… de privarse

Mi hijo Mediano (pobrecito, que parece que todo le pasa a él) se priva. Cada vez le pasa menos. Cada vez es más mayor. Sin embargo, ayer fue la última vez. A esto se le conoce como espasmos del llanto. Básicamente, consiste en que, cuando va a llorar, en vez de arrancarse, se queda sin respiración. Hay niños que les pasa de rabia, por ejemplo, cuando les quitas un juguete o les dices que no a algo. En el caso de mi hijo, los espasmos siempre los desencadena un golpe.

No soy médica. Soy una madre con un hijo que, a veces, se priva. Y en nuestro caso, la secuencia de hechos va así: primero, mi hijo se da un golpe que no tiene por qué ser fuerte (le he visto darse grandes golpetazos y seguir como si nada y, sin embargo, a veces, con un topecito de nada se priva). Me busca y viene hacia mí. Llega y me echa los brazos, quiere que le coja. A todo esto, no ha sido capaz de empezar a llorar y no puede respirar, ni para adelante ni para atrás, el aire no circula. Imaginaos la cara de un niño pequeño cuando llora, ¿ya? Pues ahora congeladla. Ésa es la cara que tiene. Yo le digo que respire. Él no respira. Empieza a ponerse morado. Le sigo espetando a que respire. Él sigue sin respirar. Se cae al suelo. Las piernas ya no le aguantan. Busco su mirada. Le sigo diciendo que respire. No es capaz de respirar. Si la situación se prolonga, los ojos se le ponen en blanco. Sigue morado berenjena. Los labios pierden color. Mandíbula apretada al máximo. Le grito que respire. No respira. Pienso cuánto tiempo llevará así. Para mí, una eternidad. Me planteo llamar a una ambulancia. Sigo gritándole que respire. Sigue sin respirar. Ya no me oye. Pienso que se me va, que le pierdo ahí mismo, entre mis brazos. El corazón me va a mil por hora. Salgo corriendo hacia un grifo mientras voy pensando dónde coño he dejado el teléfono. Al final respira. Llora. Respiro yo también. Nos abrazamos. Me tiembla todo el cuerpo. Al rato, mi hijo está jugando como si nada. A mí los nervios me duran el resto del día. Todo esto se resume en pánico. Aunque me cuesta escribirlo, tengo que confesar que alguna vez yo he visto a mi hijo prácticamente muerto en mis brazos. ¿Exagerada? Tal vez. Pero ésa fue la sensación que me dio. Quien haya pasado por esto lo sabe.

Según los médicos, es hago normal en los niños pequeños. Tiene que ver con el grado de maduración de su sistema neurológico. Por tanto, cuanto mayores sean, menos riesgo de padecer estos episodios. Te dicen que el niño siempre acaba respirando, que los padres no tenemos por qué ponernos nerviosos. Lo que no te dicen es cómo se consigue eso. Además, a mi hijo le hicieron pruebas para descartar que se tratase de alguna forma de epilepsia. Y se descartó.

¿Qué hay que hacer ante un episodio así? Respuesta del primer pediatra: dejarle. Aunque esté morado, con los ojos en blanco y tirado en el suelo. Ya se le pasará. Respuesta del segundo pediatra: ignorarle, sólo busca llamar la atención. Respuesta del neurólogo: controlar la lengua, no se le vaya para atrás y se ahogue él solo. Y dejarle. Tener paciencia porque acabará respirando. Si has llegado leyendo hasta aquí, déjame que te haga una pregunta: ¿crees que puedes mantener la sangre fría suficiente como para llevar a cabo todos estos consejos que se pueden resumir en ignorar a tu hijo mientras ves cómo se ahoga? Antes de contestar, vuelve a leer el segundo párrafo de esta entrada.

