… de las presuposiones

Desde luego, el primer pediatra que tuvieron mis hijos se llenó de gloria. Un hombre aparentemente profesional que resultó ser todo lo contrario. Trató al Mayor desde el primer momento, revisiones y algún constipado esporádico. Poco más. Luego llegó el Mediano con su dermatitis atópica y ahí ya se cubrió de gloria. Al Pequeño no le llegó a conocer. Salimos espantados después de la experiencia del Mediano.

Con el Mayor, su receta mágica para todo eran los “mimitos de mamá”. ¿Que el niño tiene mocos? Mimitos de mamá. ¿Que el niño vomita? Mimitos de mamá. ¿Que el niño tiene 39 de fiebre? Mimitos de mamá. Esto ya debió hacerme sospechar porque, digo yo que si por mimitos de mamá fuera, el niño no se pondría enfermo… Pero yo era madre primeriza del todo y mi primer bebé un bebé de cuento. Sí, de cuento porque a los 15 días él solito dormía del tirón 6 horas, comía perfectamente, apenas lloraba, le salieron los dientes y nos enteramos hasta que le vimos algo blanco en medio de las encías… supongo que os hacéis una idea.

Lo segundo que debió hacerme poner los pies en polvorosa fue cuando me prejuzgó. Le pasó a él y a otras tantas personas. Me pasó entonces y me sigue pasando ahora. Como ya comenté, yo decidí quedarme en casa para tener hijos. No sé qué se le pasó por la cabeza a aquel hombre, pero desde luego se hizo una idea sobre mí que distaba mucho de la realidad. Cada vez que yo iba a consulta con mi bebé, yo notaba que las explicaciones que me daba eran muy toscas, muy simples… pero bueno, mi hijo estaba sano y se desarrollaba con normalidad. No le di mayor importancia. Nunca había ejercido de madre, así que pensé que quizás era el comportamiento típico de los pediatras. No sé.

El caso es que un día, durante una revisión de mi hijo, le mencioné que había ido a la universidad y que, además, había acabado dos carreras. Su cara de asombro fue un poema. Entonces lo vi claro. Aquel pediatra, al ver que yo estaba en casa, se había pensado que yo lo hacía porque no tenía otro remedio, que era una inculta o algo peor. Imaginaciones mías, podríais pensar. Bueno, quizá. Lo que es un hecho es que, desde aquella conversación, su actitud hacia mí cambió radicalmente. Y digo hacia mí porque el trato hacia mi hijo no cambió. De la noche a la mañana, se entretenía en explicarme más los diagnósticos, me empezó a hablar de cosas que antes ni mencionaba (como estudios o investigaciones médicas) e, incluso, empezó a hablarme de política. ¿Coincidencia? Yo creo que no.

Y esta misma actitud me la he encontrado y padecido en varias ocasiones. La gente te ve, cargada con tres hijos, te pregunta si trabajas, “fuera de casa no” contestas tú y ya está. Suman palotes y llegan a la conclusión de que eres una pobre mujer recluida en su casa y sometida al cuidado de tus hijos. “Estarás deseando que empiecen las clases”, me han llegado a decir algunas madres este verano. Pues no, mire, me encanta estar con mis hijos, los tres, y me apena que empiece el colegio y tengan que volver a clase porque les echo de menos cuando no están, por muy trastos que sean.

CONTRAS:

  1. Los errores. Cuando presuponemos algo, lo hacemos y nos sentimos muy listos. Somos casi como Sherlock Holmes juntando pistas. Unimos premisas y llegamos a una conclusión. Imposible equivocarnos. Bueno, pues pasa. Pasa más a menudo de lo que nos gustaría reconocer. Pero no aprendemos de nuestros errores.

  2. Cuando se nos presupone algo y no es cierto, nos enfadamos, nos indignamos… y nos quedamos pensando cómo es que esa otra persona ha llegado a esa conclusión sobre nosotros. Al menos yo me quedo con el run-run el resto del día.

  3. Una mala presuposición puede llevarnos a actuar de una manera equivocada. Antes de presuponer nada, es mejor informarse. Puede pasar que actuemos erróneamente y después no podamos arreglarlo.

PRO:

  1. El segundo contra debería enseñarnos a no presuponer nada de nadie y así no caer en el contra número 1.

A mí me ha pasado con mis hijos. Pero esta mala costumbre se repite en otros ámbitos de la vida: en el trabajo, con tu pareja, con tus amigos, con tu familia, con un cliente, etc. Yo intento no quedarme con la primera impresión. A veces lo consigo. Otras no.

Nota: quiero dejar claro que, cuando hablo de este pediatra, me refiero única y exclusivamente a él. El gremio de la pediatría es muy amplio y, como en todos, hay profesionales mejores que otros. No estoy generalizando, sino contando mi experiencia real con un pediatra en concreto. También me he topado con pediatras excepcionales a los que les estaré eternamente agradecida.

2 thoughts on “… de las presuposiones

  1. Me encanta este post. No me encanta por lo del pediatra, que vaya majadero, me encanta porque en estos tiempos parece que estás mal de la cabeza si dices que preferirías quedarte en casa a ir a trabajar. Con lo que hemos avanzado las mujeres y quieres volver a lo de antes… (grrr)
    Yo antes era de las que decían que nunca estaría dispuesta a dejar de trabajar, porque la verdad las tareas domésticas no es que me entusiasmen. Disfruto con la cocina, pero la rutina del día a día de una casa (sobre todo la odiada plancha) no es lo mío. Pero claro, eso lo pensaba cuando no era madre, ahora lo veo totalmente distinto y me encantaría poder hacerlo para estar más tiempo con mi hijo.

    Ahora que estoy a punto de incorporarme al trabajo, a los diez meses del niño, he decidido hacer una reducción de jornada y ajustar los horarios con el padre para cuidarlo entre los dos, y me encuentro día sí y día no con comentarios de ¿y no lo llevas a la guardería? Si les viene muy bien… Yo lo siento, pero no entiendo que pudiendo cuidarlo nosotros la gente vea más lógico ponerlo en manos de otras personas, porque el trabajo es lo primero. La sociedad está perdiendo el rumbo…

    1. Cuando tienes hijos, todo se ve de otra manera. Yo creo que quienes nos quedamos en casa no lo hacemos porque nos guste limpiar y planchar. Es por los hijos. Lo que pasa es que, ya que nos quedamos para estar con ellos, cargamos con la casa también. Hay que intentar no agobiarse por los platos sucios. A mí me costó, no te creas…

      Qué bien que puedas pedir la reducción de jornada. Y si el padre también puede ajustar su horario, mucho mejor. Respecto a la guardería, yo los míos mayores los he llevado, pero sólo unas pocas horas por la mañana. Creo que está bien que se relacionen con otros niños. Pero eso es una decisión personal mía. Y, como digo, mis hijos fueron sólo unas pocas horas por la mañana porque para estar con ellos ya estoy yo. Aunque es cierto que me encontraba con padres/madres que dejaban a sus hijos todo el día en la guarde y después con los abuelos para poder irse ellos al gimnasio. Eran padres de fin de semana y, en mi humilde opinión, eso no está bien. Ni por los padres, que se pierden muchas cosas de sus hijos, ni por los hijos, que los crían todos menos sus propios padres. Otra cosa es tener que dejarlos por necesidad, porque, a pesar de todos tus esfuerzos, no tengas otra opción. Pero, pudiendo elegir, yo elijo estar con mis hijos.

      ¡Un placer tenerte por aquí!

¿Tienes algún contra o pro más? ¡Cuéntamelo! :)

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.