… del último esfuerzo

ultimo esfuerzo

Esta semana tenía pensado publicar otras entradas. Pero entre que el fin de semana tuvimos jolgorio todos los días, que el lunes me complicaron la vida y perdí medio día haciendo cosas que, de haberse planteado de otra manera, hubieran sido infinitamente más fáciles y que el lunes por la tarde el Peque empezó a ponerse malo (y así lleva varios días, aunque afortunadamente hoy ya está mejor)… pues eso.

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… de dar la bienvenida al verano

Cartel niños bienvenido verano

El año pasado quise hacer algo para celebrar el final del colegio y el principio de las vacaciones de verano. Quería hacer algo para los Mayores después de haber tenido un año con varios cambios (como la llegada de otro hermanito y un cambio de casa). Además, estaba muy ilusionada por el verano que se nos avecinaba. Que no es que estuviera lleno de viajes ni que tuviéramos mil planes ni nada, pero como el anterior fue la adaptación al nuevo miembro de la familia y a la nueva casa, aquél del año 2013 se me antojaba de disfrute de mis tres hijos. Vamos, que no sé quién tenía más ilusión el último día de colegio, si mis hijos o su madre.

El caso es que se me ocurrió hacerles un cartel dándoles la bienvenida al verano. Es el que aparece en la foto de esta entrada. Lo hice por la mañana mientras estaban en el cole y, antes de ir a recogerles, lo pegué en la puerta de entrada. A la vuelta, para poder entrar en casa, tenían que romperlo para poder pasar dentro. De verdad que me hacía mucha ilusión ver sus caras. Hasta fotos les hice. No sé cómo no me llamaron loca en ese momento, jejejeje…

Total, que fui a recogerles al cole y, de camino a casa, iba pensando en si les haría ilusión el cartel. Cuando llegamos a la puerta, me miraron con sorpresa. Estaba claro que no se lo esperaban. El Mayor fue el encargado de leerlo. ¡Bienvenidos al verano! ¡Ya estamos de vacaciones! ¡Hurra! Luego me preguntaron si había que romperlo para entrar en casa. ¡Toma ya! ¡Pues claro! ¡A romperlo!

Y así de contentos entramos todos en casa aquel día. Habían llegado las vacaciones de verano. Para nosotros se habían terminado los horarios. Ahora sólo me quedaba pasar el día con mis hijos. Con los tres. Dos meses. Un pequeño escalofrío me recorrió la espalda. Y ya. Fue ver la cara de alegría que tenían mis Trastos para que, una vez más, yo estuviera deseosa de pasar todo el verano con ellos.

CONTRAS:

  1. El cartel hay que hacerlo el mismo día porque, si no, a ver dónde lo guardas para que no lo vean hasta el día en cuestión.

  2. El papel no debe ser muy resistente porque así se rompe mejor sin apenas esfuerzo. Yo usé un mantel de los de papel que se venden en este tiempo en supermercados.

  3. Lo más fácil para pegar el cartel en la puerta es el celo, pero no mucho, que luego hay que quitarlo.

PROS:

  1. Para escribir, se pueden usar témperas (las que yo utilicé) o rotuladores. También se puede echar mano de la creatividad y de la imaginación y hacer dibujos o colocar pegatinas.

  2. Es una manera de festejar el final de un curso escolar sin gastar apenas dinero. Es un detalle que a los más pequeños les emociona mucho.

  3. Hay que romperlo para poder entrar en casa y ya sabéis lo que disfrutan los niños rompiendo cosas 😉

El verano pasado fue fantástico. Pude disfrutar de mis hijos y, en contra de lo que mucha gente piensa, no me agobia estar todo el día con ellos. Obviamente, tengo mis momentos y hay días mejores que otros, pero me gusta tenerlos a los tres conmigo, ir a nuestro ritmo y no mirar apenas el reloj. No me hace falta nada más… bueno, sí, que Papá³ estuviera más en casa, pero ésa es otra historia.

… de mi pueblo

Pueblo

En un lugar de Extremadura…

Tras pasar unos días en la playa, nuestras vacaciones no podían terminar sin pasarnos por mi pueblo. El Tripadre no tiene pueblo, a menos que Madrid pueda ser considerado como tal. Así que el pueblo de los Trastos es el mío. Allí viven una tía mía y mi abuela materna, a la que me siento especialmente unida desde que tengo uso de razón.