¿Ya has contestado? Bueno, pues ahora mi respuesta: no. Yo no puedo permanecer impasible mientras mi hijo se cae redondo al suelo y pierde la consciencia. Marido y yo nos dimos cuenta de que, cuando se caída o se daba un golpe, era mejor no ir raudos y veloces en su busca porque eso le hacía más propenso a los espasmos. Le dejábamos que se levantara solo y viniera hacia mí (siempre me busca a mí, da igual las personas que se encuentre en su camino, él viene directo a buscarme a mí). Una vez que llegaba, me tiraba los brazos, pero yo sabía que si le cogía podía privarse. Así que nada de cogerle. La solución pasaba por decirle con la voz más tranquila que tuviera que respirara y, una vez que rompía el llanto, cogerle, abrazarle, mimarle hasta que él se encontrara mejor y siguiera con su juego. Esto pareció funcionar. Así que pusimos a toda la familia sobre aviso: no cogerle hasta que llore. Es duro ver que se cae o se golpea y no acudir en su ayuda. Es muy duro que te eche los brazos y no cogerle. Pero es más duro lo que puede venir después.

Pero, ay, a veces nada de esto funciona. Mi hijo Mediano no aguanta el tirón y se cae redondo al suelo. Veo en sus ojos el miedo, está asustado porque quiere respirar y no sale. Hay que intentar tranquilizarle. Nada de gritos. Nada de movimientos rápidos. Todo hay que hacerlo sin prisa pero sin pausa. A veces funciona. Otras veces no. Es entonces cuando me acuerdo de lo que me dijo una enfermera cuando fui a ponerle una vacuna: un estímulo fuerte. O dicho de otra manera, hacerle daño. Un buen pellizco en el cuello suele funcionar, nos dijo. Yo tampoco soy capaz de hacerle daño a propósito a mi hijo. Lo he intentado, por ayudarle. Pero no he podido. Le hago el boca a boca. Nada. Paso a quemar el último cartucho. Agua. Agua fría. Cuanto más fría mejor. En toda la cabeza evitando que le entre por la nariz. Respira. Respira él. Respiro yo. Si esto no funciona, sólo queda llamar a una ambulancia y cruzar los dedos para que llegue a tiempo.

Antes de seguir, quiero advertir que, en este caso, el boca a boca es una muy mala, malísima opción. Puede que el niño quiera respirar y, con el aire que le metemos dentro, no le estamos dejando. Si alguna vez os pasa, estaréis tentadas a hacerlo. No lo hagáis.

Como iba diciendo, el niño se da un golpe, va a llorar pero no puede. Dejamos que se levante solo, viene hacia nosotros, le decimos que le cogeremos cuando llore. No sólo no llora, sino que, además, se derrumba. Por fin, llegamos a la solución. De la mano de la última pediatra, la que salvó la lactancia del Pequeño. A parte de mantener la calma, pues de lo contrario el niño se pone más nervioso y ya está suficientemente asustado, hay que mirarle a los ojos. Los ojos son los que nos van a decir en qué punto está el niño. Si nos mira, todo va “bien”. Tranquilidad porque él sigue oyéndolo todo. Se le tumba en una superficie plana (un sofá, una cama, el suelo) mirando hacia arriba. Se le coge el brazo y la pierna más separada de nosotros. Le giramos hacia nosotros de manera que también gire la cabeza. De esta manera evitamos que la lengua se vaya hacia atrás. Otra cosa a evitar siempre: meterle algo en la boca para abrírsela. Ni cucharillas ni dedos. La presión de la mandíbula es increíblemente fuerte. Intentamos que flexione dicho brazo y dicha pierna. Será difícil porque tienden a ponerse totalmente rígidos. Pero al menos hay que intentarlo. Mantener al niño así hasta que respire. Con un ojo, detectar dónde está el teléfono. Con el otro, mirarle a los ojos. Si pasa así mucho tiempo, hay que llamar a una ambulancia. Si se le ponen los ojos en blanco, también. Llegados a este punto, antes de llamar, yo lo que hago es correr a buscar agua. Se la echo por encima para que reaccione. Eso sí, evitando la nariz, no vaya a ser que respire y le entre agua.

