… de hacer un cuadro de letras con conchas DIY

Cuadros de letras con conchas

Qué bonito es ir a la playa y dar un agradable paseo recogiendo conchas con los más peques. Yo acabo con la espalda destrozada de agacharme, pero ellos se lo pasan estupendamente buscando y recogiendo sus tesoros. Además del ratito juntos hablando de nuestras cosas. Muy bonito todo, sí. Pero luego llegas a casa y te encuentras con un montón de conchas que acabas guardando (en el mejor de los casos) sin saber qué hacer con ellas. Pues si es tu caso, vete sacándolas porque hoy te voy a mostrar cómo hacer un cuadro de letras con conchas.

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… del truco³ para la bolsa de piscina

Truco para la bolsa de la piscina o playaEsta entrada va a ser muy veraniega. Estamos en pleno verano y seguro que cuando vais a la piscina o a la playa os lleváis una bolsa. ¿Tiene bolsillos? Quizás con suerte uno o dos. Con más suerte, uno tendrá cremallera. Y, si este es el caso, apuesto a que siempre va lleno hasta lo topes. Tan lleno que posiblemente ya ande medio roto. Pero hoy os voy a enseñar mi truco³ para la bolsa de piscina, para tenerlo todo siempre bien localizado y a mano. Seguir leyendo

… de nuestros días en la playa

Playa

Es el primer verano que paso con el blog. La gran mayoría de cosas que esto implica me pilla de nuevas. Aunque aquí relato cosas cotidianas que ocurren de verdad o que pienso sinceramente, soy algo recelosa con la intimidad de mi familia y la mía propia. Por eso, no he dicho cuándo ni dónde nos íbamos de vacaciones este año.

Hemos estado dos semanas fuera, más o menos. La primera escala ha sido en la playa, donde hemos ido con mis suegros, cuñados y sobrinos. Y ha sido un no parar. Pensé yo que podríamos desconectar y relajarnos en las rutinas que tan por el camino de la amargura nos traían al final de curso. Y al menos yo no me he podido relajar ni 15 minutos seguidos. Si no era porque había que irse ya a la playa, era porque había que comer ya o, si no, porque era la hora del baño.

Y yo a todos lados con el Peque. Pendiente del reloj. Y los Trastos mayores trasteando con sus primos. Y el Tripadre sin poder despegarse del móvil porque hubo lío en la oficina y tuvo que solucionarlo desde la distancia. Y, también voy a decirlo, el Tripadre y yo un poco mosqueados por comentarios y acciones que cuestionaban nuestra forma de educar a nuestros hijos.

Personalmente, no culpo a nadie. El problema radica en tratar a todos los niños iguales cuando no lo son y en no querer ver que cada padre tiene una forma de educar a sus hijos que sólo es válida porque funciona con él como padre (o madre) y con su hijo. Otro padre y otro hijo tendrá otra forma válida y, de la misma manera que nuestra forma no funcionaría con ellos, su forma no funciona con nosotros. El Mayor y el Mediano son distintos, lo que vale con uno no sirve para el otro. Eso es aún más acusado cuando se trata de primos. A esto le sumamos comentarios al Tripadre del tipo “apaga ya el móvil” cuando no podía hacerlo o comentarios a mí como “hay que ver, este niño todo el día en el carro cuando lo que quiere es suelo” mientras que yo no daba a basto entre purés y lloriqueos.

Además, hay que añadir que cada uno en su casa tiene sus rutinas y su forma de hacer las cosas. El ritmo de mi casa no se parece en nada al que tiene mi madre o mi cuñada en las suyas. Yo soy pausada, mi hermana es un culo inquieto. Yo tengo que vestir a un Trasto mientras el otro intenta saltar en la cama. Mi cuñada viste a mi sobrina mientras mi sobrino se entretiene tranquilamente coloreando dinosaurios. Yo tengo que subirme de la piscina media hora antes para bañar al Peque y ducharme yo antes que el resto de mi familia para que nos dé tiempo a ir a cenar a la hora estipulada con los demás; mientras que mis suegros y cuñados (sobrinos incluidos) están listos media hora antes de la cena.

Como os decía, un no parar. Algo pude relajarme a la orilla de la playa, buscando conchas con el Mediano y el Mayor mientras el Peque quedaba a recaudo del Tripadre y abuelos. También he tenido mis momentos de paz cuando me iba a la cama justo después de cenar para que el Peque mantuviera, dentro de lo posible, su rutina mientras que el resto se quedaba paseando o tomándose una cerveza. Era entonces cuando aprovechaba para intentar responder a vuestros comentarios.

CONTRAS:

  1. Durante esos días playeros, creo que, a parte del viaje en coche, cambiamos unas rígidas rutinas por otras. Menos rígidas, sí, pero rutinas al fin y al cabo que me impidieron relajarme como pensaba.

  2. El Tripadre y yo volvemos con un poco de mal sabor de boca por los comentarios recibidos.

  3. Queda demostrado, una vez más, que salir de viaje con tres niños pequeños es complicado. Mejor no os cuento cómo iba el coche. El famoso juego del Tetris al lado del maletero resultaba pan comido.

  4. Por mucho que se quieran mantener las rutinas de los bebés, se pierden y es difícil volver a instaurarlas. Si ya os hablaba hace poco del famoso por un día no pasa nada, imaginaos 15 días fuera de casa.

PROS:

  1. Mentiría si no os dijera que, a pesar de todo, está bien cambiar de aires.

  2. Los Trastos mayores han venido encantados. No por la playa en sí, que al Mediano no termina de convencerle, sino por haber pasado unos días con sus abuelos, tíos y primos.

  3. He de confesar que he pasado ratos apartada del resto de la familia (incluyo a ambas capas de la cebolla), pero ha sido decisión mía, por querer hacer las cosas a mi manera y no a la de los demás. Así que eso también me lo apunto a mi favor. Además, esos ratos me han servido para relajarme un poco.

  4. También mentiría si no dijera que algunas veces me han echado una mano con el Peque. Y entonces pude terminar mi cena tranquilamente.

Quería que me hubiera salido una entrada más alegre, pero es que este año los días en la playa se han teñido de un sabor agridulce. No sé muy bien por qué, la verdad. El Tripadre y yo aún andamos dándole vueltas al asunto.