupendo post!!

    1. Si has sido capaz de mear de pie, ¡acabas de convertirte en mi heroína! Yo nunca lo intenté porque a patosa no me gana nadie y seguro que salía perdida de arriba a abajo…
      Increíble la distancia que logran con el chorrito, ¿verdad? Entre nosotras, yo creo que les mola. Algo así como es más machote quien llega más lejos, jajaja…
      Qué bien que te guste el post de hoy 🙂

  2. jajaja madre mía la que tienes montada en casa, vaya valiente con 3 muchachos. Bueno ahora son pequeños pero poco a poco seguro que los educas para que te la hagan con precisión, y si no a por la esponja y el estropajo y que sientan en sus carnes lo que es limpiar fluídos de los demás.

    1. Al mayor le digo muchas veces que como no apunte, va a tener que limpiar él… Y me mira con cara de “sé que no vas en serio”, me tiene calada… Y luego, algunas veces, cuando vuelve del baño me dice: “se me han escapado unas gotitas, pero las he limpiado, mamá”. Lástima que no se acuerde siempre. Y lástima que sólo funcione con las gotitas… Jejeje… Pero no pierdo la esperanza. ¡Por mí que no quede! 😀

  3. Mi niña y yo os deseamos toda la suerte del mundo! El pipipop me da mucha grimilla jajajajaja ¿Has visto las pegatinas para el baño para apuntar? Se ve que cuando les tiran pipi encima sale un dibujín! http://www.nosalpiques.com/

    Anita, mi admiración por saber mear depie xD

    1. Ay, Chise, ¡¡que eso no lo conocía yo!! Acabo de ver el vídeo y me parece una idea genial. Estoy por comprárselo a los Trastos. Si me decido, os cuento 😉
      ¡Gracias, gracias, gracias!

  4. ¡Qué bueno, mi madre! ¿Y qué me dices cuando de madrugada, medio dormida, sin gafas, te sientas en la taza y compruebas -demasiado tarde- que estaba toooda pringada? Te prometo que yo, por inercia, ya no miro, y paso un papel higiénico por si las moscas!!

    1. No quería hurgar más en la llaga… pero sí, lo de pasar el papel higiénico por la taza por inercia también me ha pasado a mí, lo reconozco… Me pregunto si las niñas, cuando están aprendiendo, también mancharán la taza… Porque lo que son los niños, madre mía, yo ya he dejado la fregona de ocupa en el baño, jajaja…
      ¡Besotes!

¿Tienes algún contra o pro más? ¡Cuéntamelo! :)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.