Afortunadamente, yo nunca he tenido que llamar a una ambulancia. Pero he estado a punto varias veces. Es un mal trago para todos los presentes. Si tú eres la madre, mantén la calma. Olvídate de quienes te rodean. Siempre habrá alguien con algún consejo magistral. Hay que esforzarse en seguir las pautas marcadas por el médico. Manda a la mierda a quien sea, sea quien sea. Si no eres la madre, mírala cómo actúa. Si sabe lo que hace, déjala hacer. Lo que menos queremos en esa situación es a alguien que nos estorbe.

CONTRAS:

  1. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para llevar a cabo todos estos pasos mientras ves a tu hijo sufrir.

  2. Incluso en estas situaciones, suele haber alguien que sabe más que tú. Y te lo deja bien claro.

  3. El niño puede hacerse pis. Si se le va la consciencia, no controla su cuerpo.

  4. Puede pasar en cualquier sitio. Si te pasa fuera de tu casa y tienes que pedir ayuda, pídela. Es mejor un “ya no hace falta, gracias” que el pensamiento de que podrías haber hecho más.

  5. Ante todo, la frustración del momento. No puedes respirar por tu hijo.

  6. La cara que pone mientras dura el espasmo no se olvida nunca.

  7. Ante cualquier golpe, surge el temor de si volverá a pasar. Aunque haga meses del último.

PROS:

Lo siento, por mucho que me esfuerzo, no encuentro ni un pro.

21 Comments

  1. Uff, menuda angustia de leerte, muchísimos ánimos sobretodo, porque tiene que ser horrible sufrir eso. Tengo una niña de cinco meses, por suerte no conocía que eso puede pasar, pero gracias por compartirlo, es bueno conocer este tipo de cosas, yo veo privarse un niño delante mio y me da algo vaya 🙁

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    • Gracias por los ánimos, se agradecen… Se pasa muy mal rato, durante y después… Nosotros tardamos bastante en saber cómo actuar, aunque, por supuesto, siempre hay que consultarlo con un médico. La primera vez no sé cómo no me desmayé yo también… Pero no te preocupes, aunque es algo normal, no es habitual 🙂

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  2. A uno de nuestros sobrinos le pasaba, pero cuando cogía un berrinche. Lloraba a pulmón suelto hasta que, pluf, desconectaba y se caía redondo. Ahora hace muchísimo tiempo que no le pasa y la respuesta de pediatras y de lo que llegamos a leer por internet es la misma que obtuviste tu en un principio. El cerebro desconecta, por la angustia o lo que sea, y se vuelve a conectar solo al rato. O sea que hay que esperar… Pero esos segundos parecen larguísimos minutos.
    Muchísimos ánimos!! Seguro que poco a poco le pasará cada vez menos!

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    • Muchas gracias. El Mediano es que ni arranca a llorar. Eso sí, una vez que se le pasa, se tira un buen rato llorando hasta que él mismo se tranquiliza. Ayer me pasó en el parque con unas amigas que jamás le habían visto en esa situación y se asustaron un montón… Me impresiona a mí y ya no me pilla de nuevas, conque a alguien que lo ve por primera vez…
      Hacía meses que no le pasaba… Esperemos que ésta sea la última vez. Entiendo que tu sobrino ya no se priva, ¡qué alivio!
      Besotes.