Si os digo que después de estos días en la playa tan atípicos, el paso por mi pueblo fue una bocanada de aire fresco me quedaría corta. Supongo que es algo común a todos los pueblos, pero hoy os voy a hablar del mío.

En mi pueblo el tiempo es un bromista y, aunque parece detenerse, lo cierto es que pasa muy deprisa. La hora normal de levantarse es más bien tarde. En mi casa no me levanto yo a las 11 de la mañana ni en el mejor de mis sueños. Se come a las tres o más tarde. La siesta es obligatoria. La merienda suele ser entre las 7 y las 8 de la tarde. Así que la cena ronda las 11 o las 12 de la noche. A la cama, si no quieres trasnochar, te vas a las 2 de la mañana. Las prisas se quedaron en la playa.

Mi abuela tiene una casa de las de antes, con sus muros de piedra que llegan, fácilmente, al metro de ancho. ¿Calor? Sólo si sales al huerto, donde el sol pega a rabiar. Cuando vivía mi abuelo, recuerdo el huerto lleno de cosas para sembrar. Especialmente habas, donde siempre había muchas mariposas. También había cabras, gallinas, perros, gatos, una mula y algún cerdo de vez en cuando. Ahora sólo quedan 3 gatas. Las flores siguen ahí, como siempre. Igual que los olivos, el pozo y la pila que usaban mi bisabuela y mi propia abuela para lavar la ropa.

Desde que mi abuelo no está, la casa y el huerto han sufrido transformaciones. Por ejemplo, en una esquina del huerto, donde antes sólo había más plantas, ahora hay un suelo de cemento pensado especialmente para poner una piscina en verano. Mis hijos la disfrutan como niños. Si no te quieres bañar, coges una silla, la pones bajo un olivo y allí, a la sombra y con el airecito, puedes disfrutar del chapuzón.

La casa se llena de risas y gritos (no voy a negarlo) como supongo que pasaba cuando íbamos mi hermana y yo hace ya tres décadas. Mi abuela y mi tía se lo perdonan todo a mis Trastos, como también hacían con nosotras.

Os voy a contar un secreto. Cuando era pequeña, no había en el mundo mejor lugar que mi pueblo. Sin embargo, en mi adolescencia odiaba estar allí, no por mi pueblo en sí, sino porque eso significaba estar lejos de las amigas (hay que ver lo tontas que nos volvemos sobre los 16 años). Cuando el Tripadre y yo nos hicimos novios, crucé los dedos para que le gustara mi pueblo. Y debí cruzarlos muy fuertemente porque, más que gustarle, le encantó. Y volvemos cada año. Como ya he dicho, primero como novios, después como recién casados, luego con cada uno de los Trastos.

Me alegra ver lo bien que nos lo pasamos todos allí. Mis hijos persiguiendo gatos y disfrutando de ese pedacito de naturaleza. El Tripadre menos pendiente del móvil, en parte porque la cobertura no es plena y en parte porque las prisas se quedan fuera de la casa, como por arte de magia. Y yo recordando lo bien que me lo he pasado siempre en la casa de mi abuela y disfrutando del momento. Y así, sin darnos apenas cuenta, han pasado los días y toca volver a casa. Hacer la maleta siempre es duro. En la despedida siempre hay lágrimas.

CONTRAS:

  1. He estado pensando algo que no me guste de mi pueblo y sólo puedo decir que el hecho de que los días más que correr, vuelan.

PROS:

  1. Allí se puede saborear cada momento del día. No hay prisa. Todo tiene otro ritmo más pausado.

  2. El Tripadre alguna vez me ha propuesto irnos de acampada. Yo paso. No me atrae en absoluto porque para ir a la naturaleza y respirar aire puro ya está mi pueblo. Y además, están mi tía y mi abuela.

  3. Me enorgullece que mis hijos puedan disfrutar de lo mismo de lo que yo disfruté cuando era niña. Cierto que no hay tantos animales y que no está mi abuelo, pero aún así sigue siendo mi rincón escondido del mundo.

  4. Mi tía y mi abuela, a la que sólo vemos en verano y en Navidad, están allí.

Bueno, seguro que ahora entendéis por qué me atrae tanto plantar cosas, enseñarles a mis hijos de dónde vienen las verduras y hortalizas, por qué no les digo que no a tener caracoles en casa (por cierto, ahora tenemos también dos saltamontes) y por qué tenemos intención de seguir yendo cada verano a mi pueblo.

Y vosotros, ¿también tenéis pueblo o un rinconcito especial donde volvéis cada año?