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  3. Arusca, me has dejado la piel de gallina. A mi mediano (todo les pasa a ellos), lo que le pasa es que no soporta los trastos que dan vueltas rápidas. Nos dimos cuenta cuando se subió al típico columpio que es como media esfera en que los niños se sientan con el culete encajado, y otros niños o sus padres, les hacen girar. Pues bien, a laMayor le encantaba ese columpio de pequeña y pedía dar vueltas a toda velocidad. Cuando el mediano tenía dos, le senté allí un día, y empecé a girarle, y como vi que se reía, le daba cada vez más fuerte. De repente, a pesar de la velocidad, vi como se le transformaba la cara, como si estuviese muerto de dolor. Paré el columpio en seco, y mi hijo estaba como semiinconsciente, con los ojos en blanco… Ay, dios, ¡qué sustazo! Le costó bastantes minutos recuperarse del todo.
    Al poco pasó tres cuartos de lo mismo en casa con una silla giratoria. Estaba jugando con su hermana y se daban vueltas el uno al otro. De repente, lamayor le hizo coger velocidad y me acerqué mascando la tragedia. EFectivamente, otra vez lo mismo.
    Te juro que es un sustazo, pero nada que ver con lo que le pasa a tu mediano. Te entiendo perfectamente… ¿Cómo vas a mantener la calma en una situación así? ¿Cómo vas a ignorarle si parece que “se te va”?
    Ánimo guapa!!!
    Seguro que esta vez es la última.. Se van haciendo grandotes!!!
    Un besazo

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    • Pues eso que me cuentas no lo había oído nunca, pero ya no me extraño de nada. Vaya impresión tuviste que llevarte tú también la primera vez…
      Es muy duro mantener la calma mientras le ves caerse al suelo, o hacerle un placaje a quien va directo a cogerle tras el golpe. Más de una vez nos han mirado mal, en plan “qué mala madre, que su hijo le echa los brazos y ella ni caso” pero es que si se priva es mucho peor…
      Ojalá sea la última vez, que aquí el Mediano va caminó de 4 añazos :).
      Gracias y mucho ánimo a ti también.
      ¡Besotes!

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  4. Menudo susto, no sabía que estas cosas podían pasar. Menos mal que has encontrado a la última pediatra. Algunos médicos no tienen ni sentido común ni humanidad, es increíble. Yo también tengo alguna de esas en mi historial. Mucho ánimo y mucha fuerza para afrontar esta situación lo mejor posible.

    Un beso

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    • Pues sí que pasan… No es que sea habitual pero parece ser que sí es normal en niños pequeños.
      De no ser por la última pediatra, ya no es que sabría cómo actuar correctamente, es que seguiría haciendo cosas que podrían perjudicarle aún más (como hacerle el boca a boca o meterle algo para evitar que se mordiera la lengua).
      Muchas gracias. Te agradezco mucho tus palabras.
      Besotes.

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  5. Se me ha puesto la piel de gallina…
    Tiene que ser horrible y tienen que ser los minutos más largos de tu vida cada vez que pasa.
    Eres una valiente, por vivirlo y llevarlo lo mejor que puedes ideando a mil por hora, y por contarlo y compartirlo.
    Gracias mil. De corazón.
    Un beso y un abrazo con A de Ánimo y de Admiración.

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    • Muchas gracias, Noni. La verdad es que cuando me preguntan cuánto tiempo está así, nunca sé qué contestar porque se me hace eterno…
      Lo he contado en parte para desahogarme, pero sobre todo, por si hay otros padres con el mismo problema, que sepan, de entre todo lo que nos dijeron los médicos, que es lo que le funciona al Mediano.
      Muchas gracias a ti por tus palabras y por esa A 😉
      ¡Besotes!

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  6. Lo que describes por mi zona hay gente que lo llama “encanarse”. Pero no sabía que podía llegar hasta esos niveles. ¡Qué angustia! Hacer de todo y que no reaccione, no me lo quiero ni imaginar.

    Mi peque se ha encanado alguna vez, pero nunca como le pasa a tu mediano. Empieza a llorar y ves como ni sale ni entra el aire. En mi caso le funciona que le sople a la cara, en plan brusco, nada suave. Me lo explicó la monitora de la piscina a la que vamos. Pero insisto que no tiene nada que ver en cuanto a gravedad con lo que explicas en tu entrada. Pero si a alguien le pasa, que pruebe, que no pierde nada.

    Los médicos, en vez de decirte que no hicieses nada, debía haberte explicado qué es lo que le pasa al cuerpo en esos casos. Y es como te dice El Fredolic, es un mecanismo de defensa del cerebro, en el momento que no le llega suficiente oxígeno, hace “clic” y “desconecta” para no sufrir daños, lo que viene a ser un desmayo. Y vuelve a “reiniciarse”, y a respirar.
    Pero claro, como dices tú, a ver quién es el chulo que aguanta esa situación con sangre fría.

    Un abrazo muy grande, para tí y para el tripadre! Y para el Mediano, porque es un campeón!

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    • Supongo que en cada sitio se le llamará de distinta manera, pero al final viene a ser lo mismo, por lo que dices.
      Nosotros, al principio, también le soplábamos… hasta que un día no fue suficiente y fue a más. A mi sobrina le pasa también de forma muy muy leve y basta con soplarle fuerte a la cara. Así que sí, si alguien está en la misma situación, que pruebe.
      Pues la verdad es que sólo dos pediatras nos explicaron lo que pasaba, el resto nada. Pero, para serte sincera y aun agradeciendo la explicación, a mí poco me consoló. Lo que buscas en esos momentos es algo que funcione.
      Muchas gracias por el abrazo, el Mediano se lo merece, sin lugar a dudas 🙂
      ¡Besotes!

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  7. Soy la mayor de tres que somos, y al más pequeño le pasaba eso cuando era chico, lloraba, le salían lágirmas hasta tal punto que dejaban de fluir hasta su misma respiración, no le salía ningun ruido y encima los labios morados pero eso sí no llegaba a desmayarse ni nada … no se cuanto tiempo duraría pero le hicimos pruebas y descartamos todo lo malo… ahora tiene 19 años y es un niño fuerte que apenas se acuerda que lo pasaba/pasabamos tan mal…

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    • A mi hermana también le pasaba, pero lo suyo era por puro genio. Mi madre no podía ni regañarla… Pero tampoco llegó al punto de desmayarse… Los médico les dijeron a mis padres que se pasaría con la edad y así fue. Ahora tiene 32 años y está perfectamente.
      Espero que al Mediano le pase igual y esto de privar se se quede en mera anécdota… Ojalá sea pronto…
      Gracias por compartir tu historia
      Besotes.

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  8. Tengo mi beba de 4 meses y lamentable mente ya le ah pasado dos veces la verdad que leyendo todo siento que cuento lo que me esta pasando ami y por mas que trata uno de mantener la calma es imposible como no, si son nuestros hijos. Me siento mas aliviada al saber que no soy la unica que pasa por esto. Saludos y gracias por contar tu experiencia.

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    • Estate tranquila porque no eres la única. El Mediano está de camino a los 4 años y aún le pasa, pero es cierto que cada vez menos. Es muy difícil mantener la calma, es cierto, pero hay que intentarlo por ellos.
      Me alegra haberte podido aliviar un poco en este mal trago.
      Gracias a ti por pasarte y comentar.
      Besotes.

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  9. Gracias, nos acaba de pasar ayer con nuestro hijo, y ha sido horrible, realmente pense que se moría en mis brazos. Leerte nos ha traído por un lado un poco de calma, por el otro un poco de angustia de saber que puede llegar a repetirse. Como no teníamos ni idea de esto pensabamos que al golpearse algo de comida se le había atorado (aunque había comido una hora antes), y lo pusimos boca abajo, le gritamos, le pegamos en la espalda e hicimos todas esas cosas que dicen que no hay que hacer, es más, cuando se quedaba dormido lo despertabamos y creo que provocamos algun otro episodio más. Ahora ya tenemos la información, espero que podamos tener más calma para reaccionar mejor.

    Muchas Gracias por compartir.

    Espero que tu pequeño hijo del medio ya este bien y como veo que lo escribiste hace tiempo ya haya pasado la edad de los espasmo.

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